Capitulo 3.
Jacob.
-Jacob, te has pasado. - me reprendió Juana. Seguí desayunando, sin inmutarme.-Jake, ¿me estás escuchando? -dijo, alzando la voz. -¡Jacob!
Dejé los cubiertos a un lado.
-¡Ya basta, Juana! - le dije, mirándola fijamente. -¡Yo no sé nada de su familia, ¿qué demonios quieres que haga? ¡A mi no me gusta hacerle daño, ¿sabes?
Me detuve rápidamente. Aunque era cierto todo lo que estaba diciendo.
Era extraño lo que me hacía sentir Bella cuando crispaba la cara, intentando contener las lágrimas. Era doloroso, ver sus lágrimas cristalinas en su carita…
-Pues no se nota. -replicó ella, confusa. Aparté mi mirada de ella y me deslicé hacia atrás sobre mi silla de ruedas. -¿Qué haces, Jacob? - preguntó, mirándome fijamente.
-Voy a pedirle perdón.
Bella.
Aquello era el colmo. ¿Cómo podía ser tan malo conmigo? Para nada había tenido en cuenta mis sentimientos al decir semejante barbaridad.
Sacudí las sábanas de su cama con una extraña fuerza, intentando desahogarme con eso.
Una vez hube terminado su cama, limpié intensamente los muebles de la habitación.
Las lágrimas caían por mis mejillas y no me importaba derramarlas y que me descubriera, puesto que estaba segura de que eso Jacob se lo tomaría como si me estuviera riendo, dado que mis sentimientos y mi dolor tenían poco sentido para el.
-Bella. - escuché. Era su voz, la voz que me estaba haciendo daño desde que había puesto un pie en aquella casa. -¿Podemos hablar un momento? -me pidió. Miré a través de la ventana, intentando serenarme. Seguramente venía a hacerme daño de nuevo. Me sequé las lágrimas antes de girarme hacia el.
-Si. - respondí, intentando no sonar hostil. Aunque, ¿qué importaba eso cuando el lo había sido conmigo durante todo ese tiempo?
-Siéntate, por favor. -dijo, señalando la silla que estaba a mi lado. Una vez me hube sentado, respiró hondo y dijo -: Bella, yo… siento mucho lo que te he dicho hace un momento. - Abrí los ojos, sorprendida. No me esperaba eso. - Más bien… siento haberme comportado así contigo. Yo… no debería ser así , tu no tienes la culpa de lo que pasa.
-No importa… - dije, conteniendo las lágrimas. Aquel… era un acto muy bonito por su parte. - Juana… ella me habló sobre su accidente y sobre su actitud… Yo tengo que aprender a lidiar con eso. - dije, moviendo las manos, nerviosa.
-No, Bella. Soy yo el que debe cambiar. Pero es como si no pudiera… como si le echase la culpa al mundo sobre mi accidente.
-Lo sé… yo… también solía hacerlo cuando murió mi padre. Por el busqué este trabajo, aparte de otras cosas … - suspiré lentamente.
-¿Qué otras cosas? - preguntó Jacob. Estaba sorprendida. Parecía que estaba habando con otro chico, muy diferente al que había conocido hacia dos días. Él estaba muy tranquilo y no había ningún signo de vehemencia en su voz ni en sus gestos. Pero… no sabía si tendría fuerzas para explicárselo…
-Mi padre no me dejó nada en herencia y… vendió el local en el que trabajábamos juntos. Luego acudí a una persona que creía que no me iba a fallar nunca pero lo hizo…- cerré los ojos al recordar a Edward. Era bastante doloroso. -Pero luego apareció un ángel, y … y me ayudó.
-¿Un ángel? -susurró él, curioso. Me miraba con un extraño brillo en los ojos.
-En realidad es una amiga, se llama Ángela. Pero siempre está ahí cuando la necesito … es la única que no me ha fallado. Ella me aconsejó todo esto.
-Entiendo. - dijo el, estirándose en su silla de ruedas, dado que se había recostado hacia adelante para poder verme más de cerca.
-Señor Jacob … yo sé que usted quiere verme fuera de su casa… - me miró repentinamente. - Así que si así usted lo desea, esta misma noche me marcharé de aquí…
-No, Bella. - dijo el, interrumpiéndome. - Quédate, por favor, me gustaría que lo hicieras.
Los ojos se me llenaron de lágrimas otra vez. Quería creer que aquel era el verdadero Jacob, y que el otro, el farsante, se había marchado para siempre.
-¡Gracias, señor Jacob! -dije, abrazándolo con fuerza. Sentí mis mejillas enrojecer, pero necesitaba darle un abrazo. Me estaba demostrando lo bueno que podía ser.
-Ejem, bueno… ya, es suficiente. - dijo el, con seriedad, aunque noté algo de rubor en sus mejillas. Sonreí levemente.
Toqué la puerta con suavidad.
-Adelante. - dijo Jacob con voz monótona. Entré, alegre y con una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Señor Jacob, la cena ya está lista! - dije, con voz cantarina. Jacob intentó reprimir una sonrisa.
-Enseguida voy, Bella. - dijo, mientras volvía a analizar los papeles que tenía en sus manos. Asentí levemente con la cabeza y me dispuse a salir cuando me detuvo. -Espera, Bella. - me giré. -¿Ya estás mejor desde lo de esta mañana? - preguntó, totalmente serio.
-Si, señor Jacob. No se preocupe por mi. - le dije, sonriéndole. Esta vez no contuvo su sonrisa.
Cerré la puerta y me llevé las manos a las mejillas, calientes. Me asusté. Estaba sonrojada.
Las risas de Juana y la mía se podrían escuchar incluso fuera de la casa. Jacob no reía, simplemente se limitaba a observarnos, pero eso era bueno. Al menos no estropeaba nuestro buen humor.
-Ay, Bella, entonces le dije… - Juana estaba completamente borracha. - "Quiéreme un poco más" Ay, jaja, los españoles son buenísimos en la cama. -dijo. Me pregunté con cuantos hombres se habría acostado Juana durante su juventud. Sentí un cierto deje de envidia. Juana empezó a reír frenéticamente, contagiándome con su risa. Miré a Jacob de reojo, pero este no sonreía, cenaba tranquilamente. -¿Sabes, Bella? Yo siempre he querido acostarme con Jacob
¡pero el no me deja! - dijo, indignada. Abrí mucho los ojos ante esa información. ¡Qué descarada!
-Juana, ya está bien, será mejor que te vayas a dormir. - le dijo Jacob. Su tono de voz sonaba algo amenazante. Fruncí los labios, triste. Estaba volviendo a ser el que era hacia unas pocas horas.
-Si, será lo mejor. - dijo, bailando por el comedor hasta salir de él.
-Tu también deberías acostarte ya, Bella, es tarde. - comentó Jacob, con tono algo paternal.
Sonreí levemente.
-Primero debo recoger todo esto, señor. -le expliqué.
-Juana se ha escaqueado. - dijo el, alzando una ceja.
-Si, Juana se ha escaqueado. -repetí. De repente, empecé a reír como loca. Jacob no rió, pero sonrió levemente.
La mañana del día siguiente pasó bastante rápida. Luego, llegó la tarde, que no fue tan tranquila.
-¡Juana, Juana! - escuché a Jacob gritar al otro lado de la puerta de mi habitación. ¿Cuál sería el problema ahora? -¡Se puede saber que le has hecho a mis pantalones! - presté atención, intentando contener la risa mientras dejaba "Cumbres Borrascosas" a un lado. Apreté mi oído contra la pared.
-Ah, si, es que lo metí a lavar anoche, Jake, y con la borrachera … pero bueno, no seas tacaño, con todo el dinero que tienes…
-¡Arréglalo! -le espetó y escuché como salía rápidamente del cuarto. Me lo imaginé haciendo un esfuerzo considerable y empecé a reír.
-Señor Jacob … le traigo su café de todas las tardes. - dije, desde la puerta. El asintió con la cabeza y entré lentamente al cuarto. Otra vez estaba analizando papeles y más papeles. -Café moka con mucho chocolate y poca nata, como a usted le gusta. - dije. Parecía una camarera. Enrojecí. - También… también le he hecho unas galletas. - dije, señalándole las galletas que habían al lado del café.
-Gracias Bella, no tenías porqué. -dijo, con una media sonrisa en sus labios… seductores.
-No es nada. - repuse yo. - Pruébelas, por favor. - le insté, cruzando los dedos tras la espalda deseando que le gustase.
Probó un poco y luego me miró, sonriente.
-Están deliciosas, Bella. Cocinas bien. -añadió. Volví a enrojecer. Sabía que no me mentía, pues utilizaba aquel tono serio para decir verdades o cosas que le molestaban.
-Tenía que cocinar para mi padre. - le expliqué. Sonreí levemente antes de marcharme.
Jacob.
¿Cuánto tiempo hacía que no me abría tanto con una mujer? Probablemente unos años. Era increíble como Bella estaba intentando convertirme en quien era antes, a pesar de que hacía tan solo 6 días que acababa de llegar a casa.
También era increíble lo mucho que había cambiado desde mi accidente.
Pero todo había sido muy repentino para mi. No era fácil asimilar que me podía quedar así por el resto de mi vida. Era algo que no estaba dispuesto a asumir.
Pero al menos existía la operación de la que me había hablado mi médico particular, el señor Jason. En un mes vendría para comunicarme las novedades de esa operación y, obviamente, el presupuesto.
Otro mes mas aquí parado…
Pero no me importaba gastarme todo el dinero del mundo con tal de poder volver a poner un pie sobre la arena de la playa de La Push o en la hierba fresca del bosque, sin necesidad de llevar a cuestas la maldita silla de ruedas.
Bella.
Amaneció, aunque yo ya estaba sentada fuera, en el jardín, sumida en mis propios pensamientos.
Hacía una semana que no veía a Ángela. Ni siquiera hablábamos por móvil. Si me fijaba, estaba más pendiente de los cambios que experimentaba Jacob a como estaba mi única mejor amiga.
Estaba preocupada por mis sentimientos. Nunca había sentido esa motivación, esa intensidad, esas ganas de ver sonreír a alguien.
Me estaba dando cuenta, en aquella semana que había pasado, que todo lo que hacía era por ver a Jacob feliz, sonriente, como Juana decía que era antes del accidente.
Juana y Jacob … eran como mi segunda familia. Juana se comportaba como una madre conmigo, la madre que nunca tuve, la que nunca se atrevió a dar la cara por mi, la que avisé del funeral de su ex - esposo y no se presentó en el. Ni siquiera para darme un abrazo. Un beso. O una caricia. Me hubiera conformado con que me hubiera dicho "hola".
Y Jacob … ¿era como un novio? Sacudí rápidamente la cabeza. Eso era totalmente imposible, dado que sólo llevaba una semana ahí, en aquella mansión. Yo no podía haber cambiado los sentimientos de Jacob hacia mi. Ni los míos hacia el. Probablemente lo único que el podría sentir hacia mi fuera una mezcla entre compasión y amistad.
Compasión por lo que yo había pasado hasta llegar ahí.
Y amistad por el poco tiempo que habíamos pasado juntos.
Pero seguramente no habría nada de amor en sus sentimientos hacia mi. Era una posibilidad a favor contra noventa y nueve en contra. Suspiré levemente.
Me pregunté que estaría haciendo ahora Edward, sin mi, sin "la carga". Sabía que yo era una carga para el en muchos sentidos, principalmente por la diferencia de edad. El estaba cercano a los treinta y yo tan sólo tenía veintitrés años.
Luego estaba la diferencia económica.
Y la diferencia de carácter.
Y la diferencia en todo.
Una lágrima cayó por mi mejilla, pero no la contuve. ¿Cómo había podido ser tan tonta como para pensar que yo tenía un futuro con Edward? Estaba claro que todos los momentos felices que habían pasado con el iban a acabar en un declive emocional que sólo me afectaría a mi. Como siempre, Bella Swan es siempre la afectada.
Volví a suspirar. Lo mejor sería olvidar a Edward cuanto antes, acordándome de él sólo conseguiría sufrir más de la cuenta, pero, aún así…
Cogí el teléfono del recibidor y marqué un numero.
-¿Diga? - respondió la voz de Edward. A lo lejos escuché una risa femenina que para nada se parecía a la de sus dos hermanas ni a la de su madre. Estaba con otra. Ni siquiera estaba en casa, dado que aquel era su móvil. No respondí. -¿Hola? ¿Hay alguien? - insistió.
Colgué, con fuerza. Estaba claro que no me quería ya. ¿Entonces, para qué seguir pensando en él?
Volví a descolgar el teléfono. Marqué otro numero de teléfono.
-Si, hola. - dijo la apacible voz de Ángela.
-Angie, soy yo, Bella. - contesté, aunque mi voz sonaba algo apagada. Me maldije a mi misma.
-¡Ah, hola, Bella! ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu trabajo? - imaginé que Ángela estaba sonriendo por el tono de su voz.
-Yo estoy bien y el trabajo también es bueno, aunque… el recibimiento no lo fue tanto. - le comenté.
-¿El recibimiento? ¿Qué pasó? - preguntó ella, sorprendida.
-Bueno, que… el señor de la casa estaba un poco cambiado después de su accidente y la tomó un poco conmigo. Bueno… no sólo conmigo sino también con su otra asistenta, la que pedía ayuda en el periódico. -añadí, rodeando mi cintura con una sola mano. Hacía frío aquella mañana.
-Oh … ¿te ha hecho daño? - preguntó ella, compasiva esta vez.
-No, bueno, al principio si, verbalmente. - aclaré rápidamente. No quería que Ángela se imaginara lo peor. -Pero, ¡si tu vieras cuanto está cambiando! Ahora incluso sonríe mas que otras veces.
-Eso es bueno. - dijo Ángela, riendo con suavidad. -Pero, ¿tu estas contenta, no?
-Si. -dije, y era verdad. No sabía de otro sitio en el que pudiera encontrarme mejor que en aquella casa.
-Me alegro. -dijo ella, con total sinceridad incluso a través del teléfono. -Bella, tenemos que vernos un día de estos… ¿es que no libras ahí? - dijo ella, riendo de nuevo.
-Si, los fines de semana por la tarde. Las mañanas las tengo ocupadas, tengo que limpiar y ayudar a la asistenta, por cierto, se llama Juana. - dije, informándole sobre mi horario como un robot.
-Ah… es que Jessica ha organizado una fiesta y nos ha invitado a ti y a mi, aparte de a mucha más gente. - dijo ella. ¿Jessica? ¿Desde cuando nos tenía en cuenta a Ángela y a mi?
-¿Una fiesta? ¿Y… cuando es? -pregunté, intentando mostrar interés.
-Mañana, sábado. Es a partir de las 8 de la noche. ¿Podrás venir? Es que le he dicho a Jess que iré pero no quiero ir sola. Pasaré a buscarte, si quieres. -explicó. La comprendí al instante.
-Si, claro. -le aseguré.
-Ah, dice Jess que tenemos que ir vestidas elegantes, así que… date prisa, cuando te ayudé a hacer la maleta no tenías ningún vestidito ni nada. - dijo, en tono maternal. Sonreí levemente. -¿Quieres que te acompañe? -preguntó.
-No, no hace falta. Pediré permiso a el señor Jacob. -dije.
-Ah, de acuerdo. Bueno, Bella, tengo que irme, tengo que hacer unas compras. ¡Mañana nos vemos! - dijo ella. -¡Adiós! - canturreó.
-Adiós. - dije, pero ya había colgado. Suspiré. Tarde de compras… "¡Bieen!" canturreé para mi misma sin mucho animo. Aún quedaba una misión mas difícil. Pedir tarde libre a Jacob.
Entré en el comedor sin el uniforme (esperaba poder salir desde por la mañana para ir a alguna tienda de Port Ángeles y poder llegar antes del anochecer) para encontrarme a Juana y a Jacob desayunando. Tomé aire antes de meterme de lleno en el peligro.
-Vaya, Bella, llegas tarde a desayunar. - dijo Juana. Jacob giró la cabeza hacia mi, dado que no se había percatado de mi presencia.
-Lo siento… Señor Jacob, ¿podría coger el día libre hoy? Es que me han invitado a una fiesta mañana y no tengo nada que ponerme y…
Jacob hizo un ademán con la mano, como restándole importancia.
-Ve, Bella. Así Juana puede tomarse tres días libres en vez de dos. - dijo Jacob, sonriéndome. Me sonrojé levemente.
-Bella, ese vestido que has comprado es precioso. - dijo Juana, maravillada, mirando mi vestido. Era un traje de color rojo claro, corto hasta las rodillas y con escote palabra de honor. Bajo el pecho tenía un grueso lazo rojo.
-Gracias Juana… - musité, sonrojada. Había llegado bastante tarde de Port Ángeles y solo había tenido la oportunidad de mostrárselo por la mañana.
-Mira Jacob, ¿Te gusta? - dijo Juana, cogiendo el vestido y enseñándoselo a Jacob.
-Si, está bastante bien. - admitió.
-Bueno, Bella, supongo que tendrás que prepararte. -dijo Juana, con una sonrisa de oreja a oreja.
Asentí con la cabeza.
Anudé la toalla al cuerpo y salí de mi baño particular. Ya tenía el pelo preparado y el vestido puesto cuando reparé en lo que había sobre mi mesita de noche. Eran unos pendientes rojos, increíblemente hermosos.
Vislumbré algo blanco que caía al suelo. Lo recogí. Era un trozo de papel que rezaba:
"Para que los uses esta noche con tu vestido. Seguro que te quedan perfectos"
Sonreí. Seguramente la nota era de Juana.
Suspiré levemente antes de salir de la habitación.
-Estas preciosa, Bella. - Dijo Juana cuando me vio llegar.
-Gracias… - susurré.
-Jacob, mira a Bella, ¿a que está hermosa? - dijo ella. Jacob solo se giró un poco. Vi que reparaba en todo mi atuendo y no pudo evitar una pequeña sonrisa en sus labios. Reparó también en mi pelo y en mis pendientes. Me sonrojé un poco.
El no dijo nada, sino que siguió mirando la televisión. En ese entonces sonó el timbre.
-Es Ángela. - le expliqué a Juana - Bueno, me voy, ¡adiós! - dije, saliendo de la casa precipitadamente.
Jacob.
-Se ha puesto los pendientes. -comenté. -Le quedaron perfectos, como le puse en la nota. Gracias por prestármelos, Juana.
-De nada, Jake. -dijo ella, guiñándome un ojo.
Se lo guiñé yo también.
Fin del Capi.
Bueno, espero que os haya gustado. Dejadme reviews! ^^ Ah, y gracias por los que ya me habeis dejado. Me alegra mucho que os haya gustado esta historia, puesto que yo pensaba que no iba a tener mucho tirón. Bueno, gracias de nuevo. ^^ Besos y hasta el proximo capi!
