Capítulo 1.
El final de ese invierno, que fue a su vez el final del último año lectivo de mi preparatoria, es quizás uno de los que con más intensidad recordaré… y es que fue sumamente extraño. Sí, reconozco que mi vida desde abril de casi tres años no es lo que uno podría llamar "normal", pero sin duda alguna, muchos de mis parámetros de lo puramente definible como "común" se rompieron en ese periodo de apenas unos cuantos días. El presagio que anunciaba ese cambio tan extravagante sería el amanecer de aquél lunes, que tuvo algunas pequeñas peculiaridades.
Primera peculiaridad del día: yo desperté primero. Por lo general, Haruhi abre los ojos antes que yo y se queda a holgazanear en la cama unos minutos. Hoy, sin embargo, abrí los ojos una media hora antes de que el despertador sonara. Siendo finales de febrero tenemos un excelente clima matinal, y la luz entra generosamente por el amplio ventanal de la alcoba. Sé que aún está dormida porque está hecha un ovillo y su respiración aún es rítmica. Yo me recreo viendo los pliegues de las sábanas sobre su delicada figura, y sin poder evitarlo, acaricio su cintura… demonios, su piel es tan suave, su cabello tan lustroso y su aroma tan exquisito… me sacudí la cabeza de inmediato y me dispuse a levantarme, si seguía con esos pensamientos, terminaría sobre ella (literalmente).
—¿Y sólo te irás?— La escucho decir con voz somnolienta.
—Pensé que estabas dormida. No quiero que pienses que soy un pervertido que te manosea mientras duermes.
—Tienes razón. Prefiero pensar que eres un pervertido que me despierta antes de manosearme… falta media hora, podríamos aprovecharla.
Sin esperar a que me lo repitiera, la tomé de las manos y la incorporé hacia mí. Di unos cuantos besos en su cuello y sus hombros mientras comenzaba a deshacerme de su pijama. Por unos instantes todo parecía bien.
—Detente…— Susurró de pronto.
—¿Qué sucede?— Le pregunté preocupado.
—E-estoy algo indispuesta…— Al decirlo, su voz se quebró y conatos de lágrimas enrojecieron sus ojos.
—¿Estás bien…?
Justo al preguntarle eso, se refugió en mi pecho y comenzó a llorar. Esa fue una desconcertante y desagradable segunda peculiaridad del día.
—No te preocupes, no es nada…— Dijo unos momentos después, tratando de sonreír y secándose las lágrimas. —Prepararé el baño y algo para desayunar…
Se fue de la alcoba dejándome con la sensación de que había hecho algo malo. Sin embargo, su actitud fue más relajada el resto de la mañana, como si parte de la presión de lo que fuera que estuviera molestándola se hubiera ido con esas lágrimas. Talló mi espalda con particular cuidado y tuvimos un buen, aunque silencioso desayuno.
Luego de dejar aparcada la bicicleta en el lote al pie de la colina, comenzamos a andar hacia la escuela.
—Aunque siempre me quejé de esta subida, la verdad es que la extrañaré cuando la escuela termine—. Le comento mientras el semáforo nos mantenía a raya con su rojo.
—Sí… es verdad—. Me dice ella ausente. Quizás ni siquiera se dio cuenta de que lo hizo, pero me tomó de la mano.
—Por favor, habla conmigo—. Comencé al verla tan abatida. Realmente detesto verla así. —Si es algo que yo esté haciendo mal, necesito saber que es para cambiarlo.
—¡Oh, es tan lindo!— Deja escapar la muchachita fisgona de grado inferior detrás de nosotros. Yo la ignoré.
—No es nada… estoy un poco distraída, es todo.
La luz del semáforo cambió a verde y comenzó la monótona tonada de Toryanse.
Pasó en un segundo… el sonido ensordecedor de un motor aumentaba por el efecto doppler mientras irremediablemente daba mi primer paso bajando la acera… un par de autos frenaron ruidosamente a mi izquierda y Haruhi tiró con fuerza de mi mano justo a tiempo, regresándome a la banqueta…
Un motociclista pasó ignorando la luz roja sin siquiera reducir la velocidad, de no haber sido por la reacción oportuna de Haruhi, me habría arrollado. Peatones y automovilistas nos quedamos pasmados viendo la escandalosa nube de polvo que el irresponsable conductor de esa motocicleta amarilla dejó atrás de sí… y todavía tuvo la desfachatez de voltear por encima de su hombro, casi volcándose en el intento. Grité un par de improperios contra el sujeto secundado por Haruhi y no nos detuvimos hasta que el vehículo salió de nuestra vista.
—Bien, al menos tengo una razón menos para extrañar esta ruta—. Dije con acidez mientras retomábamos el camino a la escuela.
—Eso pasa por no fijarte donde caminas. Sé que Suzumiya es guapa, pero deja de verla mientras vas por la calle—. Como todos los comentarios de Taniguchi, es terriblemente inoportuno, y como buen cobarde que es, espera a que Haruhi no esté cerca para hacerlos. Por desgracia para él, hoy no estoy de humor.
—¿No tienes otro sitio donde decir estupideces?
—No. Hoy no—. Amplía su molesta sonrisa, seguramente creyendo que su respuesta fue de lo más ingeniosa. —¡Oh, vamos! ¡Sólo estoy tratando de animarte!
—Al menos tú tuviste suerte—. Agrega el otro tarado (Kunikida) al unirse a la pequeña e improvisada tertulia anterior a la primera clase.
—¿Por qué lo dices?
—¿No te enteraste…?
Evidentemente no… y justo cuando pensé que iba a decirme el porqué de tan curioso comentario, Haruhi y regresó y detrás de ella la secretaria académica.
—¡De pie!— Anunció el delegado de clase y todos obedecimos mecánicamente. —¡Saluden!
—¡Buenos días!— Resonó en la voz de una treintena de estudiantes que hacía una reverencia ante la administrativa que entró al salón.
—Buenos días a todos—. Por algún motivo me sentí como en todas aquellas ocasiones desde que comencé la preparatoria… algo estaba a punto de suceder, o quizás ya había sucedido y estaba a punto de resentir las consecuencias de los actos de algún desconocido que jugaba con mi destino. —Tengo un par de noticias para ustedes, muchachos. Quizás muchos ya se enteraron, pero nuestro muy querido profesor Okabe fue hospitalizado anoche.
Expresiones de sorpresa y susto llenaron el salón de inmediato, y apenas cesaron, llegó un silencio sepulcral. Una de las muchachitas de enfrente fue la primera en preguntar:
—¿Qué fue lo que le pasó?
—Tuvo un accidente… fue atropellado.
—¿Se pondrá bien?— Preguntó otro compañero desde el lado opuesto del aula.
—Afortunadamente no está en riesgo su vida, incluso parece que lo enviarán del hospital a casa en los próximos días, pero se rompió la tibia y el peroné y no podrá venir a clases por unas cuantas semanas—. Esas alentadoras noticias rompieron el suspenso momentáneamente, y una oleada de murmullos de todo tipo y gusto comenzó a crecer entre los estudiantes. Por una parte, la vida de Okabe no estaba en peligro, y por otra, estamos a menos de un mes de terminar la escuela, y ciertamente sería un alivio para muchos (yo incluido) no tener la clase de gimnasia que con tanto ahínco nos era impartida por nuestro ahora convaleciente profesor. Apenas la secretaria académica dio cuenta de eso, retomo la palabra: —Sin embargo, no estarán exentos de esas clases. Tendrán una profesora sustituta en el tiempo que le tome al profesor Okabe regresar con nosotros… y se supone que se las presentaría en este momento, pero al parecer aún no ha llegado…
No había terminado de decir esas palabras, pero el grupo entero… miento, la escuela entera estaba escuchando el presagio de la desgracia que se acercaba a la escuela, disfrazado en el ruido de un aparatoso motor. Me asomé por la ventana a mi izquierda, hacia el aparcadero para profesores.
—Kyon… ¿Ya viste?— Pregunta Haruhi emocionada mientras apuñala mi espalda con su bolígrafo.
—Qué me parta un rayo—. Respondí.
Seguida de una voluminosa nube de polvo entraba al estacionamiento la motocicleta que casi me hace correr la misma suerte que Okabe minutos atrás. Sin un ápice de cuidado o respeto por la vida propia o ajena se coló entre los autos estacionados esquivándolos a duras penas, aun así, la inercia fue demasiada y terminó golpeando una jardinera con la parte frontal del vehículo. El conductor salió despedido hacia los pasillos mientras que la moto apenas si resintió el golpe, y por inverosímil que llegase a sonar, quedó debidamente estacionada. El conductor fue otra historia: su humanidad impactó el suelo con tal violencia que todos los espectadores en la ventana (incluyendo a la secretaria académica) hicimos sendas expresiones de dolor ajeno, y con franqueza pensé que no se levantaría.
Para sorpresa de todos los presentes, el conductor se levantó como si no hubiera sentido dolor en absoluto y en lugar de quejarse o tratar sus heridas, entró al edificio y comenzó a correr escaleras arriba, con tal aplomo que sus pisadas retumbaban en el edificio. Largos segundos de suspenso crispaban mis ya de por sí maltrechos nervios, y mientras mi expresión para esas alturas era de absoluto desamparo, sé que la jovencita sentada detrás de mí sonríe e irradia tanta luz como Betelgeuse a punto de volverse supernova.
La puerta corrediza finalmente se abrió. Sólo entonces, gracias a la cercanía y ausencia de movimiento, noté que "el conductor" era más bien "la conductora". Una mujer alta, quizás por arriba del metro con setenta, esbelta y ágil se quitó el casco y los googles revelando una cabellera corta y rosada en conjunto a unos ojos verde olivo con una mirada dispersa e inquietante. Traía encima toda la indumentaria propia de un viajero: chaqueta de cuero café con felpa por dentro, bufanda, jeans y botas largas de estilo militar. Barrió el salón con su extraña mirada, deteniéndose en Haruhi y un momento después en mí.
—¿Se encuentra bien, profesora?— Preguntó con preocupación auténtica la secretaria. —La conduciré a la enfermería de inmediato para que…
—¡No hace falta!— Exclamó innecesariamente fuerte y con un sobreactuado gesto de manos, desconcertando aún más a la fácilmente impresionable empleada de la escuela.
—Pe… pero esa caída…
—¡Soy una profesora! ¡Una muy profesional! ¿Cree usted que una nimiedad como esa me detendría? ¡Estos chicos aprenderán música aún así sea lo último que hagan!— Dicho eso, desenfundó de su espalda una extrañísima guitarra de dos mangos y con dos cajas, como si fueran dos guitarras juntas a la fuerza, y con ella comenzó a tocar acordes de grunge mientras hacía un desafinado y ruidoso solfeo.
—Pero usted no…
—¡Tocarán la guitarra como Hendrix! ¡Cómo Slash! ¡Como Santana! ¡Como Borland!
—De verdad dudo que…
—¡Y si es necesario los tendré encerrados en este salón sin comer o dormir!
—Usted no dará música, sino gimnasia.
La guitarrista literalmente se quedó engarrotada, le costó un tiempo digerir las palabras de la secretaria.
—Ah, sí… gimnasia…— Lanzó al aire con el desgano de un niño que no recibe el regalo de navidad que esperaba y su extraña guitarra volvió a su espalda.
—Bien… arreglado este pequeño malentendido, conozcan a su profesora sustituta… ¿Cuál es su nombre…? Lo lamento, pero la papelería de transferencia se perdió en el camino.
Recuperando parte de su energía, la "profesora" caminó confiada por el frente del salón, para luego saltar y quedar sentada sobre el escritorio.
Con el mismo impacto que tuvo Haruhi quizás, pero en un contexto completamente diferente, dijo esas palabras que también recordarían todos los presentes en el futuro:
—¡Soy la profesora Haruko Haruhara! ¡Pueden llamarme Profesora Haruko!— Hasta ahí todo bien. —¡Y soy una extraterrestre!
Silencio, uno semejante a si alguien hubiese hecho un disparo al aire a mitad del aula. Luego, exclamaciones de sorpresa y júbilo. En efecto, tal como podrán imaginarse, todo mundo lo tomó a broma, y ella sólo lo confirmó al dibujar una sonrisa brillante con un apenas perceptible toque de maldad legítima. Las palmas de Haruhi se impactaron en su butaca con fuerza, pero el ruido quedó opacado entre las risas de los otros estudiantes, y un segundo después tiró del cuello de mi camisa, obligándome a encararla.
—¿Escuchaste? ¡Es una extraterrestre!— Me dice eufórica. Por supuesto… sólo ella creería un disparate así.
—¡Oh, vamos! No estás creyéndole ¿verdad?— Le respondo tratando de recuperar mi cabeza de sus manos. —Está bromeando, y en lo que a mí concierne, su sentido del humor es horrible y perverso.
—Entonces…— Comenzó con esa voz juguetona que ponía en duda el pleno uso de sus facultades mentales. —…si es una clase de gimnasia, ¿qué estamos haciendo aquí? ¡Cámbiense!
Mi grupo estaba condicionado desde hace tres años. Al escuchar esas palabras, todos los varones nos pusimos de pie para ir al aula contigua y ponernos el uniforme de deportes, porque como seguramente recordarán, una personita comenzaría a cambiarse ahí sin importarle en absoluto quien la viera.
—Compra una botella de agua para mí—. Ordenó Haruhi mientras me recreaba la vista con su ombligo al verla pelear con la blusa.
Me dio algunas indicaciones más y fui el último hombre en salir del salón, las demás chicas me veían con algo de recelo sin comenzar a cambiarse de ropa. Salí por la puerta corrediza del final del aula y una vez afuera me encontré en un pasillo extrañamente vacío.
Un acorde solitario llenó momentáneamente el corredor desierto. Recargada en la otra puerta del salón estaba nuestra poco común profesora sustituta, tocaba sin afán su curioso instrumento con una sonrisa que me recordaba al gato de Cheshire. Debió notar que no me moví por unos momentos mientras trataba de estudiarla… había algo que definitivamente estaba fuera de lugar con ella.
—No me digas que te enamoraste de mí a primera vista, niño.
—No suelo fijarme en las personas que atentan contra mi vida, profesora.
—Pues por lo que vi en ti y la jovencita del listón amarillo, creo que es todo lo contrario.
Resuena un nuevo acorde perdido.
—¿Es eso? Vino hasta aquí por Haruhi… debí imaginarlo… ¿Quién es usted en realidad?
—Ya te lo dije: soy una extraterrestre.
—Conozco algunos extraterrestres, ninguno es tan estúpido como para exhibirse así.
—La jovencita se ve algo desanimada.
—¿Cómo puede decir eso? Nos acaba de conocer.
—¿Acaso no le prestas la suficiente atención?
—Lo que pase con ella no es asunto suyo, y quiero que se mantenga lo más alejada posible de nosotros.
—¿O es quizás que no estás cumpliéndole como hombre?
—Lo que pasó esta mañana en la calle no fue un accidente, ¿verdad? ¡Usted trató de arrollarme!
—¿No eres joven para tener problemas en la cama?— Un acorde más, irritantemente desafinado y cercano. —¿Acaso ya no te atrae tanto como cuando empezaron a…?
—¿Qué demonios quiere de mí? ¡Aléjese!— Dije sintiendo su aliento contaminando mi aire.
Sin darme cuenta, mi respiración ya estaba agitada y mi pulso muy acelerado. Haruhara sonreía complacida dejando colgada su guitarra frente a ella. Colocó sus manos frente a su rostro, simulando la lente de una cámara mientras apuntaba a mi cara.
—Tu cabeza tiene una gran simetría… tú serías perfecto—. Su gesto perdido devino repentinamente en una mueca perversa mientras me mostraba su blanca dentadura, comenzó a caminar hacia mí con paso decidido y volvió a tomar uno de los mangos de su guitarra doble, un miedo orgánico encogió mi estómago, no había dudas, estaba a punto de ser atacado. —Ahora… sólo será una vez… así que no te muevas…
—¿Kyon?— Sonó en la puerta a mi lado al abrirse, rompiendo la soledad del diálogo que tuve con la profesora, y haciéndola desistir de tomar su guitarra. Haruhi me miró y miró extrañada a la profesora mientras las jovencitas salían del aula debidamente cambiadas para gimnasia. —¿Sucede algo?
—Para nada…— Respondí sin retirar los ojos de la mujer.
—¡Entonces apresúrate!— Me reprende al ver que sigo sin cambiarme.
—Sí, Kyon, apresúrate… no querrás llegar tarde, ¿verdad?— Pregunta la profesora con cinismo… ¡Un momento! ¿Ella también va a llamarme así? ¡Maldita sea! ¿Qué nadie pretende respetar el esfuerzo que mis padres hicieron en elegir un nombre para mí...? —Los veré en el patio, muchachos.
Tomé la mano de Haruhi al momento que intentó caminar hacia las escaleras.
—¿Y ahora qué?— Preguntó contrariada.
—Por favor… mantente alejada de esa mujer, no me inspira nada de confianza.
—Pero…
—Te lo ruego… al menos espera a que lo consultemos con Nagato.
Sus ojos se iluminaron de pronto y le resultaba difícil ocultar su euforia.
—Entonces… ¿De verdad crees que sea una extraterrestre?
No supe que decirle… si lo era o no, sólo había una persona (en la que confiaba) que podría decírmelo.
—¡Esto se hace así!— Gritó Haruhara luego de que robara el balón de soccer con la agravante de violencia a uno de mis desafortunados compañeros, para en seguida patearlo con brutalidad hacia la portería, a casi cuarenta metros de distancia.
Taniguchi, hoy dispuesto como portero, no tuvo otro remedio que buscar refugio en el poste derecho del arco, mientras el balón atravesaba la red con la fuerza de una bala de cañón. Exclamaciones como "Asombroso, profesora" y "Es increíble" llenaban el ambiente. Por cierto, como ya habrán notado, no fue con las chicas a verlas en sus carreras y saltos. Prefirió venir con los muchachos y jugar soccer, y también ella se cambió de ropa… debo admitir que la mujer tiene una muy buena figura, sus largas piernas bajaban de los diminutos y (rosando el borde del mal gusto) provocativos shorts y una camiseta que dejaba al descubierto su abdomen. Mi equipo era el que iba perdiendo en un triste siete a cero. Y a pesar de lo raro que era la situación en general, se mantenía dentro de un margen mínimo de normalidad que permitía pasara desapercibido para el resto de la escuela.
Pasamos las primeras clases sin mayores incidentes. Haruhi desapareció a la hora del almuerzo (por algún motivo que desconozco, no compartimos esa hora del día) y yo salí a la carrera hacia el cuarto del club. Nagato seguramente estaría ahí y bien podría ponerme en situación acerca de lo que la recién llegada era en realidad.
Toqué un par de veces por cortesía, no hubo respuesta, lo que significaba que nuestra poderosa alien estaba ahí.
—¡Yo!— Saludé al abrir la puerta y encontrar a nuestra Nagato, que no había crecido un centímetro o ganado un gramo desde que entramos a la preparatoria, aún cuando estábamos a pocas semanas de graduarnos.
—…— Me miró despegando momentáneamente sus ojos del nuevo libro que la mantenía ocupada.
—Supongo que notaste que alguien llegó, ¿verdad?— Pregunté cerrando detrás de mí y rodeando la mesa para tomar mi lugar de siempre.
—Una profesora sustituta—. Respondió inexpresiva. —Es extranjera.
—Pues tiene un nombre muy japonés—. Comenté con algo de sorna.
—Extranjera desde mi punto de vista.
—¿Qué quieres decir?
A mi pregunta, Nagato cerró su libro y me dedicó esa enigmática mirada que roba el aliento.
—Ella no estaba aquí hasta hace una semana.
—¿Y por "aquí" te refieres a la ciudad o al país?
—Al planeta. Fui notificada de su llegada, pero no pensamos que vendría hasta acá. Ahora mismo ignoramos cuál es su propósito en esta localidad, aunque todo apunta a que tiene interés en Suzumiya Haruhi y en ti.
Creo que es la primera vez que abordamos un problema tan rápido… tal vez tenga que ver con que ahora Haruhi es consciente de sus poderes, pero sea cual sea el caso, no me gusta el panorama… no suelo juzgar a las personas por su apariencia, pero Haruhara no me da buena espina… es impulsiva, violenta y sumamente descuidada.
—¿Qué debemos hacer?
—He recibido la indicación de mantenerme alerta por si la entidad, provisionalmente designada como Haruhara Haruko, pretende emprender cualquier tipo de acción hostil en contra de Suzumiya Haruhi, tú o cualquier otro miembro de la Brigada SOS y sus relativos.
—¿Sabes qué cosas podría hacer?
—Actualmente tratamos de averiguar qué habilidades tiene y el alcance de las mismas. El sólo hecho de que haya llegado a la Tierra por sus propios medios ya nos habla de una gran capacidad operativa.
—Es por demás preguntar si es una interfaz como tú, ¿verdad?
—No lo es. Estamos tratando de conseguir muestras para determinar su especie y origen.
Eso sería raro… hasta donde pude verla, luce muy, muy humana, aunque lo que Nagato comenta bien podría explicar cómo es que salió caminando (por no decir que con vida) del choque en el estacionamiento de la escuela, y su aparentemente excepcional condición física.
Al final, la alienígena de la brigada se levantó y se dispuso a ir a su salón, el almuerzo estaba a punto de terminar. Se detuvo antes de atravesar la puerta.
—Parece que esta será nuestra misión para el resto de tiempo que nos quede de vida, ¿verdad? Salvaguardar a Haruhi.
—Suzumiya Haruhi puede cuidarse sola, realmente no requiere que la protejamos. Tú eres quien debe tener cuidado.
Dijo eso sin volverse a verme. Salió del salón dejándome extrañamente incómodo.
No pude evitar mirar constantemente por la ventana en el resto de las clases que quedaban. Llamaba mi atención aquella motocicleta amarilla de diseño europeo con una "P!" por emblema y me preguntaba donde podría estar su propietaria y qué tipo de intenciones tenía con Haruhi. Sentía esa inquietud que seguramente robaba el sueño a los norteamericanos y a los soviéticos durante la guerra fría, esperando a que en cualquier momento cayera una bomba nuclear sobre sus casas. La hora del final de clases llegó y ahora la dinámica del club era ligeramente distinta. Por lo general, llevo a Haruhi hasta el cuarto del club, donde Koizumi, Nagato y Asahina nos esperan y me despido unos minutos después para ir a mi trabajo. Casi todos los días Asahina está ahí, es una ronin y está preparando su segunda vuelta junto con nosotros para hacer exámenes a la universidad.
—Tienes razón. Es una estupidez—. Afirma Haruhi abruptamente.
—¿Qué cosa?— Le digo mientras entramos al viejo edificio.
—Que la profesora Haruko sea una extraterrestre.
—Es curioso que lo menciones, porque tenemos que discutir algunas cosas al respecto en el cuarto del club con los chicos…
—¿No me digas que te estás tomando en serio las tonterías que dijo?
Me lo pregunta la misma persona que saltó de emoción cuando la profesora se autoproclamó venida de otro mundo. Dentro del galimatías de sentimientos encontrados pude hallar algo de alegría al ver a Haruhi recuperar parte de su locuacidad por este pequeño incidente. Eso me invitaba a ser optimista. ¿Y qué pasaría si no era en realidad una amenaza y se iba tan rápidamente e intempestivamente como llegó? ¿No habrá sido obra de Haruhi que esté aquí? La respuesta a la segunda pregunta era un sí rotundo que nos explicaría la misma Haruhara unos días después, pero la primera suposición no pudo estar más equivocada.
Ambos notamos inmediatamente un aroma poco común que era despedido del usurpado club de literatura. No era desagradable… de hecho, era muy bueno… aroma a comida, a ramen para ser más específico. En silencio abrimos la puerta.
—¿Qué demonios hace usted aquí?— Exclamé señalando con el dedo a Haruhara, que devoraba un enorme plato de fideos.
—¡Ramen!— Respondió haciendo la "V" de la victoria sin dejar de comer.
—N-n-n-n-no, pude evitar que entrara, lo lamento mucho…— Gimoteó Asahina sacudiendo los brazos.
—¡Es una competencia digna para Nagato-Chi! ¡La que termine primero se lo lleva todo!— Festejaba Tsuruya, detrás de una enorme cacerola de fideos sobre la mesa del cuarto…
¿Por qué está aquí Tsuruya? Ah, no importa… fue gracias a su afirmación que reparé en que Nagato comía también, y en efecto hacían una batalla titánica por ser la mandíbula más veloz del aula…
—¿Qué están apostando?— Preguntó Haruhi, de inmediato contagiada por el improvisado ambiente festivo.
—¿Cómo que qué están apostando?— La reprendí. —¡Es ilegal cocinar dentro de estas aulas! ¿Cómo demonios hicieron para cocinar aquí? ¡También es ilegal apostar!
—¡El premio es Koizumi!— Gritó Tsuruya entre carcajadas sin dejar de vitorear a las comensales.
—¡Oh, debo tener un Koizumi!— Balbuceó Haruhara salpicando caldo sin dejar de comer. —¡Tengo grandes planes para el chico!
—¿Cómo que debe tener uno? ¡Es una persona, no una mascota!— Dije con voz en grito e irritado. —¡Y tú deja de sonreír como idiota y ayúdame a detener esto!— Disparé contra el ésper, que sonreía como un bobo desde su lugar.
—Lo siento, estoy atado de manos—. Dijo él sin quitar su molesta mueca de júbilo.
—¡Déjate de estupideces y levántate…!
—Es en serio—. Dijo asomando un pequeño matiz de desesperación en su casi siempre inamovible gesto. —Estoy atado de manos en realidad.
—La profesora Haruhara lo ató apenas llegó al aula para evitar que escapara—. Me explicó Asahina con la voz quebrada. Entre los dos corrimos para tratar de soltar sus manos, pero el nudo era perfecto… ¿Cómo demonios es que esto terminó así? ¡es una locura! ¡es irreal…!
Hasta ayer, nuestras locuras llegaban hasta donde los disparates de Haruhi nos llevaban, sin embargo, esta mujer parece tener un efecto narcótico en el ambiente. Hace cosas increíbles con tal naturalidad que incluso las personas normales aceptan (aceptamos) el enrarecido ambiente que genera como si fuera cualquier cosa… es como estar a bordo de un carrito de montaña rusa, sólo que este carro no está empotrado a los rieles ni tiene cinturón de seguridad.
Unos segundos después, Haruhi y Tsuruya vitoreaban al mismo volumen a las contendientes. Nagato daba buena cuenta del ramen moviendo la boca apenas lo necesario para triturarlo un poco y hacerlo desaparecer en el abismo sin fondo de su estómago, ni siquiera daba muestras de estar respirando mientras lo hacía.
—¡No puedes perder, Yuki! ¡Eres la representante de la Brigada!— Animaba Haruhi sobre sus puntas mientras agitaba las manos.
Haruhara era otra historia. Masticaba la pasta con la boca abierta mientras brillantes reguerillos de caldo caían por la comisura de sus labios y hacia su ropa.
—¡Más rápido, Haruko-Pyon! ¡Debes defender el honor de la casa Tsuruya!— Exclamaba por su parte nuestra animada ex compañera (ronin también), con las manos en la cintura y partiéndose de risa.
Ignoro si la enorme cacerola de la que comían estaba llena al principio, pero ahora mismo estaba a punto de terminarse, sólo quedaban en su interior algunas tiras de ramen y una diminuta pieza de daikon.
Ambas alienígenas se miraron y el tiempo se detuvo. Incluso Tsuruya y Haruhi dejaron de gritonear y quedaron en suspenso, observando la escena, Asahina se había encogido temerosa mientras miraba alternadamente a la profesora y a la alumna en tanto que Koizumi ampliaba su sonrisa idiota.
Perfectamente sincronizadas arrojaron sus tazones al suelo y comenzaron la más violenta batalla de palillos que hubiera visto jamás… es decir, no es como si hubiera visto muchas peleas de ese tipo antes… lo asombroso es que Haruhara estaba al nivel de Nagato. Los palillos se movían con tal velocidad y fuerza que imaginé que podría perder un dedo si se me ocurría poner una mano en medio. Así, al paso de unos minutos de batalla encarnizada y sin que la balanza se inclinara con claridad hacia ninguna de las dos mujeres, sus improvisadas armas se quedaron trabadas sobre la olla, mientras que se miraban entre ellas, estudiándose… los serenos ojos marrón claro con esa ligera tendencia al amarillo como miel de Nagato que chocaban con los inquietos irises verdes como aceitunas de la supuesta profesora (perdonen la insistencia, aún no me la creo).
—Creo que estamos atoradas—. Susurró Haruhara sin relajar un músculo.
—Así parece ser—. Dijo Nagato, carente de tono.
—Entonces…— Haruhara puso de nuevo esa mueca que eriza el cabello al más valeroso, la sonrisa más aterradora… la sonrisa de quien no tiene más que perder, pues incluso ha perdido la cordura. —¡Lo terminaré así!
En un hábil movimiento dio un puntapié por debajo de la mesa, haciendo crujir la frágil madera comprimida y logrando que la olla saltara poco más de un palmo. El desamparado daikon voló como en cámara lenta, dejando una estela de diminutas gotas de caldo que dibujaron por un instante la parábola que el vegetal recorría en el aire en su inexorable marcha hacia las fauces de la mujer de cabellera rosa.
La reacción de Nagato no fue lo suficientemente rápida y Haruhara sólo tuvo que estirar el cuello y abrir la boca, recibiendo al infeliz rábano, y con ello, ganando la contienda definitivamente.
Más aplausos, pues incluso Asahina aplaudía esta vez, más vítores y celebraciones mientras Haruhara hacía un extraño baile de la victoria.
—El Koizumi es mío—. Decía repetitivamente sin dejar de bailar. Unos minutos después recobró la compostura y con un tono diferente abordó a Haruhi —Y dime niña… ¿Cómo es que te llamas?
—Suzumiya. Haruhi Suzumiya.
—¿Tienes problema si te llamo por tu nombre de pila?— Haruhi negó con la cabeza dando su visto bueno. —Entonces, Haruhi… ¿Qué clase de club de literatura es este? Tsu-Chan me ha contado algo al respecto—. La cuestionó abalanzándose sobre ella y pasando uno de sus brazos por los hombros de la líder de brigada.
—Es una larga, pero interesante historia, profesora Haruhara…
—Aquí puedes llamarme sólo Haruko… estamos en confianza… además, creo que le vendría bien a tu asociación ganar algo de legitimidad ante el concejo estudiantil, y nada mejor que tener el respaldo del profesorado, ¿no crees?
Los ojos de Haruhi centellearon. Traté de intervenir:
—Haruhi, no creo que debas…
—¡Silencio, aguafiestas! ¿No tienes que ir a trabajar o algo así?— Lanzó Haruhara como un perro rabioso.
Mierda, tiene razón… debo ir a trabajar.
—¡Deja de ser aburrido por un momento! ¡No la escuchaste! ¡La brigada podría ser reconocida por el concejo estudiantil!—. Dijo Haruhi animada. No quedé tranquilo, pero no habría forma de convencerla mientras esa mujer estuviera cerca de ella.
—Cómo quieras, nos veremos por la noche—. Dicho eso hice una seña al resto de la concurrencia anunciando que me marchaba. —Nagato, ¿podría hablar contigo un momento en el pasillo?
Salí del salón del club seguido de la silenciosa interfaz hasta las escaleras, donde las animadas voces del salón no nos alcanzaban.
—Sé que es por demás que te lo pida, pero quiero que cuides muy bien de Haruhi, no permitas que haga ninguna estupidez mientras no estoy cerca, y procura mantener a esa profesora a raya, y por favor, has esta petición extensiva a los otros miembros de la brigada, ¿cuento con eso?
—Tomaré las medidas necesarias—. Dijo. Esperó unos segundos y remató: —Sin embargo, debo insistir en que Suzumiya Haruhi no requiere de dicha protección y sugiero que la custodia sea puesta sobre ti.
—Agradezco mucho tu preocupación, Nagato, pero hoy debes hacer como te digo.
Sus ojos no abandonaron los míos por algunos segundos, como tratando de convencerme sin palabras. Desistió al fin y se dio la media vuelta, regresando al salón.
—Entendido—. Fue todo lo que dijo.
Pasé el resto de mi jornada laboral distraído, tanto así que tuve que disculparme un par de veces con Sasaki por no prestar atención a lo que me decía. Ese día noté que perecía particularmente insistente en hablar conmigo… pensaré en eso luego.
—Debo llegar rápido a casa hoy—. Me disculpé por enésima vez apenas el reloj marcó las ocho, terminando el intento de Sasaki por abordarme una vez más. —Hablaremos mañana, ¿de acuerdo?
—Por supuesto—. Me dice mi antigua compañera con ese curioso modo de hablar que la caracteriza… ¿por qué me rodearé sólo de gente rara? —Saluda a Suzumiya de mi parte.
¿Soy yo o hubo un ligero matiz ácido en sus palabras…? No, por supuesto que no. De entre todas las personas, Sasaki no… vamos, han sido días raros, es sólo que comienzo a sufrir paranoia.
Con ese frenesí de incertidumbre salí del edificio en busca de un taxi o algo que me llevara a casa rápido y clamaba al cielo porque Haruhi estuviera ahí. También trataba de mantenerme calmado, si algo malo hubiese pasado, ya me habría enterado para ese momento. Con esa idea en la cabeza, llegué hasta la estación, pues no encontré otra cosa en qué viajar más rápido que en tren.
Soy tan idiota… nací en la era digital y no utilizo mi móvil. Sintiendo un repentino alivio al descubrir mi estupidez, comencé a marcar el teléfono de Haruhi mientras rebuscaba en mi bolsillo por monedas para pagar un boleto.
—¿Sí?— Suena del otro lado de la línea. Es Haruhi.
—¿Dónde estás?
—En casa, tarado, ¿dónde más podría estar a esta hora?
—¿Estás bien?
—Eh… sí… ¿Qué clase de pregunta es esa? Has estado raro desde la tarde.
—Mira quien lo dice.
—¿Perdona?
—Nada. Estaré allá en un rato. ¡Maldita sea!
—¿Qué pasa?
—Olvidé la billetera en el trabajo, debo volver por ella.
—Idiota. No llegues tarde, casi está lista la cena.
La llamada termina… francamente creo que debo hablar con ella acerca de decir al menos "adiós" antes de terminar una conversación. Lo anotaré en la lista de pendientes. Estaba un poco más tranquilo ya, y siendo honesto me daba un poco de pereza volver hasta la oficina por la prenda olvidada, pero no había otro remedio.
—¿Necesitas una moneda, chico?
Me giré hacia el origen de la voz, en la acera. Era una voz femenina, pero la pobre iluminación de los alrededores de la estación no me permitía ver claramente a su propietaria. Era educada, llegando a lo dulce.
—Sí…— Respondí con precaución. —Pero ya estoy resolviéndolo. Gracias por preguntar.
—¡Oh, pero no te vayas! Yo puedo prestarte unas monedas si tú me prestas algo a mí…
Un escalofrío recorrió mi espina. La voz estaba cambiando poco a poco, como si entrelazaran la voz de dos mujeres distintas.
—De verdad no es necesario—. Dije retrocediendo con precaución y mirando alrededor… ni un alma en la calle. —Además, ¿qué podría ofrecerle yo?
—No mucho en realidad, algo insignificante…— La voz había cambiado por completo y el resultado fue espeluznante. La mujer había caminado lo suficiente para entrar a mi campo de visión. —¡SÓLO NECESITO TU CABEZA!
Haruhara estaba frente a mí con una sonrisa maniática y las pupilas dilatadas mientras levantaba su guitarra doble por encima de su cabeza. Fue demasiado rápida y sólo atiné a cerrar los ojos. Apareció ante mis párpados cerrados el relámpago que te anuncia que acabas de sufrir un severo trauma craneal y resonó en mis oídos el descompuesto sonido de las cuerdas al sacudirse con violencia.
Peculiaridad número tres: nunca había entrado a la inconsciencia de forma tan brutal…
Capítulo 1.
Fin.
¡Y así arranca esta historia! Bueno, como se dieron cuenta, tenemos nuevamente un crossover y vamos a tratar de implementar algo de comedia al relato. ¡Ojalá les guste este experimento!
Y para no perder la costumbre, aquí el disclaimer:
Haruhi Suzumiya, correlativos y demás personajes (La melancolía de Haruhi Suzumiya) creados por Nagaru Tanigawa y propiedad de Kadokawa Shoten.
Haruko Haruhara, correlativos y demás personajes (FLCL) creados por Youji Enokido y propiedad de Gainax y Production I.G.
