Cambio de Cuerpo

Capítulo 2: ¡Cambio!

Inglaterra PoV:

¿Qué diantres había pasado? Mis recuerdos estaban borrosos y no podía ver nada… umm… tal vez porque tenía los ojos cerrados. Claro, pero no podía abrirlos, me sentía raro y muy adolorido. ¿Sobre qué había caído? ¡Ah! ya, estaba limpiando mi biblioteca, entonces eso quería decir que había caído sobre una pila de libros… perfecto. Esto me iba a dejar marca.

Moví las manos torpemente tanteando el suelo, pero me sorprendió el hecho de que no sentía los supuestos libros, en vez de eso sentí los bordes de algo… ¡un momento! Ahora que lo pensaba no me sentía sobre una superficie recta, era más bien algo inclinado… ¿escaleras? ¿Qué demonios estaba haciendo sobre unas escaleras? No recordaba haberlas usado.

Estaba sumergido en mi confusión cuando un delicado aroma llego a mi nariz, el olor era delicioso, definitivamente comida y si el sabor se acercaba a la esencia, entonces debía de ser una verdadera exquisitez. Mi estómago gruñó con impaciencia, ¿tenía hambre? ¿Acaso no acababa de comer?

-Monsieur, la cena está lista –Escuché decir a una voz masculina desde algún lugar de la oscuridad que era mi visión.

¿Monsieur? Si mal no recordaba eso era señor en… ¿francés? Muy bien, ahora si estaba bien confundido.

Abrí los ojos contra mi propia voluntad y pestañé un par de veces para intentar aclarar mi visión. Desconocía donde me encontraba, parecía una especia de vestíbulo arreglado elegantemente, demasiado para mi gusto. Justo como había pensado, estaba tendido sobre unas escaleras, parecía que iba bajando al momento de caer.

-¡Sacre bleu! ¡Monsieur! ¿Se encuentra bien?1 –Un sujeto de obvia apariencia francesa se acercó a mí, iba vestido como chef.

Era tal vez lo más extraño que me había sucedido en la vida, ¿qué diantres estaba haciendo un sujeto francés en mi casa? ¿Por qué me hablaba de señor?

Me tendió una mano para ayudar a levantarme, seguía muy confundido pero no rechace su oferta, no había que ser descortés… aunque se tratara de un francés.

-¿Qué suce…? –Empecé a decir, pero casi enseguida me callé, petrificado por un inquietante descubrimiento.

¿Qué le sucedía a mi voz? Esa no era, ni siquiera se le acercaba, era una voz que sólo escuchaba en mis pesadillas y en los peores momentos de mi vida.

Busqué a mí alrededor, en una esquina colgaba un espejo con ese elegante y casi chocante estilo, me acerqué a él temblando… y me fallaron las piernas.

Inglaterra PoV Off.

Y alrededor del mundo se desató la locura, desde Rusia hasta América, desde los países nórdicos hasta los bálticos, desde Cuba hasta Canadá. En todos los países por igual, fuera de día o de noche, lloviera o nevara, se escuchó ese tremendo trueno dejando perplejos a los espectadores y, en el caso de los países, dejándolos sin conocimiento sólo para revelar una oscura verdad.

-¿Qué diablos es esto? –Gritó un muy consternado Francia mientras se miraba en el reflejo de una ventana, que por supuesto no era de su casa.

Se quedó mirando boquiabierto lo que la ventana le mostraba, no podía creerlo, no era su bella cara la que le regresaba la mirada, ¡no! Era algo terrible, algo espantoso, algo que no era posible describir con palabras, algo con cejas de azotador, ¡era Inglaterra!

-¡No puede ser verdad! –Tal vez la ventana era una de esas con truco, tal vez era sólo una pesada broma de alguien sin corazón, no podía ser verdad, no podía estar pasando.

Se miró el cuerpo, esa ropa tan fuera de moda, ese estilo anticuado, levantó las manos temblando y se las pasó por la cara, ¡definitivamente no era su cara! Y, las cejas, ¡oh dios esas cejas!

-Muy bien –se dijo a sí mismo- algo extraño está pasando aquí, algo extraño y ¡horrible!

Miró alrededor, ¿dónde diablos se encontraba? Parecía una biblioteca llena no sólo de libros, sino también de polvo y telarañas, parecía que no los habían usado en un largo tiempo.

Aún no podía entender cómo había llegado ahí. Sólo podía recordar haber estado bajando las escaleras hacia el comedor para la hora de comer, afuera el día era esplendido, muy soleado pero por alguna extraña razón se escuchó un trueno. Eso era todo lo que quedaba en su memoria antes de que perdiera el conocimiento. Y ahora estaba en ese extraño cuento de terror.

Se dejó caer en el piso completamente desolado y fue cuando notó ese grueso libro a un lado suyo que estaba abierto en una página, se acercó a leerlo, tal vez eso era una pista. Lo tomó entre sus manos y leyó lo que estaba escrito en él, "Cómo reparar cosas rotas".

-¿Eh?

Mientras tanto, en alguna parte de Italia del norte un muy confundido Alemania apenas iba despertando.

Había caído de cara sobre una superficie lisa y fría, lo que le aliviaba un poco el dolor de las extremidades, podía sentir algo bastante pesado sobre su espalda que le impedía respirar correctamente.

Sacudió la cabeza un par de veces sintiendo suaves mechones de cabello que le hacía cosquillas en la nariz, ¿tan largo lo tenía? Era un tanto extraño, el siempre se aseguraba de que su pelo siempre estuviera bien cortado, no más largo que la altura de sus ojos.

-Tal vez necesite otro corte –Dijo mientras suavemente se pasaba una manos por los ojos, y en cuanto los abrió supo que algo andaba mal.

¿Qué era esa resistencia que oponían sus párpados a permanecer abiertos? No estaba cansado. Se talló los ojos una vez más para asegurarse de no cerrarlos. Intentó observar el lugar que le rodeaba, pero le era un poco complicado debido a la posición en la que se encontraba con esa cosa pesada aprisionándolo contra el piso. Parecía una cocina, una que por cierto no conocía aunque se le hacía extrañamente familiar.

Eso lo desconcertó un poco no recordaba haber estado en una cocina, de hecho, ni siquiera recordaba haber estado bajo techo. Podía recordar que era un esplendido día y como no tenía nada agendado había decidido darse uno de los pocos momentos de tranquilidad en su vida y había salido a leer, sentado bajo la sombra de un gran árbol y sintiendo la suave brisa sobre su cara… o al menos así había sido hasta que un estruendoso trueno lo sacó de su lectura, miró hacia el cielo pero no parecía haber cambios, las nubes permanecían blancas y delgadas.

-¿Qué fue eso? –Se preguntó así mismo y de la nada se sintió bastante mal, como mareado, recostó su cabeza contra el tronco del árbol esperando que se le pasara.

Y un desmayo después ahí estaba en un lugar que vagamente reconocía.

Sacudió su cabeza, no iba a averiguar nada si no se lograba poner de pie así que rápidamente, y con un poco de esfuerzo, logró empujar lo que fuera que tenía sobre la espalda. La cosa cayó haciendo un terrible sonido metálico que retumbó por toda la cocina.

Finalmente se podía poner de pie. Pero, nuevamente algo no andaba bien. ¿Acaso se había vuelto más pequeño? La diferencia no era tan grande pero era fácilmente apreciable para él, los estantes y gabinetes no parecían llegarle a la altura correcta. Ahora que estaba de pie podía reconocer más fácilmente el lugar donde se encontraba, era la cocina de Italia, pero lo que estaba haciendo en ella aún era un misterio.

-Tal vez sea una de esas extrañas bromas de Italia que nunca entiendo –Pensó mientras volvía a revisar el lugar.

Había algo en el suelo no muy lejos de él, tal vez la cosa que lo había tenido apresado contra el suelo. Se acercó a examinarlo, era una olla para preparar pasta, no se veía tan pesada como la había sentido, ¿acaso no había cargado cosas mucho más pesadas sin dificultad alguna?

Se agachó para recogerla y una cara familiar se reflejó en el brillante metal, sin embargo no era la que Alemania esperaría ver. Unos brillantes ojos dorados que rara vez estaban abiertos, una cara delgada y un pelo café.

Un gritó de terror escapó de su boca mientras se daba cuenta de lo que sucedía, la olla resbaló de sus manos y volvió a caer al piso con un horrible estruendo metálico.

Pero Francia, Inglaterra y Alemania no eran los únicos. Lejos muy lejos de ahí en territorio Ruso un gritó femenino lo sacó a él de su sueño.

La verdad es que había estado habiendo mucho revuelo, pero no había querido escuchar, ¡eran las 3 de la mañana los el amor del cielo! Sólo quería que lo dejaran dormir, pero ese gritó fue lo que definitivamente le cebo el intento.

-¿Qué sucede ahora? –Dijo mientras se desperezaba y contenía un bostezo, estaba demasiado adormilado como para siquiera notar que algo había cambiado. Ni siquiera se dio cuenta de que no estaba en su cama, ni siquiera en su casa, estaba tendido en el suelo usando de almohada una especie de bufanda rosa, tampoco parecía notar que por una ventana cercana a él se colaban los últimos rayos del sol antes del anochecer.

-¡Hermano! –Escuchó que gritaban, era una extraña voz femenina que sólo había escuchado un par de veces pero a la que no podía colocarle un dueño.

Parpadeó un par de veces desconcertado ¿acaso tenía más hermanos aparte del que conocía? Esa definitivamente no era la voz de Canadá llamando por él, era una voz mucho más fuerte pero que graciosamente parecía al borde de las lágrimas.

Miró alrededor por primera vez dándose cuenta de que no estaba en su casa, esta parecía ser mucho más grande, también de que no era de madrugada, parecía que más bien eran las primeras horas del anochecer, y de que al parecer estaba tirado en el piso usando como almohada una bufanda rosa que se le hizo perturbadoramente familiar. Su vista también era algo que le llamó la atención, estaba misteriosamente bien, podía ver perfectamente, todo tan nítido, pero no estaba usando sus lentes. Era algo tan raro.

-¡Hermano! –Volvieron a gritar, esta vez no era una sola voz, eran dos. Totalmente diferentes la una de la otra.

Detrás de él una puerta se abrió con un estruendo y dos figuras se recortaron contra la luz que entraba por la abertura.

Una de ellas, más alta que la otra, de facciones finas y pelo corto iba vestida con un overol azul y botas negras. Su rostro sin embargo demostraba enojo y tenía los brazos fuertemente cruzados sobre su voluptuoso y generosamente dotado pecho.

La otra, más baja y con el pelo más largo aunque de la misma tonalidad clara que la otra silueta, llevaba un bonito vestido adornado con un moño pero su rostro estaba bañado en lágrimas y parecía que hacía grandes esfuerzos para contener los sollozos.

Estados Unidos las reconoció como las hermanas de Rusia, Ucrania y Belarús, pero su presencia no hacía más que aumentar su confusión. ¿Qué estaban haciendo ellas aquí? O más bien ¿Qué diablos estaba haciendo él ahí? Y lo más importante ¿lo acababan de llamar hermano?

-¡Hermanito acaba de ocurrir algo terrible! –Sollozó la pequeña silueta que el imaginó era Belarús.

-¿Hermano? –Preguntó Estados Unidos confundido, su voz tampoco parecía estar bien, intentó carraspear para corregirlo pero una descabellada idea cruzó su mente, como si estuviera uniendo las piezas de un rompecabezas, y fue entonces cuando se le ocurrió mirarse bien el cuerpo.

Se puso de pie y notó que ahora era muchísimo más alto, también que sus manos estaban increíblemente pálidas y que al parecer tenía el pelo más largo. La ropa que llevaba lo desconcertó bastante ya que sólo había visto a una persona usar ese tipo de ropa.

Se quedó paralizado, confundido y aterrado, esperando que la pesadilla terminara. Las dos chicas también se quedaron muy quietas observando el extraño comportamiento de su hermano. La que aparentemente era Ucrania fue la que captó más rápido.

-¿Quién eres? –Preguntó con una voz fría mientras le lanzaba una mirada envenenada.

Cruzando el océano en una pequeña islita de famoso renombre también se desarrollaba todo un drama.

Antes de que el sonido de ese trueno hiciera su aparición, Japón yacía tranquilamente en su casa pasando una agradable tarde leyendo un par de mangas, hacía un rato que había regresado de hacer las compras y ahora tendría que ponerse a hacer la comida pero un minuto de esparcimiento no haría ningún daño.

Sin embargo el tiempo se le pasó más rápidamente de lo que hubiera deseado.

-Que mal, justo en la mejor parte –Dijo mientras le echaba una ojeada al reloj de la pared.- Si no me apresuro no tendré lista la comida.

Se puso de pie y recogió las bolsas de la compra que había dejado en la entrada, también había dejado la puerta abierta, ¡qué gran descuido! Se apresuró a cerrarla sintiendo como el aire frío le golpeaba la cara.

-Parece que se avecina una tormenta –Dijo mientras miraba el oscuro cielo, las ramas de los cerezos afuera de su casa se sacudían violentamente y varios relámpagos cruzaban las negras nubes.

No les prestó gran atención y volvió a sus deberes.

Mientras lavaba unos vegetales en la cocina pudo sentir el gran retumbar de un trueno, más grande de lo que jamás había escuchado o sentido en su larga vida.

Cerró el grifo del agua y se fue a sentar en una silla que estaba cerca de él, de pronto se había sentido muy mareado, su cabeza daba vueltas, intentó cerrar los ojos para ver si así se le pasaba pero en vez de eso perdió el conocimiento.

Cuando su cuerpo volvió a abrir los ojos no era Japón el que miraba a través de ellos.

Se había caído de la silla donde había estado sentado y había ido a aterrizar de cara, y para colmo de nariz. Lentamente logró levantarse del suelo y se acarició la nariz, por suerte no se la había roto.

-Eso sí que dolió aru.

1Por sí no saben Sacre Bleu es en francés dios mío y por si no leyeron bien Monsieur es señor.