N/T: ¡Gracias por los comentarios! Espero que os guste este capítulo.


Capítulo Doce: El Lodge

La única ventaja que tenía el hecho de que Mike supiera que hoy era mi cumpleaños era que su madre, mi jefa, también lo sabía. Y gracias a ello me dejó salir antes del trabajo, a las 16,30. Llamé a Jake, y él me recogió.

—¿Bueno, qué? ¿Emocionado? —Le pregunté mientras me llevaba las cosas del coche a casa.

—Estoy haciendo lo que puedo, Bells.

Jacob había accedido a ver Romeo y Julieta conmigo. No era la última versión, así que no tenía la escena de acción que le gustaba, pero él, fiel a su palabra, le dio una oportunidad. Al principio preguntó cosas sobre la película e intentaba estar interesado, pero pronto pude darme cuenta de cómo su atención disminuía. Después de treinta minutos, desvié los ojos de la televisión y encontré sus ojos cerrados y su cabeza sobre mi rodilla. Me dije que no tenía derecho a sentirme decepcionada ya que seguramente se habría levantado pronto para sorprenderme con mi muffin preferido, pero no pude evitar desear que Jake estuviera despierto para que pudiera distraerme durante la escena del baile, donde Romeo veía por primera vez a Julieta.

Cuando Julieta y Romeo se besan por primera vez, prologado por la frase de Romeo "no os mováis mientras recojo el fruto de mis preces", mi mente solo fue capaz de una cosa. La voz de Edward sustituyó a la del actor, y mi traidor corazón comenzó a latir con rapidez.

¿Qué es lo que te pasa? Me dije que solo era un encaprichamiento, y eso, aunque pudiera ser horrible, de alguna manera me parecía bien porque esa obsesión mental nunca se convertiría en nada más. Nunca se transformaría en nada más allá que de simples pensamientos inapropiados. No le quería; yo quería a Jacob, el chico que roncaba a mi lado. El chico que me traía muffin de arándanos y me consolaba cuando echaba de menos a mi madre. El chico que me sujetaba la mano cuando estaba inconsciente en el hospital. El chico con el que quería pasar el resto de mi vida.

Ese último pensamiento me asustaba, ya que nunca se lo había dicho a Jake en voz alta. Hubiera meditado más al respecto, pero el reloj digital del DVD me recordó que teníamos que irnos al Lodge para mi cena/tortura de cumpleaños.

Apagué la televisión con una fuerza innecesaria y desperté a Jake con un beso. Condujimos hasta el restaurante en tiempo récord, llegando justo cuando Charlie ayudaba a Billy a salir del coche.

—Feliz cumpleaños, niña, —me saludó Billy afectuosamente.

—Gracias Billy. —No me importaba cuando él me felicitaba; Billy y yo teníamos una gran relación.

Después de que nos sentaran en una mesa, Billy y Charlie comenzaron a charlar sobre el pronóstico del tiempo del fin de semana siguiente para ir de pesca, mientras Jacob escuchaba con paciencia mis quejas sobre la decoración del restaurante. Cuando empecé a comentar el extraño aspecto del collage de pieles que estaba colgando de la pared cerca de nuestra mesa, me acordé de algo.

—Billy, —comencé con mi tono de voz más inocente, —¿qué tal está Sam? Jake me comentó que has estado ayudando en la casa de los Clearwater.

Tomó un gran trago de su té helado antes de contestar. —Va mejorando. El pobre chico está bajo mucho estrés.

Sabía que no iba a conseguir nada de información sino presionaba un poco más; Billy era como una bóveda. —¿Ya se levanta y anda?

Billy se encogió de hombros. —Va mejorando, —repitió.

Tuve que echar mano de todo mi autocontrol para no suspirar con exasperación. —Espero que pueda volver a la universidad antes de que la temporada de natación empiece. Leah me contaba lo bien que pintaban las cosas para esta temporada.

Billy nos observó a Jacob y a mí como si estuviera sopesando los pros y los contras de responder a esa pregunta. —En realidad, no va a volver a la universidad. Es mejor que pase más tiempo en la reserva.

El tono de Billy sugería que la decisión de Sam de abandonar su educación era de poca importancia, pero no nos engañó. Charlie murmuró entre dientes algo parecido a "ridículo", mientras que Jacob y yo compartíamos expresiones llenas de confusión.

—¿Cómo puedes tomártelo tan bien? ¡Casi te dio un ataque cuando Rebecca abandonó la beca! —Jake gesticuló tanto que casi tiró su Coca-Cola al suelo.

A pesar del arrebato de su hijo, Billy permaneció estoico. —Sam no es mi hijo, Jacob. Su situación es muy diferente a la de tu hermana. —Su fachada de piedra vaciló durante unos segundos cuando miró a Jake, como si la emoción de sus ojos pudiera hacer cambiar la opinión de su hijo.

Jacob puso los ojos en blanco. —Es igual que lo que pasó con Rebecca, excepto que Sam tiene a Leah en lugar de a un surfero Samoano. Sabía que se volvería loca y le obligaría a quedarse con ella en La Push.

—Esto no tiene nada que ver con Leah, Jacob. Esto es sobre la tribu. Sam sabe que su influencia beneficiaría mucho al resto de los jóvenes. Somos muy afortunados de tener a alguien como él entre nosotros. —El repentino orgullo que destilaba su voz fue tan fuerte que, inexplicablemente, me molestó.

Sin pensar, respondí. —Ha dejado de lado su vida entera. No tiene ningún tipo de futuro en La Push.

La habitual amabilidad de Billy se transformó en algo irreconocible. —No hables de cosas que no puedes entender, Bella.

Enrojecí. Al principio de la vergüenza, después por la rabia. Ambas emociones corrieron dentro de mí, alterando mis pensamientos e incapacitándome para responder. Afortunadamente, no me hizo falta.

—Espera un momento, Billy. —La voz de Charlie sonaba defensiva, pero con fuerza. —Bella tiene razón. Sam ha abandonado sus estudios; estaba a más de la mitad de la carrera. Pararse ahora sería un error. Su madre estaría muy decepcionada.

Sabía lo que Charlie estaba insinuando. Era la Sra. Uley la que debía decidir lo que era mejor para su hijo, sin embargo Charlie estaba preocupado de que Harry, Billy y el resto de los tribales mayores influyeran sobre Sam. Recordaba claramente su reacción de camino a casa desde La Push el día que Sam apareció. Había sonado amargado, 'Harry me informó de que no era mi problema… Ni me dejaba llevar al crío a casa de su madre'.

Billy se aclaró la garganta, sus ojos nunca apartándose de los míos. —Además, hay otras muchas oportunidades, Charlie. Solo tienes que preguntarle a Bella.

Fruncí el ceño, confusa. —¿A qué te refieres?

Billy me sonrió con gentileza. —Jacob me ha dicho que pensabas matricularte en la Universidad de Península el año que viene.

Mi estómago se retorció. Todavía no había hablado con mi padre, y no estaba segura de cómo respondería ante mi decisión. Me decía a mí misma de que se alegraría o que al menos se sentiría aliviado; sabía que le gustaba que vivir conmigo. Sin embargo, cuando le miré, su cara me decía todo lo contrario.

Su piel se volvió en una amenazadora sombra de color marrón. Una vena de su frente se hinchó, la cual no había visto desde los once años cuando accidentalmente tiré su revólver al suelo. Sus ojos se entrecerraron y me observaron como si le acabara de decir que estaba embarazada. Sin pestañear, alzó su vaso y bebió el contenido entero de un solo trago, dejándolo sobre la mesa con fuerza.

—¿Qué? —Su voz sonaba monótona, pero era el mismo tipo de tono neutral que usaban los asesinos degenerados de las películas antes de volverse balísticos.

Esperé un segundo antes de responder, prácticamente esperando a que tirara la mesa y apuñalara a algún sirviente con su cuchillo. —Bueno, papá, em, Península tiene un precio muy razonable, y no tendría por qué preocuparme de pagar una residencia… —Mis ojos vieron cómo su puño se desviaba hacia la servilleta enrollada alrededor de su cubertería. Antes de que pudiera pensar nada, solté, —pero esa solo es una opción. También voy a enviar una carta a Dartmouth.

Sin un espejo era imposible decir cuál expresión era la más sorprendida, si la de Jacob o la mía. Era cierto que no había enviado la aplicación a Dartmouth; lo había dejado olvidado en el fondo de mi mochila durante un par de días hasta que lo saqué y lo coloqué con otro montón de papeles encima de mi escritorio. Sin embargo, no tenía planeado hacer nada con él. La factura de la aplicación ya costaba sesenta dólares, más de la mitad de lo que ganaba en una semana entera en la tienda de los Newton. Y, sin embargo, ahí estaba, mintiéndole a mi padre sin pensármelo dos veces.

La tensión abandonó a Charlie, viajó a través de la mesa, y se hundió dentro de Jake. Tan pronto como hablé, su puño se cerró y su respiración se aceleró.

Y justo a la inversa, el rostro de Charlie se iluminó. —Bella, eso es maravilloso. ¡No sabía que aspiraras tan alto!

—Papá, tengo más probabilidades de ganar la lotería que de entrar dentro. E incluso si ganara la lotería, ni siquiera podría pagar el curso. —Estaba segura de que la realidad le llevaría los pies a la tierra, y que eventualmente se sentiría más cómodo con la idea de que fuera a la universidad de Forks.

Sin embargo, ignoró mis comentarios. —Hay préstamos, Bells. Además, eres una chica lista, estoy seguro de que puedes conseguir alguna beca.

—¿Dónde está Dartmouth, exactamente? —Preguntó Jake como si fuera una víctima de un disparo y le preguntara al doctor cuántas horas le quedaban de vida.

—Eh, en el oeste. —Quería que me mirara para que pudiera entender que solo estaba intentando apaciguar a Charlie, pero Jacob nunca levantó la vista del mantel a cuadros.

Charlie, dolorosamente inconsciente, añadió, —en New Hampshire, ¿no, Bells?

—Sí. Gracias, papá, —respondí entre dientes.

La camarera llegó justo en ese instante para anotar nuestros platos. Me di cuenta de la situación estaba fatal cuando Jacob solo pidió una pechuga de pollo con ensalada; normalmente solía zamparse dos porciones y media, la mayor parte de carne roja.

Billy, claramente consciente de la angustia de Jacob, cambió de tema de conversación. —Charlie, ¿qué tal va todo en la comisaría?

No llegué a oír la respuesta de Charlie, ya que no podía pensar en nada más que en la atormentada expresión de Jacob. Necesitaba rectificar la situación antes de que este malentendido le causara aún más daño.

Me levanté. —Jake, ¿me ayudas a ir al baño? No creo que pueda usar las muletas, las mesas están tan cerca unas de otras…

Él asintió sin mirarme a los ojos. Cuando estuvimos lejos del comedor, me detuve, obligándole a mirarme.

—¡Deja de fruncir el ceño!

Mi súplica no surtió efecto, sino que lo profundizó más. —¿New Hampshire, Bella? ¿Qué ha pasado con Península? Joder, aprenderé a adaptarme con Seattle, pero, ¿New Hampshire? ¿Por qué no te vas a Europa o Japón? ¿Intentas huir de mí?

Me sentí como si me hubiera dado una bofetada en la cara. Debería haberle contado allí mismo que solo era una mentira para tranquilizar a Charlie, pero algo en el tono de Jacob me molestó. Estaba enfadado conmigo, y no estaba segura de merecerlo.

—¿Qué pasa con lo de 'no te preocupes, Bella, haremos que funcione'? Me dijiste que querías lo mejor para mí, y ahora, de pronto, ¿'aprenderás a adaptarte a Seattle'? El otro día me dijiste que aceptarías mi decisión. —Me enfadé más a medida que hablaba. —¿Sólo era una fachada? ¿Querías hacerme sentir culpable para que me quedara en Forks? ¡Qué tú no quieras marcharte de aquí no significa que yo quiera quedarme!

Jacob me lanzó una mirada impenetrable. —No es que no quiera marcharme de aquí, lo haré si hace falta. Deja de mirarme como si te estuviera atando con una correa, Bella.

—Ya, te irías si tuvieras que hacerlo, no porque quieras hacerlo. ¿Por qué no puedes apoyarme? ¿Qué pasa si no quiero quedarme en Washington? Quizá no quiera ir tan lejos como New Hampshire, pero, ¿por qué tengo que quedarme en este estúpido y lluvioso pueblo para siempre? Podemos seguir juntos aunque no esté a diez minutos de distancia, ¿sabes?

Apretó la mandíbula durante lo que me pareció una eternidad. Luego empezó a andar de un lado a otro, hablando mientras lo hacía. —Hago lo que es mejor para ti. ¿Pero qué pasa con lo que es mejor para nosotros? ¿Eh? ¿Acaso te importa algo? No puedo permitirme subir a un avión y visitarte a tres mil millas de distancia todos los fines de semana. ¿No puedes ver lo irrealista que es? ¿Lo egoísta que estás siendo?

Egoísta. Esa palabra casi me dejó sin aliento. ¿Estaba siendo egoísta? A una parte de mí no le importaba; había permitido que mi vida girara entorno a Jake durante años, incluso antes de que decidiera que él y yo nos pertenecíamos el uno al otro. Ahora tenía dieciocho años; ¿cómo de egoísta se suponía que tenía que ser? Sin embargo, me recordé a mí misma que quería pasar el resto de mi vida con él. Éramos un equipo. No podía hacerle daño de esta forma. No podía colocarme por encima de nuestra relación y empujar nuestros límites. Jake había asumido de forma demasiado valiente que no me iría a ningún sitio a más de cuatro horas de distancia, pero probablemente tenía razón. Éramos un nosotros, y estaba tirando eso a la borda por un sueño que no estaba tan segura de si me pertenecía o no.

Di un paso hacia él. Jake no se movió. Apoyando una mano sobre su brazo, le dije, —claro que me importa nuestra relación. Cuando pienso en el futuro, tú eres lo único que veo, Jake. —Su rostro se suavizó. —De todas formas, no importa. Ni siquiera pensaba ir a Dartmouth. Solo se lo dije a Charlie para que no le diera un aneurisma.

El alivió inundó su expresión. Alargó el brazo para revolverme el pelo. —¿Qué? ¿Y por qué me has hecho esto, Bells? ¿Por qué no lo has dicho al principio?

No tenía respuesta. Le había conducido hacia una discusión totalmente evitable y no tenía ni idea de por qué. —Lo siento. Supongo que reaccioné de forma exagerada.

Y entonces me di cuenta de que, de forma bastante ingenua, había asumido que Jake se hubiera metido en el fuego si yo se lo hubiera pedido; que apoyaría cualquier decisión que hubiera tomado, fuero lo egoísta que fuera. Siempre me había dicho a mí misma que yo haría lo mismo. Ahora entendía lo ridícula que había sido. Nos queríamos, y ese amor necesitaba que tanto Jacob como yo actuáramos pensando en él, incluso aunque a veces fuera a expensas de nuestras necesidades individuales.

Pensé que había apaciguado a mi monstruo-egocéntrico interior hasta que Jake volvió a hablar.

—Mi siento tan estúpido al no darme cuenta de lo que estabas haciendo. —Puso los ojos en blanco. —Quiero decir, debería haber sabido que tú, entre todas las personas, nunca hubieras volado al otro extremo del país para ir a alguna universidad snob.

Me mordí el labio, confundida. —¿Qué?

Me rodeó los hombros con el brazo cuando nos empezamos a acerca a nuestra mesa. —Oh, ya sabes, no eres de las que hacen cosas sin pensar. —Se detuvo cuando vio mi expresión. —No, quiero decir, eres valiente y no una cobarde, pero no juegas con cosas así. Cuando hay que tomar decisiones eres responsable. —Se encogió de hombros. —Eres lista y sensata. Es lo que me gusta de ti. —Jacob me sonrió. —Eres demasiado buena para la Liga Ivy*.

Nuestros platos ya nos esperaban en la mesa. Ni Billy ni Charlie cuestionaron nuestra larga ausencia, así que comimos en silencio.

Cuando me metí un trozo de carne en la boca, la palabra "responsable" retumbó dentro de mi cabeza y me hizo sentir incómoda. Yo siempre era responsable. Siempre pensaba antes de actuar, y la mayor parte de las veces no según mis propios deseos. Recordé el día en el que decidí que mi madre no podía seguir conmigo en casa mientras su marido Phil viajaba a través de todo el país; le dije que ella necesitaba ser feliz, que yo estaría bien viviendo en Forks con Charlie. Mentí, claro, sabiendo que Forks no era Phoenix, pero lo hice por ella. Fue la decisión responsable. Ahora tenía que tomar otra decisión, pero no estaba segura de qué opción era la responsable. Si me quedaba en Forks con Jacob, ¿lo estaría haciendo por él, o por mí? ¿Me atrevería a soñar con que Dartmouth me aceptaría, y si así fuera, iría por mi padre o por mí?

Mi sangre empezó a hervir. ¿Estaba viviendo mi vida por los demás y no por mí? ¿Estaba siempre eligiendo la opción segura? Jacob pensaba que sí, aunque él no veía nada de malo en ello. Incluso Edward, y me mataba pensar que alguien que me conocía tan poco pudiera verme con tanta claridad.

Había estado tan concentrada en mis propios pensamientos, que no me di cuenta de que los camareros estaban rodeando nuestra mesa para cantar el "Feliz Cumpleaños" hasta que abrieron sus bocas. La sonrisa falsa que se coló dentro de mi expresión no engañó a nadie. Jake me dio unas palmaditas en la mano. —Esto no ha sido idea mía. Te prometo que se pasará antes de que te des cuenta.

No fue así, pero sobreviví de todas formas. Eventualmente, los cuatro nos levantamos y salimos del restaurante. Jake tenía que llevar a Billy a casa, así que no podíamos irnos juntos hasta casa de Charlie. Nos despedimos, y me subí al coche de mi padre.

Había esperado que nuestro viaje hasta casa pasaría en silencio, y hasta que aparcamos en la acera, había pensado que era libre para irme a mi habitación. Sin embargo, mientras la grava sonaba bajo las ruedas del coche, Charlie tragó saliva. Me pilló desprevenida, ya que nunca se ponía nervioso.

Nos detuvimos delante del garaje antes de que empezara a hablar. —Sabes, Bella, estoy orgulloso de ti. —Abrí la boca para protestar, pero me él continuó. —Incluso aunque no te acepten, el hecho de que lo intentes ya dice algo. Dice que no te conformas con lo seguro, que sabes que te mereces algo mejor.

La culpabilidad que me surgió del pecho fue casi insoportable. Supe que podía verlo en mi rostro. —Papá…

Él alzó una mano. —Sé que es lo que pasa. Y sabes, Bells, si te quiere de verdad, aprenderá a soportarlo. Esto es algo que tienes que hacer, —se giró hacia mí, —por ti. No por él.

—No sé, papá. —Mi voz apenas se oía, quizá porque sabía que no podía hacerlo.

Nos quedamos en silencio dentro del coche durante unos instantes, ninguno de los dos sin saber muy bien qué hacer. Charlie y yo no teníamos ese tipo de relación en la que desnudábamos nuestras almas con dos tazas de chocolate; la única vez que habíamos hablado de nuestros sentimientos fue cuando uno de nosotros tuvo la gripe y el otro tuvo que correr a la farmacia a comprar los medicamentos.

Finalmente, Charlie puso la mano sobre la puerta, acercándose lo más posible a la salida en caso de que lo fuera a decir no fuera bien recibido. —Bella, tienes dieciocho años. Ya no eres una niña, pero eso no significa que no puedas hacer algo que de verdad quieras, algo que te haga ser feliz. —Y con eso, abrió la puerta y entró dentro de casa.

Y entonces supe lo que tenía que hacer, si no por mí, por Charlie. Mandaría la carta de solicitud. Si Jacob se llegaba a enterar, se sentiría traicionado, pero una parte de mi quería desafiarle, probarme a mí misma que era capaz de tomar riesgos, incluso aunque el riesgo fuera mínimo. Sabía que no me iban a aceptar así que no tenía que hacer ninguna decisión; no era estúpida, sabía que una universidad como Dartmouth nunca cogería a alguien como yo.

Me observé en el espejo retrovisor. Sabes dónde perteneces y cuáles son tus límites; es estúpido desear cosas que están fuera de tu alcance. Sin embargo, mientras estudiaba mi reflejo, un pequeña y peligrosa parte de mi quería creer que había algo más ahí fuera para mí, quizá algo un poco mejor que la vida que hasta ahora había conocido.