Disclaimer: Todo lo que reconozcas es propiedad de JK Rowling
Aviso: Este fic participa en el Reto #14: "Amortentia al azar" del foro Hogwarts a través de los años.
Pareja: Sirius Black y Marlene McKinnon (1G)
Olor: Lluvia
Año: 1980
–¡Me importa una puta mierda! ¡Dejadme salir!
–Marlene, tranquilízate –James la agarró de la cintura y la sujetó con fuerza, impidiendo que la chica saliera de la habitación.
–¡James, suéltame! –Gritó–. ¡Suéltame o te juro que dejo huérfano a tu hijo antes de nacer!
–Por Merlín, quédate quieta –insistió–. Es peligroso y no vas a poder hacer nada. ¿Crees que yo no me estoy conteniendo para no ir a buscar a Sirius, eh? ¿Crees que no estoy muerto de miedo porque mi mejor amigo puede estar muerto?
La rubia dejó de patalear y, finalmente, se quedó quieta, con la mirada fija en sus pies y conteniendo las lágrimas de frustración a duras penas.
–¿Crees que está muerto? –Preguntó en un murmullo.
–Espero que no lo esté –el pelinegro la soltó y suspiró–. Pero sí que estoy seguro de que no le haría ninguna gracia que fueras en una misión suicida por él.
–Necesito saber que está bien…
–Ya has escuchado a Ojoloco –se encogió de hombros–. Solo nos queda esperar.
Asintió y, lentamente, se sentó en el suelo. Necesitaba distraerse, pensar en otra cosa. Sirius era fuerte e iba muy bien acompañado, seguro que no había vuelto por alguna complicación, pero que pronto regresaría. Seguro que estaba bien. Tenía que estar bien. No podía imaginarse que algo grave le hubiera pasado.
James se sentó a su lado y suspiró. El cuartel de la Orden se había quedado en silencio –todos esperaban, expectantes– y solo se oía la lluvia de fondo.
–¿Y si no vuelve, James?
–No lo sé –el chico apretó los labios y la abrazó– No tengo ni idea de qué pasará con nosotros, Marlene.
–Por Merlín, tiene que estar bien…
El chico asintió levemente, poco convencido. Confiaba en las capacidades de su amigo, pero sabía que los mortífagos no dudaban a la hora de matar a nadie. Y que muchos le tenían demasiadas ganas a Sirius.
Esperaron lo que parecieron horas hasta que, de repente, escucharon una exclamación.
–¡Mirad!
Marlene se levantó de un salto y corrió hacia la ventana. A lo lejos, vio a Sirius y a algunos de los demás miembros de la Orden que habían ido a aquella misión acercándose, cabizbajos. Gritó y salió corriendo, incapaz de esperar ni un segundo más. Salió del cuartel y corrió hacia Sirius. Se lanzó sobre él, tirándolo al suelo y lo besó con pasión. Cuando se separaron, él le apartó algunos mechones de pelo mojados de la cara y suspiró.
–¿Se te ha olvidado acaso que tengo que probar que soy yo y que nadie se está haciendo pasar por mí? –Dijo, en tono de broma. Se sentó y la besó de nuevo antes de abrazarla.
–Tatuajes –fue lo único que ella fue capaz de murmurar–. Los míos.
–El de la muñeca por Layla, porque los girasoles son sus flores preferidas y tú no querías olvidar por qué estabas luchando –contestó, separándose de ella y mirándola con dulzura–. El del hombro, por mí, porque soy indispensable en tu vida y por eso decidiste tatuarte tres huellas de perro.
–Idiota –sonrió y lo besó de nuevo–. No vuelvas a darme un susto como este. Creía que no iba a volverte a ver.
–Siempre voy a volver –le aseguró, acariciando su mejilla y manchándola, sin querer, de tierra mojada–. Te lo prometo, pero tú también tienes que hacer lo mismo.
–Sí, te lo prometo.
Volvieron a besarse con pasión, fundiéndose el uno en el otro, y demostrándose con besos todo lo que sentían, con la lluvia como único testigo.
