Enemigos míos, amigos de mis amigos
Percy
Así que ese era el problema. Había sido marcada como el enemigo cuando toda su vida, literalmente la había pasado al lado de Zeus. Él la había criado, pero aún así no confiaba en ella. Maldito paranoico. A pesar de todas las heridas que le había infligido el muy maldito, Cassandra no parecía guardarle rencor. Lo único que parecía sentir por el Señor de los Cielos era respeto. El tipo de respeto que solo sientes cuando te sabes sola en el mundo por algo que no has hecho, pero tampoco vas a poder remediarlo, hagas lo que hagas. Casi sentía lástima, aunque tenía muy claro quién iría a parar al Tártaro si yo llegaba a confesarlo. Caminaba erguida y recta por delante de nosotros, mientras su amiga miraba a Luke tan acusadoramente que el chico parecía encogerse a cada paso que daba. Se había rezagado, pero supongo que le pesaba el dolor en la verdad de Cassandra. A todos nos pesaba, pero a ella por sobre todo.
Iba caminando con la cabeza gacha, hasta que tropecé con la espalda de la hija de Hades y estuve a punto de caer, pero ella tiró el brazo para atrás y sujetó el mío, tiró para adelante y me volvió a poner en pie.
-Kate, dime por favor que lo reconoces. Ese perfume es inconfundible.- dijo Cassandra. Obviamente que era inconfundible, era el olor de un monstruo. Olía a…
-LEÓN-grité, apenas vi al León de Nemea. Se suponía que todos nos dispersáramos y nos dispusiéramos a atacar, pero en cambio, la loca se tiró hacia delante de rodillas, agachó la cabeza y estiró los brazos hacia adelante con las manos extendidas mientras el león caía con las fauces abiertas a tres centímetros de donde estaban sus extremidades. La charla anterior evidentemente la había trastornado. O tal vez no.
Luke se disponía a placarla y arrojarla lejos de la vía alimenticia del mamífero súper-desarrollado, pero se detuvo en seco cuando el león se echó, cubrió con sus zarpas los brazos de ella, y ¿le había lamido la frente el bicho? Definitivamente pasaba algo raro. Los monstruos no van tan felices repartiendo rosas y lamiéndote la frente como si te bendijeran. Se supone que te coman, o lo intenten al menos. Debía haberme golpeado bien fuerte la cabeza y seguro estaría en la enfermería del campamento. Si esto no era suficiente, Cassandra se irguió riendo, se tiró al cuello del León y lo besó en la mejilla. El león rugió con ¿cariño? y rodaron juntos al costado del camino, uno ronroneando y la otra riendo con alegría. Parecían viejos amigos que se reencuentran luego de un largo tiempo.
-Semidioses, este es uno de mis más antiguos amigos, lo conozco desde mi tiempo de prisión.-Mirada envenenada a Luke- Percy, baja la espada por favor, lo estás poniendo nervioso.- Mientras decía esto rascaba al monstruo en la melena y bajo la barbilla, y el otro se dejaba, incluso ronroneaba de gozo. ¿Quién era ese bicho y qué demonios habían hecho con el verdadero y feroz León de Nemea? ¿Es que el mundo estaba de cabeza y yo no lo había notado? Bajé la espada, pero no la guarde, con la esperanza de que le agarrara un ataque de locura al león y pudiera combatirlo, pero no parecía una perspectiva cercana.
El monstruo ronroneó con tristeza, ella susurró un "está bien" algo entristecida y se despidieron con otro lametazo, esta vez en la mejilla de ella. Se dignó mirarme con todo descaro, moviendo su cola de peluche y latigando el aire, me enseñó los dientes y se alejó por la maleza dando un salto. Eso ameritaba una explicación.
-En los primeros tiempos de cárcel, estaba atada por los tobillos a una estaca, y la estaca estaba clavada bien profunda cerca de un lago, para que no pudiera escapar, pero la cuerda era larga, así que podía alejarme dos o tres kilómetros. El lago no era nada preocupante, es el mismo lago donde sufre Tántalo, así que el agua es definitivamente potable, y los monstruos, en especial los Titanes, iban allí a beber, o a buscar algo de comida. El León de Nemea iba muy a menudo, se mantenía lejos de mí por la peste a muerto que llevo y por las armas de acero estigio, pero empezó a ir más seguido aún. Tan aburrida estaba que me propuse acariciarlo. Ya tenía calculado cuánto le tomaba ir al lago y cuánto le llevaba beber, así que me sumergía e intentaba acariciarlo en el morro. Cuando finalmente lo logré me mordió, y empezamos a luchar. Al final estábamos ambos tan cansados que nos tendimos en la hierba uno junto al otro, y por fin se dejó acariciar. Desde entonces es mi más fiel amigo.
Conseguí soltar un "interesante", pero estaba tan pasmado que sonó más como "imblate". Vete a saber que significaba eso. Cuándo ya no se veía absolutamente nada del león, continuamos la marcha.
No quería preguntar, tenía terror de que se enfureciera otra vez, pero en mi contra. Sin embargo, necesitaba saber hacia dónde nos dirigíamos. Ya tenía suficientes dudas sobre mi destino, como para encima andar caminando a ciegas hacia él. Finalmente, me armé de valor e hice la pregunta. ¿Por qué demonios se me había ocurrido la maldita pregunta?
-Nos dirigimos al Inframundo, Perseo Jackson. Se lo que estás pensando, que esta no es la dirección hacia Los Ángeles. Creo que bien conoces las dos entradas "convencionales". La oficial, custodiada por Caronte, y más abajo por Cerbero. No tomaremos esa por varias razones, entre ellas, no quiero andar saludando, a Caronte hay que pagarle y Cerbero no será un problema, pero su trabajo lo obliga a intentar cenarme, y no quiero ponerlo en tentación. La otra entrada es la de Orfeo, pero con lo desafinada que soy, partiría muchos vidrios, pero no la piedra que protege la cueva. Katie tranquilamente podría abrir esa entrada, pero luego hay que descender las Escaleras de Niebla, que cada vez te dejan en un lugar distinto, depende del lugar a dónde desee ir quién camine por ellas. Nosotros tomaremos la tercer entrada, la mía. Es más complicado entrar de lo que te imaginas, incluso más complicado que salir. Es especialmente para vivos, por eso es desconocida. Lo único que necesitas es cabalgar una sombra hacia la entrada durante la luna llena. Estamos de suerte, esta noche será la última luna del mes. O entras ahora, o tendrás que encontrar otro medio.
