Gracias a los que leyeron mi fic :D me alentaron a escribir y quiero agradecer a mi Mariée de la vida por ayudarme cuando sufro mis crisis y no sé qué escribir.

Espero que les guste este capítulo y espero sus reviews, se dividirá en partes, besos :*

Disclaimer:Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Fox, el guionista y director de la serie, pero está claro que entre Brennan y Booth se pertenecen el uno para el otro.

Chapter Two: Like old times (Part One)

En un árido desierto de Phoenix, Arizona, Brennan bajaba con cuidado una de las miles de colinas recubiertas de piedras y arena para llegar al lugar de su excavación. Todo iba bien como en los últimos cuatro días, el sol calentaba todo lo que no estuviera bajo la sombra del toldo, los restos humanos encontrados esperaban en la fosa y la doctora estaba feliz de disfrutar al máximo su último día de vacaciones en una excavación antropológica a la que había sido invitada esa mañana.

Angela le había propuesto que tomara unas vacaciones junto con su hija y se alejara un momento del trabajo y no iba a estar para nada contenta cuando Brennan volviera, tendría unas cuantas palabritas con su amiga, la idea de las vacaciones era descansar, dormir y estar lo más lejos posible de huesos y cualquier otro tipo de restos humanos en diferentes estados de descomposición, pero ¿qué sería de la vida sin un par de cuerpos con años y años de antigüedad?

Bocinas y el sonido de la tierra al ser aplastada por múltiples pares de neumáticos alertaron a la doctora y su equipo. Coches patrulla y un par de SUV aparecieron en lo alto de la colina y enseguida los policías y miembros del FBI descendieron para esparcirse por el lugar.

-¿Tú los llamaste, Collin? –preguntó Brennan a un miembro de su equipo

-No, doctora –contestó tan extrañado como la mujer

Ante la aparición de un agente del FBI, Brennan tomó su posición defensiva. –Estamos autorizados para examinar lo que aquí se encuentra –avisó

-Lo sé, doctora Brennan, es sólo que… -echó un vistazo a su alrededor y entrecerró los ojos ante los fuertes rayos del sol- venimos a pedirle su ayuda, hay unos restos humanos por ese lugar –indicó hacia su izquierda- y ya que está aquí, pues…

-Lo siento, pero hace bastante tiempo que me retiré de cualquier vínculo en trabajo de asesinatos con el FBI –su voz era firme y su mirada lo decía todo

-Lo sé –repitió-, pero después de todo es su trabajo, cuando el FBI no puede hacer mucho con un cuerpo, acudimos a usted y su equipo –la voz del agente era tan firme como la de la doctora pero esta no se sintió bajo la necesidad de obedecerle como lo haría un empleado ante su jefe

-Acá –comenzó Brennan de nuevo- hay un grupo de los mejores médicos forenses de Estados Unidos, puede pedirle ayuda a ellos si lo desea…

El hombre no dijo nada, además no quería discutir contra ella, era una de las mentes más grandes del mundo y sabía que perdería en una discusión.

El equipo de Brennan se marchó, dejándola a ella con los cuerpos en la fosa. Volvió a tomar sus herramientas y bajó a la excavación para seguir con aquello y volver luego a su habitación de hotel, la sola presencia del FBI había arruinado todo su entusiasmo.

Después de un par de minutos donde había logrado dejar de lado lo sucedido anteriormente, Collin bajaba las escaleras para llegar al fondo de la fosa.

-Doctora, creo que esto sería interesante para usted, sería bueno que nos acompañara –comentó, pero sus palabras tenían dobles intenciones

-Pasé cinco años examinando ese tipo de cadáveres, sé que no me estoy perdiendo nada en absoluto –se equivocaba

Collin suspiró. –Necesitamos su ayuda –su voz era casi una súplica-, debería venir, después de todo son huesos ¿no? –trató de bromear, pero al ver la seriedad del rostro de Brennan, borró la sonrisa de su boca

Brennan no contestó, siguió examinando el cráneo que tenía en sus manos y ante aquello, Collin se marchó.

Le llamaba la atención el hecho de que los crímenes la persiguieran y una parte de ella le decía que fuera hacia el lugar donde todos estaban reunidos, si no quería cooperar, estaba en su derecho de no hacerlo, podría ir y sólo observar, era una buena opción.

Brennan se acercó al lugar donde estaba el cuerpo y oyó a alguien hablar -Puede que la causa de muerte haya sido una de estas puñaladas –decía Michael, uno de los antropólogos con los que Brennan trabajaba ese día

-Es posible, atravesó el pulmón izquierdo y rozó el corazón, debió haber sido un cuchillo bastante largo y alguien con mucha fuerza –corroboró James

-No, ¿ya vieron el cráneo? Está trisado aquí –señaló el lugar-, es posible que se haya golpeado la cabeza con algo –todos enmudecieron ante la sorpresiva aparición de Brennan en el lugar, nadie la esperaba, no después de sus palabras y además estaban asombrados sobre su descubrimiento, ninguno de ellos había logrado ver ese detalle

Temperance observaba los restos, aún tenían mucho tejido para su gusto, pero había lugares en que ya no quedaban rastros de músculos ni piel, y se sintió como en los viejos tiempos.

-Deberían enviar los restos al Jeffersonian para más análisis –dijo involuntariamente poniéndose de pie y colocando sus manos en su cintura

Todos la observaron con confusión y ella misma tomó conciencia de sus palabras, se estaba contradiciendo, pero no pudo evitar el no decirlas, estaba muy familiarizada con esa frase.

Comenzaron a levantar todo y a llevarlo hacia los autos, de a poco los doctores volvieron a la excavación comentando lo ocurrido sobre el cadáver y la habilidad de Temperance sobre su área, no cabían dudas de que era la mejor en su trabajo y por qué era una antropóloga tan reconocida.

¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué había ordenado que llevaran el cuerpo al Jeffersonian? ¿Qué se le estaba pasando por la cabeza en ese momento? ¿Sería correcto detener todo ahora y decirles que había cambiado de idea? Pero otra vez esa partecita suya le decía que no, que dejara las cosas tal y como estaban, quizá aquello tenía algo bueno y después de todo ella lo deseaba y sus palabras fueron reflejo de ese deseo.

Volvió a la excavación arrastrado los pies, dejó las herramientas sobre la mesa, se sentó en la silla, se quitó el gorro y quitó el sudor que le perlaba la frente.

Es lo que quieres ¿no? –comenzó a hablarle una vocecita en su cabeza- Por algo lo dijiste, ya no puedes negarlo, lo has buscado durante meses, has escuchado las conversaciones de Sweets a escondidas sólo para saber qué era lo que estaba sucediendo en el departamento del FBI pero no lo quieres aceptar.

Brennan arrugó la frente, era ilógico escuchar voces en su cabeza, ella no estaba loca. Quizá el sol me está haciendo alucinar –pensó

No son alucinaciones, es la verdad. Si quieres negar tus deseos y volver a la monotonía de tu vida, puedes hacerlo, deja que los demás se encarguen y diviertan, tú puedes hacerte la tonta y trabajar con los cuerpos del limbo para siempre.

¿Era eso lo que quería? ¿Vivir en una monotonía donde sólo había silencio, tranquilidad y pocos desafíos?

Pero ¿QUÉ LE ESTABA PASANDO? Temperance Brennan no era así, su vida eran los huesos, su vida giraba alrededor de aquellos que no podían saber la verdad de lo que les había sucedido, jamás había encontrado que su vida fuese una monotonía, jamás, no antes de trabajar con… Con Booth, sí, ella había cambiado, había aprendido a ver la vida de otra forma, esa vez él había sido el maestro y ella la alumna y aunque odiara admitirlo, extrañaba aquellos tiempos, sí, los extrañaba de todo corazón y sabía que estando encerrada en su oficina no haría nada más que lamentarse. Necesitaba un cambio, de verdad que sí, pero no tenía cómo.

Limpió las estúpidas lágrimas que comenzaron a rodar por su mejilla. Era estúpido ¿por qué llorar? No debía hacerlo, debía ser fuerte.

Ya no tenía nada más que hacer ahí, no iba a seguir las palabras de una voz, era irracional, ella tomaba sus propias decisiones y era volver a Washington y terminar con ese nuevo cuerpo lo antes posible sin involucrarse más que en darle una identificación, ese era su trabajo y así iba a ser siempre, si querían ayuda, se las daría pero siempre desde el laboratorio, ahí era donde pertenecía, después de todo, no había aprendido lo suficiente como para relacionarse bien con los vivos.

Ordenaba sus pertenencias en su bolso cuando una voz familiar preguntó: -¿Tempe?

Brennan se volteó tan rápido que hizo que su bolso cayera al suelo y su contenido se esparciera por el suelo, no le importó.

-¿Sully? –preguntó sorprendida y se abalanzó a sus brazos sollozando