CAPÍTULO DOS: El primer día.
El día en el que oficialmente me convertí en estudiante de último curso, me levanté con una nublada y típica mañana de Forks, lamentándome por haberme quedado hasta tan tarde la noche anterior con Jacob. Habían pasado ya cuatro meses desde nuestro profético beso en su decimosexto cumpleaños. Todas mis preocupaciones sobre nuestra relación fueron totalmente infundadas; de hecho, estaba más pendiente de Jacob que nunca. Estaba enamorada de él, aunque me sentía diferente a como me había imaginado. El amor había llegado despacio, y no fue la aplastante e irracional sensación que pesé que sentiría. En cambio, mis sentimientos por Jake eran sólidos y permanentes. Confiaba plenamente en él.
Jacob me pidió que me quedara hasta más tarde, pero le expliqué que Charlie se preocuparía, aunque en realidad la que se preocupaba era yo. ¿Cómo podría concentrarme en el colegio si Jake me sacaba de mi zona de tranquilidad, convenciéndome para nadar en las oscuras aguas de la reserva hasta medianoche? Estar con él había sido lo único que había hecho durante el verano; incluso abandoné mis planes de buscar trabajo para poder pasar más tiempo con él. Y mereció la pena. Me sentía orgullosa, una obsesa por los libros que disfruta más que su dosis sana de soledad, para enriquecerse de la compañía de alguien más. Aunque Jake no era simplemente alguien más.
Suspirando, aparté las sábanas y me precipité hacia el baño en un intento por minimizar las oscuras ojeras que se estarían formando bajo mis ojos. El espejo me confirmó que tenía cara de agotamiento, pero a pesar de ser el primer día de clase, no me preocupaba impresionar a nadie. En el lado positivo, había pasado la mayor parte del verano fuera de casa y tenía un levísimo bronceado, lo cual era todo un reto en Forks, mucho más para una media albina como yo.
Algunos minutos después, me arrojé fuera de casa y me subí al coche con rapidez, casi chocándome contra el borde de la puerta. A medida que me acercaba al instituto, no pude evitar desear que Jake estuviera conmigo y no en su colegio de La Push. Él era la única persona con la que sentía una conexión, la única persona capaz de rascar la superficie y observar quién era yo de verdad. Con el regreso de las clases supe que tendría que pasar mis días en la soledad.
Mi monovolumen entró en el parking, pasando al lado de un brillante Volvo plateado que avergonzaba a cada coche a la vista. Había oído que Lauren, mi persona menos favorita, había estado trabajando de modelo durante este último verano, y me pregunté si se habría comprado un coche nuevo con sus ingresos. De todas formas, ella no era tan atractiva. Por si acaso, aparqué lo más lejos posible.
—¡Bella!— La voz de Mike Newton resonó desde el otro lado del aparcamiento. —¡Espera!
Jadeaba cuando llegó a mi lado. Le había estado evitando, al igual que a cualquier otra cosa que no tuviera que ver con Jacob, durante todo el verano. Pero por el brillo de sus ojos supe que aún disfrutaba demasiado de mi compañía. Al parecer, ya que yo era la única persona en el instituto de Forks que no lo había pillado con los pantalones mojados en segundo curso, tenía más puntos que las demás. —¿Qué tal el verano, Mike?
—Oh, ya sabes, bien. Jugando al fútbol con Tyler y Ben, trabajando en la tienda de mi padre… Lo normal. ¿Y tú? Apenas te he visto. —Su voz sonaba acusatoria.
—He pasado mucho tiempo en La Push, en la reserva Quileute. —Pensando que lo mejor sería disminuir sus expectativas lo antes posible, añadí. —De hecho, ahora estoy saliendo con Jacob Black.
—Oh. —Predeciblemente, su alegría se esfumó. —Me acuerdo de él. ¿No iba a tercero de secundaria, o algo así?— Típico de Mike.
—No. De hecho, está en cuarto. Es muy maduro para su edad. —No calificaría a Jake necesariamente de maduro o inmaduro, pero tenía más sentido que explicar que era el ying de mi yang. — ¿Bueno, y de quién es ese Volvo? Es tan nuevo, que brilla en Forks, la tierra sin sol.
Mi pequeño intento humorístico no dio resultado, ya que Mike todavía parecía pensativo. —Ah, de unos chicos nuevos. Ha llegado un doctor nuevo al hospital, e imagino que le gusta echar una mano a "chicos problemáticos", o algo así. Tiene como media docena de hijos adoptivos. Creo que algunos de ellos empiezan hoy las clases.
Me sonaba haber oído a Charlie mencionar algo al respecto. —Bueno, sangre nueva. ¿Siempre es bueno, no? —Esperaba que Mike cogiera la indirecta y desarrollara un intenso encaprichamiento hacia a alguno de los "chicos problemáticos."
Cuando entramos dentro del edificio, Mike observó por encima de mi hombro el nuevo programa que sujetaba en la mano. —Supongo que nos veremos en el almuerzo, —masculló, caminando hacia su taquilla.
—Sí, ya nos veremos, Mike. —Observé por última vez el horario para asegurarme, y me encaminé hacia mi primera clase, español.
Distraída en mis esperanzas por encontrar un asiento al final de la clase, casi salté del susto cuando abrí la puerta y colisioné con una figura pequeña pero rígida. Era casi 15 cm. más bajita que mis 1,63 metros de altura, y su piel era del color de la nieve.
—Perdona, —murmuró con voz distraída pero musical.
Mi boca murmuró algo así como 'culpa mía'. Me sentía ridícula solo con estar en la misma habitación que ella; su rostro y su forma de andar eran sobrenaturales. Se sentó con gracia en una silla cerca de la esquina delantera del aula. Mis esperanzas al descubrir un nuevo objeto sentimental para Mike habrían aumentado si esta extraña, presumiblemente una de las hijas adoptivas del doctor, no hubiera sido tan altiva. Sé que no era la única que pensaba así, porque a medida que la clase se iba llenando, las dos sillas que rodeaban a la hermosa estudiante permanecieron vacías. Su situación era justamente la contraria a la mía cuando llegué a Forks, donde todos mis nuevos compañeros de clase se amontonaban a mí alrededor, la nueva distracción del año. Aunque claro, yo no era guapa ni intimidante, como la bella duendecilla sentada al lado de la puerta.
La Sra. Goff entró en clase. Gesticulando hacia el escritorio en la esquina delantera, comenzó, —Clase, este año tenemos una nueva estudiante. ¿Por qué no dejamos que se presente? —Era extraño oírla hablar en inglés; normalmente lucía su dominio en español con su estúpida norma de "nada de inglés".
La sonrisa de la chica no le llegó a los ojos. —Hola. Me llamo Alice Cullen. Mi familia se acaba de mudar de Alaska. Estoy muy contenta de estar aquí. —Su pequeño discurso parecía ensayado. Me pregunté cuantas primeras veces habría sufrido.
Español fue tan insufrible como siempre, pero la mayoría ignoramos a la Sra. Goff y a su explicación sobre cómo conjugar los verbos, y en cambio nos dedicamos a observar a Alice Cullen. Ella no movió la cabeza en toda la hora, y cuando terminó la clase, fue la primera en levantarse del asiento. Si alguien hubiera sido lo suficientemente valiente para acercarse a ella, su velocidad al salir del aula lo habría convertido en una imposibilidad.
El resto de la mañana pasó sin ningún altercado. Aún no había visto al otro estudiante nuevo, (al parecer, Alice tenía un hermano de la misma edad), pero ya oí lo suficiente sobre él; y no era de sorprender, Alice y él eran el tema de conversación del día. Hacia el final de la cuarta clase, los susurros de mis compañeros de clase indicaron, en un acuerdo general, que los Cullen eran sumamente atractivos y un poco fuera de lo normal. A pesar de todo, estaba emocionada al dejar de ser la cría nueva del pueblo. Cuando sonó el timbre me reuní con Angela, mi única verdadera amiga en Forks, en el pasillo.
—¿Y tú qué opinas sobre ellos?— Le pregunté mientras caminábamos hacia la cafetería. Me sentía como una cotilla, pero no tenía elección. Mi otra opción era hablar sobre el verano, lo que significaba hablar sobre Jacob. Aunque Angela fuera discreta, no tenía muchas ganas introducir mi recién descubierta vida amorosa en el radar de mis compañeras hambrientas de cotilleos.
—¿Te refieres a los Cullen? Esta mañana vi al chico en clase de cálculo. Es increíble. Nunca había visto en persona a nadie tan guapo. —Se ruborizó. —Aunque no habla mucho. Jessica intentó acercarse a él, pero este tío, Edward creo, la ignoró completamente. Le dio la espalda y no le dijo ni una palabra. Pobre Jess. Quiero decir, ella le suele gustar a los chicos, ¿verdad?—Solo Angela podría compadecerse de Jessica Stanley, la cotilla más grande de Forks. —Tal vez solo sea tímido. —Pero su tono de voz me decía que no estaba muy convencida por sus palabras.
Las puertas de la cafetería se abrieron de golpe, y fue entonces cuando les vi. Sentados en una mesa estaban Alice y un chico con las espaldas hacia mi dirección. Incluso en esa posición se podía ver que era tan impresionantemente hermoso como su hermana. Ambos tenían el aspecto de dos supermodelos. Pero llamarles supermodelos no se acercaba ni un poquito; eran tan perfectos, tan serenos, que no podían ser humanos. El chico se inclinó hacia atrás y se colocó las manos tras la cabeza. A pesar de estar sentado, se notaba que era alto. Y su pelo… era del tono bronce más extraño que había visto en mi vida. Ninguno de los dos hablaba, y a pesar del desinterés que ella mostraba hacia su entorno, algo que por la postura de su hermano me decía que no era ella sola, Alice Cullen parecía un personaje sacado de un cuento de hadas. Pero el chico… a pesar de no poder ver su rostro me encontré memorizando el leve movimiento de su tronco al respirar.
—Bella, —me susurró Angela, —no les mires tan fijamente. Vamos, cojamos algo de comer.
Nos encaminamos hasta nuestra mesa habitual, acompañados por el siempre presente Mike, que se sentó a mi lado, Jessica, Lauren, su ex-novio Tyler, Conner y Ben. Por primera vez en mi vida escuché con interés lo que Jessica nos contaba.
—Así que mi madre trabaja en el hospital con el Dr. Cullen. Le vimos a él con su mujer y sus hijos el fin de semana pasado en Port Angeles, así que nos acercamos y les saludamos. Prácticamente nos ignoraron. —Resopló. —De lo único que me enteré es de que los tres mayores se marchaban esta semana a Darmouth para empezar las clases. Me imagino que se mudarían de Alaska, donde todos los hijos fueron a un colegio especial. Oí a la Sra. Cope decirle a la enfermera que eran todos unos genios, o algo así. Personalmente opino que no parecen tan inteligentes…
Justo en ese instante, Alice Cullen alzó la cabeza para mirar a Jessica desde el otro lado de la cafetería, sus ojos oscuros reflejaban su desdén. Tyler se rió. —Será mejor que tengas cuidado, Jess. Es bajita, pero no creo que puedas con ella.
Lauren puso los ojos en blanco. —Como si pudiera oírnos desde aquí, idiota. Seguramente se comporta como una cabrona con todo el mundo.
Fallé miserablemente en disimular la carcajada que se me escapó. Si Lauren hubiera tenido un poco de conciencia se hubiera dado cuenta de la ironía de su comentario. A medida que mi sonrisa fue desapareciendo, me percaté de que nadie en nuestra mesa se había dado cuenta de mi reacción, sin embargo alguien pareció encontrar interés en mi expresión. A pesar de estar a varios metros de distancia, fue como si el chico del pelo bronceado lo hubiera oído todo, desde mi mal camuflada sonrisa hasta la situación que la desencadenó. Me miraba intensamente, su expresión indescifrable.
Durante una fracción de segundo, fui incapaz de apartar la mirada, y fue entonces cuando vi su rostro. Su hermana me había parecido impecable, pero no era nada comparada con él. Sus ojos eran increíblemente oscuros, su piel tan pálida como la de ella, pero sus rasgos eran tan impresionantes que un inexplicable deseo de extender la mano y tocarlos me invadió de golpe. Sus ojos estaban clavados en los míos, y pude sentir como mi piel comenzaba a arder a medida que la sangre me subía a las mejillas. Inmediatamente, desvié la mirada al suelo. No tenía ni idea de qué es lo que me pasaba. Por lo general no me gustaba ser el centro de atención, pero ahora me sentía como si no me importara. Le volví a observar, bajo las pestañas, rezando porque todavía no me estuviera mirando. Lo estaba. A esas alturas mi rostro debía estar púrpura.
—Joder, Bella. ¿Te encuentras bien? —Me preguntó Mike, dándose cuenta del cambio de temperatura en mi cuerpo.
Intenté simular lo mejor posible encogiendo los hombros. —No es nada, solo me he atragantado con el sándwich. Ya estoy bien. —Aunque mentía peor que nadie, nunca se daban cuenta. Simplemente pensaban que era rara.
—¿Quieres que te traiga un poco de agua?
—No, Mike. Estoy bien. —Aguanté la respiración y desvíe la mirada hacia los Cullen. Gracias a Dios ambos estaban mirando en otras direcciones, y ninguna de ellas era la mía.
Jessica continuaba hablando sobre sus pequeños descubrimientos, así que me incliné hacia delante con interés. En apenas un susurró, le pregunté, —¿qué sabes del chico?—No tenía sentido que bajara mi voz, porque no había posibilidad de que me oyera, pero estaba demasiado nerviosa para arriesgarme. Aún así, mi rostro se sonrojó de nuevo.
Jessica suspiró. —Su nombre es Edward. —Dijo, pronunciado su nombre como si fuera un insulto. —Y es un cretino. Seguramente por eso es el único que está solo. Aunque el resto tampoco es que parezcan mucho más amables.
—¿Solo? ¿A qué te refieres? —Estaba segura de que me había perdido algo de su detallado informe mientras trataba de no desmayarme ante la intensa mirada de él.
—Jesús, Bella. ¿Es que no estabas escuchando? Acababa de contar la parte más extraña de todas. Dos de los hermanos mayores, una rubia y otro enorme y alto, están saliendo juntos. Y viven juntos. —Hizo una pausa dramática. —Y también la otra chica, —señaló a Alice, —y otro de los que conocí el sábado. Les vi como se daban la mano cuando andaban por la calle.
No supe cómo reaccionar. —Em… ¿Así que ninguno de ellos está emparentado?
Al parecer mi voz no destilaba la sorpresa que Jessica había esperado. Decepcionada, contestó, —bueno, dos de los que están en la universidad son gemelos, pero el resto no son hermanos ni nada de eso.
Me revolví en el asiento. —Pero es genial que sus padres les acogieran a todos, ¿no?
Lauren sacudió la cabeza, impaciente por discrepar. —Sí, ¿pero has visto la casa que se han comprado? ¿Al lado del río? Los padres están forrados. Es fácil ser bueno cuando lo tienes todo.
—Bueno, en ese caso, Lauren, tú no debes tener nada en absoluto. —Repliqué antes de que el pensamiento pudiera terminar de cruzar mi mente. Inmediatamente después, me tapé la boca con la mano. Sorprendida ante mi arrebato y sintiéndome culpable, intenté arreglarlo. —Lo siento tanto, Lauren. No sé qué es lo que me pasa hoy. — Y lo decía en serio. Aunque Lauren hiciera de mis dos primeros años en Forks un completo infierno cada vez que estábamos en la misma habitación, raras veces pensaba cosas tan crueles de nadie, ni siquiera de ella. Tenía la leve sospecha de que el hábito de Jacob de soltar la primera cosa que se te venía a la cabeza era contagioso.
Lauren recogió los restos de su comida y se levantó. Antes de que pudiera decir nada, su rostro ya me decía que mis disculpas no habían tenido ningún efecto. —Bueno, Bella, quizás deberías empezar a sentarte con los Cullen. Os merecéis mutuamente. —Se giró con un resoplido. Mis ojos la siguieron a medida que salía de la cafetería, su pelo rubio ondeando tras su espalda.
—Soy una idiota, —comenté en voz alta. Sin embargo, todo el mundo, especialmente Tyler, encontró mi confrontación con Lauren extremadamente divertida. Intenté silenciarles otra vez. —¡Parad ya! ¡Ha sido horrible!
Ellos siguieron riéndose, hablando entre sí mientras yo volvía a mi confusión interior. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué me molestaba en defenderles? Ni siquiera les conocía.
En ese instante el timbre comenzó a sonar, y yo desenterré mi cabeza de las manos. Cuando me levanté, mi don para el desastre volvió a sacar la cabeza. Mi pierna golpeó la mesa, enviando mi lata abierta de Coca-Cola directamente sobre mi regazo. —Genial. Karma. —Dije, intentado limpiarme con el único pañuelo que quedaba limpio en la mesa.
—¿Quieres que te guarde sitio en inglés?—Me preguntó Angela, compasiva. —Deberías ir al baño y limpiarte un poco.
Miré a Ben, el objeto del monstruoso pero secreto enamoramiento de Angela, esperándola a pocos metros de distancia. Sacudí la cabeza, contestándola en voz baja. —¿Está Ben en nuestra clase? —Sus labios se torcieron cuando intentó suprimir su sonrisa entusiasta. —Deberías sentarte con él, Angela. Solo vosotros dos. Yo estaré bien.
Antes de que pudiera replicar, la empujé levemente hacia Ben y caminé hacia el baño. Tan pronto como doblé la esquina, mi corazón comenzó a bombear con rapidez. Edward Cullen estaba apoyado contra su taquilla, sus indescifrables ojos negros escudriñándome. Mi cara se enrojeció a la vez que entraba apresuradamente en el baño.
xXx
Sé que estos primeros capítulos pueden resultar un poco más "lentos", porque no cuentan nada especialmente nuevo. Sin embargo, a medida que avanzan, la trama se vuelve más original y diferente. Solo hay que tener un poco de paciencia ^^
¡Muchas gracias por vuestros comentarios! Espero que este nuevo capítulo os guste. A ver si esto se anima un poco más.
