Partitura de amor fantasma
Disclaimer:
Los personajes de YYH no me pertenecen sino que son propiedad de su autor, por mí, me los robaría y los usaría para mis delirios rosados y hieszescos.
Notas:
Con este capítulo, terminó de plantear la trama, y comienzo el Hiei/Kurama de lleno.
Espero les guste, con todo mi amor a quienes leen y siguen el fick.
Gracias, y sólo decir "personita que estas leyendo este fick", recuerda que a mi no me pagan por entretenerte ni inventarte historias de estos personajes, esto lo hago por gusto, pero si quieres darme ánimos a seguir y a sentir que valen la pena mis historias déjame un comentario para saberlo.
Luego de esos avisos publicitarios el capítulo.
-Capítulo III-
"No digas para siempre"
-Habitación de Hiei Jaganshi-
-¿Nieve dulce?-el sonido se escuchaba tan bien viniendo de esos labios, la forma en que dejaba salir de ellos cada letra. Dio un paso hacía delante, sus manos intentaron tomar la cuchara de plata que le acercaba hasta los suyos recién abiertos. Su corazón palpitó velozmente, las venas dentro de su cuerpo llenaron de sangre sus mejillas, la piel fría se le tensó, un calor extraño le descendió por la garganta hasta el pecho.
El cuerpo del kitsune estaba demasiado cerca de él.
-Anda, te manchaste- los dedos del pelirrojo jugando con una servilleta, sintiendo y recorriéndole la piel de su boca.
-Puedo limpiarme solo-
-Lo sé- sonrió, luego, una mirada picara le recorrió. Los ojos verdes de Kurama contemplaron directo sobre sus ojos rojizos.
-Se me antojo probar ese chocolate- acto seguido esos labios presionaron los suyos, y por inercia corrió el rostro con una velocidad abrasadora. Miró el suelo, y no pudo evitar sentirse un estúpido por no prever aquel movimiento por parte de ese ningen.
Se sonrojo sin querer.
-Baka…-
Otra imagen le invadió….
-Hiei, ¿qué haces durmiendo afuera?-
-Hn-
-Esta lloviendo, ven, te vas a resfriar-
Ahora los ojos le miraron, gemas verdosas descendiendo por su rostro, pestañas negras largas cerrándose y abriéndose de un momento a otro.
-Me gusta estar afuera baka kitsune- las gotas de lluvia surcando su frente, el frío de la noche palpando y penetrando su cansada piel, aquellas hojas de los árboles mojados se sentían tan reales…
Y la voz de él se escuchaba tan real…
-Ten-
-¿Qué es esto baka kitsune?-
-Un chaleco-
-Sé que es un chaleco, mi pregunta es por que tiene mi nombre-
-Por que te lo quería dar-
Manos temblando, voz apagándose de un momento a otro, gotas de sudor bajando por sus pómulos, un calor agobiante le estaba destruyendo los pulmones.
Si, lo oía, y lo sentía.
Y todo era tan real…
Y él sabía que no lo era, sabía que no estaba en el árbol de cerezo frente a su ventana, que su mente deliraba a causa de una maldita y horrible fiebre, que sus manos temblaban sin poder evitarlo, que su mirada estaba fija desde hace dos horas en el mismo punto de la blanca habitación.
Y aunque quisiese no podía volver a la realidad y no tenía intenciones siquiera de intentarlo.
Pestañó por inercia, como una marioneta guiada por transparentes y largas cuerdas.
La luna estaba tan brillante y sus ojos no se despegaban de ella.
Hechizado, condenado…volviéndose loco cada segundo que transcurría.
-Enano, ¿estas despierto?- las voces no significaban nada, los colores no significaban nada.
Si no eran los de él.
Si no era la voz de Kurama la que oía…
Si no era el color de sus ojos los que veía…
-¿Estas seguro que no quieres decirle que eres su hermano?-
-Hn, ¿Tendría caso hacerlo?-
-Quien sabe-
Imágenes saltando por su cabeza, jugando con su cerebro.
Se sentía triste, y no sabía que era…
Se sentía vacío, y no sabía que era…
Vacío, un sentimiento tan grande como la alegría que tenía cuando estaba con el kitsune.
No sabía diferenciar que eran esos sentimientos, no sabía diferenciar la realidad de los sueños. Pero estaba seguro que la cabeza le explotaría de un momento a otro.
Y como dolía…
Se sentía herido por dentro, lastimado por algo intangible e imborrable de su memoria, cuya única cura no era digno de recibir.
Amor…
Tan simple y pequeño como eso…amor
Y había jurado jamás enamorarse de alguien, y había terminado atándose a la presencia del madito kitsune.
Por que era débil…
Por que no conocía nada más que el calor que brotaba cuando él le hablaba…
Por que no sabía describir lo que sentía cuando él le sonreía…
Y Yukina le había negado lo único que podría haberle salvado de esa espesa bruma en la que ahora se encontraba su mente, delirando en memorias pasadas por unas muestras de afecto de ese kitsune pelirrojo.
Pero no lloraría…
-Enano, yo…¿podrías al menos abrir la puerta?, Genkai dice que Koedma encontró un grupo de personas que fueron atacado de manera similar al del demonio que atacó a Kurama-
Yukina no quiso borrarle la memoria, no quiso quitarle el dolor que estaba incrustado en medio de su pecho, no, no era su pecho…era su corazón.
-¿Qué es este sabor?- se preguntó, miró una de sus manos lentamente, memorizando las líneas de sus palmas y sus muñecas.
Miró la forma de sus brazos, la cuchilla de su espada bajo la cama que brillaba mordazmente, y no dudo un segundo en tomarla.
No quería sentir más eso que sentían los humanos...
No quería admitir que tenía un corazón palpitando por alguien…
-No puedo…no puedo hacer eso Hiei-san, yo, yo…- y las lágrimas de Yukina regresaron a su mente, ¡la maldita de su hermana regresó a su mente!
-Perdóname Hiei-san, pero no quiero hacerlo, yo creo que es mejor que llame a la maestra Genkai…-
Suspiró…
Su visual recayó una vez más en la cuchilla.
Ya no se atormentaría más por ello…
Le deslizó arrancándola con delicadeza, adquirida por su habilidad con ella en los combates, la funda cayó al suelo, la contempló unos minutos, filosa. Acto seguido la colocó sobre su muñeca izquierda, y tan sólo con rozarla, abrió una herida en su piel.
El color se grabó en su cabeza, el olor se quedo en sus fosas nasales…
Cerró telepáticamente la puerta con un sello, sabiendo que pasarían sus buenas horas intentando abrirla para cuando se percataran de que algo no estaba bien.
Sonrió autómata, porque para suerte suya no había nadie en el cuarto que pudiese detenerlo.
-Habitación de Kurama Minamino-
-¿Qué…dijiste Yukina?- la voz de Yusuke retumbó en sus tímpanos, la misma pregunta pronunciada dos veces, y creyó temblar, en su cuerpo inexistente miles de espasmos parecieron adueñarse de él, sabía que no sentiría nada de todas formas, pero…
-Yo, yo le dije que no quería Yusuke, por favor…no quiero…me duele verlo así, a él, a él no…- y las lágrimas en sus ojos no le dejaban tranquilo, quemaban en su piel como si le llegasen miles de balazos.
-Es más complicado de lo creí-exclamó el tantei, y de inmediato se levantó de la silla. Tomándole de los hombros recorrió con una delicadeza impropia sus pómulos, entonces, levemente le hizo mirarle, con sus ojos rojizos bañados en lágrimas.
-Yo no se lo he dicho a nadie…pero…es que-
-Yukina- el otro le miró, un frío extraño le caló a la niña, bajándole por la punta de la cien hasta sus piernas.
Volvió a quemarle.
-¿Lo sabes verdad?-
Kurama contempló como ella se quedaba en silencio, Yusuke le miró y ella levemente bajó la vista al suelo, dándole al otro a entender que no se necesitaban de palabras estúpidas para afirmar lo que él estaba pensando.
-No puedo imaginarme como te sientes, quisiera mentirte pero no puedo-
Otra vez se hizo un incomodo silencio…
-Hiei-exclamó el pelirrojo, entre cerrando las gemas verdosas y mordiéndose la punta de los labios.
Y sabía que era su maldita culpa pero…
-No digas para siempre, kitsune-
De la nada un dolor extraño le apuñaló el estomago, sintió miles de rasguños adueñarse de si, como si de un minuto para el otro su cuerpo se hubiese vuelto muy pesado, enseguida imágenes saltadas comenzaron a apoderarse de su mente.
Dolió, pero no supo por que…
-Me gusta estar afuera kurama-
No sabía que era, sentía estar perdiendo algo, le dolía, quemaba en su corazón, vacío y abandonado.
Como si estuviese olvidando algo…
Lloró y no supo por que lo hizo.
-¿Por que no te quedas callado baka kitsune?-
-Por que me gusta hacerte rabiar-
-Eres tan raro-
Aquella sensación…
-Hiei, ¿dame un beso?-
-Idiota-
Aquel sentimiento…
-¿Qué es esto?-se preguntó, a pesar de que sabía que ninguno de los presentes podía escucharle, llevó sus manos hasta su cabeza, jalando las hebras rojizas de su cabello con una fuerza descomunal
Y de la nada, la imagen de Hiei lastimándose penetró todo su cerebro, las facciones masculinas cansadas y faltas de sueño.
Las manos blancas temblando…
La boca pequeña y rosácea murmurándole algo que no podía escuchar…
-No entiendo, ¿qué?-
-Te quiero-
-Yo también-
Y lo supo, un flash de sensaciones en medio de su corazón.
Aquello le dio miedo…
-No, por favor…-
Y lo peor era que el otro no podría verle, que el otro no lo sentiría, escucharía o miraría si quiera.
-Es lo mejor, baka kitsune-
Ese susurro…
Y allí atado en la mitad de la cama no podía más que acercarse a Yusuke o a la tonta de Yukina, y ellos no se movían de allí, ¡no sentían lo que él estaba sintiendo!, ¡no veían lo que él estaba viendo maldita sea!.
-El espejo-
El shinigami….
-Aparécete en el espejo mi querido pelirrojo- quedo quieto, vislumbrando una imagen destellante de Hiei y el intentando tomarse una fotografía, entonces, esa voz pareció regresarlo a la realidad, sacarlo de esa negrura en la que había caído sin pedirlo.
-Hazlo, si no…-
-Si no que-
-Me lo llevaré conmigo-
Volvió a quemar…
-Esta delirando por una fiebre, y ninguno de tus inútiles amigos se ha dado cuenta-
-¿Cómo lo hago?, ¡estoy atado a esta cama!-
-Imagínalo...¿Eres un fantasma no?-
-Imaginar…¿Qué demonios se supone que lograré con eso?-
-Aún te falta experiencia…para poder tocarle, ¿sabes?
-¿Qué…estas?-
-Si tuvieses…la suficiente experiencia, si tuvieses el suficiente valor, podrías incluso acariciarle el cabello por la noche cuando lo atormentan esas pesadillas, pero por ahora solo podrías hablarle al oído, con eso bastaría…-
Silencio
-Enloquecerá y será mío amor-
-Eso no-
-Y tú tienes la culpa-
-Ya lo sé-
-Quiere olvidarse de ti, mi querido pelirrojito-
-Cállate-
-Por ahora, soy yo lo que tú necesitas, aunque eso no te agrade-
-Esta bien, pero…si no juegas limpió yo tampoco lo haré-
-De eso no te preocupes, deberías preocuparte de otra cosa-
-¿De que estas hablando?-
-No tengo el tiempo ni las ganas de decírtelo zorrito-
-Yo tampoco de discutir contigo-
En ese momento cerró sus ojos de golpe, entonces sintió un calor abrumante en medio de su cuerpo, miles de gotas de sudor bañarle la piel de su frente, como sus mejillas se llenaban de carmín, latidos apresurados que no dejaban de sonar, y vislumbró, unas manos blancas sudando, sosteniendo una cuchilla encima de lo que él supo era un cuello.
Y luego quedo mirando los ojos, rojizos sin vida sobre la puerta, respirando aceleradamente mientras pasaba su lengua por los labios secos.
Y le escuchó, dos frases que le partieron el corazón.
-No quiero sentir-
Se quedó en silencio sin poder respirar, y cada segundo el aire se volvía gélido.
-No sé amar-
-¡Hiei!-
-Ya no…-
-¿Qué puedo hacer?-
-No dolerá pelirrojito, pero si no lo haces será muy tarde para él- y justo, cuando quiso escuchar la última frase, sintió como si se hubiese desvanecido, una por una de las imágenes comenzaron a asfixiarle.
-Imagínate con él-
Respiró
-Estoy con Hiei, en mi casa, al lado del árbol de cerezo- una luz cegadora que se adueñó de él.
-Con él mirando una película, comiendo helado, peleando en un torneo-
-Sigue, tienes que hacer que tu voz se oiga más fuerte-
-Sólo con él-
-Sólo Hiei-
En ese momento no escuchó más que el latir de un corazón, y el sonido de una cuchilla rompiendo el aire.
-Salón de Genkai-
Prendió las luces, sus manos jalaron una parte de su chaqueta y la bufanda que solía llevar consigo, el chupete de su boca yacía en medio del piso del salón, un calor asfixiante le estaba calando los huesos. Extraño, normalmente esos pequeños gestos del mundo humano no solían importunarle, pero, estando en un cuerpo como el suyo incluso la tenue luz de los faroles de la gran casa de la maestra Genkai, parecían lastimarle la piel.
Estaba muerto, y lo sabía.
-Me va a matar- pensó, cuando los ojos de Yusuke se posaron sobre los suyos.
Y si no estaba muerto, entonces Yusuke cumpliría ese presentimiento, y eso, también lo sabía.
Palpó la textura de las hojas amarillas que se había traído del mundo espiritual, la tinta china que se había corrido un poco de ellas debido a la lluvia, el aroma del café sobre la mesa del centro de la sala, y levemente, bajando la mirada, tomó la pequeña taza dejando que sus labios saborearan el contenido de este.
-¿Y bien Koedma?-
Dejó la tasa sobre la mesa, rodó los ojos, ¡no tenía idea de cómo responder a eso!
-Tres días-exclamó, volvió a tomar las hojas, y con una pluma de su bolsillo, comenzó a dibujar cosas sin sentido en ellas.
-¡Que quiere decir eso Koedma!-el puño de Yusuke sobre la mesa de madera, la tasa cayó rompiéndose en miles de fragmentos, los ojos de Genkai cerrándose, la cara de Kazuma tensada con los músculos de la boca apretados.
El príncipe esparció las hojas por el mueble, miles de fotos de niños, mujeres y algunos demonios estaban en ellas.
-Es simple, en tres días será el próximo eclipse de luna, exactamente hace tres años el mismo demonio escapó del mundo espiritual y mató a casi diez niños tres días antes del eclipse, los archivos muestran que prácticamente les devoró la vida-
-¿Cómo?- Genkai fue la única que habló, el estupor en la cara de Yusuke era leíble hasta para ella, que se hallaba casi cuatro sillas más atrás.
-No sé sabe-
-¡Y te dices príncipe del mundo espiritual!, ¡mira que mandarnos a pelear con eso!-
-Yusuke, nadie esta diciendo que Koedma lo haya soltado a propósito, más vale que guardes silencio o yo misma te haré un reikohadoken-
-Vieja de mierda-
Koedma le miró, no estuvo seguro, si debía revelar toda la información posible, a menos claro que tuviese permiso de Hiei, pero bueno, mejor que todo se fuera a la mierda.
Ya estaba cansado de guardar el secreto de todas formas.
-Apenas me enteré que habían atacado a Kurama comencé a investigar por mi cuenta-fulminó con sus ojos a Yusuke que le miraba como diciendo "si como no"-y para sorpresa mía uno de los niños que fue atacado cayó en coma al igual que Kurama, una semana más tarde la joven que vivía en el edificio donde lo estaban cuidando perdió la razón.
-¿Por qué perdió la razón joven Koedma?-
- Jura que su espejo contiene el fantasma del niño-
-¿Un espejo?-Yusuke le fulminó.
-En esa época, antes de que el demonio escapara, existían además de los tres implementos del mundo espiritual otros tres objetos, un espejo que cortaba las dimensiones, un libro sin función aparente, y una lágrima Hirui.-
-Joven Koedma-
-Dime Botan-
-¿Cómo entró el fantasma al espejo?-
-Es simple, si el espíritu siente un gran sentimiento de tristeza puede controlar las formas, penetra en el espejo y este automáticamente activa a la piedra Hirui, impidiéndole salir de el, sin embargo, la única manera que tiene de volver a su cuerpo o ir al mundo espiritual es que otra persona muera en su lugar-
-¿Y que hace este espejo, además de encerrar muertos y cosas por el estilo?-exclamó Yusuke
-Te transporta a él, quitándote en cada viaje de ida y de vuelta años de vida, es simple, suponte que amas a una persona, y esa persona muere por un accidente, tienes tanto deseo de verle, de escucharle, que no sabes que hacer, y ¡zas!, imagínate que el espejo fuera tuyo y dentro estuviese el espíritu de tu amada, ¿no querrías estar con ella para la eternidad?, ¿poder verla todos los días, noches, hasta que la muerte los separé?-
-…-
-Pero, obviamente todos estos objetos tienen sus trucos-
-¿Cuál es el truco del espejo?, ¿debes de romperlo o algo así?-
-Si rompes el espejo Yusuke la persona muere automáticamente, si trizas el espejo el alma se intercambia con la tuya, en verdad no hay forma de sacar el espíritu de este, por ello es que no es sorpresa para el mundo espiritual que normalmente mueran personas intercambiadas con otras-
-Es decir, ¿Qué podría ser cualquier espejo?-
-Cualquier espejo se activa una vez que el otro objeto lo hace, y te va arrastrando a la locura.-
-Que enfermo-
-Ahora, imagínate que luego de un tiempo la persona se aburre de esperar que su amado salga del espejo, o de que lo revivan o que se yo, en ese momento encuentra otro amor y el fantasma del espejo se queda sólo. Ahora, funde las tuercas Kuwabara; ¿Qué harías?.
-Me repites la pregunta-
-Situación hipotética, eres un muerto encerrado en un pedazo de vidrio, Yukina y tú se ven constantemente a través de el, ¡sólo se ven!, ¡no hay manera de que se toquen, besen o tengan sexo!-
-O sea, estas maldito Kuwabara-
-¡Cállate Urameshi, no es gracioso!-
-Ves como Yukina comienza a dejarte sólo, sale, ya no pasa el tiempo contemplándote o lo que fuese que hicieran, y de un día para el otro se olvida de tu existencia y trae un novio al cuarto, los ves besarse, tocarse, en ese momento te funde el odio y las ganas de ver muerto al sujeto que esta con ella; ¿Qué harías?-
-Lo volvería loco-
-Exacto-
-¡Un segundo!-
-¿Algo que acotar Yusuke?-
-¿Cómo vuelves loco a alguien que esta tras un espejo?, ¡se supone que estas muerto no!, ¡No tienes manera de tocarle!-
-Esa es una de las cosas que no hemos podido averiguar en estos tres años-
-O sea, nos das un puñado de información inservible, ¡genial!-
-¿Qué hay del otro objeto?-
Guardaron silencio, Yukina tomó las hojas amarillas, esperando que el bebé respondiese a su pegunta, ¡el que supuestamente se volvería loco era su hermano!, ¡y el que supuestamente podría estar en un espejo era Kurama!, ¡si ellos tuviesen dos dedos de frente se darían cuenta que se gustaban a leguas!; ¡por que si no fuese por eso Hiei no estaría en esa clase de depresión!; ¡ella era muy tonta en muchas cosas, pero por favor, en estas sólo había que tener ojo!.
-No sabemos la función exacta del libro, pero la piedra Hirui tiene otra función, participa como una barrera protectora que impide que el vivo entre al espejo, separándole del espíritu, ahora; ¿adivinaron el problema?-
-La lágrima Hirui no puede proteger a Hiei, ¿es correcto joven Koedma?-
-Si maestra Genkai-
-¿Y eso a qué se debe?-exclamó Kazuma
Guardó silencio, no debía decirlo, sino Hiei lo molería a golpes y seguro lo mandaría al primer infierno que encontrara, levantó la mirada de los ojos de Yusuke y los topó en los iris carmines de la niña, supo, algo que le hizo temblar de los pies a la cabeza, quizás la forma en que ella movía los labios.
Y justo, cuando pensaba quedarse con la boca cerrada ella habló.
-Puede hablar con libertad Koedma-san-
-¿Estas segura?-
-Totalmente-
Silencio
-Koedma-
-Dime Yusuke-
-Ella ya sabe, no debes preocuparte de que Hiei te rompa el cuello-
Cerró los ojos, de inmediato, el aire caliente que sostenía salió de su boca, apretó los puños en señal de resignación.
-Los demonios de fuego… son catalogados como el antitesis de las mujeres de Hielo, fuego y hielo no se mezclan, no conviven y no sienten lazos afectivos uno por el otro, ahora, existen claro muchas excepciones, cuando ese balance se rompe se crean los himikos, niños nacidos de la sangre mezclada, con adicción a matar-
-Para que les quede claro a todos al ser Hiei un himiko el poder de la lágrima es inservible-
-Podría decirse maestra-
-Ahora, se dice que un himiko genera sus propias lágrimas, negras como su corazón, con un brillo incandescente que refleja la imposibilidad de amar y de ser amado, si un himiko siente amor esas lágrimas generan un campo que protege tanto al himiko como a su pareja, el problema viene cuando alguno de los dos es herido; quítale al himiko su pareja y tiene dos opciones, dejarse comer por el odio o caer en depresión-
-Entonces, eso…quiere decir que…-
-Por primera vez estas pensado Kuwabara-
-Kurama y Hiei son pareja-
-¿Y qué sugieres?, ¿Qué nos miremos unos a los otros?-exclamó Yusuke
Genkai tomó la palabra.
-Vigilar a Kurama, según los datos que nos ha mostrado Koedma se necesita de dos personas, una en coma y la otra en depresión, si lo piensan detenidamente no me sorprendería que nos topemos con algo parecido -
-Todo este tiempo, ¿y nadie me dijo siquiera que el enano era el hermano de mi hermosa Yukina?-
-Hiei juró que nos cortaría a todos la lengua Kuwabara-
-Koedma-
El príncipe dejó caer su cabeza entre sus manos, llevo su lengua por la comisura de su boca, entonces tomando un poco de aire volvió a tomar la palabra.
-Botan-
-Dígame señor Koedma-
-Busca el espejo que contiene al niño; por el momento es lo único que podemos hacer. Yusuke irás con ella, Kuwabara tu quédate con Yukina-
-¿Alguna sugerencia que debamos saber?- el detective le fulminó, en ese momento los faroles de la sala comenzaron a destellar, el aroma a incienso estaba mareándole, sintió como una gota de sudor frío le bajó de los pómulos al cuello, tensándole las venas y los músculos.
Supo que aquello no sería bueno.
-Si Kurama no despierta o no encuentran al niño lo mejor sería dejar las cosas como están-
-¿Señor Koedma?-
-Si alguno de los dos muere se rompe la protección de las lágrimas de Hiei-
-¿Eso que mierda quiere decir Koedma?-
-Que no importa que tanto hagas Yusuke, ambos morirán, tarde o temprano-
Continuará-
Próximo capítulo:
Capítulo IV: Idilio (inspirado gracias al fick del mismo nombre de Patonejo)
Especialmente a:
Nejito, Kitty_wolf, Andrómeda no sainto, Misao-Dx, Rescue Coluptor y Kuranieves Jaganshi.
A ellas con todo mi amor.
…Cojéeme, no me dejes marchar…
…Quiero sentarme a tus pies…
…En mis brazos yo te tuve ayer…
…Hay tantas cosas que te quiero decir…
…Dime por qué…
-El lago-
Mago de Oz
