Partitura de amor fantasma
Disclaimer:
Los personajes de yyh no m pertenecen, pero esta historia si, espero les guste, y disculpen si se torna confuso, pero hice lo posible por que no se tornara molesta la narración.
Notas:
Seguimos avanzando, no es largo este fick, asi que no creo me tarde mucho con él, es simple, pero espero les guste tanto como a mi me esta gustando escribirlo, disculpen la demora.
Si las personalidades se tornan en algún momento molestas me disculpo, pero hace tanto que no escribía este fick que tuve que leerlo de nuevo, sin más que decir les dejo.
Espero les guste el capítulo.
Avisos comerciales:
Sin comentarios no hay continuación.
-Capítulo IV-
"Idilio"
.
-Habitación de Hiei Jaganshi-
-Si alguien me dijese que esto fuese un sueño, abriría la puerta del cuarto y visitaría a Kurama una última vez-
Pensó, mientras experimentaba el filo de la cuchilla en torno a la piel de su garganta, pasando por el cuello y cortando de paso la correa de la lágrima Hirui que traía consigo. El olor del café de la pared ya no era importante, ni mucho menos las palabras de Yukina de que debía dormir. La suave textura de la almohada ya no era perceptible y la piel, ahora fría imploraba por algo que le devolviese aquel calor que antes había sentido.
-Si alguien me dijese que en verdad nada importa, que mi cabeza es la que esta mal y no Kurama, entonces quizás quitaría los sellos de la pared-
Un roce, la sensación del filo por la piel, el hilo de sangre que comenzaba a caer hasta manchar parte del piso de madera, las manos que temblaron, la boca que se apretó apenas sintió aquello. Los ojos inexpresivos que se reflejaron en la espada apenas se abrieron para mirarse por última vez.
Estuvo casi seguro de haber visto aparecer una silueta tras de su espalda, pero en ese momento aquello tampoco era importante.
-Si pudiera volver a ser yo, ese a quien no le importaba nada ni nadie, ese por el que la vida no tiene más que un propósito vago, como pelear, entonces quizás le dijese a Yukina que es mi hermana-
Cuando sintió como la cuchilla comenzaba a pasar por todo el cuello, experimentó como poco a poco los ojos se iban tornando vidriosos, y justo, cuando aplicó una gran cantidad de fuerza algo se opuso en medio del movimiento de sus brazos.
Y mirando a esa persona, que había detenido el movimiento de su muñeca, apretándole la mano con tal fuerza tuvo que levantar la cabeza, y sintió como el corazón le bombeaba sangre rápidamente.
Por que aquello no podía ser real.
-Y si alguien me dijera que esa persona que estoy mirando en frente mío es de verdad, entonces quizás tire esta espada al piso-
Pero la mano se sentía tan real…
Y la piel se sentía tan fría…
-Hiei- abrió de golpe sus ojos, dos pupilas rojizas que amenazaron con salirse de sus cuencas. Se mordió la boca, las manos le temblaron.
La espada seguía en torno a su cuello, pero ya no tenía intenciones de hacer nada, ya no tenía intenciones siquiera de moverse de esa posición, temía, que al moverse la figura desapareciera, temía que si hablaba se fuese para dejarle sólo otra vez, y quería, necesitaba retenerle, por que no había nada más que pudiese o desease hacer.
-Baja la espada, no tiene caso-
Esa voz…
No podría olvidarla aunque quisiera, pero daba miedo, puesto que él no había movido ni la cuenca de sus labios.
-Y si pudiese saber si es de carne y hueso, si pudiese tocarle, rozarle o algo por el estilo, entonces…-
-No puedes hacer eso- exclama el pelirrojo, Hiei le mira con duda.
-No puedo explicarlo bien-
No sabe como, pero al parecer Hiei si podía verle, cosa, que era imposible según el shinigami.
No entendía por que no había aparecido en el espejo, no entendía por que era capaz de tocar al körime, se supone no podía, se supone estaba débil y no tenía poder o habilidad mágica alguna para que eso ocurriese.
-¿Por qué?- la voz en susurro del körime, la sintió dolida, y contempló como las cejas parecían moverse confusas en su rostro, labios pequeños y rosáceos que se abrían de par en par. Y luego la mano soltó la espada, e intentó acercarse hasta rozarle la cabellera, y en vez de sentir la suave textura del cabello pelirrojo de él, fue como tocar un hielo, y traspasándole se vio del otro lado de los cabellos, como si no fuese más que un holograma o una bonita ilusión.
Y creyó en ese momento, que se estaba volviendo loco.
-¿Estas muerto verdad?- una simple pregunta que le tocó lo más profundo del corazón. No sabía, ¿lo estaría?, supuso que no, por que si no, no sentiría las manos de Yusuke cuando le cobijaba por la noche
No lo estaba…
Si no, no habría sentido el dolor del otro aquella noche cuando le fue a ver…
Si no, no habría escrito en aquel cuaderno esa frase con tal desesperación…
-Te quedaste conmigo-
Y luego, el otro levantó la cabeza, y aunque no quiso, su rostro reflejó que tenía la intención de llorar, pero era él, era Hiei Jaganshi y no sabía como hacerlo.
-Hn- incluso, estando en ese situación el körime no dejaba de ser él, y por eso le gustaba tanto a Kurama, por que incluso, en los momentos más difíciles trataba de aparentar que nada ocurría.
Pero estando con el shinigami, estando con Yusuke, había descubierto que el otro si sentía, y con mucha más pasión que los demás.
Y que en el fondo, era humano.
-¿Me puedo quedar contigo Hiei?- exclamó, y luego el pelirrojo llevó una sus manos hasta la cabellera del otro, con fuerza, obligó a Hiei a acurrucarse en medio del traje blanco y la ropa desgastada que traía puesta.
Se sentía tan real…
Era extraño, puesto que sentía cada movimiento de los brazos de Kurama.
Era extraño por que hasta el aroma del cuerpo podía diferenciarlo, la colonia de jazmín que llevaba aquel día en que se conocieron.
Y le gustaba…
-Eso no se pregunta-
Y cuando dejo caer la cabeza en torno al pecho, un revoltoso mechón de pelo rojizo le cayó en torno a la cara, y el olor de las flores del shampoo le llegó hasta la punta de la nariz.
Y si no era real, si nada estaba ocurriendo en la habitación, entonces debía conocer demasiado bien a Kurama para poder imaginar tal escena.
O era que le extrañaba demasiado.
-Es real Hiei-
Escuchar su voz, sentir la piel en torno a la suya, provocó que el corazón quisiese salirse de su pecho, bombeando sangre rápidamente.
-Dime que es real- y no le importaba no ser él, le importaba una mierda haber perdido parte de su personalidad en el transcurso de la noche, pero es que al haber experimentado esa sensación algo se había roto, algo se había confundido en el trayecto.
-Tan real como tú quieras que sea- exclamó Kurama, y levantándole el rostro, quedo mirando los ojos carmines, la boca pequeña, las mejillas sonrojadas. Leyó un pensamiento de la mente del körime, y aquello le gusto, pasando con la yema de uno de sus dedos recorrió la comisura de la boca del otro, quien tembló al experimentar aquello.
Si, era demasiado real.
-Desearía quedarme asi para siempre-pensó, y en ese momento en que experimentó como Kurama comenzaba a curvar su espalda, sintió los labios del pelirrojo posarse en torno a los suyos.
La sensación fue tal que pensó se desmayaría…
Los labios eran jugosos, y dejándose llevar abrió la suya, juntando su lengua con la lengua de él, y las mejillas tornándose rosáceas le indicaron al pelirrojo que si era correspondido.
Y no eran necesarias palabras para que supiese que aquello era verdad.
-El otro día…- Hiei habló, interrumpiendo el beso de golpe, Kurama le quedó mirando, el otro le miraba con tal determinación y desesperación que no tuvo la fuerza para criticarle por haber cortado el beso.
-El otro día, me dijiste algo que me quedo revoloteando en la cabeza baka kitsune-
Recordó, antes de la misión, antes de todo, que le había dicho al körime que le quería.
-Dije "Te quiero"-
-Si-
-¿Algún problema con que te quiera Hiei?- exclamó, llevando una mano por los mechones blancos y negros, y la textura de las suaves mejillas.
-Yo no pude decirte nada-
-No me esperaba que lo hicieras- en ese momento, el otro quitó las manos de la cabellera, y vislumbró como las mejillas infladas comenzaban a temblar.
Algo se traían sus labios.
-Déjame decirlo bien- y aquello fue lo más extraño. Hiei nunca le diría que le quería, nunca le daría un beso ni nada por el estilo.
-¿Por qué?-
-Por que…por que…- no pudo decirlo, pero él lo había leído en su mente, quería preguntarle al shinigami por que podía leer los pensamientos de Hiei, por que podía ver con claridad hasta las imágenes que estaba pensando el pelinegro.
-No me iré Hiei, me quedaré contigo-
-¿Estas tan seguro de eso?-
-Si estoy feliz en este lugar, ¿para que me voy a ir?- y en ese momento, en que el otro sentía como le bombeaba el corazón, dejándose caer de nuevo en el pecho de Kurama, experimentando la textura, la suavidad de la tela y el aroma del café que volvió a sentir en las paredes de la habitación, quedo mirando el cuaderno que estaba a un lado de ellos.
Y otra frase apareció en medio de la hoja.
-"Hasta fundirnos uno con el otro"-
-Ciudad de Tokio, centro de rehabilitación-
Las piernas le llevaron hasta el centro de la ciudad, los edificios destruidos y casi inexistentes le provocaron una sensación de frío en todo su cuerpo, llevaba el traje rosa de siempre, la yukata con la cinta morada, y el cabello celeste atado en una coleta.
Al lado de ella, Urameshi Yusuke le acompañaba en silencio, mirándole de los pies a la cabeza y de vez en cuando obligándole a volver a la realidad cuando se percataba, ella quedaba mirando alguna esquina o algo por el estilo.
Se preguntó por que al parecer a Botan le daba cierta nostalgia esos edificios.
-¿Sucede algo?- preguntó, ella se giró, no sabía bien como decirlo, pero bueno.
-Hace tanto que no he venido a esta ciudad, que no recuerdo exactamente las calles y los edificios Yusuke-
-Pero podemos preguntar- el otro la animo, ella no era de esas chicas que se deprimieran con facilidad, pero, tratándose de Kurama era muy probable se deprimiera.
-¿Es por Kurama?-
-Es por ambos-
-¿A que te refieres?-
-¿No crees que es triste Yusuke?; ¿no sientes que necesitas hacer lo que este a tu alcance para que estén juntos?; ¿Para que puedan seguir como eran antes?-
-Si lo siento- la otra giró la cabeza, y mirándole con sus pupilas púrpura provocó que al otro se le tornaran rojizas las mejillas.
-Digo, si fuese Keiko, haría hasta lo imposible por recuperarla, aunque no lo aparente muy seguido-
-Entiendo-
Se detuvieron en torno a un centro de color blanco con puertaventanas azules, la puerta del centro tenía un letrero con letras rojas adornado la madera, no se dieron el lujo de tocar la puerta, habría sido perdida de tiempo.
-¿Segura que es aquí?-
-Si, es la dirección correcta, además…-
-¿Además?-
-Koedma supuso que no me acordaba de las calles, así que me anexo una fotografía por si las dudas-
Muy bien, aquello si era típico de ella…
-¿Se les ofrece algo?- una mujer salió a recibirlos, antes de que pudiesen poner un pie dentro del edificio, Yusuke le miró con sus ojos café. Llevaba un traje de enfermera, y una falda verde musgo, la que apretaba su extuenante cintura y caderas.
-Necesitamos un favor-
-Pasen, no se queden afuera esta comenzando a hacer frío, y supongo tienen hambre- llevaba una toca en su cabellera rosada, ojos azules, y labios rojizos pintados con rush de tonos fresa.
El edificio era más grande de lo que esperaban, se sentaron en unos sofás que había cerca del pasillo, dos cuartos, un baño, y una ventana.
-Hace mucho que no tengo visitas, perdonen el desorden, pero desde el incidente de hace tres años nadie pisa muy seguido este centro-
La chica se reía, se notaba a leguas que era sincera, Yusuke recibió una taza de chocolate que le dejaba en las manos.
-Venimos por eso, volvió a ocurrir- Botan nunca se había escuchado tan segura, ni nunca se había visto tan determinada como en aquel momento, a la otra le pareció la chica más linda que había visto. Cabellera larga celeste, ojos púrpura, le gustaba, Lástima, que quizás tuviese alguien a quien querer.
-¿Volvió?-
-Si, pero no debes preocuparte, ya detuvimos al demonio, pero…-
-¿Alguien salió lastimado verdad?-
Botan miró su taza de chocolate, luego, cuando la otra se dio el lujo de sentarse en otro sofá al lado de ellos, bebió un sorbo y continuó hablando.
-Un buen amigo nuestro cayó en coma-
-¿Sucedió lo mismo que en ese entonces eh?-
-Podría decirse, pero, no sabemos que ocurrió en ese entonces, si tu pudieses contárnoslos, sería de mucha ayuda-
-No sé como ni por donde empezar-
-¿De qué hablas?- exclamó Yusuke.
-Es una historia muy triste y larga, y no me trae buenos recuerdos-
-Tomate tu tiempo, puedes hablar cuando se te apetece-
-Angelina-
-¿Disculpa?-
-Me llamo Angelina, es un placer conocerlos- era rara, muy rara.
-Botan, y este joven tan apuesto es Yusuke- bromeó la otra, tratando de aminorar el ambiente.
-¡No tenías que decir eso Botan!-
-Oh vamos, ni que fuera a creérsela-
Idiota.
Angelina sonrió, miró el reloj que yacía en la pared del comedor, diez minutos para las once; levantándose del sofá, dejó en una mesa de vidrio que había cerca la taza de chocolate, les miró de reojo, se mordió el labio inferior.
-Acompáñenme- exclamó, los dos se miraron uno al otro, y sin pensarlo le siguieron por un largo pasillo, el cual estaba rodeado de fotografías.
-Mi hermana se volvió loca- caminaron hasta una puerta que decía "prohibido las visitas" desgastado con el tiempo, amarillo y seguro abandonado. Cuando ella giró la perilla de la puerta, esperaron sentir un aroma añejo del cuarto, y quizás ver una especie de habitación cubierto de telas, pero aquello nunca paso.
-¿Tú hermana?-
-Hace tres años, antes de que yo decidiera convertirme en enfermera, ella cuidaba a un niño, a decir verdad creo que sabía que a ella le gustaba, ¿pero sabes como son esas cosas verdad?-
-No mucho- Botan le miró, no entendía, no entendía nada, ella no sentía aquello, como guía espiritual no podía amar, y por ello quería que Kurama pudiese ser feliz.
-Es el castigo que recibes ante algo imposible- cuando ingresaron a la habitación la luz del sol les llegó directo a los ojos.
-¿Te sentías muy sola Laura?, perdona, olvide darte tu beso de buenos días- miraron con calma como ella se sentaba ante una cama, visualizaron una cabellera rosada igual a la de ella, corta y unas manos suaves que acariciaban un objeto.
-Yusuke, eso es…-
-Es un espejo- exclamó este.
La niña miraba un objeto de cristal, perdida, tardaron dos minutos en darse cuenta de algo tan simple.
-¿Podría ser su hermana?-se preguntó Botan, no sabía como reaccionar, aquella escena era demasiado para su corazón. Y si es que alguna vez tuvo un corazón humano, si es que lograba recordar como era que se sentía esperaba poder olvidarlo luego.
Por que aquella sensación era terrible.
-Laura tenemos visitas- Angelina le retiró el espejo, y comenzó a llevarle de la mano, la sentó en una de las sillas que había en la habitación, el cabello corto estaba desparramado, y al parecer las ropas le quedaban grandes.
-Mira como estas, si ya se que te da vergüenza, espera, te arreglo y los saludas- la niña no hablaba.
-Dice que la disculpen, que con esas fachas se ve fea- no entendían como era que decía esas cosas, si ella no hablaba, no les miraba, era como una muñeca, pero se percataron que apenas le había retirado el espejo ella había girado a mirarles.
Angelina se levantó y tomando un cepillo de seda de uno de los muebles de la habitación comenzó a cepillar la cabellera de ella. El cuarto era pequeño, una cama, un mueble, tenía una litera con libros y fotografías de ellas, y un ventanal adornado con cortinas celestes.
-¿Ella esta bien?- preguntó Botan, supuso por la forma en que apretaba sus dientes Angelina que no era así.
-¿Piensas que soy una estúpida verdad?-
-¿Disculpa?-
-¿Crees que soy estúpida por perder mi tiempo cuidándole?, ¿por imaginarme seguro lo que diría si pudiese hablarme?-
-No yo…-
-Yo la amo- espera, esto ya estaba saliéndose de control.
-¿Qué sucedió en ese momento?, ¿Qué le paso a Laura?- preguntó Yusuke, quien había estado mirando la escena desde lejos. Hubo algo, en los ojos de ella, en los ojos de la enfermera que le había obligado a permanecer en ese lugar.
-Hace tres años, Laura cuidaba a un niño llamado Erick, Erick no la quería, Erick no podía querer a nadie, tenia una enfermedad terminar-
-Asi que todo se reduce al amor- pensó Botan.
-Una noche cuando ella me dijo que le gustaba me sentí desfallecer, ¿Qué tenía él que no tuviese yo?; ¿Qué había hecho él por ella?; ¿acaso él le miraba, le cuidaba?; ¿acaso él sabía los colores que le gustaban, los dulces los lugares que solía visitar?-
Les miró, sus ojos azules brillaban con tal intensidad que estuvieron seguros ella podía leer lo que pensaban, asi que ninguno osó con pronunciar alguna palabra.
-No lo pensé, quería que se muriera, quería que Erick desapareciera, entonces…-
-Invocaste al demonio en luna llena, ¿verdad?-exclamó Yusuke, ya podía imaginar lo que terminaría diciendo ella.
-Si, asi es, no esperaba resultara, tenía un libro que hablaba de hechizos, demonios y esas cosas que normalmente la gente no cree, hice lo que decía el libro, tome un cuaderno, un espejo y una joya de mi madre-
-El libro, el espejo y la lágrima Hirui-
-El libro me decía debía desearle la muerte a esa persona, de esa manera podría quedarme con Laura, el espejo me serviría para retener el alma de mi rival, de esa manera no estorbaría, y tendría seguro el camino libre; no lo entendía, ¿me había enamorado de mi propia hermana?; ¿estaba dispuesta a hacer tal cosa por tenerla conmigo para siempre?-
-¿Qué hiciste?-
-No le deseé la muerte, pero por ello pagué un alto precio-
-No entiendo-exclamó Yusuke.
-Una vez que liberé al demonio le di una orden clara, que encontrase a quien viviese lo mismo que yo y le matase, para que de esa manera no sufriese, deseé que así como yo no podía tener a la persona que amaba, nadie pudiese, deseé que quien tuviese un amor no correspondido sufriese las consecuencias; pero como mis sentimientos no estaban claros en aquel entonces le di la opción de dejarlos en coma, de esa manera quien correspondiese a los sentimientos de esa persona tendría la oportunidad de luchar por ellos, luego de eso escondí el libro-
-Esa fue tu situación- exclamó Botán
-Sabía que Laura no me querría jamás, asi que cuando Erick desapareció a causa del demonio me quede con ella, día con día le decía que la quería, que no se preocupara, día con día le decía que estaría con ella para siempre, pero…- las manos le temblaron, había caído hace rato la noche, a la mujer le costaba mantener el ritmo de su voz, siguió hablando cuando el cepillo había terminado de arreglar la mitad de la cabellera de la niña.
-Pero encontró el espejo donde guardaba el alma de Erick, y no sintió ganas de seguir conmigo, se encerró con el espejo, se volvió loca, ¡me sentía una mierda!; ¿Qué podía hacer?; ¿Cómo podía recuperar el brillo de sus ojos, como podía recuperar a mi Laura?-
-Dios mío, eso que cuentas es…
-Enfermo lo sé, pero la amaba, y aún lo hago, pasaron uno años, y ella no reaccionaba, me di cuenta que había olvidado lo importante que era mantenerla conmigo, asi que otro día de luna llena saqué el libro de donde lo había escondido, en el decía que para poder terminar el hechizo debía de tomar un cuaderno viejo y escribir unas líneas-
Ya era suficiente para Yusuke, podía imaginar el peso que sentía la chica, podía imaginar seguro la culpa de haber deseado aquello, y luego, de darse cuenta de que había sido un error.
Pero por algo sé es humano, y una vez que te das cuenta de ello es demasiado tarde para arrepentirse.
-¿Líneas?-
-Esas líneas aparecen de la nada, completando una especie de canción, una vez que se completa la canción aquel que este encerrado en el espejo muere-
-¿Erick murió?-
-No lo sé, pero hace tres días desapareció del espejo, pero Laura sigue manteniéndole con ella-
Ella había dejado de acariciar la cabellera de la niña con el cepillo, una lágrima cayó hasta las manos de Laura, y justo en ese momento, cuando ella abrió la boca para seguir hablando, la niña llevó una mano hasta la otra, y sin saber como le rozó el traje de enfermera.
-¿Lau…ra?- exclamó la otra, entonces la niña le miró, labios rosáceos que se abrieron de un momento a otro. Ojos azules que comenzaron a ganar brillo.
Eso quería decir que…
-Tu amigo que cayó en coma ¿estaba enamorado de alguien?-
-Si, asi es, pero no sabemos si ha aparecido en un espejo, por que no había alguien que se opusiera entre ellos-
-¿Ellos?-
-Son dos hombres-
-Entiendo- la enferma se levantó, y posándose debajo de la cama de la niña sacó una especie de baúl, y dentro, abriendo la tapa, una especia de libro viejo yacía en sus manos, estaba cubierto de polvo y tenía unas páginas arrancadas.
-No puedo hacer nada por él-
-Fuiste quien hizo el hechizo, deberías poder deshacerlo-
-No se puede-
-¿Por qué?; ¿por qué no se puede Angelina?- exclamó Botan, no habían viajado tanto para no obtener nada.
-Por que para ello Laura debería quererme como yo la amo, y eso no va a ocurrir-
Le entregó el libro a Yusuke, y luego tomando el espejo de la niña se lo entregó a Botan.
-¿Qué otra opción tenemos?; no podemos usar el espejo por que no esta Erick, no podemos usar el libro, ni siquiera podemos ayudar a Kurama, ¡demonios!-exclamó Yusuke, apretando sus puños y sintiendo ganas de pegarle a la enfermera.
-Hay otra opción, pero…-
-¿Cuál es?; ¿cómo podemos hacer que Kurama vuelva en sí?-
-Tiene que enamorarse de otra persona-
-¿De qué hablas?-
-Si cayó en coma, es por que tendrá malos ratos, por que sufrirá-
-¿Eso quiere decir que?-
-La única manera de volver es olvidando a su amor, por más cruel que sonase aquello-
-No podemos, no podemos hacer eso, Hiei le ama, Hiei se volverá loco si Kurama ya no le quiere, ¡no podemos hacer eso!-
-¡Entonces acéptenlo!- gritó, si no querían que lo olvidara entonces que se dejasen de decir esas cosas, si se amaban los dos, ¿Qué más daba si nunca los volvían a ver?
-¿Era correspondido?-preguntó Angelina, si acaban de decir eso era por era correspondido, y estaban enredando las cosas.
-Si, asi es, a su manera claro esta- lo pensó un momento, no estaba mal arriesgarse un poco, pero aquello requería tiempo.
-No deben prohibirle a Hiei ver a Kurama, deben alentarlo a hacer todo lo contrario, deben hacer que se vean seguido, ¡no importa que Kurama no pueda hablarle!; una vez que se activa el hechizo el alma se separa del cuerpo, pero puede verlo, puede escucharle, si sabe que le quiere, que es correspondido sólo será cuestión de tiempo para que salga del coma-
-¿Cuándo deberíamos preocuparnos?-
-Una vez que aparezcan las líneas en el cuaderno-
-¿Pero si es correspondido por que deberíamos preocuparnos?-
-Por que necesita vida para salir del coma-
-¿A que te refieres?-
-Es muy diferente de mi caso, como en mi caso mi amor no es correspondido una vez que aparecían las líneas y se terminaba el párrafo aquella persona que estaba interponiéndose en mi camino moriría, pero, si es correspondido, necesita energía para salir del coma, esa energía la obtiene de la vida del otro; con esto quiero decirles que si aparecieron las líneas Kurama se estaría alimentando de los años de vida de Hiei, sin darse cuenta-
Muy bien, eso si era un problema.
-¿Cómo sabremos cual cuaderno es?-
-Es rojo, con letras doradas-
-¿Cómo empieza?; ¿recuerdas las líneas?-
-Las líneas cambian de acuerdo a la persona, no se pueden predecir-luego de eso, volvieron al mundo espiritual, había muchas cosas que tenían que decirle a Koedma, y pedirle a Yukina que registrase la habitación de Hiei.
-¿Sucede algo Botan?- exclamó Yusuke, al menos no había vuelto con las manos vacías, el problema era saber que hacer con la información que tenían.
-No estoy segura, espero este equivocada-
-¿De qué hablas?-
-¿Recuerdas cuando Kurama cayó en coma?-
-Si-
-Yukina me dijo, que había visto a Hiei leyendo un cuaderno en la habitación de Kurama esa noche-
-¿No creerás que?-
-Espero este equivocada pero…
-¿Pero?-
-Pero era un cuaderno de tapa roja-
-Habitación de Hiei Jaganshi-
Despertó cuando dejo de sentir las manos de Kurama rozarle la cabellera negra, si era un sueño esperaba volver a tenerlo aquella noche, esperaba verle de nuevo intentando detenerlo de alguna locura o algún intento frustrado de suicidio. Le gusto verle, sentir que seguía siendo importante para él, le gusto el aroma de la colonia y de la cabellera.
Era el mismo Kurama que él recordaba.
Se levantó del futón, sentía que su cuerpo tenía la energía suficiente para salir de la habitación, era extraño, era como si la única cura que necesitase para salir de ese estado tan molesto fueran las manos del zorro, o sus ojos.
-Kurama- retiró uno a uno los sellos de la alcoba, y abriendo la puerta se dejo salir por ella, al comienzo las piernas no le querían reaccionar, pero lentamente fue acostumbrándose, visualizó la habitación del zorro, estaba abierto, al parecer no había nadie que le impidiese poder verle. Ingresó al cuarto.
-Buenas noches kitsune- al comienzo se sintió raro hablarle a alguien que no podría responderle.
-Sabía que vendrías- escuchó una frase, tres palabras que le hicieron palpitar el corazón. Se giro, era extraño, sabía que Kurama estaba en la cama, pero esa persona que veía al lado de la ventana de la habitación era la misma, le miraba sonriendo, con mejillas hinchadas y sonrojadas.
Se sentó al lado de la cama, luego de ello, la figura se acercó, le acarició nuevamente los cabellos con sus manos tersas.
-¿Se siente extraño mis manos Hiei?-
-Mas o menos- exclamó, miró al otro, era el mismo, no había duda.
-¿Fue real verdad?- exclamó con cierta nostalgia, esperaba le dijese que si, esperaba no estar imaginando todo, por que no podría soportar aquello.
-Fue real- y cuando el otro volvió a depositar sus labios en su boca, volvió a sentir lo mismo que en aquella ocasión.
En verdad el amor era extraño, pero si esta era la manera que le había tocado lo aceptaría.
-¿No te molesta Hiei?-
-Mientras seas tú, no me molesta baka kitsune- y en ese momento el otro volvió a besarle, abrazándole con tal fuerza que el otro pudo sentir como le temblaban las manos a Kurama.
-¿Qué sucede?-
-¿Y si mañana no puedo abrazarte?; ¿si mañana no puedo ir a verte?-
-Entonces vendré yo a verte Kurama- levantó su rostro, quedo mirando las cuencas verdes, seguía siendo el mismo zorro meloso, pero no podía culparle.
Asi le gustaba a él.
-¿Los demás han notado algo?-
-No lo creo, y no tengo intenciones de decirles-
-¿Por qué?-
-Seguro creerían que estoy loco, y que me hace mal estar cerca de ti-
-Te prohibirían venir a verme ¿no?-
-Si, asi es-
-¿Sabes que te quiero no?-
-Hn- el otro se dejo caer sobre las sábanas de la cama, se sentía débil, le dolía la cabeza, pero no quería preocupar al kitsune, suficiente tenía con todo el rollo del monstruo.
-¿Te sientes mal?-exclamó el pelirrojo, estuvo tentado de besarle la comisura de la frente, pero aun no estaba seguro de hacer eso.
-Es sueño-
-¿Duermes conmigo?-
-Si me viesen durmiendo contigo, seguro me internan en un psiquiátrico-
-¿Por qué?, yo dormiría contigo-
-Kurama, estas en coma, es como meterme a dormir con un muerto- no pudo evitar reírse, hace mucho que no lo hacía; se sintió bien, cosa que le hizo gracia al otro, los ojos verdes le miraron de los pies a la cabeza.
-Entonces yo dormiré contigo-
-Tengo… miedo- era extraño, normalmente no le diría lo que sentía, normalmente no le dejaría ver lo que le pasaba, pero ya era tarde para arrepentirse de lo que había dicho, era amor. Puro y simple amor.
-Yo también tengo miedo Hiei-
-Tengo miedo de despertar mañana y no verte-
-No pienses en eso- Kurama le volvió a acariciar la cabellera, y comenzó a pasar la palma de su mano por detrás del cuello.
-¿Nos vemos mañana?-
-Nos vemos mañana kitsune, no lo olvides-
-No lo haré- luego de ello el otro desapareció, en ese momento cuando estaba por volver a su habitación, el mismo cuaderno apareció bajo la punta de sus pies.
Hubiese deseado saber por que aparecía cada vez que pensaba en Kurama, y otra vez, el mismo dolor de cabeza comenzó a punzarle.
No resistió, dejándose caer sobre la silla se dispuso a abrir el libro, y otra frase apareció en medio de la hoja.
-"Aunque la noche me aleje de tu lado día tras día"-
Continuará-
Capítulo 4 terminado, espero no se haya tornado muy enredado, pero bueno, traté de hacerlo lo más claro posible, ya saben, si tienen dudas, sugerencias pueden decírmelas.
Gracias especialmente a:
-Recue coluptor-, Kitty_wolf, Dayna angel, Andrómeda no sainto y kuranieves jaganshi.
A ellas con todo mi amor
…¿Qué precio tiene el cielo?, que alguien me lo diga
…Que más que darte amor yo quiero regalarte el azul de los días…
…¿Qué precio tiene el cielo?, que alguien me lo diga..
…Si yo con esta historia siento que la gloria ha llegado a mi vida…
…Yo pago con mi alma sin temor a nada…
…Yo te doy mi vida…
-¿Qué precio tiene el cielo?-
Marck Antonhy
