06. Un choque inoportuno

El día anterior había transcurrido sin más novedad para mí que la recién adquirida amistad con Hermione y Ron. Aunque en un principio quise odiar a este último porque era el que me robaba a Harry constantemente me había caído demasiado bien durante el transcurso de la tarde como para odiarle por eso. Hermione quizás era algo repelente. Bueno, fue bastante repelente durante todo el día pero estoy seguro de que lo único que intenta es adaptarse.

Habíamos quedado con ellos un poco antes de la clase de pociones para entrar todos juntos y que la experiencia no resultara tan traumática como todo el mundo la pinta, pero Daf se quedó dormida, como siempre, así que llegamos tarde a la cita, aunque por suerte llegamos antes que Snape a clase.

La primera clase de todo el curso tuvo que ser precisamente pociones, la única asignatura de cuyo profesor no nos habían hablado demasiado bien. Tanto Dafne como yo íbamos muy aterrorizados aunque Snape ni siquiera hubiera llegado. La ignorancia de lo que nos esperaba nos ponía histéricos a ambos mientras esperábamos en nuestro pupitre.

- ¿Crees que es tan horrible como lo pintan? – inquirió Daf.

- Probablemente. Además se nota en su cara que Snape es un tipo con malas pulgas.

Snape irrumpió en la estancia de repente, asustándonos tanto a nosotros como al resto de los alumnos

- No permitiré ni aireos de varitas mágicas ni bobos encantamientos en esta clase - dijo Snape, provocando desde el primer momento la ira de Daf.

- No puedo creer que desde el principio hable con semejante arrogancia, ¿Quién se ha creído que es ese gruñón? Se creerá que hablándonos así nos intimida más, ¿No? Pues no, a mí no me intimida en absoluto, porque estoy segura de que lo que necesita es echar un buen…

- ¿Hay algún problema señorita McLaren? – inquirió este ante el constante murmullo que provenía de nuestra zona, causado por la voz de Dafne.

- Esto…eh…yo… - tartamudeó ella atemorizada.

- Supongo que al igual que el joven Potter usted y el Sr. Bousted se creen muy listos. ¿No?

- Pues… - comencé a decir.

- Sr. Bouted, veo que no conoce la diferencia entre la retórica y una pregunta real – su semblante se tornaba más oscuro según articulaba cada palabra - pero vistas las ganas de charlar que tiene estoy seguro de que podrá decirme que es lo que se obtiene mezclando escarabajos machacados, bilis de armadillo y raíz de jengibre cortada. Puede pedir ayuda a su compañera si quiere.

- Yo no lo sé – respondió Daf con impotencia.

- Bueno, Sr. Bousted, se queda usted solo, ¿conoce la respuesta? – inquirió con una sonrisa victoriosa. No debió de anticipar acontecimientos…

- Una poción agudizadora del ingenio.

Snape abrió los ojos de par en par y su sonrisa desapareció. Estaba claro que me había subestimado y que no esperaba que mi respuesta fuera acertada.

- ¿Y a la hora de utilizar la poción Veritaserum cuantas gotas deben ser ingeridas?

- Tres – respondí arrogantemente.

- Vaya, vaya, Bousted. Creo que le había subestimado. Ya que es usted tan listo no tendrá inconveniente en entregarme para mañana un trabajo sobre la poción multijugos y también quiero que elabore una poción de la memoria, así podrá dársela a su compañera y que no olvide hacer sus deberes para la próxima.

- ¿Le castiga por saberse las respuestas? – inquirió Dafne a punto de estallar de rabia.

- No recuerdo haberle pedido que hable McLaren, es usted demasiado propensa a hablar a destiempo. Pero, por si le interesa, el Sr. Bousted, al igual que usted, ha hablado a destiempo por lo cual merece un castigo – dijo recuperando su tono arrogante - Pensándolo bien usted le ayudará, así quizás aprenda algo La clase a terminado – concluyó.

Dafne y yo nos apresuramos a salir de aquella a clase antes de tener algún trabajo más que hacer. Definitivamente, no había sido la mejor primera clase de su vida aunque al menos me había servido de algo leerme el libro de pociones la noche anterior. Tras Pociones nos dirigimos a Defensa Contra las Artes Oscuras y Herbología, a Dafne Herbología también se le dio bastante mal y a mi me pareció una asignatura bastante prescindible, pero no estaba mal. En clase de Defensa Contra las Artes Oscuras decidí que aquella iba a ser mi asignatura favorita, aunque Quirrel me resultaba un profesor de lo más extraño. Una vez terminado el itinerario de la primera mañana llegó la hora de comer, así que nos dirigimos charlando al Gran Comedor.

- No es necesario que me ayudes con el trabajo de Pociones, puedo hacerlo esta tarde y decirle a Snape que me ayudaste – le sugerí.

- ¿Estas de broma? Ha sido culpa mía que te haya castigado, por supuesto que te ayudaré – dijo apenada – por cierto, siento lo del castigo, la próxima vez mantendré la boca callada.

- No te preocupes, ha sido divertido ver la cara de Snape ante mis respuestas correctas – le sonreí - Una cosa, he quedado con Luna para comer, ¿nos vemos después?

- Si, yo he quedado también. Nos veremos directamente en la Biblioteca, ¿de acuerdo?

- Esta bien, luego te veo Daf.

Mientras hablábamos habíamos llegado al Gran Comedor, así que me dirigí a mi mesa donde me esperaba pacientemente Luna, como habíamos acordado.

- Luna, ¿Qué tal tu primera mañana?

- Bueno, no ha estado mal – me sonrió – enhorabuena por tu actuación en clase de Pociones, has dejado a Snape pasmado.

- Pura casualidad – me dí cuenta por la cara de Luna de que estaba hablando con la boca llena, tragué - ayer no podía dormir y decidí leerme el libro de lo que tocaba a primera hora, que casualmente fue Pociones.

- Perdón, no he podido evitar escuchar vuestra conversación – dijo Terry avergonzado - ¿Sufres de insomnio Chris? – preguntó introduciéndose en la conversación - porque ayer cuando me despertaron tus ronquidos estabas más que dormido – dijo entre risas.

- No, bueno, no es que tenga insomnio pero… en los días tristes no suelo conseguir conciliar el sueño muy rapido – le confesé.

- ¿Ayer fue un día triste? – inquirió Luna.

- Deberías de estar encantado de haber entrado en Hogwarts.

- Lo sé, ayer fue uno de los mejores días de mi vida. Pero, mi tristeza proviene de otro lugar – había llegado la hora de confesar, además tanto Terry como Luna me parecían de lo más agradable y no quería empezar el curso con mentiras – en realidad, yo conocía a Harry Potter antes de llegar aquí y me enamoré de él antes de saber quien era él y ahora, al llegar aquí, todas mis esperanzas de que él me quiera se han desvanecido.

- Claro, por eso te reíste de Edds la otra noche cuando te preguntó por tu "novia". Bueno, tarde o temprano terminarás por olvidarle – me alentó.

- Yo te daré la solución para que no pases las noches en vela pensando en él – me sonrió – ten, estas pastillas son muy eficaces. Cuando mi madre murió me ayudaron mucho a conciliar el sueño – su tono de voz había pasado a ser verdaderamente triste por primera vez desde que la había conocido.

- ¿Tu madre murió? – preguntó Terry.

- Si, a causa de un fallo en un experimento, fue una época horrible, pero todo puede superarse – en seguida volvió a sonreír – pero gracias a ello he conseguido que no haya nada lo suficientemente doloroso como para que yo deje de sonreír. Ni siquiera ese mote que se han inventado mis compañeras, Lunática Lovegood. La verdad es que es de lo más original.

- No hagas caso a esas estúpidas – le alentó Terry con una sonrisa – yo creo que eres de lo mejor que hay en Ravenclaw.

- Gracias Terry, la verdad es que…

Por un momento me sentí totalmente ignorado. Parecía que ambos hacían muy buenas migas y creo que no me equivoco al decir que Terry quería de Luna algo más que una bonita amistad, así que como buen amigo, me retiré para dejarle el camino libre.

- Bueno chicos, yo me voy, he quedado con Daf. Nos vemos luego.

Le guiñé un ojo a Terry para hacerle ver que sabía lo que quería y desaparecí. Me gustaban Terry y Luna como pareja, pero no creo que Luna sea una persona propensa a las relaciones. De todos modos, el tiempo diría.

Me encontré con Daf en la puerta de la Biblioteca. Estaba muy contenta porque durante la comida un tal Zacharias Smith le había saludado de una forma de lo más sugerente. Ella y los chicos, su mayor obsesión. Nos adentramos en la Biblioteca donde nos esperaban horas de trabajo interminable…

Fue tan solo tras siete horas de trabajo cuando consiguieron terminar el trabajo y la complicada poción.

- Antes de bajar a cenar me gustaría pasar por la sala común a guardar el trabajo y la poción, no sea que les pase algo – dije.

- De acuerdo Bou, te acompaño.

Nos dirigíamos pues a la Sala Común de Ravenclaw a dejar el trabajo, cuando ocurrió una desgracia. Un chico de lo más despistado iba corriendo mientras miraba hacia atrás, como si alguien lo persiguiera, con tal mala suerte que fue a chocar contra mí.

- ¡Bou, CUIDADO! – Dafne se tiró encima de mí a tiempo para que la poción no estallara ante mis narices.

El chico que había chocado contra mí no había corrido la misma suerte. La poción estallo frente a él cubriendo su cara de un hollín negro que no dejaba a la vista más que sus azules ojos y sus dientes perfectamente alineados.

- No puede ser, no, Merlin, ¡NO! – estaba alucinando más que disgustado. No podía creer lo que acababa de ocurrir – ¡Como puedes ser tan torpe! ¡Has tirado por tierra 7 horas de nuestro trabajo! ¡No estaría mal que de vez en cuando miraras por donde andas! – de no ser porque no tenía mi varita a mano creo que lo hubiera matado allí mismo.

- Vaya, lo siento, supongo que era la poción que Snape te mandó – dijo el entre asustado y apenado.

- Fíjate, ¡si hasta soy popular! – dije a voz en grito - pues puedes imaginarte lo que me ocurrirá si no entrego la poción a tiempo, ¿verdad? – me estaba volviendo loco por momentos.

- No te preocupes, mañana hablaré con Snape y le contaré lo ocurrido para que a ti no te ocurra nada – era sorprendente, con lo mal que lo estaba tratando el seguía intentando ser agradable conmigo.

- A ver, pequeñín – me pareció un nombre adecuado y lo suficientemente curel dada su baja estatura – como habrás podido observar lo único que Snape quiere es que yo falle para poder humillarme. No podré dormir en toda la noche por volver a hacer la poción.

- No te preocupes, grandullón, mañana la clase de Pociones es por la tarde, te prometo que encontraré la manera de conseguirte la poción a tiempo. Confía en mi – dijo muy confiado de sus posibilidades.

- ¿Por qué tendría que hacer yo eso? – inquirí. Fue en ese mismo momento cuando Dafne me dio un codazo que quería significar "se más agradable, el chico intenta solucionarlo" – Está bien, pero puedes darte por muerto si no tengo la poción para mañana.

- Te prometo que estará – dijo – por cierto, me llamo Seamus – añadió luciendo la única parte de su cara que no había quedado cubierta por hollín – Seamus Finnigan, encantado de haberte conocido – concluyó con un tono extrañamente encantador.

- Christian, Bousted. Siento no poder decir lo mismo – Daf me propinó otro codazo que esta vez no conseguí comprender.

- ¿Siempre eres tan agradable con los demás? - inquirió sin borrar de su cara aquella blanca sonrisa.

- Tan sólo con los que destrozan 7 horas de mi trabajo. Con el resto, soy encantador – vacilé. En el fondo me estaba divirtiendo con la situación, si pasaba por alto que Snape humillaría públicamente al día siguiente.

- Entonces tendré que esforzarme en arreglar este desastre – dijo – Te buscaré cuando tenga la solución – concluyó. Se dio la vuelta y se fue dando saltos de alegría. Definitivamente ese Seamus era un tipo de lo más extraño.

- Es increíble lo idiota que puedes llegar a ser – dijo Dafne cuando este hubo desaparecido.

- ¿A que viene eso? – inquirí indignado.

- ¿El chico intenta ser agradable contigo aún después de cómo le tratas y no se te ocurre la posibilidad de que tu le gustes?

- ¡Pero mira que puedes llegar a decir tonterías eh!, venga, vamos a cenar.

Dafne terminó por resignarse, no había quien me hiciera entrar en razón cuando me ponía cabezota, pero después de todo quizás Daf tuviera razón y fuera ese el motivo por el que era tan agradable.