¡Hola de nuevo!, a los que aún siguen ahí XD.

Al parecer ésta historia tendrá uno o dos capítulos más =P

Y… no odien a Mèdard, él es un dulce.


**14**

Ese medio día, la cafetería parecía bastante calmada. Podía ver un par de hombres de Secretaría y algunos magos de las galerías inferiores del Wizengamont. Nada que no hubiese visto antes. Aunque debía admitir que había extrañado el lugar, el murmullo de fondo, el movimiento de la gente, el espacio abierto y comunitario, alguna cara conocida saludando en su dirección.

¿Quién diría que le otorgaría tanto valor a comer en la cafetería del Ministerio?

Mirar al frente y darse cuenta que, sí, era Draco quien le acompañaba, también era inesperado. Uno no debería disfrutar de una amena comida, con un enemigo jurado. O bueno… lo que sea.

Lo único que Harry sabe, es que siempre es bueno tener a algún auror novato a disposición. Es que son tan agradecidos. Se desviven por ayudar al Héroe, aunque sea para estar una hora de pie junto a una jodida puerta. Se sienten honrados porque El Salvador pensó en ellos para tan "importante misión" y creyendo que cualquier trabajo que esté relacionado a Harry Potter, era algo sobresaliente. ¡Gh! ¡Ésta era la peor misión del mundo!

Y sea lo que sea, siempre se mostraban tan disponibles. Por eso había dejado a Keane protegiendo la puerta de Mèdard, mientras ellos se iban a almorzar, como Dios manda. Si el atentado terrorista se daba justo ahora, en la oficina del cuarentón, Harry podría decir que era una simple y maravillosa coincidencia… era demasiado bueno para ser verdad.

-Una pregunta.- Draco lo miró terminando de masticar su ensalada. Harry asintió. -¿Por qué ese afán de torear al director?-

-¿Torear?- frunció ligeramente las cejas. El moreno no sabía cómo Draco aguantaba todo el día de trabajo comiendo una simple ensalada y fruta. Él ya estaba terminándose el segundo plato de estofado y arroz. Por fortuna se habían podido escapar hasta el comedor del Ministerio, porque ya estaba harto de esos raquíticos sándwich de pollo de la cafetería.

-Oponerte a sus órdenes.- el rubio hizo ese delicioso gesto con la boca, como si estuviese saboreando algo realmente exquisito. –No es que en el pasado hayas sido particularmente devoto a obedecer… a nadie, pero cada vez que él dice algo tú pones mala cara o te justificas con cualquier cosa con tal de tenerlo a la vista. Y tú sabes que él odia que le respiren en la nuca.-

-Pero si le encanta que tú le respires en la nuca…- hizo una sonrisa eminentemente irónica.

-Potter.-

-No me opongo solo porque sí…- mintió sin descaro, porque sí se oponía sólo porque sí. –Soy un auror, debo velar por la seguridad de ambos dentro de esa oficina. Está contemplado como parte de las normas de Seguimiento acompañarlos cuando están dentro de instalaciones gubernamentales, el Ministerio, los consulados, incluso hay un procedimiento preestablecido si desean visitar la zona restringida del Terminal de trasladores, pero no están autorizadas las salidas de carácter ministerial a lugares públicos… donde sea.-

-Podemos ir como civiles pero no como agentes del Ministerio…-

-Si.- bebió de su jugo de calabaza. –Aunque Mèdard, por ser director de departamento, tiene un auror que lo vigila en sus traslados civiles. De su casa al Ministerio, al gimnasio, donde sea que lleve su vanidoso culo…-

-Potter.-

-Qué…- rodó los ojos. ¿Por qué siempre se comportaba como mamá gallina con ese idiota?

-¿Lo siguen a todos lados?, ¿incluso al mundo muggle, de ser necesario?-

-Sí, ¿por qué?-

-¿Y él lo sabe?-

-Sí…- lo miró inquisitivamente. -¿Por qué?- el rubio sólo elevó los hombros en un gesto demasiado desinteresado. -¿Por qué?- volvió a repetir y no estaba seguro de querer escuchar su respuesta… un desagradable presentimiento se estaba dibujando en su mente.

-Nada importante.-

-No lo creo…- masticó las palabras junto con un trozo de pan. -¿Algún problema con los lugares donde va a pasear su muy arrogante y egocéntrico culo?-

-No… y ya córtala con esas niñerías.-

-¿Estoy ensuciando la brillante imagen que tienes del "Director"?- y esta vez el comentario fue deliberadamente malicioso.

-¿No serás tú quien tiene un interés especial en él?- lo miró con sus elegantes cejas arqueadas. –Tan pendiente de su culo…-

Harry no evitó la arcada.

-Vete a la mismísima mierda, Potter.-

-Joder, ¡que genio!-

Debía aclarar ese tema si quería ser, según las palabras de Ron, el macho alfa de Draco.

**15**

Así que durante la mañana del día 41 de seguimiento, simplemente no pudo evitarlo y abordó el tema en el ascensor. Bueno, no "abordó" el tema, simplemente se le salió… arrolladora e inquisitiva.

-¿No está un poco viejo para ti?-

Ambos se quedaron de piedra.

Harry había pensado en tantear el terreno, hacer algún comentario sutil sobre cuánto tiempo llevaba Draco trabajando en el Ministerio; antes de preguntar sobre el tiempo que llevaba como asistente de Mèdard. Incluso había pensado en iniciar la charla con algo simpático y bien intencionado. Quizás sobre quidditch o sobre cómo iba el convenio con Francia, que estaba tan en boca de todos. Y después se acercaría a ese terreno escabroso que lo había tenido con la nuca tensa, desde hace días.

Esa había sido su intención, pero a veces olvidaba que su boca era más rápida que su varita.

-No sé de qué hablas.- escupió con voz siseante.

Harry sabía que si las palabras fueran armas, el rubio ya lo habría apuñalado incontables veces. No pudo evitar cerrar los ojos y hacer un gesto de dolor. Realmente la estaba cagando. El rubio se había comportado como todo un caballero con él y el moreno se lo había retribuido con un comentario como aquel. ¡Joder!

Se hizo un pequeño instante de silencio, que a Harry le pareció eterno, escuchando el traqueteo metálico del ascensor. Draco se negaba a mirarlo, pero el moreno podía verlo… tieso como el palo de una escoba.

No había caso de intentar disculparse o hacer como si ese comentario nunca hubiese ocurrido. Su boca se abrió nuevamente y esperó que el rubio no quisiera hechizarlo ahí mismo.

-Es un… hombre casado.- escuchó el sonido de su respiración vacilante.

-Ya te dije… que no sé de qué hablas.-

-Ya no mientes tan bien como antes…- y esta vez lo vio apretar los labios.

Realmente esta nueva versión del rubio era el epítome de la expresividad. Casi podía decir qué pasaba por su mente, o qué sentía, con sólo observar su rostro y sus cincelados rasgos.

-Cállate Potter. Esto no es de tu incumbencia.- espetó.

-Yo creo que sí. Si alguien se da cuenta, no sería bueno para ti… para tú reputación.- apenas se inclinó hacia adelante y le miró el rostro. Pálido, nervioso, frunciendo esa encantadora boquita suya.

-No te preocupes… no hay nada de qué inquietarse.- murmuró.

Por un momento pensó en dejar la conversación ahí. ¿Tendrían ambos alguna clase de… arreglo? Se estremeció de sólo imaginarlo.

-Eres su asistente, la gente se imaginará cualquier cosa.-

-Potter.-

-Es verdad.-

-¡Potter!- se giró y lo enfrentó, con sus brillantes ojos resplandeciendo. –No hay nada, de lo cual preocuparse.-

Pestañeó.

-Yo pensé…- esa interacción tan íntima, tan reciproca, tan natural y complaciente.

-No.- negó.

Se abrieron las puertas del ascensor y Draco suspiro profundo e indeciso antes de salir. Como un respiro para darse fuerzas.

**16**

A pesar de su desafortunado comentario, el rubio continuó comportándose correctamente con él. Nada de malos tratos, ni de quejas, de malas palabras, aspereza o burlas ofensivas. Ni siquiera pretendió ignorarlo, como lo hacía Mèdard. Sólo siguió comportándose como siempre.

Harry lo miraba. Siendo tan atento, tan solícito… siendo tan naturalmente agradable y cordial, casi cálido en cada cosa que hacía. Desde ordenar pergaminos hasta levitar un par de calcetines. El moreno lo miraba y le daban ganas de abrazarlo y pegarle un puntapié, todo al mismo tiempo. Así de bizarras se habían puesto las cosas.

Lo veía llegar hasta él con la acostumbrada taza de café latte, recién hecho en la cafetera francesa, caliente, espumoso, con las medidas exactas de agua, leche y azúcar… como la conocida elaboración de una poción. Todo eso le provocaba una extraña sensación de dulzura, como algo deseable y embriagante… pero difícil de obtener. Difícil de tocar y de mantener.

-¿Te reúnes con Zabini y Parkinson éste fin de semana?- le preguntó un miércoles. Ya era tarde y Draco había querido terminar unos formularios, antes de marcharse a casa.

-No lo creo…- movimiento de varita y dos pergaminos se elevaron, en forma de avión. –Blaise viaja a Italia para ver a su madre, está un poco enferma. Y Pansy… anda con novio nuevo…- levantó el rostro y le sonrió efusivamente. –Tendrá cosas mejores que hacer.-

-No quiero pensar en Parkinson de esa forma, gracias.-

-Déjame adivinar, ¿irás a La Madriguera, como cada fin de semana?- su sonrisa era un pequeño gesto de burla.

-Ja-ja… pero es posible.-

-Bien…-

El rubio mantuvo la sonrisa relajada, se levantó y destensó elegantemente, estirando los músculos de su cuerpo. A ojos de Harry era como un sensual felino… o quizás como serpiente retozando en la cálida arena. Sea como fuere, Draco había dado su trabajo por finalizado y el moreno simplemente lo observó, con la boca seca y sintiendo como le cosquilleaban las manos con verdaderas ganas de deslizarlas por esas angostas caderas…

Suspiró de pura frustración.

No era tan tarde, pensó Harry, mirando su reloj. Le preguntó al rubio si le apetecía una cerveza y para su sorpresa, éste aceptó.

No se tomaron una, sino dos pintas cada uno y como siempre que estaba con el rubio, la conversación superó todas sus expectativas. Draco no era "simplemente" inteligente, era muy-muy inteligente y astuto y divertido. Había terminado siendo una encantadora noche, en donde abundaron las sonrisas y el relajo. Como un balsámico anecdotario de sus, antes, atribuladas vidas.

El rubio parecía haber encontrado la forma de sobrellevar sus demonios personales y eso era enfrentándolos, pronunciando las palabras con todas sus letras… haciéndose cargo de los hechos de su pasado, en una catarsis que sólo estaba hecha de pura fuerza de voluntad. Y esa determinación que siempre había estado impresa en sus ojos, había tomado toda una nueva dimensión, evidenciando a un hombre empático, directo, correcto, incuestionablemente agradecido y sobre todo templado y tolerante.

Ese definitivamente era un Draco Malfoy distinto, renovado. Seguro sus ancestros se estaban revolcando en sus tumbas de oro pulido.

-¿Cómo es que te agrada tanto ese hombre?- le había preguntado en algún momento de la noche, con la cuarta cerveza encima.

-¿Quién?-

-Mèdard, es un pedante de mierda…-

-Es solo un hombre que gusta de estar en control de todo.-

-¿Y tú también estas bajo ese control?- detestaba pensar en eso.

-Yo…- lo miró, como intentando descifrar algo en su interior. –Supongo que es algo recíproco. El respondía a mi necesidad de sentirme seguro y yo le ayudo mantener el control que necesita.-

-¿Cómo si fuera tu padre?- ¿estaba siendo malicioso a propósito? Si, muy intencionalmente.

-No. Como alguien que me dio un trabajo cuando nadie más lo quiso hacer.-

Harry lo observó largamente, mirando sus luminosos y tranquilos ojos claros. Su gesto distendido mientras bebía de su pinta de cerveza… el primer botón de la camisa abierto, dejando ver algo más de esa pálida piel.

Entonces comprendió que esa génesis estaba fuertemente ligada a Mèdard, el hombre le había dado al rubio lo que la Sociedad Mágica no. Había tomado a ese chico sólo y asustado, pero de muchas habilidades –que seguramente nadie había sabido, ni querido ver- y lo había convertido en el hombre que era ahora. Impecable, autosuficiente, considerado, civil… una perfecta pieza en la cual Harry deseaba poner sus manos. Joder.

¿Debería estar agradecido del cuarentón? Podría estarlo, pero no… ni siquiera quería pensar en qué técnicas había utilizado para "moldearlo".

Escalofrío.

**17**

Harry pensó que debió haberlo supuesto… no sólo le gustaba Draco, le calentaba la sangre. Tener sueños húmedos con el rubio, eran un camino lógico para su libido. Pero aún así no dejaba de ser extraño. Especialmente si pensamos que hasta hace un mes, el Griffindor no sentía por él nada más que la añeja animadversión infantil.

Hace más de un mes, Harry habría preferido no encontrárselo nunca más en su jodida vida… ahora no quería alejarlo de su vista. No podía dejar de observarlo y reconocer cada diferencia. Mirarlo y decir "Sí, ¿ves ese gesto?, es que está concentrado… ¿y ese otro?, es porque está nervioso. ¿Ves cómo le brillan los ojos?, es porque algo le gusta y aprieta los labios cuando algo no".

Miró el cielo raso de su habitación, no era más que diferentes tonos de sombras a esas horas de la noche. De pronto las intensas luces de un auto dibujaron formas en su habitación, antes de desaparecer tan rápido como vinieron.

-No puedo creer que vaya a hacer esto…- murmuró a la noche. –No soy un maldito adolescente…-

Suspiró, pateando las cobijas lejos y metió la mano derecha bajo el elástico del pijama. Cerró los ojos y pensó en Draco…

Que en algunas ocasiones se colara –inconscientemente- la puta escena del cuarentón a medio vestir y al rubio eligiéndole camisas, sazonaban su poco satisfactoria masturbación con algo cercano al amargor.

Aunque Draco le había dicho que no había nada entre ellos… salvo ese infinito agradecimiento. ¡Gh!

Por un momento se sintió molesto, odiaba cuando esos "asuntos" sentimentales ocupaban todos sus pensamientos. No era una tonta Hufflepuff de primero. ¿Dónde quedaba su resuelta soltería e incuestionable libertad? Pero no podía dejar de pensar en él, como nunca antes le había pasado. Casi podía sentir sus manos cosquillear de ansiedad, por tocar algo del rubio, por sumergirse en la suave piel de su cuerpo.

Y si quería poner sus manos sobre esas estrechas caderas, tendría que hacer algo…

**18**

Ese fin de semana llegó temprano a La Madriguera, saludó a sus amigos y como ya era costumbre, intercambió experiencias de Seguimiento con Ron. Como era de esperarse también, su amigo volvió a reiterar cuán contento estaba con ese pequeño viejito.

Su última desinteresada muestra de cariño, había sido invitarlo a comer a su propia casa, a probar la costilla de cerdo y guiso de su también anciana esposa. Ron había comido tanto que tuvo que tomar una siesta en el sofá de la oficina de Doyle y el viejito se había mostrado encantado.

Ron dormía en horas de trabajo mientras Harry tenía que aguantarse las ganas de comprarse unas pastillas de cianuro. Sí, ya lo decía él, el moreno había hecho algo muy malo en su otra vida… sino no comprendía por qué "Ese" que los miraba desde el cielo, lo tenía entre sus hipotéticas y divinas cejas. ¡Gh!

Por su parte, Hermione que estaba en el equipo encargado de analizar el anónimo pergamino de amenaza, le contó que ya había sido localizado el autor… y que un escuadrón de aurores de rastreo, lo estaba buscando…

…¿Qué?

-En cualquier momento cerramos este caso…- le había dicho. Todo su rostro era de ánimo y satisfacción, por el trabajo bien realizado.

Pero Harry no pudo evitar tensarse ostensiblemente. Eso sólo significaba que la misión de Seguimiento llegaría a su fin. Cerrar el caso. Dejar a Draco a su suerte con esa horrenda y casi incestuosa versión de su padre y su jefe de casa… a ver si alguien le negaba que el rubio tenía un problema –de carácter afrodisíaco y libidinal- con la autoridad.

¡Ese era el adiós a la posibilidad de ser "El Macho Alfa" y resignarse a pajas insatisfactorias! ¡Ah!… eran solo nubes grises en el horizonte.

Sin siquiera mediar palabra o razonamiento, se despidió de todos y se embarco hacia Mile End. Haciendo un Mea Culpa, con evidentes intereses de por medio, esta vez sí se leyó los expedientes de sus vigilados y sabía que el pequeño y muy muggle departamento del rubio quedaba en el tercer piso de un pequeño edificio cerca del Parque Victoria. Bajando por Old Ford y antes de llegar a la calle Sewardstone.

Ser auror –sobre todo ser El Salvador-, y tener a disposición la información y documentación de cualquier persona y a toda hora, era una ventaja definitivamente importante.

-Er…- se resistió de decir "¡sorpresa!", en cuanto lo vio abrir la puerta. Se conformó con sonreírle ampliamente y decir algo más normal. –Hola.-

-¿Potter?, ¿qué haces aquí?- Harry mantuvo el gesto, encantado de verlo vistiendo de forma netamente muggle. Un ajustado jeans en negro, un sweter escote en v color perla y calcetines… sólo calcetines.

-Andaba cerca…- miró un algodonado paño blanco en sus manos… para segundos después sentir un agradable aroma llegar a su nariz. Joder, esperen, ¿era lo que él creía?, –y… se me había ocurrido invitarte a comer…- improvisó rápidamente.

-Como verás…- el rubio le sonrió con intención y agitó el paño de cocina, –ya estoy cocinando.- no sería Harry Potter si no levantara las cejas sorprendido. -Sí, Potter, cocino.- y Draco no sería Draco, si no le respondiera con tono socarrón.

-Eso habría que verlo…- sonrió, frotando los dedos contra las palmas de su manos, sintiendo ese conocido cosquilleo. Esas ganas…

-No voy a invitarte.-

-Si, ya veo que te has olvidado de los modales, ¿no?- mantuvo el gesto y se cruzó de brazos. Haciendo evidente que aún no había sido invitado a pasar, como lo habría hecho alguien con "modales".

-Eres un…- negó, pero Harry podía ver esa deliciosa casi-sonrisa pintando sus labios. –Pasa. Pero no creas que estas de simple invitado. Te haré pagar por esta impertinencia, Potter, pondrás la mesa y lavarás los platos.-

-No hay problema.- después de todo, ¿para qué estaba la magia?

Su departamento era un muy cálido e iluminado piso, con un amplio living-comedor y una cocina americana, lo que suponía eran habitaciones y baño, quedaban hacia un pasillo por el cual no se atrevía a husmear. La simpleza y predominancia de telas claras en contraste con maderas oscuras, le daba a todo el ambiente una elegancia de la cual era fácil habituarse.

La conversación fue ligera mientras terminaban de preparar un sabatino almuerzo de verduras, una terrina de tobillo ahumado con alcaparras… y spaghetti de último minuto. El moreno supuso que Draco había tenido la acertada idea de que verduras y terrina sería una comida insuficiente, para alguien de su contextura. No quería parecer presumido, pero ser auror te dejaba un cuerpo de atleta que te cagabas. Y lo decía alguien que había sido un flacucho escuálido, que ahora se repasaba el cuero con los ojos cada vez que se desnudaba frente al espejo del baño, antes de ducharse… y estaba bien proporcionado.

¡Ah!, esa compañera llamada vanidad.

-Venga Potter, ¿qué haces aquí?… no creo que sea solo a comer gratis.- le preguntó el rubio, una vez que se hubiesen sentado a comer, un par de cervezas negras de acompañamiento. Sólo en ese momento, Harry pensó que debió llegar con algo de beber o de postre, como indicaban los "buenos modales".

-Hablé con Hermione, está con el grupo de Investigación y Análisis.- el rubio asintió. –Me contó que ya estaba localizado el autor del anónimo.-

-¿Ya saben quien es?-

-Sí. Tiene orden de detención y creo que ya hay un par de escuadrones siguiéndolo… así que me queda poco dando la lata por tu oficina.-

-Entonces regresas al trabajo de calle.- afirmó.

-Así parece.- se alzó desinteresadamente de hombros. -Supongo que Mèdard será el más contento.-

-No empieces…- y tomó un largo trago de su vaso.

-Es que no lo puedo creer.- rezongó y se decidió a desentrañar esa chocante relación. -¿Realmente nunca ha pasado nada con él?, parecen muy… muy cercanos.- ¡Muy!

-No.- y sus labios se apretaron sutilmente, como un pequeño y casi imperceptible gesto, que le dijo a Harry que estaba mintiendo. ¡Si habían tenido algo!

- Si lo tuvieron…- le indicó.

-Te dije que no.- ¡Más mentiras!

-Y yo ya te dije que no sabes mentir…- Draco miró a cualquier lugar y tomó otro trago de cerveza. Mira que te conozco, rubio. -¿Cuándo fue?-

-Potter.-

-Vamos. Cuál es el problema. No se lo diré a nadie… ¿O prefieres que lo deduzca? Recuerda que soy auror.-

-No te atreverías…-

-No creo que haya sido hace mucho…- dijo, solo por decir algo. Sabía que si presionaba lo suficiente, el rubio cedería. -¿También le hacías el nudo de las corbatas cuando se encontraban?-

-Potter… vas a hacerme enojar. En serio.-

-Venga…-

-Sólo si me cuentas que pasó con Weasley… con Ginevra Weasley.-

-Ok.-

-Debías decir que no…- refunfuñó, con algo de verdadera molestia. Finalmente se bebió el resto de cerveza que quedaba en su vaso y lo miró. –Fue cuando recién comencé como su asistente. Él me gustaba y se dio cuenta, pero Maxime no es gay… así que no hay mucho más que decir.- su sonrojo era un dulce a la vista.

-Pero tuvieron sexo…- asintió, más que preguntó.

-Un par de veces.- apretó los labios.

-¿Y no es gay?-

-Tiene dos familias, Potter… de verdad, lo que menos necesita es tener a una "loca" haciéndole escándalo.- Harry abrió mucho los ojos frente a ese pedazo de información. –Su esposa oficial, la hija del presidente del Wizengamot y tiene a una mujer en el mundo muggle. No están casados pero tiene un hijo con ella.- aclaró.

-Oh, el muy…- asintió. –Te lo tomas muy bien.-

-No pasa nada con él… así que no importa.-

-Pero te gusta todavía…-

-Supongo…- Harry resistió las ganas de zarandearlo.

-¿Qué no te has fijado que tiene un horrible parecido con Snape?-

Draco se lo quedó mirando y su sonrojo fue antológico. Antológico. Memorable. ¡Notable! No solo en sus cándidas mejillas, su frente, su cuello y hasta las clavículas estaban teñidas de rojo. Rojo de vergüenza, de sorpresa, de calor. Completamente.

¿Dónde estaban las pastillas de cianuro cuando se las necesitaba?

Joder, Harry no quería pensar en las implicancias de esa expresión…

-¿Y qué tiene de malo?-

-Oh, mierda…- el moreno quiso reírse, ¿había algo más que decir? –Oh, mierda…-

-¡No tiene nada de malo!-

-Oh. Mierda. Joder.- eso no podía ser cierto.

-Potter, de verdad… di otra vez mierda y te saco a patadas de mi casa.-

-Es que no lo puedo creer…- le miraba y estaba seguro que sus verdes ojos estaban saltones. -Mier-

-Potter.- escupió. -¿Cuál es el jodido problema?-

-No te enojes, no te enojes…- levantó las manos en gesto de defensa. Respiró hondo intentando calmarse. –Es sólo que… de verdad te gustan los hombres mayores.-

-Sí, sí… tengo un problema no resuelto con la figura paterna. ¿Satisfecho?-

-Tranquilo, no estoy diciendo que sea malo…- ¿No es taaan malo, cierto? ¡¿Cierto?

-Claro, por eso me miras como si me hubiese salido una segunda cabeza…- le sonrió con ironía. –Parece que tú tampoco sabes mentir.-

-Está bien, lo siento. Pero estoy sorprendido, especialmente porque Snape fue siempre tan desagradable conmigo que me cuesta creer que a alguien le… guste, de esa manera.- sintió un escalofrío. -De hecho prefiero pensar que era una persona asexuada, como un escreguto o una acromántula…- aunque era obvio que esos bichos sí tenían género, pero era indefinible a primera vista.

Draco exhaló una risa por la nariz, casi desinteresadamente, como si pensara de alguna extraña forma en aquella afirmación. Con un elegante floreo, convocó un par de cervezas más y les sirvió a ambos. El rubio sorbió de su vaso, mientras miraba hacia algún punto cercano a la pared. Hacia la lontananza o algo igual de ensimismado y reconcentrado y el moreno agradecía no poder leer su mente… porque realmente no se sentía seguro con lo que fuese a encontrar. ¿Recuerdos? ¿Fantasías? ¿Snape? ¿Médard? ¿Ambos? ¿Algún vicioso producto de su imaginación? Quizás algo peor, ¿algún problema no resuelto con la figura paterna? "La verdadera figura paterna", hartas comillas por todos lados. Sintió escalofríos y temblores de todo tipo.

Entonces Harry recordó cierta información importante, que le fue concedida por Snape con su último aliento de vida.

-¿Sabías que él estaba… enamorado… de mi madre?-

-Sí, lo sabía.- le sonrió con un gesto que deslizaba malicia pura. Uno de esos gestos hace mucho tiempo olvidados. -¿Por qué crees que me daban ganas de arrancarte esos lindos ojos tuyos?-

-¿En… serio?- Harry lo miró serio esta vez. ¿De verdad lo había odiado por el recuerdo de su madre?

-Eran celos de adolescente…- se elevó de hombros. –De todas formas ya no tiene caso, mi padrino está muerto.-

-Olvídate de Snape… me refiero a mí. ¿De verdad me odiabas por mí parecido con mí madre?, ¿por mis ojos?-

-No seas idiota, Potter. Primero, yo no te odiaba, sentía algo cercano a la animadversión, quizás a una desagradable antipatía, pero no odio.- alzo una ceja. -Segundo, ¿realmente crees que te odiaría a ti, porque tienes los ojos de tu madre?, ¿de verdad?- El moreno esquivó la mirada y lo pensó… bueno, por eso estaba preguntando. –No sé por qué no me sorprende.- bebió un trago de cerveza. –Cuéntame sobre la chica Weasley.- El moreno sabía que estaba tratando de esquivar el tema, darlo por finalizado. Pero no iba a ser tan fácil.

-No hay mucho que contar tampoco.- Miró al rubio y a pesar de su inamovible resolución, se sintió un poco tocado. Como si hubiese abusado de la confianza de Draco, como si le hubiese hecho algo malo y dañino. –Estábamos en una fiesta como un año después de Hogwarts, éramos novios así que fuimos juntos… me embriague a morir y cuando me desperté, estaba en la cama con un chico. Cortamos y comencé a explorar mi recién descubierto lado gay. Eso es todo.- el rubio asintió, pero no dijo nada.

Harry habría preferido que se riera de él o le dijera alguna sandez… algo que evitara que se extendiera ese extraño silencio. No era incómodo o desagradable, pero le advertía con alarmante certeza que algo estaba por romperse ahí. Como una pequeña fractura que de un momento a otro, podría desbaratar toda esa armoniosa tregua.

-¿Así que Snape era tú padrino?- preguntó lo primero que se le vino a la cabeza, necesitaba cortar con ese silencio.

-Si.- suspiró. –Y si también vas a preguntar si tuve algo con él, te digo desde ya que no.-

-Lo siento. No quería parecer tan…-

-¿Idiota?, ¿cretino?, ¿inoportuno?-

-Si.- pensó un poco y decidió darle algo de crédito al rubio. –Bueno, no puedo decir nada del hombre, nunca lo conocí lo suficiente. Pero fue bastante hijo de puta conmigo, así que no puedes culparme.-

-Lo sé.- dejó salir una media sonrisa, nada muy efusivo, pero al menos ya no parecía querer saltarle a la yugular. –De puertas para fuera Severus era un ser totalmente irritable y desagradable, pero era una buena persona. Fue más padre, que Lucius. Era… un extraño hombre con muchas carencias, que intentaba entregarse pero no sabía cómo. Que sentía vergüenza de sus propios sentimientos.-

-Ah.- suspiró. Definitivamente no era el Snape que él suponía conocer. -¿Lo extrañas?-

-Por supuesto.- apoyó despreocupadamente los codos en la mesa y se lo quedó mirando. Lucía relajado, seguramente producto de la cerveza y algunos melancólicos recuerdos. -Pero él sabía que no iba a salir con vida de la guerra, estaba resignado a ello.-

-No lo sabía.-

-Claro que no.- dijo, pero no sonó como una recriminación. Ya no había rabia, cinismo o frialdad en su paleta de expresiones y ser consciente de eso, seguía desconcertando a Harry. Lo hacía sentir un poco arrepentido por haber abusado de su confianza y buenos sentimientos.

-¿Qué te hizo cambiar de esta manera?, que ahora seas una persona tan distinta, tan irreconocible.-

-¿No te parece suficiente?- dijo. -¿Todo?, ¿tú no has cambiado?-

Claro que sí, eso era evidente. Ya no era el mismo niño idiota y manipulable de antes, lleno de esos ridículos sueños bondadosos y altruistas. No. Ya no era tan Griffindor, ni tan noble, ni tan desprendido, ni tan parecido a lo que Dumbledore había querido hacer de él. ¿Si había cambiado para bien o para mal?, no importaba mucho realmente. Había cambiado por él y para él, para construir su propia vida, su propia felicidad, su propio camino.

Miró al rubio y Harry pensó que de ser el chico que había sido antes, sentiría vergüenza de su estupidez… bueno, de hecho sí sentía el remanente de su infantil timidez. La vergüenza que le daba saberse pillado en cosas tan obvias, que Draco –y el resto del mundo- se diera cuenta de su falta de consciencia.

Que Harry Potter pasaba por la vida sin mayor pensamiento o reflexión, que la noción sobre la próxima misión que le diera Robards. Por transformarse en alguien un poco simplista.

Sí, había cambiado, sus amigos habían cambiado, toda su generación y contemporáneos lo había hecho, ¿por qué Draco sería diferente? No había vivido menos que el moreno, ni había perdido menos seres queridos… había tocado la superficie de la soledad y la deprimente realidad después de la guerra, igual que él. Cuando se corre el telón del miedo y las voces se vuelven a expresar en libertad. "¿No te parece suficiente?".

-Es cierto.- aceptó, procurando mantener la profundidad de sus cavilaciones lejos de la percepción del rubio. Observar cómo Draco movía los dedos sobre el borde húmedo de su vaso de cerveza, absorbió su mente por largos segundos.

Sus delgados, largos y pálidos dedos, los mismos que habían empuñado su varita contra él, tantas veces años atrás. Sí, todos sus sentimientos por el rubio eran como una constante contradicción. Una viciosa mezcla entre la excitación, nacida del recuerdo de un añejo temor adolescente y el miedo, al novedoso y completamente adulto ardor que quemaba en su bajo vientre.

El niño que había sido sentía miedo de lo que había descubierto de Draco, el hombre que era ahora, no podía esperar a saborear aquel inesperado tesoro.

-¿Has pensado en que te puedas enamorar de alguien más?- su boca era como una pistola que se disparaba sola.

-A qué viene eso.-

-Así como te gustaba Snape, no puedes estar el resto de tu vida pensando en Mèdard.-

-¿Por qué tanto interés en Mèdard?, ¿de verdad tienes algún interés especial por él?-

-No…- hizo cara de asco.

-Te agradecería que no hicieras eso. Es lo que a mí me gusta y me ofende que lo hagas.-

-Lo siento… es, ya sabes…- la estaba puro… -¿Pero has pensado en… cambiar de prospecto?-

-¿Prospecto?…- pestañeó. –No lo sé, Potter, supongo que si. Es un hombre casado y no es gay, me gustara alguien más en algún momento. Alguien que respete, que admire, que tenga carácter…-

Ah, claro. ¡Otro palo entre los ojos! Por eso ni siquiera había reparado en él: porque no lo respetaba, no lo admiraba, ni consideraba que Harry tenía carácter. ¡Tarán! Había que joderse.

-Ah…- tragó. -¿Y O'Driscoll?, ¿no calza con tú tipo?-

-Potter.- lo miró con sus pálidos ojos. Directamente. Harry trató de reprimir un temblequeo que nada tenía que ver con el asco o la imagen de sus horrendos "prospectos". -¿Por qué estas siendo tan cotilla? ¿Andas tras información para después irla difundiendo por ahí? ¿Que Draco Malfoy se acostó con su jefe y tenía sentimientos reprimidos por su padrino? ¿Que soy un patético asistente que hasta le haría la lavandería a Mèdard?… ¿algo así?-

-No.- aseveró devolviéndole la mirada. Recorrió sus ojos grises intentando imprimirle toda la honestidad necesaria. Y tener la oportunidad de mirarlo a gusto sólo lo hacía pensar en que sí, tenía malas intenciones… muy malas intenciones, pero de otra índole. De carácter más amatorio. Miró su boca y su barbilla, imaginándose la infinidad de placenteras posibilidades. "De este tipo son mis malas intenciones", dijo su mente, mientras pensaba en lo suave que se veía esa piel, en la turgencia de esos labios, en la inminente calidez de esa boca, en lo definitivamente delicioso que debe ser besarlo… Carraspeó antes de empinarse casi la mitad del vaso de cerveza. No había nada como enfriar el cuerpo.

-¿Entonces?-

-Honestamente…- dijo, aunque iba a ser solo la mitad de honestidad, porque la otra mitad tenía algo que ver con su entrepierna y no estaba preparado para revelar aquello. -Sentía curiosidad, nos conocemos y nos… ehm, ¿detestamos?, desde los once años. Realmente sentía curiosidad por saber qué había pasado contigo, por qué estás tan… simpático, tan no-Malfoy, ¡sin ofender!,- Draco sólo hizo un pequeño mohín. –y bueno, ver algunas cosas me han inquietado un poco…- por decir lo menos.

-¿Inquietado? ¿Qué has visto que te ha inquietado tanto?- sonrió ladino.

-Tú sabes…- refunfuño. –El hombre se pasea medio desnudo por su oficina.-

-¿Y qué?, es normal. Hasta Kingsley se cambia de camisas o túnicas durante el día. El Director debe citarse continuamente con diferentes mandatarios e importantes personalidades, todo el tiempo. Necesita estar siempre presentable. Es la cara del Ministerio en el Exterior, Potter. ¿Crees que daría buena impresión llegar con la ropa arrugada o usada después de un largo día?-

-Si, lo sé. Eso lo entiendo, no soy tonto.- Draco sonrió suavemente. -¿Pero es necesario que andes pululando a su alrededor?- ver esa rubia ceja alzada, lo puso un pelín nervioso. –Me refiero a la imagen que dan… se nota de lejos que pasa o ha pasado algo entre ustedes y el hombre es casado.-

-Lo sé, Potter, todo el mundo sabe que es casado.- movió la cabeza negativamente. –Pero ya te dije que no pasa nada con él, sólo… ¿no sé por qué debo justificarme contigo?- frunció las cejas.

-Porque sólo tú quedas mal en todo esto… el asistente siempre queda como el tramposo embaucador.-

-¡No soy ningún embaucador!- refunfuñó. –No sé cómo lo haces, pero siempre me haces enojar.-

-Así que no he perdido el toque…- rió. –Entonces, ¿qué pasa con O'Driscoll?- el rubio rodó los ojos.

-¿Estas saliendo con alguien?-

-Ok, ok… no, no estoy saliendo con nadie.- respondió suspirando, debió suponer que Draco comenzaría a ponerse receloso en algún momento de ese casi interrogatorio. –Hace como… cinco meses, creo…-

-¿Con quién?-

-Zacharias Smith…- el rubio se trapicó. -¿Qué?- lo vio negar, simplemente.

-Bueno, eres su tipo, después de todo…- sonrió y Harry entrecerró los ojos. –Theo Nott, séptimo año. Sólo eso te voy a decir.-

-¿Séptimo?, ¿séptimo?… Pequeña perra…- no habían estado mucho tiempo juntos, así que no había caso de sentirse molesto o algo semejante. Así que simplemente sonrió y el rubio acompañó su gesto.

-Acabo de encontrarte una virtud, Potter, ¡ya era hora!-

-Ja-ja… ¿y qué sería eso?-

-Que ya no eres tan grave como antes.- dijo, antes de beber de su vaso y mirarlo a través del borde de vidrio.

-Lastima que yo no pueda decir lo mismo…- el rubio le alzó una ceja y Harry le respondió con una sonrisa inocente.

-Que amable, de verdad…-

-Aunque si tuviera los ojos negros como las caries de Filch, sería de tú tipo… y entonces no importaría si fuese un arrogante bastardo.-

-Bien. Dejaste de ser tan grave… pero ahora eres un pendejo.-

-Vamos, Draco, ¿no estarías interesado?- sonrió maliciosamente, pero en el fondo le gustaría estar hablando en serio. -Podríamos conseguirnos alguna poción para pigmentar mis ojos, o quizás unos lentes de contacto, ¿eh?- movió las cejas sugestivamente.

-Entre Smith y yo existe una gran diferencia, Potter… no creo ser de tú tipo.-

-¿En serio?, te estás perdiendo una gran oportunidad…- rió.

-Que humilde de tú parte.-

Entonces en algún lugar de la casa comenzó a sonar una canción. Una canción muggle, que después de tocar la primera estrofa se detenía por un par de segundos y volvía a tocar. Reiterativa e intermitentemente. Harry se lo quedó mirando con ambas cejas alzadas, sin podérselo creer.

-¿Tienes un…?-

-Disculpa.- se levantó y tomó un pequeño aparatito de la mesa de centro. Apenas reconoció de quien era la llamada entrante, contestó. –Buenas tardes… Bien, gracias ¿y usted?…- sonrió. Antes de tomar un cuaderno y bolígrafo muggle. –No, no es molestia. ¿Qué sucede?- Regresó hasta la mesa americana y volvió a sentarse frente a Harry, el cual ya presentía quién estaba al otro lado del teléfono. –No, yo me lo traje a casa, pensaba revisarlo durante el fin de semana.- el moreno podía escuchar el murmurar de una voz gruesa, a través de la bocina del celular. –Si es de mucha urgencia, puedo terminarlo hoy y luego enviárselo a su casa… No se preocupe. Es algo importante, así que…- su voz sonaba ligera. Sonrió. –…Bueno podría aceptar esa tarde libre.- Larga pausa. Los ojos del rubio se paseaban por todo el departamento, concentradamente. En algún momento comenzó a escribir. –Bien… sí, la vez anterior me pareció que los límites de los compromisos estaban un poco vagos… sí…- anotó un par de cosas. –Lo revisaré, sí, junto con el plano, debe ser algo concreto antes de considerar los hechizos que ocultarán la línea flu… Sabe que ellos nunca se preocupan de esas minucias.- rió. –Claro… cualquier cosa se lo dejaré anotado.- Otra pausa, esta vez más pequeña. –Bien, se lo enviaré por lechuza…- asintió, como si el cuarentón pudiese verlo. –No hay problema… Nos vemos el lunes entonces. Bien, adiós.- colgó.

-¿Mèdard?- el rubio asintió.

-Tengo que leer el memorándum ahora y enviárselo a la brevedad.- Harry casi podía masticar su desagrado. El hombre era peor que Merlín o que Dios. Además de ser casi todopoderoso, con todas sus maravillosas habilidades burocráticas, logrando salvar a este puto mundo de sí mismo; también parecía ser omnipresente, apareciendo donde nadie lo ha llamado. Era tan frustrante. Era como un suegro vigilante, destrozando los mejores momentos para cuidar la preciada virginidad de una hija.

-¿Quieres que me vaya?- inquirió.

-Estaré leyendo…-

-¿Pero tú quieres que me vaya?- el rubio lo miró sin comprender. –Sólo dímelo, prefieres que me vaya para que hagas todo ese maravilloso…- se detuvo y apretó los labios. No serviría de nada mostrarse molesto. –Puedo esperar hasta que termines y lo envíes, después podemos salir a dar una vuelta o algo.-

-¿Por qué tan amable de pronto?, ¿salir a dar una vuelta?, ¿comer juntos?- sacudió la cabeza. –Al principio pensé que sólo lo hacías por compromiso, respondiendo a la amabilidad con la cual te trataba. Pero ahora…-

-Me agradas. No hay mucho más que decir al respecto. Simplemente me agradas y me gustaría pasar tiempo contigo.-

El rubio se lo quedó mirando, entonces negó.

-El memorándum tiene un anexo de casi cincuenta páginas, quizás termine entrada la noche.-

-¿Entonces prefieres que me vaya?- el rubio asintió.

-No me sentiría cómodo haciéndote esperar o perder el tiempo y quizás cuando termine, estaré demasiado cansado para ir más allá de la puerta.-

-Ok.-

-Quizás en algún otro momento.- en cualquier otra situación habría agradecido su intento de consuelo. Ahora no.

-Si, cuando Mèdard no tenga tanto control sobre tu propia vida.- el rubio pestañeo. Joder. Se pasó sus morenas manos por el cabello. –Lo siento…-

-Sé amable Potter.-

-Si.- No lo culpen si estaba frustrado e impotente.

Agradeció la comida y se fue.

En la esquina de Sewardstone, cruzó hacia la otra acera y se internó en el Parque Victoria. Después de haber caminado a largas zancadas, hasta cansarse y sudar toda esa imposibilidad, se desapareció.


Antes que nada ¿por qué no les gusta Médard? =***, si los hombres de cuarenta años llegaran como me lo imagino a él… = 0

Honestamente, yo también tengo problemas con la autoridad =D, pero no del tipo del rubio = /

¿Me merezco un comentarios? =)