La Ofensa

Un día en particular llegaron ambos chicos tan aporreados como molestos el grandulon había echo de las suyas de nuevo.

Como habitualmente ocurría, ellos habían llegado a la escuela y tomado sus lecciones matutinas de manera normal, es decir, Leonardo atento a lo que su padre decía a la clase y Alberto entre tomar algunas notas, hacer los ejercicios y ver lo que ocurría en el patio de juegos por la ventana del aula. Hasta que toco el timbre de recreo que es precisamente donde inicia su pesadilla.

En cuanto tocan el patio de juegos, Jacinto los acorrala, los sacude y les quita el almuerzo y si por accidente llevaron algún juguete o utensilio de valor también les es retirado justo antes de tirarlos al piso y reírse de ellos. Pero este día todo fue peor que otros días, Jacinto le quito el almuerzo a ambos chicos e intento quitarle a Leonardo una pluma fuente que su padre por accidente dejo caer al salir del aula y el (su hijo) recogió.

Cuando Leonardo opuso resistencia, nuestro grandulon lo golpeo mas fuerte que otros días y Alberto se apresuro a intentar detenerlo obteniendo por consiguiente una tunda extra y rasgaduras en las ropas escolares.

Un grave problema. No importa quien empezara la pelea o quien la terminara, el daño estaba hecho y aparte de los golpes recibidos en la escuela les esperaba una seria reprimenda en casa.

Y como siempre al final de la escuela se alejaron los dos apresuradamente hacia mis ramas y comentaron todo lo sucedido.

Me indigne mucho, por las crueldades de Jacinto hacia los chicos que albergaba en mi. Y que entre las cosas que comentaban, un poco tratando sacar la molestia y menguar el temor hacia lo que aun les faltaría por enfrentar a cada quien en su propia casa.

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