El inicio

Leonardo y Alberto, eran dos chiquillos que venían diariamente a jugar a mis pies. Desde muy pequeños los unió una gran afinidad, al verlos juraba que no ocupaban ni mirarse para saber lo que el otro pensaba. Se conocieron huyendo de un chico mayor que pretendía aporrearlos (según escuche) vinieron ambos a esconderse justo aquí en mi lecho en la grieta que se forma en mis raíces.

Cuando se encontraron dentro de mi los escuche relatar como el joven mayor los amedrentaba y se habían visto en la necesidad de huir. No todos los días contaban con algo que les sirviera para calmar al grandulon, que al parecer la había tomado con ellos. Uno por ser el hijo del nuevo profesor del pueblo y el otro solo por ser de pequeña estatura.

En fin luego de permanecer escondidos en silencio comenzaron a relajarse y como todos los niños al poco tiempo olvidaron el miedo y se dedicaron a pelear contra una de mis ramas fingiendo que era el causante de su huida y luego de haber vencido a su imaginario oponente se decidieron por regresar juntos al pueblo, se hacia tarde. Cuando se alejaban los oí acordar encontrarse de nuevo en el mismo lugar.

A los pocos días ya eran amigos inseparables. Entonces de verdad temí me fuesen a romper todas mis ramas o me preocupe por que ellos se lastimasen entre sus juegos.

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