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Espero y sea de su agrado.
Anataen Short stories II
El método
Chris la había estado observando en silencio, y no era porque no pudiese apartar la mirada de Nina cuando reía o se movía de aquí allá por toda la ciudad, sino porque Nina siempre le sorprendía por su espontaneidad y sinceridad, cada palabra y gesto, Nina tenía a Chris atento de todo, compartiendo la alegría con la rosada, a pesar de que el rictus de su dura mirada dijese lo contrario y su fría voz generalmente le ganaba el desprecio de Bacchus y Favaro que lo miraban en reproche cual padres celosos, pensando siempre lo peor de él. Bueno, tenían suficientes razones para pensar lo peor de él.
Ambos habían bajado a la ciudad por petición de Nina y sin poder negarse a cumplirle un capricho, Chris accedió y ocultándose en simples ropajes, pasearon por la ciudad.
Ella apresuraba el paso, emocionada por todos los atractivos y la comida que vendían en los puestos más cercanos; no podía ocultar su emoción en esa gran sonrisa. Chris la seguía en silencio, poca atención le prestaba a la ciudad en general, Nina era donde su mirada siempre se centraba, desde lejos la observaba cuando ella misma se olvidaba de que iba con él. Chris río por debajo, no era la primera vez que lo dejaba, pero era en cuestión de segundos que Nina volviese corriendo a máxima velocidad a buscarlo desesperada y muy avergonzada; cuando lo encontraba, miraba arrepentida a otro lado, sonrojada.
- Está bien. – y Chris la tomó de la mano, sorprendiéndola en el acto. – Si un día decides irte, yo esperaré tu regreso o iré a buscarte en el puesto de carne más cercano.
- Eso no fue romántico. – hizo un mohín, molesta, frunció el entrecejo, pero su intenso rubor señaló que fue todo lo contrario. Su corazón palpitaba frenético.
Siguieron caminando por la ciudad, Nina veía fascinada tras las vitrinas las tiendas de ropa y artilugios femeninos, mientras que ahora, Chris seguía derecho, ahora siendo él que se olvidaba de ella, sus pensamientos estaban ahora dirigidos al puesto de comida de carne de cerdo que era asada con leños y el delicioso olor lo había distraído. Cuando Nina volvió su mirada para decirle a Chris que la acompañara a la tienda para ver esos broches, se percató que el rey y su actual pareja no estaba donde lo había dejado; dio un gran brinco y buscó atrás, pero no estaba, lo buscó con su mirada, gritando su nombre de rey mientras los que pasaban a su lado la miraban curiosos y divertidos.
- ¡Chris! ¡Dónde estás! – Nina se tomó de las mejillas angustiada, ¿lo había olvidado otra vez? ¿No se estaban agarrando de las manos? - ¡Chris! – y corrió de donde habían venido, pero no lo encontró y volvió al punto donde lo perdió de vista. Corrió ahora hacia adelante, siguiendo las calles, y revisando cada uno de los puestos gritando sus dos nombres, logró divisar a un hombre alto con un turbante enfrente de un puesto de carne. Nina frunció el entrecejo. Ahí estaba.
- ¿Por qué me dejaste atrás? – le reclamó con las manos en las caderas.
- Nina. – dijo él sin entender nada, lo único que pudo percatarse es que Nina estaba ligeramente molesta.
- Me dejaste atrás, uhmp. – le reclamó desviando la mirada.
- Compré carne. – dijo como si nada, ofreciéndole un pedazo de pierna de cerdo azada embarnizada de un aderezo picante. Carne que olía muy bien.
Nina dudó en tomarlo, no obstante, rápido lo tomó y le clavó un mordisco, alegre.
Chris la había estado observando desde hace mucho, la veía fascinado y muy enamorado, pero de idiota nada tenía, el observarla tanto le había revelado cómo contentar a su novia dragón cuando la hacía enojar, las féminas dragón eras muy volátiles anímicamente. Y por supuesto, darle de comer deliciosa carne asada era un método infalible para que dejara de estar enojada con él, aunque él conocía otro método que no implicaba literalmente con comida. Sonrió para sus adentros.
Normalmente los problemas se arreglan en la cama. Es un método viejo, y más infalible que el primero.
Silencio
Charioce XVII estaba de mal humor y de eso el consejero de la tribuna se había percatado cuando recién lo vio llegar a la sala real. Desde su puesto podía ver que el rey, sentado y cruzado de brazos, estaba de muy mal humor.
El pobre consejero tragó con dificultad su saliva. Este día será pesado. Sin embargo, hay que aclarar el porqué el mal humor del rey, pues bien, el consejero lo sabía muy bien, todos en el palacio lo sabían de hecho, aquella jovencilla que tiene algodón de azúcar por cerebro, aquella muchachita que había sacado al rey a bailar en un baile real y la misma que los soldados trataban de darle caza por ser el feroz dragón rojo, ese camarón rosado que pescó al rey no estaba en la ciudad.
Mucho había ocurrido, y es sorprendente cómo ellos terminaron juntos.
¿Cómo había ocurrido?
"Probablemente fue gracias a la jovencita." – pensó el anciano consejero, no es que menospreciara a su rey, pero Charioce no era el mejor estableciendo lazos con los demás y tenía una actitud que pocas chicas gustarían. "Lo atrapó e hizo mi trabajo más llevadero, pero…" – pensaba desde su puesto, triste.
"¿Cuándo regresará la señorita dragón?"
Sí, como consejero notó el cambio de actitud del rey, él se había vuelto más flexible y paciente, el peso de su puño se había aligerado y cosa extraña era verlo sonreír. De hecho cuando lo vio sonreír por primera vez el consejero quiso llamar a los guardias, ¡ese Charioce sonriente no ere su despótico rey, era un impostor! Vaya susto que se llevó aquel día y más sorpresas, como verlo abandonar su trono para recibir a su amada o verlo en esos días en las que Charioce XVII se mostraba muy afectuoso con ella, sólo con ella.
Suspiró sin esperanzas, la joven Nina había ido a su tierra natal a visitar a su madre y gente, volvería después de una semana o dos.
- Ah. – exclamó el consejero.
- Parece que los asuntos del Estados le son aburridos. – dijo Charioce XVII con frío acento desde su trono.
- Me disculpo, su majestad. – dijo agotado, era mejor volver a acostumbrarse con ese humor del rey, poco podía hacer y ciertamente, la única que podía hacer al rey sonreír y reír era esa pelirrosa, nadie más, pues, todo el cariño y afecto, toda la dedicación, todo el amor que su majestad podía tener era exclusivamente para ella y solo para ella. Sólo aquella jovencita podía recibir las acaricias y besos de un hombre tosco y serio como Charioce. De hecho, el consejero de vez en cuando se preguntaba cómo una muchachilla como ella pudo haber cautivado el corazón del rey. Conocía las hijas hermosas y bien educadas de algunos nobles, sabía de las pocas mujeres que hay en el ejército y que son competentes en el campo de batalla, ellas podrían ser un apoyo en las guerras cuando él flaqueara en el frente o en las casas para que educarán bien a los futuros príncipes.
- Disculpe mi atrevimiento, su majestad. – habló el consejero temeroso, pero su curiosidad era mucho más fuerte que su sentido común.
- ¿Qué sucede?
- ¿Por qué la Srta. Drango? – y cerró los ojos para recibir el castigo o la ira de Charioce, pero lo único que obtuvo fue un molesto silencio. – Lo siento su majestad, soy viejo y los ancianos tendemos a ser muy chismosos.
Pero Charioce no lo escuchaba, estaba quieto, pensativo. Observando el techo del palacio, como si en el techo estuviese la respuesta a aquella pregunta.
- Por muchos y ningunos motivos. – respondió con calmaba voz. - ¿No es suficiente amar? ¿Pretende que su rey trate de explicar lo que ningún hombre y ni siquiera los dioses han podido lograr? Soy su rey y sé mi lugar, preguntas como esas no necesitan siquiera ser problematizadas. Sólo guarde silencio.
- ¡Su majestad! – exclamó con lágrimas en los ojos, emocionado por las palabras de su rey. – Le seguiré hasta el fin de mis días.
- Como es natural.
Ataque
Después de unos días y el mal humor de Charioce persistía en su semblante, el consejero optó por tratar de hacer su trabajo como siempre lo ha hecho, pero cuando atendía las noticias de aquella mañana él notó algo extraño en el ambiente.
La gran sala estaba resguardada por los soldados, estaban él a pie de la tribuna, los demás consejeros discutían entre sí los problemas de la irrigación de los campos de las ciudades lejanas a la capital y el aumento de asaltos con armas blancas en la ciudad; estaba el rey apoyando su cabeza con el brazo, notablemente aburrido y fastidiado. Todo estaba en aparente orden, pero el anciano consejero se había percatado de una presencia ajena a estas labores políticos y administrativos.
Buscó por todos los rincones con su mirada.
Algo no estaba bien y lo más preocupante es que el rey no se daba cuenta del peligro.
Una sombra pasó por pies y el gran velo que dividía la gran sala. Miró con miedo a sus compañeros consejeros que seguían discutiendo, trató de alzar la voz para dar aviso a los guardias, pero fue demasiado tarde, aquella sombra había llegado hasta el trono del rey.
El corazón se le salió del pecho, el rey fue atacado con un beso sorpresa.
Charioce dejó ver su sorpresa en su rostro cuando unas pequeñas manos se posaron en sus mejillas y unos cálidos labios le arrebataron el aliento.
Era Nina, que ocultándose y aprovechándose de su velocidad atacó al rey con un beso sorpresa.
Ella estaba igual de sonrojada, pero se negaba a soltarlo de su agarre, mientras que él se limitó a ser consentido por el tierno beso de bienvenida. La tomó del brazo para después ceñirla con sus brazos la cintura e hizo que el beso fuese mucho más profundo, Nina se sentó en las piernas de Chris y acercó su pecho contra la de éste. Ese contacto, ese calor que emanaba de sus cuerpos, cuánto lo habían extrañado. Se separaron del beso, pero Charioce insatisfecho la volvió a traer contra sus labios y bajar lentamente por el cuello de ella quien no tardó en suspirar por los cariños que éste le daba.
No obstante, los consejeros seguían ahí y los soldados habían perdido su posición para observar tal escena. Incomodos y con un ligero sonrojo, no era el lugar indicado para esas muestras de cariño.
- Cof cof. – tosió el anciano consejero para llamar la atención del rey y una vez obteniéndola, dijo: - Su majestad, ¿desea que los asuntos de este día se resuelvan en otro momento?
Charioce lo observó en silencio por unos segundos, inexpresivo.
- Decapítenlo. – ordenó Charioce a los guardias, fue lo único que pudo decir, estaba muy molesto de que lo molestaran en un momento como este y no perdonaría a cualquiera que lo interrumpiera. Por otro lado, Nina sólo río divertida, ¿por qué era así? A pesar de todo y su mal carácter lo quería.
El anciano consejero sintió que su alma se le iba del cuerpo. El resto de los consejeros se disculparon y se retiraron.
Aun con Nina el rey tenía un horrible humor.
Por la espalda
Chris era un hombre alto, tal vez unos 1.85cm o 1.90cm, era tan alto que los únicos que sobrepasaban su altura eran algunos de los caballeros Onyx, así como alguno que otro demonio que había aceptado estar en sus filas del escuadrón de demonios. No era de sorprender, el anterior rey Charioce XIII era un hombre blanco rollizo y muy alto, mientras que su madre era una hermosa mujer de considerable altura y de crespos cabellos de un rubio cenizo.
Chris era un hombre atractivo con unas cejas muy peculiares, un corte un tanto corto, aunque con unas puntas largas por detrás, y sin duda tendría unas largas patillas que conectarían con una espesa barba si éste se dejara crecer el cabello y barba pero que no lo hacía por enseñar con ejemplo un nuevo tipo de cuidado higiénico en su ejército –es común que en las tropas se infecten de piojos y otras plagas por el exceso de cabello en los miembros. Y sí, Nina lo había notado días atrás y entre otras cosas, notó la espalda de Chris era una de sus cosas favoritas.
Cuando las sirvientas le retiran la ropa y le vestían con otras, Nina podía jurar que aquella espalda era una espalda que cargaba no sólo sus sueños, sino los sueños de muchos de sus hombres, cargaba la esperanza de las nuevas generaciones; una espalda que cargaba la devoción de los Onyx y de una nación entera. La espalda de Charioce era muy amplia y fuerte, pues en ella cargaba no sólo estos sueños y esperanzas, sino también cargaba el odio y desprecio que él mismo había aceptado cargar, una carga de lágrimas de miles de demonios sin hogar y libertad. Cargaba en esa espalda todo el orden y el desorden del mundo, la muerte y la vida, el poder que daña su cuerpo y lo corrompe. Una espalda siempre cansada, pero siempre recta.
Era un hombre comprometido, serio y difícil de saber qué es lo que pasa en sus silenciosos pensamientos.
Nina lo veía desde lo lejos o desde cerca, adivinando en lo que podría él estar pensando. Un hombre de muchos misterios y habilidades, así como debilidades, y una de ellas eran, como Nina había descubierto, estos ataques sorpresa que le gustaba gastarle.
Estaba él de pie junto a la cama, removiéndose las pesadas prendas, se sentó en la orilla de la cama para removerse las botas y disponerse a dormir junto con Nina que con un ligero fondo estaba expectante de cualquier movimiento de Charioce quien no se daba cuenta de que la pelirrosa se acercaba sigilosa y cuando estuvo a unos centímetros, Nina estiró sus brazos y, por la espalda, lo rodeó y lo acogió en sus brazos, abrazándolo con una traviesa, pero muy satisfactoria sonrisa. Chris se sorprendió al sentirla, dejó de hacer lo que hacía para cerrar los ojos y sentir el calor de Nina.
Nina no perdió su oportunidad y posó sus labios en la espalda desnuda de Chris. Ella aligeraría el peso, estaba dispuesta a ayudarlo a cargar con ese odio y utópicos sueños. Después de todo, Nina es una mujer extremadamente fuerte.
Recatar a su príncipe en peligro era un reto que estaba segura poder lograr.
Pero estos ataques que siempre lo tomaban por sorpresa sacaban el lado más tonto de Chris, pues nunca sabía cómo responder a ellos o lidiar con ellos, ya que Nina a veces, la mayoría de las veces, lo abrazaba por la espalda cuando él se disponía a trabajar, cuando comía o cuando vagaban en anonimato en la ciudad y poco sabía cómo reaccionar. En una ocasión, cuando Nina salió de la habitación contigua y abrió los brazos para capturarlo en un abrazo sorpresa, Chris –por su pobre visión– no se percató de que se trataba de Nina y por reflejos la tomó de un brazo y la arrojó contra la pared.
Nina empezó a llorar, se sentía culpable por asustarlo de esa manera, pero también por el golpe que se dio contra la pared.
Chris se quedó de pie, sin saber qué hacer o decir…
Sólo sabemos que esa noche y las siguientes durante semanas enteras, Nina decidió volver a dormir en el carruaje con el borracho dios Bacchus, y cuando el dios pato le preguntaba el por qué la reticencia de quedarse con ellos y no con Charioce, Nina inflaba sus mejillas, incomoda.
Chris, por otra parte, volvió a su modo habitual, y el quien más sufría por esas peleas sin sentido era el consejero real quien rezaba por el reconcilio de esos dos idiotas, por su temible rey y por la jovencita dragón.
Peso
Nina había subido considerablemente de peso cuando quedó embarazada. Se veía en el espejo cada mañana y se checaba totalmente angustiada todo el cuerpo, el vientre no dejaba de crecerle y con ello sus pechos, su figura había cambiado considerablemente, pero, a pesar de todo, ese era el menor de sus problemas, el problema en sí era Chris quien más disfrutaba de este cambio, no la soltaba por ningún momento. Encantado de las regordetas mejillas de Nina, acariciándole siempre la barriga y los grandes muslos.
Nina no podía quitárselo de encima así que decidió pasar su embarazo y dar a luz en su pueblo natal, dejándolo atrás. Él puso mucha resistencia, pues dormir en los pechos de Nina se había vuelto una mala costumbre, una costumbre que Nina no podía consentirle siempre.
Fin
Me siento feliz de que por fin lo haya terminado u.u Los drabbles no tienen conexión, así que realmente no se preocupen de Nina embarazada, sólo fue una idea y no pude resistirme a escribirla, además no mencionaré mucho acerca de, sin antes ver el proceso de cómo quedó embarazada… :) oh yeah~ ok no, no soy buena escribiendo lime/lemon, así que se los dejo a su imaginación y a exhortarles a que se animen a escribir un fic del ship… yo también quiero leer un smut T.T
Inicié escribiendo estos drabbles para auto-consolarme de que éstos dos no terminaran juntos, lo sé, lo huelo desde el cap. 6 u.u así que, si tienen un pedido o request, con gusto! Estoy abierta a cualquier propuesta.
Shaniajurgen, perdón por la tardanza, espero y no decepcionarte.
¿reviews? ¿observación o duda? ¿tips o mano ayuda?
Nos vemos~
