Disculpen por la demora, pero es que entré a clases y no tuve tiempo de pasar las cosas al computador y menos seguir escribiendo, pero acá he vuelto con un nuevo capítulo, el título lo dice todo, un punto de vista de Booth para aquellas que se preguntaban qué era de él. Espero que les guste y por favor dejen sus reviews para alentarme a seguir escribiendo, bye :*
Disclaimer:Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Fox, el guionista y director de la serie, pero está claro que entre Brennan y Booth se pertenecen el uno para el otro.
Chapter 3: Booth's POV
Booth pensaba en ella todos los días, revivía sus momentos juntos cada vez que se le venían a la cabeza, no podía quitarse su sonrisa de la mente, sentía que estaba tatuada a fuego vivo en su cerebro. Cuando cerraba los ojos los de ella aparecían para iluminar su oscuridad.
Dolía estar lejos de Brennan, él debía estar a su lado, debía sostener su mano cuando alguna pena de su pasado la invadiera, quería decirle lo mucho que la amaba, decírselo de una vez, dejar que su corazón hablara y no su cabeza, no habrían excusas y su tumor tampoco lo era, aquello era parte de su pasado, el tumor ya no estaba alojado en su cerebro, se había ido y le había hecho abrir los ojos, porque antes de la cirugía estaba cegado por completo.
Sonrió ante el pensamiento de la posible reacción de Temperance cuando le dijera que dejaría que su corazón hablase por él "el corazón no puede hablar, Booth" le habría dicho "es sólo un músculo, no tiene boca, deberías saberlo". Y le hubiese encantado hacerla callar con un beso de improvisto. Esta vez seguiría sus intuiciones, haría lo que creyera que estuviera correcto y no dudaría ante ello, ya había arruinado esas oportunidades anteriormente y no volvería a cometer el mismo error.
¿Quién estaría cuidando de ella en este momento? ¿Habría un psicópata tratado de torturarla hasta la muerte como había sucedido en otras ocasiones? ¿Quién sería su maestro en el arte de comprender y tratar a las personas? ¿Se daría cuenta ella que lo amaba tal y cómo él lo tenía tan claro?
Se la imaginó en el asiento del copiloto del SUV, hablaba por teléfono con alguien del laboratorio, recibiendo el resultado de los análisis, su vista se fijaba en un punto mientras escuchaba atentamente lo que decían al otro lado de la línea; pero aunque estuviera a centímetros de ella, no podía alcanzarla, no encontraba sus propios brazos para alzarlos con sus manos y rozar su cabello que resplandecía bajo los rayos de sol, tampoco podía hallar sus labios ni su garganta para poder decir su nombre ni cuánto la amaba, pero lo peor de todo, era que los labios de Temperance se movían pero no emitían sonido alguno, o al menos él no podía escucharla. Entonces en ese momento, con una vuelta vertiginosa y peligrosa se dio cuenta que la distancia podía hacerla olvidar, podía hacer que ella olvidara por completo al hombre que daría la vida por salvarla y que él desaparecería de sus recuerdos de a poco. Lentamente olvidaría su voz ronca, la sensación de protección y seguridad que sentía cuando él la abrazaba, los diseños de sus corbatas, sus ojos cafés que brillaban al verla sonreír y que reflejaban tanta pureza.
No podía quedarse ahí sentado, su lugar no era ahí, estaba con el FBI, sus tiempos de militar y francotirador ya habían quedado encerrados en una caja, ya no quería volver a pensar en ellos, no quería lamentarse de las penas de haber perdido un compañero de tropa o haber asesinado a una gran cantidad de gente, tampoco quería lamentarse de la muerte de un joven soldado y querer que él viviera y tomara su lugar, puesto que tenía mucho que vivir… Seeley Booth había sobrevivido a un padre alcohólico y violento, a tiroteos, torturas y guerras y eso sólo significaba que la vida tenía algo preparado para él, su destino se había forjado de las experiencias y fortalezas que había ganado y si había llegado vivo hasta aquí, significaba que aún había un tramo de camino por recorrer y no podía darse por vencido, porque Temperance Brennan era su futuro, él debía superar las complicaciones y conseguir sobrevivir porque el destino de dos personas distintas con un pasado atormentador se juntaba en un punto donde esas dos almas debían complementarse y formar una sola. Seeley Joseph Booth pertenecía a Temperance Brennan en cuerpo, mente y alma.
Sus ojos se anegaron de lágrimas, había sido la mejor conclusión que había tenido en meses y estaba dispuesto a completarla aunque en esos momentos no se sintiera del todo capacitado.
Había estado por lo menos dos horas sentado frente a la barra del bar de un casino, había perdido la cuenta de cuántos tragos había bebido en ese período de tiempo; pudieron haber sido veinte como sólo pudo haber sido uno, ni tampoco sabía si las lágrimas se debían al desorden emocional de una persona en estado de ebriedad o simplemente salían de su corazón.
Algo lo impulsaba a continuar ahí y otra parte lo empujaba hacia lo que debía hacer. Su vicio por las apuestas no podía ser más fuerte que el más desesperado deseo de su corazón, tenía que poner los pies en marcha, levantarse de ese taburete y salir por la puerta a respirar el aire de un nuevo comienzo.
Dejó el whisky sobre la mesa, pagó en efectivo y se marchó del lugar tratando de hacerle caso omiso al sonido de la victoria y el tintineante sonido proveniente de las máquinas de azar.
Tomó el primer avión con destino a Washington y aunque faltaran un par de horas para ver a Temperance, su corazón ya latía desbocado en su pecho, era como si cada célula de su cuerpo supiera que pronto tendría aquellos ojos azules a centímetros de los suyos.
Ya no importaban los errores que hubiese cometido en el pasado, aquello había quedado atrás, ahora volvería a comenzar y retomaría su vida normal, volvería a trabajar en el FBI y ayudaría a su amada 'Huesos' a atrapar a unos cuantos asesinos que creían haberse salido con la suya.
Estaba ansioso por comenzar, como si fuera un egresado de la facultad con el título en la mano.
La semana de su partida no había sido para nada buena; había salido del hospital sin dirigirle la palabra a nadie, no le hizo caso a los gritos de Temperance a su espalda, apagó su celular y lo tiró a la calle, se subió a su auto y se encerró en su departamento. No contestó el teléfono de su casa en esos siete días, tampoco abrió la puerta cuando sonaba el timbre, apenas podía levantarse del suelo y prepararse algo para comer, su única compañía era aquella botella de whisky que parecía nunca acabarse. Luego de escuchar un avión atravesar el cielo por la noche, tomó su decisión: marcharse para no volver.
No había sido un buen año para Seeley Booth, aún no podía superar su pérdida pero al menos había avanzado en algo; había dejado el alcohol y el vicio del juego en el casino.
Era de madrugada cuando su avión aterrizó, sólo una mediana maleta era su equipaje y se apresuró para salir de allí, tomar un taxi y dirigirse al único lugar donde no molestaría a las cinco y media de la mañana.
No había nadie en el cementerio, el pasto bailoteaba ante la brisa y destellaba bajo los primeros rayos de sol, era un hermoso escenario, pero a la vez, el más triste.
Sabía qué camino debía tomar para llegar a donde descansaba la madre de Temperance, también donde encontraría a otros conocidos, pero en ese momento buscaba una lápida completamente distinta.
-¿Seeley? –preguntó una voz femenina. Booth se volteó y vio un opaco y revuelto cabello rubio ondear en la brisa
Rebecca estaba de pie frente a él con un ramo de flores en sus manos y los ojos anegados en lágrimas, la mujer corrió y se lanzó a llorar en los brazos del ex agente del FBI mientras él cerraba con fuerza sus ojos para no llorar.
-Creí que nunca volvería a verte –dijo Rebecca con tono enojado apartándose de él, se limpió las lágrimas de su rostro-. ME DEJASTE SOLA –comenzó a lanzar gritos-, NO CONTESTABAS MIS LLAMADAS, NO ESTABAS EN TU DEPARTAMENTO, TEMPERANCE –Booth no pudo evitar hacer un gesto con su rostro al oír su nombre ni detener el latido de su corazón- ESTABA DESESPERADA, DESAPARECISTE, ¿CÓMO PUDISTE HACERNOS UNA COSA ASÍ?
Rebecca volvió a llorar, la consumía el dolor.
-De verdad lo siento, Rebecca –se disculpó Booth-, actué sin pensar, yo sólo… Debía irme
Ninguno de los dos dijo nada. Ella comprendía, por una parte, la forma de actuar de Booth, de comienzo deseaba hacer lo mismo, huir de ahí, dejar el dolor atrás, pero tenía que preocuparse de otro asunto primero, y por otra parte no lo comprendía, ¿por qué tuvo que irse? ¿Por qué tuvo que dejarla sola con todo ese dolor? ¿No había pensado que ella y Temperance se preocuparían sobre lo que él hubiese sido capaz de hacer? Pero estaba feliz de verlo vivo, conociéndolo, ya lo daba por muerto, estábamos hablando del hombre que le disparó a un payaso de plástico sólo porque le molestaba el ruido. Si había terminado con la molestia de esa forma y era completamente superficial, ¿qué hubiese hecho con la molestia emocional?
-Es temprano… -comentó Booth para romper el silencio
-Lo sé, pero no podía dormir y salí a caminar –contestó Rebecca-, mi casa está a un par de cuadras de acá, decidí mudarme para venir más a menudo…
Luego de sus palabras ninguno volvió a hablar, ella dejó las flores y caminó para marcharse del lugar, Booth sacó del bolsillo de su pantalón una ficha de juegos del parque de diversiones y la dejó sobre la lápida que rezaba Parker Booth 2010 Adorado hijo y ángel.
