¿Qué otros amantes, descubren otro camino, una escapatoria, un final feliz, tan solo con la mirada?

Se reincorporó con rapidez, dispuesta a marcharse, pero antes:

-No me recuerdan. Asi estarán a salvo. Yo estaré con Ronald. –Se dio la media vuelta y continuó caminando unos pasos, pero antes de salir del callejón desapareció, para hospedarse en la casa de su pelirrojo amigo, dejando atrás a un rubio confundido.

¿A que se había referido? ¿A QUE DIABLOS SE HABÍA REFERIDO? No, no se lo quería imaginar. Sus primeras dos oraciones no le inquietaban en absoluto. Seguro había practicado en sus padres algún hechizo desmemorizante. Lo que le molestó fueron cuatro palabras que se clavaron en su pecho como puñales. Yo estaré con Ronald. ¿Acaso no le había demostrado que él no valía la pena? Que estúpida eres Granger no pudo evitar pensar. Si la había lastimado una vez, lo haría otra. Weasley solo era una comadreja pobretona. ¿Cuándo iba a entender que no debía pensar en él? ¿Cuándo iba a entender que tenía que pensar en otra persona? Pero... ¿Qué otra persona? Ningún hombre era digno de ella. Tan hermosa, tan inteligente, tan pura... Pureza. Lo único que le faltaba para alcanzar la perfección, sangre pura, sin intermediarios muggles.

-Maldición –exclamó, hablando consigo mismo.

¿Por qué le tenía que importar tanto lo que Granger hacía o no? Si quería estar con Weasley, que hiciera lo que quisiese. A él no le tenía por que importar, pero... ¿Porqué no podía evitarlo? Desde aquel calido roce en la biblioteca, no se la quitaba de la mente. En silencio la observó, y cada vez que la veía sonreír, su mundo se desmoronaba. Aquel mundo lleno de maldad, de mortífagos y muertes, se desmoronaba. Cuando la veía sonreír, deseaba, desde lo más profundo de su corazón, que algún día ese bello gesto fuese dedicado para él.

Miles de veces intentó reprimir sus sentimientos, pero ¿Cómo evitarlo? Por más que se mintiese a él mismo, llegó a tal punto que no pudo más. Le resultaba imposible sacársela de la cabeza. Estaba encaprichado. Encaprichado con una sangre sucia, con la amiga de Potter y Weasley, con la sabelotodo, con la rata de biblioteca, con Hermione Granger. Como lo dijese sonaba igual de mal. Él era un Malfoy. Tenía que recordarlo. No podía darse el lujo de encapricharse con alguien inferior. Decidido a no prestarle más atención, llegó aquel día que tanto temía.

Los mortífagos se adentraron en Hogwarts. Tenía su varita alzada hacía Dumbledore, mientras mantenía una charla, o mejor dicho una negociación con el mismo.

-Pásate a nuestro bando Draco, y nosotros nos encargaremos de esconderte. Es más, esta misma noche puedo mandar a los miembros de la orden a la casa de tu madre y esconderla también a ella. Tu padre por ahora, esta a salvo en Azkaban…Cuando llegue el momento podíamos protegerlo a él. Pásate a nuestro bando Draco, tú no eres ningún asesino.

-He llegado hasta aquí ¿No? –Dijo lentamente, ya que las palabras del anciano lo estaban haciendo recapacitar. –Ellos pensaron que moriría en el intento, pero aquí estoy…y ahora su vida depende de mi… soy yo el que tiene varita…su suerte esta en mis manos –dijo más que para el adulto, para si mismo. Revalorándose por su resistencia, pero… ¿Por qué habría que valorar la resistencia de una persona, que esta intentando matar? ¿O acaso no intentaba matar? ¿Y si, todo esto era solo, una mala jugada del inconciente, tratando de demostrar que podría ser tan buen mortífago como su padre?

-No, Draco –corrigió Dumbledore –Soy yo el que tiene tu suerte en mis manos.

Y fue entonces que lo entendió todo.

Ser mortífago no lo hacía más hombre. Todo lo contrario. Le quitaba todo aquello que quería. ¿Acaso alguien alguna vez le pregunto; Draco que quieres hacer? No. Nunca. Siempre fue, Draco tu debes hacer ¿Y si Draco no quería deber? ¿Y si Draco solo quería ser? Por primera vez en la vida, comprendió todos sus errores. Toda la gente a la que despreció, bajo la influencia de su padre.

Y allí estaba ella, aquel capricho. Si pasarse al otro bando implicaba, que ella le viese distinto, que ella le de una oportunidad de ser diferente, que ella le regalase una sonrisa, que sea de él y de nadie más. Si irse junto Dumbledore implicaba todo aquello, claro que lo haría. Además, sus padres estarían a salvo. Voldemort no podría hacerles daño.

Con la boca entre abierta, y la mano temblorosa, iba a bajar su varita, cuando se oyeron unos pasos que subían atropelladamente la escalera, y un segundo más tarde cuatro personas ataviadas con túnicas negras irrumpieron por la puerta de la azotea y lo apartaron con brusquedad.

Tarde. Como todo en su vida. Ya era tarde para arrepentirse. Los mortífagos estaban allí y no fue mucho más tarde cuando Snape asesinó a Dumbledore.

Sus pies andaban, si, pero su mente estaba en otra parte.

Estuvo tan cerca de poder enmendar muchos errores, pero su oportunidad se había ido junto con la persona que se la había dado.

Nunca antes había presenciado la muerte, y preferiría no haberla presenciado nunca. Ese echo marcaría el comienzo de su madurez.

Y ahora ahí estaba, sentado en el fondo de un callejón, pensando y recordando, cosas que hubiese preferido no pensar ni recordar.

Hermione apareció en la madriguera, y allí estaba su amigo. Ron estaba esperándola en la entrada. A penas la vio salio corriendo hacia ella y la abrazó. La muchacha quedó paralizada ante tal gesto. Ron nunca era necesariamente afectuoso con ella.

-¿Todo ha salido bien? –murmuró sin soltarla.

-Si. –prefirió no contarle aquel encontronazo con el slytherin –no me recuerdan. –y silenciosamente, comenzó a sollozar entre sus brazos. No fue hasta que Ron la estrujara más, aunque delicadamente, que notó lo miserable que se sentía. Cabía la posibilidad de que nunca más viera a sus padres, eso la volvería tan infeliz.

Como si hubiese escuchado sus pensamientos, Ron le dijo:

-Todo saldrá bien. Cuando la guerra terminé los buscaras y harás en contra-hechizo.

Las palabras de su amigo entraron en sus oídos para instalarse en su corazón. ¿Desde cuando Ron era tan atento? ¿Desde cuando se había convertido en alguien tan importante? Siempre lo fue. Siempre sintió cosas por él, que al parecer ahora, comenzaron a ser correspondidas.

Pero, ¿Por qué ahora, cruel destino? ¿Por qué, cuando cierto rubio, también le hacía sentir mariposas en el estomago?

-Oh, ron. –Sollozó.

-Vayamos a adentro. –y tomándola de la mano, entraron en la madriguera.

Todo estaba tal y cual lo recordaba desde la navidad. Sentada en uno de los sillones se encontraba Ginny.

-¡Hermione! –exclamó y sin importarle que su hermano tuviese su mano enlazada con la de la castaña, se arrojó a ella y la abrazó por encima de los hombros.

-¿Cómo estas, Ginny? –le dijo con un intento de sonrisa una vez que la pelirroja la soltó.

-Bueno… yo…-balbuceó mientras le lanzaba una fugaz mirada a Ron. Entonces Hermione comprendió que quería contarle algo, una vez que se su hermano no la oyera. –yo estoy bien. ¿Y tú? Ron me contó, bueno, tu sabes. Lo de tus padres. ¿Salió todo bien?

-Si, gracias Ginny. –Contestó de la manera más cordial que pudo, mas no quería seguir hablando del tema.

Fue entonces cuando se escucho un ruido desde la cocina.

-¡Ron, Ginny! ¡Necesito su ayuda en la cocina! –Exclamó la señora Weasley asomándose al marco de la puerta -¡Oh, Hermione, querida! –y procedió a abrazarla de manera que casi deja sin respiración a la muchacha. La mujer estampó un sonoro beso en su mejilla para luego preguntar -¿Qué haces aquí? ¡Pensé que pasarías las vacaciones con tus padres!

Silencio, invadió la sala. Ron y Ginny se miraban entre si, mientras que Hermione tenía la vista fija en el piso. Al ver que nadie respondía Molly insistió:

-Hermione, querida ¿Están bien tus padres? –preguntó con tacto.

-Si –respondió secamente –Irán de vacaciones a Australia, y yo preferí quedarme.

Seguramente la señora Weasley no quedó del todo conforme con la respuesta de la muchacha, pero prefirió dejar su indagatorio para más tarde.

-Me alegro que estés aquí, querida. –Le dijo con su tan habitual sonrisa maternal.

-¿Necesitaba ayuda en la cocina? –Cambiando de tema

-Oh, a eso venía. Vamos muchachos, manos a la obra. Hermione, cielo, tu si quieres puedes ir instalándote en el cuarto de Ginny.

-Dejaré mi bolso y bajo a ayudar. –dijo mientras se encaminaba a la escalera.

Tal vez durante un tiempo, no volvería a pensar en el joven mortífago.

Podía esconderse en los brazos de cuanto fornido colorado quisiera, pero no escaparía. El destino estaba escribiendo su historia del más apasionante amor.

¡Espero les haya gustado el tercer capitulo de vuestra historia, "Oh, cruel destino"!

A aquellos que leen la historia les quiero agradecer & comentarles, que tengo muchisimas ideas para este fic, por lo que les recomiendo, que no dejen de leerlo. Estaré actualizando lo más seguido que pueda.

También les quiero recomendar mi otro fic, titulado "Quiero reconstruir mi vida" Es también dramione, pero tal vez un poco menos dramático. Espero les guste

Quiero agradecerle a Magiaenpalabras de la cual me siento muy orgullosa de decir que es mi amiga, que fue la primera que leyó el fanfic, ¡y que es toda una escritora! Les súper recomiendo su historia Merecían Sonreír, un hermoso Severus Narcisa.

& Sin mas preámbulos, me despido, no sin antes pedirles que dejen REVIEWS! Asi sabré que opinan

Con el mas expreso cariño, SofíuMalfoy.