CAPITULO 13: NAVIDAD
Cada casa es un mundo diría la voz popular, y era justamente lo que Lily Evans estaba pensando en ese momento. Escuchaba desde su habitación a su familia hablando y riendo, y aunque ella amaba a sus padres, no podía evitar sentirse un poco agobiada.
Había sido difícil despedirse de sus amigas, no porque no supiera mas nada de ellas por un par de semanas, ese no era el problema ya que las cuatro se enviaban miles de cartas por semana. La cuestión era que en cuanto volviera, sería aún más consiente de que se trataba del último año en que las cuatro convivirían juntas. El último año de Hogwarts.
La nostalgia se había apoderado de ella de tal manera que hasta no había salido a disfrutar un día particularmente soleado (aunque no por ello menos frío) de Diciembre. Acostada en su cama, con su bahúl al lado, decidió postergar el arreglo de su habitación.
-Lily, el almuerzo ya está listo hija- Le informó su madre, abriendo la puerta unos centímetros.
-Ya voy, mamá.- Contestó la pelirroja. Escuchó como su madre bajaba las escaleras de la casa, y se decidió tomar un saco y bajar.
El almuerzo estaba servido y en la mesa se hallaba su padre, como no, leyendo el diario matutino. A su lado su hermana Petunia hablaba muy sonriente con su nuevo novio, un joven robusto llamado Vernon Dursley. Lily tomó asiento junto a su padre y saludó. El hombre fue el único en devolverle el saludo, pero a la pelirroja no le importó y esperó a que su madre se sentara en la mesa para empezar a comer.
-¿Que tal el viaje, querida?- Preguntó su padre, dejando el periódico a un lado y sirviéndose un poco de ensalada.
-Mas rápido de lo normal, padre.-
-Bueno, supongo que eso es bueno...- Comentó su madre y Lily no pudo asentir.
-¿A qué colegio me dijiste que iba tu hermana, cariño?- Preguntó el novio de Petunia
-No lo conocerás. Es lejano.- Murmuró Petunia lanzándote una mirada de reproche a su hermana por ponerla en esos aprietos.
-Sabes que mi padre viaja por todo el mundo. Seguramente habré escuchado algo de ese colegio en algunas de sus anécdotas.-
-Eh... Si, tal vez.. el colegio.. el colegio se llama..
-Hogwarts- Respondió Lily algo molesta por el entrometido de su cuñado.
Vernon la vio por primera vez a los ojos, como si de pronto recordara que ella estuviera ahí. Tan pronto como la miró, dejó de hacerlo y se concentró en Petunia.
-Tenias razón amor, no lo conozco. ¿Es muy lejano?
-Sí, bastante. Oye Vernon, no me habías comentado eso de que tu padre viaja por al rededor del mundo.- Interrumpió el padre de Lily, para salir del apuro.
La pelirroja observó como su cuñado inflaba el pecho y se hundía en una aburrida conversación acerca de las "aventuras" de su padre. Petunia pateó a Lily por debajo de la mesa, y ésta profirió un chillido ahogado.
Sus padres no la oyeron, y Vernon la miró un momento con reproche por haber interrumpido su historia, para luego volver a ignorarla.
Lily fulminó a su hermana con la mirada y abrió la boca para decirle algo, cuando un repiqueteo interrumpió sus palabras. La bruja deseó con todas sus fuerzas que su cuñado no lo escuchara, ya que su hermana mayor le había prohibido terminantemente que cuando él estuviera en esa casa se hablara, insinuara o mostrara cualquier cosa que tenia que ver con la magia.
El repiqueteo contra la ventana no cedió y Lily estaba pensando alguna excusa para salir a la cocina sin despertar sospechas, cuando Vernon preguntó:
-¿Que es ese ruido?
En la familia de Lily estaba más que acostumbrados a la llegada de lechuzas a su casa, por eso inmediatamente todos miraron a la joven bruja.
-Iré a ver.- Murmuró acalorada. Sentía su corazón latir fuertemente no sólo por la incómoda situación, sino porque no esperaba realmente ninguna carta de sus amigas.
Acostumbraban escribirse en sus vacaciones muy seguido, pero nunca tanto como para hacerlo sólo unas horas después de haberse separado. Hermione y ella se telefoneaban más seguido, pero esperaban por lo menos un día para enviarse cartas. De pronto se le ocurrió una horrible idea; ¿Que tal si les había pasado algo malo?
-No, deja que vaya yo.- Se ofreció Vernon levantándose de la silla al mismo tiempo que la pelirroja.
-No te preocupes, Vernon. Iré yo.- Aseguró Lily rápidamente, caminando hacia la ventana. Su cuñado no la escuchó y la siguió de cerca con el seño fruncido.
Ella abrió la ventana con cuidado, sabiendo con lo que iba a encontrarse. Procuró lucir sorprendida cuando terminó de correr el vidrio y de la ventana surgió una majestuosa lechuza color café. Vernon profirió algunas palabras sorprendido, pero ninguna inteligible.
-¿Que-que hace una lechuza aquí? ¿Y que es lo que tiene en el pico? ¿Un papel viejo?- Pudo preguntar luego de unos largos segundos.
Lily posó a la lechuza en su brazo y caminó rumbo a su habitación sin decir nada. Estaba demasiado preocupada por ver a Wen en su casa, y tan agitada.
-Estará perdida. No te he comentado que mi hermana es una lunática de los animales..- Escuchó decir a su hermana escaleras arriba.
Entró a su habitación lo más rápido posible, dejó a Wen en una jaula con comida que tenia especialmente para las lechuzas de sus amigas (ya que ella no tenia) y desenrolló el pergamino para comenzar a leer.
Querida Lily:
¿Te sorprendió mi carta? Ya lo creo, imagino tu cara cuando viste llegar a Wen tan pronto. No te preocupes, no sucedió nada malo pelirroja. Si te conoceré, amiga.
La pelirroja logró sacar el aire que se amontonaba de sus pulmones. Se recostó en su cama y continuó leyendo.
En realidad, hoy me desperté algo melancólica pensando que estas son mis últimas vacaciones de invierno de Hogwarts. Cuando volvamos pasaran unos meses, tendremos que estudiar para los EXTASIS y luego acabará todo. Hogwarts, el Gran Salón, nuestra amada Sala Común, tu amada biblioteca, Quidditch.. no volveremos a eso jamás, hasta admito que extrañaré a McGonagall, imaginate!
Lily no pudo evitar sonreír por su comentario.
Bueno, ya tendremos tiempo de pensar en eso y deprimirnos en cuanto rindamos los EXTASIS (Si no morimos en el intento). Pero ahora te escribía por otro motivo. Verás, la loca de mi madre está pensando en hacer una cena para Navidad y por supuesto invitar a todas las familias sangre pura de la zona. Obviamente convencí a mi padre para que me dejara invitar algunos amigos, y pensé en decirle a Hermione y a ti, por supuesto. Alice ya estaba en la lista de mi madre, así que no hace falta nada más.
¿Que dices? Puedes traer a tu familia si quieres, yo convenceré a mi padre de que no deje invitar a familias como a los Black y no habrá problemas. Además, tenía pensando que podrían quedarse en casa la última semana de vacaciones si las dejan. Eso lo arreglaremos en la cena, cuando vengan.
Avisame en cuanto puedas, y si puedes dale algo de comer a la pobre de Wen que tuve que mandarla de urgencia a tu casa y no pudo desayunar como una lechuza debe.
Saludos a tus padres!
Te quiere tanto como al Quidditch,
Mar.
Luego de leer la carta, Lily sólo atinó a mirar a Wen, quién ya se había acabado toda la comida de lechuza de la jaula y ululaba por mas. La pelirroja tomó un poco más de comida de un cajón de su armario y se la dio a la lechuza antes de contestar la carta de Mar.
Querida Mar:
¡La próxima vez que me mandes una carta tan apresuradamente, voy a romper tu escoba! Me diste un gran susto, y ni siquiera pude inventar una buena excusa para Vernon, el novio de mi hermana. Aunque en realidad, eso no es tan malo ahora que lo pienso..
Por la mañana yo estaba exactamente igual que tú. Pensando en Hogwarts y en nuestro último año. Creo que hay una depresión general en el grupo, esta mañana Herms me llamó a casa comentándome algo parecido.
Cambiando de tema, ¿Seguro que crees que debería ir?¿No se molestará tu madre? Por mi parte no hay ningún problema, seguramente a mis padres les encantará la idea. Confirmame tu primero y luego te diré la respuesta de mis padres. En serio, no quiero que tengas problemas con tu familia por mi culpa.
Ah! Me encantaría quedarme en tu casa, claro que lo arreglaremos en Navidad!. Y ya le dí de comer a Wen, no te preocupes. La próxima vez alimentala primero antes de hacer tanto viaje o no te la devolveré más.
Saludos a tu hermano y a tus padres también!
(Obviamente) Te quiere más que siete jugadores detrás de cuatro pelotas tontas,
Lily.
Enrolló el pergamino cuidadosamente y lo colocó en las garras de Wen, cuando ésta termino de comer. La acercó hasta la ventana y la vio alejarse volando unos cuantos kilómetros. Luego decidió tomar alguna fruta de la cocina por que se había quedado con hambre.
Cuando volvió a subir, feliz porque no se había cruzado con nadie de su familia, se encontró sorprendida a Wen de nuevo en su ventana. Tomó el pergamino, el cual rezaba:
No seas tonta Lily Evans, ¡Claro que debes venir! Mi padre está en pleno convencimiento de mi madre y, te aseguro, va por buen camino. Avisales a tus padres y te espero la noche del 24 a las 21,30 en mi casa. Hermione ya me confirmó, y agregó que su madrastra está más que contenta por la invitación. Saludos dados.
Te quiere más que pasar un día entero en la biblioteca, Mar.
Lily rió y se apresuró en contestar afirmativamente a Mar. No les preguntaría a sus padres hasta que se fuera Vernon, pero estaba segura de que aceptarían.
OoOoOoOoOoOo
Las dos semanas pasaron más rápido de lo que había pensando y pronto se acercó el día de Navidad. Aquella noche la festejaría con las personas más importantes de su vida, y otras de relleno por supuesto.
Su madre se había encargado de toda la decoración y debía admitir que la mansión estaba hermosa. Mar estaba orgullosa de haber heredado la única buena cualidad de su madre; su excelente gusto por la decoración y la ropa.
En ese momento observaba con detenimiento el vestido de fina costura que su madre había escogido especialmente para ella. Le llegaba unos cuantos centímetros por encima de la rodilla, era de color negro con rojo y le quedaba maravillosamente bien.
Giró un par de veces frente al espejo cuando unos golpes en la puerta interrumpieron su deleite. Con un "Adelante" algo amargado, Mar se dirigió al baño mientras alguien entraba a su habitación.
-Estas muy bella.-
Mar volteó rápidamente hacia la puerta del baño al escuchar la voz.
-¡Alice!- Exclamó la rubia mientras corría hasta su amiga para darle un abrazo.
-Que bueno que te alegres de verme, por como me recibiste pensé que estabas enojada- Le dijo Alice con reproche. Llevaba un vestido por los tobillos de color pastel y unos lindos zapatos a juego.
-Lo siento, pensé que eras mi madre- Respondió avergonzada- ¿Pero que haces aquí tan temprano?
-¿Temprano? Ya son las 20,30. Igualmente mi madre decidió venir un poco antes para ayudar, aunque con mi padre tratamos de convencerla de que seguramente ya estaría todo listo. Ya sabes como es.- Informó mientras levantaba los hombros.
-Deja que termine de peinarme y bajamos- Dijo Mar luego de reírse de lo que había dicho su amiga. Se dirigió al baño seguida de Alice. Una vez frente al espejo se colocó una vincha negra por sobre su cabello mojado, y un par de pendientes con forma de calavera.
-¿Tu madre te permitió ponerte esos?- Preguntó su amiga con una sonrisa, colocándose junto a la rubia.
-Ni siquiera sabe que tengo perforaciones en los oídos.- Le respondió Mar orgullosa mientras salían del baño.
Al cabo de unos cuantos minutos, Alice y Mar bajaban al comedor listas para una agotadora cena. Al parecer varias familias se habían levantado caritativas en Navidad, ya que había una gran cantidad de personas a esas horas en el comedor.
La rubia conocía a cada uno de ellos, pero no le interesaba realmente hablar con ninguno. Estaba tan absorta mirando a todos en el comedor, que tropezó con uno de los escalones ruidosamente. Varios de los invitados voltearon a verla.
Entre avergonzada y furiosa lanzó un saludo en general para que su madre no la reprendiera al día siguiente por ser maleducada y se dirigió hacia un rincón de la sala de estar con Alice.
-Están los Crouch, los Prewett, el señor y la señora Burke, y.. oh, mira! El señor McMillan apareció después de tanto, y vino sin su inseparable esposa, ¿que habrá ocurrido?
-Deja de hablarme de esas familias, Alice. Sabes que no soporto a ninguno de ellos.- Le dijo Mar aburrida, tendida sobre uno de los sofás.
-Lo siento, pero es que hace tanto que no se realiza un festejo así... Y mira, allí llegaron los-
-Dije que no quiero saber.- Cortó la rubia observando por la ventana.
-Potter- Continuó sin hacer caso a su amiga. Mar dirigió su vista inmediatamente hacia la puerta de entrada, y aunque estaba en una mala posición en cuanto a la luz para ver quien llegaba, logró distinguir unas cuantas cabezas entrando.
Contó una, dos, tres, cuatro.. siete cabezas! ¿Desde cuando los Potter habían agrandado su familia?
-Vinieron con los demás Merodeadores- Informó Alice al ver la duda pintada en la cara de su amiga. Mar se sorprendió tanto que se quedó sin palabras.- Vamos a llamarlos- Dijo Ali divertida
-No, Alice. No los-
-¡Hey!¡Chicos!- Gritó la Gryffindor logrando que los Merodeadores las vieran y se dirijeran sonrientes hacia ellas.
-Les dije que Alice estaría aquí. Me deben 10 galeons- Exclamó Sirius con una sonrisa apenas llegaron, luego de que se saludaran.
-Por supuesto que estoy aquí.- Dijo la chica algo enfadada.
-Claro que sabíamos que vendrías. Sólo queríamos hacerle un favor a Canuto, haciendo que gane algo. Ha estado insoportable estos días.- La reconfortó James, mientras pasaba un brazo por encima de Alice. El semblante de Sirius se tornó serio.
-¿Estuvieron juntos?- Preguntó Mar, hablando por primera vez.
Remus asintió, y la rubia no pudo evitar ruborizarse.
-Decidimos pasar nuestras ultimas vacaciones juntos.
-Oh, me parece una buena idea. Nosotras también quizás lo haremos- Les dijo Alice.- Miren, allí viene Lily.- Agregó, y no pudo evitar sonreír al sentir a James ponerse rígido a su lado. Le hizo un favor y se soltó de él con la excusa de tomar una copa de una pequeña mesa que había por allí.
-Que tal, chicos- Saludó Lily, tratando de evitar sonar sorprendida al ver a los Merodeadores allí.
-¡Lily!- Exclamó Mar mientras se le tiraba encima con un abrazo. Luego de que la soltara, los demás pudieron saludarla. Lily estaba muy elegante, con un vestido de encaje por las rodillas y su cabello recogido, como muy pocas veces lo lucía.
-No sabía que vendrías, Lily- Comunicó James al recobrar su compostura.
-Oh bueno, Mar nos invitó a Hermione y a mi-
La pelirroja se interrumpió cuando la madre de Mar apareció por un costado provocándole un respingo. Se trataba de una bruja rubia y muy elegante. Tenia varios de los rasgos de Mar, por lo que se podía adivinar que de joven había sido una mujer muy bella.
-Hija, hay invitados tuyos en la entrada. Que tal James, estás muy grande. Y tu Alice, cada día más linda.- Dijo con una sonrisa, y sin esperar ninguna respuesta se fue tan silenciosamente como había llegado.
-En seguida vuelvo.- Profirió Mar algo fastidiada para luego alejarse de allí
-La señora McKinnon se olvido educadamente de saludarme, aunque hasta hacía un año atrás jamás lo había olvidado.- Acotó Sirius con una sonrisa, y tomando un sorbo de una copa que había cogido.- Y por supuesto, también les dio el placer de ser ignorados a los hijos de muggles.-
-No seas grosero, Black.- Reprochó Lily, aunque sospechaba que lo que decía era verdad.
-Sabes que no suelo apoyar a Sirius, Lily. Pero esta vez debo darle la razón. La madre de Mar es.. como decirlo,.. no muy amante del mundo muggle- Aclaró Alice. Lily se sintió tan avergonzada que no supo que decir.
Continuaron hablando y contando historias acerca de las familias de magos sangre pura y su patético odio hacia los muggles (-Ahora te figuras porque no duré más de seis años en la casa Black-Dejó escapar Sirius en medio de la conversación) hasta que notaron a Mar volver acompañada de una pequeña niña, que parecía la Gryffindor en miniatura.
-Siento causar que vuelvas a ver a tus padres, Black.- Murmuró la rubia al escuchar el último comentario del ojigris. Su semblante estaba serio.
-No te preocupes, McKinnon. Sabía que corría el riesgo.-
-¿Quién es esta niña, Mar?- Preguntó Alice acercándose a la jovencita.
-Es mi prima, Eloise. No se dejen engañar por su apariencia.- Les dijo con fastidio. La pequeña los miró y en su cara apareció una gran sonrisa.
-¿Pero que dices, Mar? Si esta niña es una dulzura.- La reprendió Lily dejándole un lugar a Eloise para que esté junto a ella. La niña se acomodó obedientemente sin dejar de sonreír.
-Yo te advertí.- Murmuró observando nuevamente hacia la puerta de entrada. Que haya entrado gente y que su madre no estuviera allí para alardear de su fantástica fiesta, le llamaba la atención. De pronto cayó en cuenta de el porqué su madre no estaba allí.
Una familia medio-muggle medio-bruja entraba a la Mansión McKinnon muy tímidamente. La rubia sonrió al reconocer a la peculiar familia y decidió actuar de recepcionista por un rato. Se dirigió hasta allí mientras sus amigas y los Merodeadores charlaban del demonio de su prima, y los saludó lo más educadamente posible.
-Que tal, señores Granger.-
El padre de Hermione la miró por un momento antes de sonreírle. Por otro lado, su madrastra le dedicó una sonrisa obligada. Obviamente no podía mostrarse descortés con la niña que la había invitado a aquella glamorosa celebración, aunque no por eso ocultaba su repulsión hacia las amigas Gryffindor de Hermione.
-Hola, querida. ¿Como has estado, tanto tiempo?- La saludó afectuosamente el señor Granger. Se notaba a mil leguas que estaba contento de ver a alguien conocido por allí. Debía de ser difícil para él estar rodeado de magos, siendo él un muggle.
-Muy bien, señor Granger. Gracias por preguntar. Buenas noches Rosier, Bellatrix.- Saludó a sus hijos apenas dedicándoles una mirada de soslayo. Buscó a Hermione por allí con su mirada.- ¿No vino Hermione con usted?
-Sí. Se retraso un poco en el auto. Ya está por entrar.-
-Oh, de acuerdo. Pase entonces, señor. Siéntanse cómodos.-
-Gracias, Mar. Nos vemos luego.- Se despidió desapareciendo con casi la totalidad de su familia a cuestas. La rubia no pudo evitar sentir lástima por el pobre hombre. Echó un vistazo hacia el jardín de la casa esperando visualizar a Hermione. Pronto distinguió una figura delgada acercándose a grandes zancasos.
-Estúpido Slytherin... Serpiente arrastrada... Idiota monumental...
-¡Hermione!- Exclamó Mar interrumpiendo su monólogo. La castaña subió la vista y su semblante se relajó considerablemente.
-¡Mar!- Logró decir antes de fundirse en un abrazo con su amiga.-Lo siento, iba distraída...
-Me di cuenta- Articuló con una sonrisa.- ¡Estas muy bella!
Hermione arrugó la nariz y se miró con disgusto el vestido rosa pálido que llevaba puesto ,antes de contestar;
-¿Tu crees? Tuve que improvisar este vestido, ya que el original apareció misteriosamente dentro de la jaula de Hatie.-
-¿No es ésa la lechuza de Rosier? ¿Hate?
-Sí, es su hermosa lechuza azabache. Menudo nombre; Hate (odio). Pero la pobre no tiene la culpa, y además es adorable. Pobre, Hatie, el amo que le tocó.- Murmuró resignada y negando con la cabeza.
-¿Te das cuenta que estás hablando de una lechuza, verdad?- Preguntó la rubia con una sonrisa burlona en su rostro
-Oh, cállate.-
-Vamos con los demás.- Mar decidió que ya había tenido suficiente martirio por el día, además de que todavía le faltaba descubrir a los nuevos invitados, los Merodeadores. La tomó de la mano y la condujo hasta la sala de estar de la casa.
-Te digo que no, pequeña Eloise. Yo no miré de ninguna forma especial a Alice. En todo caso sería a las piernas de Lily, pero..
-¡Potter! Esos comentarios no vienen al caso. Igualmente deja de pelar con la pobre niña.- Reprendió la pelirroja. Tenía los brazos cruzados y se la notaba de muy mal humor.
-Vaya, Cornamenta. Tenias esa faceta tuya algo escondida.- Se burló Sirius ganándose una mirada de odio de parte de su amigo. Remus y Peter rieron con disimulo.
-¿Sucede algo?- Preguntó Mar, sonriente, en cuanto se les acercó. Sabía que esa niña era un demonio, y se los advirtió. Y aún así no quisieron escucharla.
El grupo la miró y luego dirigieron su vista hacia la castaña, que los miraba tan o más sorprendida que ellos. Hermione mataría a Mar por no advertirle que irían los Merodeadores.
-¡Herms!- Ambas amigas saludaron a la Gryffindor con un cálido abrazo, olvidándose por un momento de la discusión.
-Hola, chicas. Buenas noches, Merodeadores.- Sus compañeros la saludaron también. James le dio un beso en la mejilla antes de girarse hacia Mar.
-Tu pequeña prima dice que miro a Alice con ojos de abusador, o algo así.- Le comunicó, esperando que lo defienda.
-Ya se los advertí, Potter.- Murmuró la rubia levantando los hombros.
-Deja ya eso, James.- Le dijo Alice, con un extraño color rojizo en su rostro.
-Pero es que yo no-
-Basta, Potter. Al fin y al cabo tu no tienes que dar explicaciones de nada.- Dijo Lily
-No creo que esto merezca tanto alboroto.- Razonó Remus. Lily le fulminó con la mirada y replicó indignada;
-Aunque los niños no mienten.-
Mar rió y se colocó junto a su pequeña prima. La niña la miró con una sonrisa y definitivamente con cara de niña santa.
-Esto no es divertido, Eloise. Diles ahora la verdad o te mandaré a cuidar por el primo Randal.-
La sonrisa desapareció lentamente de su rostro para dar paso a una expresión de fastidio, muy similar a la que Mar llevaba hacia unos momentos.
-De acuerdo. Era una broma.- Admitió la niña rindiéndose. La rubia le dio unos palmazos amistosos en la cabeza.
-Buena niña.-
-Aunque eso no quita que ése - Prosiguió señalando a Remus- no haya dejado de mirarte el escote ni un segundo desde que llegaste.- Terminó, de nuevo sonriente.
El licántropo adquirió el tono de piel del color de cabello de Lily, mientras que Mar soltó algunas palabrotas inteligibles de las cuales se distinguió "pequeña hija del diablo".
-Comienzo a amar a esta niña.- Observó Sirius sin disimular su sonrisa.
-Eso que dijo- eso, no- no es.. no es verdad..- Murmuró Remus cohibido sin poder evitar tartamudear.
-¿Que te sucede, Lunático?- Preguntó James aliviado de no ser él el centro de las burlas.
-A que no merece tanto alboroto, ¿Verdad, Remus?.- Inquirió Lily burlona. Intercambió una mirada cómplice con el Merodeador de gafas antes de reír.
-No es gracioso.- Murmuró el licántropo, enfadado.
-Sí, lo es.- Contradijo la niña comenzando a reír a la par de los demás.
-Suficiente. Te vas con el primo Randal.- Ordenó Mar roja de ira. La niña hizo un mohín antes de desaparecer por el vestíbulo.- Creo que ya es hora del banquete. Vamos.- Anunció la rubia luego de consultar su reloj.
Los ocho se dirigieron hacia la enorme mesa donde ya estaban sentados la mayoria de los invitados. Los Merodeadores se alejaron unos cuantos lugares para estar cerca de los señores Potter, mientras que las chicas reservaron unos asientos a un lado de los Evans. Lily se sentó junto a Mar para hablar con sus padres, mientras que Alice y Hermione fueron con sus familias un momento antes de comenzar a cenar.
-Madre, Mar nos invitó a las chicas y a mi a pasar el resto de la semana con ella. ¿Me dejarías quedarme?- Preguntó Lily colocándose a la derecha de sus padres.
-Por supuesto. Si no es molestia para tu familia.- Mencionó mirando a la rubia con una sonrisa. A su lado, Petunia enrrojecía de la envidia.
-Claro que no, Señora Evans. No se preocupe por eso.-
-¿Tu que opinas, querido?- Consultó a su esposo.
-No dejarás que Lily valla, ¿Verdad, papá? ¡Siempre está afuera de la casa! Se la pasa de viaje, o en el colegio, o en casa de sus amigas. No podemos verla nunca,- Sostuvo Petunia Evans con un fingido sollozo.- y además una distracción así podría afectar sus maravillosas calificaciones. ¿No mencionaste que es éste el año más importante de tu colegio?- Cuestionó a su hermana menor.
-Sí, lo es. Pero..- Se interrumpió Lily comenzando a angustiarse por la posibilidad de que Petunia convenciera a sus padres y no la dejaran quedarse.
-Tienes razón en lo que dices, hija.- Aseguró su padre y a Lily el mundo se le vino abajo.- Aún así, Lily siempre ha sido la mejor de su clase. Y no creo que quedarse con sus amigas una semana afectará su promedio. Además, luego tendremos todo el verano para disfrutar a nuestra pequeña.-
La pelirroja se lanzó a su padre con una enorme sonrisa y le dió las gracias repetivas veces luego de abrazarlo. Besó a su madre en la mejilla encantada y se volvió a sentar junto a Mar evitando mirar a Petunia.
-Su rostro está de color carmín.- Murmuró la rubia señalando con la mirada a Petunia. Lily sólo atinó a reir, ignorando a su envidiosa hermana.
-¿Por qué tan felices?- Curiosió Alice llegando junto a ellas con Hermione.
-Mis padres me permitieron quedarme esta semana. A pesar de la falsa actuación de hermana que hizo Petunia.-
-Genial. También acabo de preguntarle a mi padre si me dejaba y me ha dicho que sí.- Anunció la castaña alegre.
-Mi madre prácticamente me obligó a quedarme en la ancestral mansión de los McKinnon.- Mencionó Alice negando con una sonrisa.
-Entonces debemos planificar nuestra última semana de vacaciones lo más pronto posible. Aunque por ahora mi mente sólo puede pensar en ese enorme pavo que me mira desde el centro de la mesa.- Aseguró la rubia observando hacia su derecha donde un gran pavo de Navidad había aparecido por arte de magia.
Inmediatamente los platos de todos los invitados se llenaron de comida y las diferentes copas fueron llenadas por distintos tipos de bebidas. El banquete lucía demasiado apetecible aunque todos esperaban las tradicionales palabras del dueño de casa con fingida educación. El señor McKinnon, un hombre alto y robusto, se elevó de su silla y observó a sus invitados con un gesto de superioridad. Luego de su discurso plagado de críticas al mundo muggle (dónde los sangre pura viroteaban, mientras que Mar se encogía en su asiento avergonzada) y varia palabrería más, el señor les dió permiso de comer.
-¡McKinnon! El pofto fsvtuvo farafillozo.- Gritó James desde su lugar en medio de la cena, llamando a Mar. La señora Potter lo reprendió antes de que la rubia pudiera preguntarle sobre qué estaba hablando, aunque sospechaba de esa enorme pata de pollo que se encontraba terminando.
-¿Esos son los Crouch?- Consultó Hermione a sus amigas. Las tres observaron hacia el centro de la mesa donde dos hombres de traje apenas movían sus cuerpos para comer. Junto a ellos se hayaban dos muchachas y un adolescente. La mujer más grande charlaba animadamente con el joven, mientras la niña más pequeña se llevaba los cubiertos a la boca con una monotonía algo aburrida.
-Sí. ¿Los conoces?- Preguntó Alice extrañada.
-La chica, Meggan, la conozco. Va a sexto enHufflepuff.
-¿No es la amiga de Black?- Dudó Lily mientras observaba primero a la niña y luego a los Merodeadores.
-Sí. No la habrá visto.- Murmuró la castaña subiendo los hombros. Pero aquello se le antojaba misterioso, ya que los Merodeadores se encontraban sólo a unos asientos de la familia Crouch y Black siempre se había mostrado dichoso de compartir momentos en la escuela junto a Meg. Era extraño que él ni siquiera le hechara un vistado. ¿Se habrían peleado?
-Vayamos al jardín. Creo que está nevando.- Propuso Mar cuando las cuatro habían terminado de cenar. Sus amigas asintieron y luego de tomar sus abrigos se dirigieron hacia afuera.
-Que hermoso..- Murmuró la pelirroja cuando salieron al jardín trasero, el cual, aunque ya no estuviese nevando, se encontraba completamente cubierto de nieve.
-Gracias, Evans. No tenías que ser tan directa.- Bromeó Sirius saliendo al jardín con sus tres amigos detrás. Lily negó con la cabeza aunque no pudo evitar que se forme una sonrisa en sus labios.
-Deja de coquetear con mi próxima salida a Hogsmeade, Canuto.- Regañó James alegremente. Lily se sonrojó.
-¿Disfrutaron la cena?
-Por supuesto. Estaba diciéndote que el pollo estaba excelente, antes de que mi madre me interrumpa.- Mencionó James mientras se despeinaba inconscientemente el cabello.
-Lo imaginé.
-Has visto a Meggan, ¿Verdad?- Preguntó Hermione al ojigris en cuanto todos los demás estuvieron lo suficientemente distraidos como para no prestar atención a su charla. Sirius, sorprendido de que Hermione le hablase, agachó la cabeza encontrándose con la mirada de la castaña a pocos metros suyo.
-Claro. La he visto, aunque ya sabía que estaría aquí. Por su apellido.- Aclaró ante la atenta mirada de su compañera.
-¿Y porqué no... están juntos?- La castaña notó su sangre permanecer en su rostro y se sintió repentinamente incómoda al estar preguntando aquello.- Quiero decir, en Hogwarts se la pasan hablando, y riendo, y abrazando, y..
En el rostro del Gryffindor se formó una sonrisa de lado antes de que alargara el brazo para acallarla.
-Su familia es comparablemente exigente a los Black con el tema de la sangre pura. Le causaría muchos problemas si el Señor Crouch ve a su hija con un traidor a la sangre.-
Hermione comprendió a la vez que comenzaba a fastidiarle aquella sonrisa arrogante en el rostro del ojigris.
-¿Entonces, decidiste dejar de lado aquella molesta idea de llamarme por mi apellido?.-
-¿Por que lo dices?
-No lo has hecho en toda la noche.- Explicó Sirius muy seguro, como si aquello fuera suficiente prueba.- Es evidente que te arrepentiste.-
-Eres un egocéntrico.- Sostuvo mientras se daba vuelta para ir con sus amigas. Hermione se llevó una gran sorpresa cuando observó a los lados sin encontrar rastro de ninguna otra persona más que ellos dos.- ¿Dónde están todos?
Sirius rió alegremente antes de contestar;
-Se han ido hace un momento hacia el jardín principal. Ya casi es Navidad.-
De pronto varios fuegos artificiales estallaron en sus cabezas. Ambos Gryffindor dirigieron instintivamente su mirada hacia el cielo admirando los colores y formas que se proyectaban. Los señores McKinnon habían decidido hacer su fiesta a lo grande, ya que el espectáculo era simplemente espectacular.
-Feliz Navidad, Hermione.- Dijo Sirius luego de unos minutos. La castaña lo observó a los ojos, maldiciéndose interiormente por no poder evitar perderse en ellos.
-Feliz Navidad, Sirius.- Le deseó, dando por terminada aquella pelea con sus apellidos. El morocho no le despegó la vista de encima mientras se acercaba unos pasos.
Hermione sintió como su mejilla era acobigada por una de sus grandes manos y volvió a sentir aquel incesante palpitar en su corazon, como lo había sentido aquella noche en el Gran Salón. Esa noche de la cual jamás habían hablado.
Sirius recordó el baile de Hogwarts y no pudo evitar sentirse extrañamente ansioso por repetir aquel beso. Decidió que tocar su mejilla era muy poco comparado con lo que su cuerpo exigía sentir de la castaña. Rodeó su cintura sintiéndola estremecer sobre su pecho.
La Gryffindor elevó su rostro un poco más impulsada por la mano de Sirius y se encontró a unos pocos centímetros de esos ojos grises que tanto le gustaban. No pudo reprimir el impulso de morder sus labios contrariada ante la situación. Su compañero comenzó a acercársele lentamente hasta que sus labios se unieron lo suficientemente suave. Como si tuvieran miedo de romperse.
-Hermione.- Resonó una voz grave sobre el ruido de los fuegos artificiales.
La castaña se alejó rápidamente de Sirius, dejándolo con los brazos extendidos como si aún tuviera a la joven entre sus brazos.
-¿Que sucede?.- Logró preguntar entre su asombro y la verguenza.
-Tu padre quiere desearte una feliz navidad. Es mejor que vayas.- Anunció Evan más cordial y rígido de lo acostumbrado.
Hermione miró a Sirius, quién había vuelto a su postura resuelta y le asentía con seriedad.
-De acuerdo.-Dijo a su hermanastro antes de voltearse hacia su compañero, sin moverse del lugar.- Nos vemos en Hogwarts.- Saludó, sabiendo que no encontrarían otra oportunidad para volver a estar juntos antes de que sea tiempo de que Sirius se fuera a casa de los Potter.
-Nos vemos en Hogwarts.- Repitió.- Que pases unas lindas Navidades, Hermione.- Le deseó el ojigris con una extraña sonrisa en su rostro.
La castaña asintió para luego comenzar a caminar hacia el jardín principal con Rosier. Evitó mirar hacia atrás más por un acto de cobardía que porque estaba con su hermanastro. Evan extrañamente no soltó ningún comentario de mal gusto, como solía hacer. Aquello atemorizó aún más a Hermione.
-No le dirás a mi padre nada de lo que has visto, ¿Verdad?. Mucho menos a Bella.- Expresó Hermione con un temor no muy propio de ella. En realidad, besarse por segunda vez con un Merodeador (esta vez, sin varias copas de Whisky de Fuego de por medio a quienes culpar) no era para nada lo que solía hacer.
Evan Rosier observó de soslayo a su hermanastra antes de seguir caminado sin transmitir ninguna respuesta.
