¡Hola a todos!

No pensé llegar a un capitulo 4, veamos como avanza esta historia… =3 ¡Ah!, no se preocupen por mi comentario de Mèdard, si el hombre es un poco cabrón a veces… pero en mi mente es un dulce XD

Muchas gracias a todas por comentar, ¡saben que me hacen feliz!


**19**

Día de seguimiento: 48. De maldita madrugada… algo así como las ocho…

El rubio se dejó caer sobre el asiento, después de haber preparado todo lo necesario para la llegada de Mèdard. Un pequeño montón de pergaminos, de especial color azul, copias de varios avioncitos que habían llegado a primera hora, algunos recados… y otras pequeñeces. ¡Por supuesto!, ningún día de trabajo puede comenzar, sin hacer una pulcra pila de ropa sobre una banca, con los pantaloncitos, las camisitas, las corbatitas, los calcetincitos y los calzoncillitos del jefe.

-¿Qué pasa?, tienes cara de zombi.- Draco estaba sentado con la espalda curva y la cabeza pendiendo de su cuello, como si no se la pudiera. Sus ojos se habían mantenido cerrados la mayor parte del tiempo. El flequillo cayendo por su frente y sus rubios cabellos enmarcando su rostro más pálido de lo normal.

-Me siento como uno.- destensó los hombros y se inclinó hacia el frente, apoyando la cabeza sobre su escritorio. –Blaise llegó de Italia ayer, con un primo. Salimos en la noche… alcancé a dormir un par de horas en el sofá de mi departamento. Me siento acabado.- su voz se escuchaba ahogada, contra la carpeta de suave cuero que protegía la superficie de madera.

-¿Tomaste alguna poción?-

-Sólo una contra la resaca…-

-Ah, ya me lo imagino,- dijo medio riendo. –no tienes dolor de cabeza, pero debes estar todo mareado y tembloroso, con los brazos y piernas entumecidas, con el rostro afiebrado, con la vista borrosa y sin fuerzas ni para levantar una pluma…- iba enumerando y el rubio asentía a cada una de ellas. -¿Qué fue?, ¿whisky de fuego?, ¿algún trago muggle?-

-Vodka azul Siberia.- vodka mágico. ¡Oh! Eso te dejaba una cruda de dos días.

-¿En día de semana?-

-Cállate…- murmuró. –…siento que la mesa se mueve bajo mi cabeza…- Harry rió.

-Tengo poción energizante en mi casillero.- dijo. –Ya sabes, la enfermería del Departamento de Aurores sólo tienes aspirinas y banditas.-

-¿Serías tan bueno conmigo?- gimoteó.

-No queremos que el Señorito deje de hacer su maravilloso trabajo, todo porque no tiene a su asistente "a mano".-

-Ah…- suspiró lastimeramente. –Ni siquiera entiendo qué dijiste…-

-Bien.- siguió riéndose Harry. –No puedo salir de aquí, así que enviaré un mensaje. Sé que Seamus tiene la guardia de la mañana.- el rubio no dijo nada, ni siquiera se movió.

Harry tomó pergamino, pluma y anotó algo rápidamente, su desgarbada letra no tenía nada que ver con la pulcra y estilizada de Draco. De hecho, cuando escribía los informes, se sentía cometiendo algún tipo de herejía contra los miles de años de civilización. Garabateo en última instancia, bajo la resumida línea del mensaje, la palabra clave que abriría su casillero. Después tendría que cambiarla… Despachó el avioncito.

Miró al rubio, todavía quieto. Parecía respirar tranquilamente, a pesar de tener la frente y seguramente su respingona nariz, contra el escritorio. Transfiguro un pliego de pergaminos en una pequeña toalla de mano y con un aguamenti, la humedeció lo suficiente para ser refrescante.

Se levantó en silencio y camino hasta Draco… cumpliendo con su olvidada nobleza y desaparecida caballerosidad Griffindor, depositó la toalla en su nuca. En esa tentadora antesala de piel suave y pálida, en ese punto exacto donde el instinto lo conducía a morder, donde su salvaje animal interno le decía, era el lugar preciso para someter…

-Eso se siente bien…- escuchó y sintió el suspiro satisfecho del rubio. Entonces lo vio girar el rostro y apoyar la mejilla derecha sobre la superficie de cuero.

¡Ya! ¡Está bien! ¡Le gustaba! … Joder que le gustaba.

-Parrandero.- se mordió el labio inferior y deslizó con cuidado el rubio cabello hacia atrás, arrastrando algunos mechones por sus sienes detrás de su oreja. Acariciando. Arrullando. Mimando. Sintiendo el sedoso tacto de su pelo, la textura suave y tibia, de la piel del arco de su oreja. Deslizando sus ojos por ese perfil maduro, varonil y perfecto.

Y era tan hermoso, tan tranquilo, tan cálido.

El sonido de la puerta los hizo saltar a ambos. Con ojos bien abiertos y el rostro como si nada hubiese sucedido, Draco siguió a Médard dentro de su oficina y comenzó su día.

Joder.

**20**

Cuando marcaron las tres de la tarde, Draco se levantó. Era evidente, por la incipiente somnolencia reflejada en su rostro, que la poción energética iba a dejar de hacer efecto. Con un desganado pase de varita ordenó su escritorio, guardó pergaminos y carpetas en cajoneras y estantes, un par de avioncitos emprendieron la marcha y otro par de legajos de pergamino fueron a parar a su propio maletín. Todo se había movido pulcramente, como el propio rubio.

-Me voy.- simplemente avisó. Encaminando sus pasos hacia la oficina del cuarentón. –Director.- llamó desde la puerta, antes de pasar.

-Draco.- respondió, mientras terminaba de leer algún documento de importancia. "¡Oh!, sorprendente ente rebosante de sabiduría". Segundos después levantó la cabeza para mirarlo. –Dime.- indicó hacia el asiento frente al escritorio.

-Son las tres. Si no hay nada más que necesite,- dijo, obedeciendo la indicación, –me marcho a casa.-

-¿Ya enviaste las carpetas del proyecto al Departamento de Transporte?- se levantó para dejar un pequeño libro de tapas azules en el estante que ocultaba su armario. "Ocultaba su armario", era como un mensaje subliminal.

-Si, todo ha sido enviado. Incluso los memos de Aduana.- Mèdard se acercó nuevamente a su escritorio, pero esta vez se medio sentó en él, para quedar justo a un lado de Draco. Como era evidente y para encrespamiento de Harry, muy cerca del rubio. –Había llegado el presupuesto de Hacienda, tuve que devolverlo porque estaba incompleto y faltaba la firma de envío.-

-Eso volverá loco a Reihnmann.- medio sonrió el hombre. Dado que Draco le daba la espalda, Harry sólo pudo suponer por la curva indolente de sus hombros, que no estaba respondiendo con la animosidad que el director esperaba.

-Eso lo hará darse cuenta que una secretaria eficiente no es sólo una cara bonita y un buen cuerpo.- lo escuchó refunfuñar y Harry podría haber sonreído a sus infantiles murmullos de protesta. Tenían el mismo tono mañoso del Malfoy que él había conocido en Hogwarts.

-Seguro.- respondió Mèdard, entonces tomó la barbilla del rubio y levantó su rostro. –¿Qué clase de desventuras te han dejado en éste lamentable estado?, ¿y para que me cobres esa tarde libre?-

-Un ex compañero de colegio de visita.-

-¿En día de semana?-

-Lo siento.- Harry apenas escuchó, un muy-muy extraño pito en sus oídos, había comenzado a zumbarle la cabeza y ya estaba siendo un poco molesto. –Pero si necesita cualquier cosa, puede llamarme o enviarme una lechuza.-

-¿Ya has tomado alguna poción?- realmente no podía ver qué estaban haciendo las manos de Mèdard y eso le erizaba el vello de los brazos y de todo el maldito cuerpo. Sin saber si esa mano en su barbilla estaba haciendo algo más que simplemente estar ahí. Si su pulgar o alguno de sus dedos se habían desviado de lugar. Si alguna de sus yemas estaba acariciando algo de su suave piel. Maldita mente prolífica, se quejó Harry, con su conocido carraspeo desollador de "momentos incómodos", listo, en el borde de su garganta.

-Potter… el auror Potter,- se corrigió, –me facilitó algo de poción energizante.-

Harry lo escuchó decir y como ocurría cada vez que se daba cuenta de que no estaban solos los dos, se giró un poco, apenas echando un rápido vistazo hacia la puerta, donde él estaba vigilando. Y sus hombros se habían cuadrado también, seguramente en respuesta a sus verdes ojos de espectador. "Incómodo, ¿ah?", quiso decirle. Seguramente Draco estaba recordando no lucir como el asistente-embaucador… que difícil era, pensó el moreno, observando la imagen que tenía delante. Mèdard luciendo una posición dominante, masculina, de galán, de Sr. Darcy… por Merlín, ¡de macho alfa! Mientras Draco estaba en una posición desventajosa, sentado por debajo de él, de un modo tan maldita e implícitamente disponible.

Si había algo bueno en todo eso, era que al girar su cabeza la mano de Mèdard había perdido el contacto con el rostro del rubio.

-No dudo en que hayas bebido una poción contra la resaca.- inquirió el hombre, Harry casi adivinó cómo se le coloreaban las mejillas al rubio.

-Sí.- el hombre y su insistente contacto innecesario, volvieron a tomar la barbilla de Draco.

-Duerme y bebe una poción hidratante, eso te hará sentir mucho mejor.-

-Director.- la voz aprensiva y el esquivo gesto del rubio, le hicieron burbujear a Harry algo muy profundo en su interior. Caliente y animal. Ese mismo instinto posesivo que había descubierto en la nuca del rubio, el lugar predilecto para marcar y subyugar.

…Y esta vez no fue un carraspeo lo que salió de su boca, fue un gruñido en toda regla.

Mèdard lo miró como quien mira una molesta mosca parada en el vidrio de la sala.

-¿Qué le has hecho a ese sujeto, Draco?-

-¿A qué se refiere?- el rubio se volteo completamente y el moreno pudo mirarlo a los ojos, por unos segundos que le supieron innegablemente escasos. Pero que le provocaron la sensación como si algo hiciera combustión dentro suyo. Y por primera vez Harry estuvo de acuerdo con ese vejete idiota, él también quería saber qué le había hecho Draco. ¿Emburujarlo?, ¿hechizarlo?, ¿envenenarlo?

-Nada. Vete a descansar.- desestimó. –Yo tendré que conformarme con su desagradable presencia.-

-Director.-

-Lo mismo digo…- ambos hombres se le quedaron mirando a Harry, mientras él apretaba la mandíbula y esbozaba la sonrisa más inocente de la que fue capaz. Draco lo observaba con los ojos más abiertos que le había visto.

-Es una suerte que su trabajillo esté por terminar.- dijo Mèdard y su voz había sonado grave.

Harry tenía la replica en la punta de la lengua… pero estaba seguro que habría sido demasiado. Estaría cruzando una línea que era mejor conservar. Joder. No sólo para mantener su expediente limpio dentro del Cuerpo de Aurores, también por el propio hijo de puta que tenía delante. Sí, era un insufrible, pero un insufrible que le hacía bien a la Sociedad Mágica. El insufrible que le había dado trabajo a Draco, el insufrible que había influido positivamente sobre el rubio. ¡Ah, si!, recordaba vagamente algo sobre un agradecimiento… que nunca pensaba dar.

-¿No puedes mantener la boca cerrada?- le había reclamado el rubio una vez que hubieron salido de la oficina de Mèdard.

-El tipo es un idiota.- murmuró, como si la puerta al despacho del cuarentón no estuviese abierta y el dichoso hombre no le pudiese oír.

-¡Potter! ¡Por Merlín!- tomó su túnica y se la puso. -¿Cuándo dejarás las impertinencias?- espetó. -¿Cuándo dejaras de comportarte como el Héroe favorito de todo el mundo, el que puede quebrar las reglas, pero nadie le dirá nada?- lucía realmente enojado.

-¿Quién estaba toreando, esta vez?-

-¿Eres un niño aún?- negó con la cabeza, parecía tan molesto que la anterior desgana y somnolencia habían dejado su cuerpo. -¿Y tú eres el modelo de auror que tiene el Ministerio?-

-Bien, bien.- murmuró aceptando la culpa, pero por nada del mundo pediría disculpas.

-Me voy.- tomó su maletín de cuero negro y se encaminó a la puerta. –Buenas tardes.-

-Adiós…-

Murmuró sentado sobre el escritorio del rubio, mientras lo veía desaparecer tras la puerta de salida. Suspiró con resignación, echándole una rápida mirada a la puerta abierta que conectaba con la oficina del hombre. Sólo debía infundirse energía y fuerza de voluntad por tres horas más, hasta que el cretino se marchara… ¿a la casa de alguna de sus mujeres? Grandísimo animal.

Aunque, que él tuviese que quedarse hasta las seis junto al idiota de Mèdard, no significaba que ya no viera a Draco hasta el lunes. De hecho ya tenía una muy buena excusa para aparecerse en Mile End con un par de cajas de cerveza. ¡La Culpa!, otra de sus "buenas amigas".

Deslizó los dedos por sobre el portalápices, el portaplumas, el fichero y los diferentes objetos sobre el escritorio del rubio. Tomó un tintero que sabía, Draco usaba para escribir en los márgenes de los documentos que revisaba. Era una tinta de un muy conocido color Slytherin. Sonrió, deleitándose con el calorcillo que se arremolinaba en su estómago y subía por su pecho…

Inesperado. Incuestionable. Insensato a todas luces. Insatisfecho… por ahora.

**21**

Apretó la bolsa plástica y la caja de Lager, mientras se acercaba al departamento 326. El sonido de una televisión espantosamente alta, se escuchó apenas llegó a la tercera planta. Seguro el rubio tendría encantamientos de silencio y de privacidad, porque tenía un piso demasiado tranquilo y cómodo para el ambiente circundante.

Llamó a la puerta con sus nudillos y espero pacientemente, con una estúpida sonrisa pegada al rostro, desde ya. No había que ser adivino para saber que Draco no estaría repuesto, ni de lejos. El rostro somnoliento y acabado que le recibió… fue una divertida muestra de ello.

-Hola.- sonrió con gusto.

-¿Qué demonios…?- suspiró con resignación. -¿Qué, en el nombre de Merlín, te trajo otra vez aquí?-

-Irritabilidad, mal genio… eso me parece más conocido ya.-

-Potter…-

-Venía a ver como estabas y a…- pensó unos momentos. –¿pedir disculpas?…-

-¿Por qué?- pestañeo confundido.

-Te fuiste molesto…-

-Como si alguna vez te hubiese importado, de todas formas.-

-Oye, lo estoy intentando, ¿si?- Harry lo miró y el cuerpo del rubio parecía clamar, estar horizontal. -¿Puedo pasar?-

Se miraron por algunos segundos, que parecieron alargarse parsimoniosamente, en medio de la propia estática de sus cuerpos y una incierta vacuidad en el aire. El moreno se sintió en algún tipo de climax narrativo, porque le dio la impresión de que Draco estaba pensando en algo importante. Realmente importante. Y eso sólo podía significar dos cosas: había avanzado algún paso importante y el rubio estaba midiendo sus secretas intenciones o, había retrocedido hasta el recelo y Draco meditaba cómo deshacerse de él.

Se sintió esperar una eternidad, hasta que escuchó otro suspiro resignado y al rubio hacerse a un lado, dejándole pasar. ¡Pulgares arriba!

-Entonces…- dijo Draco, mientras se tiraba sobre el sofá de cuero blanco. Seguramente llevaba toda la tarde ahí, entretenido frente al televisor. Además había una manta, un vaso y una botella de agua mineral e indudablemente un par de viales de poción, sobre la mesita de centro.

-Conozco una mejor cura para la resaca…- levantó una de sus manos.

-Potter, eso es cerveza, es alcohol, es diurética. Justo ahora, para mí es un horror a la vista.- lo miró con una ceja alzada, su cabeza recostada encantadoramente sobre los cojines. –Así que dudo que eso pueda hacerme sentir mejor.-

-¿No has escuchado que al fuego se le combate con fuego?- respondió desde el otro lado de la barra americana. Vasos altos, destapador en mano, jugo de limón y sal. No iba a decir que fue Dean quien le había dado esa "receta", que en la medida justa curaba cualquier mal, pero en exceso lo único que hacía era trasladarte la cruda de hoy para mañana.

-Eso sólo me dice que no aprendiste nada de Encantamientos. Flitwick estaría muy desilusionado, Potter.- el moreno casi gruño. Potter, Potter, Potter. ¡Potter! Sus padres le habían dado un nombre de pila, por si no se había dado cuenta.

-Oye, Draco…- dijo como al paso, remarcando cada letra de su antiquísimo y exótico nombre.

-¿Mnh?-

-¿Esos viales de qué son? No puedo darte de mi elixir de vida, si has tomado alguna poción analgésica o calmante.- caminó al living con una bandeja en una mano y la caja de cervezas en la otra.

-Sólo poción hidratadora y un resto de poción para las nauseas.-

-¿Ya has comido algo?, traje algunas galletas de salvado.-

-Oh, excelente.- estiró los brazos y Harry le tendió el… paquete… dejemos los dobles sentidos para otro momento.

-Esto de verdad sirve. Mira,- le dijo, mientras vaciaba un pequeño vial. –esto es poción reconstituyente, no es que estés herido o algo así, pero ayuda a calmar dolores físicos, te va a estabilizar el estómago y te va a aclarar la cabeza. La cerveza,- completó la mitad del vaso con alcohol. –dilata venas, capilares y te va a ayudar a que la sangre viaje más rápido por tu cuerpo, dispersando la poción y haciendo que actúe más rápidamente. El limón evitará que se te suba mucho la presión y la sal, es por los minerales y el sabor.- vació un par de medidas de limón y agitó un poco el salero dentro del vaso, la cerveza soltó un "psss" efervescente y subió algo de espuma (*). Revolvió. –Ya sabes que limón y sal van de la mano.-

-¿Crees que me voy a tomar esa excusa de medicamento?- el rubio miró el vaso que Harry le dejó delante, sobre la mesita.

Sus ojos parecían realmente curiosos, en un gesto iluminado y vivo. Era uno de esos gestos que tanto habían fascinado a Harry. Esas miradas llenas de vida e interés, de apreciación y entrega, de quien valora y disfruta vivir y no simplemente "existe". Eran de esas miradas que no le había conocido antes, cuando todo era un caos y su padre y sus doctrinas eran la pauta de su personalidad. Y era increíble cómo todo parecía reflejarse en su rostro. Siempre era una sorpresa mirarlo y verlo expresar una sonrisa real, honesta, sin mayor lectura que el ser una sonrisa.

Sus sonrisas "eran" sonrisas. El acto reflejo de la felicidad, el gesto que va de la mano con la ligereza del corazón, del alma. La expresión que es motivada por la algarabía, por algún agradable sentimiento que te recorre el cuerpo. Una sonrisa es porque algo gusta y sientes que en ese momento se te mejora la vida.

Algo se le atascó en la garganta a Harry y no quiso pensar en su significado. Era algo demasiado bizarro.

-¿Tiene buen sabor al menos?- la voz del rubio lo sacó del trance. Levantando la mirada le vio beber un sorbo y hacer una mueca.

-¿Bien?-

-No está mal, aunque se siente el regusto de la poción de fondo.-

-Lo bueno de la cerveza es que no desnaturaliza las pociones. Además las reconstituyentes ayudan a dormir, así que pasaras buena noche.-

-Eso estaría bien. Es horrible despertar porque tienes frío y estas temblando.-

Pronto el rubio se hubo tomado todo el vaso de cerveza y estaba recostado sobre el sofá, con la manta encima. Su rostro ya no estaba de un blanco enfermizo, ni tenía apariencia de hastiamiento o malestar. De hecho un suave tono rosa apenas se pintaba en sus mejillas. La somnolencia lo había mantenido relativamente silencioso, conversando cuando Harry le hablaba, o comentando algo sobre la espantosa película que estaba a mínimo volumen en el televisor. El moreno supuso que Titanic era una afrenta a su buen gusto y ese muy Griffindoresco romance, era suficiente motivo para hacerlo rodar los ojos. Continuamente.

Harry, que después de esa extraña revelación sobre todo lo que le provocaban las sonrisas de Draco, se había tomado unas cuantas cervezas ya y había terminado acomodándose sentado en el suelo, sobre la cómoda alfombra de pelo largo, junto al rubio. Draco se había quejado, dándole todo un sermón sobre la función que las sillas y los sillones cumplían en los buenos modales del mundo occidental. Pero el quería estar ahí. Porque sólo debía girar la cabeza y podría distinguir con íntima claridad, el largo de sus pestañas. O el tentador espacio entre sus labios, cuando su gesto era reposado y su boca se relajaba.

Entonces llegaba a la conclusión de que algún día lo besaría, eso era como una profecía o un designio divino. Quizás fuera planeado… pero lo más seguro, conociéndose como se conocía, es que sería en un arranque de locura mal contenida. Si. Eso lo podía dar firmado, porque Draco Malfoy siempre le había provocado desquiciamiento, ataques de ira, desesperada impotencia, locas ganas de zarandearlo… de caer en un Griffindoresco romance. Porque esa ridícula reflexión sobre sonrisas… ¡sonrisas!, le recordaban a sí mismo en cuarto año. Todo hormonal, todo emotivo, suspirando por Cho… hablando de chicas, como si fuera lo más importante. Que me miró, que la miré, que nos miramos, que quizás quiere conmigo, pero la vi con Cedric y que ando hiperventilado…

Dejar toda esa tortura de las relaciones, había sido como sacarse un peso de encima. Cuando era tonto, feo, flacucho y sólo existía la "probabilidad" de que fuera el Salvador del Mundo Mágico, cuando no se había sentido muy seguro de sí mismo y pensaba que si las cosas no resultaban con Ginny, entonces su feliz futuro –si es que sobrevivía-, se le escaparía de las manos. Pero ahora, después de vencer a Voldemort, de ser un auror reconocido, de ser El Héroe, después de haber logrado el cuerpo que ahora tenía, de que su rostro ahora luciera varonil y atractivo, después de haber logrado tantas cosas, ya ni siquiera tenía que preocuparse por parecer agradable o tener buenas intenciones… porque todo el mundo lo quería tener cerca. Sólo debía hacerle un guiño a algún mago que le gustara en una disco y en cinco minutos se lo estaba follando. Y además le daban las gracias… que para él ha sido un honor. ¡Ja!

¡Así que no lo culpen por su vanidad!… es que uno se va acostumbrando. Ya saben.

Aunque Draco Malfoy siempre ha sido un punto aparte. Uno que siempre le ha atraído, de buena o de mala forma. Entonces la tortura de las relaciones vuelve a su cabeza. Y no es que sea un gran problema ahora, eso de madurar es una buena cosa, pero no está realmente habituado al sentimiento. A la desazón que siente cuando no ve a Draco pululando cerca suyo. Al chirriar de dientes que te provoca verlo "interactuar" con alguien como Mèdard. A lo malditamente celoso o lo desesperadamente deseoso que puede llegar a sentirse. A la necesidad de contacto, de algo tan sutil como acariciar sus rubios cabellos o tocar el borde de su oreja.

Pestañea y siente que algo le tiembla en el estómago, cuando se da cuenta de que realmente lo está haciendo… en algún puto momento ha estirado el brazo y ahora acaricia su cabeza. Y aunque Draco esté con los ojos cerrados, Harry sabe que está despierto.

Pero como sucedió en la mañana, no dice nada, ninguno dice nada.

Es tan suave, sentir como su pelo resbala por sus dedos, lacios y sedosos. Y el tacto de su aterciopelada piel, la sensación del cartílago, la curva de los pliegues, la flexible suavidad del lóbulo.

-Mi madre acariciaba mi cabeza cuando era pequeño.- escucha en murmullos, adormecidos. Harry no sabe qué podría responder. –Es relajante.-

-Lo sé.-

Mira la curva de su boca y traga saliva. Esos labios que hacían ese delicioso mohín, cuando conversaba. Como un apretar de labios, pero que nada tenían que ver con la aprensión o sus fallidos intentos de mentir. Verlo casi todos los días, casi doce horas diarias, por cuarenta y ocho días, lo habían hecho darse cuenta… de cada gesto, cada mirada, cada fruncir de cejas o movimiento de labios. ¡Era una jodida locura! ¿Cómo quieren que esté tan tranquilo, viéndolo así, todos y cada uno de los días? Conociéndolo, desentrañando todo de él… cuando nunca antes había podido hacerlo. Se sentía desarmado…

La presencia de Draco Malfoy le había pegado peor que una bludger en la cabeza o la cruciatus de Voldemort. Y aunque preferiría comer vidrio antes de aceptarlo, sabía que él era su debilidad… y no quería pensar en sí mismo, viviendo una relación similar a la que el rubio vivía con Mèdard. Mirándolo con ojos hipnotizados, sin que el hombre se dé por enterado. Peor sería compartir plaza con O'Driscoll, los dos dándole vueltas a Draco, como polillas a la luz. Eso sí sería patético.

No quería sentirse como el Harry looser de hace años, temeroso del rechazo o de la sonrisa sardónica de Draco. Que el rubio lo compare con Mèdard y vea que el cuarentón, a pesar de sus dos familias y su cuestionable moralidad, era mejor opción que él. No podría soportarlo…

Aventuró sus dedos hacia la curva de su mandíbula, regodeándose con la posibilidad de acariciarlo, de sentir su piel, aunque después le dé calabazas. Por ello no quiso pensar, ni mirar el gesto del rubio y sólo se dedicó a tocar la línea de su quijada, paseando la yema de los dedos sobre la excepcionalmente suave piel de su mejilla. "No lo mires o se romperá la magia", repitió su mente, mientras acercaba sus dedos hacia esa barbilla angulosa. Deslizando su pulgar sobre el hueso del mentón, distinguió el contraste de su piel canela y curtida por el sol y la palidez suavemente ambarina de Draco. No, porque su piel no era de un blanco-rosado, era de un blanco tirando al amarillo, al ámbar, al áureo, al dorado, como el rubio de su cabello. Si nos ponemos ñoños, diría que el rubio era como un pálido haz de luz vacilante, resplandeciendo dócil entre sus manos. …Y era tan suave, tan suave… Ningún hombre debería ser tan suave. Seguro el desgraciado se bañaba en cremas y no tomaba mucho sol, para no arrugarse, ni que le salgan manchas, ni deshidratar su piel… el muy mañoso.

Y sus putos labios, eran un festín a la vista. Una verdadera invitación… y no evitó que su dedo ascendiera por su barbilla y tocara su labio inferior con el borde de la yema…

-Potter…- dijo el rubio, tomando su mano. No quería mirarlo. Suspiró, retirando la mano sujeta. –Oye…-

-No digas nada…- dijo, intentando poner sus sentimientos en orden. Se giró de nuevo hacia el televisor. Dejando caer la cabeza hacia atrás, se dio cuenta que quedaba recostada sobre las rodillas de Draco. No era mal lugar. Quizás.

-¿Pasa algo?-preguntó tentativamente.

Sí, pasaban muchas cosas. Muchas cosas llenando su cabeza, calentando su cuerpo, su pecho. Atragantándose en su garganta, tráquea, esófago y todos esos conductos. Desagradable. Merlín sabía que le gustaba el rubio, tanto como sabía que al rubio le gustaba Mèdard. Podría decírselo, simplemente decirle que le gustaba… pero no quería tener que lidiar con un "déjame pensarlo", porque si lo pensaba… quizás saldría perdiendo. No quería lidiar con un "lo siento", ni con toda la incomodidad que vendría después. No quería lidiar con el recuerdo de Snape, ni con la presencia de Mèdard, ni con cada hombre que se les pareciera…

-Oye…- escuchó.

Y Harry no esperaba sentir la mano de Draco acariciando su cabeza, tocando su desastre de cabello, a la altura de su oreja… ¿Qué mierda era eso?, ¿era una señal?, ¿la estaba interpretando bien? ¿Debería simplemente saltar al vacío? Si tuviera a Hermione a su alcance…

Bueno, qué más daba… ni siquiera alcanzó a abrir la boca. El muy muggle celular de Draco sonó con la misma conocida melodía del sábado pasado. Esa que identificaba a… quien todos conocemos. Tan oportuno como un dementor.

Y las señales eran ahora mucho más claras: el teléfono junto a la botella de agua mineral, cerca de él para poder escucharlo siempre. Porque no era suficiente verlo cinco días a la semana, casi doce horas diarias.

-Director, buenas noches…- escuchó y podría echarse a reír. –Mucho mejor, gracias. Creo que ya aprendí mi lección.- sonrisa y pausa de murmullos al otro lado de la línea. –Sí, me han dado un medicamento muy bueno para… oye… espera…- le dijo Draco, tomándole la muñeca, mientras Harry se levantaba.

No se iba a quedar a decirle sus sentimientos, cuando tiene la susurrante voz del cuarentón hablándole al oído…

Tomó una de las botellitas de cerveza y se fue por donde vino.

**22**

Día de seguimiento: 50. Media mañana.

Más de un mes y medio de verlo casi todos los días.

Suspiró lacónicamente, mientras rellenaba su formato de informe número 49. Siempre que llegaba a la parte de "Las Actividades Monitoreadas", escribía casi todos los días lo mismo. Protocolo de escolta simple Atrio-Departamento de Relaciones Internacionales, Revisión del perímetro, Revisión de hechizos y barreras de protección, Vigilancia simple de oficina, Escolta simple dentro del Departamento, Protocolo de escolta secundada Ministerio-Embajada francesa, Protocolo de escolta simple a sala de conferencias del Ministerio, Control de salida de hechizos y barreras de protección, Control de salida del perímetro, Protocolo de escolta simple Departamento de Relaciones Internacionales-Atrio del Ministerio. A veces añadía alguna actividad imprevista, pero casi siempre era lo mismo. Definitivamente ésta no sería su misión más enriquecedora… ni qué decir de lo "otro".

No hablaron del tema. Aunque Harry no dio pie para ello, tampoco. ¿Qué le diría de todos modos? Así que trató de parecer normal y regresar a la rutina que llevaban antes de toda esa confusa situación. Seguía recibiendo a Draco en el Atrio del Ministerio, con el mismo gesto resignado y a la misma desquiciante hora. Seguía agradeciéndole el café de media mañana. Seguían compartiendo comidas rápidas en la cafetería del Departamento de Relaciones Internacionales y si había tiempo, almuerzos como Merlín mandaba en el comedor del Ministerio. Seguía acompañándolo de regreso a las chimeneas de salida, cuando se iba a casa, en Mile End.

Y todo parecía regresar a la normalidad.

Draco leía documentos en su escritorio, despachaba los correspondientes avioncitos y acordaba reuniones. Además planificaba presentaciones y corregía proyectos con el director.

Mèdard seguía creyéndose Dios.

Y Harry miraba… no, "vigilaba". No entremos en errores técnicos, él era un auror que había ido a vigilar, a patrullar y cuidar de dos magos civiles. ¡Alerta constante! Que su recién descubierto estrabismo, lo hiciera mirar hacia el rubio… hacia ciertas partes del rubio, era otra cosa. Es que un ojo se le iba… no los dos, sólo uno, porque sino suena sospechoso, como si él "quisiera" que se le fueran los ojos… ¡Ah!, ya no sabía que mierda pensaba.

Lo único que sabía –que seguramente todo el mundo sabía-, es que el chaleco del traje muggle que estaba usando Draco ese martes, le sentaba demasiado bien. Demasiado. Como en esos comerciales de Hugo Boss. Era tan ajustado que se podía ver la encantadora curva de su espalda siempre derecha, tan elegante y regia… remarcándole un culo de miedo. Tan redondito, tan respingón y manoseable. Para darle una palmadita. Nada muy contundente, solo un suave golpecito o un apretoncito. ¡Ah! Y esos malditos pantalones, que le hacían unas piernas tan largas… y sin túnica se podía "vigilar" toda esa anatomía.

¿Por qué Merlín, lo haces pasearse delante de mis débiles ojos… no, de mi débil ojo con estrabismo? No diremos que tiene otras partes débiles también, no con estrabismo, pero con algo muy cercano… Joder.

Su resolución de "No meterse en camisa de once varas" –a.k.a cerrar los ojos y huir-, perdía toda consistencia por una chaquetita y unos pantalones. ¡Te vendes por nada, Potter!

Suspiró su humillación, cuando vio entrar un par de avioncitos de pergamino. Ambos tenían el conocido color tierra del Departamento de Aurores. Cuando uno aterrizó en sus manos y el segundo frente a Draco, frunció el ceño.

Eso sólo significaba un: "Oh, mierda".

No necesitaba leerlo, era evidente. Se quedó con el avioncito sin desarmar, apretado en su mano derecha. Estaba seguro que hasta su corazón se le había apitiguado (*).

-Atraparon al autor del anónimo.- comentó el rubio, con una voz demasiado animada para su gusto. El no estaba para nada feliz. Tanía el pecho apretado. Y parece que sería al único a quien se le apretara algo en esa oficina.

-Bien…- medio trató de sonreír.

-Ya no tendrás que levantarte tan temprano.-

-Pero regresaré al remojo de calcetín.-

-Una amenaza a su asistente de personal y estaría solucionado…-

-Supongo.- tragó duro, entonces y sin saber qué hacer, se levantó de la que había sido su silla por mes y medio. Junto al marco de la puerta, casi frente al delgado reloj de pie. –Entonces yo… ya debería irme.- esbozó otra media sonrisa. Eso era todo. Eso era todo. La misión estaba oficialmente cerrada y ya no tenía nada que hacer ahí.

-Claro.- dijo el rubio, levantándose también. –Esto necesita ser firmado.- se le acercó unos pasos. –De cualquier forma, puedes venir a tomar café a la hora del almuerzo… a los quince minutos de almuerzo.- medio sonrió con una ceja alzada. Tan conocida y tan sin malicia. –Ya sabes que estamos un poco atareados por aquí… pero si quieres…-

-Claro. Claro.- esta vez fue una sonrisa completa. Suspiró. –Dile al tacaño de tu jefe que eso es explotación.- ni siquiera le importó que el hombre lo pudiera escuchar. Total, ya no tendría que aguantarlo más… o eso esperaba.

-Potter.- soltó una risa por la nariz.

-¿No crees que será necesario que yo…?- agitó las manos y gesticulo un "despedir", sin sonido. No quería escucharlo hablar del "excelente trabajillo" que había hecho, ironía por dónde se le mirara. Ese hijo de la grandísima…

-Es parte de los buenos modales.- le recriminó. Harry hizo un gesto de asco. –Le puedo decir que tuviste que marcharte y ya.- estrechó los ojos.

-Iré a buscar a Ron…- murmuró. Y de alguna forma solapada e inconsciente, sabía que estaba huyendo. –Nos vemos después.-

El rubio hizo una media sonrisa antes de avanzar hasta la oficina del director.

**23**

-¿Entonces quién era?- preguntó Ron, cuando Hermione llegó al Departamento de Aurores ese viernes. La detención, el arresto, el subsiguiente interrogatorio y la confirmación de la información habían durado casi toda la semana.

-Pensé que nos dejarían verlo, quizás amedrentarlo un poquito.- rió Seamus.

-Finnegan.- se quejó Hestia, su jefe de grupo.

-Fue un caso que se trató con mucho cuidado, no sabíamos si era una real amenaza de tipo terrorista o sólo un mal entendido. Por eso se hizo en el más estricto secreto.- dijo, con toda la parsimonia de la que era capaz. ¡Gh! Como siempre que tenía la atención de todos o que sabía algo que nadie más. Exasperante.

-¿Y? Hermione llega a la parte buena, luego…- rezongó el pelirrojo.

-Que impaciente.- codazo en las costillas. –Bueno. El sujeto era un mago de unos cincuenta años, domiciliado en una granja al norte de Londres. De acuerdo a los interrogatorios efectuados, el móvil del hecho fue por una nueva postergación al traslado de unos granian, desde Irlanda. Como corresponde al procedimiento normal, Aduana había enviado la petición al Departamento de Regulación de Criaturas mágicas, pero éstos la habían negado y el sujeto terminó enfureciéndose con Aduana. El problema es que hace siete años que quiere trasladar sus criaturas, pero le han estado dando largas.-

-¿Aduana?- Ron tenía las cejas alzadas. Seguro pensaba lo mismo que Harry: el pelirrojo había tenido suerte, porque lo que menos había hecho durante ese mes y medio, había sido vigilar o proteger a Doyle. Había comido, había dormido, había holgazaneado y a veces se acordaba de trabajar.

-Cabrón con suerte…- rió Harry.

-¿Por qué?- inquirió Hestia.

-¡Nada!- risa histérica por parte de Ron, codazo en las costillas por parte de Hermione. Ella estaba muy al tanto de lo ocioso y falto de ética que había sido su novio. Los sermones y las regañinas no habían hecho más que provocarle un rodar de sus azules ojos.

-Es que si hubiese sucedido algo, Ron habría sido el único en tener algo de acción.- dijo Harry, solo para zanjar el asunto.

-Si, esta fue una mierda de misión.- comentó Grossman. El había tenido que trabajar con la Directora de Migración. Una vieja tan agria como la mismísima Umbridge.

-Pero a algunos no les fue tan mal…- Duncan miró a Harry con ojos de lobo. ¿Wtf?

-¿Ah?- sabía que al hombre le había tocado el seguimiento con el coordinador de Registro.

-Los rumores corren muy rápido en ese pequeño Departamento.- añadió.

-¡Ah!, O'Driscoll…- jaleó Ron. –Todo el mundo lo sabe… Bueno, no todo el mundo, sólo en Relaciones Internacionales…-

-Te has vuelto muy amigo de los chismes, Ron.- se quejó Hermione.

-¿Qué pasa?, ¿quién es O'Driscoll?- preguntó Seamus. Grossman y varios de los aurores del grupo y de otros grupos se acercaron hasta la mesa donde ellos conversaban.

-Si te conté, el de Registro… el que anda tras Malfoy.-

-Oigan…- Harry miró a Hestia pidiendo ayuda, pero ella también parecía interesada.

-Pensé que andaba tras el chico de la oficina de Periodismo.- acotó Cornfoot.

-Yo diría que es al revés. Pero uno siempre debe tener un As bajo la manga.- ruedo de risas.

-Entonces…- dijo Harry, subiendo el tono. –¿Ya no hay peligro?-

-No, todo está bien…- hasta la castaña sonreía. De esas forma inteligente y maquinadora. –Fue puesto en libertad vigilada por los próximos cinco meses y tendrá que avisar con tres días de anticipación, cuando quiera visitar el Ministerio o cualquier edificio ministerial. Entonces se le asignará una escolta para sus trámites.-

-¿Crees que eso es suficiente?- preguntó un chico de otro grupo, pero que también había participado en la misión de Seguimiento.

-Si, realmente el hombre no era peligroso y la nota sólo había sido… algo así como un descargo de furia.- comentó. –De hecho, él en ningún momento pensó que su anónimo habría sido tomado en serio…- ruedo de bufidos.

-Claro, movieron medio Departamento de Aurores, para nada…-

-Siempre es mejor prevenir.- acotó Harry.

-Si, claro… "prevenir".- se rió Duncan a mandíbula batiente. Idiota. Y ni siquiera le entendía sus comentarios.

-Si lo único que nos demoró en dar con su localización, fue un Fidelius no registrado. Pero fue instalado durante la Segunda Guerra, así que no se le puede dar mayor castigo que una amonestación verbal.-

-¿Qué sucederá con sus criaturas?- preguntó una chica rubia del otro grupo. -¿Van a seguir dándole largas?-

-Por lo que sé Regulación de Criaturas mágicas y Aduana se reunirán para dar término a esa situación.- comentó Hestia.

-Sino díganle a Potter… él resultó muy bueno en las "Relaciones" internacionales.-

-Oye Duncan… ¿sabes lo que es torear?- preguntó con los ojos entrecerrados. –Porque soy muy bueno en eso y si no te callas…- advirtió y el hombre hizo un mohín. –Me voy a almorzar.- Harry se levantó y caminó hacia la salida. De fondo podía escuchar el grito de Ron.

-¿Vas a hacer de Macho Alfa?-

-¡Ron!-

-Si te digo, igual que O'Driscoll…- medio escuchó, seguro era Duncan.

No iba a responder sandeces.

**24**

Habían pasado sólo tres días desde su último día de seguimiento y aunque debía recorrer medio Ministerio, le gustaba llegar hasta ese tranquilo y elegante Departamento. Con su alfombra de transito alto y sus muebles de madera roja. Sus amplios ventanales con hechizos de eterno verano, sus macetas de plantas altas y alargadas y los enormes libreros llenos de colecciones de tratados y enciclopedias, a saber de qué.

Y a pesar del tiempo, todavía extrañaba la falta de sus compañeros dando vueltas por los pasillos o apostados junto a las puertas de cada oficina. Casi como si completaran la decoración del lugar. Ahora se veía tediosamente vacío y espacioso. Llegar hasta la oficina de Draco siempre lo hacía mirar hacia su derecha, donde antes se situaba McQueen.

Tocó con sus nudillos un par de veces y entró.

-Hola.- se anunció.

-Hola. - el rubio sonrió, a pesar de lucir atareado. -¿Cómo van las cosas?-

-Bien, el asunto del anónimo ya fue resuelto.- se sentó en la silla frente al escritorio del rubio. La silla que había sido su puesto, ya había sido quitada y la puerta que conectaba ambas oficinas ahora se mantenía cerrada. –¿Tienes tiempo para almorzar?, pareces ocupado.-

-Mucho…- un par de avioncitos entraron. –Si es otra vez la secretaria de Reihnman, la voy a maldecir la próxima vez que la vea.-

-¿Qué pasa?-

-Esta noche viajamos a Escocia.- Harry alzó las cejas y se lo quedó mirando. –Desde mañana se harán reuniones tripartitas para adjuntar a Irlanda y Escocia en el Trans-Europa. Eso será genial.- le iba contando el rubio, mientras agrupaba un par de carpetas azules y con un golpe de varita las enviaba, empequeñecidas, dentro de un portafolio. –De hecho… y nadie lo sabe, así es que debes guardar el secreto hasta que sea anunciado por el Ministro, pero ya se firmó el acuerdo con Francia.- parecía sumamente contento. ¡Harry, debes poner cara de contento, también! ¡Yeh-gh! –Ahora están en el proceso de trazado de los canales Flu, ya están preestablecidos, pero deben revisarlos en terreno… Bueno, el asunto es que Inglaterra se podría transformar en la entrada a Gran Bretaña, uniendo a Londres y Liverpool con Glasgow y Dublin.-

-Eso suena… importante.- apretó ligeramente los labios. Consciente que Draco no se daría cuenta de su disgusto o alguno de los sentimientos que seguro se reflejaban en su rostro.

-Por supuesto y este acuerdo le proveerá al Ministerio y a diversos sectores, mayores beneficios económicos que los presupuestados inicialmente.- otra pila de carpetas, esta vez verdes y varios rollos de enorme pergamino, reducidos y guardados dentro del portafolio. –Éste ha sido uno de los acuerdos más importantes planeados por el Director.- Indudablemente.

-¿Quiénes van?-

-El Director Mèdard, el señor Cooper, como coordinador del departamento de transporte, su asistente y yo.- sonrió nuevamente, con una amplitud y una alegría conocida. Luego comenzó a tachar una lista que tenía sobre el escritorio. –Proyectos, presentaciones, planos… faltan las listas de agencias, los presupuestos, los contratos, los hechizos de juramento, la carta del Ministro…- pensó un momento.

-¿Cuándo regresan?-

-El lunes…- con un golpe de varita, varios tomos provenientes de la oficina de Mèdard, se guardaron dentro de una valija con estante interior. –Pero a trabajar, estaré por aquí el martes.- Harry alcanzó a formular un "Oh", antes que Draco se volteara hacia él. Más sonrisas y más ánimo que era incapaz de retribuir. –Vamos Potter, alégrate. Esto es importante, pronto viajar a Francia ya no demorará media hora en traslador… estará a una chimenea de distancia.-

-Claro. Si… estoy feliz.- ¡Yupy!

-Espera cinco minutos y vamos a comer algo.-

-…claro…-

"Claro". "Claro". Esa se iba a transformar en su muletilla, cuando no sabía qué más responder. ¿Qué si estaba contento?: claro. ¿Emputecido?: ¡claro! ¿Patidifuso?: ¿claro?

Ni siquiera se movió de su asiento. Draco se iría todo el fin de semana con Mèdard. A Irlanda. ¡Todo el puto fin de semana! Muy, muy lejos de sus ojos. ¡Con Mèdard!

¡Claro!


Antes que nada, aclaraciones:

Michelada (*): díganme si no cura todos los males. En mi país (¿o sólo en mi casa?) se usa para curar el resfrío, ya saben: cerveza, limón, sal y una aspirina =P

"Apitiguado" (*): es un modismo muy-muy viejo, tipo de mi abuelita, de la zona central de mi país. No sale en la Rae. Pero significa algo así como adolorido, sentir el corazón apitiguado es sentir el corazón apretado, acongojado.

Y… ¿Qué les pareció el capitulo? ¿Qué hará Mèdard en Glasgow, solo con Draco? ¿Qué hará Potter, solo… pero sin Draco? XD

Muchas gracias a todos quienes me han apoyado en esta nueva empresa.

¿Me merezco un comentario? =)