Notas de autor:
Después de haber avanzado bastante, decidí que no me gustaba nada de lo que había escrito y lo borre todo y ya estaba hasta acabando, pero así soy yo. Ahora viene esta versión influenciada por claro de luna de Beethoven, que espero guste.
Disclamer: El potterveso es de su dueña y a quienes se los vendió, la obra en si es lo único mío y espero que continúe así.
ORDEN DE MERLÍN PRIMER GRADO
Si no los puedes convencer, confúndelos
Ley de Murphy enviaría
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Cuando se piensa en los cielos de Londres, lo que viene a la mente son interminables días nublados y helados. Pero hubo un tiempo en que toda Inglaterra explotaba en fuegos artificiales, que llovían estrellas fugaces y unas trastornadas lechuzas volaban a pleno medio día, por que Gran Bretaña es tierra de magos escondidos y este primero de noviembre se celebra la vida.
Por entre los serios y apresurados londinenses se mezclaron los extraños personajes con gorros puntiagudos y capas, medias a rayas y sombreros de extravagantes flores quienes se abrazaban a quien se dejara, que gritaban de felicidad e incluso hubo un peculiar viejo de larga barba y calva brillante que se atrevió a bailar algo parecido a la conga en pleno cruce peatonal. Por todo esto quizás nadie presto atención a un solo hombre, cuya mirada gris transmitía dolor y clama venganza.
Sirius Black va por sangre de rata y sus pasos son pesados, de plomo quizás pero su camino no titubea, la varita flota en su palma guiándolo hacia su destino. Entre las multitudes del centro de Londres es casi imposible encontrar a alguien, pero con la magia como guía es fácil abrirse espacio entre el mar de cuerpos.
Al fin, después de horas yendo de un sitio para otro, jugando al gato y al ratón lo ve a lo lejos y lo reconoce por su fofo perfil, caminando afanado mirando para todos lados temeroso, el vengativo Black no perdona una traición.
Ahora comienza la cacería, la sangre Black corre furiosa por sus venas gritando por la cabeza de Peter, un miembro de la oscura estirpe Black ama con pasión y entrega su confianza sin dudas ni barreras y hay de aquel que osa no estar a la altura de semejante honor.
Peter se mueve entre la gente sintiendo el peligro en su nuca, los vellos erizados de sus brazos y una gota helada que le resbala por la espalda, en todas partes ve ojos oscuros que lo miran con odio, el chivatoscopio gira silencioso y descontrolado en su bolsillo, su asustadizo corazón late como loco en su pecho, no sabe donde meterse para huir.
Sirius se acerca, se aleja, se esconde detrás de un buzón y todo el tiempo los muggles en medio obstaculizando su visión, jamás un tiro limpio y demasiadas opciones de fallar y perderlo para siempre. Peter camina en zigzag, sabe que los muggles son su salvación y no se apartará de ellos mientras pueda, Sirius solo debe esperar un error y actuar rápido, esa rata siempre sucumbe bajo presión.
A la derecha y luego a la izquierda, Sirius se acerca cada vez más a su presa y Peter corre desesperado hacia el único callejón que ve, se adentra en la sucia callejuela de mala muerte y un par de mujeres lo observan curiosas desde las ventanas, no hay escaleras ni salidas. Esta atrapado en una jaula.
El regordete Peter resopla y sus ojos se mueven de los altos techos hacia la entrada del callejón donde una silueta se acerca con pasos rápidos, firmes, seguros y peligrosos. Desaparecerse seria lo lógico, lo obvio para un mago pero es una lastima para Peter que no halla logrado aun perfeccionarlo y estando tan nervioso es seguro que dejaría atrás algo.
Se obliga a pensar como nunca antes había pensado, ve la muerte reflejada en los ojos de Sirius y no es la muerte en broma, es esa que te deja frio y solo como recuerdo, en su caso con el desprecio a su memoria ya que en la historia solo estaría el traidor de Peter Pettigrew.
Tiempo, solo necesita un poco para pensar en algo y este se le acaba, ya le ve esa chispa de odio Black brillarle en los ojos y solo muerte significa.
—Vaya Sirius, ¿que t-te trae a estas calles t-tan pe-peligrosas?—
—Eras tú, siempre fuiste tú—murmura entre los dientes Sirius.
—Sirius, s-será mejor que n-nos va-vallamos. Hay m-muchos m-muggles—
— ¡Que importan los muggles! Te voy a matar Pettigrew—escupe las palabras Sirius, las mandíbulas apretadas apenas le permiten hablar.
—N-no hay que ser t-tan extremistas, t-todo se pu-puede r-resolver hablando—
—Si, hablar es lo que mejor haces rata traicionera. Soplarle a tu señor donde estaban—
Peter no puede estar más pálido y tembloroso, no se le ocurre nada para salir de allí. Sirius sabe la verdad y seguramente ya todo el mundo debe estar buscándolo, si no el ministerio los demás mortifagos. Todos lo quieren muerto. La muerte es su destino inevitable, a manos de viejos o nuevos enemigos.
—T-tu n-no lo entiendes, n-nunca estuviste ante ÉL—
—No seas idiota Pettigrew, esa no te la crees ni tu maldito hipócrita—
—Él t-tenia de su lado a grandes y p-poderosos magos—
— ¡Nosotros también!—
Para Sirius no había excusas, solo el abandono del que era su amigo y su propia torpeza, su ceguera ante lo obvio. Un Peter callado y huidizo, torpe en las misiones de la Orden y con asuntos por resolver que nadie conocía, era el espía que saboteo las operaciones, quien dio las pistas para que tantos murieran y quien finalmente delato a James y a Lily, el inocente y leal Peter.
—Aviectum Ignis— grita Sirius, de su varita sale una lengua de fuego hacia la cara de Peter pero este la esquiva tirándose de panza al piso, se arrastra hasta una pared tembloroso y apenas sosteniendo la varita.
—Expulso— Peter lanza el hechizo, un encandilado Sirius no logra esquivarlo y sale volando por los aires.
Por la luz del fuego se habían acercado unas cuantas personas que observaban todo con curiosidad, un par de hombres amenazándose con palitos y las espectaculares luces, de seguro era uno de esos extraños programas de televisión, lo raro era que no habían cámaras a la vista.
En la mente de Peter solo cabe el hecho de que todos lo quieren muerto y nadie que le va a dar una salida; pues entonces les dará lo que quieren, una muerte dolorosa y gloriosa como pocas pueden haber.
— ¡Oh Sirius! ¡¿Como pudiste, a James y a Lily?!— grito con todas las fuerza y el melodrama que pudo.
El rostro de Sirius, se transformo en una mascara de odio a medida que se levantaba y empuñaba con mas fuerza su varita. Lanzo un potente Voltius, que le dio de lleno en la panza a Peter quien calló al piso totalmente paralizado y gritando de dolor, los muggles se agitaron ante los gritos.
Cuando la acción del hechizo termino, Peter sin desviar la mirada de los ojos de Sirius, llevo la varita hasta su espalda.
— Devasto— susurro.
El efecto fue sorprendente, todo voló por el aire en una explosión maravillosa. Dos muggles que estaban más cerca fueron atravesados por una viga, ensartados como brocheta, otro más allá se partió la cabeza contra un muro, otro sepultado bajo los escombros, doce muggles en su último acto como mortifago y su mejor record de muertes con un solo hechizo.
Faltaba el ultimo acto, un dolor atroz se extendió desde su mano y nunca pensó que cortarse un dedo fuera tan incomodo y que la herida sangrara tanto, pero era necesario. Vio a Sirius con cara de tonto aferrándose los oídos más allá del desastre, un condenado sobreviviente.
Ahora lo único que quedaba de Peter Pettigrew era un dedo, el resto de su ser corría sangrante entre las tuberías, hacia las alcantarillas y más allá, transformado en lo único que representa su verdadera naturaleza: una enorme y mutilada rata parda.
Atrás Peter dejo al que debió guardar el secreto, a la oveja blanca de una familia negra. La mente de Sirius detenida en el desastre e incapaz de ir más allá del instante, porque si pensaba recordaba y si lo hacia se derrumbaría. Los detalles que él siempre ignoró, las miradas huidizas que nunca vio, el amor incondicional de Remus que subestimo, James y Lily ambos muertos por su culpa.
Al final, todo lo que quedo de su gran venganza fueron más muertos inocentes y un dedo frio, sangre y la túnica del ser insignificante en quien confió. El mundo se nublo y las lágrimas querían correr, el dolor quería salir pero no era capaz, nunca se le había dado bien llorar. De su garganta lo único que surgió fue una risotada tras otra, carcajadas histéricas desde el piso mientras los magos del ministerio se hacían cargo de la catástrofe.
Lo último que supo del mundo, antes de ser enviado a una eternidad a Azkaban fue lo más hilarante que había escuchado en su existencia: A Peter Pettigrw le fue otorgado el grado de caballero de primera clase de la orden de Merlín, en honor a su memoria.
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NO ESTA DE MÁS RECORDARLES EL COMENTARIO O EL TOMATAZO CORRESPONDIENTE.
