¡Hola!, ahora vamos a ver lo todas/os esperan: qué sucede con ese viaje a Escocia. ¿Habrá que sentir pena por Potter? =3 ¡Yo quiero sentir pena! XD
Por cierto, Nympha Nix Nivis me preguntó por cuántos capítulos tendría esta historia y aprovecho de avisarles a todas que serán 6. Así que además de éste, nos quedaría sólo uno. Tiempo suficiente para resarcir la imagen de Mèdard… ¿o no? =D
Vale, ¡ahora a leer!
**25**
¿Ya había dicho cuán prolífica era su mente? Había que joderse…
Por eso había pedido asilo en casa de Ron y Hermione, como todos los viernes. Si se quedaba sólo en su casa, habría terminado maldiciendo a alguien, en éste caso Kreacher… o se habría tomado la botella de wisky de fuego que tenía guardada… o habría salido a follarse a alguien… o le habría instalado un hechizo de impotencia a la silla de Mèdard… y tenía toda una lista de opciones.
Era de noche. Y quizás Draco y Mèdard estaban compartiendo "algo" en algún lugar de Glasgow. Si cerraba los ojos ese "algo" cobraba un desagradable significado. Maldita mente. El rubio era una de las personas más tentadoras que había conocido en su jodida vida, en todo el espectro de la palabra –que sólo ahora se diera cuenta, era otro asunto-. Y no podía dejar de pensar en la posibilidad de que, así como el propio Harry lo habría hecho, alguien más intentaría tomar algo de él. Imaginarlo con alguien más, aunque fuese sólo hablándole o sonriéndole, le hervía la sangre. Joder. Sonaba tan posesivo.
¡Bueno!, pasar el reciente mes a base de pajas, te trastorna la mente.
… Y sí… se hizo una paja antes de irse donde Ron y Hermione. Evitando a toda costa que el cuarentón se cuele dentro de sus fantasías, ¡comería vidrio antes de hacer un trío con Draco y Mèdard!, ¡aunque sea imaginario!
-¿Qué mierda pasa contigo, para que estés con esa cara de dementor?- se rió Ron, con su cuarta cerveza en las manos y bastante achispado ya. –No que los dementores tengan cara…- rió de su propia, pobre y sin gracia broma.
-¿Pasó algo con Malfoy?- preguntó la chica y ambos la miraron con ojos entrecerrados. –Soy analista, por el amor de Dios. Era cosa de verte la cara, cuando regresaste del almuerzo.-
-Draco se fue a Escocia con Mèdard…-
-¿Por qué?, ¿a qué?-
-Por algo sobre el Trans-Europa, es algo de trabajo… pero no regresa hasta el lunes.-
-Oh, entonces estás celosillo…- dijo el pelirrojo y Hermione lo miró, intentando paciencia.
-Es trabajo Harry, no tienes por qué preocuparte. Además tú mismo nos dijiste que lo de Malfoy solo era un… interés unidireccional.-
-¿Y quien dice que no…?-
-¿Que haya una "recaída"?-
-Ron, por el amor a Merlín.- Ron hizo el gesto de sellar sus labios, Hermione suspiró. –No te puedo asegurar que no vaya a suceder algo, pero creo que si de verdad te gusta Malfoy, deberías hacer algo ya.-
-… y dejar de lloriquear.-
-¡Ron!-
-Es que es la primera vez que estas tan niñita para tus cosas…- se quejó. –Antes ibas y venías de relaciones sin quejarte. De hecho ni siquiera sé cuándo terminante con Smith, pero ahora es todo quejas y caras largas. Que a Malfoy le gusta éste o al otro, que O'Driscoll le anda haciendo ojitos, que yo pensé que le interesaba… que cerramos el caso y ya no podré verlo… que se fue a joder todo el fin de semana con Mèdard a Escocia… agh…-
-No te preocupes, amigo, ya no hablaré sobre el asunto contigo. Si tanto te molesta.-
-Harry…- Hermione tomó su mano.
-No estoy diciendo que me molestes tú. Es la situación.- respondió Ron y con un movimiento de varita rellenó la fuente de masitas, sobre la mesa. –¿Por qué de pronto estas tan indeciso?-
-¡Porque le gusta el tipo ese! ¡Qué más problema quieres!-
-Al inicio, cuando te gustaba Ginny… nunca perdiste la esperanza, aunque ella estuviera con Dean.- recordó la castaña, Harry se tensó. Sabía por dónde iban los tiros. –Las veladas en el Club de Slough, las veces que la invitaste a Hogesmeade o cuando fueron juntos al mundial de Quidditch en Amsterdam. Diste pelea Harry, aunque al final te diste cuenta que sólo la querías como a una hermana.-
-Pensar que pudiste ser mi cuñadito…- negó el pelirrojo.
-¿No piensas dar pelea ahora?- continuó su amiga. -¿Por qué es diferente? ¿Sólo te gusta o hay algo más?- estrechó sus ojos. Harry no alcanzó a responder…
-Oh, Malfoy siempre ha sido un bastardo "especial"… y no hablo de cuando anduviste todo saltón en sexto curso o del juicio. Te ha sonreído un par de veces y terminaste todo tembleque, amigo, ni siquiera Cho o ese tal Mike te golpearon tan duro…- meditó con gesto obvio. –Supongo que son parte de sus habilidades camaleónicas. De hijo de puta a algodón de azúcar.-
-Gracias por el análisis, Ron.- Harry hizo una mueca.
-Pero tiene razón y yo creo que tú también te has dado cuenta.- el moreno vació su pinta en un par de tragos. –Haz algo Harry.-
-Claro, lanzarme al vacío.-
-No. No resignarte y dar pelea.- dijo Hermione.
-Dejar de ser un quejón…- concluyo su, tan sabio, amigo.
**26**
Harry se quedó despierto toda la noche del viernes. Los días siguientes no fueron mejor. Entre las visiones de su mente de mierda, su cuerpo con un repentino ataque de adolescencia –léase: ganas de darle al respingón culo del rubio-, su recién descubierto sentimiento con "a", que lo tiene con "e" y sus planes de confrontación, realmente le daban ganas de jalarse el cabello.
De pronto el martes se veía a galaxias de distancia. Quería que llegara y a la vez que no.
Harry se prometió que si salía derrotado de esa batalla se cambiaba el apellido a Hofstadter (*).
**27**
Martes.
Suspiro. Díganme si no lo había presagiado…
Retomemos el hilo de los acontecimientos.
¿Qué si había pensado como abordar a Draco ese martes, cuando lo viera en la oficina? Si. Lo iba a invitar a tomar algo a la cafetería, cualquier cosa pero lejos de Mèdard. Entonces le pondría al tanto de los poderosos sentimientos que había despertado en el Salvador del Mundo Mágico, en tan solo un mes. Desde las anormales palpitaciones de su inocente corazón, hasta la necesidad de "honorable" contacto entre sus manos.
Todo iba a ser meramente vocal, informativo y en espera de respuesta. Entonces, si Draco le decía que no, el sólo haría una inclinación de cabeza, caballerosa y orgullosa y recularía todo lo dignamente posible, hasta la primera chimenea que encontrara… para esconderse en su cama al menos por dos semanas. Todo bien decoroso y bien Potter. Bien de Héroe.
No pensó que la primera reacción que tendría a la presencia del rubio, con su encantador chaleco gris y sus ojos grandes y pálidos, sería más del tipo físico…
Draco apenas le había dicho "Hola" y Harry no se había aguantado, lo había mirado por milésimas de segundo y algo dentro suyo se había desatado. Esa era una excelente palabra: desatado. Porque fue como una explosión de calor y temblor en sus manos. Como una energía atómica, metafísica o cosmogónica, algo así de inverosímil e inexplicable.
Antes de siquiera pensarlo había avanzado hasta el rubio, quien estaba parado junto al asiento, al otro lado de su escritorio. Fue algo así como un Aparecimiento junto a Draco… como un ¡Pop! de elfo doméstico…
Sus verdes ojos se cerraron en torno a la figura del rubio, mirándolo con un hambre que no había sentido en mucho tiempo. Observando sus labios se apretó contra él, sabiendo que Draco estaba arrinconado contra la mesa… sus grises ojos se abrieron y sus cejas se arquearon sorprendidos. No podía haber nada vocal en ese lugar, ni en ese momento…
-¿Qué estas…?-
No había sido un amago, ni un gesto indeciso. Simplemente se dejó caer contra su boca y lo besó todo lo fuerte que pudo. Todo lo intensamente que pudo. Absorbiendo no sólo sus palabras o la exhalación de su aliento, tomó su calidez y el incipiente temblor de sus labios. Y se asió a él con la fuerza de sus brazos, abrazándolo por su espalda y cintura, deslizando una de sus manos hacia su nuca, lo mantuvo allí disponiendo de su boca. Lo contuvo para él. Apretándolo, sin dejarle margen de escape o separación. Sin medias tintas, ni vacilación. Eso era lo que quería, tenerlo todo.
Se le lanzó encima como el melenudo león que era.
Harry había estado tan caliente y ansioso por ese contacto, que tenerlo por fin lo había desquiciado. Le mordió el labio inferior y se regodeó con la suavidad de su boca, succionando su carne tibia y suave, mientras extendía los dedos de sus manos y buscaba abarcar todo el cuerpo posible. Lo apretó de la cintura y restregó sus caderas, contra el rubio, seguro de que a pesar de la tela gruesa del pantalón de auror, Draco podría percibir una incipiente dureza.
Cuando Draco jadeó, Harry tembló de pies a cabeza. Dios, eso era todo lo que necesitaba… y sentir las manos del rubio meterse bajo su túnica de servicio y aferrarse su sweter…
En algún momento de toda esa nebulosa de sentimientos y placenteras sensaciones, había escuchado su nombre gemido contra sus labios y él había respondido con un "Draco", ahogado y lleno de deseo. Cuando el rubio abrió su boca, Harry se había metido en ella, como una premonición del fuego que cruzaba su mente y que hervía en sus venas. No necesitó mucho tiempo, antes de tomarle las caderas y sentarlo sobre su escritorio. Draco gimió y tiró de él, acercándolo más hacia su cuerpo… frotando sus caderas, podía sentir la polla del rubio contra su propia erección queriendo perforar sus pantalones… agarrando el borde de sus nalgas, Harry comenzó a empujarse…
-Draco.- una sedosa voz se escuchó desde su izquierda. Harry abrió los ojos y el rubio se tensó entre sus brazos.
-Mierda…- el moreno se inclinó y susurró con el rostro escondido en ese hermoso, pálido y aromático cuello. Joder. Joder. No podía irse así, con el rabo entre las piernas… chiste doble sentido, ¡Ja! Pero ninguno de sus dos significados tenía gracia.
-Le agradecería que soltara a mi asistente, auror.-
-Potter…- había que joderse. –Harry…- el moreno levantó los ojos. ¡Lo había llamado por su nombre!, pero lo recibió una de esas miradas de "¡mueve el culo fuera de aquí!". ¡Au!
-Claro.- se levantó, abrochándose la túnica. Ya dijimos que la cosa iba a ser todo lo digna posible. –Tan oportuno… señor Mèdard.- masculló y esta vez le entregó la túnica negra de la percha, al rubio. No quería los ojos negros del cuarentón en lugares que no debían. El único con estrabismo en esa puta oficina, era Harry.
-Debería ser yo quien dijera eso.- el hombre estaba recargado contra el marco de la puerta, siendo todopoderoso y omnipresente, observándolos a ambos. Unos pergaminos pendían de su mano derecha. –Quizás debí carraspear…- dijo con intención.
-¡Ah!, que chistoso.- masculló. –Quizás no debió aparecer.-
-Lo siento, director Mèdard.- el moreno se giró hacia él, Draco no parecía para nada contento. Se había levantado del escritorio y ya tenía la túnica puesta. –Harry… de esto hablaremos después… Ahora deberías irte.- no pudo evitar apretar los labios.
-No, vamos a hablarlo ahora.- mejor si estaba ese insoportable delante.
-Después. ¡Ahora estoy trabajando!-
-¿Los aurores de esta Comunidad no tienen nada que hacer?-
-Director.- se quejó el rubio y a Harry se le hinchó una vena.
-Iré a Mile End, después del trabajo.- era gracioso pensar que Mèdard también lo calentaba, pero de ganas de molerlo a golpes. ¡Civilidad, Harry! ¡Civilidad! –Y usted…- quiso golpearse la cabeza, al darse cuenta que era incapaz de tutearlo. –puede que sea bueno hablando y siendo un gato de chalet, pero apostaría a que igual se cagó de miedo con Voldemort.-
-¡Potter!- casi podía ver cómo Draco se erizaba completamente. –Después hablamos, ¡pero ahora vete! ¡Calma esa hueca cabeza tuya!-
Harry se marchó dando un portazo, viendo como el cuarentón esbozaba una media sonrisa. Estirando la comisura de un lado de su boca. Ladino. Burlón. Artero. Terriblemente Slytherin y asquerosamente Snape/Lucius.
Lo sabía, hace un mes que lo sabía… pero ahora estaba más que seguro. Odiaba al emperifollado y relamido de Maxime Mèdard. ¡Lo odiaba!
Y si las cosas no resultaban con Draco, no habría anónimo terrorista que le hiciera justicia… ¡él mismo volaría ese lado del Ministerio!
**28**
-Te lo dije.- sonrió el hombre. Sentado despreocupadamente sobre el borde del escritorio, mirando a Draco en el asiento cercano. En una de esas conocidas posiciones que habían desquiciado a ese aurorcillo.
-Bien… realmente no creí que El Salvador se interesaría por el hijo de Lucius Malfoy.-
-¿Dónde quedó tu seguridad? Era cosa de verlo, desde el primer día.- rio socarronamente, de nuevo. –Siendo una cosita dulce, puedes tener lo que quieras, Draco. Sonrisas y tazas de café, esa es tú macabra estrategia.-
-Usted habría sido un buen Slythrin, director.-
-Habría aprendido muchas cosas de ese Snape, ¿no?- ojos entrecerrados. –Has perdido tu camino, Malfoy. Llevas cinco años aprendiendo a ser una tierna ovejita, es hora de que vuelvas a ser un lobo.-
-Una serpiente, en mi caso.- bufó.
-Y si va de la mano de Harry Potter…- el hombre le acarició el borde de la oreja y el rubio se estremeció. No porque aún le gustara Maxime, sino porque era una zona sensible y el hombre lo sabía. –Después de todo, esas miraditas tuyas, todas esas atenciones… ese maravilloso chaleco. Conmigo te costó un poco más acercarte.-
-Usted era mi jefe y no sabía si tenía algo en contra de los hijos de mortifagos.- cerró los ojos mansamente. –No arriesgaría el único empleo que podría conseguir, sólo por una atracción…-
-Entonces… ¿qué vas a hacer?-
-Supongo que aceptaré.- casi se sentía ronronear, quizás le enseñaría sobre sus zonas erógenas a Harry.
-Excelente.-
-Aunque debo decir que no fue muy amable de su parte ser tan insidioso.- abrió los ojos y miró las negras pupilas del hombre.
-¿Qué?, ¿un poco de toqueteo y situaciones incomodas?- bufó, levantándose de la mesa del escritorio y se encaminó a su asiento. -Si no fuera por mí, ese auror aun estaría sentado en esa ridícula silla simplemente mirándote ir y venir. Deberías agradecérmelo.-
-Entonces que se adelantara el viaje a Escocia no fue una casualidad…-
-Tú mismo me lo dijiste: Griffindor. Ese sujeto no habría soportado dejarte a tú suerte en mis inmorales manos.- ambos asintieron aceptando el punto. –En cuanto llegaras se lanzaría a poseerte y a marcar territorio.- de pronto Draco sintió calor, Potter casi había ido más allá de simplemente marcar territorio. Por suerte existían hechizos para bajar las erecciones. - Quizás qué pensó su pequeña cabecita llena de músculos. Tú y yo en un hotel en Glasgow.- soltó la carcajada.
-Director, no disfrute del sufrimiento de otros.- ese hombre era casi peor que Severus. Que miedo.
-Bueno, pero te gusta ¿no?- el rubio asintió. Si, claro que le gustaba, siempre le había atraído. Más allá del amor platónico por su padrino. -Ahora es tuyo. Considéralo un regalo.-
-¿Gracias?- negó. ¿Un regalo? -¿Sabía que cuando me llamó el viernes, él estaba conmigo? No lucía para nada contento.-
-Por supuesto.- sonrió y su voz sonó especialmente suave. Draco alzó una ceja. –Saber cómo reaccionaría ese auror fue fácil. Un par de gotas de Felix Félicis por las mañanas, periódicamente, hacen todo lo demás.-
-Como lo sepa alguien…- negó con la cabeza. Eso era absolutamente ilegal en funcionarios del Ministerio. Aunque no había sido por motivos directamente laborales.
-Ahora.- y esta vez la sonrisa era casi maligna. Escalofrío. –Emparejándote con ese auror tú aceptación dentro del Ministerio se elevará. Con tu curriculum, con tus logros, con tú evidente desempeño en la firma del Trans-Europa y mi carta de recomendación, tomarás el departamento de tesorería… y entonces todo será muy fácil.-
-Que Slytherin.- pensó con un largo suspiro. –Sé que el señor Doyle apoyará mi promoción y si le regalo un par de sonrisas a O'Driscoll, él hablará en mi favor con la Directora de Migración.-
-Y Cooper te tiene en muy alta estima, sin contar con su absoluto desagrado por Smith.- Maxime apoyó los codos sobre la superficie de su escritorio y juntó las yemas de sus dedos, en un gesto absolutamente conspirativo. –En un par de meses éste departamento será nuestro y si todo sale bien…-
-¿El Ministerio?- el hombre asintió y sus ojos brillaban como la obsidiana. Si Severus no hubiese tenido una vida de mierda, habría sido tan maquiavélico y ambicioso como el hombre frente a él. Era excitante y terrorífico a la vez.
-No te preocupes,- desestimó con una de sus manos. -para los treinta te regalaré Hacienda.- ¿le estaba ofreciendo ser vice-ministro? –Entonces estarás, sino por sobre, al menos al mismo nivel que "ese" auror.-
-Maxime.- se quejó, pero pronto sonrió. Levantándose de su asiento, se acercó hasta el hombre y besó una de sus mejillas. –Si quieres que las cosas me funcionen con él, no seas tan pesado, porque si sus amigos se portan mal conmigo sólo yo debo tener la posibilidad de quejarme.-
-Eso de molestar Griffindors es divertido.- sonrió ladino, pero no dijo nada más.
-Por cierto…- esta vez fue él quien se sentó en el borde del escritorio, viendo a ese atractivo hombre mirarlo desde su extraordinario asiento de respaldo alto. Estuviesen en la posición que fuera, ese hombre siempre parecería dominarlo todo. –ya tengo los títulos de la propiedad en Manchester. Si todo sale bien, Hanna podrá trasladarse la próxima semana.-
-¿Es necesario?- hizo un suspiro dramático.
-Hay demasiada gente del Ministerio que sabe de tú otra familia. Lo mejor es poner tierra entre ambos, lo antes posible.- eso era obvio, ambos lo sabían. Pero también significaba que las escapadas del director al mundo muggle, ya no serían tan fáciles. –¿Ser padre de familia o ser Ministro?-
-Despáchala.-
Draco acarició apenas el cabello negro de su nuca antes de encaminarse de regreso a su oficina. Pensar que ese hombre había sido su amor platónico –así como lo había sido Severus-, luego fue su amante, su amigo y ahora era una de las personas más importantes de su vida. Algo así como un segundo padrino. Sin él no habría podido sobrevivir. Él lo había rescatado de la inminente pobreza, de la profetizada soledad, de la más absoluta segregación. Draco habría sido un paria que si era desterrado del mundo mágico, no sabría cómo vivir en el muggle.
De no tener nada, ahora lo tenía a él y a Potter… a Harry. Sonrió.
Ya lo decía él, Mèdard era un tipo que daba miedo. Pero la lealtad era uno de los máximos principios de Slytherin, que aún mantenía por sobre todas las cosas. Con ese hombre podría ir y regresar del infierno… Aunque, bueno, si las cosas marchaban bien con Harry, en el futuro tendría que pensárselo más. Pero por ahora, su lealtad era una.
**29*
Llegó como alma que se la lleva el diablo a Mile End. Eran las jodidas once de la noche. Redada de mierda y puto Robards que justo los mandaba a ellos. Habiendo decenas de aurores y le pedía justamente a Hestia que vaya a arreglar ese entuerto. ¡Justo a ellos! No, si el hombre tenía algún pararrayos especial, para joderle la vida al resto. Harry estaba en bolas, recién bañado y vistiéndose de franco cuando les avisaron. Tuvo que ponerse su maldito uniforme de nuevo y pateó la perra durante las cuatro horas que estuvo en misión.
Mala suerte al pobre cretino que le había tocado recibir su Desmaius, lo había hecho volar como cincuenta metros en el aire… ¡Ah!, ¡lo único gratificante entre tanta calamidad!
Tocó la puerta fuertemente con los nudillos. Al menos se colaba luz por debajo de la puerta. Verla abrirse le provocó una exhalación de esperanza.
-Hola…- sonrió, mostrando sus dientes blancos recién lavados.
-Son las once de la noche, Potter.- lo miró apoyado del filo de la puerta, sin dejarlo entrar aún.
-Lo siento, hubo una redada en el callejón Knocktum. Estuvimos como cuatro horas ahí… quizás debí escribirte una nota o algo.- se rascó la cabeza con una de sus manos. –Sé que no es una justificación, pero recién pude salir. De verdad lo lamento.-
-Está bien…- suspiró y se hizo a un lado. –Olvidé que los aurores hacen mucho más que vigilar magos en aburridas oficinas.-
-Si…- volvió a sonreír más calmado y seguro. –Gracias.-
-¿Algo de beber?, ¿una cerveza?, ¿café?, ¿té?- le indicó que se sentara, mientras él caminaba hasta la pequeña cocina americana.
-Una cerveza estaría bien.- se sentó en ese conocido y cómodo sofá de cuero blanco. Allí donde Draco había pasado su pasada resaca. Cómo podían cambiar las cosas.
-Entonces…- el rubio le tendió la botellita, sentándose a su lado. Luego se lo quedó mirando, esperando a que comenzara con eso que "tenían que hablar".
-Entonces…- suspiró, –es obvio, creo.- el rubio pareció inmutable. Como buen Slytherin sabía que en situaciones así, de sentimientos y con alguien de la importancia de Harry, debía tener todas las cartas a su disposición. –No es como si me magreara con cualquiera, sobre los escritorios del Ministerio.-
-Nos hemos visto por apenas mes y medio. No puedo dar nada por sentado…-
-Me gustas.- Draco sintió como algo temblaba dentro suyo. –Es cierto, sólo ha sido un mes y medio, pero para mí ha sido más que suficiente…- rió un poco. –Me encantas. Todo lo que he visto de ti me gusta. Y quiero verte todos los días. Porque no he podido dejar de pensar en ti… incluso pensé en hacer uno de esos muñecos mágicos de Mèdard, durante el fin de semana que estuviste en Glasgow.- eso sería gracioso, si no fuera porque Harry realmente lo pensó.
-¿No será algo meramente físico?-
-Ahm… lo pensé, pero no. Realmente es algo más allá de lo físico, es algo raro para mí, pero… tengo sentimientos profundos por ti.- carraspeó y algo pareció calentarle el pecho cuando vio a Draco comenzar a sonrojarse. De alguna forma esa visión, le dio la fuerza para seguir exponiéndose. –Ya sabes que he tenido otras parejas antes, pero nada como lo que he sentido por ti, porque me gustas. Realmente me gustas. Me gusta como hablas, me gusta como sonríes, como te sonrojas justo ahora.- suspiró, pensando en cada uno de esos gestos. -Me gusta tu dedicación al trabajo, me gusta como tratas a la gente ahora, me gusta cómo has cambiado. Que hayas pensado en mí con amabilidad.-
-¿Cómo?-
-Tenemos un pasado conflictivo y yo me iba a inmiscuir en tú vida, en tú oficina, en tú mundo.- el rubio asintió. –Y a pesar de todo… Yo era Potter y tú Malfoy y aún así, trataste de hacerme las cosas fáciles. Trabajaste conmigo y no contra mí, como lo pensé en algún momento. Me hablabas con cortesía y me llevabas café cuando me caía de sueño.- Draco lo miraba con ojos amplios. –Eso fue… lindo.-
Draco se sorprendió. Maxime tenía razón, el tiempo y las circunstancias lo habían hecho perder su naturaleza Slytherin. Hablar con cortesía y servirle un café lo habría hecho con cualquiera… lo había aprendido desde que había salido de la sala de juicios del Wizengamont, a punta de malas experiencias y sermones. Recién ahora se daba cuenta que podría ser una muy buena y sagaz estrategia de engatusamiento. ¡Sonrisas y tazas de café! Eso era por mucho, mejor que los medios que utilizaba su padre.
-Gracias…- sonrió el rubio y realmente agradecía que alguien como Harry se diera cuenta de sus esfuerzos, de su cambio. Quién era Draco Malfoy ahora.
-Además resultaste una persona agradable para conversar. Honestamente y sin ánimo de ofender, nunca lo hubiese creído.-
-¿Sin ánimo de ofender?- negó con la cabeza y se bebió un trago de cerveza. –Trabajaremos en las sutilezas, Potter, porque eres un asco en "no ofender".- Harry rió.
-Lo siento.- bebió un trago de su propia botella y la dejó sobre la mesa de centro. –¿Debo asumir, por cómo pasaron las cosas hoy en la mañana, que no te soy indiferente?-
-Sí. Por muy extraño e inesperado que parezca.- el rubio inclinó la cabeza y lamió ligeramente sus labios. Obviamente, Harry siguió con sus ojos todo el trayecto de esa húmeda y rosada lengua. –Pensé que te comportarías arrogante y prepotente como algunos de los "Héroes de guerra" que han pasado por el Departamento, pero fuiste agradable. Supongo que aún tienes algo de esa candidez y la empatía de niño.-
-No diría que cándido.- Draco negó a otra de esas "sutilezas".
-Fue extraño darme cuenta que era interesante estar en tú compañía. Sin rencores, como dos recién conocidos.-
-Podemos decir que fue algo así… ninguno supo mucho del otro, en estos seis, siete años.- sí, su orgullo aún se estaba recuperando del golpe. –Y no es como si en Hogwarts nos hubiésemos "conocido" realmente.- el rubio asintió y pareció meditar sobre algo. Mirando hacia el otro lado de la habitación. –Entonces… ¿te gusto o sólo te intereso?- Harry le había dicho que le gustaba, que sentía algo profundo por él. No quería tener que conformarse y vacilar en la incertidumbre, por un simple interés. No quería pensar en la presencia implícita de Mèdard, cada vez que estuviese con el rubio. Como la sombra de un amante pasado, moviéndose sobre sus cabezas. –Dime la verdad.- Draco se volvió a él.
-¿Que te diga la verdad…?-
-¿Mèdard?, ¿tus prospectos tipo Snape?- apretó los labios. –No quiero tener que pensar en ellos en el futuro… tu mismo lo dijiste, un mes es muy poco tiempo.- sintió algo caliente burbujear en su sangre. ¡Ah!, conocida sensación. -¿De pronto pasaste de oler las camisas de ese hombre a interesarte en mí?- sí, ahí estaba la vena hinchada, punzando justo en su cuello. A punto de reventar. –Todavía te gusta o qué. No quiero ser un sustituto de nadie.-
El rubio suspiró, pestañeando calmadamente mientras lo miraba directo a los ojos. El moreno pensó si estaba haciendo bien las cosas, si no se estaba precipitando… si la vena sería muy evidente, junto a su yugular –o el puto conducto que sea-, ¡pero es que su preocupación era justificada! Joder. Malditas relaciones humanas.
Inhala. Exhala. Inhala… Exhala…
Entonces ese pequeño instante de silencio más que incomodarlo, le dio tiempo suficiente para calmar las pasiones. Había que admitirlo, Harry era como pasto seco… prendía con poco.
-Entiendo tu inseguridad y no creo poder convencerte después de todas esas cosas "inquietantes" que has visto.- el moreno reconoció sus propias palabras. –Seré honesto, aunque sólo sea mi palabra.- Suspiró. –Si tuviera que definir mis sentimientos por Maxime, diría que tienen una raíz de necesidad derivada del abandono, de una ausencia o de un nostálgico afecto no consumado. Pero no es amor, más allá de algo platónico. No tiene proyecciones, ni tendencias románticas. No hay más reciprocidad que un sentimiento fraterno.- dejó caer la cabeza sobre el respaldo del sofá, sus ojos quedaron atrapados en la visión del blanquecino cielo raso. –Por eso te dije que no había nada de qué preocuparse. Cuando crecemos y maduramos, se logra comprender y lidiar con la ausencia, con esa intensa búsqueda de confort y satisfacción. Confundir el agradecimiento, la identificación, el compromiso y la admiración… es fácil, sobre todo cuando se está en mis circunstancias.- el moreno asintió, tenía sentido. Para él no le era ajeno que las personas confundieran sus sentimientos frente a una visión distorsionada y alejada de la realidad, él mismo era ejemplo de esas ideas preconcebidas. Pero había otro factor que seguía quemando el borde de sus pensamientos.
-¿Cuándo hablas de un nostálgico afecto no consumado…?- y le daba miedo pensar en ese significado. No solo había un MM, también había un SS.
-¿Has pensado cómo habría sido tener a tus padres?, ¿cómo habría sido jugar al quidditch con tu padrino?, ¿un día de campo con tu madre?-
-Si.- sobre todo cuando pequeño.
-Yo siento algo parecido. Es un sentimiento de anhelo, cubierto de la tristeza por "lo que no pudo ser". Yo quería a Severus, lo quise mucho, mucho y por mucho tiempo pensé en todo lo que pudimos hacer si el no hubiese estado involucrado en la guerra o si hubiese sobrevivido a ella.- Harry asintió. –Pero como pasa con las personas que se van, mi… amor platónico se transformó en un recuerdo querido. Nada más.-
-Me siento extraño entendiendo tus sentimientos por Snape.-
Draco giró el rostro hacia él y Harry sonrió un poco. No se suponía que las cosas caminarían por esos rumbos. "Melancólicos", catalogaría el letreado de Draco.
El moreno había pensado que ambos dirían un jubiloso "¡Vamos a continuar lo de la mañana!", que eso sería lo más vocal que intercambiarían y luego pasarían a la acción física. De hecho ya le tenía un par de técnicas linguales, sin estrenar, preparadas al rubio… ¡Pero no, claro que no! Porque todo lo que ha pensado durante ese puto mes, resulta completamente errado. Cuando el quiere conversar calmadamente, lanza la bomba. Cuando quiere sincerarse hablando, se agarran a besos –no que se queje, claro- y cuando quiere ir a lo físico, terminan hablando de Snape y Mèdard.
¿Quién dijo que era bueno planear… o pensar incluso? Improvisación sería su lema de ahora en adelante. Ya nada de ser meticuloso y fruncido como Hermione, ahora todo se iría resolviendo sobre la marcha… Por lo pronto, resolver todo ese "me gustas y te gusto".
-Severus es mi padrino, así como Ginevra es la hermana de tu mejor amigo… o Smith fue tu novio.- aunque Harry no le daría el título de "novio", de hecho era algo así como "compañeros que follan".
-Hay algo que… tú dijiste esa vez que vine a comer, de que sólo te gustaban las personas a quienes respetes, a quienes admires y que tengan carácter…- ¿recuerdan ese palo entre las cejas? Para qué negarlo, él seguía estando un "pelín" resentido.
-¿Y tu crees que no entras en ninguna de esas categorías?- el rubio se acomodó de lado y lo miró con una media sonrisa.
-¿No…?-
-Potter…-
-Dime Harry.-
-Harry.- esta vez el gesto se hizo luminoso y risueño. -Siento respeto por ti desde los once años…- el moreno lo miró con ojos grandes. –¿El bosque prohibido?, ¿el unicornio y esa sombra del Señor Tenebroso? Tú te quedaste mientras que yo salí huyendo como alma que se la lleva el diablo.-
-Bueno… huir es lo más lógico para un niño de once años. Lo mío puede ser solo estupidez.-
-En eso estamos de acuerdo.- rió un poco. -¿Pero y la Cámara secreta?, la Casa de los Gritos, el Torneo de los Tres Magos, el Fuego Infernal, la Batalla Final… como esos seguramente hay miles de ejemplos.- Harry no sabía qué contestar a eso. –No hay nadie en el mundo mágico que no te respete. Y yo te respeto no sólo porque seas un héroe. En el bosque prohibido no eras un héroe de nada… te respeto por todo lo que lograste como persona. Por cómo te empujaste a ti mismo a lograr todas esas cosas.- ¡Oh!, cosas cálidas haciendo cosquillitas en su estómago. Joder, le daban ganas de pellizcarle una mejilla al rubio. ¿Quién fue el cretino que dijo que las relaciones humanas eran una maldición?
-Tuve ayuda.- dijo, sin ocultar la inmensa sonrisa que pujaba desde algún recóndito y zalamero lugar de su cuerpo.
-Eso es algo obvio, todos necesitamos ayuda. Yo he podido sobrevivir estos casi siete años, no sólo por merito propio.- Harry pensó en Mèdard e hizo una mueca. Prefería seguir la conversación en donde el rubio decía todas esas cosas buenas de él y a Harry se le hinchaba el pecho.
-¿Y me vas a decir que me admiras, también? Disculpando, pero eso suena un poco inverosímil.-
-¿Quieres que me justifique por cada una de mis palabras y siga adobando ese enrome ego tuyo, como lo hace el resto del Mundo mágico?-
-Bueno. Pues…- sonrió y se le acercó un poco más.
-Bien. ¿Si te admiro?, sí, lo hago. No cualquiera se enfrente al mayor mago oscuro de la historia.- el rubio se bebió un último trago de cerveza antes de dejar la botellita sobre la mesita de centro. -¿Si creo que tienes carácter?, todo lo anterior me dice que sí. Ponerle cara a Dumbledore, a los mortifagos o al Ministerio, me dice que tienes carácter como para hacer lo que tú crees que es correcto o necesario.- sonrió maliciosamente. –Ponerle cara a Severus y Mèdard, no es algo que haga cualquiera.-
-Podríamos dejar de hablar de Mèdard.- gesto. Agh. Era como si su chip mental hiciera gestos automáticamente cada vez que pensaba o decía algo sobre ese hombre. ¡Gh!
-Tendrás que acostumbrarte, porque ya te dije que Maxime no es sólo mi jefe…- dijo Draco, sabiendo que debía dejar zanjado ese asunto. De la misma forma como habría ocurrido si Severus estuviese vivo, ante los demás tendría que defenderlo y darle el lugar que le correspondía en su vida. –Llevo años trabajando con él y se ha transformado en un buen amigo. Como Blaise, Pansy o Theo, es la única familia que tengo.-
-Bien.- casi gruño.
Ya se lo habían dejado en claro. No era su amorcito, pero si era un amigo a quien defendería de ser necesario. Mnh. Aquí es cuando su mente sufre un colapso y sólo piensa un "Maldita sea".
Bien. No diría nada, pero existían ciertos hechizos que lo ayudarían a estar más tranquilo… no, mentira. "Maldita sea", de nuevo. ¡Ahora que tenía el respeto y la admiración del rubio, no sería capaz de algo tan-tan "soez"! Quizás algún tipo de amenaza, de respetado auror a un inmoral doble-vida. Ugh. A lo que caemos.
-No es mala persona, Harry.- no, sólo un poco maquiavélico, pensó el rubio y entonces pensó que deberían cambiar de tema. Ambos estaban ahí para hablar sobre ellos y un posible "nosotros". Y Draco sentía que se le calentaba el pecho de sólo pensarlo.
-Sólo si eres amable con mis amigos… así como lo fuiste con Ron.- medio sonrió, mediador.
-Ahm… no es como si hubiésemos llegado a algún tipo de acuerdo entre ambos.- Harry frunció ligeramente el ceño. Draco evitó rodar los ojos. –Sé que te gusto, tú sabes que me gustas… creo que falta otro paso más, antes de involucrar a nuestras amistades.- ésta vez el moreno sonrió con cara de depredador y se movió el resto de espacio sobre el sofá, hasta llegar junto al rubio.
-Creo que corresponde.- se giró hacia el rubio, pasando una de sus brazos por sobre los hombros de Draco y su otra mano tomó su rostro desde la mejilla. Ahora que estaba seguro que el rubio también se sentía con algo parecido a una "a", entonces ambos podrían compartir su casi "e". -¿Quieres salir conmigo?- el rubio rodó los ojos. -¿Qué?-
-Yo "salgo" a pasear con Duke, el perro del vecino. No olvides que soy un mago de tradiciones, Harry.- lo miró con sus magníficos ojos grises. –Dilo con todas sus letras.-
Draco sabía que comprometer la palabra de un Griffindor y de Harry particularmente, era tenerlo todo. Era asegurar sus sentimientos e intenciones. Era la mano del moreno tomando la suya en público, defendiéndolo de ser necesario.
Harry sabía que si quería completa exclusividad con Draco, debía proponerle algo serio. Tener completa posesión del rubio frente a Mèdard, a O'Driscoll, ante cualquiera. Lo quería para él, sin cuestionamiento o posibilidad de escape. Joder, sí, lo quería.
-Y encima te haces del rogar…- bufó una risa por la nariz. –Está bien. Está bien. ¿Aceptarías ser mi pareja, novio, compañero de vida, mi media naranja… mi peor es nada?-
-Harry, corazón,- lo miró con ojos entrecerrados. Irónico. El moreno le sonrió. Dientes blancos e inocencia Griffindor. –eres un prosaico.-
Suspiró y levantó las piernas, pasándolas por sobre los muslos del moreno. Harry Potter ya no era el niño crédulo y sin altura de miras, de antes. Podía ver cierto brillo astuto y malicioso iluminando el fondo de sus ojos verdes. Draco podría lidiar con ello. Pero lamentablemente, si había alguien ladino y maligno en esa pareja, ese era él. Palabra de reivindicado Slytherin.
-¿Entonces?- preguntó el moreno.
-Supongo que si.- sonrió y sus ojos admiraron el rostro masculino que tenía delante. Claro que sí. Ya era tiempo de decirle adiós a la marginalidad, a la desestimación y a tener que conformarse con parejas casuales.
Extendió su mano y tomó la barbilla del moreno, incitándolo a acercarse a él para besarse. Harry no necesitó mayor estímulo. Tomó el labio inferior del rubio y succionó suavemente, apenas soltándolo y rozando sus bocas con ligereza. ¡Ah!, manjar de los Dioses… El moreno abrió sus labios y pronto se hizo una caricia húmeda, jugosa, donde se podía escuchar el sonido de la saliva y las lenguas tentando la entrada.
Si el rubio había tenido la intención de descansar o pasar un relajado momento, ambos sobre su lustroso sofá de cuero blanco, estaba muy equivocado. Haberse dispuesto de esa forma para Harry, era como mostrarle un pequeño y desvalido conejito a un león.
Con sus dos enormes y morenas manos, tomó el rostro de Draco, abarcando sus pómulos y hundiendo sus dedos dentro de ese sedoso cabello rubio. Acariciando la comisura de sus hermosos labios y el frente de sus mejillas, con el pulgar. Sintiendo la suavidad de su piel, sin rastros de vello, ni huellas, ni lunares o imperfección alguna. Demasiado hermoso, demasiado perfecto.
Y el rubio se dejó hacer, permitiendo ser sujetado, ser asido, ser devorado por esa boca hambrienta, por esas manos posesivas, por esa ansiedad que se percibía como perfume en el aire. Allí había algo. Como la pretérita tensión que antes los había rodeado. Como la premonición de un deseo encarnado.
Se besaron por tiempo indefinido. Moviendo sus rostros sólo lo suficiente para hacerlo cómodo, para separarse sólo lo necesario y respirar el aire del otro. Sólo lo suficiente para murmurar sobre la piel del otro, algún deseo insatisfecho y hacer el calor entre ambos, sofocante.
Ver el gesto manso y entregado de Draco, era deliciosamente hermoso, era excitante. Era perfecto. Como reencontrarse con algo perdido. Era como si algo profundo en su pecho, quisiera gritar y echarse a reír consternado de satisfacción.
Y sentir las manos del rubio… contra la piel de su abdomen o de su espalda, le daban unas ganas de jadear por más contacto. Eran tan suaves y ligeras, tan sutiles como el toque de una pluma y le provocaban escalofríos. Sentirlas deslizándose hacia arriba, por debajo de su sweter, cosquilleantes, tentativas, silenciosas e incitantes como serpientes. Quería que lo tocara entero, que lo apretara con ganas, que no fuera tan gentil… pero era tan perfecto simplemente así. Extrañamente, era como debía ser.
Era una ambivalencia donde ya ni siquiera entendía lo que quería su mente o lo que quería su cuerpo. Sólo sabía que quería todo del rubio. Que lo hiciera sentir…
Joder. Esto era magia.
Aspiró el delicioso aroma de su cuello. Ese que había sentido durante las idas y vueltas en ascensor. La misma deliciosa fragancia que había aspirado esa mañana, mientras tenía al rubio atrapado bajo su cuerpo, sobre el escritorio de su oficina. Era suave y fresco. Era como el viento sobre una pradera extensa.
…Y ahora Harry se estaba poniendo poético… es que era tan rico.
El moreno todavía sostenía el pálido rostro de Draco, cuando éste se dejó caer ligeramente hacia atrás, hacia el brazo del sofá. Descansando sobre un par de mullidos cojines tras su espalda. Entonces Harry lo escuchó suspirar, mientras continuaba adorando la piel bajo sus manos. Acariciando su cabeza con los poderosos dedos, peinando sus cabellos y descubriendo la suavidad de sus orejas. Entonces el rubio se removió inquieto, como gato erizado. Arqueándose. Tensándose. Aspirando una necesitada bocanada de aire.
-Mis orejas…- escuchó una suave y temblorosa exhalación.
Harry levantó el rostro y miró los ojos opacos del rubio, los parpados levemente caídos, suspirando. Sus pálidas manos se habían detenido, una sujeta al borde de su sweter y la otra había subido para acariciar la piel de su cuello, justo bajo su oreja… en donde frotaba su pulgar, casi mecánicamente.
Mirarlo era una visión encantadora y terriblemente reveladora. No podía quitarse esa idea de la cabeza… y admirarse de ese conocimiento. Tan ilógico y tan correcto.
Ese que estaba bajo su cuerpo era Draco Malfoy, su enemigo jurado y el hijo de Lucius Malfoy. Uno no debería poder ver a sus enemigos con gestos de placer. Uno no debería encontrarlos tan absolutamente irresistibles. No deberían provocarte ansiedad. Lo confundía al mismo tiempo que lo hacía sentir seguro…
Sí. ¡Sí! Era Malfoy. Joder. Era como si recién se diera cuenta de ello… o sea, sí, sabía que era Draco Malfoy, pero ahora… justo ahora, cuando estaba ciertamente más consciente del hecho, le parecía más significativo. Lo había odiado. Lo había golpeado. ¡Él le había quebrado la nariz de un puntapié!
Que pensamientos tan mata-pasiones… pero realmente Harry debía ser masoquista, porque más que horrorizado, estaba fascinado. Fascinado de ver toda esa gama de gestos y reacciones en su antes detestable adversario. Maravillado de que esa atractiva persona entre sus brazos, era el mismo hijo de la grandísima… que le había reventado la nariz.
Era una cosa muy intensa y confusa. Algo así como, "Me encantas porque fuiste el único que pudo darme una lección". Una cosa de dominancia y sometimiento muy… muy…
-… que fuerte…- se dijo más para si. Inclinándose hacia el frente, hundió la cabeza en el cuello del rubio y chupó, buscando dejar una marca.
Debería dejar de pensar…
Escuchó un quejido ahogado y de alguna forma le supo a algo caliente, deslizándose por su estómago. Era como tomarse un trago de whisky de fuego, que con suavidad se diseminaba y extendía cálidamente por todo su cuerpo. Eso era encontrar un hogar.
Con un lento preámbulo fue deslizando sus labios, ascendiendo por esa garganta extensa, besando y lamiendo tanta piel como pudiese. Alcanzando la articulación de la mandíbula y el lóbulo de su oreja. El rubio se removió de nuevo bajo sus manos, suspirando largamente, exponiendo su cuello y todo ese lado de su cabeza.
Respiró su aliento caliente dentro de su oído. Los dedos de Draco se crisparon contra su ropa y cuello. Así que tenía las orejas sensibles.
Rodeó el arco del cartílago con los labios, lamiendo el pliegue y el pabellón de su oreja, cuando llegó hasta arriba. No había esperado escuchar un ronroneo, bajo y grave. Ni tampoco su nombre, como suspiros letárgicos.
Descendió su mano derecha de su rostro, a su hombro, su costado… a su cintura vestida de cachemira y luego, a esas caderas angostas y masculinas. Tocando por sobre la tela del pantalón de jeans, sintiendo las costuras y la cálida carne dispuesta debajo, los músculos y huesos.
Draco levantó las caderas y se apretó contra él, dándole el espacio suficiente para colar la mano sobre su nalga y el muslo de su pierna izquierda. Eso era como una promesa… y el moreno no perdió tiempo, subió sobre el sofá y se acomodó completamente sobre el rubio, entre el calor de sus piernas, permitiendo mayor contacto entre ambos cuerpos. Logrando que pudiesen frotarse con mayor libertad. Moviendo sus caderas y presionando sus miembros bajo la rigidez de la ropa.
Pronto el rubio volvió a reclamar su boca, tomándole la cabeza con ambas manos. Acariciando las majillas de Harry con sus pulgares, trazando el borde de su mandíbula y subiendo hacia la curva de sus pómulos. Sintiendo bajo la yema de sus dedos, sus pobladas cejas oscuras y el cabello de sus varoniles patillas… aventurándose hacia sus orejas morenas y terminando en la firmeza de su nuca, en los músculos ejercitados de su grueso cuello. Harry era tan malditamente caliente.
El beso era fuerte y el moreno no podía pensar en nada más que en mover las caderas y sorber todo lo que la boca de Draco le daba. Frotando sus bocas, mordiendo y chupando sus labios. Metiéndole la lengua, probando su saliva, acariciando sus dientes y paladar, sintiendo la calidez del interior de su boca y frotando la lengua del rubio. Sintiendo apenas el sabor de la cerveza.
Oh, ¿ya había mencionado sobre cosas calientes extendiéndose por su cuerpo? Una muy conocida, se estaba asentando en su bajo vientre. Muy intensa y fogosa, de esas que te burbujean irremisiblemente en las venas. De esas que terminan con todo un panorama de fuegos artificiales detrás de los parpados.
Se empujó más fuerte contra el rubio y pudo sentir un poco de satisfacción sobre el pedazo de piedra que tenía entre las piernas. Ya estaban un paso más adelante que esa mañana y Harry tenía una erección completa, dura, hinchada, caliente y a un paso de ponerse húmeda, bajo su ropa interior.
Un jadeante "Sí", salido de quien sabe dónde, se escuchó. Si fue él o el rubio, no estaba seguro.
Draco gimió su ansiedad, sintiendo su corazón latir con fuerza. No recordaba haber estado tan excitado y ansioso alguna vez antes. Esperando a que Harry hiciera algo más con sus manos o con sus labios, sentir cómo el moreno se iba poniendo duro contra su cuerpo… se le había secado la boca.
Se removió ligeramente bajo el enorme cuerpo del auror y entonces se aventuró a desabrochar los pantalones del moreno. Peleó con la hebilla de su cinturón, con los dos botones y el cierre, se excitó, admirando lo apretado de su ropa interior. Debía ser un bóxer o algo similar. Necesitó bajar el jeans y la ropa interior por sus caderas, para tener completa disposición de su polla… Murmuró el nombre del moreno, con voz indecente, llena de legítimo anhelo, mientras deslizaba sus manos a lo largo de su miembro.
Era una polla larga y gruesa. Larga. Gruesa. Se sentía pasada sobre sus manos, completamente dura, con prominentes venas en sus costados, un glande de tamaño considerable, con el borde de la cabeza caliente, sobresaliente y húmeda. Era perfectamente proporcionada con el "auror de acción en terreno", que tenía encima. …Y ahora sentía que se le hacía agua la boca. ¡Glándulas!
Si Action Man tenía una polla, seguro era así. Casi podía sentirla partiéndole el culo… No, Draco, no. No es el momento. No ahora. Lento, vamos lento. Debes dejarte desear…
Sus testículos eran dos pesos, juntos, cubiertos de piel rugosa, que cabían perfectamente sobre la palma de su mano. Podía acariciarlos y jalarlos, podía presionar el delicioso punto de juntura y sentir a Harry derretirse bajo el encantamiento de sus manos. Sabiendo qué y cómo tocar.
-Oh, joder…- el moreno se restregaba fuerte, con un ímpetu que le advirtió al rubio la inminencia de su orgasmo. Metió ambas manos y comenzó a masturbarlo. Mientras una subía y bajaba rodeando ese mástil de carne enhiesta, la otra frotaba la palma contra la sensibilidad de su glande. Esparciendo la abundante humedad. -… no pares, Dios Draco, no pares…-
Draco apretó el contacto de sus muslos, de sus piernas entrelazadas, del rozar de sus caderas y le gimió al oído. Harry pareció entenderlo, porque rebuscó entre ambos, peleando desesperado con sus pantalones… finalmente había invocado un hechizo no verbal, para dejarle toda la parte inferior se sus ropas, enrollada a las rodillas.
-Harry…- se agitó, hecho una gelatina, cuando el moreno lo agarró del miembro.
Su mano era grande y callosa… y era perfecta.
-… voy a correrme…- le suspiró contra el oído, Draco se contrajo erizado por la sensación. Su aliento, su calor, sus movimientos, el contacto de su mano, el peso de su cuerpo, sus gruñidos guturales… esos bramidos roncos que presionaba contra su sensible oreja.
-Harry…- "Harry". "Harry". "Harry". Podría seguir así por la eternidad…
Merlín. Aumentó la velocidad de sus manos y el moreno hizo lo propio. Draco le pasó una pierna por sobre uno de los muslos y comenzó a mover las caderas. La tensión de sus músculos, cosquilleó sobre su ingle.
-Así… se siente bien, Harry… así…- no alcanzó a decir mucho más porque Harry le calló sobre la boca. Era un beso hambriento, lleno de culminación… con sabor a éxtasis. Casi no podía respirar y le ardía el labio inferior. –Harry…-
-Draco…- y entonces el rubio sintió una mordida que lo hizo arquear de delicioso dolor…
-¡Mnhah!- ya casi…
Apretó ambas manos y Harry unió sus pollas…
-Así… así…- levantó la barbilla en un intento por buscar algo de aire… Dioses.
Draco apenas abrió los ojos que en algún momento había cerrado y vio el rostro neblinoso del moreno a centímetros de distancia. Pero sus ojos verdes, eran un faro de luz que lo guiaba en medio de la exuberancia de esas sensaciones. En medio del calor asfixiante, de ese ahogo desequilibrante y la desesperada lascivia… Quería eso todos los días, que sus ojos brillantes sólo para él. Todos y cada uno de los días.
La abundante humedad entre sus manos, el conocimiento de esa lujuriosa intimidad. Harry bombeando ambos miembros, como si la vida se le fuera en ello… empujando las caderas y gruñendo. Ávido. Hambriento de ese afanoso palpitar, de las respiraciones aceleradas, de esa combustión.
Draco buscó su boca y tomaron sus labios como si estuviesen sedientos. Arqueó las cejas, adolorido de placer…
-Draco…- gruñido gutural, labios contra su oreja… -Me voy…-
-Merl-ín…- el rubio apretó los ojos. -¡Harry!-
El moreno bombeó con más fuerza, mientras el rubio apretaba ambas cabezas de carne juntas… las friccionó, presionando las hendiduras con la yema de sus dedos…
Harry sintió como le frotaban el orificio… ¡joder!… mordió lo primero al alcance de su boca y se corrió… una exhalación profunda, liberadora, llena de fluidos… mientras empujaba una última vez.
Una respiración apretada cosquilleaba contra su cuello. Suspiró, un poco ahogado por el peso sobre su pecho y se decidió a acariciar esa mata de húmedo cabello negro, bajo su mano derecha.
-Dios, sí…- Draco rió suavemente, deslizando los dedos por esa nuca. El mismo tacto amable, pausado. Mimoso. -¿Te aplasto?-
-No…- suspiró. El peso de su cuerpo no era algo que pudiese desagradarle. –pero me molesta el culo… el cuero y la humedad, no van de la mano.- lo escuchó y lo sintió reír contra su cuello.
Harry removió la mano del delito y con algún otro hechizo no verbal, puso sus pantalones y ropa interior en su lugar. Un poco mal acomodado, pero tapando lo que debían tapar.
-¿Mejor?- el moreno se dejó caer de nuevo sobre Draco, entre sus cálidos brazos y piernas. "Hogar, dulce hogar", pensó. No existía, ni existiría nunca, algo mejor que eso. Suspiró lánguidamente con lo último de sus fuerzas. Con todo el ajetreo de la redada y la adrenalina del orgasmo, había agotado lo último de sus baterías.
-Mejor…- Draco levantó la mirada y observó el cielo raso. Y pensar que tenían hasta los zapatos puestos aún. -¿Quieres dormir?- Harry parecía un peso muerto.
-Eso estaría bien…-
-Quédate.- reconoció la sonrisa en su propio tono de voz… Sonrisas y café. Ajustó sus brazos, acurrucándose dentro del calor de sus cuerpos. -Mañana te puedo despertar temprano.-
-Si…- Harry podría acostumbrarse a eso. A esa deliciosa sensación bullendo dentro de su cursi pecho. –Esta bien.- Apretó la boca en la curva del cuello y el hombro del rubio. Draco se tensó, quejándose. -¿Qué?-
-Me duele…- levantó una mano y se tocó la zona afectada. -Me mordiste…- recordaron.
La verdad… si estaban sus dientes ahí. Había un perfecto y escandaloso círculo morado, con indecentes líneas rojas. Y había un chupón un poco más arriba.
¿Quién era el Macho Alfa, ah?
¡Tarán! =)
¿Potter fue lo suficientemente Griffindor? Ya varias querían darle un golpe, de hecho mi puño todavía tiene su nombre XD
¿Qué dicen? ¿Abrazos o puntapiés a Mèdard? El hombre parecerá un poco despreciable, pero bajo toda su maldad hay buenas intenciones. ¡El mundo está hecho de grises! =)
Por cierto: "Hofstadter" (*): Hago referencia a Leonard, de The Big Bang Theory.
Y como ya les comenté, la próxima semana tenemos el último capitulo.
¿Comentarios? =D
