¡Capítulo 2 listo! Les recuerdo que esta historia no será tan larga como las anteriores, pero daré lo mejor para que sea igual de entretenida. ¡Disfruten este nuevo episodio y no se olviden de comentarlo!
Capítulo 2.
La luz se hizo molesta luego de unos segundos y me forzó a abrir los ojos. Había un dolor infernal en mi coronilla, si bien nunca he padecido de migrañas, supongo que la sensación debe ser como esta.
—Bienvenido de vuelta—. Escuché a mi derecha, en una voz familiar.
Al sentarme me di cuenta de que estaba en la cama de una pequeña clínica. Aún vestía la misma ropa de la tarde y el reloj de pared anunciaba que faltaban sólo unos minutos para las diez de la noche.
—Esto duele…— Dije sin dirigirme a nadie en especial mientras tocaba la protuberancia que salía de mi cabeza.
—Supongo que sí. Según el médico, no sufriste daño severo además del chichón—. Hasta ese momento me volví hacia mi interlocutora y la miré por unos instantes. —¿Sabes quién soy?— Preguntó al ver mi confusión.
—Claro que lo sé—. Respondí. —¿Por qué estás aquí, Sasaki?
—Te encontré tirado en la estación cuando iba camino a casa, así que llamé a una ambulancia y te trajeron aquí. Descuida, me iré apenas llegue alguien de tu familia a acompañarte.
—No lo decía por eso… y gracias por traerme.
—Descuida… ¿Qué fue lo que sucedió?
Comencé a recordar entonces. Caminé a la estación tratando de llegar a casa lo más rápido posible, había olvidado mi billetera en el trabajo y debía regresar… y entonces… ¡Maldita sea! ¡Haruhara!
—Eh… tropecé y golpeé mi cabeza contra el suelo, es todo lo que recuerdo.
—¿De verdad?— Preguntó suspicaz la chica. —Porque debió ser una caída impresionante para provocarte una marca tan grande…
Me volví hacia la ventana a mi izquierda, donde podía ver mi reflejo. En efecto, en mi testa salía un chichón que, además de ser muy doloroso, tenía una extraña forma de cuerno retorcido separado por unas dos pulgadas de mi cabeza, temí incluso que fuera una parte fracturada de mi cráneo… lo estudié por unos instantes más hasta que el barullo del pasillo llamó mi atención.
—¿Dónde está?— Sonaba imperativa la voz de Haruhi.
—Justo por aquí, pero le suplico que se calme, sufrió un trauma severo en la cabeza y lo mejor sería no alterarlo.
—¿De qué demonios habla? ¡Estoy calmada! No se alterará de verme, al contrario.
Eh… Haruhi… la verdad es que si me alteraría un poco… ya me alteré de sólo escucharte… las voces llegaron a la puerta y tocaron un par de veces antes de irrumpir. Haruhi al frente literalmente hizo a un lado al médico para llegar al lado de mi cama.
—Vaya, eso sí que luce mal.
—A mí también me alegra verte. Sí, estoy bien, gracias por preguntar.
—Microbio llorón, deja de quejarte—. Acercó su rostro al chichón, analizándolo.
—¡Ah, Sasaki, querida! ¿A qué hora llegaste?— Preguntó mi madre al ver a una vieja conocida. Sólo entonces Haruhi reparó en su presencia.
—Sí, Sasaki, ¿A qué hora llegaste?— Preguntó la chica de la banda amarilla con mal disimulada ironía.
—Tal como les comenté, lo encontré cuando iba camino a casa e hice que lo trajeran aquí, luego me tomé la libertad de llamarlas. Supongo entonces que mi labor por hoy ha terminado—. Se giró hacia mí y tomando mi mano (cosa que hizo que Haruhi arqueara una ceja) me dijo: —Recupérate pronto y no te presiones, puedes tomarte libres un par de días para reponerte por completo. ¡Casi lo olvido! Dejaste esto en tu cubículo, pensaba regresártelo hasta mañana.
Me extendió la billetera que inició todo el problema. Agradecí y la vi hacer una respetuosa reverencia frente a mi madre y Haruhi antes de marcharse.
—Así que casualmente te encontró, ¿verdad?— Dijo la segunda con un matiz corrosivo.
—Sí, y de no haber sido así, quizás seguiría tirado en la calle o me hubieran llevado a una estación de policía pensando que estaba ebrio—. La veo cruzar los brazos y mirar a la ventana, furiosa. —Te ves preciosa cuando te encelas.
—¡Eres un imbécil! ¡Toma tus cosas y vámonos!
Aún montada en cólera, abandonó la habitación haciendo cimbrar el piso bajo sus pies y con los puños apretados, tiempo que aprovechó mi madre para explicarme que, según el médico, mi lesión no era seria y que podría volver a casa de inmediato, sólo asegurándome de volver a la clínica a que me revisaran. Mi madre se ofreció a ir a casa a cuidar de mí si era necesario, a lo que Haruhi se negó cortésmente, parece que tiene planes de cuidarme ella sola, y molesta como está, seguramente eso se convertirá en un problema.
Luego de evitar siquiera el contacto visual durante todo el viaje en taxi (el cual, por cierto, estuve obligado a pagar), llegamos a casa donde vi un par de platos sin tocar sobre la mesa.
Tuve un pequeño conflicto mental con eso: Por un lado, pareciera que Haruhi estaba haciendo un esfuerzo legítimo por cambiar el raro humor que había tenido esos últimos días, lo sé porque el platillo dispuesto en la cacerola tapada sobre la mesa huele mejor que lo que he comido en meses aún a pesar de que ya está frío; también hay una botella de la bebida que más me gusta y el atuendo de Haruhi no es precisamente ese con el que vas a recoger al idiota de tu novio al hospital. Por otra parte, estoy siendo tratado como si hubiera sido culpa mía que Haruhara me atacara, provocando todo este problema.
—Me voy a dormir—. Dijo de pronto y comenzó a caminar escaleras arriba.
Yare-Yare…
—Por favor, espera—. Le dije cuando por fin la alcancé a punto de dame en la nariz con la puerta de la alcoba. No se volvió a verme, pero tampoco siguió su marcha. —Lo lamento.
—No fue tu culpa. Fue un accidente—. Dijo poco convencida dándose la vuelta, pero sin verme a la cara.
—No por eso. Lamento haber hecho un comentario tan inapropiado allá en la clínica—. Es cierto que luce bellísima en medio de un ataque de celos, pero la verdad es que eso era seguramente lo último que quería escuchar en ese momento.
—¿Tienes idea de cuán preocupada estaba?
—Sí. Disculpa por hacer que te preocuparas—. Aderecé esas última palabras con una pequeña reverencia.
—Eh… bien, es bueno que te des cuenta de tus faltas, mira que preocupar de esa manera a tu líder de brigada…— Dijo tartamudeando. Parece que la mejor vacuna contra sus rabietas es una disculpa sincera. —Bueno, como sea… ¿Me vas a decir qué fue lo que en realidad te pasó? Porque no esperarás que me crea que ese chichón te lo hiciste con el pavimento.
—¿Te parece si lo discutimos cenando? Me muero de hambre y lo que está allá abajo se ve magnífico.
Bocatto Di Cardinale… es la única expresión que cabía en mi mente después de cenar. La curiosidad natural de Haruhi no me dio mucho tiempo de tregua antes que volviera sobre la pregunta que rondaba mi cabeza… literalmente.
—¿Y bien? ¿Me dirás como te hiciste ese chichón tan raro?
Respiré profundamente antes de responder. Después de todo, no tenía sentido ocultarle lo que pasó.
—Haruhara me atacó. Me estaba esperando en la estación y apenas colgué la llamada, me golpeó con esa extraña guitarra que trae.
—Ya veo.
Un momento. Acabo de contarle que fui artera y violentamente atacado, ¿y ella sólo responde con un "ya veo"? creo que alguien aquí tiene algo que explicar y no soy yo.
—No pareces sorprendida.
Me miró reflexiva por unos segundos antes de comenzar a hablar.
—¿Por qué estás conmigo?
—¿Respondes a mi pregunta con otra pregunta?
—Haruko habló conmigo después de que te fuiste a trabajar. Me preguntó sobre ti y sobre mí. Le conté algunas cosas y me dijo muchas otras sobre nosotros dos y la relación que tenemos.
—Me pareció habértelo dicho antes: No confío en esa mujer, tú tampoco deberías… ¿pero eso qué tiene que ver con que me haya atacado?
—Me dijo que ella podía cambiar las cosas para ayudarnos. Me dijo que tenía que charlar contigo y me preguntó dónde podía encontrarte.
—¿Tú la mandaste a donde yo estaba?
—Me dijo que sólo charlaría contigo. No imaginé que fuera a atacarte…— Dejó pasar unos minutos sin hablar. ¿Qué clase de capacidad lingüística tiene Haruhara para convencer a Haruhi acerca de lo que sea que le haya hablado…? creo que nos engañó a los dos… o quizás encontró algún punto vulnerable en esta Haruhi que de alguna manera desconozco. —Kyon… Si no fuera tan "especial", ¿aún así seguirías conmigo?
—Sí… ¿por qué lo preguntas?
—A veces pienso que te tengo a ti y a los chicos sólo porque tienen miedo a que en mi soledad destruya el mundo, o lo que sea que pueda pasar por mi culpa.
—Eso es una tontería, eso no tiene nada que ver con lo que yo siento por ti. Yo estoy contigo porque deseo hacerlo.
—Pero… ¿Y si un buen día despertaras y te dijera que ya no tengo esos poderes? Que ya no soy especial… ¿Aún así me amarías?
—Haruhi… ¿Qué fue lo que te dijo Haruhara?
Tardó mucho en responder. Sería cerca ya de medianoche cuando le propuse dar una vuelta por el parque del ágora para hacer la digestión y tratar de entender mejor como es que las palabras que Haruhara se relacionaban con el ataque del que fui víctima.
—Me preguntó que qué preferiría—. Me contaba Haruhi mientras andábamos tomados de la mano bajo las luminarias del parque vacío. —Si a ti, nuestros amigos y familia o a este poder que tengo.
—¿Y cómo es que ella sabe sobre tus poderes?
—No lo sé. Tampoco sé que podría hacer al respecto… me dijo que por eso mismo necesitaba verte, porque tú podrías ser el canal para obtener una vida común, tranquila y feliz…
—¡Un momento!— Dije deteniéndome. —¡Esa no eres tú!
—¿Qué dices?
—¿Qué está pasando contigo? ¡Tú no eres así! ¡Tú eres esa adolescente extraña que siempre andaba tras lo diferente y lo especial! ¡Ahora eres eso precisamente! ¡Algo diferente, sorprendente y especial!
—No, Kyon… en primer lugar, ya no soy una adolescente… e imaginar que todo aquello que amo lo tengo únicamente por ser especial está quemándome por dentro. Quiero tener la oportunidad de demostrar que las personas que quiero pueden quererme igualmente, y no sólo por el temor que le tienen a que desate el apocalipsis. Hay veces que siento que la gente me teme en lugar de amarme.
—Si ese fuera el caso, ¿Crees que me la pasaría regañándote por todas las tonterías que haces?
—Lo sé, tú eres diferente… por eso te escogí a ti… y tú te la pasas pidiendo paz y tranquilidad todo el tiempo desde que te conozco, Haruko podría tener una forma de darnos justo eso y quiero compartirlo contigo…
Ahí estaba la otra parte de la historia. La explicación de su raro humor. Puedo imaginar lo que está sintiendo en este momento: hasta hace poco más de un año, Haruhi tenía una vida común… dentro de sus propios y raros cánones, pero común al fin, y un buen día, gracias a mí, se entera que existen los extraterrestres, que la gente viaja por el tiempo, que hay organizaciones repletas de personas con poderes paranormales y deslizadores que hacen rutas entre las dimensiones. La diferencia fundamental entre ella y yo está en que yo sólo soy un espectador. Ella, sin embargo, es el centro de todo. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de todos esos seres, su proceder y su destino… y a pesar de que conozco sus capacidades, cabe la posibilidad de que no esté en la mejor disposición de asumir ese trabajo, pues pensándolo así, suena abrumador.
Sin embargo, no puedo aceptar de buenas a primeras que deje de lado esta labor tan extravagante y única que la vida le ha dado, no puedo decirle simplemente: "adelante, hazlo", porque si lo hago y nos equivocamos, me odiará y yo mismo me odiaré por el resto de mi vida.
—En primer lugar, dudo mucho que Haruhara tenga la capacidad de cambiar el mundo sólo así… sin embargo, si de verdad es capaz de hacerlo, te suplico que pienses bien sobre cualquier decisión que tomes. En especial porque no confío en ella, menos aún después de atacarme.
—¿Tú me apoyarás?
—Claro que lo haré… y como mi cabeza está también en juego, más te vale que tomes la mejor decisión.
—Tarado—. Me dice recuperando momentáneamente el brillo en sus ojos y me empuja con fuerza.
Desafortunadamente el empujón me toma desprevenido y casi caí sobre los arbustos a un lado de la pista para corredores, sin poder evitar que uno de mis brazos terminara dentro de un zarzal cubierto de espinas.
—¡Eres un torpe! ¡No puedes ni manejar un empujoncito!— Me dice divertida tirando de mi otro brazo para levantarme.
—¿De verdad lo crees? Te cambio el lugar por un momento.
—Eres un llorón… déjame ver tu mano.
Aunque había varios raspones en mi brazo y mano, sólo una espina había logrado hacerme daño de verdad. Había entrado por la yema de mi pulgar y rasgado hasta la base del dedo, haciéndolo sangrar.
—No es nada, lo envolveré en mi camisa y… ¿Qué demonios estás haciendo?— Pregunto desconcertado.
—Detengo el sangrado—. Responde escueta. Mi mano seguía entre las suyas, pero el dedo lesionado recibía tratamiento de sus labios y lengua.
—¡D-deja de hacer eso! ¡Es inapropiado! ¡Es antihigiénico…!— Y sumamente sensual… aunque esa última idea no la expresé en voz alta, volvió sus ojos hacia mí sin detenerse para decirme:
—Pervertido… ¿En qué estás pensando?— Pregunta maliciosamente, y luego hace un pequeño juego con la lengua y mi dedo completo termina dentro de su boca, tal como suele hacer con mi…
—En que deberíamos volver a casa de inmediato—. Le digo hipnotizado por la sensación de su boca y las ideas y recuerdos a los que me lleva.
—Sí… deberíamos—. Me responde con esa expresión que sólo yo he visto mientras se remoja nuevamente los labios… es demasiada presión… llevamos cerca de dos semanas sin tener "momentos especiales" y con honestidad, siento que voy a reventar…
En efecto, la sensación de que voy a reventar. Un dolor agudísimo me hizo pensar que mi cabeza se partiría por la mitad.
—¿Qué tienes?— Preguntó Haruhi asustada sin soltar mi mano lastimada.
—No lo sé…— Dije apretando los ojos y llevando la mano que aún tenía sana a mi sien. —R-retrocede…— Le ordené, anticipando que mi cabeza fuera a estallar como un globo.
—¡De ninguna manera! ¡Volvamos a la clínica!
Tiré de mi mano para soltarme, el dolor, que ya en este punto me estaba provocando arcadas, me hizo irme de espaldas a trompicones, aunque no caí. Al abrir los ojos me encontré con que el chichón se había vuelto prácticamente un apéndice que salía de mi cabeza, y con facilidad tenía el tamaño de un brazo.
—¿Qué demonios es esto?— Grité asustado como nunca antes.
Apenas lo hice, el "chichón" degeneró en algo gigantesco y de metal… si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo habría creído… sobre mí, aún conectada a mi coronilla, estaba una enorme mano robótica, de cerca de dos metros de largo y muy pesada. Esa última razón provocó que cayera sobre mi costado derecho, haciendo que la cosa se separara finalmente de mi cabeza, llevándose el dolor. Haruhi corrió hacia mí y me ayudó a levantarme… por extraño que parezca, parecía emocionada por lo que recién sucedió… ¡Esto es imposible…!
—¡Kyon! ¡Tu cabeza dio a luz a un robot!— Eso suena tan estúpido… —¿Podemos quedárnoslo?
—¡Claro que no…! ¡Mierda, estoy muy confundido! ¿De dónde demonios salió esa cosa?
Y mientras nosotros teníamos tan inverosímil conversación, pude ver como la "mano" alargaba sus piezas, logrando con ello casi el doble de su tamaño original, como estirándose después de un largo sueño, perdiendo el tono piel que tenía al despegarse de mi testa y cobrando una fuerte coloración cobalto. Lo que realmente me alarmó fue que después de "despertar" por completo, se levantó sobre sus dedos como una araña de cinco patas, mostrándonos la sección que correspondería a la muñeca, donde una lente que seguramente haría las veces de único ojo nos observaba… era un espectáculo espeluznante…
—¿Crees que sea peligroso?— Preguntó Haruhi sin dejar de verlo.
—Sin lugar a dudas… y lo mejor será que, moviéndonos lo menos posible, nos larguemos de aquí…— Dije lo más bajo que pude mientras la tomaba de la mano… desde luego, Haruhara está detrás de todo esto, pero… ¿cómo?
Apenas levanté un pie del piso, los dedos de la máquina se movieron recordándome a algún insecto rastrero por la velocidad a la que lo hicieron, y como podrán imaginar, corrió directamente hacia nosotros. No tuvimos tiempo de correr, así que instintivamente abracé a Haruhi y puse mi cuerpo sobre el suyo mientras esperaba a que el artefacto aquél nos aplastara como a moscas. A unos cinco metros de nosotros pegó el salto para caernos encima y acabarnos… ¿así terminará mi vida? ¿Aplastado como un bicho por una mano cibernética salida de mi cabeza…? Esa sí que sería una muerte estúpida e increíble. Espero que al menos deje algo de nosotros para que puedan reconocer nuestros cadáveres…
La mano estuvo a un par de metros de golpearnos, pero entonces se quedó unos segundos suspendida en el aire luego de impactarse ruidosamente con una pared de luz translucida que ya había visto antes, y retrocedió un poco… eso sólo podía significar una cosa… levanté la vista y busqué a Nagato, la encontré saliendo del follaje del parque hacia nosotros con la derecha en alto, creando el escudo invisible que nos había salvado.
—¡Nagato! ¿Qué demonios es esa cosa? ¡Salió de mi cabeza!— Le grité desesperado mientras me incorporaba y ayudaba a Haruhi a levantarse.
—Al suelo, aún no termina—. Respondió la alien, indiferente.
Ante sus palabras, me volví hacia la máquina, y en efecto, volvió a la carga y golpeaba con furia la pared de energía creada por Nagato, lo que me asombró fue que en algún punto, la barrera comenzó a hacer un ruido chirriante. Esa sería la primera vez que viera una de esas barreras de energía ceder. Cuando la pared de luz reventó, Nagato ya estaba a nuestro lado, nos repitió que nos agacháramos y esperó a que el androide la atacara. Lo recibió a mano desnuda, bloqueó el ataque certero del gigantesco dedo índice hacia su cabeza con la mano derecha y con la otra propinó un leve empujón en la palma de la enorme mano, lanzándola una veintena de metros lejos y hacia el teatro al aire libre.
La máquina cayó al centro del ágora, provocando una aparatosa nube de polvo que cubrió el lugar por unos segundos. Nagato, Haruhi y yo corrimos hasta los escalones de piedra del lugar, esperando a que el polvo se disipara y comprobar si nuestra bibliófila había derrotado a su irreal oponente. Como era de esperarse, no fue así. La mano saltó una vez más, alcanzando con el impulso la altura de un edificio y dispuesta a caer con fuerza sobre nosotros una vez más. Nagato también saltó para interceptarla en el aire, pero la maquina parecía aprender de sus errores y en un rápido juego de dedos, no sólo esquivó el ataque de la alien, sino que la despachó con el mismo movimiento con el que se lanza una moneda al aire, arrojándola hacia las copas de los árboles cercanos.
Nagato había caído muy lejos y la gravedad terminaría de poner sobre nosotros esa mole que calculo pesaría poco más que un auto compacto, así que no teníamos muchas esperanzas, pero por fortuna, tenemos amigos interesantes. Un mareo con el que ya estaba muy familiarizado se dejó sentir al momento que todo hizo borroso por sólo un instante. Cuando mi vista se volvió a aclarar, estábamos a varios metros de distancia de la trayectoria de caída de la mano, y Asahina soltó nuestros hombros.
—Descuiden, entre Nagato y yo podemos controlarlo—. Nos decía nuestra agente del futuro anticipándose a nuestras preguntas. Nagato se nos unió en un santiamén.
La mano de metal cayó pesadamente haciendo profundos agujeros en los sitios donde los dedos aterrizaron y giró sobre sus improvisadas patas tratando de ubicarnos, apenas lo hizo, comenzó a correr a nuestro encuentro en tanto nosotros nos preparábamos para el asalto.
Una pequeña detonación sacudió al pequeño monstruo, interrumpiendo su carrera, luego una segunda y una tercera… ¡son disparos! Traté de calcular de donde venían a partir de los huecos en el piso (las balas estaban atravesando a la máquina) y logré ver a una chica montada en motocicleta a unos cientos de metros, fusil en mano… pero no era Haruhara… se detuvo después del séptimo tiro, mientras el afectado se sacudía en el suelo, como si sintiera dolor… ya a estas alturas resultaba increíble la situación, pero aún no terminaba… de entre las copas de los árboles salió un nuevo individuo, o al menos eso creí al principio, fue sólo hasta que comenzó a intercambiar golpes con la mano que noté que era otro robot, uno azul de aspecto más o menos humano, llevaba como único atuendo una chaqueta negra con las siglas BSI en el brazo izquierdo y un gran monitor por cabeza. Pero aún quedaba una última sorpresa.
—¡Sujétalo fuerte, Canti!— Sonó entre los árboles en una voz masculina, pero joven.
A esa indicación, el recién llegado robot azul sujetó a la mano como un tigre a su presa, que repentinamente parecía asustada y sacudía con fuerza los dedos, tratando de escapar.
Pude escuchar el sonido propio del esfuerzo y una silueta dando un gran salto desde un árbol cercano, con las manos sobre la cabeza y hacia atrás, tomando impulso para asestar un golpe con un arma contundente… no puede ser… otra guitarra… Un muchacho cayó sobre la mano mecánica, dando un grito de guerra e imprimiendo toda su fuerza en un único golpe que la hundió unos veinte centímetros en el piso, haciendo saltar sus componentes internos. Por la calidad del sonido del impacto y el efecto, sospeché que la habían acabado. El robot azul (que por lo que vi respondía al nombre de "Canti") se hincó junto a los restos mecánicos y con fuerza hundió una de sus grandes manos en el centro de la palma, aún espasmódica, y sacó algo parecido a una batería de ella. Al tener dicho artefacto, hizo una seña con la cabeza al muchacho que dio el golpe final. Él de inmediato se volvió hacia nosotros.
—¿Están bien?— Nos preguntó. Sólo pudimos asentir. Al menos yo no podía articular palabra. —Me alegro… ahora, ¡a correr!
La semidiosa, la viajera del futuro, la alien, el chico de la guitarra, el robot y yo… todos corrimos alejándonos lo más posible de los restos de la maquina abatida, que hizo una pequeña, pero ruidosa y llamativa explosión, reduciéndose a polvo.
La chica de la motocicleta nos interceptó poco después, el guitarrista y el androide subieron como pudieron al vehículo.
—Debemos encontrar un refugio antes de que llegue la policía—. Comenzó la joven motociclista, dirigiéndose a nosotros.
Estuve a punto de ofrecerles mi casa, pero el sonido de un motor conocido me hizo desistir.
La vespa amarilla con el emblema de la P! llegó a donde estábamos. Sabía que Haruhara iba a bordo, pero me tomó completamente por sorpresa ver sujeto de su cintura ni más ni menos que a Koizumi.
—¿Es que acaso se van ya?— Preguntó ella con su voz juguetona.
El chico la miró con aprehensión, pero no respondió.
—Koizumi, ¿Qué haces con ella?— Lancé sin poder ocultar cierta irritación en mi voz.
—¿No lo recuerdas, chico? Lo gané esta tarde…— Se anticipó Haruhara mientras Koizumi miraba al piso. —Pero por hoy se los devuelvo, nos divertimos mucho.
Nada más de escuchar esas palabras, Koizumi se levantó de la motocicleta y caminó hacia nosotros, aún sin levantar la mirada. Nunca antes lo había visto tan dócil.
El sonido de las sirenas de lejanas patrullas nos puso a todos en alerta, haciendo que inconscientemente me volviera hacia el conato de incendio que nuestro encuentro dejó minutos atrás.
—Salvados por la campana—. Dijo otra vez nuestra profesora encendiendo su motocicleta. —Hoy tuvieron suerte y llegaron primero… la próxima no serán tan afortunados—. Esas palabras las dijo para el trío de recién llegados—. Nos veremos pronto, Ta-Kun.
La vespa aceleró poderosamente, y salió de nuestra vista a toda velocidad, dejándonos (bueno, al menos a mí) con muchas dudas.
Por lo rápido que pasaron las cosas, perdí momentáneamente la noción del tiempo. Cuando me di cuenta, la brigada SOS y el trío de desconocidos compartíamos el té en el amplio comedor que hace un tiempo hizo las veces de cuartel general del hoy desaparecido Batallón SOS. El orden era el de siempre: en la cabecera de la mesa estaba Haruhi, a su derecha inmediatamente yo, Asahina, Nagato y Koizumi.
—Mi nombre es Naota Nandaba—. Se presentó cortantemente el muchacho. Hasta entonces pude dar buena cuenta de su apariencia. Era un joven más o menos alto, rondaba los veintidós o veintitrés años, llevaba un atuendo casual y una chaqueta negra con las siglas que vi minutos antes: BSI. Su cabello negro, muy corto, quedaba parcialmente oculto debajo de una vieja gorra de béisbol con un rótulo que decía: "Los Marcianos de Mabase". Algo que capturó mi atención de él, era su actitud… lucía aburrido e indiferente, pero oculta en esos atípicos ojos azules para un japonés, había un destello de bondad imposible de ocultar.
—Yo soy Eri Ninamori—. Secundó la jovencita, que presumiblemente tendría la misma edad que Nandaba. Su cabello lacio y negro con destellos púrpura caía sobre unos hombros delicados, e iba ataviada con algo semejante a un uniforme militar. En mi muy limitada experiencia me di cuenta de que tenía sectores de rango en los hombros, así que probablemente sería de verdad una soldado. Tenía una sonrisa cálida y una mirada que denotaba una gran inteligencia.
—¿Y quién es él?— Pregunté yo, señalando al tercer invitado, el robot.
—Es como un iPod enorme—. Respondió Nandaba con indiferencia. —¿Nunca escuchaste del TV Walkman?
—¿De Sony?— Cuestionó Haruhi escéptica, mirando con intensidad al androide… quizás fuera mi imaginación, pero daba la impresión de estar avergonzado.
—Sí, de Sony… ¿Verdad, Canti?
El robot pareció salir del trance cuando escuchó a Ninamori hablar, y rebuscó ansioso en los bolsillos de su chaqueta hasta que halló una calcomanía con una "W" estilizada de la marca de electrónicos de la que presumía ser y se la pegó en el pecho de metal. Canti mediría cerca de dos metros de alto, y como ya había mencionado, tenía unas proporciones cercanas a las de una persona, a reserva de que sus brazos y manos eran grandes, y su cabeza era un gran monitor de cinescopio, en el cual constantemente aparecían palabras o imágenes que lo ayudaban a comunicarse con los demás (porque no hablaba), eso generalmente acompañado de algunos ruiditos electrónicos. Y con todo y que era una máquina (y que era una mentira más que evidente que era de Sony), tenía el lenguaje corporal de un adolescente tímido, además de unos excelentes modales.
—Bien, nosotros somos…
—Sabemos quiénes son—. Cortó Nandaba la presentación de Haruhi. —Y la única razón de que nosotros estemos aquí es para detener a Haruko.
—¿A la profesora Haruhara?— Lancé.
—No seas estúpido, no es una profesora, pensé que ya lo habrían notado para este momento.
—Quizás podrías contarnos un poco de ella antes de llamarme estúpido, ¿no crees?— Respondí con fiereza.
—¿Por qué te ofendes? Hasta donde sé, ella te insulta cada que puede—. Dijo señalando a Haruhi con la mirada.
—Sí, pero a diferencia de ella, tú no duermes conmigo, y quisiera un poco más de respeto dado que estás en mi casa.
Nandaba estaba formulando el siguiente comentario, y justo antes de lanzarlo, Ninamori apoyó con suavidad su mano sobre la de él, haciéndolo desistir.
—Supongo que merecen una explicación, pero quisiera algo más de té… es una larga historia—. Comenzó la muchachita con elocuencia. De inmediato Asahina se levantó y Canti corrió a ofrecerle ayuda, estando todos reunidos de vuelta, Ninamori comenzó: —Su profesora sustituta no es profesora en realidad… vaya ni siquiera es humana y tampoco se llama Haruko Haruhara. Su verdadero nombre es Raharu Haruha y hasta hace un tiempo era una agente de la Policía de la Hermandad Galáctica—. Suena como un cuento de hadas espacial… —Ella había sido comisionada a la búsqueda de un peligroso criminal llamado Atomosk. Hace una década casi lo atrapa en este planeta, en una localidad llamada Mabase. Fue ahí cuando se revelaron sus verdaderas intenciones. Ella no deseaba capturar a Atomosk, sino adueñarse del enorme poder que tenía. Luego de eso desertó de su cargo. Creemos que está aquí por razones semejantes… parece que quiere robar las habilidades de alguien con un tremendo poder.
Veamos… a quién conozco por aquí que tenga un enorme poder… tenía que ser… traté de refutar:
—Ya veo… pero honestamente dudo que ella pueda…
—¿Robar el poder de tu novia?— Me interrumpió Nandaba… creo que no le agrado. —Claro que puede, y hará todo lo que esté en sus manos para obtenerlo.
—¿A qué te refieres con "todo"?— Pregunté con cautela.
—A todo… mentirá, atacará, sobornará…— Se volvió hacia Koizumi, todos lo imitamos. —o seducirá para lograr su objetivo. Es una mujer muy peligrosa, y no debe ser tomada a la ligera.
Me levanté y llegué hasta donde estaba el ésper. Presté atención a su apariencia y sólo entonces me di cuenta de que estaba profundamente dormido, su ropa estaba mal acomodada (como si se hubiera vestido de prisa) y apestaba a licor.
Lo sabía. Sabía que Haruhara ocultaba algo siniestro. Está aquí por Haruhi, y según lo que estas personas dicen, puede robar su poder… pero ¿cómo? Y creo que estoy pasando por alto algo más…
—¿Quiénes son ustedes y cómo saben todo lo que nos están diciendo? ¿Ustedes también son extraterrestres?
—¡Oh, no! En absoluto—. Respondió Ninamori sonriente. —Bueno, Canti lo es, pero nosotros no.
—Nosotros somos agentes aduanales.
—Bureau of Space Immigration—. Intervino Nagato, recordándonos que estaba ahí.
—¿Tú los conoces, Yuki?— Preguntó Haruhi sorprendida.
—Claro que conoce al buró—. Le espetó Nandaba con acidez, me dio la impresión de que sentía un profundo desprecio por los no terrestres. —Y de antemano les advierto que no quiero que esta criatura se involucre en este asunto.
—Esta criatura es un miembro valioso de mi brigada, en todo el tiempo que llevamos juntas ha mostrado una gran valentía y una conducta intachable. Además, es mi amiga—. Replicó Haruhi con pasión.
—¿Conducta intachable? ¿Amiga? Quizás deba recordarte que esta "amiga" tuya robó tus poderes y cambió el mundo hace casi dos años, y te mandó lejos de las personas a las que querías… aunque quizás fue lo suficientemente lista para no dejarte recuerdos al respecto—. Haruhi se quedó rígida con esa afirmación. Ella se enteró por mí del incidente de su desaparición, producto del mal funcionamiento de Nagato hace dos años… pero como lo describe Nandaba, suena horrible. Luego habló con el mismo despotismo hacia Nagato. —En lo que a mí concierne, sólo estoy esperando la más mínima intervención, el menor motivo para revocar tus derechos y sacarte de esta roca antes de que provoques más problemas.
Nagato no respondió a la agresión, pero no perecía molesta a pesar del ataque. Supongo que aún siente algo de culpa por lo que pasó entonces.
—Es suficiente, Naota. Aún hay un problema del cuál hablarles—. Orientó nuevamente Ninamori.
Nandaba tomó un respiro y dio un nuevo sorbo a su té.
—Deben evitar a toda costa que el canal N. O. que Haruko estableció vuelva a abrirse mientras solucionamos su situación.
—¿Qué es un canal N. O.?— Pregunté anticipándome a un nuevo dolor de cabeza… esa frase resultaría ser una gran y cruel ironía.
—Eh… yo tengo una idea de lo que es eso…— Dijo tímidamente Asahina, levantando la mano. —Es la forma estandarizada en que los habitantes de la galaxia llaman a un puente Einsten-Rosen… es un agujero de gusano, que permite el viaje en el tiempo y el espacio… la tecnología del TPDD tiene muchos fundamentos en esa teoría… bueno, teoría en esta época.
—Es interesante que alguien como tú sepa eso…— Dijo Nandaba, retirando momentáneamente su tono incriminatorio. —¿Cómo es que lo sabes?
—Información clasificada.
—Sí, sí, me alegra que todos aquí sepan muchas cosas que yo no entiendo—. Dije un tanto exasperado. —¿Me podrías decir dónde puso ese portal Haruhara y como evito que se abra?
Canti dibujó un sonrojo en su monitor, Ninamori tosió un par de veces y Nandaba sonrió burlonamente… como si la situación le trajera un recuerdo.
—El portal N. O. se abre en la cabeza de ciertas personas, y se activa a través de un golpe, supongo que ya pasaste por eso… en este caso, Haruko te encontró y a través de ti puede transportar cosas de otras regiones de la galaxia, como la mano que enfrentamos hace un rato… y el canal se abre solamente en ciertas condiciones… debes tener un estado de ánimo muy específico para que el portal funcione…
—¿Qué estado de ánimo…?— Podía sentir que algo horrible se cernía sobre mi cabeza… literalmente…
Nandaba se aclaró la garganta innecesariamente. Luego disparó:
—Excitación sexual.
Es una mentira, ¿verdad?
Capítulo 2.
Fin.
