Hola a todos! Buu harto tiempo sin actualizar con el ingreso a la U va a ser igual mas difícil, pero si hay gente que al menos lo lea tamos bien ^-^ Chics un review no le hace mal a nadie! Díganme que les va pareciendo los capis! Este los dejara colgados. La vida en Durmstrang no es para nada como en Hogwarts, a cada instante se viven situaciones espantosas. La crueldad es pan de cada día… y Angelina tendrá dos caminos, o seguir la maldad circundante o negarse. Un problemilla con el profesor de pociones ocasionara que Angelina se entere de que hay cosas extrañas alrededor de ella… pero que más da… XD léanlo y si les gusta cuéntenme para que sepan lo que sigue ^-^
Cariños a Anais Maunier y a Dmitri Igor Trovanov, gracias por el apoyo!
Estoy muy enojada con Joanne Distte prometió leerlo y aun no lo hace… q feo de su parte XD yo me hago el tiempo para leer los suyos!
Q sea reciproco, dale? XD solo diem q tan mal esta XD
Bueno los dejo ^.^
Cariños,
W.P. Korsakov
Capítulo IV
Problemas de sangre
El profesor de Alquimia era un anciano mago que llevaba unas gruesas gafas sobre una larga nariz aguileña. Su rostro estaba surcado por innumerables arrugas, y Angelina al verlo pensó que podría llegar a vieja intentando contarlas. Su nombre era Igor Mandaliev. Tenía un aspecto severo, pero al entablar una conversación con él, se notaba que en el fondo era un abuelito muy simpático. Aquella clase, como después se enteraría ella, reunían, como todas, a todo el nivel de primero de todas las casas. Así que pudo contemplar por primera vez a todos los chicos de primer año. Los de Apakov parecían odiar a los de Rapbah como si hubiesen nacido haciéndolo, y era tan notorio como que los chicos de una y otra casa se colocaban cada uno a distintos lados de la sala, quedando los de Rapbah a la izquierda, y los de Apakov a la derecha.
Angelina tomó asiento en un puesto junto a la ventana y Gustav a su lado. Una chica de cabello rizado y castaño se sentó tras ellos. Nadie ocupó el puesto a su lado.
La sala era extrañamente redondeada, y los asientos parecían tener la misma curva que las paredes. Angelina supuso que estarían en una de las torres del castillo. Veía el lago en todo su esplendor, pero no vislumbraba ni el bosque ni el cementerio. Debían de ser el lado norte del castillo. Estaba mirando como una extraña serpiente blancuzca asomaba su vea cara de dragón aplastado por la superficie cuando un denso humo débilmente dorado llenó la habitación, un intenso olor a azufre llegó a su nariz cuando volteó a ver el espectáculo. Del humo dorado había aparecido una figura alta y débil con una larguísima barba blanquecina, y con unos pocos cabellos cubriéndole la cabeza.
-Buenos días, mis queridos alumnos- el anciano les sonrió cordialmente.
Era sorprendente que alguien en Durmstrang, en especial un docente, fuera así de amable. Bueno, exceptuando el profesor Karkarov en el banquete de bienvenida.
-Estoy muy contento de verlos en esta hermosa aula- se paseaba por la sala lentamente, su voz era suave, y parecía deslizarse con sutileza por el aire- El arte de la Alquimia no es un juego. Muchos durante siglos han creído que la transmutación de los metales, es sólo un simple acto de "química" como llaman los muggles. La Alquimia es un arte mística que liga nuestra alma a la naturaleza que nos vio nacer. Descubrir los secretos que esconde la naturaleza nos permitirá conocernos a nosotros mismos- los chicos se miraban perplejos. No entendían como iban a conocerse a sí mismos jugando con metales- Bueno, no espero vayan a encontrarle sentido a mis palabras, pero a medida que vayan pasando los cursos me hallaran razón- luego sonrió ampliamente, y con su varita mágica hizo aparecer en cada uno de los bancos una voluminosa piedra de variados y hermosos colores- Quiero que lean atentamente el prólogo del libro "Alquimia para principiantes" de Sir Nicholas Flamel, que re-expondrá lo que les acabo de enunciar, y luego quiero que se dediquen a la clasificación de los diversos metales que tienen frente a ustedes. Quiero que tengan especial cuidado en las uniones que hay entre ellos, pues tras su partición quiero que confeccionen un mapa astral con las uniones que se producen entre cada uno de ellos. Pero no se abrumen. Lo entregaran la próxima clase, una vez que hayan tenido Astronomía. Ahora quiero que sigan las siguientes indicaciones para la separación de los metales- al momento agitó su varita, que era muy delgada y larga, y las instrucciones aparecieron en el gigantesco pizarrón con una estilizada letra plateada- Tienen hasta finalizar la clase.
Angelina miró su piedra que contenía varias grietas donde se contemplaban brillantes trozos de metal. Se puso sus guantes de piel de dragón y con sumo cuidado agitó levemente su varita, una pequeña llama azul salió de su extremo. La piedra lentamente se calentaba. Tomó unas pinzas y depositó la piedra en un pequeño plato de hierro. Una pequeña veta rojiza comenzó a caer sobre el platillo solidificándose al instante dejando una extraña forma en el hierro. El profesor al pasar por su lado le dedico otra de sus impresionantes sonrisas. Gustav por su parte aún leía. Ella había adelantado la lectura de varios de sus libros de texto, pero al parecer el verano de su amigo había sido al aire libre y no encerrado en su habitación.
Quizás ella también disfrutaría de unas entretenidas vacaciones si tuviese hermano. Había veces que se imaginaba a un chico rubio de cara puntiaguda, a veces creía que así sería su hermano, pero cuando miraba a sus padres imaginaba borraba esa imagen de su cabeza y surgía un chico con la nariz ganchuda de su padre, la tez mate de su madre y el pelo rizado y castaño como ambos. Angelina no se parecía en nada a sus ellos, pero su personalidad se iba adecuando a sus enseñanzas, y en eso si creía parecerse bastante: en su forma de ser. La tranquilidad, la paciencia, la disciplina. Eso no había nacido con ella, lo había aprendido.
Al cabo de unos veinte minutos, Angelina y dos alumnos de Apakov, entre ellos, la chica de la que le había hablado Gustav, tenían un platillo lleno de extrañas formas metalizadas. Cada uno de los distintos platillos tenía formas diferentes. Estaban empezando a nombrar cada uno de los metales en un extenso pergamino cuando sonó el timbre.
-Quiero la placa y la carta astral el próximo martes. Hasta la próxima clase.
Todos los alumnos guardaron con sumo cuidado la placa en sus bolsos, excepto Angelina que encontró la suya particularmente especial y quiso tenerla a mano, así que la dejó en el bolsillo interior de su túnica. Salieron juntos al pasillo y este estaba tan lleno que tropezó con una alumna de Apakov que hablaba de un tema muy curioso con varios compañeros.
-Ten cuidado…oh, eres tú…- dijo Natasha luego la miró con aire curioso y se alejó.
-¿Qué le pasa a esa?-dijo Gustav mientras emprendían el camino hacia la sala común. La próxima clase no era hasta en media hora más.
-No lo sé… -contestó Angelina, pero le dio la vaga impresión de que sabía algo que ella no.
La sala común de Rapbah estaba vacía. El cuadro de Verioska la mostraba sentada en un precioso taburete, se había quedado dormida sobre su regazo. Cuando escuchó pasos cerca, dio un gran respingo y apuntó con su varita a Gustav.
-¡Tú! ¿Qué demonios hacías metido en la habitación de mis niñas?- dijo gritando con una voz nada melosa.
-Per…don… yo- Gustav sólo balbuceaba, se había puesto sumamente rojo, hasta que Angelina salió en su defensa.
-Lo siento mucho, profesora. Gustav sólo sacaba mis libros para la clase de Alquimia, porque yo los había olvidado en mi habitación.
-Bien- exclamó indignada la bruja bajando su varita- espero, señorita Zukov, le quede claro que esta absolutamente prohibida la entrada a la habitación por parte de alumnos de otro sexo. Esta vez le perdonaré el castigo. Pero que sea la última- y dicho esto desapareció por la puerta que había en uno de los costados de su cuadro, que lo más probable era que diese con el cuadro de su esposo en la sala común de Apakov.
Gustav se sentó junto a la chimenea y comenzó a juguetear con la piedrilla que el profesor Mandaliev les había entregado. Aún no había hecho nada con ella, y a Angelina le había dado la impresión de que en realidad había dormitado toda la clase.
El chico miraba la piedra con detención como si intentara encontrar en ella algo extremadamente particular. Angelina que había salido hacia su cuarto para traer los implementos de pociones para su próxima clase se sorprendió cuando este le habló.
-¿Qué te dijo Ravdor cuando llegaste?-preguntó con una voz muy distinta de la suya.
-Eh… muchas cosas… ¿Pasa malo con ello?
-Natasha… ella sabe que pasó en ese calabozo- de pronto pareció salir del estado de sopor en el que se encontraba y salió hacia su habitación- Era lo que comentaba con sus compañeros.
***
La clase de pociones, impartida por el jefe de su casa, era una clase totalmente fuera de lo común. El profesor Nevak llegó a la sala varios minutos después que ellos, por tanto cada uno de los alumnos aprovechó el tiempo para lo que estimó conveniente. Angelina estaba enfrascada en la lectura recién retomada de su libro de Legeremancia y no prestó atención cuando el profesor entró por una puerta escondida, a la izquierda de la sala. Gustav miraba receloso a Natasha que estaba sentada varios puestos por delante de ellos le hablaba por la comisura de los labios algo que le pareció ininteligible. De pronto, y sin darse cuenta del origen de ello, Gustav comenzó a chillar de dolor mientras sus párpados comenzaban a hincharse de manera sorprendente, como si alguien los inflara con un bombín. Cuando parecía tener dos globos por párpados, Angelina sintió como el libro escapaba de sus manos y le aferraba la nariz con fuerza. Sentía que se le iba a quebrar el puente si seguía aquella presión. Natasha, al otro lado de la sala, apenas podía con la hinchazón de sus labios que le impedían abrir o cerrar la boca, debiendo mantenerse con los labios separados. Así como ellos, varios alumnos tenían extrañas lesiones en su rostro. El profesor de pie frente a ellos sonrió complacido.
-Es curioso que un grupo que viene a su primera clase de pociones, y viendo el retraso de su profesor, no haya ya sacado su material de trabajo y su libro.
Angelina escandalizada, detuvo el hechizo que hacía que su libro le sujetase la nariz (corría sangre de ella, por lo que imaginó que habría roto el hueso de su puente), y agitó la varita, al momento la inflamación de Gustav desapareció. Pero lamentó haberlo hecho.
-No creo haberle dicho, señorita Zukov, que se las diera de enfermera en mi clase. Tendrá una semana de castigos- dijo con una amplia sonrisa en su rostro- Como sabrán- dijo como si nada hubiese pasado. Algunos alumnos seguían llorando por distintas y extrañas afecciones- Pociones es una disciplina muy amplia que incluye desde simples brebajes, hasta potentes pociones y antídotos. Sus campos pueden abarcar desde una simple pócima para dormir, hasta pociones que podrían delatar sus mas profundos sentimientos, provocar un cambio total en tu forma física, llevarlos a la locura o incluso asemejar la muerte. La creación de pociones tiene mucho de estudio, pero también de talento innato. Si no logran avances es quizás por su falta de talento, así que no los presionaré. Los ayudaré mientras esté a mi alcance- agitó su varita y los distintos maleficios que afectaban a sus alumnos desaparecieron. Un empujón pareció inducir a los alumnos a sacar sus calderos y materiales- Señorita Zukov, vaya a la enfermería, creo que se ha quebrado el hueso- a pesar de que había intentado contener el sangramiento con un pañuelo este se había empapado- Señorita Ikanovsky, acompáñela- dijo esto en el justo momento en el que Gustav se había parado para acompañarla.
Lo último que vio antes de comenzar a marearse fue que las mesas se desplazaban hasta quedar paralelas a la del profesor donde este comenzaba a dar las instrucciones de un brebaje que no alcanzó a oír.
La enfermería quedaba dos pisos más arribe desde la sala de pociones (que estaba en el lado oeste del castillo), Natasha parecía complacida por acompañar a Angelina, esta había detenido el sangramiento con un hechizo coagulante, pero había perdido la suficiente sangre como para ir semi-consciente camino a la enfermería.
-La enfermera de este colegio es un asco. No se si te repare realmente la nariz. Apenas si sabe ponerse los anteojos- dijo mientras caminaban lentamente hacia la enfermería. Angelina solo oía su voz muy lejana, sentía que iba a vomitar en cualquier instante. Cuando llegaron entendió a que se refería la chica. La enfermera, era, si se puede, aun mas anciana que su profesor de Alquimia, y se demoró mas en llegar hasta donde la chica que en atenderla.
-No creo pueda dejarla tal como estaba antes. Veré que puedo hacer- olía a pergamino antiguo, Angelina jamás había visto una momia, pero pensaba que así serían sin vendas. La mujer era extremadamente delgada, las uñas de sus manos estabas completamente resquebrajadas y le faltaban varios dientes. La chica aterrada vio como la mujer agitó su varita y sintió un punzante dolor en su rostro. Luego unas vendas volaron hacia ella y le cubrieron la nariz-Has perdido demasiada sangre, te daré un poco de poción reconstituyente y podrás irte, si te sientes mejor.
La mujer se alejó con su olor a pergamino dejando a las chicas solas. Angelina se acomodó en una camilla y sintió nuevamente el punzante dolor en su rostro. Natasha acercó una silla y se acercó a ella. Lucía realmente mal, su rostro de por sí pálido estaba del color de la nieve.
-Realmente hubiera preferido hacer la poción yo- dijo ella un débil susurro desde la cabecera de la cama- ¿Por qué nadie la ha echado? ¡Es un peligro para los estudiantes del colegio!
-No tengo ni idea-respondió Natasha, mirando por una de las ventanas de la pequeña habitación- Deberían hacerlo, es un desastre de mujer. Quizás ni siquiera sabe lo que hace. La nariz te quedará horrenda, te lo aseguro.
-Oh, bueno… ahí veremos con el tiempo que puedo hacer- dijo esbozando una pequeña sonrisa. El dolor era tan fuerte que comenzaba a abombarle el cerebro.
-Deberías chillar un rato más. Así podrías saltarte la clase de pociones
-Era lo menos que quería… no quiero perder clases.
-Bueno, no te preocupes. Eres excelente en pociones. ¿Cómo hiciste la poción de levitación asistida?- dijo de pronto sacando toda la curiosidad que había en su interior.
-Eh… ¿como supiste eso?- dijo sintiendo la vergüenza de que todos lo hubieran sabido.
-Lo vi en el barco. Fue espectacular. Es increíble que anduvieras con cosas como esas en el bolsillo- dijo sonriendo.
-Bueno, siempre ando trayendo pociones conmigo. Las creo y a veces las pruebo con algo que encuentre por ahí… ¿Tú como saliste?- la chica la miró por un momento como analizando si podría contarle que podía hacer eso. No, no debía. Se quedo cayada e inventó una rápida excusa.
-Con hechizos. Llegué un poco después que ti.
Angelina recordó lo que le había comentado Gustav y se imaginó la situación… No, era imposible… ¡solo tenía once años! Pero al ver con detenimiento la falta de brillo en sus ojos, supuso que habría muchas razones en ella para haberlo hecho… y sin duda lo haría, si hiciese falta, otra vez.
-Bueno, me iré a clases. El profesor me matará si me quedo contigo toda la tarde. ¿Te sientes mejor?
-Si, gracias. Tomaré la supuesta poción de esta tipa y me iré a mi sala común.
-Le informaré al profesor de tu mejoría. Hasta pronto- dijo alejándose por el estrecho pasillo. Angelina imaginó a la chica hechizando a los más débiles del curso, manipulándolos a su antojo. Sintió un escalofrío en su espalda. Para realizar esos hechizo tan avanzados primero había que querer causar daño, sufrimiento… Natasha a simple vista era una chica normal. Al igual que ella. Eran tan pequeñas aún…
Gustav llegó hacía las una de la tarde a la enfermería. Se le veía sudoroso y su capa tenía varias manchas de una poción verde oscura en la delantera. Apenas había entrado a la habitación cuando la anciana salió al pasillo.
-Aquí esta tu segunda dosis. Con eso estarás como nueva- dijo sonriéndole maliciosamente. La chica contempló horrorizada su segundo vaso de la repugnante poción (la cual dudaba que funcionase, porque estaba igual de decaída que antes) cuya consistencia idéntica a la sangre no la hacías sentirse mucho mejor. Apenas sintió como la poción se adentraba en su garganta se puso de pie rápidamente y salió al camino de Gustav.
-Traje tus cosas-dijo sonriendo
-Que bueno porque ya nos vamos- dijo saliendo lo más rápido posible de la sala.
-No te ves mucho mejor, ¿verdad?
-Esa mujer tiene tanto de enfermera como yo de muggle. No tengo ganas de comer, si lo hago te aseguro que vomitaré
-Dale, no te preocupes. Te conseguí enfermero.
-¡Hey! ¡¿Qué te pasa, yo no necesito enfermero?!- gritó alarmada la chica mirando el sonriente rostro de su amigo.
-¡Sólo mientras como! Además se ofreció voluntariamente- dijo señalando hacia la puerta de la sala común donde Davor la esperaba.
-Esta bien- dijo algo cohibida- No te demores, estoy impaciente por la clase de Necromancia.
-Ah, por cierto. Hoy preparamos la poción para encoger. El profesor Nevak dijo que tenías hasta la tarde para entregarle tu muestra o te pondría un cero- dijo bajando las escaleras hacía el comedor.
Davor entró con ella a la poco concurrida sala común. La mayoría de los estudiantes estaba en el comedor o en la biblioteca. Se sentó frente a la chimenea que daba unas pequeñas llamaradas que agradeció sinceramente. No se había percatado del frío que tenía. Debía ser por la pérdida de sangre que había sufrido. Comenzaba a dormirse cuando escuchó unos gritos.
-¡Sangre pura derramada en mis aulas! ¡Esto es intolerable! ¡No lo voy a permitir!- la voz de Verioska resonaba por todas las murallas de la habitación. Parecía que peleaba con alguien- ¡Sangre de la más antigua familia de sangre pura! ¡No lo permitiré!
-¡Y yo no permitiré que expulses a una de mis descendientes por que se da la gana!- gritaba sin duda alguna, Ravdor Kodovich, desde otro lugar.
-¡Entonces no lo vuelvas a permitir! Si no fuera por…- y los gritos se detuvieron. Verioska había aparecido en su cuadro y callado inmediatamente al verla sentada- Mi pequeña niña… ¿estás bien?
Angelina que apenas podía mantenerse despierta asintió levemente, pero lamentó haberlo hecho. La cabeza volvió a retumbarle.
-El profesor Nevak te traerá la poción que necesitas, querida. Y el profesor Karkarov quiere verte en su despacho apenas te sientas mejor- la bruja se sentía realmente alarmada por el estado de Angelina, y al ver que esta solo asentía no se sintió mejor- Señor Djokovic, trate de arreglarle lo mas que pueda la nariz. Y acompáñela hasta el cementerio.
-Si profesora- escucharon los pasos alejarse y Davor se acercó a la chica. Con sumo cuidado quitó los vendajes que cubrían su rostro. La anciana había reparado el hueso pero este se había reubicado mal y la nariz estaba completamente hinchada.
-Soy pésimo en pociones, pero transformaciones de me da de las mil maravillas. Creo que lo dejaré mucho mejor- dijo con su voz varonil. Dio unos toques a la inflamada nariz de la chica y esta comenzó a sentirse mejor. El dolor de cabeza disminuyó notablemente y su visión mejoro, al menos ya no daba todo vueltas.
-Gracias- dijo con un leve suspiro de agradecimiento, y cayó abatida por el cansancio.
Despertó dos horas después. Davor seguía a su lado, y le dio la impresión de que no había dejado de hacerlo ni un instante. Un vaso humeante estaba frente suyo.
-El profesor la trajo hace poco. Dijo que con esto será suficiente.
La chica se enderezó en el mullido sillón y bebió de la poción, que claramente estaba hecha a la perfección. Sintió como el calor regreso a sus mejillas, y como el dolor desaparecía. Su ánimo volvió súbitamente, y se reprimió a sí misma por ser tan débil.
-También dijo que te pedía mil disculpas… nunca pensó que fuera tanta la presión del libro. Debe haber sido uno muy grande, ¿verdad?
-Mas o menos- dijo la chica levantándose- Iré a buscar mis cosas
-¿Segura que no quieres descansar un rato mas?
-No, gracias. Estoy mucho mejor. No quiero perderme esta clase- y a los cinco minutos salían a los fríos terrenos del colegio.
El cementerio quedaba al costado este del castillo, una masa de manchitas rojizas se dirigían hacía el lugar donde cientos de lápidas cubierta de nieve, y a la entrada del cementerio la imponente figura de la profesora Rimsky los esperaba. A sus pies había un pequeño saco. Natasha ya se encontraba allí con un grupito de amigos cuando Angelina alcanzó a Gustav.
-Ahora si se te ves repuesta- respondió alegremente al ver llegar a la chica. Dmitri quien la había llevado hasta allí se despidió de ambos y regreso al castillo. Ellos caminaron hasta la profesora evitando la cercanía visual con ella, y escucharon entre el silbido del viento su dura voz:
-La Necromancia es un viaje hacia los recuerdos de los muertos. Un viaje peligrosísimo que requiere de un poder mental importante. Los recuerdos de los magos, al morir, toman consistencia tangible, y se convierten en una barrera para el alma que resguardan. Quizás ninguno se haya enfrentado a la muerte tan cruelmente como lo harán ahora, y espero sean lo suficientemente fuertes para soportarlo. He traído estas mascarillas hechizadas con un encantamiento para evitar que el olor a putrefacción los desconcentre. Primero, antes de entrar al cementerio quiero que practiquemos un hechizo que evitará posibles desastres. Deben recordar en todo instante que las almas a las que protegen esos recuerdo que intentamos extraer son almas que quieren volver a la vida, y no les interesaría tener que entrar a sus cuerpos si pudiesen. Quiero que saquen sus varitas por favor. El encantamiento que haremos es el encantamiento escudo mental, que evitará que algunos de los recuerdos mas terribles de la gente que está enterrada aquí se apodere de ustedes. Pongan atención al movimiento que haré y repitan después de mi: Clausum mens- la mujer al decir eso hizo el mismo movimiento que hubiese hecho un espadachín para acabar a su contrincante. Tomó con decisión su varita y la enterró en el espacio. Al momento siguiente los alumnos repetían el hechizo en voz alta. Varios bajaron la varita con los ojos en blanco, inmóviles- Eso es. Comprenderán que la única manera de librarse de estos abrumadores pensamientos es no dejando espacio para ellos. El hechizo procura bloquear su mente, despojarlos temporalmente de sus sueños, ideas, ilusiones, para que no puedan alojarse otros en ustedes.
Se percibía el terror en cada uno de ellos. Angelina desesperada intentaba entender la razón de que les enseñasen algo tan nefasto a niños tan pequeños, pero no había respuestas. A su lado Gustav comenzaba a palidecer. Y no era el único.
La bruja les sonrió con malicia y les indicó la verja que en ese momento con un sonido rechinante se abrió de par en par.
-Adelante. Trabajaremos en el patio número uno. Al fondo del camino principal, a la izquierda- gritó tras la masa de alumnos que vacilantes, avanzaban por el desierto camino.
El patio en el que se encontraban era mucho mas ameno que los otros. Habían unas pocas flores, y el ambiente era menos tenso, pero al saber la razón se aterraron. Decenas de pequeñas tumbas se alzaban frente a sus ojos. Era un patio de niños.
-Agrúpense por parejas, y elijan cada uno una tumba. En la página número 10 de su libro podrán encontrar las instrucciones de la apertura de tumbas de niños hasta los cinco años. Recuerden sacar sus mascarillas de la bolsa antes de comenzar. El objetivo de hoy es que me describan el motivo de la muerte de cada uno de los niños que están aquí. Me entregarán el informe al acabar. Por el día de hoy podrán escoger sus compañeros de trabajo. Pueden comenzar.
Gustav y Angelina caminaron abrumados hasta la tumba más lejana. Era pequeñísima, estaba sobre un pedestal dorado, y cubierta con un arco del mismo color. Los chicos se sentaron a los pies de la tumba y leyeron:
"Menor no identificado. Muerto en 1962"
Abrieron el libro y leyeron detalladamente las páginas referentes al tema. A Gustav le comenzaban a sudar las manos, y comenzaba tambalearse de vez en cuando. Angelina se armó de fuerza ante el terror que le producía la situación y se puso de pie. Dispuso la mascarilla en su rostro procurando que tapase su nariz y boca por completo, y exclamó:
-¡Apertum!- y sin proponérselo bajó inmediatamente la varita, un ruido llegaba a sus oídos y hacía que las lágrimas cayesen por sus mejillas. A su lado, Gustav, que había acomodado su mascarilla segundos antes de que la tumba se abriese, apuntó hacia las volutas de humo plateado que se arremolinaban ante ellos. Un llanto estruendoso se escuchaba alrededor de la niebla que se habían formado ante ellos. Un bebé lloraba con toda la fuera de sus pequeños pulmones, era tal la tristeza del ser que Angelina no pudo evitar llorar con el, vio al niño, entre la niebla, su rostro demacrado, su piel devastada, su cabello rojizo formando un cojincillo bajo su cabeza, sus ojos castaños la miraban… ¿la miraban? De pronto sintió como esa mirada la absorbía, se dirigía a ella, consumiéndola. Gustav había caído al suelo, tenía la varita en alto peo parecía luchar con algo terriblemente doloroso. Ante ella las nebulosas imágenes tomaron formas… oyó más gritos ahora una mujer gritaba, alguien le hacía daño. No era miedo, era dolor el que sentía. El dolor de la mujer pasó a ser suyo, algo enterraba miles de agujas en su cuerpo, sus gritos atronadores sacaron del supor a Gustav quién gritó:- ¡Clausum mens!- Angelina vio con terror a una mujer en el suelo siendo torturada, un bebé pequeño lloraba en su cuna. Luego un rayo morado, relampagueante cruzó la habitación. Aparecieron dos enormes líneas de sangre en el cuerpecillo del bebé. Estas se abrieron de par en par y el niño de desangró por completo. A su lado Gustav derramaba sendas lágrimas. Entonces supo porque. La realidad que estaba observando no eran mas que recueros. En las manos de Gustav un bebé sangrante descansaba, por fin. Los ojos castaños del niño se cerraron y una sonrisa apareció en su rostro. Angelina temblando murmuró: ¡Stupefy!- y las manchas desaparecieron de su piel y sus ropajes. Los dos chicos dejaron el cuerpo en su tumba y la sellaron.
Gustav tomó un pergamino y comenzó a escribir. Su amiga, por otro lado seguía junto a la tumba. El chico la tomó del brazo con una mano fría, y la llevó a la entrada del cementerio donde la mayoría de los alumnos comenzaban a juntarse. Algunos lloriqueaban por lo bajo aferrados a sus bolsos, otros parecían idos y algunas chicas estaban al borde del desmayo. La única que parecía no sentir nada era Natasha a quien la parecía indignante la actitud de sus compañeros de clase. La profesora le sonrió con satisfacción a la chica quién se había acercado sigilosamente hasta donde se encontraba.
-Bien, espero que hayan escrito todo su informe. Quiero que me hagan además un resumen del capítulo número uno del libro "Los muertos vivientes" y una redacción de medio metro sobre el poder de los pensamientos, ideas y recuerdos de los muertos. El que no me entregue los trabajos la próxima clase, tendrá un castigo de dos semanas. Buenas tardes- y al decir esto un denso humo negro la atrapo y desapareció.
Espantados por la terrible clase que habían tenido caminaron lentamente hacia el castillo, con toda la pesadumbre de haber visto la muerte frente a sus ojos. La escalera principal ascendía sin fin, mientras que los alumnos de primero subían por ella. Los de Apakov doblaron a la izquierda en el tercer piso, mientras que los de Rapbah continuaron hasta el séptimo piso. Cuando salieron de la escalera principal para tomar el pasillo que los llevaba hacia su sala común oyeron una voz fría y languidecente a través de los muros.
-Creí haberte dicho, mocosa, que el señor director te esperaba en su oficina- Ravdor le sonreía maliciosamente desde el cuadro de un buey degollado que estaba frente a ella.
-Per…perdón señor lo había olvidado
-Que nunca más se te olvide lo que diga mi amada esposa ni menos aun mis órdenes. El despacho el director esta en el noveno piso, en el ala oeste- la mirada de odio que les lanzó a ambos chicos no les dejó reclamo. Su capa azulada brilló unos instantes antes de desaparecer por la orilla del cuadro.
-Si no ve voy ahora no quiero ni pensar en el castigo que me dará. Me basta y me sobra con el de Nevak. ¡Nos vemos más tarde!-dijo Angelina corriendo por las escaleras hasta llegar al noveno piso.
Le dio la vaga impresión de que esa ala del castillo estaba vacía, pues no había puertas ni ventanas ni nada. Continuó caminando lo más lento que pudo hasta que su pie izquierdo chocó con algo invisible provocándole un intenso dolor. Quejándose en voz alta, su espalda se apoyó en el vacío.. y no cayó. Escuchó en la profundidad del pasillo una puerta abriéndose, pero no existía tal puerta… o eso suponía. De la nada un hombre de cabello canoso y mandíbula cuadrada surgió ante ella.
-Señorita Zukov… adelante- y una sonrisa maliciosa se dibujo en su rostro. La barba que poblaba su mandíbula se levanto al sonreír, y el con un gesto amable le indico el interior de la habitación.
