Oh cruel destino, ¿Por qué engatusaste de tal manera a esta pobre joven? ¿Acaso creía que ese era el fin de su historia con el muchacho? ¡Oh, que equivocada estaba!
La miró directo a los ojos. ¿Cómo es que antes no había apreciado la belleza de aquellas gemas? Sus ojos marrones eran dos piedras preciosas, pensó, difícil de encontrar, fácil de apreciar. ¿Cómo es que había sido ignorante durante tanto tiempo? Todo aquello que deba suceder, sucede, pero a su debido momento.
Pero por el momento, debía volver a poner los pies sobre la tierra. Sus alas aún no debían volar.
¿Qué demonios acababa de hacer? ¿Qué demonios acaba de decir? ¿Qué demonios pensaba ella al corresponderle? Fue un arrebato, lo más lógico hubiese sido que Granger le empujase lejos, que le insultase hasta que su boca quedara seca, pero no, le había correspondido ¿Acaso ella también se arrebato? Si, seguro era eso. Aunque ese no era su mayor tormento, lo que más le preocupaba, era que había besado una sangre sucia, y no le desagrado en absoluto. Todo lo contrario, volvería a besarla sin dudarlo, pero no. Eso no estaba para nada bien. Cuanto antes olvide lo sucedido, mejor sería. Tanto como para él como para ella.
Se dio la vuelta para irse, no sin antes cruzar su última palabra:
-Y Granger, lo que acaba de pasar, a nadie. –y siguió su camino sin importarle dejar a cierta castaña totalmente aturdida.
Claro que no le contaría que Malfoy la había besado a nadie. Se avergonzaba de aquello. Pero si se avergonzaba… ¿Por qué lo disfrutó? No le encontraba sentido. Mejor sería olvidar aquella noche en la biblioteca, tal cual no hubiese sucedido.
Se dirigió a la torre de Gryffindor para sumergirse en el más profundo de los sueños, lo necesitaba, necesitaba olvidar, y que mejor remedio para el olvido ¿Qué una buena almohada? Mañana todo estaría en el recuerdo, como si fuese algo muy lejano o tal vez, un sueño estúpido.
El año siguió sin más que los deslices normales entre ellos.
Harry estaba obsesionado con Malfoy, estaba seguro que salía del colegio por algún motivo, y reafirmaba una y otra vez que Draco era un mortífago desde antes que comience el ciclo escolar. Ella lo negaba a muerte, por que en el fondo, no quería creerlo. Si fuese verdad, ¿Había besado a un mortífago? Oh, rayos. No, no podía ser cierto. Pero las sospechas de su amigo se confirmaron. Dumbledore estaba muerto, Malfoy estuvo apunto de matarle. Si, si era un mortífago, pero no tenía las agallas para asesinar a alguien, y eso la hizo sentir mejor. Ahora se dedicaría junto con Harry y Ron a buscar Horrocruxes.
Era el día de vuelta a casa, y había tomado una decisión. No podía permitirse que sus padres sufriesen por ella. Una guerra se avecinaba, y no iba echarse atrás, estaba la posibilidad de que muera en el intento de proteger su mundo de Lord Voldemort, y sabía que sería un daño irreparable para sus padres, tenían que olvidarla.
Bajo del expreso, allí se encontraban sus padres, mirándola con añoranza. ¿Qué sucedería si nunca más los volviese a ver después de ese verano? ¿Qué sería de su vida sin su padre y su madre? No lo quería imaginar.
Llegaron a su casa en Londres, subió las escaleras y entró a lo que tal vez, jamás volvería a ser su habitación.
Tomo un bolso y le aplico un hechizo expansor no detectable, empaco todo lo que necesitaría y reuniendo fuerzas, alzó su varita hacia sus padres y susurró:
-Obliviate.
Una de sus lágrimas, escapó para recorrer su mejilla. Se sentía derrotada, ¿Por qué la vida es tan injusta? ¿Por qué tenía que separarse de aquellos a los que amaba? Se preguntó. Pero la vida le tenía preparada una sorpresa, para compensar su valentía.
Salió de la casa que fue el techo de su infancia, hasta que Hogwarts se volvió su hogar. La tristeza que sentía en aquellos momentos, se transformaron en sorpresa y algo de miedo, cuando al doblar en la esquina, sintió como la tomaban por la cintura y le tapaban la boca para arrastrarla por un callejón sin salida. Una vez que llegaron a la parte más oscura, su captor la soltó. Quiso moverse, pero no pudo. Quiso gritar, tampoco pudo. Podía ver, si, y también escuchar, y ese aroma a cloaca, le decía que también podía oler. Había sido petrificada, y la habían silenciado. Estaba asustada, muy asustada. ¿Y si eran los mortífagos? No fue hasta que la silueta de Draco Malfoy se posó ante sus ojos, que se relajó. No supo por que exactamente, pero que sea el su captor, no la inquietaba en absoluto ¿valentía? O más bien ¿Confianza? Tal vez.
-Granger, ¿En que diablos estabas pensando cuando decidiste venir a la casa de tus padres? ¿Qué acaso no sabes que si te tomaran el rastro te torturarían a ti y a ellos? Pensé que eras más inteligente. –y con un movimiento de su varita le devolvió el habla y la movilidad -¿y además sales a pasear como si estuvieses en el Callejón Diagon? El asunto esta complicado por si no lo sabias.
-¿A que rayos te refieres? –exclamó encolerizada, ¿Quién se creía él para retarla? ¿Su padre? -¿Qué haces aquí?
Malfoy abrió los ojos como platos, como si el sorprendido fuese él.
-Por si no es obvio, te vengo siguiendo desde que saliste del expreso.
¿Por si no es obvio? ¿Por qué tenía que ser obvio? ¿Por qué la seguía? Un momento, él realmente era un mortífago, Harry había visto su marca, ¿Vendría para saber del paradero de su amigo?
-Eres un mortífago... - llegó a susurrar.
La cara de sorpresa que antes tenía, se transformo en una de horror. Como si le atormentase el simple recuerdo de ser un seguidor de Voldemort, como si el no quisiese estar del otro bando.
-Si. –dijo con la vista perdida, mientras se levantaba la manga de la camisa del brazo izquierdo. Relucía una calavera, con una serpiente que salía de su boca. Miró su marca, y luego a Hermione, tal vez esperando que le insultase, tal como merecía.
-¿Por qué? –Preguntó con la voz más débil de lo que se imaginaba.
-No tuve opción. –y volvió a tapar aquel tatuaje, cuando reposó sus ojos otra vez en la muchacha, esta noto que se habían llenado de lágrimas. No, el no quería. Pero debía.
-Escúchame, Granger. –Dijo con tono impersonal –Debes volver con los Weasley, o alguna otra familia mágica, allí estarás a salvo.
-¿Por qué te importa?
-Por que me importas. –Dijo –Desde aquella noche en la biblioteca, estuve muy atento a lo que haces o no. No te mereces salir lastimada por la guerra.
Fue la segunda vez que le pasó, que hablaba de más. Ella no tenía por que saber, que se había embriagado con el calor, que aquella noche le trasmitió, con el simple roce de sus labios.
Poco a poco, se fue acercando a la chica que yacía sentada en el suelo, se agacho a su altura y la tomo por el mentón, sin dudarlo ni un instante más la beso. Necesitaba que ella le diera el valor del que durante toda su vida careció, para seguir adelante. Ella le correspondió, por el mismo motivo. Necesitaba valor, necesitaba salir adelante, necesitaba salvar su mundo.
Se fueron separando, pero con la vista clavada uno en el otro. Seguían transmitiéndose sentimientos, pero cuando se miraban a los ojos, era algo más profundo. Iba más allá de los deseos carnales. Cuando sus miradas se entrelazaban, aparecían en un nuevo mundo, sin perjuicios, sin barreras y sin final.
Luego de unos minutos, Hermione bajó la mirada, sintiéndose algo tensa. Quería volver a tomar conciencia de si misma. Estar junto a Malfoy le hacía bien, muy bien. Se sentía protegida, pero se estaba desatando una guerra, y debía poner los pies sobre la tierra. Sus alas aún no debían volar…
Apenas ahora lograban comenzar a comprender, que el destino estaba empeñado en cruzarlos. Ya fuese por voluntad o por sorpresa. Nadie puede enfrentar al destino. No hay nada ni nadie que sea más inteligente que él. Pero, ¿Quién ha hecho sufrir a nuestro gran sabio? ¿Quién se ha atrevido a frustrar su amor? Solo grandes afortunados, han vivido su historia en paz, sin dificultades. ¿Hermione y Draco no eran afortunados entonces? Oh, claro que lo eran. ¿Amantes se los puede llamar? Aún no, pero lo serán. Entonces les pregunto ¿Qué otros amantes, descubren otro camino, una escapatoria, un final feliz, tan solo con la mirada?
