Capitulo 2.
-Encantada de conocerle, señor Black. - me apresuré a decir, alzando mi mano hacía adelante para estrechar la suya. Él se limitó a mirarla con un extraño desprecio hasta que la bajé.
Miré a Juana de reojo, pero esta observaba a el señor Black con desaprobación. Me pregunté que había de malo en mi persona para que él acumulara ese odio hacia mi. Me alejé de él lentamente.
-Bueno… - dijo Juana, intentando romper el hielo. La tensión se podía cortar con un cuchillo. - Bella, te enseñaré el resto de la casa.
Salimos de la habitación del señor Jacob (el cuál parecía bastante enfadado) y nos dirigimos a la habitación contigua. Entramos y me volví a quedar prendada.
El cuarto era grande también (cómo todo en aquella casa). Las paredes estaban pintadas de violeta claro. La cama y el silloncito tenían un tono color rosa pastel. La habitación era muy bonita. Dentro de la habitación estaba el baño.
-Esta será tu habitación, Bella. -me dijo Juana, señalando la habitación desde fuera. Me gustaba, era perfecta para mi. La estantería estaba llena de libros y sobretodo, tenía un baño sólo para mi. -¿Te gusta? - preguntó, mirándome con una sonrisa de oreja a oreja. Me giré hacia ella con la misma sonrisa.
-¡Si! ¡Es perfecta, me encanta! -le dije, mirando todo a mi alrededor.
Salimos de mi cuarto (aunque yo quería quedarme allí mucho más tiempo) y nos dirigimos a otra habitación. Era la de Juana. Por dentro era de color azul zafiro y la cama y el silloncito (que era igual en todas las habitaciones) eran de color azul cielo.
-Este es mi cuarto. - explicó Juana. - Para lo que me necesites, siempre puedes encontrarme en la cocina o aquí.
-Entiendo. - dije.
-Bueno, esta es toda la casa. El resto ya lo has visto, el salón, el vestíbulo, la cocina y el comedor. Sólo faltaba que vieras las habitaciones. - dijo, con una sonrisa cómplice. Sonreí yo también.
Volvimos a mi cuarto.
-Bella, tienes que ponerte el uniforme. -dijo, señalando un atuendo sobre la cama en el que no había reparado antes. Era de color negro, con un delantal blanco. El típico atuendo de sirvienta. Di un pequeño suspiro casi inaudible. - Te dejaré a solas. - dijo ella.
Estaba saliendo del cuarto cuando la detuve.
-Juana. - la llamé. Ella se giró y se acercó hasta mi. Continué. - ¿El señor Jacob… es siempre así? - pregunté, bajando la voz. Él podría estar escuchando a través de la pared.
-No. - el corazón se me encogió. Así que yo era el porqué de su mal humor repentino. -Pero tampoco es por ti. El … él era muchísimo más diferente antes de su accidente a como es ahora.
-¿Su accidente? Entiendo… - dije, agachando la cabeza. "Bella, eres una egoísta" pensé, enfadándome conmigo misma. El señor Jacob había tenido un accidente al parecer reciente y yo … pero tampoco tenía que ser tan brusco conmigo.
-Pero … ya es demasiado. - dijo Juana, en el mismo tono de voz que yo. - Hay veces en que lo desconozco totalmente. Hace mucho tiempo que no sonríe… se ha vuelto arisco, amargado e incluso arrogante.
La miré, mordiéndome el labio.
-Pero no te preocupes, cielo. - dijo, dándome un abrazo fuerte. La abracé yo también.
-¡Juana! - escuché la grave voz del señor Black. Abrí los ojos rápidamente y vi que se encontraba en la puerta, mirándonos con altanería desde su silla de ruedas. La compasión me recorrió todo el cuerpo.
-Jacob. - contestó ella, mirándolo con seriedad.
-Prepara el almuerzo. - le ordenó con frialdad. Ella salió del cuarto rápidamente. El señor Jacob se quedó mirándome fijamente. -Y tu, pon la mesa.
Asentí con la cabeza.
-¿Cuántos cubiertos pongo, señor? - pregunté. Quizás Juana comía con él también.
Soltó un bufido de incredulidad, como si le hubiese preguntado cuanto eran dos mas dos.
-Tres. - contestó.
-¿Tres? ¿Tiene usted un invitado, señor? - pregunté educadamente. Me miró con desprecio. Realmente, me daba miedo.
-¿Acaso comes en un cuenco para perros? - preguntó con soberbia. Negué rápidamente con la cabeza. - Pues el tercer cubierto es para ti, Bella.
En su boca, mi nombre sonaba a insulto.
-De acuerdo. - me quedé plantada frente a el.
-¿A qué esperas? - me espetó.
-Creía que iba a salir usted primero, señor.
-No. - dijo, con fiereza. Frunció los labios. Se apartó rápidamente y me dejó salir.
Las lágrimas se agolparon en mis ojos. "Tu no te mereces esto, Bella" No. No me lo merecía.
La cena estaba resultando bastante tranquila, dado que el señor Jacob no se había molestado aún con nada.
-Bueno, Bella… - comenzó Juana. Por un momento deseé que Juana no me hubiese nombrado. Era el objeto de odio de Jacob. Lo miré de reojo, pero seguía comiendo tranquilamente. Suspiré, aliviada. - Cuéntanos, ¿qué te ha traído a buscar este trabajo?
La miré, asustada. ¿Acaso era necesario contar toda mi historia? Dejé el cubierto a un lado para beber un poco de agua.
-Am, bueno, yo… en realidad… necesitaba el dinero…
-Como todo el mundo. - me espetó Jacob, mirándome fijamente. Perfecto. La fiesta acababa de empezar.
-En realidad, yo… - comencé.
-En realidad, nada. - dijo el. Siguió cenando.
-¡Jacob! ¡Deja que termine de contestar! - le replicó Juana, exasperada. Jacob apretó los puños sobre la mesa y me miró fijamente. Así, me iba a resultar imposible continuar.
-No es nada importante. - concluí yo. Las lágrimas volvieron a mis ojos otra vez.
Jacob hizo una mueca de frustración y volvió a su cena.
Me tumbé en la cama. Era bastante cómoda y caliente. Cerré los ojos, intentando quedarme dormida, pero me habían pasado demasiadas cosas que debía analizar.
Primero: Jacob Black me odiaba y probablemente me querría fuera de su casa lo antes posible.
Segundo: No podía irme si quería seguir viviendo.
Tercero: Aún me quedaba Juana para consolarme. Ella podría actuar como una madre.
Cuarto: Las cosas de ahora en adelante. Estaba segura de que nada sería fácil, y aunque en parte no me había gustado el recibimiento de Jacob, era un buen comienzo de mi nueva vida. Tendría que aguantar, tendría que ser fuerte.
No paré de dar vueltas en la cama, sollozando. Estaba teniendo una pesadilla y bastante horrible: veía como se llevaban a Charlie, su cuerpo despedazado por el otro coche… todo era bastante malo. Y yo gritaba porque no quería creer que en realidad mi padre había muerto.
-No… no, papá … Charlie … ¡CHARLIE! -chillé, en medio de la noche.
Jacob.
Abrí los ojos ante el chillido de la chica nueva, esa tal Bella. Por su culpa no podría volver a dormirme. Me pasé de la cama a la silla de ruedas (haciendo un esfuerzo doloroso) y me dirigí a su cuarto.
Abrí la puerta con fuerza, para encontrarme a la pobre chica tirada en el suelo, dormida. Al parecer ni siquiera había sufrido el impacto contra el suelo. Suspiré.
Ni en sueños iba a ayudarla a levantarse. Ella me había arruinado mi noche.
-¡Eh, EH! - Le grité. La chica despertó inmediatamente, asustada. Estaba como un tomate. -¿¡Se puede saber qué demonios estás haciendo! - grité. Ella se encogió, cada vez mas asustada. -¡A gritar vas a la calle! - le espeté, cada vez más furioso. -¿¡Entiendes!
Ella asintió con la cabeza, casi a punto de llorar. De repente, mi corazón se ablandó, y sentí la acuciante necesidad de pedirle perdón y abrazarla. Pero no podía. Ella era… un auténtico incordio, desde que había puesto un pie en aquella casa.
-Vuelve a la cama. - le ordené, con frialdad. - Y que no se vuelva a repetir. - la amenacé, saliendo del cuarto.
Al cerrar la puerta, creí haber escuchado un sollozo.
Bella.
6:00 de la mañana. El despertador sonó puntual, a pesar de los golpes que se había llevado hacia un par de semanas para que cupiera entre dos jarrones.
Me levanté de la cama y me duché rápidamente. Mientras el agua fría caía, recordé lo ocurrido la noche anterior.
¡Qué vergüenza! Podría haber venido Juana, pero ¿porqué él, Jacob? Tenía ganas de morirme, o, por lo menos, partirme una pierna.
Serví el desayuno y me senté a la mesa junto con Juana y Jacob ( a éste último ni siquiera le dirigí una mirada).
-Buenos días, Bella. - dijo Juana, con voz cantarina. -¿Qué te ocurrió ayer? Te escuché gritar un nombre. -comentó ella, preocupada.
-Si… era el nombre de mi padre. - le expliqué. Jacob me miró repentinamente.
-Oh, y ¿porqué lo gritabas? ¿Lo echas de menos? - me preguntó, compasiva.
-Si… - susurré.
-Eso es de críos. - comentó Jacob, con desdén.
Había tocado mi fibra sensible. Tiré el tenedor con fuerza contra la mesa y me levanté rápidamente, plantándole cara a Jacob.
-¡Mi padre murió en un accidente de coche hace unos meses! Murió arrollado y aplastado. Así que no hable sin saber. - le espeté. Tenía ganas de abofetearle la cara.
Salí precipitadamente del comedor, llorando. Jacob sólo sabía hacerme daño.
Fin del Capitulo.
Bueno, hasta aquí. Dejadme reviews, please! ^^ Besitos
