Hola! La verdad es que quería hacer un lemmon hacía mucho tiempo, pero no sé, una vez que lo hice todo salió ridículamente mal, así que llevo ese trauma ¬¬' En fin, espero que les agrade este capítulo y por favor ni te molestes en leerlo si no te gustan las escenas fuertes. También quería comentar que debido a una loca petición X, escribiré "con acento" de España, así que espero no equivocarme. Entonces... Paro la perorata y a leer!
Aparte, les dejo como recomendación oír esta canción que me encanta:
http :/ www youtube com / watch?v =1p4 -HzhhVyk
Su nombre es Morning Sun de Rock Mafia ft. Miley Cyrus (aunque aún tengo mis dudas que sea ella)
Sin más preámbulos, aquí el fic :)
Bella corría sin rumbo aparente, sin dirección y sin ninguna esperanza. No sabía qué hacer, había despertado esta mañana al lado de su un extraño, y lo mejor del caso era que no sabía cómo había llegado ahí. Recuerdos difusos se arremolinaban en su mente, pero no podía hacer más conjeturas más allá de la botella de whisky que bebió en el bar, estaba totalmente perdida. Se había ido del motel de mala muerte casi al momento en que se levantó, ni siquiera hizo una pausa para lavarse antes de salir a trompicones por la puerta, dejando al aún inconsciente extraño solo. Ella lo había examinado, por supuesto, como hacía con todos los que se tiraba después de una noche descontrolada, y debía admitirlo: el tío estaba como un jodido tren. Tambaleó hasta su calle y levantó la vista a su edificio, fulminándolo.
Who are you?
I want to be with you till the morning sun, sun, sun.
Who are you?
I want to be with you till the morning sun.
La música que resonaba en su cabeza palpitante estaba fresca, como si hubiese pasado toda la maldita noche anterior escuchándola. No se sorprendía a decir verdad, los clubes eran tan aburridos a veces.
-¡Bella! Por fin te hallo, Alice ha estado muy preocupada, ¿en dónde te metiste? –La voz era profunda, casi magnética; en resumen, esa voz la había traído loca desde hacía un año.
-¿Habéis estado buscándome? Juré que sabíais que no quería veros. –Exclamó alterada. Sabía que estaba siendo melodramática por seguir riñendo, pero era terca como yegua y no iba dar su brazo a torcer.- Edward, os dije que podía defenderme sola.
-Lo sé, pero eso no puede evitar que nos preocupemos por ti, somos tus amigos. –Los ojos cambiantes de Edward relucían verdes a la luz del sol. Él había sido su mejor amigo desde el momento en que se vieron, se contaban confidencias y sabían lo suficiente el uno del otro como para avergonzarse en público. Y ella había perdido la oportunidad de follárselo cuando se le presentó, tuvo que ser la santa paloma con la que él no tenía malos pensamientos.
-Yo pensé que os había dejado sin habla, me tenéis harta con vuestra protección, sois una pila de amargados. –Rodó los ojos sin compasión. Ellos le habían reprendido por acostarse con el novio de su hermana, Rosalie, pero a ella le valía un cuerno. Ella no tenía porqué enterase y ellos no abrirían la boca.- Cerrasteis vuestras bocazas, ¿cierto? –Edward asintió. Después de todo, él sabía entenderla y él la defendía a pesar de todos los desplantes que ella le hacía.
-Sabes que sí, jamás te traicionaría, Isabella. –Bella le miró por una fracción de segundo, no necesitó analizarlo más para saber qué andaba mal ahí.- Pensé que lo sabías. –Alzó una de sus perfectas cejas cobrizas con ánimos de reprocharle, pero no habló más.
-¡Venga! No sé porqué te pones así, yo también te cubro las espaldas con Tanya, así la quiera cargar todo el tiempo. –Los ojos verdes de Edward se achicaron por la declaración.
-Acordamos que serías amable. –Bella sopesó sus opciones por un minuto.
-Lo estoy siendo, no sé porqué no te das cuenta. –Agitó su cabeza displicente.- Eres un gilipollas, tío. –Edward rió.
-Tú una niñita idiota. –Replicó él tajante.
-Te he dicho mil y una vez que detesto ese apodo, tarado. –Bella frunció el ceño, pero al segundo sus ojos se le aclararon y Edward tragó fuerte. Bella lo había estado pensando por un largo tiempo, y no necesitaba hacerlo más, practicaría con su mejor amigo.- ¿Sabes? Debería demostrarte que no soy solo una chiquilla, y que no soy tan idiota como parezco. –Se mordió el labio como siempre lo hacía cuando él empezó a negar con la cabeza.
-¿Estás tocada? ¿Qué pota te fumaste? –Él rió tal vez demasiado fuerte, tal vez demasiado sincero, lo suficiente como para herir el ego de Bella.- En serio, es ridículo.
-¿Lo es? –Bella se subió la falda un centímetro y Edward se cruzó de brazos.- ¿Por qué no vamos adentro a hablar, princesa? –Sonrió con sorna y él frunció el ceño ante su atrevimiento. La cogió de improviso por el cuerpo y la colocó sobre su hombro derecho. La falda se agitó salvajemente en el aire hasta que pasaron la puerta del lobby. El portero no estaba, como se les hizo raro a ambos. Edward, sin embargo, no reparó mucho en el detalle ya que era irrelevante. Se la llevó escaleras arriba haciendo caso omiso a las patadas que ésta le propinaba sin piedad.- ¡Te he dicho que no me gusta el sexo salvaje, jope! –Gruñó Bella.
-Yo no voy a tener sexo contigo, Isabella. –Él cerró la puerta detrás de sí y la colocó en el piso con mucha suavidad. Tal vez en exceso. Esto rompió los cabales de Bella y al ver su pelo cobrizo revoloteado, se le mojaron las bragas sin piedad.
-Pero yo sí, Anthony. –Edward arrugó la nariz ante el segundo nombre que tanto odiaba, y eso le proporcionó la suficiente distracción hasta que Bella se bajó la falda, quedando sus ligueros al aire.- Yo sé que amas esto, lo sé. –Ella se zarandeó los ligueros de forma juguetona y en sus ojos había hambre, al igual que en los de él.
-No puedes hacerme perder el control así, eres una ni…
-Ni lo digas. –Bella lo silenció, arremetiendo contra sus labios y frotando su centro con la entrepierna de su amigo.- Disfruta, solo hazlo. –Las manos de Edward instintivamente desabrocharon la blusa de Bella, que se abría con tan solo dos botones en la parte delantera. Bella gimió por el avance y enredó sus manos en el pelo de él sin compasión. Lo quería, lo necesitaba, justo ahora.
Su tacto era suave al recorrer la curva de su espalda, era casi tierno y quemaba como mil soles ardiendo en su piel, era insoportable. Ella le desabrochó la camisa con insistencia y cuando su pecho estuvo desnudo, se ocupó de acariciar el tan bien formado abdomen que poseía. Jamás lo habría adivinado.
Edward pasó de sus labios a mordisquear su cuello, era excitante para ambos, y Bella se preguntó secretamente si podría estar más mojada. Tenía que ser poseída ahora si no quería acabar en un manicomio después. El pantalón de Edward calló, sin causa aparente, al segundo estaba ahí y luego estaba en el suelo.
Bella posó su mano sobre la entrepierna de Edward e hizo movimientos circulares a través de la tela, sentía que estaba duro y firme. Solo por ella y por nadie más. Éste pensamiento la hizo gruñir y acaparar toda la atención de los labios de él. Él por su parte, ronroneaba entre beso y beso, nunca volvería a subestimar a Isabella Swan en su puta vida. ¡Joder! Lo estaba matando, lenta y tortuosamente. Ella rasgó sus bóxers de un tirón y su polla se liberó de la prisión.
Bella se relamió los labios, aceptando que era más grande de lo que esperaba, e interrogándose cómo podría caber en su coño, que por cierto le dolía como un demonio.
-Edward…- Gimió cuando él le arrancó su brasier favorito y comenzó a lamer sus pezones, duros de tanto roce. Lo aproximó más a ella tomando su pecho y acercándolo con los ojos cerrados. Ella disfrutaba cómo su lengua la complacía y la dejaba viendo estrellas, literalmente. Enganchó sus piernas alrededor de las caderas de Edward y frotó sus bragas contra la erección que pugnaba por penetrarlas.
-Déjame…probarte…Isabella –Ordenó él entrecortadamente y ella gimió en respuesta con una sonrisa bailándole en los labios. Oh, lo tenía justo donde lo quería. Sus dedos retiraron las bragas y los ligueros volaron a través de la habitación, luego se introdujeron en el húmedo coño de Bella, haciéndola proferir un grito de placer.
Dos largos y expertos dedos entraban con ligereza en su intimidad, haciéndola dar botes de placer. Poco a poco, esos dedos aumentaron su ritmo, haciendo alcanzar a Isabella su mayor y puto orgasmo de su vida.
-¡Puta mierda! –Dijo cuando se dejó caer en la cama. No sabía ni si quiera cuándo había llegado ahí, ni sabía hacía cuánto estaban en su habitación, pero se encogió de hombros y escudriñó a un Edward insatisfecho.- ¿Y bien? ¿No vamos a follar como conejos? ¿O solo puedes dar un orgasmo por día? –Ella rió y él enrojeció al punto en que se introdujo en ella casi de inmediato. Bella se quedó sin habla, ya que sentía a Edward plenamente hasta su garganta, joder era putamente largo.
Quedó paralizada y Edward la observó como un felino mira a su presa, arremetió contra ella una y otra vez sin parar, sin quedarse adentro ni una sola vez. Bella salió de su estupefacción y se contoneó para acompasar el ritmo que Edward llevaba calculado. Los dientes de ella se encontraron y gritó un par de veces cuando se sentía venir, pero su orgasmo no llegaba.
-Dame más rápido. –Dijo con voz enronquecida y él obedeció, cada vez más fuerte y con más potencia que antes. Sin previo aviso, Bella empezó a cabalgarlo, dando la vuelta y dejándolo a merced suya como buena perra controladora que era. Edward cerró los ojos y en ese momento, ambos como si estuvieran sincronizados, llegaron al clímax.
Chillaron el nombre del otro al unísono, y se dejaron caer como si estuviesen derrotados. Estaban ambos agotados, básicamente drenados por la adrenalina que estaba disipándose en ese momento.
-Eres buena para ser una niñita idiota. –Se burló Edward, y Bella con lágrimas de rabia y las mejillas encendidas se levantó completamente desnuda, despreocupada por Edward. Edward por fin pudo admirar los contornos de la suave y delicada figura de su mejor amiga, su plano abdomen y sus pequeños pero firmes senos. Ella era una diosa desnuda, una Afrodita contemporánea. Sus bucles cafés estaban enredados alrededor de su cara enfurecida y sus ojos destilaban odio. Edward no sabía si sentir deseo o miedo.
-¡Eres un gilipollas! ¡Reitero, hijo de la gran puta! –Gritó ella dando un portazo.- ¡No puedo creer tu nivel de imbecilidad! –Y entonces ella, lejos de donde él la pudiese ver en la habitación contigua, lloró amargamente por su propia estupidez al pensar que Edward la podría desear como mujer. Seguro se sentía como un asalta-cunas que venía a por ella, como un pedófilo enviciado o algo por el estilo. Y ella, ella se equivocó al pensar que todo eso cambiaría cuando tuvieran sexo, pero no fue así.
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¡Espero que sí! Igual pueden mandarme sus críticas cualesquiera que sean por mensaje privado o me las pueden dejar a través de un lindo y maravilloso comentario.
Los comentarios son bien recibidos y significan muchísimo para mí, así que les agradecería si se tomaran el tiempo, acepto todo tipo de ellos.
Gracias a las Subnormales que me hacen escribir cosas que suenan dañadas o vulgares, son lo máximo chicas :D
Besos de un Edward rico y cubierto en chocolate *-*,
K.M.P.
