Holas!!! Muchas gracias por haber llegado hasta aquí leyendo… se que aun no aparece tanto Bella/ Lucius, pero hemos llegado al capitulo donde se explica todito ^.^
Espero les guste mucho y… dejen reviews! Plis!!
Cariños,
W.P. Korsakov
Capítulo III
Los Dos Serpientes
El jardín se encontraba repleto. Una suntuosa fila de alumnos mostraba indiscutidamente que aquel día era la primera salida a Hogsmeade. Los chicos gritaban emocionados mientras varios profesores se aseguraban de que las autorizaciones estuviesen firmadas. Entre ellos, los prefectos conducían a los chicos hasta la salida del castillo. Una joven de sexto año, de larga cabellera ondeada color del ébano y brillantes ojos igualmente oscuros caminaba dirigiendo a un grupo de Slytherin. Al pasar por una de las bancas les sonrió a los dos jóvenes que la ocupaban.
-Les tengo una sorpresa- dijo por la comisura de los labios. Ellos volvieron a sonreír y la vieron alejarse. Mientras intentaban terminar una horrenda redacción sobre pociones, la chica volvió:
-Si me dejan un lugar puedo mostrárselos- dijo mientras los chicos se apartaban, pero al hacerlo pudo ver al joven de rubio cabello que caminaba por el gran pasillo con su brillante palca de prefecto, desde donde sin duda, podría verlos- Mejor vamos a otro lugar.
Caminaron hasta llegar al lago y tras un gran árbol la chica sacó una pequeña caja con agujeros. La caja se movía estrepitosamente.
-La he traído del Bosque Prohibido- dijo sacando su varita. Al destapar la caja pudieron ver unas peludas y gigantescas patas intentando huir, pero Bellatrix fue mas rápida - ¡Petrificus Totalus!- y la araña se quedó inmóvil- Es una acromántula- los jóvenes miraban embobados el ejemplar. Rodolphus, el mayor de ambos, cuyo cabello rojo oscuro llegaba hasta su espalda y estaba cogido en una coleta la miró asombrado:
-Supongo que jugaste con ella antes de traérnosla-sonrió maliciosamente y tomó la araña entre sus manos.
-Si, bueno… Creo que me sobrepase- la chica no parecía sentirse culpable, de echo la misma sonrisa malévola que su compañero apareció en su hermoso rostro- Quedó muy débil… pero no he conseguido mas animalitos para probar mis experimentos, así que la utilizaré otra vez- levantó los hombros y luego extrajo un pequeño frasco de cristal con un líquido verde oscuro que parecía liberar un extraño humo color carbón.
-¿Es la poción de la que nos hablaste?- Rabastan, el otro chico, la miró encantado y tomó el frasco.
-¡Ten cuidado! Aún no he hecho el antídoto… y no me gustaría ver como quedarías- la chica se la quitó dulcemente y le dijo:- Pero si me gustaría ver el aspecto que da, ¿no?- y dicho esto dejó caer varias gotas sobre la araña.
Al rozar el cuerpo del animal la poción comenzó a emitir un espeso pavor negruzco de nauseabundo olor que provoco que al instante los tres muchachos tapasen sus narices. Sólo para disfrutar la tortura del pobre animal, Bellatrix agitó su varita y este comenzó a agitarse. De pronto la piel del animal comenzó a borbotear, a rasgarse y a regenerarse. Pero la piel regenerada era ni más ni menos que el interior del animal, como si lo hubiesen dado vuelta. Podían ver su venas y arterias, sus órganos vitales… Un espectáculo terrorífico para cualquier alumno. Excepto para ellos… La chica encantada, miraba la transformación del animal quien parecía que apenas soportaba el dolor. Cuando finalizó el proceso, Rabastan miró a la chica con una sutil sonrisa en su juvenil rostro:
-Magistral
-Gracias, Rab- dijo guiñando un ojo- Creo que ya tengo el regalo de cumpleaños de Cissy- dijo alegremente tomando la araña que aun se quejaba y depositándola en la caja nuevamente- Los veré en la sala común- dijo agitando su mano.
La sala de Slytherin estaba desierta salvo dos o tres chicos que merodeaban por ahí. Lucius Malfoy hablaba precipitadamente con otro alumno, un chico moreno y fornido en un rincón de la sala. Bellatrix se dirigió allí rápidamente y les gritó:
-Lárguense
-¿Y por qué tendría que hacerlo?- respondió el rubio arrastrando cada una de sus palabras- No se me pega la gana, Black.
-Qué pena…- dijo sacando su varita- pero te recuerdo que soy prefecto, así que puedes largarte.
El chico la miró con un odio sobrenatural, y se retiró a su habitación seguido de cerca por el chico moreno. Pensaba argumentarle que el también lo era, pero Black sacaría a relucir su lugar de delegada de la casa de Slytherin, y no podría soportar oyéndola alardear.
-¡Cissy!- exclamó al comprobar que los jóvenes habían subido a sus cuartos y la chica se encontraba sola frente a una mesa de trabajo.
-Pensé que habías ido a Hogsmeade con tus amiguitos- dijo una muchacha de cabello rubio y rostro afilado.
-Bueno, los chicos están terminando la redacción para Slughorn, y yo… me quedé para traerte un regalito- dijo sentándose a su lado.
Narcissa levantó la vista del ejemplar que estaba leyendo y la miró con sus graves ojos azulados. Sabía ya que tipo de regalos solía hacerle su hermana, y no eran precisamente bonitos. Levantó la tapa con mucho cuidado. La última vez le había traído una pequeña serpiente marina que apenas destapó la caja se lanzó a su rostro. Bellatrix se había destornillado de la risa durante horas al ver el rostro con pústulas grisáceas de su hermana. Abrió la caja y el sólo olor le dejó claro que tipo de regalo era este. La araña intentó escapar pero su débil cuerpo no podía más. Una de las venas que rodeaba su corazón explotó de pronto dejando escapar un gran chorro de sangre de un repugnante color verde musgo, que cayó en la túnica de Narcissa. Ella contempló horrorizada como el corazón de la bestia palpitaba cada vez más lento, y sus venas y arterias se hinchaban.
-¡Oh, Bella, esto es asqueroso!- dijo agitando su varita para limpiar su túnica- Llevas días torturándola, ya mátala, ¿quieres?
Un chorro de luz verde salió de la varita de la chica y la araña cayó muerta en el suelo de su caja.
-Rayos, me quedé sin conejillo de indias- dijo algo triste.
-¿Qué le diste?- dijo examinando detenidamente el cadáver.
-¿Luce espectacular, verdad? Es poción para los que van al revés. Tengo un caldero entero por si quieres- dijo mientras se estiraba.
-Fabuloso…-Narcissa exclamó esto último con ira. Bellatrix tenía un talento formidable para toda clase de maleficios y pociones. Esta poción claramente la había sacado de un libro de magia negra, y se imagino a la intachable prefecta Black pidiéndole permiso al profesor de pociones para sacarlo de la sección prohibida. La mimaban demasiado… solo porque era excelente en ese ramo. La miró indignada y se puso de pie- Será mejor que desaparezcas eso luego. Ya pronto llegarán los alumnos de Hogsmeade- y se alejó.
***
Era ya la hora de cenar, sentía un hambre voraz. Había pasado el día entero escribiendo redacciones para Transformaciones y Encantamientos, tenía la mano acalambrada de tanto escribir. Dejó la pluma a un lado en el justo instante en que Rodolphus se apoyó en su cabello.
-¿Acabaste?
-Si, supongo. ¿Ya vamos a cenar?
-Dale cinco minutos. Aún está intentando transformar su tetera- dijo señalando con su pulgar la habitación de chicos.
-¡Por el Señor Tenebroso! ¡Lleva meses intentándolo! ¿Por qué simplemente no lo deja?- exclamó indignada guardando los pergaminos ya secos en su mochila.
-Ni idea
Un chico de cabello castaño oscuro, y ojos pequeños llegó hasta donde ellos.
-¿Nos vamos?- lucía un rostro de total decepción. Ambos jóvenes se miraron y sonrieron. Otra vez no lo había logrado.
Salieron de la casa común entre risas. Rabastan no podía creer que aún no lograse esa simple transformación. Y si no la tenía para el viernes, de seguro le descontarían varios puntos y le darían un hermoso castigo. Iban hacía el comedor cuando un chico de primer año llegó corriendo hasta ellos.
-Disculpa...
-¿Qué quieres, mocoso?- dijo Bellatrix mirándolo con desdén.
-El Profesor Slughorn quiere verte. Dice que por favor vayas de inmediato a su oficina.
Los dos chicos la miraron, y Rodolphus la tranquilizo:
-Tranquila, te guardaremos algo, pero apresúrate.
La chica se alejó por el pasillo y corrió lo más rápido que pudo hasta el despacho de su jefe de casa, de verdad tenía hambre. No iban a arruinarle su cena. El profesor la esperaba con ansias tras su escritorio junto a un joven rubio de piel pálida y constante expresión de asco.
-¡Querida Bella! ¡Pensé que tardarías en llegar! Adelante, pasa, pasa por favor. Siéntate aquí- dijo señalando un silla junto a Malfoy, ésta la miró con desprecio y tomó asiento- Bien, bien, ¿estás cómoda querida? Que bien, ¿puedo servirte algo? Creo que tardaremos unos minutos- agitó su varita he hizo aparecer vasos y una jarra con jugo de calabaza, y una bandeja con pasteles- Bien… como bien sabe usted, señorita Black, he siempre procurado que mis alumnos sean los mejores en todo. Bueno, usted es un claro ejemplo- dijo guiñándole un ojo y luego continúo:- He visto que varios alumnos están pésimamente preparados para sus TIMOS. Y por supuesto… no quiero que desaprueben. En especial mis prefectos- miró de soslayo a Malfoy y continuó:- Su hermana, Narcissa, ha demostrado muchas habilidades para encantamientos y aritmancia, no así para pociones. Pero estoy seguro que usted la ayudara. No obstante, tengo un problema más urgente. El joven Malfoy a demostrado un gran interés en los ramos, pero no ha logrado calificaciones que anuncien un buen TIMO. Así que, me gustaría que lo ayudase- La sugerencia había sido tan rápida que Bellatrix se quedó perpleja varios minutos.
-¿Per… Perdón? Debo haber escuchado mal, ¿está sugiriendo que le haga clases de reforzamiento a Malfoy?
-Claro, claro querida. Eso es que lo he dicho- el profesor se acarició su prominente barriga y continuo- No hay inconvenientes en las horas que establezca. Como prefecta de mi casa confío plenamente en su criterio, señorita Black. Y ahora…-miró un pequeño reloj dorado que estaba sobre su mesón- creo que los señores Lestrange la estarán esperando en el gran comedor, pueden retirarse.
Bellatrix le dio una intensa mirada de odio a Lucius y luego salió del despecho.
Cuando acabó de contarles a los hermanos lo sucedido en el despacho, Rodolphus la miró con una extraña sonrisa.
-¿Qué te sucede? ¿Se te durmió la boca, Rodolphus?
-Sabes, ahora si Cissy te odiará- dijo esbozando un irónica sonrisa
-¿Y por qué debería hacerlo?- la chica sacó un trozo de budín y comenzó a comer, mirando recelosa a su amigo.
-Porque Narcissa está enamorada de Malfoy, tonta- contestó Rabastan mientras acababa con el último trozo de su tarta de melaza.
-No vuelvas a decirme tonta, ¿escuchaste?- dijo amenazándolo con la varita- ¿Y cómo es eso que a mi hermana le gusta el idiota de Malfoy?
-Bueno, supongo que porque es el único idiota que no anda detrás tuyo, Bella- y aprovechando el sonrojo de Bellatrix sacó su varita y exclamó:- ¡Accio redacción de pociones!- y un extenso pergamino salió volando del bolso de la chica, quién había tomado un leve color rojizo en su rostro.
-Ja, ja, que gracioso Rodolphus- miró lentamente a lo largo de la mesa y descubrió que el rubio no estaba cenando.
-Está castigado- dijo Rabastan al ver el gesto del a chica- Slughorn le mandó un montón de trabajo. Su última poción provocó que la mitad de clase tuviera arcadas por una semana. Menos mal que me senté lejos.
***
La sala común de Slytherin estaba repleta. La gran mayoría de los alumnos había decidido refugiarse en la calidez de la sala común que irse a los patios. Afuera una estrepitosa tormenta amenazaba con llevarse a cualquier alumno que hiciera lo contrario, y nadie quería irse volando por los aires si tenían otra opción. Entre la masa de túnicas negras, Bellatrix distinguió el cabello platinado del chico que andaba buscando y se dirigió hacia el sofá donde estaba hablando con un grupito de amigos:
-¡Malfoy!- gritó sobre el bullicio. El chico la ignoró magistralmente, como si ni siquiera pudiese sentir la empapada túnica de la chica en su espalda - ¡Malfoy!- gritó nuevamente, pero el chico no se inmuto- ¡MAL…!
-Eres bastante histérica Black- dijo poniéndose de pie y alejándose del grupo mientras estos cuchicheaban a sus espaldas-¿Qué quieres?
Bellatrix sentía toda su ira arder, ese engreído, ¡sólo se vanagloriaba por su dinero! Era un pésimo mago, y claramente no llegaría a ninguna parte sin pasar varios sacos de oro por debajo. Ahora entendía porque Narcissa se entendía tan bien con el… los dos eran igual de idiotas.
-Mañana. En la sala de pociones a las ocho. Si llegas tarde juro que haré que de tu arrogante rostro salgan…
-No puedo mañana, tengo otras cosas que hacer
-¿Y tu crees que me interesa?- sacó su varita y la puso frente a su nariz- No me gusta que me hagan perder el tiempo Malfoy. Y he creado unos cuantos maleficios que me encantaría probar en tu encantador rostro de idiota.
-¡Que violenta! Esta bien, ahí estaré- la miró varios segundos con sus penetrantes ojos grises y volvió a su grupito en el cual volvió a zambullirse. Bellatrix quiso quedarse, sólo a comprobar que no hablaban de ella, pero creyó que era demasiado denigrante para una Black, y lo pensó mejor. Sacó su varita y la agitó. Al instante Lucius sintió como su lengua quedaba pegada a su paladar superior. Volteó y la miró con odio intenso, y salió de la habitación, hacia, supuso Bellatrix, la enfermería.
-Hablas demasiado…. Idiota.
Minutos más tarde se encontraba en la biblioteca junto a sus dos amigos. Rabastan, quién cursaba quinto al igual que Lucius, estaba comenzando a quedarse dormido en todos lados. Los exámenes le estaban agotando rápidamente. La chica tomó asiento lo más silenciosamente que pudo para no despertarlo.
-¿No piensas ayudarlo? ¡Tu madre lo matará si no pasa los exámenes!- Rodolphus le hizo un señal con su mano para que bajara la voz.
-No soy tan mal hermano, Bella. Claro que lo he ayudado. Pero no ha dormido bien últimamente… no se que le pasa.
-Si, bueno… no luce muy bien. Debería ir a la enfermería- dijo sacando un grueso libro de su bolso, abrió el libro pero una cálida mano se lo impidió. Al levantar la cabeza se topó con los castaños ojos de Rodolphus que la miraban con… ¿enojo? ¿Qué había hecho ahora, por que estaba disgustado?
-¿Qué tienes en contra de Lucius Malfoy, Bella?- pronunció estas palabras calmadamente pero se notaba un tinte de disgusto tras ellas.
-Nada-respondió rápidamente e intento, en vano, abrir el libro.
-¿Entonces por qué lo atacaste?
-Ah, ya sabes, es demasiado brabucón. ¡Me enerva!
-Aja... pues deberías controlarte. Ya sabes como es Malfoy- el chico soltó el libro y volvió a su trabajo.
-Me importa un rábano sus influencias en el colegio, Rodolphus. Debería agradecerme lo que hago por él.
-¡Aún no haces nada!-exclamó enfadado dejando caer un manchón de tinta en su redacción
-Pero al menos debería agradecer que me he dado un tiempo.
-Eres peor que Malfoy, sabes…-y volvió a refugiarse en su libro. Se escuchó un sonido profundo y vieron como Rabastan comenzaba a roncar.
***
Eran las ocho menos cinco. La sala de pociones estaba desierta, los alumnos ya habían cenado y la mayoría de ellos ya se encontraba en sus respectivas salas comunes. La prefecta caminaba de un lado a otro de la sala. En la mesa del profesor hervía un caldero que cada cierto tiempo echaba unos vapores dorados. La chica se acercó a la puerta disgustada. "Te lo dije… no aguantaré ni un atraso Malfoy…". De pronto sintió un dolor agudo en su cabeza. Lucius Malfoy con sus intrigantes ojos grisáceos la miraba despectivo desde la puerta.
-Serás buena para pociones, pero ni siquiera sabes por donde caminas-dijo Malfoy, que la sobrepasaba por varios centímetros y luego le sonrió ampliamente. La chica lo miró con desprecio y se dio cuenta que levaba un hermoso caldero de cobre y una balanza. "¿Choque con eso? ¡Que idiota!" pensó para sus adentros e hizo una seña indicándole el escritorio del profesor.
-He preparado la base para la poción Consolidante, quiero que pongas atención porque no lo repetiré dos veces- tomó asiento elegantemente sobre el mesón junto al caldero, tomó su varita y agitó dos veces en contra del sentido del reloj. Luego, miró su delicado reloj de plata y dijo:- La poción que tienes aquí está en la fase media, lleva ya cuarenta minutos cociéndose. Esta poción es sencilla, pero necesitas tener mucho ojo en las fases finales- le hablo durante diez minutos acerca de lo que tenía que hacer. El joven la miraba lacónicamente y debes en cuando, tomaba uno que otro apunte. La chica de pronto se paró y le dijo cantarinamente:- Las crisálidas, y raíces de sauce están en el estante. Quizás necesites ojos de sanguijuelas. Tienes veinte minutos para acabarla.
El joven se levantó del asiento en el que había estado durante los últimos minutos y se dirigió al estante. Volvió al poco rato con varios frascos.
Habían pasado cinco minutos en los cuales Bellatrix se había divertido jugando con unas arañas muertas asiéndolas flotar por encima de la cabeza de Lucius, cuando un intenso humo azulado comenzó a salir del caldero del muchacho.
Bellatrix caminó rápidamente hacía el banco y miró la poción. Había tomado un extraño color violáceo y borboteaba constantemente.
-¿De verdad te cuesta tanto?- no lo dijo irónicamente, el chico lo notó y asintió levemente- No te preocupes. Sólo echaste muchos ojos de sanguijuelas- dijo tomando unas raíces que estaban cerca de la mano del chico, al traerla hacia si, no pudo evitar rozarlo. Sus manos eran cálidas y tersas. Se sorprendió de si misma cuando un escalofrío provocó que su piel se tornase como la de las gallinas- Creo que hace mucho frío- dijo para distraer al chico, pero este gentilmente agitó la varita y cerró las ventanas- Eh… gracias. Bien, para arreglarlo sólo debes agregar un poco más raíces, ellas absorberán las propiedades de los ojos de sanguijuelas. Y bueno, un poco de crisálidas, para qué no se espese tanto- La chica cortó las raíces y las depositó en el caldero. Se sentía incómoda, no le agradaba ese silencio, y menos la penetrante mirada del rubio fija en sus manos:- Debes de procurar respetar las cantidades. Así no perderás tiempo remendándolas.
Pasaron otros diez minutos, debes en cuando Bellatrix agitaba la poción, que había adquirido un tenue color jacinto y había perdido espesura.
-Eres muy buena en esto- dijo Lucius cuando la chica depositó en un frasco una muestra de la poción, rasgó un trozo del pergamino que tenía el rubio, escribió con un movimiento de su varita "Lucius Malfoy" y puso la etiqueta sobre el frasco.
-Se lo llevaré a Slughorn-dijo levantándose.
-¿Qué? ¡Pero si lo has hecho todo tú!
-¿Prefieres quedarte hasta medianoche haciendo una tu mismo?- gritó irónica ya cerca de la puerta, pero esta se cerró de un golpe. Volteó y vio a Lucius con la varita en alto.
-Si, prefiero eso- dijo vaciando con un toque de su varita el caldero, y sacando materiales de su bolso.
Bellatrix miró consternada la puerta cerrada. Claramente la podría abrir con un simple hechizo, pero no lo hizo. Volvió a recorrer lo caminado y se sentó junto a Malfoy.
-Tienes una hora. Te juro que si no esta lista a esa hora te encajo el caldero en la cabeza- era difícil creerlo pero ambos comenzaron a reír.
Después de todo, no había millones de kilómetros entre las personalidades de Lucius Malfoy y Bellatrix Black. La chica con una sonrisa en el rostro le ayudo a cortar raíces, se perdió unos segundos para regresar luego con varios frascos más. Lucius la miraba de soslayo, y cada vez que se topaba con sus grandes ojos negros reía por lo bajo.
-¿Qué, tengo cara de payaso?- pero ni ella podría evitar sonreír. El ambiente era mucho más agradable ahora que se hablaban.
-Pensé que me ibas a hechizar cuando te dije que me quedaría.
-Iba a hacerlo, pero me diste lástima Malfoy. Demás si te dejaba sólo, ibas a hacer estallar la sala. Y mañana tengo clases- la chica hecho varias sanguijuelas en el caldero y revolvió.
-¿A sí? Tu también me das pena- Bellatrix lo miró extrañada.
-¿Por qué lo dices?
-Porque llevas media hora mirándome como babosa gigante- Lucius sonrió antes de ocultar su rostro tras su libro, porque Bellatrix había tomado un trozo de cerebro de rata y estaba dispuesta a hacérselo tragar si volvía a decir eso.
No volvió a decir nada mas, y Bellatrix pudo guardar el cerebro para otra ocasión, lo que le costó guardar realmente fue el color rojo que había aparecido en sus mejillas. La poción estaba comenzando a espesar y a tomar su característico color jacinto cuando dieron las doce.
Cuando guardaron la muestra real de Lucius, Bellatrix sonreía complacida. La poción estaba perfecta. Salieron de la sala de pociones para dirigirse a su sala común cuando una barriga prominente cubierta por una bata de algodón verde les sorprendió en el camino. El profesor Slughorn caminó disgustadísimo hasta los jóvenes, pero Bellatrix se adelanto a su posible castigo y descuento de puntos.
-Lamento mucha la tardanza señor, pero Malfoy quiso hacerla por sus propios medios, sin ayuda, y nos demoramos mas de la cuenta- dijo sacando un frasquito lleno de la poción jacinto que habían hecho- Aquí está la muestra.
El profesor la miró orgulloso:
-Felicitaciones a ambos- dijo con una cálida sonrisa en su rostro- En especial a usted señor Malfoy. Creo que con esto me demuestra que comenzara a subir sus calificaciones. Bueno, espero que sigan adelante- miró su reloj y les dijo:-Bien supongo que iban a la sala común así que los acompañaré hasta allá.
Lucius miró a Bellatrix unos instantes, como si lamentara perder la privacidad que habían tenido hasta entonces. La chica simplemente sonrió. Cuando estuvieron ya dentro de la sala, Bellatrix caminó radiante hacia su habitación.
-El próximo jueves a las ocho- y cerró la puerta tras si.
***
Afuera había una leve llovizna, los alumnos de quinto se amontonaban en los pasillos nerviosos, comentando los exámenes, algunas chicas lloraban en los hombros de sus amigas. Acababa de terminar el examen de Trasformación. Lucius caminó con parsimonia por el pasillo hasta que de la nada aparecieron tres chicos a su lado. Uno de ellos, de largo cabello castaño en una coleta lo abrazó:
-¿Y bien? ¿Cómo le fue a nuestro pequeño amigo?- dijo Rodolphus desordenándole el platinado cabello.
-Eh… supongo que bien. ¿Me descontaran puntos si mi cerdo aún tenía el color caoba de la mesa?- los chicos rieron sonoramente.
-No que va… ¿también tenía patas de madera?- Bellatrix que iba al lado de Rabastan llevaba un montón de libros en su regazo.
-¿Tienen examen también?-preguntó Lucius al ver la cantidad de libros que llevaba. Le quitó algunos y esperó la respuesta de la chica.
-No que va… son para ayudar a Avery y Mulciber, que aún no terminan su trabajo de Aritmancia. Ya sabes, somos muy solidarios- dijo Rabastan irónicamente adelantándose. Confiado en que su cerdo era fabuloso, había salido varios minutos antes que el rubio de la sala. Lucius no se había percatado de que habían llegado a la biblioteca. Rabastan abrió la puerta y Bellatrix entró. Depositó los libros en la mesa de la bibliotecaria quien los reviso uno por uno.
-¿Llevará algo hoy, señorita Black?
-Oh, no, hoy no llevaré nada, gracias.
Lucius alcanzó a vislumbrar una de las portadas mientras la bruja ponía los libros en su lugar nuevamente. "Moste Potente Potions", "Maleficios avanzados" y al menos una docena mas que no alcanzó a ver. Bellatrix cada vez le parecía una chica más interesante.
-¿Vas con nosotros a almorzar?-gritó Rodolphus ya en el pasillo.
-Eh, si, ya voy- dijo siguiéndolos.
Desde aquella clase de pociones, ambos jóvenes habían notado que lejos de ser diferentes, eran sumamente parecidos. Para disgusto de Narcissa, Bella y sus amigos comenzaron a incluir a Malfoy y a otros Slytherins en su grupo. Avery y Mulciber llegaron junto con Lucius, y resultaron ser bastantes torpes pero muy simpáticos. No obstante a media que el grupo se aumentaba, Bella era mas centro de atracción. Era la única chica, y nadie se molestaba en decirle que incluyera a Narcissa que al parecer era demasiado delicada para aquella tropa.
El ansiado examen de Pociones era después de almuerzo. Avery y Mulciber llegaron cerca de las dos. McGonagall los había dejado castigados después de clases y de suerte habían logrado salir a esa hora.
-Vieja bruja… - exclamaba Avery entre mordisco y mordisco de su trozo de pollo.
-Maldita… sólo hicimos… desaparecer la silla cuando iba a sentarse- decía irritado Mulciber dejando restos de comida en la mesa.
Los muchachos rieron alegremente.
-Merecido se lo tiene- dijo Rodolphus tomando un trozo de pastel de papas- Le tira flores sólo a los de su casa. Como si fueran la gran cosa…
En eso sonó el timbre y Lucius se paró precipitadamente con un feo color verde en su rostro.
-Tranquilízate Lu, te va a ir bien- dijo Rabastan dándole unas palmaditas en la espalda- Además puedo soplarte lo que te falte- dijo entusiasmado adelantándose- ¡No te estreses!
-¿Quieres que te acompañe?- dijo Bellatrix por lo bajo, tomando un sorbo de su jugo, de calabaza.
-No… no gracias- dijo alejándose.
Malfoy lucía un poco nervioso ante la puerta de la sala de pociones. No era el único, varios alumnos intentaban releer sus apuntes antes de entrar a la sala. Rabastan había desaparecido unos pasillos antes de la sala, y no lo había visto regresar. De pronto sintió unas punzadas en su brazo izquierdo, volteó y encontró a su lado un ave de pergamino que picoteaba su hombro. El muchacho, contempló el papel y sonrió:
"Trata de no intoxicar al examinador, ¿vale?
Bella."
Y de pronto se sintió mucho más liviano. Ya no tenía miedo. Esta vez, le iría bien.
***
Eran cerca de las siete de la tarde cuando Lucius terminó su examen de pociones. El examinador sólo les pidió dos pociones y agradeció profundamente haberlas realizado con Bellatrix anteriormente. Se cambió la túnica manchada con ingredientes y restos de poción, y se dirigió a donde se encontraban los chicos.
-Deberíamos probarlos con algún alumno de primero- decía Mulciber alegremente, dándole vuelta a su varita señalando peligrosamente a unas chicas de primer año.
-De seguro Bellatrix te mata antes de que lo intentes. Es muy peligroso, deberíamos buscar algunos bicharracos por ahí- Rabastan, quien acababa de llegar y estaba sentado junto a su hermano.
-Hola-dijo Lucius al llegar al grupito- ¿Han visto a Bella?
-Salió a los jardines a esconderse de ti- dijo Rodolphus tirándole una bola de papel a Avery que estaba de espaldas y no lo vio.
-¡Qué malo eres, Rody! ¡Arruinas las ilusiones de nuestro joven aprendiz!- dijo Rabastan provocando la risa de varios. Al otro lado de la chimenea, Narcissa escuchaba las conversaciones con el rostro lleno de ira. Su hermana siempre había sido la primera en todo. Pero esta vez, no lo sería… He iba a hacer todo lo posible porque fuera así.
Bellatrix caminaba por los frondosos jardines del colegio. Faltaba muy poco para acabar el año y sentía que debía hacer algo antes de irse, pero no sabía que exactamente. Los últimos meses en Hogwarts habían sido maravillosos… Las risas y bromas entre los vapores de la sala de pociones eran una parte importante de sus recuerdos… Y los hermosos ojos grisáceos del joven comúnmente le impedían conciliar el sueño.
-¡Bella!- escuchó aquella voz que tanto ansiaba tras ella, y volteó rápidamente.
-¡Lucius! Eh, ¿qué tal te fue?- dijo nerviosa. Últimamente se ponía bastante nerviosa cada ves que lo veía. El chico comenzó a caminar a su lado, y se hizo un silencio. No pudo dejar de notar que sonreía.
-Bella, tengo que darte las gracias…. Fue fenomenal. ¡En el examen me pidieron la poción consolidante y la de los muertos vivientes! ¡Y no tuve ningún problema con ellas!- a pesar de la sonrisa en su rostro, Bellatrix notó que había un dejo de tristeza en sus palabras, se sintió triste de pronto… bajó la mirada y continuó caminando.
-De nada… bueno, te esforzaste mucho. Felicitaciones
Bellatrix pensaba en como sería el próximo año sin el joven de cálida manos que estaba a su lado. Con Rodolphus habían decidido no volver el siguiente año a Hogwarts. El Señor Tenebroso se alzaba con más poder que nunca, y su causa era tan justa como todo lo que durante siglos habían defendido sus puras familias. Rabastan, que aun cursaba quinto, quiso acompañarlos, pero Rodolphus se lo impidió. Primero ellos darían el gran paso, luego los que quisieran seguirlos, lo harían. Ya les habían enseñado todo lo que podían a sus amigos. Cada uno sabría decidir.
-Gracias…-y calló nuevamente.
El silencio en el jardín sólo era interrumpido por la brisa que movía suavemente las ramas de los frondosos árboles. De pronto, sin haberlo deseado llegaron al mismo árbol donde solían verse. La chica tomó asiento delicadamente en una de las sobresalientes raíces del árbol. Lucius la miró, como si hace mucho tiempo no lo hubiera hecho.
-Bella… no te vayas
La chica dirigió sus oscuros ojos al pálido rostro del muchacho. Este miraba hacia el suelo, quizás demasiado compungido como para mirarla a los ojos. Bellatrix sintió un impulso en sus entrañas, pero intentó con todas sus fuerzas deshacerse de el. El dolor del rubio le roía el corazón…
-Yo… Lucius, no lo se. Tú sabes que es lo que siempre he querido… Ha sido mi deseo desde que el Señor Tenebroso ascendió al poder.
-No te pido que no vayas con él… sólo te pido… que te quedes… al menos unos meses más. Que vuelvas a Hogwarts el curso siguiente.
La sensación de tener que hacer algo estaba comenzando a ahogarla. Sin haberse dado cuenta se puso de pie y quedó a escasos centímetros del rubio.
-Porque no quieres que me vaya- dijo temblando. No era el frío… era un temor a escuchar algo que jamás había escuchado. A sentir algo que jamás había sentido.
Lucius sonrió y acarició sus oscuros cabellos.
-¿Cómo esperas que pase el EXTASIS de Pociones sin ti?- Bellatrix abrió los ojos de par en par… lo mataría… se juró que lo haría. ¡Eso podría haberlo dicho en cualquier momento! ¡Por qué aquí! ¡Por qué aho…!
Abrió sus labios para gritarle todas estas cosas pero un dulce sabor invadió su boca. Se sintió elevada a un lugar nunca antes conocido. Los labios de Lucius la besaban de la forma mas tierna que había podido pensar. Un abrazo eterno los cubrió y el tiempo pareció detenerse durante varios segundos.
Y supo que volvería… aunque sólo fueran unos meses.
***
Las vacaciones de verano habían comenzado hace dos semanas. Bellatrix sonreía cada vez que la veía, y Narcissa comenzaba a sospechar que no era nada bueno. Un día de julio, antes de volver a casa Bellatrix anunció que iría a pasara unos días en casa de un amigo. Su madre intentó chistar, pero la chica ya había salido de allí para cuando los gritaron llegaron al salón.
Narcissa se sentó a su lado y la calmó.
-Madre, creo que debemos hablar.
La mujer la miró con su aspecto severo, su rostro surcado de arrugas no dejaba de ser bello, y miraba a su hija como quien observa un valioso tesoro.
-Dime Narcissa, ¿qué quieres hablar?
-He estado pensando madre, que viene siendo hora de que nos comprometas a mí y a Bellatrix, ya que somos las mayores. Ya sabes que Bellatrix pronto se irá, y sería mejor que se fuera, con alguien a su lado.
-Pero tengo entendido que Rodolphus, el mayor de los Lestrange irá con ella, ¿no?- Narcissa sonrió complacida. Su madre abrió y cerró los ojos, y luego la miró:-Eres tan inteligente querida, sabes muy bien quienes son los de nuestra clase… Bien hablaré con tu padre. Pero hay un problema, ya habíamos hablado con los Malfoy, su hijo ya estaba comprometido con una de nuestras hijas.
-Oh, no te preocupes mamá. Yo haré lo que ustedes me ordenen- he hizo una leve reverencia.
-Bien, excelente- se puso de pié y habló en voz alta el trecho desde el salón a la escalera- Si, perfecto, perfecto.
La joven sonrió complacida y salió de la habitación.
***
Los prados estaban repletos de flores, y en la lejanía se podían vislumbran verdes parajes. Las colinas parecían sonreírles pero nada importaba. Bellatrix descansaba en los brazos de Lucius, con una sonrisa en su moreno rostro. Los últimos días habían sido los más fabulosos de su vida. Cada segundo sin él, era un punzante dolor en su corazón. Sus ojos eran su luz, y sus manos, la suave caricia del amor.
Ambos jóvenes solían salir a pasear por los terrenos familiares antes de la cena, donde los esperaban los Malfoy con la mesa repleta de suculentos manjares. Lucius parecía el hombre más feliz de la tierra con Bellatrix a su lado, y sus padres, al ver la felicidad de su único hijo, no cabían en sí de la dicha.
Pero la felicidad se les escurría de las manos a cada instante. De pronto se vieron de nuevo ataviados con sus túnicas negras camino a Hogwarts, y sus amigos los esperaban ansiosos.
Rodolphus peleaba con su madre, quien insistía en que debía afeitarse antes de ir al colegio, pero el no la escuchaba, y con una densa barba rojiza subió al tren junto a su hermano.
-Ni que fuera a estar todo el año…- exclamó pero al darse vuelta en el estrecho pasillo chocó con un joven pálido de cabello rubio quien sonrió.
Ambos jóvenes se abrazaron alegremente, segundos después el hermano menor de Rodolphus, Rabastan llegó hasta donde estaban, haciéndose participe de los saludos y conversaciones sobre el verano. Hasta que una voz femenina los alcanzó.
-¡Hey! ¡Trío de idiotas, no obstaculicen el pasillo!- al distinguir la voz los tres rieron.
Cargaron sus baúles hasta el primer compartimiento vacío que hallaron y se acomodaron. Lucius tomó asiento junto a la ventana y Bellatrix a su lado. De pronto Bellatrix recordó que aún era prefecta, al igual que Lucius así que se despidieron y fueron a patrullar los pasillos prometiendo volver a la brevedad.
Apenas salieron al pasillo, Bellatrix pudo sentir la cálida y tersa mano de Lucius tomando la suya. Ella lo miró con complicidad y avanzaron por el pasillo.
Eran casi las tres de la tarde cuando volvieron agotados al compartimiento, al que se habían incorporado Avery y Mulciber.
Pasaron la tarde comiendo golosinas, de las cuales los Lestrange se habían encargado de abastecerse.
Los últimos meses de Bellatrix en Hogwarts fueron para disfrutarlos con sus amigos. A pesar de que era muy triste dejarlos, sin contar el dolor que sentía al saber que quizás jamás volvería a ver a Lucius, tenía demasiado claro su deber con los de su status como para echarse atrás, un día un poco antes de las vacaciones de navidad, se sorprendió a sí misma hablando de un tema que jamás pensaría. Y ese día lo recordaría por siempre…
Cuando vio a los Malfoy en su casa pidiendo la mano de si hermana quiso morirse... pero no. Había algo por que luchar. Los sangre sucia debían desaparecer, y todo el dolor que tenía en sus corazón le daba mas armas que a cualquier otro mortífago. Su matrimonio con Rodolphus fue uno más de los tantos matrimonios por conveniencia en la Familia Black. No había ni una pizca de amor. La amistad que lo unió durante años desapareció. Bellatrix dejó de ser la misma, su rostro de desfiguró con el dolor de la pérdida de la única persona a la que fue capa de amar… Hasta que nació su hija. Su corazón retrocedió hasta las verdes praderas de antaño, los grises ojos de su hija la llevaba a los pasillos del castillo donde se había enamorado… pero, no. No podía tener una hija, la ataría. No podía obligarla a vivir en el cruel mundo en el que ella existía... Ella merecía el amor que sus padre le negaron, el amor que su hermana le robó.
No podía creer que su propia hermana la hubiese traicionado. Bien sabía Bellatrix que el compromiso de matrimonio entre los Malfoy y los Black era desde su nacimiento, y era obvio que ese era su lugar. Pero Narcissa por primera vez en su vida había sido más astuta que ella.
El día del nacimiento de Draco Malfoy fue el día en que Bellatrix Black volvió a amar. Pero de nada serviría. Aquellos dos jóvenes ya no eran los de antaño. Cada uno se había convertido en la serpiente más venenosa del mundo. Y así sería… hasta que la muerte dijese lo contrario.
