He vuelto porque me llamaste.
Este capítulo está escrito para ti. Sin ti no pude haberlo hecho. Gracias a ti por el constante apoyo.
CAPÍTULO 4
POVERA STRELLA —POBRE ESTRELLA—
El día anterior al primer día de escuela de Tsunayoushi estuvo lleno de una emocionante ansiedad.
El niño se puso nervioso, no comía la mayoría de sus comidas, tampoco parecía querer hablar. Si hablaba, su discurso se perdía y se convertía en palabras y frases ininteligibles. Hablando demasiado pero sin hablar sobre algo. Su tía Lal entendía al niño, era razonable que él estuviera así; después de todo él no había visto o entablado un juego con niños de su edad desde su llegada a la mansión.
Ella esperaba que todo marchase sobre ruedas y esperaba que su educación no fuera afectada por la guerra, pero sabía que eso era en vano. Sus estudios estarían llenos con repercusiones para él, para su familia, ya sea que Lal lo quisiera o no. No importaba cuántas bombas ella pusiera o cuánta sangre permaneciera en sus manos, el mundo no se detendría por Tsunayoushi.
Este mundo no se detendría por nadie.
Habían pasado tres días desde que Reborn se había ido a una misión urgente pero su despedida había sido un poco ominosa.
—Me encontraré con los que están a cargo —dijo mientras ajustaba su fedora, sus zapatos pulidos haciendo un clic clac mientras daba un paso hacia afuera—. Lo que me digan fijará nuestro futuro. Si no regreso en una semana estaré muerto. Por favor encárgate de quemar todos mis archivos en mi escritorio así como cualquier evidencia de mi existencia. No dejes nada.
Lal asintió, sus brazos alcanzando la puerta para cerrarla…
—Tío Reborn —Tsunayoushi llamó suavemente desde las escaleras—. ¿Otra vez irás a trabajar?
Los ojos de Lal se dirigieron hacia el piso, la voz del niño sonaba muy triste. Como si supiera que ver a su tío no era nada más que un «quizás» un «tal vez» pero, ciertamente, no un «definitivamente». Un gran peso dispersado entre los dos, abundante y ominoso.
El niño sabía que algo no estaba bien, porque todas sus tías y tíos eran llamados al deber. Las sospechas no eran nada pequeñas.
—No sé si volveré —el italiano dice con una voz firme sin mirar hacia el niño atrás de él, meramente vio hacia el cielo matutino, el rocío en el pasto brillaba y el aire era fresco.
Lal le reprendió con la mirada,«¿por qué le dirías tal cosa?», sus ojos le dijeron.
Y con esto, Tsunayoushi comienza a llorar. Comienza lentamente, como las notas musicales en una sinfonía esperando a ser escritas, pero cuando la música comienza a tomar su lugar y empieza a nacer, así también los sollozos del niño. Los tirantes lilas de su overol moviéndose hacia arriba y abajo, las bisagras de sus botones haciendo pequeños crujidos mientras el niño esnifa, en la cima de la escalera.
—Por favor, vuelve a casa pronto —Tsunayoushi dice mientras agarra fuertemente al cascanueces en su pequeña complexión. Sus lágrimas cayendo suavemente sobre el rostro del muñeco.
El pequeño niño sigue llorando mientras Reborn sólo asiente una vez, firmemente, caminando directamente por la puerta sin voltear hacia atrás. No existían palabras o caricias de consuelo en ese momento, sólo el silencio. Reborn siguió caminando con un fuerte deseo de vivir mientras se dirigía hacia su automóvil negro.
—Vive, Tsunayoushi —es todo lo que dice mientras maniobra su automóvil en el camino delante de él.
Desde que Reborn fue urgentemente llamado en dicha misión, Lal era la única a cargo de cuidar a Tsunayoushi en su primer día de escuela. En los días que siguieron después de la partida de Reborn, se preocupaba a sí misma cuidando al niño pequeño y haciendo su parte de los ligeros quehaceres de la casa. Como un soldado de alto rango de entrenamiento de supervivencia, siempre estaba ocupada entrenando nuevas tropas. Siempre había nuevos reclutas, muchas veces apenas si dormía, lo que le dejaba con menos tiempo para hacer alguna tarea de la casa. A su hora de descanso en su tiempo libre, Lal se aseguraba de hacer su parte de los quehaceres diligentemente. Se llamaba a sí misma parte de la familia, ¿o no?
A la severa mujer de cabello oscuro le disgustaba dejar sus responsabilidades en las manos de otra persona. «El pensar de ese modo podría matarte algún día», pensó para sí.
Frecuentemente vería por el rabillo del ojo a Tsunayoushi sonriéndole a algo cuando él pensaba que ella no estaba observando, pero lo declaró como si jugara a pretender. Aún si ella se quejaba con los otros sobre los extraños hábitos del chico, sabía que todos ellos eran afortunados por tener un niño obediente que era complacido rápidamente y difícilmente hacía preguntas.
«Si él fuera diferente », pensó mientras tomaba una taza de café, «esto hubiera sido mucho más difícil».
Casi a la hora de ir a la cama, Tsunayoushi estaba ocupado preparándose para su primer día de clases.
Tomó tres lápices afilados y los puso dentro de su estuche, el que cosió a mano con su tía Luce. Era de un blanco cremoso y en medio tenía una estrella pobremente cosida junto a una intrincada luna. Era una de sus preciadas posesiones, especialmente desde que él hizo la mayoría de las costuras por sí mismo. La admiró por un momento, poniéndola hacia el cielo.
—¿Qué es eso, herbívoro? —el niño fantasma bajó en picado desde una cortina, sacando un dulce de entre sus dientes—. Quiero ver.
Tsunayoushi sonrió de buena manera, mostrando a su espeluznante pero amable amigo su trabajo.
—Es un lugar donde pongo mis lápices y otras cosas. La hice con mi tía Luce.
Hibarin asintió.
—Yo también tengo un estuche, pero el mío tiene un pájaro en él. Mi madre la compro para mí porque no pudo encontrar un estuche con un murciélago.
El castaño puso un sacapuntas y un borrador junto a una libreta en su mochila para la escuela elemental. Era de cuero cosido, roja como una manzana madura.
—Hibarin —el castaño comenzó, jugueteando con sus pulgares. Movió sus pies tímidamente, de lado a lado—, ¿estaría bien si vinieras a la escuela conmigo?
La aparición permaneció callada un poco, miró hacia el menor en el piso.
—No creo que pueda ser posible. Yo encanto este lugar.
Hubo un silencio que parecía estar en el borde para siempre, el pequeño viento repiquetea ligeramente en la esquina de la ventana.
—Ya veo —el niño sigue sonriendo, pero esta vez era una sonrisa alicaída. Empacó el resto de sus pertenencias e hizo su camino hacia la cama, sólo para ser detenido por el fantasma.
—Tal vez hay una forma —los colmillos del niño de cabello oscuro se veían mientras hablaba—. Tal vez todo este tiempo… no he estado encantando esta casa —los ojos de Hibarin mostraban un pensamiento profundo—. He estado pensando últimamente esta teoría, desde que llevas el cascanueces a todos lados, te sigo a dondequiera que vayas…
Cuando dijo esto, los ojos de Tsunayoshi se abrieron demasiado.
—A-Así que… tal vez lo que has estado encantando… ¿es el cascanueces?
Hibarin asintió cuidadosamente, sus ojos entornados, pensando.
—Nunca he pensado precisamente sobre estas cosas, después de todo, nunca he tratado de arriesgarme e ir hacia afuera.
Ambos chicos se dirigieron hacia la cama, emocionados y esperanzados sobre su nuevo descubrimiento.
—Vamos a intentarlo mañana cuando vaya a la escuela. Esconderé el cascanueces en mi mochila.
Y Hibarin pretendió que no le importaba, como si no estuviera emocionado, pero podía jurar que sintió algo similar a un latido inquietante de su corazón dentro de él.
Pero era extraño, pensó para sí, porque su corazón ya había sido reducido a mero polvo.
Lal se despertó para leer el periódico, prepararse algo de café, panecillos ingleses y unos huevos. En ese orden. El leer el periódico era tan esencial como respirar para cualquier persona en la nación de los Montesco. Tenía artículos de los caminos por los cuales era muy peligroso viajar, decía información de ciertas aldeas invadidas, comida que ya no era vendida y los clasificados de ítems que las personas buscaban.
La mujer italiana lavó su rostro antes de ir a despertar al niño para su primer día de escuela pero, para su gran sorpresa, el jovencito ya estaba listo, estaba en la cocina, untando algo de mermelada en una pieza de pan de miel.
—Tsunayoushi —dijo la mujer con la cicatriz en el rostro—, ¿por qué te levantaste tan temprano? —vio que había dos sillas afuera, dos platos con migas de pan en sólo uno de ellos, como la sangre que se dejaba en una escena del crimen. Evidencia.
—Estoy nervioso —el castaño admite mientras da una mordida al pan. Mira hacia su tía, con anticipación a lo que ella pueda decir.
—Le pasa a los mejores de nosotros —dice y comienza la preparación de más café. Comienza a hervir el agua—. Tsunayoushi —Lal llama al niño después de un minuto—. ¿Por qué hay dos platos en la mesa?
—Ese es para Hibarin —Tsunayoushi explica como si fuera la cosa más obvia del mundo.
—Ya veo —Lal dice pero ella no ve. «Colonnello está en lo correcto», reflexiona, «este niño realmente necesita interacción con niños de su edad». Y comienza a molestarla, que por culpa de la guerra, por la culpa de ellos, él no pueda comportarse como un niño normal debería.
El extraño dúo termina su desayuno de papas y huevos a buen tiempo, Lal ya había empezado las preparaciones para el almuerzo del jovencito mientras Tsunayoushi peinaba su cabello.
—Sé que mi forma de cocinar no está a la par con la de Luce o Fong, pero esto es lo mejor que puedo hacer —Tsunayoushi sólo sonrió mientras veía a la mujer mayor meter huevos hervidos y sándwiches en una pequeña lonchera. Cerca de las 7:40 a.m., Lal fue a recoger su abrigo mientras veía al niño hurgar entre sus pertenencias para asegurarse que todo estuviera en su mochila, la italiana no era consciente del cascanueces.
Mientras Lal abría la puerta frontal de su hogar, Tsunayoushi cruzaba sus dedos para la buena suerte y salió de la mansión, hacia el mundo exterior. Hacia el mundo exterior que no se detenía por nadie.
Los ojos claros de Tsunayoushi toman la vista frente a él.
La escuela tenía grandes puertas de acero, la entrada llena con muchos niños precipitándose en el vecindario, algunos jugando rayuela, saltando la cuerda o persiguiéndose. Muchos padres permanecían junto a sus hijos como halcones, para la renuencia y vergüenza de los niños y niñas. Algunos niños lloraban lastimosamente, no queriendo ser separados ni siquiera un segundo de su guardián; estaban asustados de la crueldad del mundo y de lo inesperado. La escena ante Tsunayoushi era sólo un mero vistazo a lo que el mundo podía haber sido, un mundo en el que la mayor preocupación de alguien no eran las armas o los soldados estacionados en la ciudad, era el conocer el alfabeto, obtener de vuelta un examen con al menos una 'C', esas pequeñas cosas.
Con estos pensamientos preocupándole, Tsunayoushi comienza a sentirse pequeño y tímido. Se esconde detrás de Lal, sus brazos agarrando una de sus piernas.
—Tsunayoushi —Lal comenzó, sus brazos cruzados frente a su pecho—, ve con tu maestra, ella está justo ahí —apuntó con un asentimiento de su cabeza hacia una menuda mujer con cabello corto. Tenía en ella una cálida sonrisa y saludó con la mano, hacia ellos, cuando sus ojos se conectaron a la distancia.
Tsunayoushi miró a Lal y permaneció en silencio durante un tiempo, viendo sus zapatos. Quería decirle muchas cosas a Lal, pero Lal le entendía silenciosamente, suspiró y acarició la cabeza del niño. Un gesto afectuoso que hizo que el niño sonriera brillantemente.
—Nos vemos en un rato —ella dijo y con eso, el niño va a unirse a sus otros compañeros para su primer día de escuela.
—Hay demasiados herbívoros juntándose alrededor —Hibarin murmuró a un lado de Tsunayoushi. Todos los niños fueron colocados en dos líneas siguiendo a la bondadosa maestra. Todos lucían un poco nerviosos; permanecían obedientes y se abstenían de hablar en esos momentos. Hablaban en susurros, inseguros y cautos por la personalidad de la profesora y la ética de la tarea.
Tsunayoushi estaba en el último lugar de la línea de los niños, ocasionalmente volteando su cabeza hacia atrás para ver si Hibarin le seguía.
—Tsuna-kun, ¿estás bien? —Kyoko sonrió gentilmente mientras sostenía la puerta para todos, los estudiantes comenzando a colocar sus mochilas y zapatos cuidadosamente dentro de sus cajones que estaban frente a la entrada.
—¡Por favor, asegúrense de cerrar apropiadamente sus mochilas! ¡Las tendrán una vez más a la hora del almuerzo! —la joven profesora puso su atención hacia el resto de la clase—. Espero que todos ustedes hayan traído su almuerzo, si no les daremos pequeños bocadillos en la sala de maestros.
«Hibarin tenía razón».
Después de cerrar su cajón, el niño castaño hizo su camino hacia el asiento disponible más cercano, el único cercano a una pequeña pecera con un pez nadando. Permaneció inconsciente de la niña tranquila quien le veía cuidadosamente; ella tenía un suéter oscuro con 'Chrome' escrito en la etiqueta de su nombre. Chilló mientras Tsunayoushi ponía inconscientemente la caja de sus lápices en su ahora compartido escritorio.
Hibarin tenía razón, parpadeó mientras la maestra comenzó a presentarse a sí misma.
—¡Soy la señora Sasagawa! Es un placer conocerlos a todos, espero que todos disfrutemos este nuevo año escolar.
Hibarin no encantaba la casa, lo que él encantaba, lo que siempre había embrujado, es y era el cascanueces.
—¡Hora del almuerzo!
Los niños comenzaron a abrir sus cajones, vaciando los contenidos de sus bolsas para su almuerzo. Algunos esperaron por la aprobación de la maestra antes de que dejaran el salón y unos pocos permanecieron sentados en sus asientos, coloreando.
—Tsuna-kun, ¿qué estás dibujando? —Chrome preguntó quedamente sin apartar la vista de su brillante cartulina. Los dos niños se sentaban uno al lado del otro en su escritorio compartido. Lápices de colores a lo ancho del escritorio, pequeñas estrellas de papel entre borradores y tijeras para cartulina que dejaban patrones de zigzag cuando cortabas con ellas.
Después de unos minutos de clase y actividades, los dos comenzaron a formar una curiosa pero tímida amistad. Los labios de Kyoko se curvaron en una sonrisa con la conversación de los niños; inicialmente se había preocupado por la tímida personalidad de sus dos estudiantes, ¿qué pasaría si eso les llevaba a ser molestados? Estuvo gratamente sorprendida con este giro de eventos, ¡se habían hecho amigos muy rápido!
Tsunayoushi toma el crayón rojo que estaba a su lado.
—Estoy dibujando a Hibarin, él es mi amigo que vive en casa conmigo.
Chrome parpadea.
—Oh, ya veo. ¿Tienes hermanos o hermanas?
—No, pero tengo muchos tíos y tías —pausó y sonrió, era una pequeña y tímida—. También tengo un gatito de mascota…
—¿En serio? —la voz sacarina de la niña se hizo un poco más alta—. Siempre he querido un gatito… pero con las cosas así… mi hermano no me deja tener uno. Dice que causan muchos problemas.
—¿Tu hermano?
—Sí, tengo un hermano mayor, es maravilloso —la niña comenzó a poner sus crayones de vuelta en su estuche con patitas de gato—. A la hora del almuerzo me dijo que lo viera en la entrada… iré a verle ahora. —Miró esperanzadoramente a su nuevo amigo y añadió: —Tal vez… si quieres puedes conocerlo mañana y unirte a nosotros…
Los ojos de Tsunayoushi comenzaron a brillar con emoción, ¡hizo una amiga muy rápido! ¡Y pensar, se dijo, que le agradaba tanto a su nueva amiga que quería presentarle a su familia! El castaño colocó una mano en el hombro de ella.
—¡Sí, quiero conocerlo, por favor! ¡Gracias, Chrome-chan!
La jovencita se sonrojó y desvió la mirada de los ojos del niño.
—¡Es-está bien! Te veré cuando tengamos que regresar a clases, Tsuna-kun. ¡Nos vemos!
Mientras la niña se dirigía hacia la puerta, Tsunayoushi comienza a trabajar en la combinación de su casillero (1). Era 6-12-30, ¿cierto? ¿O era un 1? Cuando la chica cierra la puerta, Tsunayoushi logra abrir el cajón después de unos minutos con un pesado 'tic'.
Le recibe Hibarin durmiendo perezosamente dentro del cajón, su cuerpo acurrucado. Murmuró incoherentemente, moviéndose nerviosamente.
—Hibarin, es hora de comer, ¿no quieres algo de la comida de tía Lal? —el castaño dio una palmadita a la caja del almuerzo, exponiéndola ante el fantasma sólo para obtener un ojo perezoso.
—No, la mujer es mala cocinando, sabe como papel. Me quedaré aquí —sus respuestas fueron cortas, estaba molesto, Tsunayoushi podía decir. ¿Hibarin estaba molesto con él? Eso no podía ser, difícilmente se habían hablado el uno al otro desde que las clases habían empezado.
—¿Qué? Pero… quería que tú…
—Tengo sueño así que te puedes ir ahora —como si Hibarin pudiera adivinar lo que el otro chico estaba pensando, se volteó y le miró como si le tranquilizara—. No es algo que hiciste, aprender me cansó, eso es todo. Déjame.
Tsunayoushi suspiró en alivio. Sonrió ante cómo el pequeño fantasma resopló en fingida molestia.
—Estúpido herbívoro, ni siquiera puedes decir esto…
—Oh, ya veo, mmm, entonces iré afuera y comeré el almuerzo. ¡Nos vemos en un rato, Hibarin!
Hibarin gruñó como respuesta mientras Tsunayoushi cerraba el casillero. El autoproclamado vampiro tampoco podía entender su súbito cambio de humor, tan pronto como llegó a la escuela se sintió muy cansado. La cabeza del fantasma se sentía como si fuera apartada en distintas direcciones, se sentía como si nuevamente estuviera muriendo, sabía que era una advertencia. Le estaba diciendo que algo iba a pasar. Que iba a pasar muy pronto.
Los ojos del niño con el cabello del carbón se marchitaron lentamente antes de que se dejara llevar en un profundo sueño.
Una vez afuera, Tsunayoushi ojeó las puertas de la escuela para notar que permanecían abiertas para las visitas a la hora del almuerzo. Algunos padres permanecían ahí con comidas y bebidas, trayendo un dulce aperitivo de casa mientras se aseguraban de que sus hijos estuviesen a salvo. Los adultos estaban un poco nerviosos, viendo sus alrededores y preparándose a sí mismos por si necesitaban correr y esconderse con sus hijos. Las maestras Kyoko y Haru también estaban entre ellos, Haru mantenía vigilados a los niños mientras Kyoko hablaba a susurros con un soldado.
Los ojos de Tsunayoushi se dirigieron hacia una figura, cerca de Kyoko, mucho más pequeña. Era Chrome hablando a quien él suponía era su adolescente hermano. Tenía un tono de cabello similar al de su hermana, pero sus movimientos indicaban que él era mucho más extrovertido de lo que ella era. La forma en la que hablaban parecía placentera empero, cuando él sonreía, el gesto no llegaba a sus ojos. Tsunayoushi sintió algo extraño revolviéndose dentro de él cuando la mirada del adolescente se encontró con la suya. Había sido descubierto. «¡Qué vergüenza!» el niño lloró para sí. Chrome se volteó para ver qué pudo haber capturado el interés de su hermano mayor así que cuando se giró, sonrió. Saludó con la mano a Tsunayoushi mientras ella le murmuraba a su hermano «Ese es el nuevo amigo que hice hoy».
Algo dentro de él había esperado que Lal también estuviese esperando por él, pero se dio cuenta de que ella no había podido, ella estaba ocupada trabajando en casa. Tsunayoushi no entendía por qué había esperado tal cosa; se reprendió por ser tan infantil.
Se alejó y se dirigió hacia el salón, a Hibarin no le importaría si le despertara, ¿o sí? Pero tan pronto como escogió volver al salón, algo llamó su atención.
Era un jardín iluminado por el sol.
Estaba detrás de los baños, justo detrás de la sombra del follaje de los árboles. Tenías que ajustar un poco tus ojos para ver la forma de pequeñas piedritas multicolores creando un camino hacia las puertas del jardín. Tenía glicinias, girasoles, amapolas, dientes de león, flores de las que Tsunayoushi nunca había escuchado, las cuales sólo se había imaginado. También había una pequeña área de vegetales, hojas de zanahorias asomándose desde la tierra. Vides de fresas estaban abrazando perezosamente la entrada del jardín, invitando y siendo agradables.
Tsunayoushi sólo había escuchado de estas cosas en los libros y en los artículos de los periódicos. El pensar que algo tan magnífico permanecía escondido en su pequeña escuela… dentro, el corazón de este niño, le decía que protegiera este lugar.
Caminó hacia una banca blanca cerca de la valla y se sentó. Mientras se estiraba un poco miró hacia el claro cielo azul y cómo se expandía hacia el horizonte con banderas de diferentes naciones. Algunas de las banderas se quemaban; otras permanecían firmes, las victoriosas. Escogió apartar la mirada y en su lugar pensó para sí que realmente no le importaba si el mundo estaba lleno de lluvia o brillaba, porque la única cosa que haría que su día fuera "bueno" era que Hibarin permaneciera a su lado.
Y cuando recordó que Hibarin estaba durmiendo profundamente y a salvo en su mochila, sonrió, porque era un buen día.
—¿Tsunayoushi?
Una vez más, el niño no dice una palabra a la voz llamándole y en su lugar escoge cerrar sus ojos. «Si no puedes verlos ellos no pueden verte, si no puedes verlos ellos no pueden verte…»
—Tsunayoushi… —la voz sonaba un poco triste— Por favor, voltea para mí… —una voz llena con súplica y aceptación prometedora, una voz de confianza—. Me gustaría verte...
La emoción detrás de la voz le recordó a Tsunayoshi a su tío Fong en ese día destinado, el día en el que los bombardeos habían empezado en Italia. Después de que la primera bomba había resonado a la distancia él rápidamente se había movido hacia una pequeña alacena debajo de las escaleras, justo como le habían enseñado. Agarró un pequeño trozo del muro de madera y lo jaló, sólo para haber revelado un pequeño espacio para esconderse. Una vez adentro se aseguró de cubrir todos los rastros de disturbios en el muro, como para no levantar sospechas de quienquiera que pudiese venir a buscar. Se tragó su miedo, temblando mientras apretaba firmemente el arma entre sus pequeñas manos. Le habían dicho que se quedara ahí y disparara a quienquiera que no conociera que estuviera a la vista.
Repentinamente escuchó la puerta moviéndose violentamente. Apretó sus ojos fuertemente y comenzó a temblar.
Iba a morir, Tsunayoushi pensó para sí, «voy a morir sin haber hecho algo».
Mientras, la pequeña puerta se abrió sólo para revelar a su tío Fong, Tsunayoushi miró hacia él con ojos llenos de confianza, amplios y asustados. Orina caliente viajó a través de sus pantalones, dejando una húmeda sensación en sus pantaloncillos cortos y lágrimas de vergüenza.
—¿Tsunayoushi? —su tío Fong le había dicho ese día, su expresión era una de angustia, su mano derecha presionando hacia su cintura firmemente mientras la sangre se filtraba. Estaba gravemente herido.
—Lo siento… —Tsunayoushi comenzó a tartamudear, era un niño malo, era un niño malo por haber mojado sus pantalones. Si el tío Reborn lo supiera… ¡seguramente lo golpearía!
Tsunayoushi no recibió castigo ese día, en su lugar, sintió manos sosteniéndolo firmemente, la sangre de su tío en sus manos y en su camisa mientras se sostenían el uno al otro, nunca dejándose ir. Permanecieron así por un tiempo hasta que Lal los encontró y escapó con ellos antes de que la casa se quemara.
Por respeto a su tío Fong y por ese recuerdo, se voltea y no pronuncia ni una palabra. Será valiente, piensa, será valiente por todos. ¡Tiene que serlo! Ni siquiera grita cuando ve a la persona enfrente de él.
Era Giotto.
Era el soldado de los Capuleto que se llamaba a sí mismo Giotto, el que había tratado de hablarle en la tienda de mascotas. El rubio miró cuidadosamente a Tsunayoushi, sin acercarse y aun así enfrentándole; sobrepasó la pequeña valla, bloqueándosela al niño. El rubio era alto y vestía un hermoso uniforme a la medida, una pequeña capa descansaba en sus hombros y sostenía una pequeña caja, los botones en su chaqueta brillaban con el símbolo de su nación. «Luce como un príncipe», Tsunayoushi pensó para sí mientras sus ojos observaban al hombre con miedo y admiración.
—Tsunayoushi —el mayor comenzó—, Tsunayoushi… te juro que no quiero hacerte daño. Siento mucho si te asusté el otro día, en la tienda de mascotas… Por favor, perdona mi atrevimiento. No tengo intención de lastimarte.
Tsunayoushi nunca había escuchado a un adulto decirle que lo sentía, usualmente era de la otra forma. Vio al hombre con confusión, inseguro e intranquilo sin saber qué decir.
—E-está bien… estaba sorprendido y… y no quería me-meterme en problemas —Tsunayoushi sabía que estaba siendo malo, sus tías y tíos siempre le decían que nunca le hablara a extraños y aquí estaba, hablándole a un hombre a través de una cerca.
Giotto suspiró con una sonrisa aliviada, sorprendiendo nuevamente a Tsunayoushi con sus acciones. El hombre lucía verdaderamente feliz… como si el pensamiento de Tsunayoushi temiéndole le perturbara.
—Ya veo. Tsunayoushi, me disculpo. No quiero que estés en problemas por mi causa… Yo sólo… tú… —Giotto tragó silenciosamente—. ¿Sabes? Sólo quiero hablarte, si es posible.
Tsunayoushi asintió inseguro.
—Ah, Tsunayoushi, ¿ellos te están tratando bien?
—¿Mis tías y tíos?
—¿Es así como les llamas? —los ojos del rubio brillaron en reconocimiento.
—Sí, son muy amables conmigo —Tsunayoushi comenzó a juguetear con sus pulgares en su regazo—. Ellos son mi familia.
—Ya veo —Giotto suspiró en alivio, pero se encogió ligeramente ante la mención de la palabra "familia"—. Estoy muy feliz de que estén tratándote bien, Tsunayoushi. Escucha lo que tu padre Fong te diga, ¿de acuerdo? Nunca los cuestiones. Siempre están haciendo lo que es mejor para ti.
Tsunayoushi ni siquiera notó cuando el hombre se había acercado más y más a él, ya ni siquiera estaba frente a la cerca sino que estaba de pie justo enfrente de él. El corazón del niño latió rápidamente, como los tambores en una banda de música.
El hombre olía a jabón fresco, limpio, la cara de Giotto permanecía tranquila y simpática; un sentimiento familiar llenó el aire mientras la ligera brisa hacía balancear a las flores. El sentimiento familiar le llenaba con pensamientos de Reborn y cómo podía no volver a verle. Sus pensamientos cambiaron a su tío Skull…
Mira hacia Giotto enfrente de él, quien ahora estaba observándole preocupado, notando el reciente cambio de humor del niño.
—¡Nunca quiero dejar o desobedecer a mi familia! Pero… ellos siguen dejándome.
Giotto suspiró.
—Tsunayoushi, es su trabajo… no puede evitarse.
—¿Pero qué pasa con el tío Reborn? ¿…qué pasa si no regresa? —el niño comenzó a temblar—. ¿Qué pasa si se va a donde se fue el tío Skull? ¿Qué pasa si ya no lo vuelvo a ver otra vez?
Y con esto el rostro del hombre cambia a uno serio y pálido.
—¿Tu tío Skull nunca regresó?
—No…
Giotto apretó su puño.
—Ya veo… ahora, sobre tu tío Reborn, ¿se fue recientemente?
Tsunayoushi ni siquiera estaba poniendo atención a lo que estaba diciendo, sus ojos picaban y su corazón dolía.
—Sí, esta mañana, se fue en coche…
En los ojos de Giotto había una flama.
—Ya veo, así que su destino es un poco más lejos de lo que esperaba… entonces aún hay tiempo. Dime Tsunayoushi, y respóndeme con la verdad…
Tsunayoushi miró cómo el mayor se agachó al nivel de sus ojos, se hincó, yaciendo sus pantalones hermosamente arrugados en el pasto del jardín.
—¿Amas a tus tías y tíos? Te preguntaré una vez más, ¿te tratan bien? —algo dentro de la voz del hombre sonaba esperanzador y amable, Tsunayoushi no tuvo opción más que contestarle.
—Les amo mucho, no quiero que ninguno de ellos me deje. Quiero que el tío Reborn vuelva a casa para que juguemos cartas juntos… quiero que el tío Skull vuelva para que podamos volver a jugar al escondite… —los ojos del niño empiezan a humedecerse—. Me tratan muy bien, me leen historias antes de ir a dormir, el tío Fong me ama como por dos personas, la tía Luce me trata como su hijo, el tío Colonnello trata de ser muy feliz conmigo y juega mis juegos favoritos… el tío Verde me enseña cosas interesantes, mucho más interesantes que las que enseñan en la escuela, mi tía Viper me enseña cómo esconder cosas y me ayuda a hacer pequeñas bromas…
Unas pequeñas lágrimas caen.
—No me quiero apartar de ellos… ¿por qué…? ¿Por qué la guerra no puede terminar?
Giotto asintió tristemente mientras el niño hablaba libremente; él le hacía sentir a Tsunayoushi como si fuera un adulto, alguien para ser tomado seriamente.
Después de un rato, Giotto habló, su voz cortando a través de los pensamientos de Tsunayoushi como un cuchillo.
—¿No deseas que Reborn se lastime? —los ojos de Giotto tenían fuego en ellos, tenían dentro de sí verdad y una justicia inocente.
—No, no quiero eso. ¡No quiero que nadie esté herido!
—Tsunayoushi… —Giotto tomó la pequeña mano del niño en la suya, colocando un ligero beso en la palma de la mano de Tsunayoushi—. Si dices que quieres a Reborn de vuelta, así será. Volverá a ti así que, por favor, no llores. Te lo prometo.
El rostro del niño castaño se enrojeció justo como la manzana en la caja de su almuerzo, vapor salió de sus orejas causando que el hombre mayor riera.
—En-entonces yo… creo en ti.
La cara de Giotto se rompió en una sonrisa, una sonrisa que se sentía familiar pero olvidada.
—Ah, gracias Tsunayoushi. ¡Muchísimas gracias! —y, con esto, ofreció la caja blanca que había sostenido durante toda su conversación, el niño de ojos cafés le miró perplejo—. Traje un regalo para ti, ¿podrías aceptar esto?
—No, lo siento… —como si se liberara a sí mismo del hechizo del otro rápidamente se levantó de la banca para poner un espacio entre ellos—. Mi tío Fong me dice que nunca puedo aceptar regalos de extraños.
Con esto, el hombre principesco sonríe un poco triste. Desalentado, añade: —Ese es un buen consejo, lamento si impuse esto en ti. Aun así, ¿puedo verte mañana en la escuela? ¿Aquí, en el mismo lugar?
El corazón del niño dio un vuelco.
—No, lo siento pero me meteré en problemas, si alguien sabe de esto…
El hombre trata nuevamente, sus ojos desanimados.
—Entonces, ¿puede ser nuestro secreto?
El niño comienza a caminar rápidamente hacia las puertas del jardín que llevan a su clase. Giotto no hace amago de seguirle o detenerle de su escape.
—No, ya no puedo hablarte más. ¡Lo siento!
El niño se desliza hacia la puerta, hacia afuera del jardín sin mirar atrás. Si lo hacía, temía que la expresión en el rostro del rubio fuera la misma que la del tío Fong el mismo día que había dejado de llamarle padre. Porque sabía que había herido los sentimientos de Giotto. Lo sabía por el tono en su voz o cómo el ambiente cambiaba en el jardín.
Pero Tsunayoushi no tiene mucho tiempo para preocuparse por esas cosas, no cuando la campana del receso suena a la distancia.
Por el resto de la lección, los pensamientos de Tsunayoushi permanecen preocupados por el hombre que se presentó a sí mismo como Giotto. Tenía un color de cabello similar al de su tío Colonnello, y tenía ojos como los rayos del sol. Tenía una aura genial a su alrededor y su cara tenía un tipo de familiaridad dentro de sus rasgos. Tsunayoushi estaba inseguro de cómo actuar alrededor de Giotto. Las manos expuestas de Giotto estaban tendidas hacia el pequeño, arrodillándose, un beso, estaba tratando de mostrar que sus acciones y palabras estaban llenas con devoción.
Pero Tsunayoushi no es fácil.
—Xiǎo-Shi, ¿cómo estuvo la escuela?
Tsunayoushi no le podía creer a sus ojos, el niño frotó sus ojos nuevamente para asegurarse.
—¿Tí-tío Fong?
El primer día de escuela había terminado y era hora de que los niños fuesen recogidos por sus padres y guardianes. Muchos niños permanecieron dentro de las puertas de la escuela mientras esperaban por su regreso a casa, algunos hablaban entre ellos y otros jugaban en la caja de arena. Tsunayoushi y Chrome habían escogido hablar de muchas cosas, como su libro de historias favorito o sus pasatiempos favoritos. Ambos habían esperado juntos por un momento, pero como pasó, Chrome fue recogida primero por su hermano en su motocicleta. Tsunayoushi miró más de cerca a Mukuro quien le dio un guiño como saludo, su chamarra de cuero y sus perforaciones en la oreja le dieron al niño una impresión de peligro y emoción. No fue mucho después de que se fueron que su tío Fong había llegado caminando tranquilamente, su brazo en una escayola.
—Aiya, ¿es esa la forma de saludar a tu tío?
Tsunayoushi corrió hacia su tío y se sostuvo firmemente a su cintura.
—¡Tío Fong! ¡Te extrañé mucho!
El chino sonrió gentilmente, moviendo su mano ligeramente, en forma de saludo, hacia la joven maestra. Ella devolvió la sonrisa emocionada y resumió su plática con el padre que estaba preocupado por las reglas rotas del baño de los niños.
—También te extrañé, mi vida. Estoy muy feliz de haber vuelto a casa contigo —empezaron a caminar hacia su hogar, el sol dejando tras de sí un brillo etéreo en la tierra frente a ellos—. Ha pasado un tiempo, ¿no? ¿Tal vez ambos podamos colorear y decorar algunos huevos para celebrar?
Tsunayoushi sostuvo la mano libre de su tío mientras caminaban juntos, balanceándola ligeramente. —¿¡En serio!? ¿La tía Luce también estará en casa?
El chino movió la cabeza.
—Lamentablemente, la tía Luce estaba conmigo en el hospital hace unas horas. Me temo que la dejé con más trabajo por hacer a mi nombre…
Tsunayoushi se emocionó por el regreso de su tío que involuntariamente ignoró el brazo roto. Preocupación se mezcló en sus rasgos. ¿Cómo pudo no haber notado tal cosa?
—Tío Fong, ¿qué te pasó?
Y, como siempre, Fong responde de la misma forma en la que siempre ha hecho.
—Es una herida del trabajo. No es nada por lo que puedas preocuparte. Ahora, sobre la escuela, ¿cómo estuvo tu primer día? ¿Hiciste algún amigo?
Los pensamientos de Tsunayoushi se dirigen hacia el hombre principesco que había besado su palma tan tiernamente en el jardín iluminado por el sol. Sabe que debería decir, sabe que debería hacerle saber a su tío de su desobediencia, pero no hace nada.
—Conocí a una amiga en la escuela… su nombre es Chrome —vergüenza se atascó en su garganta, los secretos continúan apilándose para él. Primero Hibarin, ahora… ¿Qué será de él?
—¿Chrome? Suena como un buen nombre, ¡muy lindo! ¿Te gusta tu maestra? Ella parece ser muy amable, ¡también muy joven!
—Chrome dijo que tiene un hermano mayor, su nombre es Mukuro…
Tsunayoushi fue detenido a mitad de la oración, sin ninguna advertencia, Fong recogió al niño y lo sostuvo en un apretado abrazo. Como un ladrón escondiendo las cosas, como un dragón escondiendo un tesoro. El chino envolvió al niño dentro de su abrigo, asegurándose de que permaneciera cubierto. Siseó de dolor por el uso de su brazo roto mientras la escayola se rasgaba ligeramente.
—¿Tío Fo…?
Tsunayoushi fue silenciado por su tío y un sentimiento de pesimismo cayó en el fondo de su estómago. Era miedo absoluto.
—Tsunayoushi —su tío susurró mientras lo sostenía cerca—. Esconde tu rostro, ahora.
Pero su tío Fong lo había dicho demasiado tarde.
Un hombre serio en un traje sastre estaba caminando enfrente de ellos, su cabeza se mantenía alta, su postura comandaba respeto. Su cabello rubio platinado acentuaba los botones dorados de su traje. Sin duda un Capuleto. El niño en los brazos del chino no entra en pánico, sólo permanece perfectamente quieto, esperando, temiendo para que el hombre no mirara su rostro. Tsunayoushi, como un niño, piensa que si él no le ve, tampoco puede hacerlo el otro hombre, así que cierra fuertemente sus ojos, como si con ello el hombre se fuera muy lejos. Ignora el revuelo del cascanueces dentro de su mochila, ni siquiera lo nota, está demasiado ocupado con el predicamento a la mano.
Un segundo en blanco y el niño abre sus ojos nuevamente, sólo para encontrarse cara a cara con el soldado de Capuleto. El hombre le veía con una mirada de total apatía, un destello y nada más. Como si ni siquiera les hubiera visto el hombre rompe todo contacto con el dúo y camina delante de ellos normalmente, ni siquiera reconociéndoles en ninguna forma. No importa si él vio los rostros de Tsunayoushi y Fong.
Cuando el soldado de Capuleto estuvo fuera de su vista, su tío Fong soltó un suspiro de alivio y entonces se quedó perplejo por la situación.
—Ese es alguien que conozco…
—¿Quién era ese hombre? —Tsunayoushi ayudó a su tío a aplicar nuevamente los vendajes y la escayola en su brazo herido, haciendo un gesto de dolor mientras lo hacía.
—Su nombre es Alaude, un soldado de Capuleto —Fong miró cuidadosamente a Tsunayoushi, viendo cómo el pequeño niño le ayudaba a moldear su brazo—. Escucha, Tsunayoushi, si ese hombre alguna vez trata de hablarte, finge ignorancia. Dale un nombre falso, ¿cuál era el nombre que Colonnello usaba seguido? Ah, Timithy, ¿entendido?
—Sí.
El resto del camino a casa fue a un paso acelerado, Fong sosteniendo fuertemente la mano del niño. Nadie le quitaría a su niño y lo alejaría de él. Nadie.
—Hibarin, él se parecía mucho a ti.
Tsunayoushi está en su cuarto, poniendo sus pertenencias debajo de su cama. Se levanta y ve al fantasma cerca del alféizar, mirando el escenario frente a él. Se rehúsa a mirar al otro niño, dándole la espalda a las cercanas y apagadas cortinas rojas.
—Hiba…
Hibarin se voltea a ver a Tsunayoushi, sus ojos débiles y el sentimiento tras sus ojos un enigma.
—Él es mi hermano mayor.
Tsunayoushi no dice nada y observa cómo Hibarin se convierte en pequeñas y ligeras partículas de brillo y polvo, como la Vía Láctea, dejando un rastro hacia la boca del cascanueces.
Esa noche el niño fantasma no sale de su lápida, el cascanueces, ni siquiera para cenar.
Mozart:
Sólo quería añadir que a la mochila de Tsunayoushi se le llama randoseru (ランドセル). Es una mochila para la escuela elemental que les dura mucho tiempo a los niños. ¡Estas mochilas son muy fuertes! Tengo una y es uno de mis recuerdos de hace mucho tiempo. Así que la he añadido como un símbolo de mis despreocupados días de infancia. Es un objeto muy nostálgico para mí y para muchos, muchos otros. La siguiente actualización es Carrusel. Nos vemos después.
Notas:
1. En realidad no sé cuál sea la palabra adecuada para un locker, la más común que he escuchado es casillero así que la he dejado como tal (aunque el casillero es el conjunto de todos esos cajones).
Comentarios:
Una disculpa por no haber terminado la traducción a tiempo pero, siendo honesta, quería aprovechar mis vacaciones y escribir nada.
He traducido la nota que Mozart ha puesto en el capítulo —quien por cierto ahora va por el nombre de vialactea— pero, el capítulo de Carrusel al que se ha referido en dicha nota es el capítulo 11, el cual ya está traducido. Así que el siguiente en ser traducido será el capítulo 5 de esta historia y, una vez publicado, comenzará la espera por los capítulos 12 y 6 respectivamente. Esto lo menciono porque a pesar de que las actualizaciones se han vuelto muy irregulares, Mozart me ha dicho que no importa el tiempo que tarde en hacerlo, ambas historias las terminará y, por ello, seguiré en estas dos traducciones el tiempo que sea necesario.
Muchas gracias por su paciencia, por leer esta traducción, por añadirla a sus favoritos, agregar una alerta y, en especial, por dejar un comentario.
