Al fin en mi NO hogar
Cassandra
No era mi culpa si nos estaban siguiendo desde hace tres días. Bueno, tal vez si lo fuera, pero no planeaba admitirlo a futuro. Lo siento, pero el sueño pudo más que la seguridad. Dioses inmortales, cuanto extrañaba mi cama de paja en la entrada al Tártaro. Cuando encontrara a Apolo le dejaría los dedos bien marcados en la cara. Nadie me despierta a para decirme "Hiperión se descontrola". Y cuando digo nadie, significa exactamente eso, nadie. El adolescente eterno ya me las iba a pagar, por ahora tenía problemas más urgentes.
A Katie la habían noqueado de un golpe contra ese pino con el Vellocino de Oro, así que solo quedaba yo. Yo contra los cíclopes. El lucero de la oscuridad contra los cíclopes. Tenía a mi preciosa "Talón de Aquiles" en la mano, pero eso no ayudaba demasiado. Lograba mantenerlos apartados, pero a este paso no duraría mucho. Se estaban volviendo confiados, algo que podría usar como ventaja.
Empezaban a llegar semidioses, lo cual iba a ponerme loca. A ver niñatos, mi lucha, ¿entendido? No iba a dejar que unos mocosos de menos de veinte años se metieran en mi pankration, en especial considerando que tengo mis largos tres mil trescientos cincuenta y seis años luchando contra todo lo que se mueva. Toda una eternidad al servicio de mi señor padre. Un placer.
Uno de los cíclopes amagó un puñetazo. Aproveche para deslizarme por debajo de su brazo y enterrarle la lanza por el pecho y que le saliera por el otro costado. Fue un buen movimiento, pero perdí la lanza, aun que no me preocupe demasiado. De mis pulseras todavía colgaban dijes de armas. Mientras el feo número dos y el feo número 3 se lanzaban con todo su peso encima de mí, conseguí desenganchar la cimitarra de esmeralda y el puñal de turmalina, que al segundo se convirtieron en un par de armas de tamaño impresionante, puro acero estigio.
No llegaron a ponerme la mano encima que ya los estaba apuñalando, ambos en el cráneo. Al instante se desintegraron en polvo y fueron barridos por el viento, devueltos a la materia primigenia del Tártaro, de donde salían todos los monstruos. Mis armas, incluida la lanza, volvieron a ser 3 dijes y yo corrí junto a mi amiga. El centauro ya estaba por administrarle ambrosía y néctar cuando notó que Katie no era precisamente divina. Era una humana, inmortal, pero humana a fin de cuentas.
Quirón me miró como si estuviera viendo un fantasma. Lo único que salió de su boca fue un "tú", pronunciado como si se sorprendiera de verme.
-Sí, yo- alcancé a responder antes de que una semidiosa rubia, probablemente hija de Atenea, enfundada en una armadura de cuero y con un puñal en la mano se acercara con cautela. No sabía si la expresión en su rostro significaba bienvenida o lárgate, así que hice lo más inteligente que pude. Puse mi mejor cara de "acércate si quieres conocer a tus ancestros" y me dirigí hacia mí antiguo maestro. No llegué a pronunciar palabra que ya empezó con el sermón
-¿Una humana? ¿A quién en la tierra se le ocurre traer a una humana a una misión de este calibre?
-A mí- contesté escuetamente-las quejas a Apolo. El decidió que no habría problema, así que me la traje. Tampoco es que planeara dejarla en casa donde padre pudiera ponerle la zarpa encima. Mucho menos dejarla sola en tierra, donde abuelito podría echarle el ojo. Ni hablar de tío Poseidón. Yo me responsabilizare de lo que haga. Ve a través de la niebla, así que puede serme útil, aparte de que es mi compañera desde hace un milenio más o menos.
-Bienvenida a casa, pues. Tendrás que explicarme como consiguió esta chica la inmortalidad. A propósito, ¿Cómo planeas hacerla reaccionar? Ha recibido un golpe duro- me contestó.
No me entretuve respondiendo, simplemente saqué la sai y la apoyé en la cintura de Katie. Reaccionó muy dulcemente. "¿Es que acaso estás loca mujer? ¿Cómo se te ocurre tocarme con esa cosa? No es manera de despertar a una persona golpeada, desmayada y exhausta." Y más bla bla bla le siguió, hasta que se dio cuenta del público reunido. Por suerte para mí, hacer escenitas la avergonzaba, así que bajo la mirada, aún estando en brazos de Quirón, y se dejó llevar hasta la Casa Grande.
Habían refaccionado el lugar desde que lo vi por última vez, y no estaba nada mal. Mientras engullía unos nachos a cuatro por mano, Quirón mandó llamar a los jefes de cabañas. Uno a uno se fueron acercando. Mientras se sentaban, me fui enterando sus nombres. Por Ares, Clarisse la Rue. Digna hija de Ares si les interesa mi opinión. Una chicarrona con cara de jabalí aplastado. Charles Beckendorf, bastante guapo para ser hijo de Hefesto. Silena Beauregard, hija de Afrodita. Con esa chiquilla iba a llevarme peor que mal, ya me la veía venir. Annabeth Chase, de Atenea, a quién había dedicado mi mirada de "púdrete". No debería haber hecho eso… Katie Gardner por Deméter, nadie por Zeus, ni por Artemisa, ni por Hera, como siempre. Por Dionisio aparecieron dos chicos rubios, gemelos, pero no oí el nombre. Ni modo, tampoco me preocupaba demasiado. Por Apolo vino un chico alto, rubio, bastante bonito, Lee Fletcher era el nombre. Detrás entró Luke Castellan de Hermes. No iba a admitirlo en público, pero a pesar de la cicatriz que le recorría un lado del rostro, ese chico era mejor que Aquiles, Paris y todo el resto de los héroes juntos. Al final, pasó a sentarse aquel que podría ser tanto mi mejor amigo, como la persona a la que estrangularía sin arrepentimientos cuando las cosas salieran mal. Con la cara congestionada como si alguien lo hubiera abofeteado, se sentó enfrente mío Perseo Jackson.
