Desnudo

Desnudo

Desnudo

Atado

Desnudo

Desnudo

Desnudo

Harry corría tan rápido como le permitían sus fuerzas a lo largo de los corredores de Hogwarts. En la esquina del pasillo de defensa contra las artes oscuras había trastabillado y caído al suelo golpeándose las rodillas, pero no notó el dolor, sólo quería huir rápido de ahí. Se sentía sucio. Se sentía asqueado. Tenía náuseas y sabía que si se detenía todo su cuerpo temblaría violentamente. Quería, realmente quería poderse arrancar los ojos, meterlos en ácido y dejar que se corroyesen y desapareciesen junto a sus recuerdos.

Oh, Dios. Era tan asqueroso. Dean Tomas le había dicho una vez que había encontrado a sus padres en su cuarto cuando se suponía que él estaba de excursión. Eso era horrible, y le causó un trauma. No pudo volver a dormir bien por semanas. Finalmente tuvieron que cambiarle su habitación por la de su hermana pequeña. Pero no era lo mismo. Harry prefería haber encontrado a sus tíos con juguetes sexuales antes de descubrir las fantasías de su profesor de pociones. Además, no se trataba de cambiar un cuarto, eran unos ojos, y nadie en su sano juicio querría esos ojos después de lo que habían tenido que ver.

Oh, bueno. Siempre quedaban los Slytherin. A ellos le gustaban el verde, Snape y los detalles escabrosos, además de que cualquiera de ellos moriría por poderle sacar los ojos.

Absurdo

Harry no se consideraba un tipo duro, pero sí alguien resistente, al fin y al cabo había sobrevivido dieciséis años bajo la tutela de los Dudleys, los ataques de Voldermort, un troll, un perro de tres cabezas, un ajedrez mortal, al lazo del diablo y un representante del señor tenebroso con tan sólo once años, al joven Tom Riddley y el basilisco que le hacía de mascota, a la presencia de Gilderio Lockheart, al sauce boxeador, a los escalofriantes dementores, a una rata traidora, a los sirenos del lago, a un Colacuerno Húngaro, e, incluso, a un beso de Draco Malfoy. Pero no podía, no podíasuperar ver a Severerus Snape jugando con su profesor de defensa contra las artes oscuras.

Giró a la izquierda sin rumbo fijo, sólo tratando de dejar atrás todos esos pensamientos que insistían a aferrarse a su cabeza y hundir sus sucios dedos en la sección psicovisual de su mente. Sintió que su dolor era compartido cuando descubrió a un chico tapándose los ojos y gimiendo lastimosamente. Tres metros tras éste, una chica de tercero tanteaba la pared ciegamente mientras pedía que alguien, por caridad, le llevase junto a su novio.

Harry no tenía tiempo para ser el héroe de nadie esa tarde, así que les sobrepasó y llegó a la escalera, donde una muchacha de primero se agarraba con fuerza a los arrimos del pretil, acuclillada y llorando desconsoladamente. De haber tenido el corazón en su sitio, Harry se habría apenado, pero en ese momento procuraba tener todo órgano sensitivo escondido incluso para sí mismo con el objetivo de no terminar arrancándoselo como último recurso. Bastante tenía ya con tener que vivir lo que le quedaba de vida con los mismos ojos.

Subió las escaleras de tres en tres, pero no había ni dado dos saltos cuando se paró en seco. Movió un centímetro el zapato derecho para asegurarse de que eso que su suela estaba pisando era una pegatina y sintió que el estómago se le iba abajo y el mundo encima. Casi llorando leyó lo que ponía, y tardó dos largos y agónicos minutos en superarlo, agarrándose las manos con fuerza para no arrancarse los globos oculares y acabar con todos sus problemas.

Sin despegar la vista del suelo, comenzó a hacer una lista mental de las personas que más odiaba, quizás para tranquilizarse, quizás para estrenar el cuchillo panadero que Dobby le había regalado en su cumpleaños.

¿A quién rebanaría primero? Pensó en Malfoy, pero descartó la idea. Sentía sincera repulsión hacia la necrofilia, así que el rubio petulante estaba a salvo. Snape también se salvaba, porque temía no sobrevivir si volvía a encontrarle en una posición comprometida -¿Con quién ésta vez? ¿Con Filch?-. Spectrus quedaba inmediatamente descartado. Sólo era un hombre silencioso, encogido y tranquilo que había sido influenciado por una sucia poción de Snape. Aun así acababa de perder su respetabilidad en la materia. Quedaban los hermanos Weasley, cerebros creadores de las perversas pegatinas, pero entonces se quedaría sin otras bromas que sí le gustaban, y su mejor amigo le mataría.

Frustrado decidió abandonar sus planes de venganza. Todavía se sentía alterado y rabioso, y deseaba patear al primer desgraciado que se le pusiese delante, pero sabía que no lo haría, por eso prefería que nadie se le pusiese delante.

Inmediatamente, buscando rodearse de la protección y camarería de los Gryffindor, se encaminó a su sala común fijándose en las baldosas y los bordes de las esquinas ocasionalmente. Comenzó a hacer otro tipo de lista. ¿A quién desearía encontrarse?

¿Ron? No. Ni de broma. Su amistad se podría ver profundamente dañada ¿Hermione? Ni siquiera podía pensarlo. ¿Dean Tomas? Bien, jamás volvería a mirarle a la cara. ¿Neville Longbotton? Le podría dar un síncope ¿Ginny Weasley? Lo que faltaba. Entonces ese San Valentín en vez de recibir una poesía sobre sus ojos –Oh, sus ojos, es verdad, aún tenía que arrancárselos.- lo haría sobre otras cosas más vergonzosas. ¿Lavender? ¿Parvarti? ¿Seamus? ¿Hooper? ¿Kirke? No, no, no y no.

Claro está, definitivamente prefería a cualquiera de los anteriormente pensados antes que a ningún Slytherin. Si sólo se encontraba con uno de esos en su camino… Imaginó a Grabbe y Goyle y supo que debería de cometer suicidio tras la experiencia.

Entonces, de pronto, aparecieron unos pequeños pies, delicados y menudos, en su campo de visión. Iban descalzos y posándose en el suelo como si creyese que éste se podría romper por su peso repentinamente. Harry no podía decir de quién eran, pero notó cómo estos se detenían y se giraban hacia él.

Tenía las uñas perfectamente cortadas y estaban demasiado limpios para ser de un hombre, además: estaba la cuestión del tamaño. Era una mujer, sin lugar a dudas, y seguramente del curso de Ginny. No se atrevía a alzar la vista por si se equivocaba, sólo observó el bajo de la túnica hasta estar seguro de que ésta no le diría a qué casa pertenecía, y se acercó a esos pies. Eran conocidos. La chica no pareció ponerse nerviosa por su presencia, así que tenían que conocerse, pero por algún motivo no le saludaba. Al llegar a su altura se atrevió a hablar, abochornado.

-¿Luna? ¿Te han vuelto a robar los zapatos los Doxies?-

No recibió respuesta, pero notó que la chica suspiró mientras cambiaba el peso del cuerpo de una pierna a la otra, aparentemente molesta. Sonrió y no pudo seguir resistiéndose a alzar la vista, sabiendo que, posiblemente, Luna Lovegood era la única persona cuya cordura mental no corría riesgos si hacía lo que estaba a punto de hacer, aunque lamentaba matar la inocencia de la niña a tan corta edad y sin siquiera prepararle. Quizás, si lo hacía rápido, el daño sería menor.

Pero al ver a quien tenía delante, reconsideró los planes iniciales del cuchillo panadero. Sería un asesinato pasional, primero le sajaría los ojos a su víctima y luego a sí mismo. Y habría sido un crimen consentido, puesto que…

…cuando los pantalones de Harry Potter tocaron el suelo, Draco Malfoy quiso arrancarse los ojos.

"If you step on me, you must show your pants to the first person you see."

(Si me pisas, deberás mostrar tu ropa interior a la primera persona que veas)


N/A: Feliz Viernes Santo para quien celebre la semana.

Próxima actualización: El Domingo (Sí. Sé que dije cada tres días, pero es que posiblemente el lunes esté atareada por las clases)

Aviso: Si alguien de aquí lee en amor-yaoi y espera mi actualización ahí, temo que pueda ser mañana porque, como siempre, la página está caída.