Uff... mis actividades estos días me tienen vuelto loco, pero helo aquí: capítulo 3 al fin. Por cierto, creo que había dejado algo abandonado el matiz lemon e implementé un poco de eso en este capítulo, ojalá lo disfruten. Bueno, como siempre, espero los comentarios y sigo trabajando en esta historia, y trataré de darme algo más de prisa. ¡Nos vemos en la próxima actualización!


Capítulo 3.

—¿Y eso qué quiere decir…?—Preguntó Haruhi, sintiéndose aludida por primera vez.

—Lo que dije. El canal N. O. se abre únicamente cuando el portador está pasando por una situación que eleva su estado de ánimo a niveles muy por encima de los normales. Podría abrirse por una depresión suicida o por un susto de muerte, pero el modo más fácil de activarlo es a través de la excitación.

Traté de analizar el supuesto que Nandaba estaba poniendo sobre la mesa. Mi cráneo es ahora algo así como un tubo de desagüe por donde pueden pasar cosas de un lado del espacio exterior hasta acá, eso porque Haruhara golpeó mi cabeza… por cierto, Haruhara es una mercenaria venida de algún lugar del universo con el único propósito de robar los poderes de Haruhi… Nandaba y Ninamori son agentes de migración del planeta y tienen por colega a un robot… ¿En qué momento mi vida se convirtió en esta farsa? Tengo miedo de dormir, pues seguramente amaneceré atado en la cama de una clínica psiquiátrica.

—¿Y Haruhara sabrá cuando yo esté… en ese estado?— Pregunté sintiéndome vigilado.

—No, sin embargo, es astuta y puede aparecerse en el momento menos pensado. Afortunadamente hay formas de prevenir que abra el canal sin que te des cuenta—. Me explica Ninamori con algo semejante a la condescendencia en la voz… maldita sea, deja de sentir lástima por mí.

Nandaba se puso de pie y se retiró la gorra de béisbol, poniéndola sobre mi cabeza. Sólo entonces noté que era apenas un poco más bajo que yo. Viendo su cara más de cerca, me pareció lejanamente familiar, como si ya hubiera visto su rostro antes… misma sensación que me había provocado la mención de su apellido.

—Trata de no quitarte la gorra—. Me indica con su voz intencionadamente apática.

—No te ofendas, pero preferiría una de los Yankees.

—Es esto o unas enormes cejas falsas, tú decides.

—No entiendo nada de lo que está pasando…

—Yo pasé más de diez años rogando que Haruko no regresara, y aún sigo sin entender por qué pasó lo que pasó—. Sólo entonces me transmitió involuntariamente parte de su pesar en su mirada. Parece que tiene una historia previa con Haruhara. —Traten de no involucrarse con ella hasta que nos hagamos cargo. He luchado con ella en el pasado y la he derrotado, lo volveré a hacer—. Echó un vistazo fugaz a la brigada, se concentró unos segundos en Koizumi, y luego puso cara de pocos amigos a Nagato. —No los importunamos más. Estaremos en contacto.

—¿Puedo verlo?— Preguntó Haruhi repentinamente.

—¿Qué cosa?— Dijo Nandaba, confundido.

—Tu bajo.

—Ah… claro.

Nandaba descolgó el instrumento de su espalda y se lo pasó a Haruhi. ¿Cómo supo que era un bajo…? Perdonen mi ignorancia, pero para mí todas las guitarras lucen iguales. Sólo entonces la vi a detalle. Era un instrumento azul celeste, muy agradable a la vista, Haruhi no perdió la oportunidad de colgar la correa sobre su hombro, pero al revés de cómo la había visto tocar una guitarra antes, luego me explicaría que el bajo de Nandaba era para zurdos.

—¿Es un Rickenbacker?— Cuestionó la chica mientras le sacaba algunos acordes.

4001—. Completó el muchacho, buenamente sorprendido.

—¿Cómo sabes eso?— Lanzo yo.

—Sé algo de música, tonto. Aún debemos formar una banda, y me he estado preparando. ¿Cómo podría atreverme a cantar cualquier cosa si no sé qué bajo toca Paul McCartney?

Devuelto el instrumento, cuatro miembros de la brigada escoltamos a nuestros improvisados y extraños aliados hasta el pórtico, donde Nandaba repitió su advertencia y Ninamori agitó la mano junto a su rostro con simpatía. Sólo Canti se despidió correctamente haciendo una reverencia de cuarenta y cinco grados, correspondida únicamente por Asahina.

Regresamos a la estancia, y luego de que Nagato me ayudara a subir a Koizumi a una de las muchas habitaciones de esta casa, la alien y la viajera del futuro se despidieron, dejándonos a Haruhi y a mí en un agitado mar de pensamientos. Preparamos un poco más de té y nos sentamos en el comedor sin hablar por algún tiempo, pues incluso el cansancio parecía haberse ido de paseo.

—¿Cómo vamos a resolver esto?— Me atreví a preguntar cuando el silencio se antojaba tan espeso que podría cortarse con un cuchillo.

—No lo sé—. Acarició con el dedo la orilla de la tasa, justo donde había posado sus labios para beber segundos atrás. —No sé si siquiera deberíamos tratar de resolverlo.

—Esa mujer es peligrosa, Haruhi. No quiero que te involucres con ella. No sabemos de qué modo pretende quitarte lo que es tuyo…

—Me dijo que sólo necesitaba que yo lo deseara… y traer algunas cosas de fuera… supongo que piensa traerlas a través de tu cabeza.

Por loco que suene, el comentario de Haruhi tiene sentido.

—Incluso si así fuera, me da miedo pensar que podría llevarse algo más que tus poderes… por favor, prométeme que vas a ser más precavida y menos crédula con Haruhara—. No levantó la mirada de la tasa. Tampoco me respondió… ¿realmente estaba considerando renunciar a ser lo que es sólo por esa necesidad de sentirse amada…? Esa expresión temerosa y esa nostalgia me hicieron pensar que así era. Me levanté y rodeé la mesa hasta alcanzarla y pasé mis brazos sobre sus hombros. —Que te quede bien claro… aún si decides no ser el centro del universo… aún así seguirás siendo el eje en el cual girará el mío… ¿de acuerdo?

Apoyo con suavidad sus manos sobre mis brazos.

—A veces dices cosas tan… deberías escribirlas—. Sonríe, más no se sosiega. —Vamos a dormir… mañana pensaremos como arreglar esto.

Poco después de eso, nos fuimos a dormir. Una persona se integra a partir de cada aspecto de su vida, y este pequeño inconveniente comienza a antojárseme no tan pequeño como esperaba. Quizá más consciente que yo sobre las implicaciones que la actual coyuntura nos ofrecía, tuvo la suficiente delicadeza de cambiarse de ropa en el baño en lugar de hacerlo en la habitación frente a mí, cosa a la que estoy más o menos acostumbrado. También se recostó unos centímetros más alejada de mí y para ser franco, me sentí un tanto desprotegido.

Sería un absoluto mentiroso si no admitiera que el sexo se ha convertido en una de las partes más interesantes de mi vida desde que lo descubrimos hace más de un año, en especial dada la calidad de amante con la que me tocó compartirlo; no obstante, no siento que sea algo sin lo cual fuera a morir. No así con Haruhi. Ella, si bien no es una ninfómana, si es más demandante que yo, y si ya de por sí me parece todo un evento que haya aguantado estas dos semanas sin actividad, pedirle que espere un poco más me resulta difícil de creer.

—Hasta mañana—. Me dice dándome un beso delicado en la mejilla.

Respondí de igual forma y unos minutos después escuché sus delicados ronquidos mientras dormía, dándome la espalda. Por algún tiempo me distraje viendo al techo, pues como seguramente sabrán, cuando estoy preocupado, el sueño pasa de largo de mí como si no existiera. Me vuelvo hacia Haruhi y me concentro en la artística curvatura que se forma entre su cintura y sus caderas a media luz. Sin poder evitarlo, la abrazo por el talle, uniendo mi abdomen a su espalda, e involuntariamente mi virilidad a ese precioso trasero de corredora de maratón.

—¡Auch!

Un pellizco innecesariamente fuerte castigó el brazo que rodeaba la cintura de Haruhi.

—¿Sentiste algo?— Me pregunta con voz somnolienta.

—¡Ya lo creo que sí!— Le reclamo.

—Pues recuerda ese dolor cada que quieras poner las manos o cualquier otra cosa sobre mí mientras resolvemos nuestro problemita.

—De acuerdo—. Respondí a regañadientes y traté de darme la vuelta.

—¿Qué estás haciendo?— Me reprocha mientras me detiene.

—Evito las tentaciones.

No me suelta.

—Tengo frío... abrázame.

Conmovido por esa sincera muestra de afecto, me dispuse a dormir arrullado por el sonido de su respiración.


Dicho sea de paso… ¿recuerdan el tópico que Haruhi planteó hace más de un año, cuando comenzó a llevarnos a esos eróticos aislamientos que en un principio confundió con sueños? Hablo de los sueños lúcidos y toda la parafernalia que rodeaba dicho fenómeno fisiológico. Pues bien: luego de que toda nuestra aventura con la Brigada SOS-Ni terminara y volviéramos a casa, retomó el tema y obligó a toda la brigada a investigar y practicar al respecto. Según lo que ella me cuenta, a estas alturas lo domina ya a la perfección. Normalmente pensaría que está mintiendo, pero le creo partiendo del hecho de que yo mismo he logrado cierto control de mis sueños… aunque Haruhi plantea el panorama en el cual uno puede manipular la experiencia onírica a voluntad, yo me conformo con reconstruir escenas y recuerdos que me agraden… por algún motivo, siento que eso me será de gran utilidad en el futuro.

¿A qué viene esa explicación? Bueno… resulta que esa noche, una vez dormido, pude dar cuenta de que soñaba, y eso me dio carta blanca para evocar un recuerdo… así que elegí bien en la galería de mi cerebro y llegué hasta una noche, unas semanas después de derrotar a la Brigada SOS-Ni… un evento corto, pero sumamente agradable. Helo aquí:

Fue una noche agitada. De esas noches de sábado en las que no te importa desvelarte, ya que no hay nada que hacer el domingo, pero ya para esos momentos estaba rendido, y mi mente se refugiaba dentro de relajantes figuras oníricas. Sin embargo, el sueño comenzó a cambiar de matices… sé que soñaba con paisajes relajantes y viajes, con cosas de ese tipo, hasta que poco a poco fue degenerando en comida y terminó en curvilíneas formas femeninas (ignoro cómo se relacionaron las unas con las otras). Un instante después, el sentimiento devino en sensación, y la agitación mental se hizo física.

Mi sueño finalmente terminó y abrí los ojos en la oscura alcoba… aún estaba acostado, y tal como comenté, había sido una noche agitada… estoy desnudo y hace un calor que arranca sutiles gotas de sudor de mi frente. Sobre mis muslos está cruzada una larga, firme y nívea pierna, hay un delicado abdomen apenas rozando el hueso de mi cadera y unos senos generosos y firmes presionando mi brazo. Sobre mi hombro hay un par de labios suaves que eventualmente dejan caer besos pequeños e inocentes sobre él… me bastaron unos segundos de aquella apresurada vigilia para reconocer el aroma del cabello de Haruhi inflamando mis pulmones. No hay gran novedad en eso, por lo general así dormimos… pero hay algo inusual esta vez, y es que ella está más despierta que yo y parece que hace algunos minutos se dedica a una faena afanosamente… su mano está sobre cierta parte de mí que requiere atención para ganar firmeza…

—Al fin despiertas…— Me recrimina en un murmullo.

—Ya pasamos por esto hoy… dos veces…— Le respondo con voz cavernosa de recién despierto. —¿No fue suficiente para ti?

—Si lo hubiera sido, tú seguirías dormido, ¿no crees?

—Por tu culpa voy a morir joven.

—Pero morirás con una enorme sonrisa en los labios—. Mis ojos ya están acostumbrados a la oscuridad y puedo ver su enrome sonrisa pícara. —Soy una chica joven, sana y responsable que vive sola con su novio… ¿Quién podría decirme algo si una noche despierto con ganas de chupárselo a dicho novio?

—¿Q…? ¿Perdón? ¿Qué clase de lenguaje es ese, jovencita?— Le reclamo escandalizado.

—¿Me regañas por eso? No seas hipócrita… apenas usé ese término, se puso más duro…— No supe que responder… su afirmación era cien por ciento cierta. —Me pregunto qué pasará si digo…— Acercó sus labios peligrosamente a mi lóbulo auricular y susurró: —…te lo quiero mamar…

¿Qué pasó? Justamente lo que ella quería… tiene razón, soy un hipócrita santurrón… la reprendo por usar ese lenguaje tan sucio, pero no puedo ocultar que me excita sobremanera que lo use… y viendo que obtuvo el resultado deseado, saltó sobre mí ágil cual felino, haciendo que mi lengua bailara con la suya por unos segundos, para después comenzar a hacer un camino de besos a través de mi cuello y pectoral, pasando sus finos dedos sobre mis costillas, provocándome escalofríos. Y luego de entretenerse fugazmente con mi ombligo, llegó hasta el objeto de su deseo, sin dejar de verme a los ojos con esa malicia atemorizante, mientras prepara a su víctima con sus suaves manos de pianista.

—¿Estás listo?— Me pregunta en tanto que siento su aliento cálido sobre mi masculinidad.

—Como nunca antes…

Una pequeña parte desapareció entre sus suaves labios y la sensación de su lengua moviéndose me hizo dar un respingo. Ella también lo sintió y ríe de su fechoría, sabiendo que estoy a su merced. Al principio lo hace con delicadeza, moviendo toda su cabeza, haciéndome sentir el interior de sus mejillas y la presión generosa de sus labios, eventualmente hace pasar con mucho cuidado sus dientes por un costado, desde la punta hasta la base, provocándome una sensación alucinante… luego, desde donde se quedó, regresaba hacia arriba sólo con su lengua, para nuevamente hacer desaparecer una parte dentro de su boca.

—¿Te gusta así?— Pregunta.

—¿Tú qué crees…?

—Respóndeme o te muerdo.

—Sí… me gusta mucho…

—Entonces probemos algo más.

Esta vez sus manos son las que trabajan más diligentemente, y los fieles compañeros de mi "amigo" son quienes reciben los besos y otras caricias orales de mi amante. Hace un tiempo llegué a pensar en poner uno de esos programas de protección parental en la PC para evitar que Haruhi viera cosas pervertidas por internet… pero si va a hacer uso de ese conocimiento conmigo de esta forma, aumentaré el ancho de banda de nuestra conexión lo más pronto posible…

Sólo tuvieron que pasar unos minutos más y me tenía al límite de resistencia. Al darse cuenta (cosa que no requirió de mucha atención), comenzó a aumentar el ritmo de sus movimientos… maldición, esto haría enloquecer a cualquiera…

—¡Ah…! a-apártate…— Le advierto con preocupación legítima.

—¿Pod gué?— Me pregunta fingiendo demencia.

—Voy a… ¡oh, vamos! ¡Tú sabes lo que va a pasar!

Dibuja una sonrisa perversa en su boca ocupada y aumenta el ya de por sí deslumbrante brillo de sus ojos.

Adlo

—Pero…

¡Jólo adlo!— Me ordena jubilosamente mientras sus caricias devinieron en francas y feroces succiones, haciendo que me aferrara a las sábanas…

Y sucedió… un lamento largo, lastimero y entrecortado salió de mi garganta, características que compartía con la polución que irremediablemente dejé salir en la boca y rostro de ella.

Pasaron unos segundos de cansancio, mareo y confusión, luego de eso, me senté frente a ella, sentada sobre las sábanas también.

—Hiciste un desastre—. Me inculpa.

—Yo te advertí y…

—Tendrás que pagar por esto…— Me dice aún relamiéndose los labios. Vaya… es raro, pero no pensé que fuera a gustarle… debía salir de dudas…

—¿No tienes problema con… bueno… pasártelo?

—No…

—¿No sabe mal?

—Pues no… ¿Quieres averiguar?

—¡NO! ¡AH!

Se lanzó a mis brazos tratando de besarme. Jugamos un rato más… luego hicimos el amor hasta que se quedó dormida… hubo dos grandes verdades en nuestra conversación previa. Uno: esta carencia de sueño definitivamente me hará morir a edad temprana. Dos: Sin duda alguna moriré con una gran sonrisa.

El avispado vicecomandante de la brigada me dijo una vez que las "peleas" entre Haruhi y yo rara vez son serias… es el modo que ella tiene para demostrar su afecto. No discute con nadie más que conmigo, así que debe quererme mucho. Desde que vivimos juntos, procura mi salud y alimentación, como una tutora entrometida, cuida que mis calificaciones no decaigan y cambia completamente su personalidad cuando estamos los dos solos, ha compartido secretos conmigo que nadie más ha escuchado, ni siquiera sus padres… es una mujer tan completa que me hace preguntarme si yo le reporto el mismo grado de confiabilidad… espero que sí, espero estarla haciendo de verdad feliz, y poder hacerlo por muchos años más… porque yo soy muy feliz.


Doscientos cincuenta mililitros de agua helada golpearon mi rostro con furia, con tal impacto que un grito luchó por salir de mi garganta, aunque no lo logró. Confundido y molesto manoteé un rato mientras la vigilia me llegaba por completo.

—¿Qué rayos crees que estás haciendo?— Le reclamo a Haruhi, de pie junto a la cama, con una jarra llena de agua con hielos en una mano y un vaso vacío en la otra.

—Manteniéndote bajo control—. Responde mirando hacia las sábanas.

Yo no necesito volverme para ver lo que pasa... Después de un sueño así, mi cuerpo sólo podía tener una reacción.

—¿Qué esperabas? Estaba soñando contigo...

Ignorando completamente el afán romántico que llevaba mi comentario, sirvió un segundo vaso y lo lanzó sobre mis piernas, logrando casi de inmediato que mi estado alterado desapareciera.

—Tú mismo escuchaste a Naota y a Eri anoche: nada de emociones fuertes.

—Sí, pero el agua fría era innecesaria, ¿No crees?

Sólo entonces noté que ella estaba ya bañada y debidamente uniformada. Previsora como es, seguramente se levantó primero para bañarse antes y evitarme la presión de ver ese maravilloso cuerpecito cubierto de jabón...

—¡Maldita sea! ¡Deja de hacer eso!— Le reprocho al sentir por tercera vez el agua helada sobre mí.

—Pues deja de verme con esa mirada pervertida y date prisa, que aún debes bañarte y bajar a desayunar o se nos hará tarde para ir a la escuela.

A sus órdenes, su majestad.

El desayuno era la única parte de ese principio de día que se desarrollaba con cierta normalidad, hasta que el teléfono sonó. Haruhi tomó la llamada, saludó efusivamente a su "hermanita" y luego me pasó el aparato.

—¡Shamisen desapareció!— Dice mi hermana apenas conteniendo el llanto. —¿No está contigo?

—No… es un gato, los gatos salen a dar paseos muy largos a veces, volverá antes de lo que crees—. No hubo una respuesta verbal, sino más bien un sonidito de inconformidad. —De acuerdo, si para mañana no ha vuelto, te ayudaré a buscarlo, ¿te parece bien?

—¿En serio? ¡Gracias!

Se despidió efusivamente y luego de mandar saludos a su "hermana mayor" cortó la llamada.

Haruhi mantuvo una expresión meditabunda el resto de la mañana, como si estuviera formulando un plan o algo así... tengo sentimientos encontrados con eso: por un lado, mantiene viva mi esperanza de que realmente esté reconsiderando la aún confusa participación de Haruhara, pero por otro, como siempre, temo por mi integridad.

Hablando de integridades comprometidas...

—¿Y Koizumi?

—Se fue a primera hora.

—¿Y lo dejaste?

—Me dijo que estaba bien, excepto porque tenía una resaca horrible... luego llegó una camioneta de su agencia y se lo llevó.

—¿Te contó lo que pasó anoche?

—No. Aunque le advertí que debería darme una muy buena explicación de lo que pasó ayer.

¿Qué fue lo que Haruhara le hizo ayer...? Me da muy mala espina...

Pensaría en eso más tarde, así que sin mayores aspavientos de momento, hicimos camino a la escuela.


El resto del día no tuvo mayores incidentes más que la cara seria de Haruhi mientras miraba por la ventana. Siempre me he preguntado qué clase de magia encierra el patio de la escuela, que consigue quedarse por horas con su atención. Aunque no me resultó sorprendente en absoluto, Haruhara no fue a dar clases, y el alumnado parecía estar disfrutando del inesperado asueto, y fue precisamente en el inter de la clase de gimnasia que el móvil en mi bolsillo casi me hace saltar de mi butaca. La estereotípica imagen de un sobre en la pantalla líquida y Koizumi como remitente me parecieron particularmente raros.

Ven a las mesas del patio posterior, necesito hablar contigo.

—¿Quién es?— Pregunta con agudeza la chica de la banda amarilla al escuchar el zumbido del teléfono.

—Mi hermana—. Le miento. —Al parecer, Shamisen sigue perdido—. Espero cautelosamente unos segundos... —Debo ir al sanitario, vuelvo enseguida.

Caminé tan rápido como pude hasta que por fin pude ver la silueta del ésper en una de las solitarias mesas. A reserva de las marcadas ojeras dibujadas en su rostro, su aspecto general era el de siempre: bien vestido, perfumado e incluso sonriente a pesar de la mala noche. Además de eso, un único detalle en su vestimenta: una bufanda que se me antojó innecesaria dado el clima.

—Primero que nada, quiero disculparme por todas las molestias que seguramente les ocasioné anoche—. Comenzó interceptándome antes de llegar a donde él estaba, haciendo una reverencia.

—Descuida—. Lo tranquilicé y ambos tomamos asiento. —¿Qué fue lo que pasó anoche contigo y Haruhara?

En un evento sin precedentes, el ésper pasó saliva, temeroso.

—¿Suzumiya no te contó?

—Sólo una parte repleta de lagunas. Adelante, sé que te mueres por explicármelo todo.

Koizumi comenzó con su relato:

—Luego de que te marcharas ayer, Haruhara y Suzumiya hablaron por un largo rato sobre la brigada, incluso yo llegué a pensar que tenía un interés legítimo en ella. Sin embargo, así como la seriedad de la conversación aumentaba, el volumen disminuía. Pasarían ya de las cinco de la tarde cuando Suzumiya dio por concluidas las actividades del día y nos despidió. Haruhara me detuvo argumentando que yo era la prenda que ella había ganado compitiendo contra Nagato. Luego, Haruhara le preguntó dónde podía encontrarte... Después de eso, me dijo que tenía que hacer válido su premio.

—¿Qué pasó luego?

—Me llevó en su moto a las afueras de la ciudad y me preguntó si quería un trago. Accedí y comenzamos a... convivir. Me preguntó muchas cosas sobre la naturaleza de los poderes de Suzumiya, pues de alguna manera sabía que yo tenía conexión con ella y sus habilidades... encontró particularmente difícil convencerme de darle detalles y en algún punto trató de sacarme información... por otros medios...

—¿Qué fue lo que Haruhara te hizo?

Un tanto renuente, se quitó una parte de la bufanda, dejándome ver algunas marcas en su cuello. Me imaginé que sería algo así... Parece que Nandaba no exageraba.

—Esto es grave... ella abusó de ti... podríamos incluso ir a la policía si quieres.

—No creo que funcione... recién cumplí los dieciocho, y te mentiría si te dijera que me forzó...

—¿Entonces sólo dejarás que se salga con la suya?

—Creo que me subestimas. Quizás fui yo quien obtuvo lo que quiso, ¿no crees?

—Esa mujer es más peligrosa de lo que crees, Koizumi.

—Descuida, tengo todo bajo control... Sólo te pido discreción con Suzumiya.


Unas horas después, mientras terminábamos las últimas clases del día, reflexionaba acerca de las palabras del ésper y como se relacionaban con Haruhi. Parece que su percepción no es tan errada después de todo… Koizumi me pidió discreción por miedo a la reacción que ella pudiera tener… creo que no alcanza a comprender que debajo de esa personalidad contradictoria y soberbia, está un ser amable y comprensivo. Haruhi está considerando seriamente renunciar a sus poderes… ¿debería considerar yo qué hacer si eso pasa?

—Ya pensé en un plan para evitar que Haruko traiga cosas a través de tu cabeza—. Me despierta mi loca jefa de brigada mientras caminamos hacia el cuarto del club.

—Dime que es algo que no pone en riesgo mi vida.

—No seas tonto, por supuesto que no. Pero será hasta la noche que podré darte todos los detalles al respecto.

Irrumpió en el salón del club sin siquiera tocar y tomó su asiento de siempre, yo únicamente me senté un par de minutos mientras Asahina me obsequiaba con una deliciosa ración de té y esperé a que algo más pasara. Nagato ocupaba su asiento de toda la vida, inexpresiva y Koizumi sonreía al aire sin una muestra (además de la bufanda) de que hubiese pasado nada.

—A partir de mañana comenzaremos a llevarnos las cosas del cuarto del club—. Comenzó Haruhi, con algo de sentimiento en la voz. —Así que vengan preparados para llevarse lo que consideren que es suyo, y por supuesto, donaremos a la escuela lo que ya no ocupen.

Sin saber a qué se refería a ciencia cierta con su "plan", decidí esperar hasta después de trabajar para averiguarlo, y me despedí de mis compañeros de brigada como era la costumbre. Creo que cada día que pasa me parezco más a Haruhi en situaciones relacionadas con las responsabilidades, pues hace dos años le habría tomado la palabra a Sasaki sin dudarlo y hubiese faltado al trabajo. Esta vez fue Koizumi el que me alcanzó luego de que crucé la puerta del aula del club.

—He solicitado que tengas protección a todas horas, así que si Haruhara aparece, no estarás solo.

Estaba a punto de agradecerle cuando la puerta se abrió por segunda vez, dejando salir a Asahina y a Nagato.

—Suzumiya nos dijo que podíamos marcharnos ya, pero que Koizumi debe volver—. Dijo la guapa ronin al alcanzarnos.

—En fin—. Respondió el ésper con un dejo de resignación en su eterna sonrisa. —El deber llama.

Se despidió de los presentes y regresó al salón.


—¿Estás seguro de que puedes trabajar?— Pregunto con preocupación Sasaki una vez que me vio acomodarme en mi lugar de siempre.

—Descuida, estoy bien, ni siquiera me quedó una cicatriz, empiezo a pensar que sólo soy delicado contra los golpes en la cabeza.

—Entonces ya sé qué hacer cuando quiera obtener algo de ti—. Dijo sonriente y se dio media vuelta... Creo que ya lo he comentado, pero últimamente ha hecho comentarios de ese talante... ¡Ah, olvídenlo, qué tontería!

El resto de mi jornada laboral aconteció sin incidentes dignos de mención, aunque la zozobra sobre que había en la mente de Haruhi me seguía inquietando. Traté de ignorar la preocupación y me concentré en trabajar lo mejor que pude. Quizás un poco paranoico salí del edificio a las ocho de la noche como todos los días, e hice camino a casa echando fugaces vistazos a los callejones oscuros hasta que llegué a la estación.

No debería preocuparme tanto, tengo gente de La Agencia vigilándome y Nandaba, Ninamori y su mascota de tuercas deben estar escondidos por ahí haciendo lo propio.

Finalmente llegué a casa para encontrarme con una escena poco común:

Haruhi en efecto estaba ahí, pero no estaba sola. Papá Suzumiya estaba con ella y entre ambos preparaban la cena de la noche, trabajando como un par de profesionales en las artes culinarias, perfectamente sincronizados y armónicos en la confección de los alimentos... me pareció raro dado que las visitas familiares se hacen los fines de semana y con previo aviso. Saludé y ofrecí mi ayuda para los menesteres faltantes, y aunque la convivencia se desarrolló sin problemas, estoy seguro que el padre de Haruhi también pudo sentir la rareza del ambiente... No, era peor aún... Él ya sabía algo que yo no...

—¿Qué tal el trabajo, muchacho?— Preguntó una vez que terminamos de cenar, como tratando de relajar la tensión.

—Eh... Muy bien, gracias...

—Le comenté a papá que hemos tenido una situación complicada los últimos días—. Dijo ella de pronto, interrumpiendo nuestro simulacro de charla. —Le conté a grosso modo nuestro problema y llegamos a una solución que bien podría funcionar.

—Los dejo un momento a solas—. Soltó papá Suzumiya apenas escuchó esas palabras y se perdió escaleras arriba en un santiamén.

—Entiendo perfectamente que todo lo que pasó el año anterior podría considerarse como la causa de que tú y yo hayamos hecho las cosas tan rápido...

—¿A qué viene eso?— Pregunté sintiéndome un tanto ansioso... creo que me doy una idea de a dónde quiere llegar... mierda, ojalá que me equivoque...

—A que últimamente he sentido algo de temor de que un día tú... te aburras de mí...

—¡Yo...! ¿Pero...? ¡Yo nunca...! ¡Eso es ridículo!

—¿En serio lo crees? Porque yo...— Evitó mi mirada.

—Por todos los cielos...— Susurré golpeado por el conocimiento y ella bajó aún más la mirada.

De eso se trata todo entonces... Yo, ciego y confiado traté de encontrar la explicación afuera cuando el problema estuvo adentro todo el tiempo... la verdadera causa de su desazón no sólo estaba en mis acciones... estaba completamente en mi.

—Estás aburrida de mí—. Dije más para mí que para ella.

—N-no... es decir... cuando lo dices así, cualquier cosa suena horrible... son muchas cosas... es complicado... pero por el problema que tenemos encima, me parece lo más conveniente... eh... papá me ayudó a pensarlo y pues... llegamos a la conclusión de que...— la vi tragar saliva, incluso hay un ligero temblor en sus manos y su voz. —…debería volver a casa de mis padres por unos días...

La frase fue como pequeños trozos de hielo cayendo por mi espina. Sin darme cuenta, ya estaba de pie y mi mandíbula parecía haberse trabado.

—Se que te puede parecer repentino, hijo, pero creo que podría ser lo mejor para los dos—. Dice su padre, apareciendo de pronto al pie de la escalera y esforzándose al máximo por tratar de sonar conciliador. —Y aunque hasta la fecha no me han decepcionado, sigo creyendo que son muy jóvenes para vivir juntos.

No. Ni usted ni nadie podría decir eso... usted poco o nada sabe sobre nosotros en realidad... ¡Maldita sea! ¡Nosotros hemos salvado al mundo! ¡Se supone que ella y yo estamos destinados a estar juntos! ¡Se supone que ella me eligió!

—Yo también lo creo así—. Dice ella, leyendo mi mente como siempre. —Y si de verdad es el caso, no hay nada de qué preocuparnos, ¿No crees?

Y a pesar de que quería hacerla reconsiderar, mi boca no se movió... de acuerdo, quizás me he vuelto algo sedentario, pero eso es todo... tenemos un problema muy serio que resolver, creo que este es el peor momento para separarnos... —La decisión está tomada... Lo lamento—. Sólo cuando dijo esas palabras noté que papá Suzumiya llevaba una maleta pequeña. Haruhi se acercó y me dio un beso suave en la mejilla. —Ve a visitarme a casa pronto.

Los siguientes minutos me pareció vivirlos en el cuerpo de otra persona. Cuando me di cuenta, ya sólo estaba yo en el pórtico, con la sensación de haber sido abandonado… ¿eso sería todo…? Y fue en ese momento, cuando ya era tarde, que salieron las palabras que se habían estancando en mis cuerdas bucales minutos atrás:

—No quiero que te vayas…

Capítulo 3.

Fin.