Muertos, heridos, e injustos castigos

Luke

Creí haberles indicado donde quedaba el comedor. ¿Se habrían perdido? Imposible, el camino al comedor estaba perfectamente señalizado, y cuando les avisé aún quedaba un rato, así que tendrían que haber visto a los campistas acercándose. Fuera lo que fuera, ya me enteraría más tarde. No le iba a darle la satisfacción de que se diera cuenta que me preocupaba por ella.

¿Quién se creía que era, la Hija de Zeus? Casi, pero no. Era su nieta y punto. De ahora en adelante me preocuparía en plan "con esto tal vez consiga bonos extra con Zeus". Hablando en serio, haría lo que fuera para ganar bonos, pero no con Zeus, sino con ella. Cassandra…

Como todas las noches, arrojé una parte de mi comida en honor a Hermes. La cena fue tranquila, o tan tranquila como se puede esperar de una cabaña repleta de adolescentes hijos de mi padre o de ni los dioses saben quién. Al finalizar, cada campista volvió a su cabaña, aunque algunos quedaron rezagados, yo entre ellos. Las había encontrado. Estaban en la hoguera que quedaba en medio del campamento, charlando con Hestia. Comían ¿manzanas? Que yo supiera solo teníamos campos de fresas, no manzanos. Fuera lo que fuera, "no" me interesaba. Fui directamente hacia mi cabaña, y mientras les pasaba por al lado las ignoré olímpicamente. Afrodita me golpearía, pero bueno, supongo que valdría la pena.

Armé una pequeña mochila con las cosas esenciales para salir al mundo y me acosté pensando en mañana y todo lo que podría salir tanto bien como mal. Ésta última parte era la que más me atormentaba. Podía arruinarse todo de tantas maneras diferentes. Al final, me quedé dormido pensando en lanzas eléctricas, perros zombies y dijes de ónice con forma de rosa.

Me despertó una suave sacudida en el hombro, y sentir el colchón hundiéndose bajo el peso de alguien que se sentaba a mi lado. "Anda, bello durmiente, es hora de levantarse, la aventura no aguardará. Tenemos que ir en busca de ella". Eso sí que fue raro. Me ignoraba como si le hubieran pagado, pero se tomaba la molestia de venir a sacudirme cuando tranquilamente podría haberme dejado atrás y ponía las manos al fuego a que no se habría arrepentido, pero por sobre todas las cosas, me había llamado "bello". Apuesto 6 latas de soda a que nadie puede explicarlo. Ya, me vale que estén prohibidas. Ser hijo del dios de los ladrones hay veces que tiene sus grandes ventajas.

Me vestí y salí de la cabaña restregándome los ojos. Mire alrededor, para tener un hermoso recuerdo en mi mente por si perecía en combate, lejos de casa, y me dirigí hacia el árbol en el que antaño estuviera atrapado el espíritu de Thalia. En la colina donde se erigía el enorme pino adornado con el Vellocino de Oro y un dragón, me esperaban Percy y Cassandra, ésta última con una espiguita entre los dientes y arrancando pasto distraídamente. Katie estaba a su lado, rascando bajo la barbilla a ese espantoso perro zombie.

-Y ahora, ¿a dónde vamos? ¿Qué dice la profecía?- pregunté. No tenía ni idea de adonde dirigirme, mucho menos por dónde empezar a buscar.

-No tengo idea de lo que dice la profecía, ni tampoco lo sabremos, ni ahora, ni nunca por lo que parece. Hestia me la pidió ayer por la noche, y no tuve más opción que entregarla, aunque si me dio una pequeña pista sobre por dónde podríamos empezar a buscar-

-No opusiste mucha resistencia que digamos, Cassy- Cassandra ignoró el comentario, aunque hizo una mueca como diciendo "felicidades, mira lo idiota que soy, nos estoy arruinando a todos porque quiero". Viva la ironía.

-Tenemos que volver a casa, al Inframundo, pero no por las entradas convencionales. Hay que entrar por la puerta de la Luna, más precisamente, la mía.- Y sin más preámbulos, se puso en pie y comenzó la marcha hacia el norte.

Los primeros veinte minutos pasaron bastante tranquilos, pero, a pesar de que sabía que podía morir, quería saber más sobre su familia y su pasado, así que simplemente, pregunte. La respuesta fue incluso más agresiva de lo que esperaba.

-Dime, Luke Castellan, ¿por qué te preocupa más mi familia que la tuya? Demasiado te interesa saber sobre mi madre, pero sería más útil que te metieras en tus asuntos, y cuidaras de la tuya propia. Aunque loca, te ama, ¿entiendes? TE AMA. ¿Quieres saber sobre mi familia? Pues bien. Mi madre era hija de Zeus. Creció y se embarazó de Hades y nací yo. Ni tenía un mes que me enviaron al Olimpo porque "nadie podía mantenerme". Allí crecí rodeada de los dioses, la mejor vida que podrías haber imaginado. Incluso estaba comprometida con un dios menor.- Mientras explicaba esto, su voz subió de tono unas cuantas octavas y se arrancó el colgante del cuello de un tirón. La rosa de ónice temblaba en la cadena, colgando de su mano.

- Luego, comencé a hacer cosas raras, como por ejemplo, invocar a los muertos, por lo que Zeus descubrió mi ascendencia. Al parecer, era demasiado peligroso tenerme entre ellos. Decidieron que yo tenía conocimiento de todo, que estaba confabulada con mi madre y con Hades, y que debía ser castigada. Ya conocía la justicia de los dioses, así que no derrame ni una maldita lágrima cuando pronunciaron el veredicto. Mi madre fue destinada al Tártaro durante toda la eternidad, mi prometido, por el solo hecho de amarme, fue condenado a quedar ciego y ser el guardián del Flegetonte. Hades se salvó por su condición de dios y hermano de Zeus y Poseidón- las lágrimas afloraban incontenibles a sus ojos, pero no caían rodando rostro abajo, simplemente estaban presentes. Las últimas palabras las estaba escupiendo entre dientes, pronunciando una por una, poniéndoles tanto énfasis como el dolor que llevaba tanto tiempo guardado le permitía.

-Y a mí, a mí, la niña que llevaban criando diecisiete años de su vida, me desterraron al Inframundo, a vivir con mi padre, a amar a mi madre, a formar amistad con los monstruos del Tártaro, a pertenecer a los muertos tal como mi sangre probaba, pero por sobre todas las cosas, fui maldita por Afrodita, para ser tan inmortal como las Moiras me lo permitieran, para nunca más poder acercarme a quién amaba tanto. Lo único que me quedaría de él serían el recuerdo de su tormento y el colgante que había tallado para mí. Me dieron un par de armas, una piedra de afilar, las buenas noches y un "hasta nunca, ojalá te pudras".

-Algunos pocos dioses, aquellos con quien pasaba más tiempo, se apiadaron de mí, abogaron por mí, pero la decisión de Zeus fue irrevocable. Lo único que conseguí luego de mil años encerrada en la oscuridad y la humedad del Hades fue la libertad suficiente como para vagar por el mundo a mi antojo, pero siempre vigilada a donde quiera que fuera. Esa, Luke Castellan, es mi familia, ese es mi pasado. ¿Alguna otra duda que quieras que te conteste? ¿O con esto es suficiente para satisfacer tu curiosidad por un tiempo?- sin esperar a que respondiera se dio media vuelta y apretó el paso, zanjando el asunto, de ahora y para siempre.