Capítulo 6.
31 de enero, un año atrás.
—¿Por qué te sacrificas así?— Pregunta Haruhi-Ni, sacándome de mis pensamientos.
—Por que la quiero. Esto no es un sacrificio.
—¿De qué hablas…?
—Un sacrificio es algo que haces cuando no quieres, en afán de conseguir un beneficio o bien mayor… yo deseo con todo mi corazón que ella tengo una vida larga y feliz… si para eso debo ofrendar mi vida, la daré gustoso. No estoy haciendo algo que no quiera hacer, por tanto, no estoy haciendo ningún sacrificio.
—Kyon (Ni) se la pasaba diciendo cosas de ese tipo.
—Ojalá lo hubieras escuchado.
—No quedará nada cuando el aislamiento caiga—. Me advierte.
—Lo sé.
La ola más monstruosa que jamás hubiera visto estaba ante mí. Gunkan-Jima había cedido ya la mitad de su territorio al inclemente océano, sólo quedaba una fracción destruida que pronto formaría parte del mar, junto conmigo y la derrotada Brigada SOS-Ni. No sentía miedo, quizás como los antiguos samuráis me sentía satisfecho de haber cumplido mi deber y estaba en paz con la muerte que me avecinaba. No cerré los ojos, no pedí secretamente al cielo que mi destino cambiara… sólo esperaba el final.
Curiosamente, en un instante el ensordecedor ruido del agua paró. La ola, sin embargo, seguía erguida sobre la isla, preparada a dar el golpe final, el tiempo literalmente se detuvo. Confundido me volví hacia la brigada invasora. Kyon-Ni seguía tendido, muerto en los brazos de Haruhi-Ni, los otros tres impostores estaban inertes y no se movía siquiera un cabello sobre sus cabezas. El tiempo simplemente dejó de andar.
—¿Tanto significa ella para ti?
—…— Asentí.
—¿Qué sentido tiene entonces todo lo que hiciste? ¿Para qué el salvar su vida si al final no la compartirá contigo?
—Eso no importa.
—¡Claro que importa! ¡Yo no querría… no quiero vivir sin Kyon (Ni)…! ¿Qué diferencia habría entre ella y yo si tú mueres aquí?
—Ya te lo dije una vez: ella es mejor… es más madura y sabrá sobrellevar esta pérdida. Además, no me habré ido en realidad en tanto ella me recuerde. Ese es el verdadero significado de vivir, ¿no crees?
—Eso es lo más estúpido que jamás haya escuchado.
—Tal vez lo sea… pero algo me dice que no fui el único aquí que creía eso—. Dije mientras miraba el cadáver que me había convertido en homicida. —Creo firmemente que las personas, más allá de cambiar, pueden crecer… pueden convertirse no en gente diferente, sino en una versión mejorada de sí mismos. Haruhi está precisamente en ese proceso. Haruhi es caprichosa, molesta, y muy egoísta… pero son precisamente esas peculiaridades las que la hacen tan especial… las hacen tan especiales, porque estoy seguro que él pensaba igual que yo.
—Románticos incorregibles…— Rió tristemente Haruhi-Ni. —Si no hubiera fingido con tanto afán que no lo escuchaba, no habríamos llegado a esto… y aún así, no me arrepiento casi de nada, y veo que tú tampoco. Tienes razón, tú tomaste la vida de Kyon (Ni), debes hacerte responsable por ello.
—Por eso estoy aquí.
—No quiero que estés aquí… este es un evento reservado sólo para los miembros de la Brigada SOS (Ni)… así que no eres bien recibido…— No pude evitar parpadear un par de veces ante su afirmación, ella no me daba la cara. —Debes marcharte ahora.
Traté de decir algo, pero antes de que las palabras correctas aparecieran en mi mente, una tenue luz azul comenzó a cubrir mi cuerpo al tiempo que, con lentitud, la isla comenzaba a sacudirse nuevamente.
—Haruhi (Ni)…
—No debes decir nada más… tienes una deuda conmigo por tomar lo que yo más quería—. Se volvió por fin hacia mí. —Cuida bien de mi otra yo… no la dejes nunca sola, porque si hay un lugar a donde los muertos van y no has cumplido tu compromiso… te estaré esperando allá para enseñarte lo que es el infierno.
El ruido y el agua volvieron a hacer patente de su presencia. Asahina-Ni, Nagato-Ni y Koizumi-Ni regresaron de su trance y me miraron con una expresión comprensiva en el rostro, como si se hubieran enterado de lo que su líder de brigada y yo habíamos hablado. No supe que decir o hacer, así que dije o hice nada. Como si alguien hubiese puesto un enorme gancho en mi nuca, una fuerza tiró de mí hacia arriba a una velocidad indescriptible, sentí claramente cuando atravesé la columna de agua que segundos después hundiría por completo la isla de Hashima, al separar la vista del suelo pude ver las cuarteaduras en la cúpula del aislamiento que comenzaban a dejar caer trozos de su materia etérea… al ver de vuelta la isla, esta había desaparecido bajo el agua marina, y aquellos violentos invasores con ella… la luz finalmente inundó mis ojos y no fui capaz de ver nada más. El suelo detuvo mi vuelo poco después, al volver mis ojos hacia mis pies, noté la tierra suelta del patio de deportes de la Preparatoria del Norte… era un atardecer, y aquí y allá podía escuchar todo tipo de manifestaciones de vida: los cuervos graznaban, las copas de los árboles se mecían con las últimas brisas de enero, alguna radio lejana lanzaba notas al aire. Nunca, ni siquiera en ese estúpido maratón escolar del año anterior corrí tan rápido, había muchos pensamientos en mi mente, pero sólo podía dar atención a uno a la vez, y el primordial era correr, por simple lógica: corre, eso te llevará al salón del club, en el salón del club está ella… mis pulmones se comprimieron al atravesar el área de casilleros, el sudor caía en reguerillos por mis sienes y mi barbilla… no importa, sigue corriendo… los músculos de mis piernas amenazaban con reventar de un momento a otro, parece un reto sencillo, pero para alguien de mi condición, esos quinientos metros fueron un verdadero desafío… ¡ignora el dolor! ¡Sigue corriendo! El viejo edificio, más pequeño que el edificio donde están los salones regulares, se me antojaba particularmente largo esa tarde, subí las escaleras dando saltos de cuatro escalones…
—¡No está aquí!— Era la voz que quería escuchar… parecía desesperada, casi tanto como yo.
Me aposté al final de la escalera respirando suplicante por cada milímetro cúbico de aire que pudiera robar, a unos metros de la puerta del salón del club, pude ver la espalda de Koizumi y la de Nagato debajo del marco.
—Claro que está…— Dije con la voz descompuesta por el esfuerzo, haciendo que la alien y el ésper se volvieran de inmediato y Asahina asomara la cabeza desde dentro.
Pude escuchar claramente los pisotones de Haruhi atravesar el aula desde la ventana hasta el acceso y hacerlos a un lado. Se quedó plantada frente a mí, sólo separados por esos diez metros, lucía tan agitada como yo…
—Todo terminó…— Le dije recuperando el aliento.
—Claro que no, idiota… ¡acaba de comenzar!
—¿Por qué lo hiciste?— Pregunté sin esperanzas de que me respondiera en realidad. Haruhi parecía sumamente cansada y mantenía los ojos abiertos con dificultad.
—Porque no quiero que te vayas… pero tampoco quiero que te quedes sólo porque debes hacerlo…
De eso se trata todo. Del miedo que tiene de que mi deseo de estar con ella esté atado a la responsabilidad de proteger al mundo. No Haruhi. Eso no va a pasar… ¿por qué? Es simple: Yo permanezco a tu lado porque así lo deseo, porque después de todo el tiempo que llevo de conocerte no concebiría un mundo sin ti y las cosas que te definen, y eso incluye absolutamente todo: tu mal carácter, tu bizarro sentido de lo correcto, tu poca paciencia y tu mal dirigido sentido de la ética, tus incontables estupideces y el recalcítrate humor con el que torturas a quien se te ponga enfrente… tu altísimo esquema de responsabilidad que no decae aunque se enfrente a la más absurda de las campañas, a las mentiras piadosas con las que consigues lo que deseas, a la vergüenza que los buenos sentimientos de tu corazón te hacen sentir y que procuras a toda costa ocultar, a ese egocentrismo falso en el que ocultas tu preocupación por la gente a la que quieres… nadie es perfecto, ni siquiera tú, y agradezco a la vida porque sea así. Incluso si el mundo no fuera a terminar mañana por dejarte o si Haruhi-Ni no me hubiera encomendado el cuidarte siempre, o incluso ahora que no tienes ese poder que te hace tan única para el mundo… incluso en cualquiera de esos escenarios… yo estaría contigo… no había necesidad de llegar a esta petición tan rara, a este deseo combinado entre tu afán de ser ese ser tan especial y no separarte de mí, a esta aspiración hibrida que no llenaría un vació en tu corazón que únicamente puedes llenar aceptando completa la condición de tu naturaleza, de la misma forma en que yo lo hice un año atrás… es curioso, en ese entonces estaba dispuesto a dar mi vida por la tuya… ahora comprendo que el regalo supremo que puedo hacerte no es morir por ti, sino vivir por ti… y así lo haré, pero a cambio, quiero que ofrezcas lo mismo.
Eso es lo que le diría cuando todo terminara, fuera cual fuera la forma en que lo hiciera. Y lo haría así porque ella me está enseñando hasta donde está dispuesta a llegar, qué tanto está dispuesta a sacrificar.
Luego de unos momentos dejó de ser sólo el viento, el piso comenzó a cimbrar sutilmente bajo nuestros pies. Haruhara no pareció darle mucha importancia a la chica en mis brazos, pero ahora, al ser ella la portadora de los poderes de Haruhi, ignoraba que su capacidad de conceder deseos no siempre estaba atada a su voluntad.
Haruhi volvió a la inconsciencia, la llevé a uno de los autos y la deposité con cuidado en uno de los asientos, para volver luego a donde Nandaba, aparentemente mal herido, luchaba por reincorporarse.
—No puedes pelear así, Naota…— Le decía Ninamori casi como en una súplica—. Incluso aunque estuvieras bien, ella es demasiado fuerte, aún si Canti te ayuda, tú mismo me has dicho que Haruko es de temer… y con lo que acaba de obtener…
—¡Eso no es importante!— Gritó el muchacho furioso, respirando dificultosamente y apoyándose en su bajo para ponerse de pie. —Moriremos igualmente si alguien no intenta detenerla.
Luego de casi un minuto de su lastimera lucha, logro reincorporarse. Aún con la respiración agitada llamó a Canti, que solícito se apostó a su lado. Le dio su bajo amenazando con volver a caer al perder su único apoyo mientras que el androide recibía dubitativo el instrumento.
—La fuerza de Canti también decaerá cuando te unas con él…—Prosiguió Ninamori sin esperanzas reales de que el agente aduanal desistiera.
El chico le lanzó una mirada agradecida sin quitar su gesto de molestia.
—Huye de aquí. Si pierdo, quiero que estés lejos.
—De ninguna forma.
Nandaba sería nuestro último bastión de defensa y el pronóstico no era muy alentador. Creo que todos los presentes estábamos esperando un milagro, y para nuestro beneplácito, el milagro llegó.
Haruhara había comenzado a concentrarse para crear el canal N. O. del que Nandaba nos había hablado y los guijarros del suelo levitaron unos centímetros, Canti se preparó para engullir al joven, pero una pequeña detonación en el aire nos distrajo a todos. Al volvernos, Haruhara miraba sorprendida a nuestro grupo mientras su tórax humeaba por el ataque que acababa de recibir. Un par de metros detrás de mí, Kozumi tenía una mano extendida hacia ella, la cual también despedía algo de humo al haber ejecutado el disparo distractor.
—Yo lo haré—. Dijo el ésper, desembarazándose de la bufanda que cubría las marcas de su traición.
—No sabes lo que dices, muchacho, no puedes compararte con ella…
—Lo sé… por eso no voy a hacerlo solo—. Miró con los ojos llenos de determinación hacia Canti, que le regresaba un gesto confundido ("gesto" considerando que su cabeza era un cinescopio). —Claro, si tú lo aceptas.
Ahí estaba de nueva cuenta ese Koizumi que sólo aparecía en momentos como éste, que no tenía tiempo para mostrarnos una falsa sonrisa y que sin duda alguna daría todo por conseguir el objetivo que buscaba… sí, era admirable, pero aún no olvido que estuvo en el bando contrario hasta hace unos cuantos minutos, así que más le vale ganar… así podrá darnos una buena explicación o una gran excusa, y por supuesto, quiero una disculpa.
Haruhara rió en un tono que me recordó al mítico Papá Noel y se llevó las manos al estómago viendo divertida la escena.
—¡Qué venga el muchacho! ¡Mira qué cara tan seria ha puesto! Hace un par de días no parecías tan molesto… de hecho, esta misma mañana lucías muy feliz—. Le espetó la alienígena con desdén.
—En efecto… hasta esta mañana estaba muy feliz. Sé que todo esto fue mi culpa en primer lugar, por creer en lo que me decías. Fui débil y crédulo, y por mi falta de carácter traicioné a mis amigos y la gente cercana a mí. No merezco ni persigo su perdón… pero quisiera… desearía la oportunidad de reivindicarme con ellos.
Matizando la elocuencia que caracterizaba al vice comandante, estaba la seriedad de muerte que reflejaba en el rostro, esa expresión nostálgica que nunca había visto en su cara eternamente sonriente… parece que de verdad le afectó, creyó de verdad en las palabras de Haruhara… quizás en realidad llegó a sentir algo más por ella… y ahora se enfrenta a este desengaño… Haruhara, en el aire, seguía mostrando esa mueca desencaja de puro gozo, la misma de quien disfruta burlándose de los sentimientos ajenos. Aquella que te hace desear que sufra mucho más dolor del que tú ya has padecido.
—Dale una lección—. Dijo Nandaba de pronto, apoyándose del hombro de Ninamori. —No eres el primero con el que juega de esa manera. De ti depende ser el último.
Koizumi me dedicó una mirada significativa, luego caminó hasta llegar a Canti y le asintió. El torso del robot volvió a abrirse en forma de un hocico enorme y se tragó al ésper… esperamos unos segundos hasta que el azul celeste del androide devino en verde, retrocedió un par de pasos y estiró los brazos. Una esfera de luz escarlata lo rodeó y salió disparado al encuentro con la problemática extraterrestre. Un robot-ésper… Haruhi estará fascinada cuando se lo cuente.
El primer ataque fue feroz. La onda expansiva del impacto nos obligó a cubrirnos el rostro y reventó las ventanas a unos quinientos metros a la redonda. Ninamori y yo ayudamos a Nandaba a alejarse de la escena mientras que los contendientes se perseguían aquí y allá en el cielo, ya había visto un combate semejante, sólo que esta vez Canti no debía alcanzarla para intentar golpearla con el bajo, sino que también lanzaba esferas de luz, teniendo buen cuidado de sólo lanzar dichos ataques cuando Haruhara estaba arriba para evitar que alguno de sus disparos lastimara a cualquier transeúnte despistado, dado que no estábamos en un aislamiento esta vez.
Por un momento me sentí en un día soleado en Tatooine… sí, eran cerca de las diez de la mañana y el sol casi había alcanzado el cenit, y pensé que con la pelea Haruhara había pospuesto la creación de su canal N. O., pero no fue así… algo parecido a un fantasmagórico segundo sol había comenzado a brillar al lado del astro rey.
—¡Ya comenzó!— Exclamó el agente aduanal. —¡No tenemos mucho tiempo!
Esta vez sí se hizo patente la presencia de otras personas. Algunas exclamaciones de miedo comenzaron a inundar el ambiente, pues la vibración bajo nuestros pies se había convertido en un franco movimiento telúrico, y mi país es bien conocido por su frecuencia e intensidad en ese tipo de fenómenos, eso sin contar con que objetos pequeños del suelo salían lentamente hacia las alturas y la luz blanca matutina ganaba una tonalidad rojiza.
Corrí tan rápido como pude hasta donde se hallaba la bella durmiente, pellizqué sus mejillas y le di un par de leves palmadas para despertarla, aunque sin resultado.
—¿Cómo vamos a explicar todo esto?— Pregunté a Nagato, casi flotante como un fantasma a mi espalda.
—A menos que Koizumi Itsuki tenga éxito, no es una prioridad preocuparse por eso, si pierde, todo en un área de ciento veinte kilómetros a la redonda morirá o será llevado a otra región de la galaxia donde no existen las condiciones para propiciar la vida como es conocida en este planeta.
—Nos vendría bien darle una mano, ¿no crees?
—No puedo intervenir. A reserva de las restricciones del buró sobre mí, no quisiera inmiscuirme en la pelea.
—¿Por qué?— Sería la primera vez que vería esa expresión tan difícil de interpretar en nuestra alíen, aunque por fortuna, no la última. Señaló con su índice al ésper y dijo:
—Porque es su pelea.
Cuando mis ojos volvieron al cielo capturé el momento preciso en que Haruhara recibía con la mejilla un devastador guitarrazo que la lanzó un centenar de metros hacia el norte, sin amargo, sin quitar el júbilo del rostro regresó a la carga, arremetiendo con entusiasmo contra nuestro robot paranormal.
—Además… él puede hacerlo. Sólo debemos creer en él—. La voz de Haruhi sonaba exhausta, pero de alguna manera estaba logrando mantenerse despierta.
Tome sus mejillas e hice que me viera a los ojos:
—No debiste hacerlo. No era necesario que te sacrificaras de esa forma.
—Hace tiempo alguien me enseñó que cuando haces las cosas gustosamente, no existe el sacrificio.
—Por eso mismo… hay gente que nace con tendencia a la calvicie, que son obesos o que son estúpidos… puedes pretender toda tu vida que no lo eres, pero no puedes renunciar a tu propia esencia por siempre. Tú, por algún motivo que desconozco fuiste dotada de un inexplicable poder, y negarlo sería como negar que te amo igual con o sin él… sin embargo, tu quizás no volverías a ser la misma si lo perdieras, ¿No crees?— Creo que acabo de descubrir que volverse un adulto se refiere precisamente a eso: aceptarte y crecer, y tomar responsabilidad por lo hagas en ese proceso. Aún sin sus poderes, sé que adivina mis pensamientos por la expresión en su cada vez más lúcido rostro.
—Ya lo entiendo—. Dijo con seriedad. —¿Qué debemos hacer ahora?
La levanté con cuidado del asiento y me giré hacia donde la pelea continuaba.
—Debemos ir a recuperar lo que es tuyo.
—Entonces debo llegar hasta ella—. Responde viéndola luchar en el aire… no está pensando en volar hasta ella, ¿verdad?
El viento era ya un auténtico tifón que lanzaba ráfagas particularmente fuertes a cada golpe con el que se agredían los dos peleadores en el aire. El cielo, ahora rojo, revolvía las pocas nubes alrededor del falso sol y había todo tipo de residuos flotando por doquier. Con un paso cada vez más firme, Haruhi caminó contra aquel viento inclemente, mientras que algún tipo de campo magnético perverso emanado del ojo del canal N. O. comenzó a succionar piezas metálicas cada vez más grandes, comenzando por las antenas en los tejados de las casas, para luego ir por el cableado y el alumbrado público, y un minuto después llevándose automóviles pequeños y haciendo que los grandes comenzaran a pelear contra la gravedad. Por algún motivo que aún hoy desconozco, no la seguí. La vi andar entre los detritos, sujetándose el cabello para evitar que tapara su rostro. La primera vez que corrí hacia ella fue cuando vi un vehículo salir despedido en su dirección, sin embargo, nuestra confiable alienígena, más rápida y ágil, se adelantó y detuvo su vuelo a mano desnuda, desviando su trayectoria del camino de Haruhi y lanzándolo hacia arriba. Cada paso que yo intentaba dar representaba un esfuerzo mayor al que hubiera hecho jamás, era como si estuviera expuesto a la gravedad de Júpiter y el viento hacía particularmente difícil mantener los ojos abiertos. Haruhi seguía su marcha hacia los contendientes, cada vez más prestos y precisos en sus golpes, y llevaba una ventaja de medio centenar de metros de mí; estaba preparándome para salir corriendo hacia ella cuando un gemido me hizo volverme a mi izquierda, a uno de los autos. El lamento venía de labios de Ninamori.
—¿Qué sucede?— Le pregunté casi a gritos al acercarme al auto de La Agencia donde Nandaba ocupaba el asiento trasero. Ella estaba de pie a su lado, parecía bastante asustada.
—¡No sé que le sucede a Naota!
Con mis nulos conocimientos de medicina examiné al chico. Había quedado inconsciente y su rostro estaba pálido cual papel… parecía malherido. Una parte de mí no me permitía dejarlo a su suerte, pero instintivamente me volví hacia Haruhi, cada vez más distante, y tampoco la dejaría a ella… debíamos resolverlo rápido.
—¡Nagato!— A mi llamado, la alien corrió ignorando por completo el vendaval y se detuvo a mi lado, inamovible. —¿Sabes qué le sucede?
Me aparté y ella se hincó ante el joven. Lo observó quizás por un par de segundos y puso su derecha sobre el abdomen de Nandaba, fue un toque muy delicado, pero el chico despertó dando un grito de dolor.
—Tiene fracturada la sexta costilla verdadera derecha por compresión de la caja torácica, se astilló de tal forma que un fragmento importante se incrustó en el cardias su estómago. Es una lesión fatal—. Dijo sin entusiasmo, haciendo que se me erizara el cabello y que Ninamori palideciera aún más que el convaleciente.
—¿Puedes arreglarlo?
—Tengo la capacidad—. Dijo ella y volvió a estirar la mano hacia el chico, que la interceptó antes de que volviera a hacer contacto con su abdomen.
—No debes… serás expulsada…— Le advirtió con una mirada algo difícil de interpretar dada su palidez y cuan hundidos lucían sus ojos.
Nagato se volvió sólo un instante hacia él, luego simplemente dijo:
—Qué así sea entonces—. Sin esperar ningún tipo de aprobación u orden, Nagato presionó el estómago del muchacho, que ahogó como pudo un nuevo grito de dolor mientras la extraterrestre decía la palabra mágica: —Armonización.
El proceso terminó luego de unos segundos y Nandaba tomó un profundo respiro antes de salir del asiento trasero del auto donde estaba, que unos instantes después comenzó a flotar hacia la luz en el vórtice que la energía de atracción le trazaba. Se quedó mirando al suelo, pareciendo un niño regañado mientras Ninamori se colgaba a su cuello con lágrimas en los ojos. No teniendo nada más que hacer ahí, quedaba una última cosa por hacer: alcanzar a nuestra líder.
—Eso será fácil—. Dijo Asahina a acercarse a nosotros mientras sujetaba con vergüenza su falda escolar, que volaba por capricho del viento. —Quizás todo termine ahí… pero sería grandioso si estamos todos juntos al final, ¿verdad?
Asentí a nuestra bonita ronin que nos tendió la mano para salvar en un solo movimiento la distancia que nos separaba de Haruhi. La amistad no se manifiesta siempre en tiempos de bonanza, se hace más evidente precisamente durante las crisis, ese día confirmé que lo que unía a la Brigada SOS era algo parecido a lo que mantenía unida a una familia, y me sentí muy conmovido de saber que esas dos chicas estaban dispuestas a morir junto con nosotros… incluso tengo la sensación de que Koizumi, arriba en los aires, peleando, comparte ese mismo sentimiento.
Así, tomados de la mano, aparecimos a espaldas de nuestra jefa de brigada. A esta distancia, el viento era casi irresistible y hacía difícil incluso el seguir desplazándose sin sentir que saldría volando en cualquier momento. Me solté de las dos chicas y tomé los hombros de Haruhi mientras ellas se colgaban cada una de una sus manos, Haruhi seguía su lenta marcha y finalmente llegamos debajo del origen del canal N. O.
No había perdido de vista el combate desde que comenzó. Al igual que hizo con Koizumi-Ni hace un tiempo, Koizumi-Canti administraba formidablemente sus recursos contra una contrincante superior y estaba logrando cansarla y distraerla, tanto así que su malsana sonrisa se había esfumado.
—¡Haruko!— Gritó mi novia tan fuerte como pudo. Fue suficiente para que perdiera concentración y Canti conectara un buen golpe en su abdomen, acercándola al suelo.
—¡No es un buen momento, niña!
—¡Lo sé! ¡Sólo devuélveme lo que es mío y la pelea terminará! ¡Ellos son mucho mejores y no tienes oportunidad!
—¡No seas estúpida! ¡Puedo acabar con los dos sin problemas!— Dicho eso, un nuevo golpe directo a su cabeza fue bloqueado a duras penas por su guitarra doble, obligándola a ir más abajo aún.
—¡Pues a mí no me lo parece…!
—¡Mierda! ¿Podrías hacer algo de silencio?
—¡Si no tuvieras que concentrarte en hacer ese agujero negro, podrías vencer a Koizumi y a Canti con facilidad!
—¡Con un demonio, cállate!
—¿No desearías vencerlos? ¿O no tener que esforzarte para mantener el canal? ¿O no tener más ese poder? Te está dando muchos problemas, ¿no crees?
—¡Bajaré únicamente a matarte si no cierras la boca de una maldita vez!
—¡Sólo deséalo!
Haruhara decidió que lo mejor sería ignorar a Haruhi y no respondió más. Por desgracia para ella, era muy tarde. Se preparó para bloquear el bajo que Canti llevaba en las manos frente a ella. Entonces lo notó, supongo que al mismo tiempo que yo: Canti no era verde ya, tampoco lo rodeaba la esfera roja… antes de poder darse la vuelta Koizumi la abrazó por la cintura.
—Yo creí en ti—. Le dijo apesadumbrado.
—¡Ese fue tu error, no me hagas responsable por ser una estúpida y primitiva forma de vida que sólo desea satisfacer lo más básico…! ¡Mi raza trascendió eso hace millones de años!
—Si ese es el camino al que la evolución de la consciencia nos llevará, ojalá nos extingamos antes de llegar ahí.
El ésper no dijo más a la que me pareció había sido su primer amor. Su abrazo a la cintura se convirtió en una llave de crucifico que dejó la cabeza de la alien expuesta, y haciendo acopio de toda su concentración, soltó una descarga de energía sobre ella que la hizo lanzar un lamento, dejándola extenuada. Canti los alcanzó al momento siguiente, tomando completamente indefensa a la alienígena. El sonido del bajo fue ensordecedor y el golpe cayó sin amortiguación alguna sobre la coronilla de Haruhara, haciéndome temer que su cráneo se hubiera partido por la mitad.
Koizumi la soltó, dejándola caer en picado hacia donde nosotros estábamos, el viento comenzó a ceder y el eje del canal N. O. se disolvió en el aire, las cosas que volaban en torno a él comenzaron a caer lentamente al suelo y la extraña luz roja de disipó, revelando el azul natural de la mañana.
Haruhara cayó sobre su espalda a unos metros de nosotros, sobre un montículo formado de puros desperdicios que cayeron del cielo al cerrarse el canal. Haruhi hizo camino hacia ella indicándonos con una mano que nos quedáramos donde estábamos. Pensé que a razón del último golpe y la caída, quizás lo que encontraría sería un cadáver extraterrestre. Para mi sorpresa, aunque maltrecha, Haruhara luchó por levantarse, aunque sólo logró quedar sobre sus rodillas. Koizumi y Canti aterrizaron junto a nosotros, Nandaba y Ninamori se nos habían unido también. Haruhi escaló el pequeño montículo y se plantó frente a la chica del cabello rosa. Haruhara no levantó la vista, pude ver a Haruhi hablar, pero no pude escuchar lo que decía, intercambiaron unos cuantos comentarios y luego de unos segundos, Koizumi, aún con un matiz de arrepentimiento en la voz, fue el primero en hablar:
—Está hecho—. Dijo mirándose las manos. —Suzumiya es nuevamente dueña de su poder.
—Es ella… arréstenla—. Ese fue Nandaba. Media docena de hombres pasaron entre nosotros en dirección a las chicas que conversaban, todos eran altos y esbeltos y cargaban chaquetas muy semejantes a las de Nandaba y Canti, sólo que los caracteres impresos en ellas no eran como ningunos que hubiera visto antes. —Agentes de la Hermandad Galáctica—. Respondió el chico a mi pregunta no verbal.
Haruhara no peleó más. Uno de los agentes llevaba la vespa amarilla, el otro confiscó la guitarra doble y otros dos tomaron a Haruhara. El que llevaba la motocicleta depositó a Shamisen en el suelo, y éste corrió de inmediato hacia mí, lo tomé en brazos y todos observamos a los agentes llevarse a Haruhara hacia el cielo, caminando en el aire como si no pesaran un solo gramo.
—¿Qué pasará con ella?— Pregunté viéndolos alejarse.
—Es una desertora. Lo más seguro es que la acusen de traición, también se volvió contrabandista, y uno de los crímenes más serios es poner vidas de especies subdesarrolladas en peligro. Tal vez la ejecuten.
No pregunté nada más. Sí, se portó muy mal aquí y todo eso, pero francamente no le podría desear la muerte a nadie.
Haruhi miraba hacia el mismo punto que yo, donde segundos atrás Haruhara había desaparecido custodiada por los policías galácticos, por tanto, veía su espalda. Una brisa primaveral acarició la ciudad, llevándose el polvo que la pelea dejó. El cabelló de Haruhi se meció con esa brisa, de tal suerte que su listón amarillo se desanudó y salió volando hacia el cielo, sin embargo, a ella no le preocupó, ni siquiera le prestó atención… tenía muchos repuestos en casa, pero lo que no sabía era que sería la última vez que llevaría un listón en el cabello en mucho tiempo. Se dio la vuelta para encararme, sonriente, y quizás por la ausencia del listón y el mayor volumen y largo de cabello, me pareció mayor… más madura y mucho más hermosa.
Caminó hacia nosotros y al estar todos reunidos, Koizumi se dejó caer sobre sus rodillas.
—Lo lamento muchísimo… entiendo la gravedad de mi falta y…
Haruhi se acuclilló frente a él y con ternura levantó su barbilla, haciéndolo callar y que la viera a los ojos.
—Por casi tres años has sido un magnífico vice-comandante de brigada. Cada cierto número de años tienes permitido un desplante—. No es la primera vez que veo ese espíritu compasivo en ella, no guarda rencores, ella simplemente no es así. —¡Felicidades a todos, muchachos. La Brigada SOS ha vuelto a salvar el día! ¡Koizumi!
—¡Ordene, Comandante Suzumiya!
—¡Convoca a toda la Agencia, quiero que ayuden a todas las personas afectadas! ¡También necesito una buena coartada para los eventos de hoy!
—¡Así será!— Respondió el lamebotas oficial de la brigada y diligente salió en busca de sus colegas.
Haruhi tomó mi mano y vimos al ésper alejarse.
—¿Eso es todo? ¿Sólo lo perdonarás?— Pregunté.
—Claro. Es un buen chico… espero que no tengas planeado nada para el resto del día, quisiera ir a casa.
Llamadas de mis padres y los padres de Haruhi preguntando por nuestra integridad hicieron vibrar nuestros teléfonos. Respondidas las preguntas correspondientes, dichos aparatos fueron apagados.
Llegamos a casa casi media hora después de terminado el espectáculo y de sólo cruzar la puerta, comenzamos a besarnos. De verdad, mucho… tanto que tardamos diez minutos en llegar al sofá, pero una vez ahí, la calidad y elaboración de los besos y las caricias se hicieron más y más intensas, era como estar sediento a la mitad del desierto y encontrar de repente el más abundante y cristalino oasis. Mis labios pronto dejaron de concentrarse en los suyos y comenzaron a hacer camino por su cuello, mientras que mis manos buscaban refugio en su cintura y sus caderas, de cuando en cuando ella tomaba con delicadeza mi rostro y apasionada depositaba directamente su lengua en mi boca, luego se dejaba hacer. Ignoró si fueron diez minutos o una hora, pero todo el previo fue tan espontáneo y bien dirigido, que al momento mismo de volvernos uno, alcanzó su primer orgasmo. No luchamos como normalmente lo hacemos por hacer los movimientos más elaborados o certeros… sólo nos dejamos llevar por todo el amor que no nos habíamos podido expresar de esta manera por tanto tiempo. Terminado el primer round, la tome en brazos y la llevé escaleras arriba, sólo ahí notamos que apenas si nos habíamos despojado de las prendas más elementales y seguíamos parcialmente vestidos, así que con un poco más de calma, nos deshicimos del resto. Ahí fue ella quien tomó más iniciativa y después de una enloquecedora sesión de caricias orales que hizo que recuperara el vigor, se me fue encima (literalmente). Es difícil describirlo… por un lado, me llenaba de ternura la expresión de su rostro y sus ojos cerrados, por otro lado, pero al mismo tiempo, era el movimiento circular de sus caderas, el involuntario meneo de sus senos y sus estimulantes suspiros y gemidos… no pude evitarlo y la tomé por la cintura sin intervenir en sus movimientos.
—Eres bellísima…
Bastó sólo eso para hacerla llegar al cielo otra vez… no abrió los ojos y una sonrisa sincera se dibujó en sus labios, pero no se detuvo una vez llegando ahí, continuó hasta que me vio perder el control a mí también y sintió mi semilla llenar su vientre.
Hicimos el amor un par de veces más y luego dormimos un poco.
Cuando abrí los ojos, la noche había caído ya, aunque aún era temprano. Haruhi, seguramente despierta desde mucho tiempo antes, se refugiaba en mi regazo y acariciaba mi pecho.
—Deberíamos comer algo—. Dije con voz somnolienta y sólo para abrir conversación.
—¿Tienes hambre?
—La verdad es que no… al menos no de comida…
—Pervertido…— Se quedó en ese silencio que indica que aún no has terminado de hablar.
—¿Qué pasa?
—Eh… sí, bueno… quería consultarte… más bien, pedirte algo…
—¿Y qué es?
—Estuve leyendo… acerca de otra forma de hacerlo…
—¿Hacer qué?
—Hacer el amor, idiota.
—Oh… ¿Quieres intentarlo?
—Sí…
—¿Y cómo es?— Hundió su rostro aún más en mi pecho ante mi pregunta.
—Eh… mejor olvídalo, es vergonzoso…
—¿Mi jefa de brigada avergonzada? ¡Sólo dilo! ¡Nadie más se enterará!— Respondí divertido.
—De acuerdo… ¿cómo explicarte…? Eh… pues… quisiera intentarlo…— Acercó su rostro al mío y susurró en mi oído: —…por la puerta trasera…
Dicho eso, su rostro teñido de escarlata volvió a ocultarse. La verdad es que me costó algunos segundos entender su metáfora, de tal modo que nos imaginé haciendo el amor bajo el cobertizo de la salida de la cocina… un momento… puerta trasera…
—¿Me estás diciendo que quieres que te lo haga por…?
—¡No lo digas…!— Me interrumpió. —¿Quieres intentarlo sí o no?
—Eh… sí, supongo… pero creo que necesitaremos…
—¿Esto?— Dijo dándose vuelta hacia el buró de su lado, sacando un pequeño tubo de lubricante.
—¿De dónde demonios sacaste eso?
—Lo compré por internet—. Por supuesto…
Así, pasamos los minutos siguientes con más besos y caricias, hasta que volvimos a estar a tono y listos para ejecutar el experimento.
—¿Estás segura?— Confirmo mientras me acomodo detrás de ella y la veo sujetarse de la cabecera de la cama.
—Sí… si eres tú, está bien...
Sin estar plenamente convencido aún, me acerqué y besé la parte posterior de su cuello mientras tomaba su cintura, poco a poco comencé a bajar con mis labios a través de su espalda, besando con delicadeza su columna, pasando mi lengua por sus costados haciéndola reír con nerviosismo, y no pude evitar morder uno de sus glúteos, arrancándole un reclamo.
—¿Qué estás haciendo?— Me pregunta dubitativa al sentirme dándole masaje oral.
—Preparándote… ¿No te gusta…? ¿Me detengo?
—No… sigue… es sólo que se siente un poco raro… pero no es desagradable…
Luce nerviosa. No la culpo, yo mismo no sé con exactitud lo que se supone debería hacer, de lo que si me queda constancia es que debo hacerlo con muchísimo cuidado. Eso resulta particularmente difícil justo ahora… a unos centímetros delante de mí está una mujer bellísima, desnuda y en actitud receptiva, buena parte de mi concentración está perdida en contemplar su figura, eso sin hablar del aroma de su cabello y el sabor su sudor.
Tomé el tubito e hice lo que creí sería lo más adecuado: puse una cantidad importante de su contenido sobre mis dedos y con suavidad comencé a dar un masaje nada invasivo sobre el sitio en cuestión. Ella dio un respingo y comenzó a respirar más de prisa. Volví a hundir mi rostro en su cabello, alcanzando su cuello con mis labios, con mi mano libre alcancé se monte de Venus, haciendo una rutina ya conocida por ambos y que tantos suspiros le había arrancado en el pasado. Cinco minutos después, mi juego de manos ya había empapado su vientre y ella resoplaba mientras se giraba de cuando en cuando para besarme, decidí que ese sería el momento para dar el siguiente paso. La primera falange de mi índice resbaló en su interior sin problemas, ella apenas si lo notó, parecía más concentrada en las actividades de mi otra mano en su vulva, sin embargo, al aventurar la segunda sección del mismo dedo, hizo un mohín.
—¿Estoy lastimándote?— Pregunté.
—No… de hecho… está muy bien… continúa…
Mi dedo corazón hizo su incursión en ese momento, despacio, dejando que ella se acostumbrara a la invasión. Un poco después, cuando ambos estaban al tope, ella comenzó a cooperar. Incluso trataba de moverse, haciendo que la profundidad de mi toque aumentara, y en combinación a las caricias que daba a su sexo, de verdad parecía estarlo disfrutando. Así, aumenté la velocidad y ritmo de mis manos, y luego de un breve pero constante jugueteo, la vi tener un orgasmo intenso que reblandeció sus rodillas y aumentó la ya de por sí abundante humedad. Retiró mi derecha de su vientre y con la misma presionó su bajo abdomen, sin soltarla hasta que los espasmos terminaron.
—I-imbécil…— Tiene un orgasmo y me insulta. De verdad está loca. —Hazlo…— Me ordenó momentos después. —Estoy lista…
Levantó un poco más las caderas mientras la tomaba por el talle. Como si la imagen que tenía enfrente no hubiera sido muy estimulante ya, puso ambas manos sobre sus glúteos, abriéndolos, dándome un panorama que casi logró que todo terminara ahí mismo.
—¿Está bien así?— Preguntó. Tardé mucho en responder y se volvió al notar mi mutismo. Su rostro se tiñó de escarlata. —¡Deja de verme con esa mirada tan pervertida!— Me espeta cerrando los ojos, llena de vergüenza.
Puse mis manos sobre las suyas y apunté mi virilidad hacia su destino. Tan lento como me fue posible, fui entrando… fui asaltado por una gran combinación de sensaciones en ese momento… lo estrecho y caliente me hizo ver luces de colores por unos segundos, aunque procuré no perderme dentro de mí mismo, pues podría lastimarla, me mantuve al pendiente de su respiración y sus expresiones por cada centímetro ganado en sus entrañas, hasta que finalmente mi cuerpo quedó completamente unido al suyo. Por unos momentos clavó sus uñas en mis muslos, única reacción que supongo se le ocurrió.
—E-está adentro…— Murmuró, pareciendo sorprendida.
—¿Estás bien? ¿Te estoy haciendo daño?
—Es como una muela con caries…—Dijo sonriendo, aunque aún con una reminiscencia de dolor en la expresión y sin abrir los ojos todavía.
—¿Una muela con caries?
—Sí…— Me miró y sonrió más abiertamente. —Te duele muchísimo, pero no quieres que te la saquen.
Reímos. Era una buena forma de evitar la tensión del momento, de relajar los músculos, cosa que seguramente nos vendría bien a ambos. Al quedar en silencio nuevamente, levantó sus brazos por detrás de su cabeza, capturando la mía y llevando mi oído cerca de sus labios.
—¿Me amas?— Susurró con un tono de voz que nunca había escuchado de ella.
—Como un loco.
—¿Y lo harás siempre?
—Hasta que muera… aunque con el ritmo de vida que me das, eso será en poco tiempo.
—Babas…— Terminado ese pequeño breviario romántico, su expresión volvió a tener ese matiz lascivo que me aterra. —Entonces… no tengas reservas…
—¿Qué quieres decir?
Entrecerró un poco los ojos, ahora llenos de un extraño brillo.
—Destrózame… y si no me gusta, haré que te arrepientas el resto de tu vida.
Comenzamos una lenta, pero firme danza amorosa, que iba ganando velocidad poco a poco. Debo ser honesto y admitir que traté de pensar en otras cosas mientras eso pasaba, principalmente porque la sensación era simplemente demasiado para manejarla.
—Maldita sea…— Dijo ella con voz entrecortada.
—¿Qué pasa…?
—Eres muy bueno…— Dijo en un suspiro.
—¿Ya no te duele?
—Para nada.
Hice que se incorporara hasta que su espalda quedó junto a mi pecho, y puse una mano sobre su rostro… supongo que simplemente dejándose llevar por el momento, comenzó a chupar y pasar la lengua por mis dedos… eso fue excitante… así que yo debía hacer algo igual de extravagante. Esa misma mano humedecida por su saliva bajó hasta llegar a su bajo abdomen y con ella toqué con ternura su zona íntima. Supongo que un tanto sorprendida por cómo se estaban desarrollando las cosas, se dejó hacer. Luego de unos minutos, se aferraba a esa mano que daba tan cruel castigo a su vientre y también me dejé llevar. El final fue tan intenso y estábamos tan bien sincronizados que ninguno fue capaz de suprimir un grito y me quedé abrazado de su cintura sin poder moverme por algunos segundos. Luego, con sumo cuidado, nos separamos y nos tendimos sobre la cama.
Pasaron unos minutos y decidimos tomar una ducha, lo que ocasionó que a mitad de dicha práctica, un par de cuerpos cubiertos de espuma de jabón volvieran a interactuar…
Nuevamente la alcoba. Tres con cinco de la mañana. No podía dormir y estaba sentado sobre el colchón. Haruhi, sin embargo, más que dormir, se había desmayado sobre la cama y yo la observaba. Es como un ángel. Sus brazos están juntos a unos centímetros de su rostro, su torso se curva diligentemente y se alinea con sus piernas, formando un arco fetal. Su inexistente abdomen se hincha cada pocos segundos por la respiración y su cabello cae como un charco de tinta marrón sobre las almohadas. Su rostro dormido es digno de ser la inspiración de un poeta épico, simplemente no tengo palabras para describirlo.
Quizás sería la intensidad de mi mirada, y ella despertó. Se talló los ojos y se sentó en la cama, frente a mí.
—Te amo—. Le dije sin más.
—Lo sé. Yo también.
—No, no lo sabes… te amo y quiero estar siempre contigo.
—Sí, eso también lo sé.
—Sigo pensando que no lo sabes en realidad… que no lo entiendes… así que por si no cabe en tu cabezota lo que trato de decirte, lo diré directamente: quiero que nos casemos.
Su gesto se endureció un poco y trató de estudiarme con la mirada.
—Esa es una broma terrible… no deberías jugar con ese tipo de cosas…
—No lo hago.
Estaba preparado. De entre las sábanas, detrás de mí, saqué el diminuto obsequio que fui a buscar en compañía de Asahina y que había consumido mis ahorros. Valía la pena gastarlo en ella, ya vería de qué forma la haría pagar por ello. Catorce quilates de oro blanco coronados por un pequeño diamante. Un anillo de compromiso. Su rostro se reblandeció de inmediato… de hecho me dio la impresión de que su cara se rompería en cualquier momento, pero la expresión de seriedad no cambió en lo más mínimo. Me acerqué con delicadeza y tomé su mano izquierda, deslizando la pieza suavemente por su anular mientras ella miraba incrédula. Se quedó observándola, pero no parecía tener intención de decir nada. Iba a preguntarle qué respondía cuando noté que gruesas lágrimas caían de sus ojos, aún sin volverse a verme.
—Sí…— Dijo en un hilo de voz, contestado a mi próxima pregunta.
Se abrazó a mi cuello, haciéndome temer que moriría estrangulado involuntariamente… no fue una cena romántica, no fue un paseo por la rivera del río ni un viaje en globo… fue una madrugada, desnudos en nuestra alcoba.
Capítulo 6.
Fin.
