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Capítulo Quince: Verdades a medias

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Debería haber sentido cientos de emociones cuando vi a Jake sentado en el porche. Debería haber sentido preocupación cuando sus ojos se desviaron de mi alegre rostro a la expresión divertida de Edward segundos antes de darnos cuenta de que estaba ahí. Pánico al saber que Jake asumiría que estaba intoxicada por la deslumbrante belleza del chico que me acompañaba en lugar de por la cerveza barata de Mike Newton. Pero en el momento exacto en el que mis ojos se toparon con los de Jacob, no sentí nada de lo que debería haber sentido. En cambio, una sola emoción me consumió entera, una que tenía poco sentido teniendo en cuenta mis remordimientos apenas unas horas. No me sentía culpable, ni preocupada, ni tenía pánico, ni miedo. Estaba furiosa.

Nunca sería capaz de justificar lo que sentí después de que la sobriedad me golpeara con fuerza, pero cuando estuve frente a la casa de Charlie con Edward a mi lado y Jacob a unos metros de distancia, mi cabeza me dijo que estaba pura y razonablemente enfadada. No estaba preparada para hablar con Jacob y su infalible honestidad, su cabezonería, con la inocencia que le hacía a la vez ordinario y extraordinario. No estaba preparada para admitir que me había equivocado; después de todo, la tarde aún no había terminado, y según mi reloj, aún me quedaba una hora de irresponsabilidad antes de volver al respetable y poco egoísta estilo de vida por el que tanto me había esforzado. Sin embargo, ahí estaba Jake, un claro recordatorio de que la tarde entera había sido un error a pesar de, o mejor dicho, por culpa de la euforia que había sentido las últimas dos horas en la presencia de Edward Cullen. En mi estado de embriaguez, Edward y yo nos lo habíamos pasado en grande, a pesar de saber que no duraría para siempre, no estaba preparada para dejar marchar a la adrenalina que corría por mis venas. Ahora, sin embargo, no tenía otra opción. Jacob Black y Edward Cullen existían en dos universos diferentes, y yo era dolorosamente consciente a cuál de ellos pertenecía.

—¿Bella? —Las palabras de Jacob rasgaron el húmedo aire de la tarde, golpeando mi rostro con la fría brisa otoñal. —¿Estás bien? —No parecía enfadado, lo que aumentó aún más mi inexplicable enfado.

—Agh. Sí, Jacob, estoy bien. —Giré sobre mí misma para que pudiera ver que estaba físicamente indemne. —¿Ves? Sin rasguños. Apuesto a que puedo apoyarme sobre un pie sin caerme a pedazos.

Para un imán del peligro como yo, hacer algo que implicara deshacerse del apoyo de una pierna después de cinco cervezas no era algo muy inteligente. Instantáneamente después de subir el pie izquierdo, la gravedad hizo de las suyas. Antes de que pudiera caer al suelo, Edward me rodeó con un brazo, y me quedé apoyada contra su costado.

Siguiendo la misma actitud que había tenido durante toda la tarde, mi respuesta a nuestro contacto físico fue altamente inapropiada; me recorrió un escalofrío que me puso los pelos de punta, y en lo único que podía pensar era Dios mío, huele tan bien.

Por supuesto, y a diferencia de mí, la respuesta de Edward fue muy apropiada. En un instante me tendió hacia Jacob, quien se había acercado a donde Edward y yo estábamos. Inmediatamente después me alejé de los brazos de Jake, consciente de que me había posicionado justo en medio de los dos.

A pesar de lo mucho que había intentado evitarlo, me resultó casi inevitable compararles ahora que estaban tan cerca el uno del otro. Jacob era el amor de mi vida, y siempre le había visto como un chico inocente y hermoso, pero ahora no parecía más que un niño. Aunque la mayor parte de sus rasgos infantiles ya habían desaparecido el año pasado y su altura había aumentado, todavía seguía siendo tan joven. Edward, por otro lado, parecía uno de esos modelos/actores en mitad de la veintena que protagonizaban a estudiantes de instituto en las series de televisión, libre de acné, con el pelo desordenado y sin un solo gramo de grasa en el cuerpo. Aunque, para ser justa, estaba segura de que cualquiera parecería un adolescente torpe y desastroso al lado de Edward. Y yo me ponía en primer lugar.

Intenté comportarme como un ser social, y les presenté. —Jake, Edward. —Moví el dedo índice de uno a otro. —Edward, Jake.

Ninguno de los dos respondió. En cambio, se quedaron en silencio, observándose como si fueran dos toros en medio de un pasto. Jacob parecía nervioso, pero quizá fuera porque tenía que estirar el cuello hacia arriba para poder mirarle a los ojos. Conocía bien a Jake para saber que junto con los posibles nervios, también había recelo, lo que explicaba por qué se mordía el borde del labio y ladeaba la cabeza. Sin embargo, Edward estudiaba a Jacob sin rastro de incomodidad o animosidad. En mi intoxicado estado, me pareció como si Edward estuviera buscando algo en su rostro.

Sacudí la cabeza, pero ninguno de los dos se dio cuenta. En cambio, Edward se giró y comenzó a andar calle abajo. Antes de que pudiera desaparecer en la oscuridad, le gritó a Jacob sin voltearse, — cuida de ella.

La cabeza de Jake se giró, alertada. En un tono cortante que no se parecía en nada a su normalmente apacible comportamiento, respondió, —por supuesto.

Su pequeña conversación me hizo sentir como una muñeca de porcelana. Me giré hacia mi casa bruscamente, enfadada. Si Jake me pronunciara una sola palabra ahora mismo, explotaría. Ahora no era el momento para empezar a discutir.

Sin embargo, Jake no estaba de acuerdo. Me agarró de la muñeca y me acercó hacia él. —¿Y bien? —Preguntó, incrédulo. —¿Qué coño ha sido eso?

Puse los ojos en blanco, lo que no le ayudó a tranquilizarse. —¿Qué era el qué? ¿Eso? —Señalé hacia la oscuridad que se había tragado la figura Edward unos minutos antes. —Me estaba acompañando a casa, Jake. Por si no te has dado cuenta, estoy borracha.

—¿Él te estaba acompañando a casa?

—Sí, ¿y? —Sabía lo que Jacob estaba insinuando, y no me apetecía dignificar su absurda suposición

—Pensé que le odiabas.

—Agh. Tiene sus momentos. —Me froté las sienes de la cabeza, ignorando la expresión furiosa de Jacob e intentando acabar con la conversación. —Ya te lo he dicho, no le odio, Jake, pero tampoco estoy exactamente enamorada de él. —No exactamente era la palabra clave. —No te pongas celoso. Me estaba haciendo un favor. Era él o Mike.

Me fulminó con la mirada. —Mike Newton no es como él.

Me di cuenta de lo ridícula que era aquella situación, pero probablemente Jake ni lo pensaba. —Ah, así que los pesados y poco atractivos sí pueden acompañarme, ¿pero que los guapos y decentes se mantengan lejos?

No fue muy buena idea usar la palabra "guapo". Jake apenas pudo ocultar su expresión resentida. —Lo que tú digas, Bella.

—Oh, Dios, no te pongas celoso. Edward no me soporta. A veces solo es amable conmigo porque piensa que estoy loca y me compadece. —Le explicaba la verdad para tranquilizar a Jake, pero me causaba angustia con mis propias palabras.

—¿Has estado bebiendo por su culpa?

Por razones que no podía entender, no quería que Jake pensara mal de Edward. —No, me ayudó a no caerme al estanque de los Newton. Soy como su objeto de caridad. Me salvó la vida. Pero tampoco fue nada importante; después de todo, estoy en peligro el 75% del tiempo.

Había dicho demasiado. Jake me estudió con expresión molesta. —No creo que seas su objeto de caridad, Bella.

No sabía nada de mis interacciones con Edward; cada uno de sus pensamientos estaba teñido de celos innecesarios. —Te equivocas.

Se movió para sentarse en la mecedora del porche, y yo le seguí. Nos columpiamos lentamente mientras Jake hablaba. —Últimamente no sé quién eres. Ya no me cuentas nada, vienes a casa tarde acompañada de chicos guapos, apestas a cerveza… Me estás preocupando.

—Si te estoy preocupando, ¿por qué no vienes conmigo cuando te lo pido? ¿Por qué no me apoyas cuando quiero probar cosas nuevas? —Había empezado a sacar temas que normalmente censuraba incluso en mis propios pensamientos. Sin embargo, el coraje que ahora me recorría por todo el cuerpo me ayudó a seguir hablando. —En cambio, me dices que te gusta todo lo que hago cuando no me arriesgo con nada. Si estamos juntos en esto, si somos un equipo, ¿por qué no puedes salir de nuestra pequeña burbuja y vivir la vida de vez en cuando? Siempre tengo que quedarme sentada y dejar pasar las oportunidades para poder ser tu buena y responsable Bella. Siempre estamos con tus amigos, en La Push. Estoy tan cansada de hacer siempre lo mismo. ¿No quieres nada más en tu vida, Jake?

Jacob se sorbió la nariz. Y entonces, llegó la culpabilidad. Le había hecho llorar. Definitivamente, ya tenía un asiento reservado en el infierno.

Las lágrimas aún no se le habían caído de los ojos, pero por el sonido de su voz supe que no faltaría mucho. —No, Bella, no quiero nada más. Solo te quiero a ti.

Era tan sencillo. ¿Cómo no podía querer yo lo mismo? Sólo él y yo, Jake y Bells sin dudas hasta que ambos estuviéramos a seis metros bajo tierra. Después de una vida nómada con mi madre, llena de muchos padres y frecuentes cambios de casa, al final podía tener una casa, la garantía de un futuro.

Nunca había sido una adolescente, ni una sola vez en toda mi vida; siempre he sido una mujer de mediana edad que cuidaba a los que quería. Esa era la razón por la que mi repentina rebeldía tenía tan poco sentido. No quería un tatuaje o un piercing. Sin embargo, le estaba haciendo daño a Jacob. Y lo peor de todo, había estado enfadada; había caído tan profundo dentro de mi propio egoísmo que el dolor de Jake me había irritado. Tenía que ser la peor novia del mundo.

Jake me observó con expectación, pero no estaba segura de poder darle la respuesta que necesitaba. —¿Cómo puedes saber que soy yo todo lo que quieres? Jake, ni si quiera has estado en Oregón. Hay un mundo muy grande ahí fuera, hay muchas otras chicas.

Me tuve que inclinar hacia él para poder oír su respuesta.

—Bella, no necesito viajar por el mundo o relacionarme con cientos de chicas para saber que tú y yo estamos destinados. —Tragó saliva y observó las nubes que habían roto la monotonía del cielo naval. —Cuando me imagino mi vida dentro de diez, veinte, treinta años, siempre estoy contigo. Siempre. —Se giró y me cogió el rostro entre las manos. —¿Qué es lo que quieres? ¿Cómo puedo arreglarlo?

Sus palabras me pillaron desprevenida. —¿Cómo puedes arreglarlo? Jake, no has hecho nada mal. Soy yo la que estoy rota.

Él sacudió la cabeza, pero le mantuve inmóvil colocando las manos sobre sus hombros. Silenciosamente, le dije nada más que la verdad a pesar de lo dolorosa que era. —Voy a enviar una solicitud a Dartmouth. Tengo que hacerlo. Necesito hacerlo.

Las lágrimas lucharon por salir de sus ojos, pero asintió con la cabeza, pidiéndome que siguiera.

—Cuando estábamos cenando en mi cumpleaños, actuaste como si no fuera capaz de hacerlo; que tenía miedo, o que era demasiado leal como para hacer algo que te causara daño. Pero necesito saber qué es lo que se siente cuando aprovechas tus posibilidades. Tengo que ser egoísta. Solo por una vez. Si puedes acompañarme por esta etapa, entonces lo tendré todo. Podré arriesgarme y tenerte a mi lado, que es mucho más de lo que me merezco. Pero si no puedes… —No pude seguir hablando.

Jake colocó un dedo sobre mis labios. —Sí puedo, Bells. Estaré contigo siempre. No puedo vivir… No, no puedo funcionar sin ti.

Dijo lo que me había esperado, pero en lugar de sentir un total alivio, una parte de mí parecía estar hundiéndose. —Ahora dices eso Jake, pero ninguno de los dos sabe nada del otro. ¿No te preocupa que algún día cambien nuestros sentimientos? Mira a mis padres. Se casaron cuando solo eran un poco mayores que yo… Y mira lo que les pasó. Se querían, pero no fue suficiente.

Jacob envolvió mis hombros con su brazo. —No somos como ellos, Bella. No tenemos que casarnos justo después del instituto. Siempre puedes estudiar en la Universidad, y cuando estés lista podremos empezar nuestra vida juntos. De esa forma no te perderás nada.

Asentí sin decir nada. Jacob estaba dispuesto a hacer que lo nuestro funcionase fuera a la universidad que fuera. Era lo que necesitaba, pero tenía la sensación de que no era lo que quería.

Le pregunté, —¿y qué pasa después? ¿Dónde viviremos? ¿Qué haremos con nuestras vidas? —De repente, no pude imaginar nada en nuestra vida futura que no tuviera que ver con La Push. Mi corazón comenzó a latir con rapidez como si mi cuerpo estuviera corriendo el último tramo de una maratón. Me sentía exhausta.

Jake me miró desconcertado. —No lo sé. Ya lo averiguaremos cuando llegue el momento. No tenemos que planear el resto de nuestras vidas ahora mismo. Relájate.

Estaba tan tranquilo que me preocupaba. A pesar de lo que había comentado, acabábamos de plasmar nuestros futuros sobre piedra. Seguramente Jake nos veía avanzando por un camino libre de obstáculos. Quise desesperadamente ser tan inocente como él.

Entre mi confusión, pronuncié las palabras que sabía que eran totalmente ciertas. —Te quiero, Jake.

Él me abrazó con fuerza, apoyando la cabeza sobre mi hombro. Yo estaba rígida, incapaz de inclinarme hacia sus brazos. Algo iba mal; era incapaz de ser feliz.

Jacob me ayudó a levantarme. Me arrastré hasta casa, rezando porque Charlie no intentara preguntarme acerca de mi salida de aquella tarde. Estaba sentado en su sillón favorito, roncando suavemente en frente de la televisión.

—¿Necesitas ayuda para subir? —Me susurró Jacob.

Negué con la cabeza, y murmuré. —Demasiado arriesgado. —Le besé en la mejilla y subí lentamente las escaleras. Cuando llegué al segundo piso, Jacob se despidió con la mano y cerró puerta de casa silenciosamente.

Entré en mi habitación y me derrumbé encima de la cama sin molestarme en ponerme el pijama. Mi cabeza daba vueltas, pero no me influía en los pensamientos que estaba teniendo. Mi enfado había desaparecido por completo, y me di cuenta de que me odiaba a mi misma por lo que le estaba haciendo a Jacob. Le quería más de lo que las palabras pudieran expresar, pero estaba pasando por una pequeña crisis.

Sabía exactamente a quién tenía que culpar por convertirme en una persona tan egoísta. Sin embargo, no podía alejarme y cerrarme a Edward Cullen. Era la persona más interesante que había conocido. Esa era la razón por la que tenía que saber todo sobre él; tenía que probarme a mí misma que él no era perfecto, que no tenía emociones, o que no teníamos nada en común. Cuando pudiera refutar todas esas cosas que me atraían de él, podría volver a ser la Bella de Jacob, la chica que sabía quién era y qué la hacía feliz. Sin embargo, hasta que ese día llegara, una parte de mí le pertenecería a Edward Cullen, sin importar lo mucho que luchara.

Esa noche soñé que Jacob se daba cuenta. En un ataque de rabia, mi versión de Jacob Black me obligaba a contarle la verdad. Me desperté empapada de sudor. El sueño no volvió, y empecé a preguntarme cómo respondería a las preguntas de Jake en la realidad. Sabía exactamente lo que le diría, que Edward y yo solo éramos amigos, que nunca hemos estado, ni estaríamos, en los mismos círculos. Todo aquello era verdad, excepto por una cosa que nunca le contaría: que una parte de mi, enterrada en el fondo de mi ser, deseaba que esas verdades fueran, en realidad, mentiras.


Capítulo de transición. En el siguiente se pondrá más interesante, y aparecerán los hermanos Cullen ^__^