Bueno chicos y chicas, aquí va el segundo capítulo, espero les guste muchito, y… dejen post! Se aceptan reclamos, quejas y lo que quieran XD pero lo ideal seria onda me gusta y eso…

Yap un besote a Anais y a Dmitri, que me han apoyado, besototes! Y un saludin especial a Joanne Diste! Jaja besitos!

Cariños,

W.P. Korsakov

Capítulo II

El Instituto Durmstrang

La calle se encontraba atiborrada de brujos quienes hacían sus compras mensuales en el callejón. Viktor se encontró con unos compañeros del Instituto y se alejó, su madre mientras tanto se despedía calurosamente de la suya:

-Bueno, si no salgo detrás de este jovencito no comprará nada de lo que necesita-dijo tratando de no perder de vista a Viktor quién conversaba animadamente con dos chicos. Uno de ellos era alto, de cabello castaño y piel cetrina, y a su lado se encontraba un chico un poco más bajo, de cabello rojizo y piel levemente pálida. Era sumamente apuesto, y Angelina no pudo evitar mirarlo varios instantes. Su madre se despidió de Katerina, y luego esta desapareció junto con los chicos entre la multitud. Su padre miró el reloj y dijo:

-Creo que deberíamos empezar por la varita, ¿Te parece, Angie?

La tienda de varitas Gregorovich era una de las tiendas más grandes del paseo. Tenía un gran escaparate decorado con ribetes de oro, en el se exhibían variados tipos de varitas. Como el ingreso a Durmstrang se acercaba, la tienda estaba llena de alumnos. Angelina aguardó su turno, y el mismo Gregorovich la atendió. Gregorovich era bajo y rechoncho. Tenía el cabello grisáceo y una abundante barba. Le sonrió jovialmente y le preguntó:

-¿En qué la puedo ayudar, señorita?

-Eh... vengo a comprar mi varita

-¿Es su primera varita?

-Si…

El hombre salió de detrás del mostrador y se acercó a ella, la miró lentamente y luego le tomó las medidas de sus brazos y su altura. Luego le preguntó casi rutinariamente:

-¿Diestra o zurda?

-Diestra, señor.

Se dirigió hacia un gran estante y extrajo una caja.

-Acebo, 30 cm, pelo de unicornio-dijo entregándosela. La chica la agitó levemente pero lo único que consiguió fue que la varita echara un espeso humo gris de olor nauseabundo que llenó la habitación.

-No te preocupes…-dijo buscando otra caja, al tiempo que tapaba su nariz para aislarse de aquel olor.

Después de probar con varias varitas, tomó una que estaba en el mostrador, una varita delgada, flexible con una hermosa decoración.

-Nogal, 31 cm., núcleo de fibra de corazón de dragón- la chica, temerosa de que nuevamente sucediera algo catastrófico tomó la varita. Sintió como si un imán se apoderara de su delicada mano, una corriente casi eléctrica de deslizó desde su pecho hasta la varita y de esta brotaron unas tenues chispas doradas: -Esta es su varita, mi querida niña- dijo el hombre con su sonrisa medio desdentada.

Tras la compra de su varita, Angelina no pudo dejar de sonreír, compraron su túnica nueva, de un color escarlata intenso, que la hacía parecer un espectro y algunos de sus libros. Agotados con las compras decidieron ir a comer al restaurante "Los Dos Cuervos", que se hallaba justo frente a la tienda de ingredientes para pociones, para comer algo.

Los Zukov se sentaron en una de las últimas mesas que quedaban vacías, a un costado de la vitrina. Una chica de cabellos azules y nariz chata les atendió:

-¿Qué van a servirse?-dijo con una voz casi robótica.

Mientras sus padres hablaban distraídamente lo vio nuevamente, el chico de cabello rojizo junto con Krum y su amigo, salían de local del local de Artículos de Quidditch y sus miradas se cruzaron fugazmente. De pronto mientras se servía su plato de tarator (una sopa fría, plato tradicional búlgaro), recordó que no les habían preguntado algo a sus padres:

-¿Cómo realizan la selección en Durmstrang?-dijo apresuradamente

-Bueno... la selección la realizan en una de las mazmorras del castillo- su madre al recordar la selección sufrió un escalofrío en la espalda. Su esposo la miró consternado y continuó:

-La sala está embrujada, e inmediatamente al ingreso del alumno esta se sella. No es que te lleven ahí. Tú simplemente… entras, no sabría como explicártelo. Puede suceder en cualquier momento. Y luego… la sala provoca que tu mente se llene de las cosas más terribles que te pueden suceder. Te fuerza a que reacciones, mide tus emociones, tu control. Luego todo desaparece, y en tu túnica aparece el escudo de la casa a la cual perteneces.

Angelina se quedo anonadada. Sabía que Durmstrang era un instituto cuya febril afición a las Artes Oscuras era evidente, pero aquella prueba la dejo sin palabras.

-Bueno, es algo cruel, pero es así-dijo su padre y continúo con su sopa- No tienes que temer cariño…

La chica se quedó pensativa mirando a través del cristal, pensando en que podría aparecer en aquella terrorífica habitación. Mientras comían una suculenta empanada con carne frita, su madre la quedó mirando unos instantes:

-Pero no te preocupes… sólo es un pequeño sustito…-dijo sonriendo. Angelina se quedó pensando en a que cosa le llamaba ella "un pequeño sustito" y se imagino siendo devorada por una habitación salida de la nada volviéndose loca dentro de ella. Su piel se puso de gallina… y pensó que claramente no seria algo agradable.

A pesar de que destinaron una semana completa para las compras, al día siguiente acabaron de comprar los libros, y Angelina con su madre se pasaron la tarde entera en la tienda de artículos para pociones comprando materiales.

Su padre recibió una lechuza urgente dos días después de la llegada a Sofia, donde le pedía con urgencia que regresara a Varna para una reunión con el Ministro de Magia. Así que al día siguiente ya habiendo finalizado las compras volvieron a su hogar.

-Lo siento cariño, se que prometí un paseo, pero tu padre debe volver-dijo su madre mientras le acariciaba el cabello de vuelta en el tren.

-No te preocupes madre-dijo somnolienta. Era demasiado temprano y aún no lograba mantenerse despierta. Tomaron el primer tren, para poder llegar hacia las 8 a Varna. Su mente divagaba por imágenes de las tiendas, los libros, las pociones... las escobas…

Un fuerte silbido le indicó que ya habían llegado a la estación. Su padre las dejó en el kiosco en la acera muggle, y se despidió:

-Nos vemos en la tarde-dijo caminando rápidamente hacia un callejón donde lo vieron desaparecer.

***

Los últimos días en las Colinas de Ravdor pasaron más rápido de lo que todos imaginaban. El día que zarpaba el barco de Durmstrang, Angelina se despertó varias horas antes que sus padres. Había logrado conciliar el sueño por algunas horas, pero la emoción le impedía poder continuar durmiendo. Se dio una larga ducha, cada gota de agua se filtraba por su piel, sentía la tibieza del agua como una suave caricia. Su largo cabello empapado se le pegaba a la espalda, y los vidrios comenzaban a empañarse con el calor de la habitación. Sintió un estremecimiento en su espalda, un frío espantoso que la recorrió por completo, su mente quedó en blanco… solo oía un llanto, un llanto lastimero que le congelaba el cerebro. Luego vio una luz verde brillante, unos ojos negros que se posaban en los suyos… y una suave caricia. Volvió en sí. El agua seguía corriendo, y su cuerpo empapado no podía sostenerse en pie. Cerró la llave rápidamente, y se cubrió con una toalla. Al limpiar el vaho del espejo pudo contemplar su rostro más pálido de lo normal.

-¡No… no ahora!-exclamó a su enfermó reflejo.

Se cambió ropa lentamente, temiendo que en cualquier instante pudiera desmayarse, se sentía totalmente débil. Aun le dolía la vista… aun sentía el potente rayo de luz verde en sus ojos.

Vistiendo un pantalón oscuro y una sencilla camiseta sin mangas se dirigió a la cocina. Cuando llegó a ella, su madre aún en bata, preparaba con unos movimientos de su varita el desayuno.

-Buenos días hija- dijo sonriendo, pero su sonrisa se apagó apenas vio su pálido rostro -¿Te sientes bien cariño?

-Estoy algo mareada… sólo eso. No dormí bien-su madre se acercó preocupada y la miró detenidamente.

-Debe ser el nerviosismo, te prepararé un café y unos pastelillos, quizás eso te reanime.

A los pocos minutos su padre, ya vestido con un traje negro con líneas grises, se acercó a la mesa.

-Sólo podré dejarlas en la estación. Tengo demasiado trabajo en el Ministerio, y no podré esperar a que zarpe el barco. Lo siento muchísimo-dijo tristemente a su hija.

-Tranquilo, papá. No hay problema- al tomar un sorbo del café comenzó a sentirse reanimada, el pastel de fresas le llenó su estómago y notó como sus mejillas volvían a tener temperatura.

Dmitri se despidió de su hija, sentía realmente no poder acompañarla, sabía que sería un día realmente especial. Le dio un fuerte abrazo y un beso, luego se despidió de su mujer y salió de la casa. Angelina subió a buscar sus cosas a los pocos minutos. Su baúl estaba junto a su cama a medio cerrar. Tomó el libro que estaba en la mesilla de noche y lo dejó dentro del baúl. Unos frascos con soluciones de variados colores y propiedades fueron depositados en una pequeña caja acolchada color pergamino, que cerró con un gran candado. "Espero no tener que necesitarlas" se dijo para sus adentros cuando colocó la caja bajo unas túnicas. Por último contempló la fotografía que estaba junto a su cama. Una joven de cabellos rojizos sostenía con una amplia sonrisa un bebé de cabellos blanquecinos y ojos almendrados. Un joven tras ella al verla, puso su mano sobre la joven y le sonrió. El bebé lloraba con fuerza y la madre lo mecía. La tomó y se quedó dubitativa pensando en si debería guardarla o no. Hasta que el grito de su madre la sacó de sus ensoñaciones.

-¡Angie! ¿Estás lista?

-¡Si mamá, ya bajo!-dijo al tiempo que dejaba la foto encima de su uniforme y cerraba el baúl. Tomó el bolso de cuero que estaba sobre su cama y se lo puso en la espalda. Notó que su peso era mucho inferior que el día anterior. Al abrirlo notó que faltaba un libro...

-¡Mamá! ¿¡Has visto mi libro de…!?- dijo pero al voltear vio la gran tapa plateada sobresaliendo de un estante. Lo depositó en el bolso y bajó las escaleras.

Su madre con una chaqueta azulada y zapatos oscuros la esperaba en el descanso. Como vivían cerca de Varna no era necesario aparecerse, el puerto quedaba a solo unas pocas cuadras.

Salieron del pueblo cuando el sol mostraba ya todo su porte. Anunciaba un día esplendoroso, las pocas nubes que habían al amanecer se habían dispersado. Cuando ya divisaban el mar, Angelina lo vio. Un enorme barco esperaba en la orilla. La chica fascinada comenzó a caminar más rápido. Tanto así que no se percató cuando un joven de grandes ojos verdes caminaba en sentido contrario chocó con ella.

-¡Perdón!-dijo avergonzada la chica.

-No, no te preocupes-respondió el chico algo distraído-He olvidado mi lechuza en casa, espero mi hermano la traiga-dijo alejándose.

El puerto estaba lleno de magos y brujas con sus hijos. Los más grandes ya estaban en la cubierta del tenebroso barco que con sus oscuras velas se alzaba en el amplio mar.

Angelina miraba asombrada las gigantescas velas cuando una voz masculina se dirigió a ella:

-¿Quieres que te ayude a subir tus cosas?

Viktor se habían acercado junto a su madre y un pequeño de unos ocho años, que Angelina asumió, era su hermano menor. El barco dio un gran cañonazo que indicaba que en cinco minutos más el barco zarparía. Angelina se despidió de su madre quien derramó varios lagrimones mientras abrazaba a su hija, y Krum le dio unas torpes caricias a su hermano y un breve "adiós" a su madre antes de partir. Juntos subieron el baúl de Angelina al barco y este dio un último cañonazo antes de estremecerse bruscamente. La chica preocupada miró a Viktor quien encontraba eso de lo más normal.

-Tranquila, el barco se va a sumergir

-¿Qué? ¿Qué?

Pero en ese momento el barco se hundió. Angelina por un acto de instinto cubrió su cabeza con las manos, pero ninguna ola la empapó. Una especie de burbuja cubría el barco, haciendo de este un inmenso submarino, se trasladaba lentamente por las oscuras profundidades del mar, y las bestias submarinas de vez en cuando se acercaban al barco a poner sus deformes caras contra las ventanas. Angelina acompañada por Krum, se dirigió a las habitaciones que estaban en la segunda planta de abajo. Viktor la dejó fuera de una puerta de madera desgastada y se despidió. El siguió caminando hasta poco antes del final del pasillo, donde dos chicos altos y fornidos lo recibieron alegres. La puerta ante la que estaba Angelina, tenia un pequeño letrero algo torcido que decía: "Primer Año". Había varias mesas y junto a ella unas altas sillas de madera. En toda la parte superior de la habitación se encontraba un portaequipaje lleno de baúles y mochilas. Angelina dejó su baúl en el portaequipaje más cercano y tomó asiento en la única mesa vacía, junto a la ventana.

Sacó de su bolso el grueso libreo de tapa plateada y comenzó a leer:

"La Legeremancia es el arte de poder entrar a los pensamientos del otro de manera voluntaria. Este arte abre la posibilidad de explorar los pensamientos e ideas del otro y experimentarlos como si fueran propios. En otras palabras, es la habilidad de extraer sentimientos y recuerdos de la mente de otra persona. Los muggles suelen llamarle a esta habilidad "leer el pensamiento" pero lejos de serlo, la mente humana es un complejo hilo de ideas, todo lo contrario a un libro que espera ser leído. Estar dotado de esta capacidad entrega armas al que la aplica, armas de gran magnitud. Las personas cuyos recuerdos del pasado realmente dolorosos y tristes son blancos fáciles de esta magia.

La práctica de la Legeremancia requiere de una capacitación tanto mental como mágica. Para practicarla se deben tener en cuenta dos reglas…"

Sumida en la lectura no notó cuando un chico se acercó tímidamente a ella.

-¿Disculpa? ¿Puedo sentarme aquí? Las demás mesas están repletas-dijo excusándose

Angelina levantó los ojos de las diminutas letras del volumen y asintió. El chico traía una hermosa lechuza parda en una mano, y su mochila en otra.

-Me topé con mi hermano poco después de verte- dijo sonriendo- ¡Qué bueno que recordó traer a Govna!-dijo colocando la jaula de la lechuza sobre su baúl que ya había sido acomodado en el portaequipajes-Mi nombre es Gustav, Gustav Djokovic. Mucho gusto-tendió su pequeña mano hacia la chica, y ella devolviéndole el gesto la estrecho suavemente.

-Soy Angelina, Angelina Zukov.

Los chicos se fueron hablando animadamente durante el camino. Gustav resultó ser un agradable chico, el menor de tres hermanos que vivía en Varna. A diferencia de Angelina, vivía en una enorme casa antigua en la ciudad muggle, la cual habían hechizado para que los muggles solo pudieran verla como una oficina de correos en ruinas. Su padre tenía una tienda de pociones en el Paseo Nidhogg y su madre era dueña de casa. Gustav solía recalcar que su madre tenía más trabajo en casa que en cualquier otro lugar. Sus hermanos, Davor y Mijail, eran bastante inquietos y les gustaba mucho hacer extraños experimentos en casa. "No se como los muggles no sospechan con todos los gritos y explosiones que hay en casa" comentó. "La semana pasada Mijail llegó corriendo donde mamá con la mitad del brazo con grandes pústulas negras que tenían sendos aguijones dentro. Creo que nunca vi a mi hermano tan cerca del desmayo" dio riéndose. Angelina lo miraba y sonreía de vez en cuando. Quizás su vida habría sido igual de divertida si hubiese tenido hermanos. La madre de Gustav era francesa. Había esperado con ansias tener un hija para que se educara en Beuxbatons, como ella, pero el destino no lo quiso así. "Beuxbatons es para personas sin talento" decía Gustav. "Apenas saben toma la varita. Creo que mamá lo aprendió hace poco". Al parecer no se llevaba muy bien con ella, solía comentar que de lo único de lo que se preocupaba era de su hermano mayor, Mijail, que ya estaba en el último año de Durmstrang. "Quiere que entre al Ministerio a un puesto importante. Es muy bueno en los estudios, pero no creo que le interese trabajar en política. A Mijail le gusta la música".

La tarde pasó más rápido de lo que esperaban. Hacia las dos de la tarde el barco comenzó a realizar bruscos movimientos, Angelina miró asustada a su compañero.

-No te preocupes, aún no hemos llegado. Debe ser la hora del almuerzo-dijo contento-Tengo un hambre terrible.

De pronto se oyó un "¡plop!" y aparecieron varios seres cargados con bandejas. Angelina pensó en primera instancia que sería elfos, pero luego notó que eran…

-¿Erklings? Creí que sólo había en Alemania y que eran bestias salvajes-dijo mirando a uno particularmente tosco, acercándose con la alargada y puntiaguda cara a los dos jóvenes.

-Bueno, ya sabes. Durmstrang domestica a quién sea- dijo tomando un plato humeante de la bandeja que les ofrecía el Erkling- Tengo un hambre terrible.

-Si, yo también-dijo Angelina sacando un trozo pastel de carne- Gracias- el Erkling que los atendía tenía la piel de un extraño color azulado, y unos grandes ojos negros y brillantes. Se alejó de la mesa para acercarse a la siguiente, el la que dos chicos jugaban ajedrez mágico- Hay pocas chicas aquí, ¿no?- dijo observando la habitación. Contándose ella, en la habitación había sólo diez chicas.

-Si, justamente es de lo que te comentaba… Generalmente las mandas a Beuxbatons. Creen que la educación que dan en Durmstrang es… como decirlo… muy "ruda" para sus niñas- Angelina esbozó una gran sonrisa en su rostro.

-Eso suena como que yo fuera un poco bruta- dijo tomando un trago de su jugo de frutas.

Ambos rieron sonoramente. Cuando acabaron con los postres (los Erkling trajeron en sus gigantescas bandejas de los postres más exóticos de Europa) los estudiante saturados con comida, se dispusieron a continuar con el barbullo de conversaciones.

-¿En qué casa crees que quedarás?-dijo de pronto Gustav quién estaba mirando fijamente por la ventana.

-Eh… bueno supongo que en Rapbah. Toda mi familia ha estado allí. ¿Y tú?

-Es difícil saberlo. Mi madre no estudió en Durmstrang y mi padre estuvo en Apakov, al igual que Mijail. Pero Davor esta en Rapbah- la miró algo confundido, y luego levantó los hombros- Supongo que en la que quede estará bien.

Los movimientos bruscos eran cada vez peores. Algunas mochilas se caían de sus portaequipajes, y algunos baúles amenazaban con hacer lo mismo. De pronto al barco ascendió y los chicos asombrados se pegaron a las ventanas. Desde allí podían contemplar un gran castillo sobre unas verdes colinas, cuya tétrica imponencia dejaba en claro que tipos de alumnos cobijaba. Desde allí pudieron observar un gigantesco cementerio al oeste del castillo, y un espeso bosque del otro lado.

-Es maravilloso-dijo Angelina encantada.

Un joven de unos dieciséis años se asomó a la puerta.

-Los de primer año, los esperan arriba- dijo sonriendo maliciosamente.

Uno a uno fueron tomando sus cosas para subir. Gustav y Angelina iban cerrando la fila hasta que una chica de cabello corto y castaño, de piel bronceada llegó corriendo hasta ellos.

-¡Hey! ¡Espera!- dijo alcanzando a Angelina- Se te ha quedado esto en la mesa- le entregó en grueso volumen de Legeremancia.

-Gracias

La chica se alejó del salón para juntarse con otros alumnos de primero.

-Es Natasha Ikanosky. Vive cerca de mi casa. No te juntes mucho con ella… digamos que la reputación de su familia, no es muy buena.

Angelina miró fijamente a la chica que con una voz suave y acompasada hablaba con sus amigos. A ella no le pareció peligrosa, pero creyó en el criterio de Gustav y trató de no acercarse mucho.

Arriba los esperaba una bruja de expresión severa. Era una mujer altísima, de cuerpo escuálido. Sus ojos oscuros apenas si tenían vida y su cabello grisáceo daba la impresión de que jamás había conocido un cepillo. Llevaba una túnica igual de oscura que sus ojos, botas con broches de plata y una capa de piel sobre ella. Cuando cayó en la cuenta de esto, Angelina comenzó a sentir un frío sobrenatural. Estaba tan atenta con la bruja que apenas si se había dado cuenta de que el lugar en donde estaba era gélido. Su piel se erizó por completo y lamentó profundamente haber llevado puesta sólo una polera. La bruja los miró a todos y su sombrero de piel se tambaleó al girar bruscamente la cabeza hacia un alumno que estaba maravillado mirando una serpiente marina que rodeaba al barco. La mujer indignada tomó su varita y gritó:

-¡Ascendio!-la serpiente subió y furiosa se lanzó sobre el chico que ahora corría asustado por la cubierta del barco.

Todos miraron al pobre chico, y la mujer con una dura expresión en su rostro, movió nuevamente la varita y la serpiente cayó como muerta ante el chico y luego desapareció.

-Suelo perder la paciencia cuando no me prestan atención-dijo con una voz áspera- Mi nombre es Anna Pavlova Rimsky, soy la sub-directora del Instituto Durmstrang de Magia y Hechicería y profesora de Necromancia- miró a cada uno de los estudiantes y continuó:- Como habrán observado ustedes son los únicos que quedan en el barco- los chicos comenzaron a susurrar cosas, pero al ver que la bruja alzaba la varita se hizo el silencio otra vez. Al instante sus baúles y mochilas desaparecieron- El barco esta en este momento justo en el centro del Lago de los Muertos, el Lago que rodea el lado norte del Castillo. Debo advertirles que podrán encontrar cosas muy curiosas dentro de él… Todos disponen de sus varitas y de la inteligencia de un mago de sangre pura- sus maliciosos ojos se empequeñecían a cada palabra- Así que creo que una hora les bastará para salir de aquí. Son las tres y media. Los espero en el Comedor Principal a las cinco. Les he dado media hora extra. Aprovéchenla- y dicho esto desapareció. Su voz retumbó en el aire antes de que los jóvenes reaccionaran:- ¡Bienvenidos a Durmstrang!

Los chicos desesperados comenzaron a gritar:

-¡¿Cómo se supone que saldremos de aquí?!

-¡Ni siquiera sabemos hacer magia!

-Apenas se tomar la varita- murmuraba una chica derramando lágrimas por su redondeado rostro.

Angelina meditó un momento la situación. Claramente el barco se hundiría nuevamente al cabo del plazo por tanto debía salir de allí lo mas pronto posible. Pensó en que cosas abrían en el Lago… y luego una idea apareció en su mente. Tomó su varita, y se dirigió a una de las orillas del barco.

-¡Ostendo!-y apuntó la varita a las oscuras aguas. Sintió un escalofrío que nada tenía que ver con el frío del lugar. Varios alumnos se acercaron para ver. (N/A: Ostento, el latín mostrar a diferencia de revelio u otros hechizos, este conjuro releva el interior de objetos y cosas, en este caso, lo que tiene el lago)

Cientos de inferius se agitaban en las aguas. Junto a ellos, bestias marinas y serpientes gigantescas estaban impacientes esperando presas. Los jóvenes estupefactos miraron a Angelina, quién sacó una pequeña botella de su bolsillo. El frasco contenía un líquido azulado, cuya consistencia casi gaseosa formaba remolinos dentro de él. Nadie entendió el gestio de la chica, y comenzó a cundir el pánico.

Los alumnos al borde del colapso no sabían que hacer parta salir del embrollo, algunos cuyos rostros mostraban que a su corta edad eran capaces de hacer cualquier cosa, comenzaron a echar hechizos a diestra y siniestra.

-¡No! ¡Los inferius no les harán daño mientras no se acerquen! ¡No los ataquen!- gritaba Angelina mientras veía la horrorosa escena de decenas de cadáveres subiendo al barco. Si alguno de ellos llegaba a tocarlos… No, no quería saber que sucedería. Corrió hacia el interior del barco seguida por una multitud de estudiantes. A pesar de la situación de riesgo a la que se enfrentaba, no perdió la cabeza. Corrió hasta el salón de los alumnos de tercer año, donde había visto entrar a Viktor. De pronto vio lo que buscaba. Un pequeño dragón disecado se encontraba en medio del salón. Tomó la botellita que había apretado en su mano y depositó unas gotas sobre la seca boca del animal. Este comenzó a flotar frente a ella como si fuese una escoba esperando que la montasen.

-Espero que esto funcione- dijo tomando su varita y susurrándole:- Vamos, afuera.

De pronto vio entre la muchedumbre de alumnos, un cabello castaño lleno de rizos. El chico lanzaba intensa llameradas de fuego desde su varita. De pronto se vio elevado junto con Angelina, quien más pálida de los normal, sólo pedía que la poción funcionase lo suficiente hasta llegar a la orilla. El chico aferrado a la espalda de Angelina bajó la varita.

-¡¿Qué diablos estás haciendo?! ¡Sigue lanzándoles fuego! Están furiosos, no nos dejaran en paz- gritaba mientras guiaba el dragón hasta la orilla más próxima.

La profesora Rimsky tenía razón. Estaban al centro del lago. Las orillas parecían estar demasiado lejos.

-¿Qué le hiciste a este dragón Angie?-gritaba el chico tras el barbullo.

-Es un poción que invente en el verano… es semejante a las que se utilizan en las escobas de carrera para mantenerla a flote. Pero no se si dure lo suficiente- al bajar la mirada descubrió a varios alumnos flotando sobre fuegos sumergibles enfriados, así repelían a los inferis y podían salir de allí, pero las serpientes marinas los seguían enfurecidas. Algunos lanzaban hechizo escudo sobre sus fuegos, para que no los atacasen.

El dragón comenzó a descender, y cayeron a trompicones al húmedo suelo. El dragón se desarmó por completo y los chicos todos magullados comenzaron a correr.

-¡Esto es horrendo! ¡Enfrentarnos a un ejército de inferius y a espantosas serpientes! ¡Se supone que no sabemos hacer magia!-gritaba Gustav a su lado-Si Davor y Mijail no me hubieran hecho aprender sus estupideces, hubiera muerto!-pero a Angelina todo le parecía muy claro. En Durmstrang jamás derramarían sangre pura. Era claro que aquello seres no eran inferius verdaderos, o quizás estaban controlados de tal manera que no los matasen… no le cuadraba. Pensaba en esto mientras corría hacia la puerta principal del instituto, pero de pronto todo desapareció.

Su cabeza comenzó a palpitar, parecía que en cualquier momento iba a caer. Sus piernas cedían, sentía su piel tan fría como el hielo. Todo estaba oscuro. No era capaz de sostenerse de pie. Buscó una muralla y cayó al suelo. De pronto, con terror, vio como dos gruesas y mohosas cadenas se asían a sus brazos. Horrorizada contempló como estas se aferraban con fuerza, dañándole la débil piel de sus brazos. Una luz verde, brillante y enceguecedora apareció en el lugar, un bebé lloraba en la lejanía… unos ojos negros de gruesos párpados brillaban en la oscuridad...

Unas lágrimas rodaron por sus pálidas mejillas mientras un dolor intenso la comenzaba a ahogar. Luego vio como una de las cadenas había logrado abrir una profunda herida en su muñeca derecha. Un pequeño hilo de sangre comenzó a correr por la cadena amenazando caer al suelo, pero mágicamente, fue absorbida por esta y la herida cicatrizó de inmediato. Una voz sobrenatural, como una ventisca resonó por la oscura habitación.

-¿Qué hace una Malfoy tan lejos de Londres?

La chica aterrada intentó averiguar el origen de esta extraña y perturbadora voz, pero no pudiendo hallarla contestó:

-Mi nombre es Angelina Zukov, no Malfoy.

Una risa agonizante se escuchó por todas las murallas.

-Creo que tu valiosa sangre no me dice eso… mocosa- la voz le enfrió hasta la médula. Vio nuevamente los oscuros ojos y sintió aquella caricia que la despertaba en medio de sus sueños- Fabulosa actuación en el barco… Demasiado calculada me atrevería a decir- la voz rio nuevamente y continúo:- A tu madre no le habría hecho gracias, sabes. Ella no suele pensar mucho las cosas- nuevamente un rayo de luz verde inundó la habitación. La chica contemplaba todo intentando no prestar oídos, intentaba ver de que modo soltarse de aquellas cadenas. Su varita había caído al suelo varios metros más allá- Bien supongo que va a ser algo más difícil de lo que imaginé…- la voz sonaba expectante como si esperara una reacción de la chica. Ella sólo se limitó a mirar las gruesas cadenas- ¿Tu padre se fue temprano a Varna?

En ese instante reaccionó. Su padre estaba frente a ella, agitándose de un lado a otro. El frondoso cabello castaño oscuro tapaba la mitad de su rostro. Sangraba, y sus gritos inundaban el lugar. Un mago cubierto con una larga túnica negra y una extraña máscara apuntaba hacía él. Angelina quiso salir corriendo, hacer algo, pero su padre seguía gritando de dolor. Quiso que su varita estuviera en sus manos para poder salvarlo… y allí estuvo.

-¡Diffindo!- gritó desesperada. Las cadenas se rompieron en mil pedazos y abrumada corrió hacía el centro de la habitación. Se detuvo cinco segundos más de lo necesario… ¿Qué debía hacer?. El mago había pronunciado unas palabras, un chorro de luz verde estaba apareciendo del extremo de su varita. "No… No…"

-¡No! ¡Mobilicorpus!-el cuerpo de su padre se deslizó varios metros y la maldición no alcanzó a tocarlo. La voz resonó más fuerte que nunca en su cabeza.

-¡Casi matan a tu padre!- reía extasiado- ¿Y tú, solo esquivas la maldición?

La chica sentía como un sudor frío recorra su piel, se acercó al cuerpo inconsciente de su padre y este se esfumó.

-Piensas mucho niñita… y eso te puede jugar en contra a veces…- hubo un silencio prolongado y luego continuo- Tu inteligencia te impide actuar sin pensar la situación a la que te enfrentas- dos imágenes aparecieron frente a ella. Sus padres la miraban felices desde las penumbras de la mazmorra- Hay veces en que no hay que pensar las cosas. Podrían sufrir las consecuencias, los que no la merecen.

Sonó un ¡plop! Y todo desapareció. El dolor, el frío… de pronto un salón gigantesco iluminado con antorchas apareció frente a ella. Dos mesas largas se disponían en la habitación, y en una tarima de cristal, una mesa negra recibía a los profesores y autoridades del Instituto. Angelina distinguió el severo rostro de la profesora Rimsky, y junto a ella, un hombre delgado de gran estatura, de cabello blanco y barba miraba con sus opacos ojos azules a los alumnos nuevos. Ella de pronto notó la falta de frío en sus desnudos brazos y se vio a si misma en el reflejo de los gigantescos vitrales de la habitación. Su túnica escarlata lucía un escudo verde con dos cuervos…

-Rapbah…-susurró, y contempló orgullosa la mesa de sus compañeros de casa. Varios puestos más allá Gustav le hacía señas con su mano.

El hombre que estaba junto a la profesora Rimsky se puso de pie al instante se hizo un absoluto silencio en el salón.

-¡Bienvenidos a un nuevo año en Durmstrang! Soy Igor Karkarov, director de este prestigioso Instituto- su voz sonó asombrosamente pastosa y afectada. Recorrió la habitación con la mirada y continúo:- El Instituto Durmstrang de Magia y Hechicería durante siglos se ha encargado de la educación de la comunidad mágica. Respetando el status mágico que corresponde a una sociedad de magos, en nuestras aulas sólo están los mejores magos y brujas de las familias de sangre pura mas nobles de Europa. Estamos orgullosos de recibir a nuestros nuevos estudiantes que esperamos sean todo un orgullo para su casas. Apakov, la casa de los Dragones, es la casa del legendario mago rumano Ravdor Kodovich. Jamás perdió un solo duelo, se enfrentó a la mismísima muerte sin que le temblaran las manos. Los que pertenezcan a esta casa han de ser magos y brujas cuyo temple jamás flaquee, y cuyo ímpetu por conseguir lo que quieren los llevará lejos. Tengo el orgullo de tener como jefa de esta casa a la Profesora Rimsky. Una bruja fabulosa, que estoy seguro, llevará muy lejos a estos alumnos- los chicos de Apakov aplaudieron con entusiasmo. Angelina pudo distinguir claramente a la chica que le había devuelto su libro en el barco. No fue necesario recordar las palabras de Gustav para notar que era diferente a ella. Después de lo que sucedió en las mazmorras, podía notar que claramente había magos terribles en esa escuela. Contempló el rostro ceñudo de la Profesora Rimsky, y el director volvió a hablar:- Por otro lado, su esposa Verioska, una bruja extremadamente inteligente, cuyo manejo de las artes más peligrosas la hacían una hechicera poderosísima, fundó la casa de Rapbah. Hemos de recordar, a los nobles cuervos que comunicaban los mensajes a Odín. Pues bien, ellos veían todo… como espero sepan todo los privilegiados alumnos de esta casa, que dirigida por el Profesor Nevak, llegará muy lejos- el hombre nombrado hizo una señal con su cabeza. Tenía el cabello azulado, en cortes bastantes irregulares, llevaba una túnica esmeralda, que combinada con sus grandes ojos verdes. Sonrió sinceramente y volvió sus ojos hacia el director. Angelina dio gracias en su interior por haber quedado en Rapbah y no en Apakov. No sabía si soportaría otra demostración de malignidad de parte de Rimsky- Muy bien, muy bien-dijo el director al parecer encantado- Nuevamente les doy mis mas sinceras bienvenida, y por sus rostros creo que es hora de comer. Adelante, chicos- de la nada aparecieron un centenar de estudiantes de cursos superiores quienes alegres ocuparon sus puestos en las respectivas casas. Angelina pudo ver desde lejos el rostro aguileño de Viktor, y el castaño cabello de Davor, el hermano de Gustav. Davor se despidió de Viktor y se fue a sentar junto a su hermano menor. Los chicos le hicieron una señal mostrándole el puesto vació junto a Davor. Angelina algo cohibida tomó asiento con los hermanos.

Se sintió sonrojar cuando Davor le dijo:

-Espero no le hayas tenido que salvar la vida a mi hermano… de verdad me sentiría avergonzado- Gustav se puso rojo y miró con cara de odio a su hermano quien sonreía encantado de poder contarle a su hermano mayor la travesía de Gustav.

-No... claro que no. Gustav estaba muy bien- no sabía que diablos decir. Las palabras parecían desvanecerse con los verde ojos de Davor frente a los suyos- De echo el me ayudo a mi-Gustav la miró y sonrió.

-Comúnmente se llama trabajo en equipo-le dijo a su hermano.

En ese momento el director aclaró su voz y dijo:

-Veo que hoy están como cotorras. Más vale que tengan hambre, porque el banquete esta exquisito-dijo alegre, y al instante aparecieron cientos de bandejas plateadas. Angelina de pronto recordó que sentía un hambre feroz, y comenzó a llenar su plato. Hace mucho tiempo que no se sentía tan a gusto en un lugar. Contempló el gigantesco escudo de plata que estaba tras la mesa de profesores, sus dos cuervos y el cráneo de un búfalo y se sintió como en casa.

***

La Casa de Rapbah quedaba en el sexto piso, detrás de las escaleras de piedra junto a una estatua de un mago con dos cuervos cerca de su cuello. Un alumno de quinto año se adelantó y les dijo:

-Esta es la entrada a nuestra Casa. Es fácil notarlo como ven. La única forma de entrar es así- dijo, y al momento sacó su varita y dijo: -¡Diffindo!- un corte apareció en su dedo pulgar, dejo caer una única gota sobre la boca del mago, antes de que la herida se sellase, quién los miró y le dijo: -Adelante.

Los cuervos se separaron del magos he hicieron aparecer un fino hilo dorado sobre la pared y este se contorneo hasta formar una puerta. La pared que estaba dentro del ovalo dorado despareció y los jóvenes entraron. Un gran cuadro con una mujer alta y bella, de ojos castaños, y largo cabello oscuro los miró:

-Bienvenidos a mi honorable casa-dijo Verioska Kodovich con una sutil sonrisa en su hermoso rostro- Las chicas duermen en el salón de al fondo, y los chicos en el ubicado junto a la chimenea. Nuestros erklings han acomodado ya sus cosas, espero que su estadía aquí sea estupenda, y que mañana sea un excelente día para mis nuevos alumnos- Los miró con dulzura y salió del cuadro.

-Bien ya escucharon a mi esposa, pueden ir todos a la cama- la misma voz oscura y siniestra del calabozo se oyó por toda la sala. Rápidamente, incentivados por el miedo, los nuevos alumnos fueron a sus respectivas habitaciones.

Angelina no apresuró el paso y la fue la última en subir a su cuarto. Había 4 camas de hierro pintadas de negro. Los cubrecamas de satín verde relucían ante las pequeñas lámparas de aceite del mismo color iluminando con una luz verdosa las mesillas de noche. Junto a éstas sus uniformes acomodados en invisibles maniquíes reposaban impolutos.

El sueño la invadió rápidamente como si alguien (o algo) la obligara a dormir (lo cual, no dudaba). Se puso su camisola, y se recostó en la cómoda cama. En su cabecera una gran ventana le permitía ver el gigantesco lago, y a lo lejos un cementerio. Las suaves sábanas estaban tibias, y con esa calidez, sus ojos no pudieron soportar el cansancio y se cerraron rápidamente.

"Una mujer de cabellos oscuros y crespos caminaba por la avenida principal de Las Colinas de Ravdor. Se acercaba lentamente hacía una casa anaranjada con un hermoso jardín. Llevaba entre sus ropajes negros un pequeño bulto… un bulto rubio con pequeños ojos grises."

La chica se despertó súbitamente. Alguien la llamaba en la lejanía. De pronto la dulce voz de la fundadora de su casa se hizo oír amplificada por todas las habitaciones:

-Mis queridos niños, es hora de levantarse-

Con gran lentitud los alumnos comenzaron salir de sus habitaciones. Al cabo de treinta minutos, ya lavados y vestidos, salían por pequeños grupos hacía el comedor. Gustav la alcanzó a la mitad del corredor del quinto piso.

-¡Odio las malditas duchas!, sólo porque no quería lavar mi pelo la ducha me tiró un montón de cerebro de rana encima para que me lo lavase- estaba completamente rojo de furia, su cabello aun mojado, goteaba sobre su túnica.

-Sera mejor que seques eso. Podrían castigarte por ensuciar el piso- ¡Siccatum! (N/A Pues... que más obvio Siccatum=secar en latín XD)- y al instante tanto la túnica como el pelo del chico quedaron secos.

-Gracias Angie-dijo mucho más contento-Anoche dormí pésimo, Davor estuvo toda la noche pinchándome con la varita para que le hablara de ti. ¡Me ha dejado unos forúnculos horrendos en el brazo!-Angelina se enrojeció súbitamente he hizo como si no hubiese escuchado. Caminó más rápido y de pronto al llegar a una escalera esta cedió y cayeron directamente al primer piso. Cuando miraron la escalera otra vez, estaba completa.

El Gran Comedor estaba repleto de muchachos con rostros adormecidos y despeinados. La profesora Rimsky se paseaba por la mesa de los de Apakov con su cabello indomable y su expresión severa. Saludó de muy buen humor a Krum y a sus amigos y luego continúo por la mesa. Viktor la saludó con un gesto de su cabeza y ella sonrió débilmente. Al voltear a su plato se encontró con Davor frente a ella.

-Hola. Pensé que no habías bajado a tomar desayuno-dijo el chico ofreciéndole unos pastillos de crema.

-Buenos días, Djokovic, Zukov- dijo una voz varonil tras ella. El profesor Nevak la miraba con cautela- Señorita Zukov aquí está su horario- miró de soslayo a Davor y le dijo:- Espero haya regularizado su problema, señor Djokovic. Supongo que no querrá pasar nuevamente un mes en la enfermería-sonrió maliciosamente y continuó entregando los horarios.

-Lo odio…-dijo Davor tomando un bollo con queso.

-¿Qué enseña?

-Pociones-dijo Gustav tomando asiento a su lado- He ido a buscar mis cosas arriba, para las clases de Alquimia. Es la primera que tenemos hoy. He traído también las tuyas. Verioska casi me arroja una maldición cuando me vio entrar al cuarto de chicas.

-Gracias, no deberías haberlo hecho

-Bueno supuse que tenia que darles tiempo para...- Davor lo fulminó con la mirada-Solucionar el problema de mi hermano, claro.

-¿Qué problema?- la chica bebió un sorbo de su café pero escupió la mitad al ver el brazo izquierdo de Davor.

-Verás… el último semestre del año pasado debíamos caer la Poción para los que van al revés. Como me negué a probarla con los alumnos que estaban castigados, el profesor me obligó a probarla en mi brazo. Olvidé añadirle el polvo de ojos de cucaracha, y… aun no he podido hacer el antídoto. Claro, esta mucho mejor. El año paso supuraba una sustancia repugnante. Estuve un mes en la enfermería- le mostró el lado anterior de su brazo izquierdo y sintió unas horrendas naúseas.

-Bien, ¿has acabado ya?- dijo Gustav echando unos bollos en su bolso- Tenemos diez minutos para llegar a la sala de Alquimia. Y está en la torre norte.

La chica aún espantada con el brazo de Davor contestó un inaudible: "ya voy".

-Trataré de hacer el antídoto. Ya está mucho mejor, pero aun así…- la chica lo miró y se despidió- Bueno, nos vemos más tarde.

Krum caminó furioso hasta la mesa de Rapbah apenas Angelina salió del salón.

-Ni se te ocurra mirarla, escuchaste, Djokovic. Esa chica es mía