Lento, pero seguro... capítulo 4 concluido y nos acercamos al final. Esperando como siempre que el capítulo les guste, quedo a la espera de sus comentarios. ¡Gracias por seguir esta historia!


Capítulo 4.

Nunca me imaginé que el impacto de un par de guitarras pudiera sonar así. Había escuchado del heavy metal, pero esto es ridículo. Debo admitirlo: Nandaba es grandioso, pero Haruhara es superior, además de que su guitarra luce más poderosa que el bajo del agente aduanal. En un potente choque que literalmente levantó el polvo de varios metros alrededor de ellos, Nandaba fue arrastrado una distancia considerable hacia atrás, y respiraba agitado mientras lanzaba una mirada irritada a la extraterrestre.

—Dejémoslo así, Naota. No tenemos por qué continuar con esto, tú y yo sabemos cómo terminará...— le espetó con una sonrisa cínica y fiada.

—Eso sólo fue el calentamiento…— tomó una profunda bocanada de aire e hizo su llamado: —¡Canti!

El androide azul saltó a la improvisada arena de combate y aterrizó unos centímetros detrás del muchacho haciendo cimbrar el patio de le escuela, Nandaba, sin volverse a verlo, le pasó el bajo. Como si la escena no fuera lo suficientemente rara para ese momento, unas enormes fauces salieron del tórax del robot y literalmente engulló el muchacho... Luego de masticarlo algunos segundos, la pintura azul de la máquina se tiñó de rojo, quitándole su típica aura amable y haciéndolo lucir verdaderamente aterrador.


Haruhi se fue de aquí hace dos noches. Debo ser honesto conmigo mismo y decir que me ha pesado bastante, sin embargo, es soportable. La misma noche que se fue tuve la imagen de mí muriendo de depresión, pero eso aún no ha sucedido. Ayer la vi en la escuela y el tipo de comunicación que había entre nosotros apenas si ha variado, y algo en mi corazón me dice que esto sólo es una etapa… pero demonios… de verdad duele no sentir su calor en las mañanas. Entre los muchos indicadores que me dicen que esta separación no es para siempre, está el hecho de que no ha venido por sus cosas y parecen tenerla sin cuidado, y se la ha pasado preguntándome si he comido o dormido bien.

—Eh...— Demonios, me siento como un adolescente.

—¿Qué te pasa?— Me pregunta al ver mi indecisión mientras me recargo en el muro, viéndola desde mi butaca.

—Estaba pensando...

—Dilo de una maldita vez…— Me suelta con vehemencia mientras cruza los brazos frente a su pecho.

—¿Habrá algún problema si voy a tu casa esta noche…? Podríamos ir a algún lado… no sé…

—Ah... no, para nada— Responde bajando un poco la voz y acomodándose el cabello.

—¡Perfecto!— ¿Por qué diablos estoy tan emocionado? —Entonces ahí estaré...

—¿A qué hora?— Pregunta en el mismo tono imperativo.

—No lo sé... cuando salga del trabajo.

—¿Cómo invitas a un chica a salir sin siquiera establecer una hora? Debes llegar allá a las nueve, si se te hace tarde, tendrás una penalización, ¿está claro?

Qué rara eres... Dios o quien sea bendiga tu rareza. Sí, estoy emocionado, y no pretendo negarlo, me gusta la idea de hacer con Haruhi las cosas que no pudimos hacer antes de estar juntos… se me antoja como un juego de cortejo y tengo planeado usar mis mejores cartas.

—Deberías llevarle un obsequio—. Me dice el ángel del té durante el almuerzo.

—Sí, me comentó que necesitaba calcetas y…— me interrumpo al ver a la ronin reír por lo bajo. —¿Qué es tan gracioso?

—No hablaba de ese tipo de obsequio. Debe ser un detalle lindo, no forzosamente algo que necesite.

—¿Alguna sugerencia?

—¿Cuándo fue la última vez que le regalase flores?

—Uh... eso fue apenas... nunca.

—Entonces esta podría ser una magnífica oportunidad para darle una grata sorpresa. Hasta hoy, no he conocido chica que se resista a las flores.

Flores, anotado.

—Seguridad—. Resumió Koizumi en una palabra. —Puedes ganar guerras sólo teniendo el aplomo suficiente, y quizás esto ayude—. Abrió su casillero para los zapatos y extrajo un pequeño frasco de vidrio con atomizador, levantó un poco las solapas de mi camisa y roció un poco sobre mi cuello. —Esta fragancia no la uso, porque siento que no va con mi personalidad, pero te queda perfecta a ti, ¿no crees?

Aspiré la esencia, y el ésper no se equivocaba, no era un aroma dulzón como el que él acostumbraba, era un poco más robusto… más varonil... tomé el frasco junto con los buenos deseos del vicecomandante de la brigada.

Seguridad y agua de colonia, anotadas.

Nagato sólo pudo contribuir con una frase mientras caminaba con ella al salir de la escuela:

—No tengo idea.

No tener idea, anotado.


—Parece que estás de buen humor hoy—. Me dice Sasaki al alcanzarme junto a la máquina de café del comedor en el trabajo.

—¿En serio? No lo noté.

Al día siguiente en que Haruhi se fue de casa, necesitaba con desesperación charlar con alguien al respecto. Los miembros de la brigada no podrían ayudar mucho y seguramente tendrían que escuchar ambas versiones. Sin embargo, Sasaki siempre fue un buen oído al cual recurrir en momentos como ese. En un rato libre como el que teníamos en ese momento le platiqué parte de lo que había pasado, teniendo buen cuidado de omitir que se había ido de casa y supongo que gracias a eso no me corté las venas con pan de caja.

—Si te sientes triste o solo y quisieras hablar sobre cualquier cosa, no dudes en acercarte a mí, ¿de acuerdo?

—Claro, gracias.

Me iluminó con su sonrisa tranquilizadora por unos momentos y comenzó a caminar hacia el ascensor. Apenas unos pasos después se detuvo y se giró a verme.

—¿Tienes algo que hacer hoy?

La pregunta, debo admitirlo, me tomó por sorpresa.

—Eh… sí, ya tengo planes, lo lamento.

—Será en otra ocasión entonces.

A las ocho con cinco minutos estaba ya camino a la estación. Tomé las previsiones pertinentes para llegar a casa, darme una ducha relámpago y salir en camino a casa de los padres de Haruhi teniendo en cuenta que debía pasar primero por una floristería y enfrentándome a una duda trascendental... ¿qué tipo de flores debería llevar…? Cerca de treinta y cinco minutos después discutía eso con la dependiente de dicho establecimiento.

—¿Tienes idea de qué tipo de flores le gustan?

—Conociéndola como la conozco, seguramente estaría fascinada con una planta carnívora.

La mujer que atendía el negocio arqueó una ceja.

—Entonces... ¿Sabes cuál es su color favorito?

—Supongo que tiene cierta preferencia por el amarillo.

Me dio a escoger entre varias opciones. En lo personal me inclinaba por un delicado ramillete de rosas amarillas, aunque la dependiente me aconsejó que si iba a dar rosas, fueran rojas, los tulipanes y las amapolas eran también una opción. Después de mucho reflexionar, hice mi elección y salí disparado hacia mi destino.


Y ahí estaba yo, sintiéndome como un jovencito mientras esperaba a que alguien atendiera la puerta una vez que toqué el timbre, como si una alimaña con muchas patas estuviera recorriendo mi estómago… pero, ¿por qué? ¿No es la misma Haruhi de siempre? ¿La misma persona con la que hace unos días compartía hasta el lecho?

La puerta finalmente se abrió dejando ver el amable rostro de mamá Suzumiya. Había un brillo especial en sus ojos esa noche, como una criatura que podía oler el nerviosismo y se regocijaba en él.

—Te dije que llegaría puntualmente—. Lanzó mirando hacia dentro de la casa. —Bienvenido.

Entró nuevamente, dejando que la persona a la que yo iba a ver asomara finalmente la cabeza. Tal vez fuera mi imaginación, pero parecía casi tan nerviosa como yo. Instintivamente miré mi reloj de pulso.

—Cinco antes de las nueve—. Dije triunfante. —No puedes decir que llegué tarde.

—¿Eso es para mí?— preguntó mirando la flor en mi mano.

—Sí. Imaginé que sería lo más apropiado.

Le alcancé el solitario y enorme girasol. Tenía que ser algo grande y amarillo, y definitivamente sería mejor algo diferente, por la expresión en su rostro me parece que no erre demasiado en mi elección y sus ojos brillaron al tener de cerca la enorme flor. Desapareció unos instantes dentro de la casa y me pareció escuchar el murmullo de ella y su madre. Sólo cuando volvió a salir pude dar cuenta de su atuendo. Ropa casual, como siempre, una falda corta y una blusa de tirantes que resaltaba la belleza de sus hombros. Al estar afuera de nueva cuenta se colgó literalmente de mi mano y justo antes de cerrar la puerta, una voz nos detuvo.

—¿A qué hora piensan volver?— Preguntó papá Suzumiya a punto de irnos. Ambos nos quedamos engarrotados en silencio y nos miramos el uno al otro, no nos habíamos detenido a pensar en eso y no teníamos una buena respuesta. —A las doce en punto tu carroza se convierte en calabaza, señorita.

La noche se me antojó muy corta. Cenamos algo en algún lugar (y por supuesto, pagué yo, pero esta vez por voluntad propia) y pasamos el resto del tiempo charlando en la banca de aquel parque que tantas aventuras había atestiguado. Era como conocer de nueva cuenta a Haruhi, descubrir por segunda vez sus gustos y esas cosas que pasé por alto durante todo el tiempo que pasamos viviendo juntos. Curiosamente descubrí algunas cosas sobre mí también, no sabía que mi sentido del humor fuera tan vasto, pero ella se la pasó riéndose de mí y llamándome idiota todo el tiempo. Sabía que ella era inteligente, pero había momentos en que simplemente me dejaba detrás… sonará raro, pero no puedo recordar con claridad de qué charlamos esa noche, se que hablamos de todo, sobre Nagato, sobre Koizumi y Asahina, también acerca de Haruhara y los tres del BSI, y por supuesto, sobre ella y sobre mí.

Antes de que me diera cuenta, era medianoche. Nuevamente estaba en el pórtico de la casa de los padres de Haruhi.

—Siempre me pregunté que se sentiría venir a dejar a una chica a su casa después de una cita—. Le digo cuando la veo encararme frente a la puerta.

—Yo pensaba algo semejante… pero nunca te diste el tiempo. Más bien, nunca nos dimos la oportunidad.

—¿Sabes qué más tengo ganas de hacer?— Pregunté acercándome un paso hacia ella, nuevamente sintiendo esa inquietud como de niño de secundaria.

—¿Qué cosa?— Me pregunta con un ligero temblor en la voz.

No le dije nada, únicamente me acerqué y tomé sus mejillas con delicadeza. Me recordó lejanamente ese intento de nuevo mundo hace tres años, sólo que esta vez no tuve que forzar el beso como en aquella ocasión. Después de tanto tiempo, aquel beso me pareció el más exquisito y sensual que hubiese experimentado hasta ese momento de mi vida. La textura y el sabor de sus labios me elevaron por algunos segundos lejos de las preocupaciones que nos rodeaban, lejos de Haruhara y las estupideces de los extraterrestres. Ella, por su parte, me tomó por los hombros, quizás en un trance semejante al mío, y estuvimos así hasta que la falta de aire nos obligó a separarnos, aunque no nos alejamos, sino que unimos nuestras frentes, aún con los ojos cerrados, como si esa posición fuera una extensión del beso mismo.

Una tos fingida y fuerte nos devolvió a la realidad. Papá Suzumiya estaba recargado en el marco de la puerta y nos miraba ligeramente incómodo.

—Las doce y dos, jovencitos.

—¡Oh, por favor, papá!— Trató de reclamar ella.

—Mi casa, mis reglas—. Entró dejando la puerta abierta para que su joven hija lo siguiera.

—Debo entrar—. Se disculpa y me estrecha una vez más. —Por cierto, hueles muy bien… hasta mañana.

Para ser un reencuentro luego de haber abandonado nuestra casa, resultó muy bien. No sentí el deseo enfermizo de reprocharle o siquiera de saber sus motivos sino que sólo nos dedicamos a disfrutar nuestra compañía… pensé en hacerlo de vuelta y caminé en dirección a casa con ese espíritu.

Sin embargo, a medida que abandonaba el aura protectora del vecindario de Haruhi, la inquietud iba haciendo mella poco a poco en mi buen humor. Imagino que ya saben que me inquietaba tanto. Por supuesto: Haruhara. Estos últimos días había estado en una calma que no se me hacía normal viniendo de una persona con sus parámetros de pensamiento y actuar, y el hecho de que no haya dado noticias sólo me hace pensar que su aparición será descomunal e inesperada.


Bien dice el dicho que mata más la duda que el desengaño. Los siguientes días la pasamos a la expectativa de los movimientos de Haruhara, pero no hizo nada… ni siquiera se apareció por los terrenos de la escuela. Aunque eso podría considerarse como algo positivo, no lo fue cuando notamos que Koizumi tampoco asistía a clases ni a las reuniones del club.

—Apagado—. Dije con tono de voz seco mientras por enésima vez era enviado al buzón de voz al intentar llamarle.

—Quizás deberíamos buscar en los hospitales o en la estación de policía—. Dijo Asahina, temerosa.

—Casi una semana de ausencia…— respondió Haruhi meditabunda.

Nagato por su parte, no atendía el nuevo libro que descansaba sobre sus piernas, en su lugar, miraba el sitio que el ésper ocupaba normalmente con aprehensión.

Nos quedamos ahí, sentados y en silencio sin saber qué hacer… me preocupaba el hecho de que hubiera sido influenciado por Haruhara y no saber que le estaba pasando. Sí, admito que considero al tipo como un amigo y su bienestar me inquieta. Un leve golpeteo en la puerta nos hizo despertar. Asahina, solícita, corrió como una bailarina de ballet para abrir.

—Se… señorita Mori…

Mori saludó a los presentes educadamente con una reverencia y luego de que el paso le fuera admitido, caminó hasta quedar a unos pasos de Haruhi.

—Koizumi no ha venido por aquí, ¿Verdad?

—Pensé que tal vez estaría atendiendo asuntos de La Agencia… pero el hecho de que usted esté aquí significa que no es así…

Mori nos dio la razón sin palabras y se dirigió exclusivamente a Haruhi:

—Quisiera comunicarle lo siguiente en privado… me pidió la vez anterior que la mantuviera al tanto de todo lo que…

—No importa, puede hablar libremente, todos ellos son miembros fundadores de la brigada, después de todo.

Un momento… ¿La Agencia le rinde cuentas a Haruhi? ¿Desde cuándo?

—Koizumi desapareció el jueves pasado por la tarde y no ha dado ninguna pista de su actual paradero, y dada la actual coyuntura, La Agencia lo ha clasificado como desertor… tardaremos unos días en encontrar un reemplazo para él, sin embargo, es importante que si llega a contactarlos, nos avisen de inmediato.

—¡Un momento!— Pude articular al fin. —¿El tipo lleva desaparecido una semana y ni siquiera sabemos por qué y ya están pensando en él como un traidor e incluso buscándole sustituto?

—Él llevaba varios días mostrando una conducta anormal, para ser más precisos, desde que Haruhara apareció, y por como se han desarrollado las cosas, tenemos que contemplar la posibilidad de que haya entablado algún tipo de negociación con Haruhara. Ahora que sabemos cuáles son sus intenciones, no podemos permitir que nada arriesgue la integridad de Suzumiya, incluso si eso amerita que un miembro de la agencia deba ser neutralizado.

—No voy a permitir que lo lastimen…— Respondió Haruhi en un tono de voz peligrosamente bajo sin apartar sus ojos del rostro de Mori.

—Por supuesto que no lo vamos a permitir—. La secundé y de inmediato busqué apoyo en el resto de la brigada.

Sin embargo, las dos integrantes restantes no parecían compartir nuestra opinión.

—Eh… lo… lo siento, pero estoy de acuerdo con la Srta. Mori y La Agencia… si Koizumi está del lado de Haruhara, podría ser muy peligroso.

Mis ojos, suplicantes, buscaron entonces los de Nagato, hoy tan fríos como la superficie de Ganimedes.

—Mi participación en los eventos relacionados a Haruhara Haruko están restringidos por el BSI, la EID ha impuesto una política de no-intervención sobre mí y otras terminales TFEI.

—Déjenme ver si entiendo: ¿Todos ustedes están de acuerdo en dar la espalda y perseguir a alguien a quien no hace más de cinco días consideraban un compañero y amigo?

—Esta es una situación extraordinaria, lamento que lo percibas así—. Lanzó Mori. Su tono de voz me decía que también estaba pesándole.

—Kyon…— Comenzó Asahina, tratando de no sonar agresiva. —Tienes que entender… la prioridad es proteger a Suzumiya, y todos sabíamos que tal vez deberíamos hacerlo aún a pesar de nosotros mismos… ¿Tú qué crees que él haría en nuestro lugar?

—¿Qué pasará con él si ustedes lo encuentran primero?— Preguntó nuestra líder.

—Se tomarán las medidas disciplinarias pertinentes.

No escucharía más de esa conversación. Por un lado, porque me parecía sumamente desagradable, y por otro, porque era hora de ir al trabajo.


Detectar lo indetectable era sin lugar a dudas la tarea de Nagato, pero al estar limitada por sus jefes y el buró se había vuelto tan poco diestra como cualquiera de nosotros, sólo que más callada. Pude percatarme de eso gracias al noticiero local que anunciaba ese anochecer que un gran número de accidentes, explosiones, incendios y otros incidentes de categoría semejante habían golpeado nuestra comunidad durante los días recientes.

—Al parecer no eres el único que ha tenido una temporada difícil estos días—. Me comenta Sasaki mientras vemos el noticiero en el comedor de la oficina.

—¿Semana difícil?

—Espero no me taches de entrometida, pero hablé con tu madre hace algunos días. Lamento que Suzumiya se haya ido de casa.

Sí, madre, Sasaki es una persona confiable, pero hay cosas que me gustaría que se quedaran en el ámbito privado.

—Sólo se está dando un tiempo, no hemos dejado de vernos ni nada por el estilo.

—Entonces, ¿Cuál es el siguiente paso?— Esa sí que es una gran pregunta… ¿Cuál es el siguiente paso para nosotros dos? Debió ser que tardé demasiado pensándolo, y fue la misma Sasaki quien me regresó de mi nube. —Lo lamento, no quise incomodarte con una pregunta tan personal.

—Descuida, no me incomodas… la verdad es que no me he puesto a pensar en eso…

—De alguna manera entiendo a Suzumiya. Ambos son jóvenes y probablemente necesiten conocer un poco más, salir y convivir con otras personas y ese tipo de cosas, ¿no crees?

Ese fue quizás el abordaje más directo que mi atípica amiga me había hecho, sin duda alguna traía algo entre manos y debía averiguar que era.

—¿Estás sugiriendo algo?

No se amedrento o avergonzó como seguramente haría cualquier otra chica, sin embargo, parecía estar escogiendo cuidadosamente sus palabras antes de lanzar el siguiente ataque.

—Estaba pensando en hacer un pequeño experimento.

—¿Qué clase de experimento?

—Uno social. Por supuesto, yo sería parte del mismo, creo que podría ser muy benéfico para ambos—. Me indicó mientras se preparaba para explicarme su gran plan. De alguna manera me recordó a Haruhi cuando una loca idea se cruzaba por su mente… parece que no son tan diferentes después de todo. —Desde el momento en que me enteré que las cosas no marchaban del todo bien con Suzumiya, quise estudiar tus cánones de conducta en presencia de un tercer implicado que pudiera reportarte algunas de las formas de interacción que tenías con ella.

No me lo creo… si mi instinto no me falla (y rara vez lo hace), lo que quiso decir fue:

—¿Estás proponiéndome que tengamos una aventura?— Aturdido como estaba por mi descubrimiento, noté muy tarde que había dicho eso en voz demasiado alta. Los pocos presentes en el lugar se volvieron fugazmente hacia nosotros, a ella no le importó.

—No precisamente—. Dijo con una frialdad que hubiera impresionado a la misma Nagato. —Ambos somos jóvenes y tenemos cierto tipo de necesidades. Sé, por lo mucho que hemos charlado, que tienes una gran necesidad y deseo de proveer protección y seguridad. Yo, por mi parte, debo cubrir algunas necesidades fisiológicas que por cuenta propia no sería capaz de satisfacer.

—¿Qué? ¿Yo? ¿Necesidad de proteger…?

—Por supuesto, siempre tienes el afán de procurar a alguien por encima de ti mismo. Admiro mucho esa parte de ti y me sentiría muy honrada de poder ayudarte a subsanar esa carencia.

—¿Y tú? ¿Qué demonios quieres decir con necesidades fisiológicas?

—Sexo.

—¿Pero qué dem…? ¡No puedes simplemente sugerir algo así?— Le dije acalorado mientras sentía una hemorragia nasal venir en camino.

—¿Por qué no?— Preguntó confiada. —¿No me consideras atractiva?— Se hizo un rápido chequeo sin levantarse del asiento que ocupaba. —¿Mi rostro no cumple con alguno de los patrones de belleza que te resulten agradables? ¿Es que mi cabello es muy corto? ¿O es que mis senos son pequeños?

—¡No es nada de eso (idiota)!— La parte entre paréntesis sólo la pensé, más no la dije. —¡Yo aún tengo una relación con Haruhi!

—¡Esa es la mejor parte! Como bien sabes, no tengo el más mínimo interés en establecer una relación a nivel sentimental, y sólo podía recurrir a ti en la carestía que me aqueja, eres mi mejor amigo y creo que podríamos emparejar bien el plan que te propongo con nuestro tren de vida común… yo te ofrezco cierta estabilidad emocional al permitirte liberar la presión de proteger y procurar a alguien, mientras que tú me ayudarías con cierto furor que me saca de mis casillas a veces… todo eso sin afectar la relación que ya tienes. Si ves las cosas desde mi perspectiva, es un plan que reporta un bien absoluto.

No supe de qué forma confrontar su torcida y bizarra lógica. Sólo me le quedé mirando con cara de asustado mientras ella sonreía confiada. Sí, debo admitirlo, Sasaki es una chica muy hermosa, también es inteligente y segura… muchos hombres habrían sucumbido ante la idea de poder relacionarse a nivel carnal con ella sin ninguna suerte de compromiso, pero yo no soy ese tipo de hombre… yo amo a alguien más, y ya para ese momento, su propuesta, lejos de parecerme un mal plan, me parecía una abominación. Lamentablemente ese pensamiento nunca alcanzó mis labios. Antes de que pudiera reaccionar, me había dejado en el comedor luego de decirme "piénsalo". Como si no tuviera ya demasiados problemas.


—¿Está loca? ¿Pirada? ¿Se le cayó de cabeza a su mamá cuando era bebé?— Ese entre otros improperios (algunos muy exagerados) gritoneó Haruhi furiosa cuando le conté sobre la charla con Sasaki durante nuestra salida esa noche. —¿Qué mierda le pasa a la estúpida por la cabeza?

—No tengo idea.

Cambio su tono de voz y me miró como tratando de atravesarme con los ojos:

—¿Y qué le contestaste?

—No pude responder. Antes de que pudiera decir cualquier cosa me había dejado solo.

Relajó un poco la postura, aunque por cómo se tensaban sus pómulos, se notaba que aún estaba muy enojada.

—¿Y tú quieres?

—¡Pero qué estupidez! ¡Por supuesto que no! ¿Por quién me tomas?

—Por un hombre…

—¿Y crees que esa misma dinámica aplica a todos nosotros?

—No lo sé… deberíamos preguntarle a Koizumi…

No hablamos por unos minutos luego de que dijera eso. La seguí a través de las calles iluminadas por las farolas y me pareció que estaba particularmente afectada por la aparente deserción de su vicecomandante. En nuestra segunda cita (se siente raro llamar a estos encuentros así) acordamos no hablar acerca de esos problemas, porque ese tiempo debía ser consagrado a nosotros… estábamos pasando por una crisis y debíamos hallar la forma de solucionarla y seguir juntos luego de eso.

—Es una lástima que sigas condicionado por el canal N. O—. Me dijo deteniéndose de pronto en una de las avenidas principales de nuestro barrio.

—¿Por qué lo dices?

—Porque tengo dinero y ese establecimiento de allá me da ideas.

Miré a donde ella y encontré el enorme rótulo iluminado con luces neón de un pintoresco hotel de paso.

—Es una estupidez, debemos volver a tu casa en menos de una hora…— Ese comentario lo hacía más para mí que para ella, la verdad de las cosas es que desde que la vi cuando llegué a casa de sus padres tuve que reprimir el impulso de arrancarle la ropa ahí mismo. —¿Hay algún lugar al que quieras ir antes de volver?

No me respondió, pero me tendió su mano para que la tomara y caminamos juntos hacia un lugar que me resultó familiar luego de unos cuantos pasos. Era el vecindario cercano a la casa de sus padres, para ser más preciso, el mismo lugar donde se encontraba su vieja escuela secundaria, donde mi "yo" de hace tres años y la Haruhi de hace seis años nos vimos por primera vez. Ambos nos plantamos frente al acceso principal.

—Dime, John, ¿aún conservas el espíritu aventurero de aquel entonces?— Preguntó.

—¿Qué tienes en mente?

—Sólo recordar los buenos tiempos.

Dicho eso comenzó a trepar la barda, y un momento después abría la puerta, granjeándome el paso al interior.

Caminamos hasta el patio, que en todos estos años apenas si había sufrido algún cambio insignificante.

—¿Y ahora qué hacemos? ¿Quieres es escribir algo?

—No… sólo quería que viniéramos aquí, juntos… este lugar es muy especial, ¿No crees?

Por supuesto que lo es… cronológicamente hablando, fue donde nos vimos por primera vez. Es conmovedor que lo recuerde con tanto cariño.

—Me pregunto si alguien habrá visto el mensaje que dejamos aquí.

—Ya le creo que sí…— Respondió una voz desde el otro lado del patio. Me puse frente a Haruhi apenas la reconocí. —Estaba muy lejos de aquí, en el sistema que ustedes conocen como Altaír… este planeta ya no tenía el menor interés para mí entonces, pero algo tan importante como lo que vi un día, ameritaba a un viaje de casi dieciséis años luz de vuelta a esta roca…— Haruhara salió de entre las sombras, seguida por Koizumi. Sobre su moto estaba Shamisen… ¿Por qué demonios Shamisen está con ella? Continuó su charla: —Apenas si podía creer que una entidad tan poderosa como Atomosk existiera en este mundo y no me hubiera dado cuenta en mi primera visita… por fortuna, te aseguraste de mostrarme el camino… todo con una sola frase que escribiste en mi lengua natal en este mismo suelo: "Aquí estoy".

—¿Dónde demonios te habías metido?— Le recriminó Haruhi al ésper ignorando completamente a Haruhara.

—Ha estado conmigo—. Se adelantó la alienígena. —Pero eso no es importante… lo que importa es que están aquí, y tenemos un asunto que atender…

—De ninguna manera, no trataremos absolutamente nada contigo—. Le dije mientras buscaba una ruta por la cual escapar.

—No tienen otra alternativa…— Para ese momento ya estaba a muy corta distancia de nosotros y pude ver esa mueca perversa que me causaba escalofríos. —¿Qué pasa, muchacho? ¿Tienes miedo?

—No—. Mentí a medias. No temía a que sacara otro monstruo de mi cabeza, temía por cualquier cosa que pudiera hacerle a Haruhi.

—Qué valiente… para tu desgracia, no te creo… claro que tienes miedo, y mucho… ¡Hágase la luz entonces!

Levantó su guitarra doble, pero no para atacarme, en lugar de eso, comenzó a hacer un cántico mientras agitaba el instrumento sobre su cabeza. De inmediato sentí que mis sienes se comprimían y pude escuchar los gritos de Haruhi, suplicándole que se detuviera mientras yo caía al suelo hecho un ovillo sujetando mi cráneo con ambas manos.

—Sólo será una vez más, sólo me hace falta una pieza y todo terminará—. Escuché de sus labios sin poder enfocarla.

Un miembro metálico que calculé sería del doble del grosor de mi cabeza atravesó mi frente. Apenas tocó el suelo con su punta, me levantó mientras el resto del cuerpo abandonaba mi dolorida testa, y cuando finalmente "nació" por completo, me lanzó algunos metros lejos, dejando sólo cierta reminiscencia del dolor.

La bestia mecánica era color plomo. Al igual que la vez anterior, tenía la forma de una mano y se mantenía "de pie" sobre el anular, el corazón y el índice, mientras que el pulgar y el meñique caían a sus costados, dándole lejanamente el aspecto de un gorila, calculo que alcanzaría los cinco metros de pie… ¿Cómo demonios esa cosa pasó a través de mi cráneo sin matarme? Hubiese jurado que la máquina obedecería las órdenes de Haruhara, pero no fue así. Apenas abrió los innumerables ojos que tenía sobre el dorso, lanzó un feroz ataque contra la extraterrestre, obligándola a hacer gala de su gran repertorio de acrobacias mientras esquivaba los dedos retráctiles de aquella avanzada pieza de ingeniería.

Recuperado a medias, corrí hasta donde Haruhi para resguardarla y aprovechando el tumulto, ambos nos apresuramos en llegar a Koizumi, que veía la contienda, inexpresivo.

—¿Estás bien?— Le pregunté apenas lo tuvimos cerca. Ni siquiera se volvió a vernos.

—Ese robot parece un gran problema…— Dijo a media voz. —Si escapa de aquí, alguien podría resultar herido.

Era verdad. Haruhara parecía tener cierta dificultad en controlarlo. En uno de tantos ataques, el androide alcanzó a la alien con su índice, llevándola hasta el aula magna de la escuela, derrumbándola en el acto. Entonces era culpa de ella que tantas cosas pasaran en nuestra ciudad… no fueron accidentes después de todo.

—¿Estás sugiriendo que la ayudemos?— Pregunté.

—Podría resultar un poco difícil, dado que no tenemos nuestras habilidades tan a la mano como Asahina o Nagato… si tan sólo pudiera hacer uso de mis poderes sin estar en un aislamiento…

Me volví hacia la chica de la banda amarilla que miraba con ansiedad la batalla. Koizumi, a pesar de estar hablando con coherencia, parecía en alguna suerte de trance y seguía sin mirarnos, como si estuviera hipnotizado.

—De acuerdo—. Dijo Haruhi de pronto al ésper, haciendo que me confundiera. —Ve allá y ayúdala.

—A la orden—. Dijo él apenas levantando la mirada.

Aún no entendía cabalmente lo que pasaba, pero vi a Koizumi dar un par de pasos para luego levitar unos cuantos metros sobre el piso y a una buena altura encender la esfera carmesí de energía que lo caracterizaba.

—¿Pero qué…? ¿Cómo hizo eso?— Exclamé desconcertado.

—Es una emergencia—. Se justificó Haruhi por liberar los poderes de su vicecomandante mientras veíamos como volaba al encuentro de la mano mecánica y comenzaba a atacaría con fuertes descargas de energía.

Así, la extraterrestre y el ésper daban una pelea más justa a su poderoso oponente, sin embargo, seguía reportándoles un problema serio controlarlo del todo y a esas alturas un buena parte del patio escolar ya estaba materialmente destruido.

Fue en el preciso momento en que Koizumi esquivaba un feroz ataque de pulgar cuando el impacto de un bajo azul hundió al "gorila" unos centímetros en el suelo. Nandaba y su comitiva llegaron y sin hacer ningún tipo de contacto con el otro equipo y entre los cinco (contando a Ninamori y Canti) comenzaron a someter a la mano.

—Tal vez deberíamos irnos—. Le dije a Haruhi por lo bajo.

—¿Estás loco? Acabamos de encontrar a Koizumi, deberíamos al menos averiguar por qué demonios desapareció.

Justo cuando estaba considerando sus palabras, Nandaba salió proyectado hacia nosotros y aterrizó a unos pasos de donde estábamos. Se volvió furioso a verme mientras se levantaba.

—¿Por qué demonios te quitaste la gorra?

—¿Cuál gorra…?

—La que te di el otro día, idiota, si la hubieras traído Haruko no hubiera abierto el canal.

No me permitió responder y encaró a la bestia, que ignorando al resto de sus verdaderos contendientes decidió que Haruhi y yo lucíamos más interesantes. Nandaba trató de ponerse en su camino, pero el monstruo sólo tuvo que chasquear los dedos para hacerlo a un lado, dejándonos a Haruhi y a mí a su merced. No había tiempo para escapar y lo único que se me ocurrió fue abrazarla contra mi pecho, dándole la espalda a la máquina… comienza a volverse familiar en mí la sensación de estar al borde de la muerte, pensaba eso al ver aquel enorme pulgar levantarse sobre nuestras cabezas, decidido a dar un único y contundente golpe final. Para mi sorpresa, el enorme dedo cayó en vertical sobre nosotros, pero no nos impactó.

—¡Yuki!— Gritó Haruhi.

Me volví para encontrarme a Nagato de pie entre nosotros y la bestia; tenía ambas manos en alto y con ellas había interceptado la yema metálica. Su rostro, aunque impasible, estaba teñido en un rojo poco común y sus pies estaban sepultados cerca de una pulgada en el suelo.

Sin pensárselo dos veces, Nandaba aprovechó la distracción para golpear con su bajo la gigantesca palma, consiguiendo alejarla más de una veintena de metros y logrando que el resto de los combatientes continuara su ataque, sacándonos del peligro. El gesto de pocos amigos volvió a congestionar su rostro mientras se dirigía a Nagato:

—Te advertí que no te entremetieras, te dije que si te atrevías a…

—No utilicé ningún protocolo de edición de datos para proteger a estas personas, sólo hice uso de las características de diseño de mi interfaz sin tener que alterar el ambiente o cualquier otro tipo de información, técnicamente no he hecho nada ilegal, así que no puedes decir que violé la política de no intervención que tu dependencia puso sobre mí.

Nandaba la miró furioso por algunos segundos. Al ver que no tenía argumentos contra ella, volvió a la carga, dejándonos al cuidado de nuestra confiable interfaz humanoide.

Unos minutos después, el monstruo finalmente estaba siendo abatido… vamos, no fue tan difícil, sólo hicieron falta tres expertos en combate del buró, una extraterrestre loca y un irreconocible ésper que ya podía usar sus poderes sin estar en un aislamiento. Haruhara dio el golpe final, y segundos después, una sonora explosión reducía a cenizas los restos de la máquina. Ignorando a todos los presentes, Haruhara buscaba entre las menudencias dejadas por el robot caído.

—Maldita sea, tampoco estaba en este…— Reclamó para sí misma.

—¡Lárgate!— Gritó de pronto Nandaba, distrayendo de su búsqueda a la extraterrestre y llamando la atención de todos. —¡No tienes privilegios en este planeta! ¡Te arrestaré si no te vas de una vez!

Una burla representada en una sonora risotada salió de la boca de Haruhara.

—¿Tú y qué ejército, Naota? Cuando dejé este planeta, eras un niño que creía que podía comerse al mundo… veo que no has cambiado en lo más mínimo… ¿Cómo pretende tu buró sacarme de aquí? ¡Este planeta está habitado por amibas comparado al mío! ¡Eres como una pulga reclamando que el perro es suyo! ¡Ni todos tus agentes podrían sacarme de aquí y no me iré hasta obtener lo que quiero!

—¿Agentes? ¡Yo solo basto para meterte este bajo por la nariz y sacártelo de vuelta con una patada en el…!— Reviró él, montado en cólera mientras yo tapaba los oídos de Haruhi.

Las súplicas de Ninamori tratando de calmarlo chocaron con un muro hecho de pura ira, completamente fuera de sí, Nandaba saltó y soltó un primer y sonoro guitarrazo que por poco alcanzó el cráneo de Haruhara. Ella, confiada y aún sonriente lo esquivó y comenzaron a intercambiar golpes con sus instrumentos. Por iniciativa propia, la Vespa de Haruhara, sólo tripulada por Shamisen se estacionó a una distancia razonable y Koizumi se plantó a su lado; mientras que Canti y Ninamori se ponían del nuestro, haciendo un corrillo en torno a los contendientes.

Nunca me imaginé que el impacto de un par de guitarras pudiera sonar así. Había escuchado del heavy metal, pero esto es ridículo. Debo admitirlo: Nandaba es grandioso, pero Haruhara es superior, además de que su guitarra luce más poderosa que el bajo del agente aduanal. En un potente choque que literalmente levantó el polvo de varios metros alrededor de ellos, Nandaba fue arrastrado una distancia considerable hacia atrás, y respiraba agitado mientras lanzaba una mirada irritada a la extraterrestre.

—Dejémoslo así, Naota. No tenemos por qué continuar con esto, tú y yo sabemos cómo terminará...— le espetó con una sonrisa cínica y fiada.

—Eso sólo fue el calentamiento…— tomó una profunda bocanada de aire e hizo su llamado: —¡Canti!

El androide azul saltó a la improvisada arena de combate y aterrizó unos centímetros detrás del muchacho haciendo cimbrar el patio de le escuela, Nandaba, sin volverse a verlo, le pasó el bajo. Como si la escena no fuera lo suficientemente rara para ese momento, unas enormes fauces salieron del tórax del robot y literalmente engulló al chico... Luego de masticarlo por algunos segundos, la pintura azul de la máquina se tiñó de rojo, quitándole su típica aura amable y haciéndolo lucir verdaderamente aterrador. La sonrisa de Haruhara se hizo aún mayor.

—Ven y muéstrame cuanto has crecido…— Susurró.

Rápido como el demonio, el androide rojo alcanzó a la extraterrestre, tirando un golpe bajo que nos obligó a todos a cubrirnos el rostro por la onda de choque. Al volver a ver, estaba solo, pero mirando hacia el cielo. Todos nos giramos hacia allá entonces, viendo a Haruhara flotar sobre nuestras cabezas. Canti la siguió y el resto del pleito fue aéreo, ambos planeaban siguiéndose mutuamente y cuando hacían contacto, el impacto cimbraba las ventanas de todo el vecindario… la pelea era muy equilibrada y en algún punto llegué a pensar que podrían pasar volando por ahí toda la noche sin que ninguno hiciera ventaja sobre el otro. Por fortuna, no tuvimos que esperar tanto. El sonido de sirenas policiacas y de bomberos a la distancia congelaron la contienda.

Los dos aterrizaron sobre el maltrecho terreno escolar, y en un proceso que no pude ver a detalle, Nandaba abandonó el cuerpo del robot.

Todos nos quedamos en silencio en el momento en que Haruhara montaba su motocicleta, a sabiendas de que el problema, en ese preciso momento, dejaba de ser para el buró y Haruhara… se acababa de hacer un problema interno de la Brigada SOS.

—Ven con nosotros, Koizumi… La Agencia está buscándote y tenemos que convencerlos de que no eres un traidor como ellos creen…— Comenzó Haruhi, tendiendo la mano al ésper, a una decena de metros de nosotros.

Él no levantó la mirada, seguía con los ojos clavados en la tierra y pasó cerca de un minuto para que hiciera cualquier cosa… las sirenas sonaban peligrosamente cerca y no quedaba mucho tiempo para pensar… si no se movía, lo someteríamos y lo llevaríamos por la fuerza… y antes de que pudiéramos dar un paso hacia él, como en cámara lenta, comenzó a darse la vuelta… dándonos la espalda. Atónitos lo vimos caminar hacia la motocicleta de Haruhara y sentarse detrás de ella, sujetándose de su cintura.

—Te dije que nos elegiría a nosotros-Nya—. Dijo dirigiéndose a Shamisen mientras nos veía con sus ojos juguetones y perversos.

La motocicleta se elevó algunos metros del suelo, dejándonos en la escena del crimen, confundidos y decepcionados.

—Lo mejor será que las autoridades no nos encuentren aquí—. Dijo Asahina con voz triste… ¿A qué hora llegó? Tomó la mano de Haruhi y la de Nandaba, haciéndolo sonrojar y sacándole un mohín a Ninamori. —Será mejor que nos vayamos y rápido.

—Qué me llevé el diablo…— Murmuré.

—Sí… no esperaba eso de Koizumi—. Respondió Haruhi.

—Oh, no es eso… son casi la una de la mañana… tu padre va a matarme.

Dicho eso, Asahina nos transportó en el mismo momento que vi a un oficial de policía entrar por el otro lado del patio a la escuela.

Capítulo 4.

Fin.