Apurando la partida
Katie
Al fin habíamos llegado. Luego de tres días de viajes sombra hasta Cassandra estaba cansada, a pesar de lo mucho que le gustaban sus viajecitos y lo bastante que estaba acostumbrada a ellos. La versión pocket del yelmo de la oscuridad de su padre le otorgaba cierta ventaja sobre los otros mestizos a quienes había visto hacer eso, pero aún así se le notaba exhausta. Si así se veía ella, no quería ni imaginar mi aspecto.
Me pasé la mano por el pelo, pero fue imposible. Tenía ramitas enredadas en él, y un nudo de tamaño increíble. Presentaría una queja si ese nudo no representaba un récord. Mi camiseta celeste tenía polvo del camino, y los tejanos, mis pobres y preciosos tejanos regalo de Cassy tenían agujeros allí donde me había quemado cuando huíamos del hotel que incendié. ¡Ups! Pequeño detalle.
Mientras me concentraba en mi aspecto personal, el chico de Hermes saltó con un ofrecimiento de recorrida. Claro, un tour, espectacular. ¿Es qué no notas que quiero descansar o lo tengo que decir expresamente? QUIERO DORMIR. Nada de toures, pero sí una cama. Aunque fuera un lecho en el pasto, lo que sea.
Cassy contestó como me lo esperaba: "No, nada de recorrer el lugar. Partimos mañana al amanecer. Por mi parte voy a pegarme un baño al océano y si necesito dormir, acamparé en el bosque. Quiero ver que tal les sienta mi aura a los monstruos del lugar. Katie, ¿qué harás tú?"
-Una ducha no me vendría mal, pero preferiría algo más civilizado, con cortinas y tal. Y luego un buen lugar donde pueda reposar hasta mañana. Desfalleceré si no duermo.-Contesté, con toda la sinceridad de la que fui capaz. La hija de Afrodita me invitó a acompañarle, ella me alcanzaría todo lo que necesitara afirmó.
-Te veo mañana entonces, amiga- dijo mi inmortal aliada, se puso en pie y salió por la puerta en dirección al océano, veloz como una flecha. La hija de Atenea me miró, con una gran interrogante grabada en su rostro.
Empezaron todos a dispersarse, supongo que estarían volviendo a sus actividades cotidianas. Silena Beauregard esperó a que se retiraran todos para volver su rostro hacia mí, y como me lo esperaba, comenzó el bombardeo de interrogantes. Cassandra me estrangularía si soltaba algo sobre ella, así que preferí cortar por lo sano. "Cualquier duda que tengas, deberías charlarlo con ella. Es extremadamente reservada, y moriré dolorosamente si se entera que solté la lengua". Soltó un "de acuerdo" que no sonaba muy convencido, y se decidió por fin a guiarme hacia las duchas.
Entramos en su Prada-oliente cabaña. Dioses inmortales, que peste tan insoportable. Yo allí no dormiría ni que viniera a rogármelo Tánatos de rodillas. Prefería dormir cerca del aura espeluznante y las pesadillas de Cassy, aun que eso provocara mis propias pesadillas.
Las duchas estaban en una zona más apartada en el campamento. Me dirigí hacia ellas, cuando aparecieron frente a mí tres hijos de Ares. ¡Hurray! A ver, se peleó su líder con mi amiga, pues bien, ¿por qué se la agarraban conmigo? ¿Qué hice yo para merecer eso? Intentaron infructuosamente atacarme, mi perro apareció a mi lado para defenderme, y huyeron despavoridos. Viejo regalo de cumpleaños. Adoraba a ese perro aunque le faltaran el ojo izquierdo, pellejo en algunas partes y se le viera todo el costillar y el corazón aún latiente. Después de los primeros siete siglos te acostumbras a andar con un zombie cerca.
Encendí el agua fría y me metí debajo de la ducha. Jamás volvería a decir que no te puedes relajar de pie. Estuve creo que tres horas duchándome, hasta que "huesos" (tres hurras por mi imaginación) gimió y se acercó hacia alguien que acababa de entrar por la puerta.
-No te asustes Kate, soy yo- dijo mi amiga. ¿Quién más podía ser? Era la única persona aparte de mí a quien ese perro respetaba. Bueno, a mí me respetaba, a Cassy le tenía un temor reverencial, rayando en el fanatismo. Probablemente fuera una consecuencia de la resucitación, pero vete a saber. –Vamos amiga, que la cena no se comerá sola. No te emociones demasiado con el agua, que todavía tienes que descansar para partir mañana.
-Dime por favor que puedo dormir cerca de ti. La cabaña de Afrodita apesta a perfume de barato de diseñador. –La oí reírse, como siempre que me quejaba de nimiedades. Era casi como nuestra broma privada.
-Puedes dormir cerca de mí si te hace feliz, pero…- dejó la frase flotando, aunque sabía perfectamente a qué se refería con su silencio.
-¿Aún lo extrañas, verdad? Tienes que controlar mejor tus emociones, hoy casi tiras del colgante para verlo una vez más.
-No puedo evitarlo Kate. Cada espada que veo, cada lanza, cada arma, cada semidiós, incluso los lugares me lo recuerdan, una y otra vez. Todo por culpa de mi estúpida y lujuriosa madre. Todo lo que tenía, todo lo que más deseaba, todo lo que merecía, perdido cuando admitió quién era mi padre. Ya, se que te aburro con el tema, pero todavía veo en sueños ese momento, ese maldito momen…- se interrumpió de repente, cuando el hijo de Hermes entró para avisar que dentro de poco estaría la cena. Saqué la cabeza por el costado de la cortina y la vi asentir secamente con la cabeza, rascándole detrás de las orejas a Huesos.
Me vestí en un momento, pero no nos dirigimos hacia el comedor principal como se esperaba de nosotras. En cambio, fuimos directo hacia la hoguera que estaba en el medio de las cabañas.
-Buena señora, hace mucho que no nos vemos-
-Cassandra, Katelyn, ha pasado tiempo. Supongo que no pueden comer la comida de sobre la tierra. Una pena, volviendo al tema, que placer volver a verlas. Parece que tienen una misión. Creo que bien saben que no es Hiperión quién se rebela, aunque podrán encontrar a aquél que pueda darles las respuestas indicadas cruzando el río de fuego. Sabes a quién me refiero, Cassandra. La última visita que podrás hacerle se acerca, elige cuidadosamente las palabras, porque serán las primeras en muchos años, y las últimas que le dirás.
