CAPÍTULO 2
ESTRELLAS DE PAPEL
A Hibarin le gustaba coleccionar cosas. Si uno estuviera para describir estas tendencias le gustaría ser algo como un tipo de dragón. Coleccionar tesoros. Coleccionaría cualquier cosa que captara su atención, eso o sólo era avaricioso. Ahora tenía alguien para jactarse de todos sus encuentros y decidió mostrarle a Tsunayoushi su colección en el ático. Hibarin le dijo a Tsunayoushi de sus tesoros la segunda semana de su llegada, y sin duda alguna el más joven había querido ir.
—Hibarin eres sorprendente —el niño más joven dijo cuando llegó al ático. Era fácil llegar ahí, todo lo que tenía que hacer era adentrarse en su armario (solía ser de Hibarin) y mirar hacia arriba. Había una pequeña cadena unida al techo, y cuando la jaló, un conjunto pequeño de escaleras bajaron—. Nunca he conocido a alguien que tuviera una colección de tesoros.
El niño fantasma hinchó su pecho en orgullo.
—Por supuesto que nadie tiene una, soy un vampiro fantasma. Sólo los vampiros coleccionan tesoros. Los mejores tesoros —lo que no era verdad pero lo dijo como si lo fuera. Eso significaba lo mismo para los niños. Tsunayoushi sólo asintió y concordó porque no conocía alguna mejor.
En medio del ático estaba una gran luna de porcelana con una cara amable. Tenía perlas decorando su lado, brilló cuando la luz de la ventana del ático golpeó justo ahí. Cortinas rojas decoraban el ático entero, junto con pequeñas cajas de baratijas. Pequeñas botellas de cristal que estaban llenas con estrellas de papel, bloques de lego y manos sudorosas. Esos fueron sólo el inicio de sus hallazgos, había una caja con millones de mariposas muertas, otra que tenía un viejo reproductor de cintas, encontró fotografías que Hibarin tenía porque quería recordar cuán especiales fueron ciertas personas. Pero esas las mantenía escondidas (porque tus debilidades siempre debían estar escondidas, no en tus hombros o en el piso). Esas fotografías fueron arrancadas del otro niño.
—Eso es mío. No puedes tocarlo —diría.
Había un pequeño futon en el piso, lleno con los mejores tipos de plumas y seda blanca como las sábanas.
—Mi madre me hizo este cuarto de juegos —Hibarin explicó mientras Tsunayoushi encontró un portafolios lleno con pequeños soldados cascanueces—. Ella sabía que era un vampiro, y me dijo que todos los vampiros tenían una guarida para hacer sus oscuras hazañas. Yo, por supuesto, pedí tener una. Ella no me negó esto porque le amenacé con succionarla hasta la muerte —dijo esto de manera orgullosa, contento de que tenía tal poder.
—El cascanueces —Tsunayoushi inquirió—, se parece un montón a ti.
Hibarin miró hacia la ventana del ático.
—Mi madre hizo eso para mí.
—Saliste de aquí —el niño castaño apuntó a la boca del muñeco que el niño fantasma llevaba—. ¿Por qué pasa eso?
Hibarin refunfuñó por un rato, descontento porque no sabía una respuesta a esa pregunta. Había pensado sobre ello y gruñó un rato más hasta que encontró algo creíble para decir.
—Esta es mi lápida.
Tsunayoushi se sintió como si hubiera hecho una pregunta irrespetuosa y actuó como su tío Fong le enseñó cuando sentía que había dicho demasiado.
—Ah —inclina su cabeza hacia abajo—. Lo siento, fui grosero al preguntar.
Accidentalmente dejó caer un soldado de juguete, y cuando se inclinó para recogerlo un globo terráqueo atrapó su mirada. Primero estaba interesado en él, nombrando pueblos y ciudades, pero entonces creció escondido y realmente ya no le gustaba ver el mundo. No cuando supo que era diferente, que no estaba pintado en un círculo. Había personas en él, y las personas hacían las cosas más espantosas.
—Hay una guerra allá afuera —Tsunayoushi dice, mostrando sólo su espalda al niño fantasma que ha empezado a voltear las páginas de un libro. El libro se llamaba Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas.
—La guerra apenas había empezado cuando morí —el niño de cabello oscuro dijo desinteresadamente, escogiendo otro libro, preferiblemente algo sobre magia—. Fuimos a la guerra con los Capuleto.
Esas eran las dos únicas naciones en la tierra. Montesco y Capuleto.
—Creo —Tsunayoushi decidió ser valiente. Nunca podía hablar sobre una "plática de adultos" con sus tías y tíos—, que el mundo sería mejor si la tierra pudiera separarse en pequeñas piezas. Como si Japón pudiera estar en su propio lugar separado, y también Italia y todo eso.
—Los adultos son tercos —Hibarin rió a través de su nariz, era una risa cruel—. Aún si el mundo se separara seguirían peleando.
—Me alegra que murieras Hibarin. Es genial que no tengas que vivir en esta guerra —Tsunayoushi giró el globo terráqueo lentamente. Dos grandes trozos de tierra se convirtieron en remolinos de color—. ¡Espera! Quiero decir, no… no estoy diciendo que quería que murieras… y… este…
—Tranquilo. Sé lo que quisiste decir.
El nombre de Fong estaba hecho de "aire", "viento" y "modales". Todo en todo, el niño pensó que el nombre de su tío le quedaba bien. Fong se sentía como el viento, tenía el poder de tranquilizarte, se sentía como el aire, tan pronto como estuviera ahí Tsunayoushi sentía como si pudiera respirar otra vez, y "modales" por su calma personalidad. Tsunayoushi aprendió el nombre de Fong cuando sólo tenía siete. Aprendió muchos kanji hasta ese punto, todo gracias a su tío Fong, o como él aún solía llamarle "papá" o "bàba".
Fong es, legalmente, el padre de Tsunayoushi.
Hubo un tiempo en el que el niño pensó que este hombre que no se parecía a él era verdaderamente su padre. Era probablemente el tiempo más feliz para ambos. Probablemente era el más feliz porque ambos estaban viviendo una mentira.
Fong había cuidado y educado a Tsunayoushi con los Arcobaleno desde el día que sus padres fueron asesinados. Eso fue cuando él sólo tenía dos semanas de nacido. Tomaban turnos en observarle, alimentarle, todo a través de la ocupada agenda de la milicia. Pero ser un espía, trabajar en el espionaje, tenía sus ventajas y eso era porque eras mejor. Más que la mayoría, más valioso que los soldados. Un espía era una pieza de inteligencia que se mantenía con vida mientras los soldados sólo eran cerdos para ser masacrados. Todos sabían eso.
Fong presentó a Tsunayoushi como su hijo, y algunas veces a Luce como su esposa. Funcionó y nadie preguntó algo. Presentó a Reborn como el padrino del niño, y a Colonnello como un tío. Había presentado a todos los Arcobaleno con un tinte de familiaridad que sólo una familia podría tener. Funcionó, por un tiempo.
Pero mientras fue creciendo, día tras día encontró su apariencia más problemática. Tsunayoushi notó cuán diferentes él y su bàba lucían (¿y dónde estaba su madre?). Ambos tenían una forma distinta de ojos, los suyos eran almendrados mientras los del adulto eran sesgados como los de un gato. Él tenía un abundante cabello negro mientras él tenía el café que lucía como el chocolate. Y cuando Tsunayoushi le preguntó esto a su "padre", Fong pudo haber mentido. Pudo haber mantenido la mentira por todos ellos.
Pero después de mucha orientación por parte de Luce y Reborn, decidió que sería mucho mejor hablar ahora que después. Le salvaría su rostro, los hombres no pueden vivir sin un rostro, los árboles no pueden vivir sin su corteza.
—Es una mala idea —Verde siempre era la voz negativa del grupo de los Arcobaleno. El hombre que siempre tenía algo que decir. Si había una cosa para preocuparse él podría darte un millón—. Decirle esto tan pronto en su etapa de desarrollo sería demasiado traumatizante para el niño. Su lóbulo frontal no se ha desarrollado aún. Sólo tiene cinco, es muy pronto para que él procese la información.
Y como siempre, Colonnello sería el que rompiera el hielo. Él siempre decía algo que ocasionaría que todos se rieran, se enojaran o entristecieran.
—¿Qué carajo dijo? —Él también era un idiota con una educación secundaria. Verde sólo miró inexpresivamente al rubio, reflexionando para sí mismo si aún había Neandertales deambulando; entonces se alejó.
Cuando Fong había comenzado a explicarle a Tsunayoushi cómo le había adoptado y lo que eso significaba, el chino estuvo contento con cómo el chico respondió a la situación y comenzó a alabarle (internamente, por supuesto). Él no quería malcriar a Tsunayoushi. Qué niño tan inteligente era, ¡qué bien entendía!
—¡Está bien! ¡No estoy molesto! —Tsunayoushi le dijo a Fong con una gran sonrisa. Continuó jugando con la arcilla que su tía Luce había comprado para él. Era azul.
El único que no entendió las consecuencias fue Fong.
—Xiǎo-shi —el chino llamó desde la cocina. Esto fue cuando los Arcobaleno tenían un apartamento en Italia. Ellos recordaban que vivieron ahí por cuatro meses, que fue cuando el bombardeo comenzó. Los bombardeos ocurrían a cualquier hora del día, cuando los Capuleto atacaban a los civiles. Fong se había asustado al enviar a Tsunayoushi a la escuela, así que Verde se convirtió en su tutor.
—¿Sí, tío Fong? —Tsunayoushi preguntó obedientemente.
Y Fong miró al niño pequeño con una expresión fiera y conmocionada, como si el niño hubiese comenzado a maldecirle y hablara en una lengua desconocida, como si hubiese sido abofeteado.
—¿Qué dijiste? —Tenía una mirada salvaje mientras asía fieramente los hombros del niño y lo zarandeaba—. ¡Repítelo!
Tsunayoushi no dijo cosa alguna. Había aprendido a estar callado cuando tenía que hacerlo. Había aprendido a estar callado cuando escuchó a su tío Colonnello gritar y destrozar en las noches, algunas veces llorando. Había aprendido a estar callado cuando vio a su tío Skull y a su tío Verde inyectarse a sí mismos con algo que los volvía felices por un rato. Había aprendido a estar callado y actuar como si nada sucediera cuando Reborn tuviera este dolor, este dolor que le hacía destruir todo a la vista. Esa fue la primera vez que él había roto su brazo.
Así que sí, aprendería a estar callado si su tío Fong, el hombre quien él pensó por tanto tiempo que había sido su padre, quisiera actuar como alguien más en ocasiones.
Se observaron uno al otro por un rato, y lentamente, Fong se levanta y deja ir a Tsunayoushi. Tenía la misma sonrisa que siempre usaba, gentil, amable. La única cosa que era diferente en él era que había lágrimas cayendo de sus ojos oscuros.
—La comida está lista —es todo lo que dice mientras le sirve al niño su propio tofu, arroz y calamar.
Con cada mordisco que daba, Tsunayoushi supo que había herido los sentimientos del tío Fong. No tenía mucho apetito después de eso y se retiró temprano. Porque con cada mordisco de la comida de Fong él pudo sentir por qué el decidir llamarle "tío" era una mala idea. Su comida sabía a su amor.
Nunca podría retirar eso.
Reborn fue el primero en regresar a la casa. El italiano no se molestó en llamar; tan pronto como abrió la puerta colocó su portafolio en el piso. El hombre alto subió las escaleras, su mano en el barandal. Escuchó voces cerca del baño. El cuarto de Tsunayoushi, dedujo.
—Hibarin, vamos a colorear. Tú puedes tener esta página…
—Ciao —es todo lo que Reborn necesita decir para que alguien comience a escalar encima de él. Tsuanyoushi tiene una gran sonrisa y entonces se detiene, y ve si el tío Fong no está ahí como para no herir sus sentimientos.
—¡Te extrañé Reborn!
El italiano sólo coloca su fedora en la cabeza del niño, inspeccionando la habitación de Tsunayoushi.
—Justo ahora estabas hablando con alguien.
Y el niño no le puede mentir a este hombre, no puede porque secretamente deseó que él fuera su padre, no Fong.
—Estaba hablando con Hibarin. Él es mi nuevo amigo. Está justo ahí —Hibarin está sentado en la cama, coloreando la página que Tsunayoushi arrancó para él. Tan pronto como mira al hombre adulto, se pone sus colmillos falsos y comienza a sisear.
Por supuesto, Reborn no puede ver al pequeño fantasma y sólo observa el aire delgado.
—Ya veo —es todo lo que sale de su boca.
Esa noche en la cena, Reborn está un poco obstinado con enviar a Tsunayoushi a una escuela pública, ante la renuencia de Fong.
El segundo en llegar a la mansión es Luce.
Él ama a su tía Luce, muchísimo. Si su madre aún siguiera viva, seguramente sería así, Tsunayoushi pensó. Ella era tan amable, cuidadosa, y sólo le regañaba cuando necesitaba hacerlo. Sus otras tías y tíos trataban de ser extra cuidadosos alrededor de ella para no hacerle enojar, y el niño no supo por qué. Cuando él sólo tenía seis años recuerda que ella estaba embarazada. Pero un segundo pasó y ya no tenía su vientre redondo.
—Lo perdí en el bombardeo —le dijo con una sonrisa.
Él recuerda qué bombardeo fue.
Tío Fong y tía Luce estaban afuera, en el mercado en Italia. Había muchos puestos de pescado y carne, frutas tan deliciosas que podías oler a través de su piel. Tsunayoushi sólo tenía seis en ese entonces, y sostenía fuertemente la mano de Fong y Luce, justo como le habían enseñado.
—Ellos son mi mamá y mi papá —le enseñaron a Tsunayoushi qué decir.
Y los transeúntes reirían y felicitarían al chino por obtener una buena esposa, ¡que nuevamente estuviera embarazada! Pero, por supuesto, Fong no les decía la verdad, que él no era capaz de hacer niños, tampoco mencionaba que Luce estaba embarazada con el niño de otro hombre. Ellos ni siquiera eran amantes, sólo amigos.
—Son mi orgullo y alegría —Fong diría, y eso no era una mentira.
Así que, en ese entonces, estaban tratando de obtener un buen trato en el puesto de comida marina, tratando de obtener el salmón con un treinta por ciento de descuento, al menos. Y fue entonces cuando el bombardeo comenzó. Todos comenzaron a correr en derredor como pollos, todos precipitándose para estar bajo una pieza de madera, otros se dejaron caer en sus rodillas y comenzaron a rezar. Pero Fong y Luce sólo se observaron el uno al otro y corrieron. Fong tomó a Tsunayoushi y le cubrió con sus brazos tan fuerte como podía, impidiéndole ver algo del mundo de afuera. Pero Tsunayoushi aún podía ver, vio cuántos en la multitud alejaron a la tía Luce, y vio la forma en la que le empujaron, y vio la forma en la que perdió a su niño. La sangre brotando del final de su vestido.
Mientras caminaban a casa ella estaba llorando, no, estaba lamentándose a todo pulmón. Sin detenerse, y Fong no le regañó, no le dijo que se calmara. Él tenía una expresión sombría en su rostro y sólo pudo tranquilizarla.
—¿Por qué estás llorando, tía Luce? —el niño en los brazos de Fong le preguntó, y a ella no se le ocurrió una mentira creíble, así que dijo la primera cosa que llegó a su mente.
—Perdí el pescado en el mercado. El pescado estaba arruinado. No puedo tenerlo de vuelta.
El vientre de Luce desapareció, y ahora cuando las personas le preguntaban a Tsunayoushi sobre el "bebé" de su madre, respondió:
—Lo perdió en el mercado.
Y las personas asentirían en entendimiento.
—Eso sucede —le dijeron.
—Te traje ropa —la tía Luce cotilleó mientras sacaba paquete tras paquete del auto. Los colocó en los brazos de Tsunayoushi para que los llevara adentro—. Por supuesto, también te traje algunos juguetes; vi los pequeños trenes más adorables el otro día. Claro que tenía que conseguirte uno, y te compré algunas fundas de almohada. ¡Son la cosa más preciosa! Tienen pequeños leones en ellas, ¿ves? ¡Los niños deberían tener estas cosas! Sé de esto —apuntó a las fundas de almohada y Tsunayoushi sólo pudo mirarlas con asombro.
—¿Y esto, tía Luce? —el niño había agarrado una pequeña carta de la cajuela. Era extraña, pensó, tenía el sello de los Capuleto. Tan pronto como el niño la vio, Luce maldijo a su mente distraída y arrebató la carta de sus manos.
—Oh, ¿esta cosa pequeña? Es sólo una carta. Cosas de adultos —añadió el "cosas de adultos" para asegurarse de que Tsunayoushi no preocupara a su mente con ella. Y él no volvió a preguntar sobre la carta.
Verde fue el tercero en regresar, y él volvió con una gran furgoneta. Aún tenía la amarga expresión con la que se dirigía a todos, pero sus ojos son mucho más amables cuando le habla al pequeño niño que viene a saludarle.
—¿Estás listo para tus lecciones? —el hombre pregunta con una voz profunda, la voz que Tsunayoushi vino a identificar como la de un escolar brillante.
—Sí, profesor.
Verde era el único que le explicó a los demás que Tsunayoushi tenía una incapacidad, era de lento aprendizaje. Era disléxico. Pero gracias a sus lecciones en casa había tenido un gran inicio. Ahora la única cosa que le detenía de alcanzar su entero potencial era su ansiedad alrededor de las nuevas personas. Y eso había empeorado por la guerra.
Tsunayoushi sabía temer a su tío Verde, porque cuando eres un niño un doctor es alguien malvado no importando quién diga que él no lo es. El tío Verde era el doctor familiar y cuidaba de todos cuando se enfermaban, trató las heridas de Skull cada vez que llegaba a casa (excepto que usó alcohol, lo que empeoraba el dolor), fue el único que trató a Luce después de que perdió a su bebé. Pero el niño también le temía porque sabía que Verde estaba haciendo "cosas malas" en su laboratorio. Algunas veces veía a su tío inyectarse a sí mismo con su jeringa "¡vacunándose a sí mismo!" el niño pensó. Fue a decirle a su tío Colonnello lo que vio (porque todos los demás estaban en misiones) y los ojos del estadounidense se ampliaron.
—Tsunayoushi, llama antes de que entres a su laboratorio, ¿lo harás? Y prométeme que, cuando crezcas, no te drogarás. Son malas —el niño no sabía lo que eran las "drogas", mucho menos lo que les hacía ser malas.
Y aún así, lo prometió. Justo como le habían enseñado.
Skull regresa con Colonnello dos días antes del cumpleaños de Tsunayoushi.
—¡ESTOY EN CASAAAAA! —Skull gritó a todo pulmón. Un zapato le golpeó en la parte trasera de la cabeza.
—Cállate —Reborn dice desde el sillón. Estaba observando las noticias en la televisión; estaba observando todas sus mentiras.
—Sí —Colonnello añadió—, cállate lacayo —estaba a punto de darle otro duro golpe pero se detuvo cuando vio a su "pequeño atún".
—¡Ey! —llamó. Pero la atención del castaño estaba en Skull.
—¡Hermano Skull! —Hibarin estaba deslizándose hacia las miradas al lado de Tsunayoushi. Curioso en por qué tantas personas estaban llegando a su hogar. Nunca antes había tenido tantos invitados.
—¡Hermanito! —Skull tendió sus brazos enfrente de él para un abrazo—. ¡No me abraces tan fuerte! ¡Todo duele! —el hombre perforado se quejó.
—No te quejaste cuando perforaste tu cara —Fong dijo gentilmente—. Aiya, desearía que te los quitaras. Son una mala influencia para Xiǎo-shi —tembló al pensar que su niño pequeño los tendría por todo su rostro cuando él no estuviera mirando.
—Sí —añadió Reborn. Siempre algo que decir—. Piensas que te ves tan lindo.
Skull gimió, cargó a Tsunayoushi y se lo llevó con él hacia las escaleras.
—¡Déjenme en paz! —se quejó como un niño.
Los otros hicieron gestos o sonrieron. Luce rió.
En la cena todos comieron juntos. Faltaban Lal y Viper, estaban en una misión y no pudo evitarse. Esta vez la comida era toda italiana, Luce la hizo con la ayuda de Fong, les había dicho que él solía trabajar como un cocinero. Además, él era el único miembro del grupo que podía hervir el agua sin quemarla.
El grupo entero comía como si se alimentara a una armada hambrienta, y lo hacían así porque nunca sabían si volverían a comer de esa forma otra vez.
—¡Come más! —Reborn regañó a Tsunayoushi. El niño siempre se sentaría junto a Reborn, para la decepción de Fong. El asiento junto a este siempre estaba vacío.
—Estoy lleno —Tsunayoushi murmuró, pero entonces recuerda a Hibarin. Se sirve a sí mismo otro plato, asegurándose de llenarlo con todo lo que cree que le gustará al niño fantasma—. ¡Estoy más hambriento!
—Aún tengo hambre —Luce le corrigió con una sonrisa.
Se sienta y pretende comer sus alimentos, esperando que todos limpien la mesa para que él pueda darle la comida a Hibarin.
Escuchó a sus tías y tíos hablar sobre la guerra, le asustaría pero quería mantenerse informado.
—Ah, así que estaba justo a un lado de su avión, ¿cierto? —Skull comenzó a decir sus historias a Tsunayoushi. Añadiendo efectos de sonido y el niño realmente podía sentirse a sí mismo estando allí, en la emoción de la batalla. Su tío Skull era la cabeza del Escuadrón de Pelea Aérea. Él era el único a cargo de pelear en el cielo. —¡Y justo estallé a ese maldito! Todos celebraron por mí, ¿y adivina qué? ¡Estamos ganando la guerra! Pronto va a terminar, Tsunayoushi, y cuando eso suceda te llevaré a volar en mi avión y no tendremos miedo a ser disparados…
—Tsunayoushi, querido —Luce dijo en una forma dulce—. ¿Comerías el resto de tu cena en tu habitación? ¡Pretende que estás en un restaurante!
Tsunayoushi tomó su plato obedientemente y subió corriendo las escaleras mientras continuó escuchando la historia de su tío Skull sobre cómo derribó a un enorme avión de pelea por sí mismo.
Tan pronto como se aseguraron que Tsunayoushi estaba escaleras arriba, Skull detiene su historia y comienza a gimotear. Continúa de esta manera por un rato, Fong y Luce son los únicos que se levantan para darle un pañuelo.
—¡Mentiras! ¡Mentiras! ¡Todo son mentiras! —sus ojos se volvieron rojos e hinchados— ¡Estamos perdiendo esta guerra! ¡Todos vamos a morir! ¡Todos en mi escuadrón están muertos! Sólo quedan dos, ¿¡cómo demonios esperan que yo pelee en todos sus aviones con sólo tres soldados!? ¡TRES! —se limpió la nariz y Fong le sirvió un poco de agua, Luce le dio más comida—. Odio esto, estoy asustado. Ya no quiero hacer esto.
Estaba tranquilo en la mesa, y como siempre, esperaron a que Reborn hablara primero. Él sólo enrolla un poco de Fetuccini en su tenedor y da un mordisco.
—¿Preferirías estar en el lado de los Capuleto? Al menos en esta nación no tienen a su gente muriendo de hambre. No aún.
Colonnello comienza a servirse a sí mismo una copa de whiskey, dándole un poco a Reborn.
—Aguanta —es el consejo que le dieron a Skull. Era la única cosa que podían decirle.
Verde añade más queso parmesano a su comida.
—Todos nosotros sentimos lo mismo, no hay nada que podamos hacer al respecto.
—¿Qué pasa si muero?
—Es lo que es. —Reborn ya estaba fumando en la mesa, un hábito por el que Luce y Fong le reprendían.
Skull dejó de llorar, ya no le quedaban lágrimas. Su alma rota.
—Pude haber sido un famoso temerario. Pude haber sido alguien famoso. Ya soy famoso, pero no de esta forma. Nunca quise ser conocido como el hombre con la mejor puntería en el cielo. Nunca quise ser conocido como el hombre que podía matarte con un solo disparo. "Skull, el que les dispara a todos". ¿Qué tipo de nombre estúpido es ese?
—Todos nosotros quisimos ser muchas cosas —Fong recordó sus sueños de convertirse en una estrella de ópera china, era tan joven y estúpido—. Pero esta es la realidad.
—¡Estamos viviendo mentiras! ¡Mentiras! —Skull comenzó a gritar—. Si Tsunayoushi supiera que somos los que asesinaron a sus padres…
Luce cubrió sus orejas, Reborn y Colonnelllo trataron de quitar a Fong de encima del otro hombre, quien ya era el "estrangulado Skull".
—¡No digas eso! ¡No digas esas palabras en esta casa nunca más! ¡Tú demonio! ¡Tienes al demonio dentro de ti!
Skull es muy valiente el día de hoy y continúa hablando. Debe tener algún deseo de muerte, pensó Verde, quien estaba sentado en el lejano final de la mesa, preparando una aguja que podría dejar al hombre chino inmóvil. Cuando estaba molesto, Fong era una amenaza para cualquiera, un hombre que podía asesinar con sus manos desnudas.
—¡Nos odiará a todos si se entera! ¿Crees que necesito otra angustia en mi vida? Deberíamos darles al niño. Devolverlo a los Capuleto. Es ahí donde pertenece. Con su único hermano. Él estará mejor —Skull sigue llorando como un niño. Su moco está por toda su nariz—. Así que ve y mátame si quieres. Mi vida se acabó en el minuto que la guerra comenzó. Volver a un hogar es la única cosa que me hace feliz.
Las manos de Fong se relajan y le deja ir. Su propio rostro molesto y caliente. —No asesino niños —es todo lo que dice. Se sienta mientras Luce sirve para él una taza de té. Él acepta.
Luce decide que es hora de darle a los Arcobaleno la carta que recibió de los Capuleto.
—Giotto me envió otra carta —la pone en el centro de la mesa. Todos se tensan—. Dice que quiere de vuelta a su hermano a cualquier costo. Que todos somos… asalta cunas —comenzó a llorar un poco, la angustia dentro de ella de tener un niño muerto aún es grande.
Reborn habló:
—No devolveremos a Tsunayoushi. Ahora es nuestro. No lo quisieron cuando nació. No deberían quererlo ahora. Ese chico sólo es avaricioso —aclaró su garganta—. Y sobre cómo deberíamos cuidarnos a nosotros mismos de ahora en adelante, Colonnello, no puedes dar un pie fuera de aquí. Eres estadounidense, las personas serán más precavidas contigo y nos prestarán atención no deseada.
Colonello asintió.
—Mierda, estaré terriblemente aburrido.
—Hay bosques —añadió Verde—. Seguramente alguien con tu capacidad cerebral podría encontrar algo que hacer ahí. Sin mencionar que siempre estamos en misiones.
—Fong está bien. Él es chino, parte de la nación de los Montesco, así como Italia —Reborn se señaló a sí mismo, Luce, Verde y Skull—. Nosotros estamos bien. Tsunayoushi es japonés, está a salvo. Así que o permaneces adentro, Colonnello, o aprendes italiano. Pretende ser italiano.
—Lo único que sé decir es "Venti" en Starbucks.
Skull, quien se estaba recuperando de su quiebre no pudo evitar reír. Colonnello le sonrió y alborotó su cabello.
—Aiya —Fong dijo, golpeando juguetonamente el brazo de Skull—. Estará muerto en el momento en que ponga un pie afuera por su estupidez.
—Sí —añadió Skull—. Estará usando la bandera de los Capuleto como sus bóxers.
Sólo otra noche para los Arcobaleno.
—Están peleando —Hibarin sentencia y apunta al piso de la base.
—Hacen eso algunas veces —es todo lo que Tsunayoushi dice.
Hibarin pica la comida italiana y la prueba, era buena.
—Esta comida es decente —expresa con desdén—. Y he visto a tu tío Fong antes. Pero cuando era más joven. Cuando yo todavía estaba vivo.
La curiosidad de Tsunayoushi creció. ¿El tío Fong antes era joven? ¡No lo sabía!
—¿En serio? ¿Por qué?
—Creo que él era un primo lejano o algo —Hibarin continuó comiendo. Hablando sólo cuando dejaba de masticar—. Visitaba seguido a mi hermano.
El niño fantasma no habló mucho después de eso. Eso siempre sucedía. Cuando Hibarin hablaba sobre el pasado quería jugar escondidas. Y lo curioso era que siempre quería ser encontrado.
En el cumpleaños de Tsunayoushi, Hibarin deja un pequeño jarro con papel.
—Sería grosero de mi parte no darte un regalo —el pequeño fantasma respondió—. Y como soy el mayor tengo que enseñarte modales. Aquí, te enseñaré cómo hacer estrellas de papel.
El truco era que tenías que tomar una pequeña tira de papel y atarla, haciéndola lucir como una pequeña estrella. Si tu jarro estaba lleno podías hacer un deseo.
—¿Ves? —dice Hibarin mientras han terminado trece de las estrellas de papel—. Por todo lo que quieres debes trabajar duro.
¿Quién sabe? Tsunayoushi pensó. Tal vez pueda hacer estrellas suficientes para terminar la guerra.
Los únicos alrededor de su pastel de cumpleaños fueron Reborn, Colonnello, Verde, Luce y Fong. Skull se había ido para su batalla en el océano y Lal y Viper seguían en una misión. Pero a Tsunayoushi no le importó. El año pasado nadie estuvo ahí en su cumpleaños. Tuvo que permanecer en una alacena porque los soldados de los Capuleto se infiltraron en la ciudad.
Hibarin también estaba ahí, mirando su pastel con envidia.
—¡Apresúrate! —el vampiro autoproclamado gritó—. ¡Quiero algo de eso! —apuntó al pastel de almendras. Tsunayoushi aprendió que Hibarin no necesitaba comida para funcionar, sólo le gustaba el sabor.
Los Arcobaleno le dieron todos los regalos y se entretuvieron con juegos de fiesta. Jugaron las sillas musicales pero todos acusaron a Reborn de hacer trampa. Tomaba dos sillas y empujaba a todos de las sillas aún cuando la música se detenía.
—No seré derrotado —dijo.
El tío Fong le dio a Tsunayoushi una pequeña bolsa hecha de seda china, estaba llena con decoraciones de tigres y flores.
—Esta es una buena bolsa. Solía ser mía cuando era pequeño. Cuida de ella —Fong siempre le daba regalos como ese, cercanos al corazón. No le dijo al niño que había un pequeño cuchillo en él, sólo en caso de emergencias.
Hablando de emergencias, ¿el arma que estaba en la vasija? Estaba ahora cerca de las escaleras. Y le dieron a Tsunayoushi la misma charla. Él sabía qué hacer.
Reborn le dio al chico joven un traje blanco, ningún niño suyo usaría esa ropa de niños por más tiempo. Y eso era triste. Venía con un chaleco, un saco y un par de zapatos. El pantalón tenía pliegues en él y hacía lucir a Tsunayoushi como un tipo de persona importante. Luce no pudo evitar tomar un millón de fotos. Dentro de sus bolsillos estaba un pequeño taser (1), un arma para aturdir. Reborn le dijo que mantuviera esa arma como un secreto entre ellos dos.
Luce fue la única que le dio a Tsunayoushi algo no concerniente a un arma. Le dio sus suplementos artísticos, papel de acuarela con un conjunto de pinturas y colores.
El tío Colonnello le dio un libro de fotos sobre gatitos con el cual todos levantaron sus cejas.
—Ey, es un libro de niños, ¿bien? Hice mi tarea en encontrarle un regalo genial. Bueno, tal vez Lal lo escogió. ¿A quién le importa?
En la noche, Tsunayoushi encontró una pequeña carta en el libro escrita en un desordenado hiragana.
"No le digas a tus otras tías y tíos pero te conseguí un gato. Juega alrededor del cobertizo del jardín, hay comida y agua para él, también en el cobertizo. No olvides alimentarlo. También hay una pequeña arma cerca de la comida de gato. Será mejor que escondas eso. Ya sabes para qué usarla."
Tsunayoushi se sintió como el niño más feliz en la tierra, bostezó mientras una bomba lejana resonó alrededor de la casa. Va a dormir y, si estuviera despierto, habría escuchado los susurros de preocupación de sus tías y tíos. Skull no vuelve a casa. No esta vez.
Colonnello regresa al día siguiente con una cara solemne, ellos raramente veían esa cara en el estadounidense, pero estaba ahí.
Era en la tarde y ninguno de los Arcobaleno estaba en un deber. Una situación extraña. Tsunayoushi estaba arriba jugando por sí mismo, desconocido para los otros, con Hibarin. Les tiende una cinta.
—¿Qué es esto? —Luce dice mientras limpia las lágrimas de sus ojos, probablemente por Skull. Examina la cinta y la voltea una y otra vez. Le hacía llorar de algún modo—. ¿Qué bien hará esto?
Lal emergió de la cocina con un vaso de agua y permaneció enfrente de la mujer mayor.
—Es un cierre.
Fong suspira y baja su periódico.
—Creo que deberíamos escucharlo. Skull habría querido que supiéramos sus últimas palabras.
Viper entró al cuarto con un pequeño reproductor de cintas y tiende su mano. "Dámelo a mí", ella dice sin palabra alguna. Renuentemente, Luce cierra sus ojos, como si buscara dentro de ella si realmente quería escucharla, y lentamente le da la cinta a la mujer con la capa.
Reborn estaba fumando un cigarro con sus piernas cruzadas, su fedora en frente de él, en la mesa. Verde estaba cerca de las escaleras, la puerta a su laboratorio en el sótano abierta. Su complexión apoyándose en la entrada.
Cuando la cinta se puso sólo pudieron escuchar estática, podían escuchar a Skull preparando su despegue en su jet de combate. Nunca volverían a escuchar su voz; esto era ahora concreto en sus mentes. Tan pronto como el avión está volando en el aire podías escuchar a Skull haciendo pequeños sonidos de armas con su boca, "¡bween! ¡bween! ¡bween!". Tales efectos sonaban como sacados de un videojuego. Lal no pudo evitar sonreír al igual que Reborn. Colonello se carcajeó junto con Fong y Luce. Viper y Verde mueven la cabeza con incredulidad y ríen a través de su nariz.
Continuó de esta forma por un tiempo, Skull gritando a todo pulmón, haciendo pequeñas explosiones de videojuegos o líneas de películas de acción por cada avión que derribaba. Los Arcobaleno creían que podía lograrlo, olvidaron que estaban escuchando una cinta. Repentinamente, sus gritos se convirtieron en uno de miedo, entonces se volvieron una mezcla de dolor y terror.
Los Arcobaleno escucharon una gran explosión, esto era probablemente la parte cuando la bomba golpeó el lado del avión de Skull, esto era probablemente la parte en la que Skull había comenzado a quemarse vivo.
—¡Apágalo! —Luce llora—. ¡No más!
Pero nadie lo hace.
Siguen escuchando al avión fallar, Skull repentinamente, a todo pulmón, grita algo que los cazará por el resto de sus vidas.
—¡ESTOY EN CASAAAAAAAAA!
Y eso fue… antes que la cinta se cortara.
Notas:
1. Arma de electrochoque que arroja unas agujas conectadas a un cable mediante el cual se administra una descarga eléctrica.
Feliz Navidad
