Estoy segura que este capítulo será un poco confuso, pero espero que se adapten a la dinámica de la historia y que les agrade, por supuesto. No será como ningún fic que he hecho antes, y espero que se aprecie la diferencia ya que es un salto notable. Les diré que adoro, adoro, adoro, adoro una parte en específica de este capítulo y espero que les guste igual :) Esta vez no recomendaré canción, ya que tengo demasiadas en mente y no sé cuál le va a este capítulo, si quieren pueden recomendar y contribuir a mi indecisión *o* Ya le paro, sé que es odioso leer esto
!
Alice le hablaba en ese tono maternal que Bella tanto odiaba, pero ella, sin embargo, no le oía. Acababa de ser dejada por James, un agradable chico sureño de ojos azules y rubio cabello, y la lucha que se desataba en su interior era lamentable para cualquier persona. Ella ya había purgado su pena llorando contra su almohada la noche anterior, pero Alice no paraba de decirle que otro llegaría y la haría feliz; y que James se lo perdía por ser tan idiota.
-Cállate, ¿quieres? –Espetó Bella entornando los ojos. Alice, por su parte, se sonrojó por la falta de respeto de su mejor amiga, ella tan solo quería ayudarla. Bella frotó sus dedos contra sus sienes para bajar su malestar, la verdad es que de tanto llorar no se le quitaba el dolor de cabeza; no había podido dormir en toda la noche de dar vueltas y vueltas en la cama.- No me haces sentir mejor, Alice, lo siento mucho. –Le dio una sonrisa de disculpas a su amiga que estaba obsesionada con las compras y ésta la miró compasiva.
-Vale, disculpa mi intromisión, pero debes saber que me preocupo por ti. –Los ojos negros de Alice traspasaron a Bella y ella asintió presionando sus labios. Alice pensó que estaba muy débil, con suaves ojeras que se formaban debajo de sus ojos café chocolate; y aunque ya hubiesen pasado dos días, la veía sin progresar, como si su vida se hubiese drenado junto al sureño de tejanos ajustados.- ¿Te apetece una distracción sana? –Ofreció sonriendo.
-No, Alice, no quiero ir de compras al Wal-Mart. –Riñó Bella, y Alice le hizo uno de sus mejores pucheros, el arma secreta que derretía a todos.
-¿Y quién dice que vamos al Wal-Mart? –Contraatacó ella sin vergüenza. A pesar de que Alice había ofrecido la salida como una simple distracción para su amiga, como había dicho, la expectativa de pasar un día entero de compras era sencillamente excitante.- ¿Rose nos acompaña? –Bella suspiró, dando por perdida la batalla y miró el helado que reposaba en frente suyo encima de la mesa. Lo había ordenado solo para complacer a Alice y para ver si había oportunidad de que le entrara hambre, pero seguía sin apetecerle nada. Ella no había dejado de comer, pero sí de saborear. Comía por pura y llana obligación, no porque le gustara ni porque tuviese hambre, James se había llevado esa necesidad consigo cuando había dado la vuelta sin despedirse apropiadamente.
-Debe estar enrollada con Eric en algún lugar de la casa, me pidió que me mantuviera alejada de ella hasta que me llamara. –Se sentía más cansada de lo que podía apreciar en el espejo, sus hombros le dolían y sus párpados luchaban por mantenerse abiertos. Maldito James, y mil veces maldito por demacrarla.
-Ya que no te puedes echar una siesta, te puedo invitar a un café en el centro comercial, ¿vale? –Alice jamás la había visto así, se veía tan triste, le patearía el trasero a James si asomaba sus narices por ahí otra vez en su vida. Ella acabaría con ella con mucho gusto. Bella se estiró y se levantó de la silla con un ruido sordo desgarrándole la garganta.
-Voy a pretender que aquí no venden café, y te acompañaré al centro comercial. –Alice no pudo hacer más que soltar una risita, y conducir a Bella hacia su Porsche amarillo, era bonito, mas no era el estilo de Bella.- Debería emparejarte con mi primo para que dejaras de molestar, eres un duende malvado.
-Ese es un término redundante, los duendes son maliciosos por naturaleza. –Informó Alice, tomando el helado de la mesa antes de que salieran por la puerta.- Es un desperdicio desperdiciar, nunca debes dejar desperdicios en la mesa. –Regañó con un tono que le causó gracia a Bella.
-Hablando de redundancias. –Alice achicó los ojos, pero sabía que había surtido efecto su manera de hablar, Bella ahora sonreía. Ahora, Alice debía hallar la manera de hacer que la sonrisa se mantuviera en su sitio, pero no sabía cómo ni cuándo iba a poder lograrlo. Iba a necesitar o ayuda profesional, o ayuda del ser divino que se encontraba arriba de sus cabezas.
-No es redundante si lo haces a propósito. –Siguió Alice encendiendo el vehículo, y disfrutando el tentador ronroneo del motor. Adoraba el regalo que le había dado Edward, quien era un primor cuando se lo proponía, en su cumpleaños. Se había preguntado siempre por qué él nunca iba a ninguno de ellos, y siempre le contestaba con excusas referentes a un empleo en particular que lo tenía ocupado para esas fechas. Pero no se quejaba, ya era suficiente con verlo cuando el tiempo se lo permitía, y no podía culparlo por ganarse la vida de una forma honesta. Había estado atada a Edward durante hacía dos años desde que lo conoció por lazos familiares que se habían bifurcado hacía varios siglos, pero que todavía permanecían. Se habían vuelto compañeros instantáneamente, sonriéndose y estando el uno para el otro en los momentos de angustia. Él, pensó Alice, podría ser una buena idea para ayudar a Bella, ayudarla como él la había ayudado él cuando se había separado de Jacob. En ese justo momento, el celular le sonó a Alice, sacándola abruptamente de sus pensamientos.- ¿Podrías atender? Está en el bolsillo delantero del bolso. –Bella refunfuñó y se mordió el labio al rebuscar entre las cosas de Alice.
-¿Serías tan considerada de organizar un poco más este chiquero? –Protestó mientras sacaba el pequeño aparato plateado que cabía en la palma de la mano de cualquiera, y contestó con un bostezo.- La señorita Cullen está ocupada, si desea dejarle un recado, no tengo papel así que vuelva a llamar más tarde. –Imitó la voz de una secretaria y colgó el aparato sin siquiera mirar la pantalla.
-¡Eh! Pudo haber sido importante, Isabella. –Reprendió Alice enfurecida.- ¿Qué pensará de mí quien sea que fuese ese?
-Si te aprecia, se guardará sus pensamientos. –El celular empezó a repiquetear otra vez, y Bella lo asesinó con la mirada.- Pero qué le pasa a esta gentuza, ¿es que no saben cuando la gente no quiere hablar con ella? –Bufó exasperada y alzó la tapa; cuando se la colocó en el oído escuchó la sarta de maldiciones más grande que había oído en toda su vida, jamás habría imaginado la forma magistral con la que el extraño combinaba las diferentes groserías y juraba por todos los dioses.- Vaya, pero si usted tiene una lengua implacable y unos modales refinados. –Replicó sin perder la compostura.- Si usted quiere que le vuelva a contestar el aparato en su vida me hable de esa forma.
-¿Pero quién demonios te crees que eres para cortarme la maldita línea? ¿No sabes que las llamadas desde Londres cuestan? –Bella casi de atragantó con lo que había oído. ¿Londres? ¿Qué hacía alguien llamando a Alice desde Londres?
-Creo que usted se ha equivocado de número, que tenga un buen día. –Repuso sin abandonar la postura de secretaria educada.
-No lo creo, has dicho Alice la otra vez, te oí.
-He dicho la señorita Cullen, y no es posible que alguien la llame de Londres para alguna cosa. –Bella estaba negando cuando Alice soltó una exclamación, luchó con una mano por ponerse los auriculares, y Bella supo que ella sabía quién estaba al otro lado de la línea.- Espere, la señorita se ha desocupado. –Conectó el celular a los auriculares, y paró oreja como lo habría hecho en cualquier otra ocasión.
-¡Edward! Por Dios santo, ¿cómo estás? –Saludó casi de inmediato.- No, estoy manejando. Sí, ella era una amiga… No tenías que ser rudo con ella, es intolerante al mal vocabulario.- Reprendió Alice sin apartar sus ojos de la calle. Bella se cruzó de brazos indignada de que la consideraran tan flan, podía perfectamente soportar a un bastardo, y podía perfectamente limpiarle la boca un jabón, también.- ¿En serio? ¿Cuándo llegas? ¿Mañana? ¡Es fantástico! ¿No quieres que te busque al aeropuerto? ¡Por favor, di que sí! No es molestia, no. Vale, hasta luego. –Soltó una carcajada antes de quitarse los auriculares.
-¿Novio británico? No distinguí su acento entre tanta verborrea.
-¿Novio? Para nada, es un familiar lejano, y tú me acompañarás mañana a buscarlo. –La sonrisa triunfante de Alice podía más que el asombro plasmado en los ojos de Bella. Cuando ella empezó a negar, Alice la detuvo en seco.- ¿En serio vas a pelear conmigo por una estupidez? –Bella decidió que mejor era obedecer a la fiera, y quedarse callada un lapso de tiempo en el cual miró por la ventana.- Te agradará Edward, es un tipo genial.
-Lo dudo, -contestó Bella sin mirarla.- creo que ya firmé mi sentencia de muerte con él.
-No digas eso, es un poco temperamental, pero es muy sociable, y congenia con todo lo que se mueve. –Bella le regaló una sonrisa e intentó parecer emocionada por su amiga.
-Estoy segura que así será, Alice.
Tan, tan! El pasado se remonta por las colinas verdes de Irlanda, señores *o* Sí, ahora estamos en tiempo y espacio pasado, cuando Bella se entera de que existe un Edward, por supuesto.
En fin, esperen por el siguiente capítulo y díganme qué les pareció *-* Estaba emocionada por escribir esto, pero no encontré el momento. En fin, les dejo para que disfruten otras maravillosas historias de fanfiction y me retiro.
Besos de Edward,
K.M.P.
