Partitura de amor fantasma

Notas:

A decir verdad jamás esperé que recibiría tantos comentarios en el primer capítulo, eso me dejó muy emocionada, y estoy un poco nerviosa por que no sé si este estará al mismo nivel del anterior.

Simplemente les dejo este capítulo, y les aviso desde ya que el otro fick a actualizar será el de treinta y así iré retomando, que eh sido muy irresponsable.

¡Gomen-ne!. –Se tira al piso-

Nota II:

A los que se fijaron en mi prophile, (bueno, los que se dan la lata de leer las cosas que escribo allí claro), he creado un blog donde respondo sus comentario, debido a que f.f se cae o me corta los mails.

Espero se pasen un rato para ver sus respuestas.

Gracias a todos los que me comentaron en el capítulo anterior.


-Capítulo II-

"Aquella desesperación"

-Ciudad de Tokio, nueve horas antes-

-¡Látigo de rosa!-

Corrió lo más rápido que pudo, intentando defenderse de las golpizas que le propinaba el demonio de piel blanquecina que estaba atacando la ciudad. El humo de las explosiones consecutivas que ocurrían alrededor de ellos se extendía dando pasos enormes; edificios destruidos, casas quemadas y personas agonizando no eran el mejor panorama para los Tanteis.

-Demonio de mierda- murmuró atacante, esperando que las fauces del monstruo volviesen a abrirse para arrojar una semilla demoníaca roja de sus dedos. Si la planta crecía dentro de su cuerpo, absorbería toda la sangre que circulaba en esas malditas venas, y así el inhóspito, y putrefacto corazón que supuestamente ese ser tenía se detendría; dando vida a una preciosa flor de loto.

De inmediato, llamaradas de aire caliente le atravesaron la piel, Hiei estaba elevando a un nivel terrible su poder espiritual, y tal parecía que ya se había cansado de esperar a que él terminase de actuar de carnada.

-Espera un minuto más- le dijo al demonio de fuego por medio de telepatía, pues, como siempre imaginó, el pelinegro podía leerle muy bien la mente y no hacia falta que moviese sus labios para que le captase la idea.

-Si te demoras más baka kitsune me adelantaré-

-¿Qué?, ¿no confías en mi?-le preguntó pícaramente

-Hn, odio cuando te pones a jugar con tu oponente-

-Pero no te quejas cuando "juego" contigo-

Leve sonrojo

-Maldito Zorro-

Enseguida el kitsuneinhaló una gran cantidad de aire, mientras las gotas de lluvia le mojaban la cabellera rojiza, se llevó sus yemas al rostro tirando unos mechones húmedos por sobre su visual; la luna estaba expectante sobre ellos, en aquel cielo nocturno sin una mísera estrella.

Tokio nunca se había visto tan lúgubre antes, pero ese monstruo había conseguido convertirlo en el mismo infierno, y sólo le había costado unos cuantos ataques en contra de ellos.

¡Vaya misión estúpida!, si hubieran sabido que por la muerte de un humano destruirían media ciudad ni locos volvían a obedecer esta orden de Koedma.

-Vaya bebé idiota-

-Pienso lo mismo-

En ese momento, experimentó como el cuerpo comenzaba a dolerle de un momento a otro, como si sus piernas estuviesen siendo jaladas por unas largas uñas, mientras unos filosos y mortíferos colmillos le atravesaban la piel. Oh si, el dolor se intensificó como una balacera que le atravesó el corazón.

-¡Baka Kitsune esquiva sus ataques!-

-¡Si me dejaras pensar no estaría en esta situación Hiei!-

-Ya, ¡te dejo!, ¡piensa todo lo que quieras!-

-¡Guarda silencio, debo concentrarme!-

-¡A mí nadie me calla!-

-¡Pues te callaré Yo!

-¡Baka kitsune mediocre mira al frente!, ¿acaso debo de enseñarte como se pelea?-

-Vete al diablo Hiei!-

-Tu vete al diablo-

Muy bien, jamás le gritaba al pelinegro, pero no podía poner atención al monstruo y a él al mismo tiempo.

Luego hablaría con él para disculparse.

-¡Diablos!-gritó cuando otro ataque le llegó, hiriendo parte de su pecho, rompiendo su camiseta.

La sangre de la herida comenzó a brotar rápidamente.

Quizás moriría por culpa de unos cuantos ataques.

Vaya ridiculez, él, Kurama Minamino y Youko Kurama al mismo tiempo morirían de la manera más vergonzosa que existía en el mundo del makai.

Gracias a unos miserables colmillos, desangrándose seguramente en medio de aquel destruido pavimento; oh si, seguro, cuando su cuerpo dejase de respirar y su corazón de latir estaría nadando en el mundo de Edma-sama, recibiendo uno que otro "sermón" por dejarse vencer tan patéticamente.

Sintió frío…

Ya podía imaginarse como se reiría el pelinegro de él.

-No lo permitiré- se dijo, esquivando las garras del demonio, protegiendo al mismo tiempo con su látigo calado de espinas su torso y parte de sus pómulos.

Algo, en su interior le dijo que las cosas no estaban saliendo de acuerdo a como ellos tenían planeado.

Ese pensamiento no lo dejaba tranquilo y era peor saber que detrás de él estaba Hiei, esperando el momento acordado para atacarle.

Esa había sido la idea.

Kurama era la carnada, el monstruo el objetivo de Hiei.

Pero las cosas nunca se pueden preveer, y de eso se había encargado de enseñarle su mente.

Y de la peor manera

-¡Te mataré a ti primero!- cuando la voz de ese monstruo le atravesó los oídos, algo hizo cortocircuito en su cerebro, y las imágenes que le siguieron a continuación se vislumbraron en cámara lenta, minuto a minuto a través de sus ojos verdes, sin saber como debía de reaccionar.

Ni como actuar…

El monstruo no estaba atacándolo a él.

No…

Las garras afiladas e incrustadas con mortífero veneno no estaban apuntando a él.

-¡Hiei!- recordó como su mente se quedó en blanco, cuando el veneno estuvo apunto de atravesar la piel del pelinegro.

En ese momento…no pudo pensar en acciones coherentes.

-Daré mi vida por protegerlo-

Lo ultimo que recordó fue la fracción de segundo en que su cuerpo quedo encima del oji-carmín, que sonrió para no preocuparlo, que respiró lo más rápido y profundo que pudo para que el dolor no fuera tan martirizante.

Pero…la mirada del pelinegro lo dejó perplejo…

-¡Kurama!-

Voz confusa gatillada por sus cuerdas vocales…

Vislumbró como un sin número de emociones se colaban por los rojizos orbes de Hiei y como las manos le comenzaron a temblar.

El frió que le caló el corazón fue lo suficientemente potente como para hacerlo gemir de dolor, provocando que los ojos del pelinegro se abrieran de par en par cada segundo que transcurría.

-¿Estás… bien Hiei?-ojala hubiese podido decir lo mismo de él, pero el cuerpo poco a poco le pesaba y no tenía fuerzas para seguir manteniendo los ojos abiertos.

-Te quiero Hiei-

-Kurama Yo...- sin embargo, cuando quiso escuchar la última frase del pelinegro su mente cayó en la inconciencia.

O eso creyó él…

Experimentó como algo intangible lo arrastraba en medio de la nada, mientras le sudaban las manos y sus labios sufrían de espasmos contraídos y acelerados.

Estuvo seguro que cuando abriese sus ojos, todo sería un mal sueño; de esos que te dejan con un sabor amargo en la boca.

El monstruo, Hiei…

Pero, no fue capaz de abrirlos, y no supo determinar cuando tiempo exactamente estuvo luchando por reaccionar.

-Despierta-

Una voz extraña le habló dentro de su cabeza, gruesa y fría como el hielo que nacía en invierno; calándole los huesos y parte de su corazón.

-¿Dónde estoy?-

-Eso no importa, es lo de menos-

Ahora que se daba cuenta, estaba tirado en el suelo, contemplando como Yusuke y Kuwabara intentaban defenderse del demonio, pero…Hiei no estaba peleando

-¿Qué pasa?-

El carmín estaba sosteniendo con sus manos su frente, murmurando pequeñas frases que fueron ilegibles para él. Mordía, mordía sus labios arrancándose la piel, mientras pequeños hilitos de sangre le caían por el labio inferior.

Esa imagen no le gustó para nada.

Fue peor cuando descendió la mirada, y se dio cuenta de que el pelinegro estaba tirado sobre el suelo, con las rodillas presionando la tierra; temblando, arañándose de vez en cuando con sus propias uñas los brazos desnudos.

-Fue tú culpa…-

Esa voz la distinguiría perfectamente, pero…pero es que oír como Hiei se auto agredía le partía el corazón.

-Debiste atacar al monstruo…míralo, ahora esta herido, y todo por tu culpa, por tu maldito orgullo…-

Sentir lo que él sentía le atormentaba, y verlo así de débil le partía en pequeños fragmentos que no supo describir, quería abrazarlo, decirle que todo estaba bien, besar sus labios, curar sus heridas…

No soportó verlo así.

-Hiei; ¡estoy bien!–

-No intentes cosas inútiles, no puede oírte- intentó en vano volver a gritarle, pero al parecer el körime no lo escuchaba, ni siquiera levantaba la mirada del suelo.

Las palabras volvieron…

-Eres débil, débil como un maldito humano-

-Hiei…por favor, detente…-

Creyó sentir como unas saladas lágrimas le surcaron la curvatura de los ojos, y como los labios le tiritaron levemente.

-No se levantara, no lo hará, por que no puede hacerlo-

-Yo…-

-Vaya, ¿tanto le afectó?-

Otra voz en su cabeza, la misma que oyó cuando recuperó el sentido. La misma voz que le dijo que de nada servía que intentará calmar al körime en vano.

Odió esa voz

- ¿Quién eres?-

-Digamos que soy algo parecido a lo que es tu amiga la "azulita", pero yo no me llevo las almas al otro lado del río de la muerte, yo les doy una segunda oportunidad…a cambio de un precio-

-Entonces…tú-

-Soy un ángel de la muerte-

-¿Acaso…estoy?-

-Muerto, el veneno te mató instantáneamente, hubieras visto la expresión que puso tu "amante", pobrecito; era para una portada de revista-

Sarcasmo…

-No te "burles" de Hiei-

-No me burlo, sólo te digo la verdad "zorrito"-

-No es posible que este muerto, ¿como estoy viéndolos entonces?, ¡explícate!-

-Por ahora sólo eres un alma-

Silencio…

- Quiero hacer un trato contigo-

Un trato...

-¿Lo quieres tanto como tu corazón me dice?-

Latidos apresurados en la punta de su cerebro…

-¿Acaso lo dudas?-

-Me gusta como dices las cosas-

-Dijiste que puedes evitar la muerte, ¡cómo es eso!-

La voz en su cabeza se rió frenéticamente; pero fue tan extraña que el pelirrojo estuvo seguro que se quedaría sin uso de razón.

Esto debía de ser un mal sueño…

Un sueño del que seguro despertaría, y estaría en casa de la maestra Genkai siendo atendido por Yukina…y estaría recostado en una de las camas, quizás hablando con Hiei de que debía decirle que era su hermano o diciéndole que debía de comer comida ningen, o que el helado no se llama nieve dulce, o quien sabe que.

Pero todo caía en el mismo punto, "estar con Hiei"

-Que lastima que debo "arruinar" tu gran imaginación zorrito, pero estas muerto, acéptalo y te "dolerá" menos, bueno; ¿No te duele nada verdad?-

Sarcasmo…

-Cállate, ¡explícate!-

-Te devolveré tu vida-

Silencio…

Sólo se oía los latidos de su corazón haciéndole de fondo a su respiración agitada.

Los latidos de su pecho eran una partitura de piano fácil de interpretar por la voz en su cabeza; y su respiración eran las notas musicales de una sonata interpretada por las cuerdas de un violín.

Una sensación llamada miedo…

-Te la regreso, a cambio de la esencia de Youko Kurama, no importa el poder que tenga tu amiga, o que seas un subordinado del hijo del rey Edma-sama, nosotros los ángeles de la muerte podemos saltarnos ciertas reglas, y cuando un alma que tiene un gran deseo por vivir llega a nosotros podemos hacer lo que queramos con ella. No estamos obligados a informar de la gente que "muere"; Tu amiga los guía, los lleva a través de ese río suculento de energía vital y les deja para que reciban el castigo que se merecen; dolor, humillación o paz. En cambio…Yo les ofrezco una oportunidad, claro que con algunas modificaciones, pero no son importantes; de hecho, ni siquiera notarías la diferencia. ¿Captas zorrito?-

-¿Qué clase de modificaciones?-

-No tendría gracia que te dijera, yo te ofrezco algo, tú lo tomas o lo dejas, así de simple-

Silencio…

-Entonces zorrito, ¿Qué me dices?-


-Habitación de Hiei Jaganshi, 8:00 a.m.-

- Quédate conmigo - las palabras regresaron a su mente en menos de tres segundos, de inmediato cubrió con una de sus palmas tersas sus ojos carmines para que nadie fuese capaz de ver como se sentía por dentro.

Abandonado... usado...

¿Acaso esta sensación que le atravesaba el pecho y le bajaba por la lengua como un sabor amargo, sin querer hacer nada mas que dormir… no pensar…no sentir, ¿podría tratarse de esa cosa que le había dicho Kurama que pasaban de vez en cuando los seres humanos?

"Síndromes depresivos e incontrolables.

Apretó con fuerza los dedos sobre sus ojos, y al mismo tiempo sobre su cien, los labios se le resecaron…

La misma sensación de angustia le oprimió.

La película siguió rodando dentro de su mente…

¡Por que los sentimientos tenían que ser tan complicados!, primero lo quiere, luego le odia, ahora lo extrañaba...

Dios; ¡no se podía tener tantos cambios de humor en menos de una hora!

¡Maldita sea!

Si no hubiese tenido ese cuaderno en sus manos, habría jurado que se trataba de una broma de mal gusto, y él ahora "no estaba" para malas bromas.

Pero no...

El cuaderno estaba en sus piernas, con las mismas malditas palabras, la tinta china que había aparecido ante su atónita vista, la letra pulcra, limpia y redondeada.

La letra de kurama. . .

Tendría que ser un idiota para no darse cuenta que esa era la forma de escribir del baka kitsune, esa manera cursi de pedir las cosas y detallista eran parte de la maldita esencia que lograba volcarle la cabeza para todas partes.

-Baka kitsune, ¿qué tratabas de decirme?-se preguntó en voz alta, olvidándose del hecho que tenía la puerta de su cuarto medio abierta y que había dejado al kistune a solas cuando le dieron las seis de la mañana. Escuchó los pasos de la maestra Genkai, cruzar por una taza de ese odioso café que le descomponía algunas veces el estómago, ¿cómo podía tomarse cada una hora una taza de ese líquido negro con mal sabor?, había cosas que jamás comprendería del comportamiento de un humano. Pero en ese momento esos meros detalles le importaban una mierda.

Tenia mejores cosas de que preocuparse, como por ejemplo que su cabeza no le estallase por la presión, o que sus manos no estuviesen apunto de tomar su espada y se la arrojase por todo el pecho.

Si…

Eso sería excitante, perfecta combinación de dolor y placer…

Imaginarse el filo de la hoja cruzar por su piel, bajar a través de los brazos y de sus dedos fue algo…que no supo describir.

Quizás la locura ya le tenía como huésped, guiándole con una de sus manos por un sendero blanco sin salida y sin luz como un niño que necesita de uno.

Tan fácil…pasar la cuchilla delineando desde sus hombros, cortando la mitad del brazo ¿o quizás cada uno de sus dedos?...y luego se tiraría en medio de la alcoba en un intento desesperado por desmayarse, o quizás sólo necesitaba arrojarse por la ventana de su cuarto sin oponer resistencia, pues como demonio, aquella caída seria equivalente a ninguna herida.

Y toda su obra de teatro de "quiero morirme, por que soy un idiota depresivo afectado por estúpidos sentimientos humanos" se iría a la mierda.

En ese momento volvió a experimentar un hormigueo en la punta de su cien.

De inmediato, todo pareció darle vueltas, mientras el extraño sabor le volvía hasta la garganta.

Mareado, ¿quizás con fiebre?; y la ventana parecía entreabierta,…a todo esto, ¿Cuándo habían cambiado las cosas de lugar?, ¿o es que las cosas se estaban moviendo en frente de él?

Quizás si, quizás no.

No podía enfocar nada bien, ¡con un demonio!

-Hiei-san-

De inmediato, y sin pensarlo dos veces llevó con fuerza los dedos sobre su cabeza, enterrando sus uñas en medio de la frente, provocando que un pequeño hilito de sangre le bajase por el jagan.

Todo le cambio de color, le dio vueltas al mismo tiempo. Dios, necesitaba que alguien le diese una buena golpiza para caer en la inconciencia, por que este maldito dolor era peor a medida que respiraba.

Escuchaba todo elevado al triple y los colores le estaban dañando los ojos… la luz le molestaba.

No aspiraba bien el aire, creyó que en cualquier minuto caería al piso y se daría con todo en la cara. Diablos, y ahora la voz de su hermana le estaba volviendo loco.

-Habla más bajo- exclamó, pero al parecer la tonta de Yukina no le escuchó ni una mera palabra.

No aguantaría…

No podría evitar desmayarse antes de que ella entrara...

-Voy a pasar Hiei-san-

Se enterró los colmillos sobre la piel de sus labios.

Y para "terminar de fastidiarle" un dolor agudo le atravesó el pecho, al parecer por haberse movido tanto se le había abierto la herida que le habían curado hace unas horas.

-Demonios…¡arg!–

Se sintió tan débil y miserable…

Oh si, como si el dolor y la impotencia que sentía por no haber podido proteger al baka kitsune no fuesen suficientes; no…

-Quédate conmigo-

Al parecen ahora, su Jagan le estaba jugando malas pasadas, si, eso debía de ser, era imposible que esa frase inverosímil haya aparecido de la nada, justo cuando necesitaba una frase de consuelo. Si como no, como si el tuviera un ángel protector o de la guarda o cualquiera de esas cosas extrañas que le hablaba el baka kitsune pelirrojo, hubiese seguido dándole vueltas al asunto, si no hubiese sido por ese maldito dolor de cabeza, y la puerta que se abrió de un momento a otro.

Los ojos carmines de Yukina ya no tenían ese tono tan apacible que a él le gustaba…

La voz de ella ya no era suave para poder dedicarse a escucharla…

Ahora solo servia para atormentarle….

-Negros-

Negros como el manto que se había posado sobre los suyos...

Negro como el tono que había atrapado a su corazón….

¿Por qué todo lo que quería desaparecía sin que él lo pidiera?

Oh, el calor pareció aumentar en toda su cabeza, y ahora los labios le tiritaban levemente.

Frío, calor, sudor….

-Sé que es temprano, Hiei-san, pero te traje algo de comer-

Lamentablemente él no quería visitas…

-Yukina-

Y hace tiempo que no soportaba verla.

-¿Por qué?, ¿por que me enferma verla en este momento?, ¡dios!-

-Te hierve la sangre su manera de ser, acéptalo mi lindo Hi-chan-

La maldita voz regresó para atormentarle…

A veces le hartaba que fuera tan "ella".

Que fuera tan sonriente, tan emotiva, ¡que tuviese tanta confianza en esos estúpidos humanos que solo sabían arruinar las cosas!, ¿Porqué?, pues para empezar si nunca hubiese confiando en uno no estaría en esta situación absurda.

Si nunca hubiese conocido a kurama estaría muy bien, si, seguro estaría robando en el makai disfrutando de una buena pelea, y no lamentándose en un síndrome maniaco depresivo por el que ni siquiera quería salir, ni vestirse, y solo se quedaba tumbado; devorando su baratos sentimientos como una jodida magdalena.

Eso se oía muy bien, lo anotaría más tarde en alguno de los cajones de su mente.

Nota para más tarde: Desear jamás haber conocido al baka kitsune.

Pero como sabemos que las cosas no se dan así como así, tendría que soportar que Yukina le diera la charla de "levántate por que te saldrán hongos en la cabeza", o "afuera hace un día precioso, y así olvidaras los problemas que te están desquiciando y carcomiendo el cerebro", o quien sabe que.

Por ahora la aguantaría

-Hiei-san-, de inmediato giró su vista, no necesitaba verla para saber como se mostrarían sus ojos "rojos", seguro estarían derramando unas cristalinas y saladas lágrimas.

Aunque sabía que no entendería bien la razón de ese llanto.

-Hn-no se dignó a darle la cara, ¡para que hacerlo!, sentía dentro de su pecho un extraño nudo, vergüenza, pena, odio; un montón de sentimientos extraños y confusos colándose en su cabeza, que no era capaz de descifrar cual de todo exactamente era el que sentía. ¿El amor dolía a ese punto de querer suicidarse?, ¿o es que acaso los ataques tenían algo que ver con su manera de ser?

Solo sabía una sola cosa…

Quería que lo dejasen a solas…

-¿Hi-chan?-

-Hn, sólo se abrió la herida-

-Levántate del futón por favor-

-No tengo ganas de hacerlo, y nadie me dice que hacer- sin embargo, no pudo predecir sus movimientos, y para cundo se dio cuenta Yukina ya le había arrancado la manta; posando sobre su pecho una de sus manos para que el poder le llegase hasta cicatrizar cada nervio y hueso lastimado de su cuerpo.

Suspiró arto de toda esa mierda de amabilidad para con él.

¿Por qué nadie podía dejarle hacer lo que él quería?

¿Por que no podían dejarle privacidad para que pudiese desgarrarse la garganta?

-Yukina-

Esa voz….

Cuando ella escuchó como pronunció su nombre un pequeño escalofrío se adueñó de todo su ser, le contempló, sin pestañar, ese tono…

Ese tono no era alegre, ni cruel, ¡no tenía un sólo barato sentimiento impreso en sus palabras!

Se sintió tan vacío…

-Dime Hiei-san- preguntó temerosa, esperando que no dijera alguna de las tantas estupideces que se le colaron en la cabeza.

-¿Podrías borrarme la memoria?-


-Habitación de Kurama Minamino-

-¡Cuidado Hiei!-

No, el no había pedido esto…

Pero por salvarle, no se le había ocurrido otra cosa, ¡que mas podría haber echo!, después de todo jamás creyó que esa voz hablaba en serio; simplemente pensó que se trataba de un sueño que estaba teniendo mientras estaba inconciente.

Pero no… ni siquiera era una de las malas bromas hechas por el idiota de Kuwabara.

Creyó escuchar el sonido de una gota de agua cayendo por sus mejillas, la respiración entrecortada de alguien mientras su aliento le rozaba los oídos, ¿o quizás eran palabras que fluían hasta su paralizada cabeza?

-Ta ru ma-

No quería levantar la mirada del suelo, ¿para que hacerlo?, si la sola imagen de su cuerpo inconciente en una cama le partía el corazón.

Tenia tanto miedo de hacerlo de nuevo, que no se atrevía siquiera a contemplar a la persona que intentaba matar el tiempo hablando con el, y a pesar de todos los intentos por "evitar mirarle o escucharle" no podía quitarse de la cabeza la imagen de Yusuke susurrando para despertarle.

Le dolió….

-Se esta volviendo loco, y todo por tu culpa amigo-

Y justo, cando quería entender lo que el le decía, no lograba conectar las letras.

¡Malditos tartamudeos de yusuke!, ¡y maldito el por haber caído como un verdadero imbécil!

-Este muy mal, jamás pensé que alguna vez lo vería tan depre Kurama-

-El esta muy mal- no tenia que decir su nombre para saber de quien se trataba, no tenia que decirle que era Hiei quien estaba padeciendo el infierno en vida por su culpa.

Ojala pudiese abrazarlo, retenerlo en medio de su cuerpo para poder frotarle la cabellera negra; pero… ¿Cómo lo haría en esta situación?

- Sus ojos no expresan nada Kurama, ¡están vacíos!, ¡vacíos como tu cuerpo inconciente sobre esta mierda de cama!-

-Yusuke…yo-

Y lo que mas le dolía era el hecho de que estaba sentado junto al moreno, jugando ahora con la cadena que le caía por el cuello tersa y mordible, mirándole desde algún punto vació abandonado de la habitación.

No podía hacer nada…

Hiei esta enloqueciendo...

Hiei esta sufriendo por tu culpa…

Quizás su cuerpo estaba inmerso en un gran y oscuro mar, un mundo de color negro, perdido en donde nadie pudiese encontrarle, pero… su alma estaba atada a un lado de la alcoba, vislumbrando los gestos de tantei.

-No eres nada, no vales nada- escuchó una voz familiar dentro de su mente.

-No sigas, por favor…no me digas eso-

-¿Que eres Kurama?-

-Un humano-

-No eres humano-

-¿Qué soy?

-No eres un humano por que no tienes cuerpo-

-Basta-

-No eres un demonio por que no tienes poderes-

-¡Cállate maldita sea!, ¿Por qué me hiciste esto?, yo no te pedí esto-

-Ni siquiera eres un alma….adivina, ¿Qué eres entonces mi querido pelirrojo?-

..No lo sé….

-Nadie escuchara tus ruegos-

--¡Ni humano, ni demonio ni alma; Maldita sea!- gritó, jalándose los cabellos rojizos con una fuerza descomunal.

-Yo…yo…- nadie podía oír sus gemidos, ni contemplar el brillo de sus verdes ojos, ni siquiera lo rosáceo de sus suaves mejillas. Pero… si el no era nada, si no tenia corazón que palpitase dentro de su pecho, ¿la sensación de dolo era real?, ¿las lagrimas que le caian de sus ojos existían o eran una mera ilusión creada por su mente?

¿Estaba soñando acaso?, ¿o enserio estaba mirando a yusuke sacudirle?, ¡por que demonios estaba siendo tan masoquista!

Vaya ironía…

Sentía más angustia que cuando tenía uso de razón…

Sentía más dolor en sus huesos que en su propio cuerpo…

-Hiei…ayúdame…por favor…-

Silencio

-¡Hiei!-

Él no te salvara, ¿lo sabes verdad?-

Claro que lo sabia….pero no iba a admitirlo, no aún.

-Eres un fantasma, mi querido pelirrojo-

La frase se coló por su cerbero, provocando un cortocircuito e sus nervios, logrando que sus manos estallasen fuera de control.

-¡Si te vieras seguro estarías tan molesto como yo!, ¿en que demonios estabas pensando al proteger a Hiei?, él no se hubiese dejado herir por semejante estupidez-

-No estaba pensando en nada…Yusuke…sólo me lance por mero instinto-

-Mientes, amigo mío-

¿En que pensaba?, ¡En que le quería!, nada más, ¡acaso era un pecado sentir eso que sentía por su mejor amigo!

-Creo que es mejor que me vaya, no saco nada con hablarte si no me responderás, al menos podrías dar señales de que estas en ese cuerpo vacío-

Ojala pudiese hacerlo, ¡maldito Yusuke! El no hizo eso por que se le dio la real gana, ¡claro que no!

-Hiei-

No podría intentar besar otra vez a Hiei…

No podría volver a sacarlo de quicio con sus juegos cursis y acaramelados…

-Yusuke, maldita sea, ¡mírame!-

A pesar de que el moreno tenía un alto nivel espiritual y era capaz de sentir el aura de un demonio al parecer no podía verle...

Dios… ¡y ahora más ansiaba abrazar al körime!, pero... ¿cómo?

¿Cómo hacerlo cuando tus manos traspasan todo lo que tocas?, ¿Cómo hablarle si no puede escuchar las palabras que brotan de tu garganta ni tu voz?

¿Como acercársele?, si era probable que al primer intento Hiei creería que era una ilusión creada por su jagan?

-Como una bonita pesadilla-

-O todo lo contrario, mi querido pelirrojo-

-Quédate conmigo-

No era una fantasía creada por su mente…

No… esta pesadilla era tan real como lo era el.

Tan real como la herida que tenía en medio del pecho, y la liana trasparente que le unía a la orilla de esa cama.

Tan real como el miedo que se había colado en su corazón.

-Yusuke-san-levanto la mirada de golpe asustado, cuando contempló como Yukina, ingresaba corriendo hasta el medio de su habitación; agitada con los cabellos alborotados y unas gotas trasparentes de sudor le surcaban en medio de sus mejillas.

No supo si fue bueno o malo, pero el corazón que creyó tener le latió a mil por hora.

Continuará-


Bueno, etto…¿muy largo?, O.O; a mi me gusto , (pero eso es sólo mi humilde opinión); sé que no me he aparecido en casi seis meses, pero ahora tengo una semana de vacas así que intentaré ponerme al día en los cuatro ficks que tengo en esta sección, los demás ficks héteros deberán de esperar por que estoy en mi máximo apogeo con kura-chan y Hi-chan n.n; nada más decirles que el "encuentro tan esperado" ocurre en el tercero así que no desesperen; nos veremos pronto si la u me quiere.

¡Saludos!

Próximo capítulo:

Capítulo III "invisible atracción"

Gracias especialmente a:

Nejito n.n, Nix erii K.; Deby-Kun; Coby-chan; -Himiko-; Kotsu-Koorime-Hiei (me gusta más este nombre amiga n.n ); Andrómeda no sainto; Nejito (wuooo me dejaste dos gracias n.n) y Kuranieves Jaganshi (bienvenida a yu yu hakusho n.n ojala te hagas muy buenos amigos acá n.n, que todos son muy tiernos y apretables n.n)


Toma mi mano ya que los dos somos frágiles e imperfectos….

Estaremos siempre tomados de la mano…

Noches sin estrellas...

...Aunque las quejas puedan cruzar mis labios…

Quiero creer en tu calidez…

-Starless night-

Olivia Inspi