Bueno, aqui vengo con un nuevo capitulo. Espero que os guste. Voy a hacer el Disclaimer que aun no lo he hecho! -.-
DISCLAIMER: Nada de Crepusculo me pertenece.
Capitulo 5.
Desperté, ligeramente temblorosa. La habitación estaba oscura, pero pude reconocer que era la mía. Miré a través de la ventana y descubrí que estaba atardeciendo.
¡No podía ser que hubiese permanecido inconsciente durante tanto tiempo con tantas cosas que tenía que hacer!
Intenté incorporarme, pero me dolía todo. En ese instante, alguien abrió la puerta lentamente. Vi su silueta. Era Jacob.
Intenté fingir que dormía pero ya era demasiado tarde, Jacob había encendido la luz del cuarto y me había sorprendido despierta. Se acercó a mi lentamente, inspeccionándome de lejos. Luego, se hizo hacia adelante y puso una mano en mi frente.
-¿Cómo te encuentras, Bella? - preguntó en un susurro.
-Mejor … -musité, con voz débil a causa de que llevaba mucho tiempo dormida.
-Eso es bueno. - dijo el, con una voz relajante… me acarició la mejilla con suavidad. -¿Por qué te desmayaste? -musitó, mirándome directo a los ojos.
-Me dieron ponche. - enfaticé la palabra "dieron", dado que Jessica lo había hecho adrede.
-¿Eres alérgica al ponche? - preguntó, aún sin quitar la mano de mi mejilla.
-Si … -respondí, sonrojada. Jacob parecía otro…
-Bueno, descansa un poco, Bella. Te sentirás bien en cuanto despiertes. -dijo el, con tono paternal. Se alejó de mi y salió de la habitación.
Cerré los ojos.
Habían pasado unos días desde mi fatídico desmayo producido por la alergia. Todo estaba bastante tranquilo entre Jacob, Juana y yo.
Me gustaba el nuevo ambiente que había en la casa, puesto que se respiraba alegría por cualquier sitio. Jacob estaba bastante cambiado, y casi estaba volviendo a ser el mismo de antes de su accidente.
Casi.
Era de noche aquel día. Faltaba un día para que se completara una semana desde mi desmayo.
-¡Bella! - escuché que me llamaba Jacob desde su cuarto. -Ven, necesito tu ayuda otra vez. -dijo. Suspiré. Desde que Jacob se había hecho los análisis en el médico, tenía pinchazos en las piernas y le costaba mucho moverse de un lado a otro. Supuse que necesitaba ayuda para pasarse de la silla a la cama. Un nudo se me formaba en la garganta cada vez que pensaba en eso. Jacob tenía que ser feliz y la silla era un gran impedimento.
Abrí la habitación y casi se me acababa el aire cuando vi … lo que vi.
Nunca habría imaginado que Jacob estaba tan … musculoso. Tenía un bonito cuerpo. Me mordí el labio.
-Ey, ayúdame, los pinchazos están a punto de matarme. - explicó, con una enorme sonrisa de oreja a oreja. Le sonreí yo también.
Pasé un brazo por debajo de su hombro y el paso el suyo por encima de mi espalda. Logré pasarlo a la cama con facilidad.
-Gracias Bella. - dijo el. Aunque de repente puso cara de sorpresa.
-¿Ocurre algo? - pregunté rápidamente, fijándome si lo había colocado bien.
-Si, tranquila… es sólo que… me preguntaba… - dijo, poniendo un dedo en mis labios y recorriéndolos. Me sonrojé, mientras me sentaba frente a el en la cama -¿Cómo te las haces para sonreír siempre? - preguntó, curioso. Otra vez, sus ojos tenían aquel brillo especial que (me había dado cuenta) sólo me dedicaba a mi.
-Bueno… - comencé, mientras el terminaba de sentarse bien en la cama. -Supongo que soy positiva… y una de las formas de demostrarlo es esta. - concluí, dedicándole una enorme sonrisa.
-Entiendo… - dijo el, bastante concentrado. -Espera, quiero comprobar algo. -dijo, haciéndose hacia adelante hasta que estuvimos frente a frente.
Me miró con seriedad, como la persona que quiere matarte. No pude evitar sonreír, era adorable.
-¡Vaya, incluso así! - dijo el. Sonrió.
-Usted también sonríe. -repliqué, señalando la suave sonrisa que cruzaba su bello rostro. Me sonrojé un poco al darme cuenta de lo cerca que estaba de mi. El corazón me latía a cien.
Sentía un sentimiento extraño, como de deseo y… algo mucho más fuerte…
Un segundo… ¿deseaba que me besara?
De repente, volvió a ponerse serio.
-Bella, quiero pedirte algo. - susurró. Asentí con la cabeza instándole a continuar.- Llevamos un buen tiempo juntos, concretamente casi un mes.
Mi corazón se paró en medio de un latido al pensar:
"Adelante, bésame. Te necesito".
-Así que ya va siendo hora de que dejes el "usted" de lado. Tutéame. -dijo, mirándome con el extraño brillo en los ojos.
El silencio se hizo repentino, agobiante y asfixiante.
-De acuerdo, Jacob. - dije, totalmente seria. El empezó a reír.
-Muy bien, Bella. Así está mejor. - dijo, guiñándome un ojo. Sonrió levemente.
De repente, se acercó a mis labios hasta casi posar los suyos en los míos. Paró en el momento exacto y luego clavó sus ojos negros en los míos, castaños. Estaba terriblemente sonrojado, pero lo hacía aun mas adorable. Sin saber porqué, no quería que parase. Bajó la vista repentinamente y, en un susurro, dijo : -Buenas noches, Bella.
Desperté a la mañana siguiente, muerta de frío y extrañada. Estaba segura de que me había puesto una manta encima la noche anterior. Miré a el lado izquierdo de mi cama y vi la enorme manta tirada en el suelo. ¿Tantas vueltas había dado pensando en Jake?
"Jake…" Me sonrojé, al recordar su pasional mirada, su piel cálida, su todo.
Escuché unos golpes en la puerta principal. ¿Quién sería? Miré el reloj de la mesilla de noche. 5:30.
Fruncí el ceño, extrañada. Me cambié rápidamente, me puse unos vaqueros y una blusa negra y salí pitando hacia la entrada.
Abrí la puerta y la cerré de un golpe. ¡Edward! Lo había olvidado completamente.
Abrí la puerta de nuevo para encontrarme a Edward, que reía suavemente.
-Bella, cariño, ¿qué te ha pasado? -preguntó, mientras me besaba. Pero ¿¡qué! ¿¡Quién demonios le había dado permiso para besarme!
Me separé bruscamente.
-Una ráfaga de viento repentina. - contesté con desdén.
Volvió a reír.
-Edward, ¿qué haces aquí? -pregunté, exasperada. - Estas no son horas de venir, yo no vivo sola, soy la asistenta, ¿Recuerdas? - le espeté. Quería que se fuera.
-¿Recuerdas lo que te dije? - pensé durante un minuto y luego, nerviosa, asentí con la cabeza. -Bueno, pues ya tu plazo ha terminado. Ya ha pasado una semana.
Empecé a temblar. Era cierto. Pero yo ya no sentía lo mismo por Edward.
-Edward yo… yo ya no te quiero. - le dije, mirándolo fijamente. Su sonrisa segura había desaparecido como polvo.
Me agarró fuertemente del brazo y me pegó a él.
-Edward, me haces daño. -le dije, asustada. Quería que me dejara.
Rió.
-¿Qué? ¿Qué soy yo el que te hace daño? No sabes nada de lo que dices. - dijo, besándome con fiereza. Luego empezó a besar mi cuello. - Nunca has sido mía, pero hoy lo serás. -dijo, con tono seguro.
-Edward, por favor. - le supliqué, con lágrimas en los ojos mientras empezaba a desabrochar los botones de la blusa.
Las lágrimas cayeron por mis mejillas cuando me arrebató la blusa.
-Edward, por favor… -le imploré.
De repente, paró.
-Es cierto. Aquí no puedo acabarlo. - Sacó un papelito del bolsillo de su gabardina y lo puso en mi mano. - Te espero ahí.
Se marchó. Caí de rodillas al suelo, asustada.
¿Quién era ese Edward que acababa de salir de la casa? Por supuesto, alguien a quien no conocía, alguien que podía hacerme mucho daño.
Llegó la hora de desayunar. Aún temblaba de miedo. Escuchaba las voces de Juana y Jacob como si fueran un murmullo lejano, como el viento.
-Bella… Bella… ¡Bella! - dijo Juana, llamando mi atención. Di un pequeño brinco en la silla y miré a Juana, alarmada. -Bella, cielo, ¿estás bien? - preguntó, poniendo su mano sobre la mía. Me volví a sobresaltar.
-Sí. - musité. Sentí la mirada de Jacob clavarse en mi. No me atreví a mirarlo. Mis ojos delatarían todo lo que estaba sintiendo en aquel instante.
-Ah, es que pareces preocupada. - comentó ella, con el ceño ligeramente fruncido.
-No… - susurré. Me dolía mentirle a Juana, pero tenía que ser así.
Jacob.
Seguí desayunando, aunque había algo en mi que me decía que tenía que seguir indagando en lo que le pasaba a Bella.
Ella se levantó de la mesa.
-No tengo mucha hambre. -comentó. Recogió sus platos y los cubiertos, ambos intactos, y se marchó a la cocina. De repente, vi un pequeño papel caer al suelo. Esperé a que Juana se marchase también para recogerlo. Una vez que lo hubo hecho, me acerqué al lugar al que había caído.
Leí la nota, que rezaba así:
"Te espero en el hotel Diana, habitación 510, a la medianoche, para acabar lo que empezamos, cielo. Te amo, Edward".
Guardé la nota en el bolsillo, nervioso. Cada palabra, cada frase, cada sílaba, sonaba totalmente amenazadora.
Bella.
23:30. Miré el reloj - despertador una vez más para asegurarme de que tenía el tiempo justo para llegar al hotel, que estaba un par de calles más abajo.
Antes de salir de mi habitación, agudicé el oído para asegurarme de que todos dormían.
Tras escuchar el silencio, salí rápidamente del cuarto y de la casa.
Toqué la puerta. Miré a ambos lados para asegurarme de que no había nadie allí que pudiera reconocerme.
-¿Quién es? -preguntó Edward, a través de la puerta.
-Soy yo, Bella. -dije, pegándome a la puerta. Esperé unos segundos antes de que Edward abriera, completamente desnudo.
Aunque tenía un cuerpo esbelto y hermoso, sentí un asco tremendo. Yo no quería seguir adelante.
Compuso una sonrisa.
-Adelante, cariño. -susurró, cogiéndome del brazo y acercándome a él, mientras me besaba el cuello.
-Edward, espera, yo… -dije, pero no me soltaba. Quería que me dejase en paz.
Cerró la puerta con fuerza mientras me seguía besando los brazos, las muñecas, los dedos… Las lágrimas se agolparon en mis ojos.
-Edward, espera, por favor… -le imploré. El me miró fijamente, pero al menos se había detenido. -Después de esto, tendrás que olvidarme, deberás dejarme en paz.- le dije, aunque casi parecía una súplica.
Abrió mucho los ojos y luego empezó a reírse con fuerza.
-Claro, Bella, como tu digas. -canturreó. Puso su boca en mi oído y susurró - Pero antes… deberás cumplir con tu promesa.
Me estremecí de arriba abajo.
De repente, Edward me cogió por la blusa y me tiró contra la cama, haciéndome daño en la espalda. El se colocó rápidamente encima y luego me arrancó la blusa, destrozándola por la mitad.
Lloré, asustada.
-Bella, vienes tan sugerente… tu tienes la culpa de que esté pasando esto. -dijo, acariciándome la mejilla.
Rompió los botones del pantalón y lo bajo, despedazándolo. Lloré aún más fuerte.
-¡No, por favor, no! - chillé, presa del pánico cuando empezó a penetrarme, haciéndome aún mas daño.
Amaneció. Me levanté de la cama y recogí los pedazos de mi ropa rota mientras sollozaba. Procuré hacer el más mínimo silencio. Tenía miedo a que Edward despertase y …
Ni siquiera podía ponerme ropa decente, toda estaba destrozada. Rebusqué en el armario de Edward y me puse aun mas nerviosa cuando vi que no tenía ropa de mi talla.
Sólo me quedaba una opción.
Juana apareció en el pasillo, donde yo esperaba fuera, deseando que nadie pasara por allí y me viera en ropa interior.
-Bella. -dijo, cuando estuvo a mi lado. La abracé, llorando, intentando contener los sollozos. -Ya está, tranquila, ya pasó… - dijo, intentando consolarme.
Llegamos a casa. Quería darme una ducha lo más antes posible, quitarme la suciedad de encima.
Pasé por el salón y me encontré a Jacob de frente. Ni siquiera tuve tiempo a ocultar las lágrimas.
-Bella, ¿qué te pasa? - preguntó, nervioso. Se acercó hasta mi.
-No es nada, yo… me he… caído. -mentí. Sentía la necesidad de arrodillarme ante Jacob, pedirle que me besara, que me abrazara, que hiciera lo que la noche anterior estuvo a punto de hacer. Que me cuidara. Pero eso era imposible.
-…Bueno. ¿Quieres que llame a algún medico? - preguntó, preocupado.
-No, no es necesario.
Juana llego en aquel momento.
-Bella… será mejor que le cuentes a Jacob toda la verdad. -dijo, mirándonos alternativamente a uno y a otro.
-¿Qué verdad? -preguntó Jacob, mirándome fijamente.
Lo miré. ¿Debía hacerlo?
Fin del Capitulo.
Bueno, gracias por los reviews que me habéis dejado. Besitos! ^^
