Sombras a la luz de la oscuridad
Katie
¿Por qué teníamos que tomar esa entrada? ¿Por qué no podíamos simplemente suicidarnos todos y al Inframundo por la vía normal? Cassy, las pagarás por esto, y bien cara.
Cuando llegamos a ese claro odioso, el tufo a muerte y a profanación flotaba en el aire. Rodeaba el lugar como una niebla mágica, pero también había seres, criaturas de la oscuridad bailando en el lugar, alrededor de un lago de aspecto aterrador. Eran…sombras. Sombras del pasado. Seres incorpóreos, pero aún así tangibles. Los hijos de la Muerte. Por Muerte no me refería a Hades, me refería literalmente a la muerte, a Tánatos. Él era amo y señor en aquél lugar, y nosotros seríamos sus vasallos.
Tenía que admitirlo, si que era inteligente mi amiga para elegir sus entradas. Las sombras cambiaban de forma a cada movimiento que hacían. Un caballo pasaba a un león, a una persona, a un ave, y muchos otros seres, todos del tamaño suficiente para cargar con una persona un largo trayecto.
-Cassy, ¿cómo se pasa al otro mundo?
-¿Quieres decir que nunca has entrado por aquí?- preguntó el rubio insufrible.
-No, nunca he entrado, Cassy nunca me lo habría permitido. Soy… bueno, soy… no soy una "persona". Soy una resurrecta. Un alma que alcanzó los Elíseos y decidió regresar para alcanzar las Islas de los Bienaventurados. Créanme, no es algo que quieran intentar. Es terriblemente doloroso.
-¿QUÉ? Pero, ¿por qué no nos dijeron nada?
-Jackson, no es un tema que puedas tomar a la ligera. No tienes ni idea todos los problemas que tuvo que pasar. Yo la conocí como alma, y era feliz en el Elíseo, pero la muy tonta quiso seguirme. Es mi culpa que ella esté aquí ahora. Katie, lo siento. Lo siento tanto.
-Cassy, como te disculpes otra vez patearé tu trasero de nuevo al Tártaro y ya veremos quién lo siente más. Fue mi decisión, y punto.
-Pero…
-SIN PEROS, AHORA ABRE ESA MALDITA PUERTA ANTES DE QUE ME ARREPIENTA Y TE ESTRANGULE POR TRAERME A ÉSTE TRES VECES MALDITO LUGAR. ¿ME EXPRESÉ CON CLARIDAD?
-No me grites, mujer. Estoy al lado tuyo. No es tan complicado como parece. Simplemente tienen que montar una sombra y caer en el lugar donde la luz de la luna se apoya sobre el lago. Es un portal directo hacia las puertas del palacio de mi Padre.
-¿O sea que básicamente nos pondremos en manos de Hades?
-No, no estarás ni cerca deél, Percy, no te preocupes por eso. Tengo un plan.- Sonrió muy confiada. El tipo de sonrisa que siempre aparecía en su rostro cuando estaba por hacer algo tan descabellado que si bien podía salir tan perfecto que no podrías haberlo planeado mejor, también podía matarnos a todos y condenar nuestras almas por siempre jamás. Excelente, hermosa perspectiva para el futuro inmediato luego de saltar a la grupa de un pony fantasma.
Al final, fue incluso más duro de lo que parecía. Cassandra se montó en un águila que empezó a volar alrededor de toda la zona. La parte más divertida fue cuando ascendió hasta las nubes y bajó en picada. El grito estridente de terror fue incluso divertido. Cassandra odia volar. Ojo por ojo, querida amiga. Ojo por ojo. Para terminar, el inmenso bicho la golpeó contra un árbol y se soltó de la presa de Cassy. Dio tres tumbos y volvió a cargar, esta vez contra un caballo. El pobre pony no tuvo demasiadas opciones. Ante la visión de acero estigio se puso tan mansito como un cachorro. Castellan se montó en un perro del Infierno. Perfecto para él. Percy eligió un Pegaso. Sólo quedaba yo.
Por suerte, conté con la ayuda de mi buen amigo Huesos. Mordió un caballo, una sombra de yegua para hablar con propiedad, y el bichejo se dejó atraer hacia mí. Incluso se reclinó para que pudiera montar.
Cuando todos estuvimos sobre nuestras respectivas sombras, Cassandra inició la marcha hacia el lago. Los animales ni siquiera chistaron al tocar el agua. Simplemente, caminaron sobre ella. Los pasos que daban no sonaban ni movían el agua. Si no sentías al animal debajo de ti, podrías decir que nada cruzaba el lago. Otro punto a favor de Cassy. Ella fue la primera en pisar el círculo luminoso proyectado por la luna. Nos fuimos acercando todos, hasta que la luminiscencia nos bañó a todos en su incorpórea pureza. La luz blanca se tornó roja como la sangre, y luego negra. Podía ver el contorno de mi amiga en la oscuridad, pero por primera vez en muchísimos años, sentí miedo. Miedo por ella, miedo por todos nosotros, pero más que nada, por mí. No iba a morir, no de nuevo.
Una música comenzó a sonar, lenta, suave, macabra. Una niebla negra se alzó rodeándonos a todos con su oscura maldad. Comenzó a girar lentamente, pero adquirió velocidad, hasta convertirse en un remolino. La oscuridad se alzó sobre nosotros, penetró en nuestros cuerpos, encontró nuestras almas, las encadenó a todas ellas y nos vimos inmersos en la soledad del miedo, el terror y la muerte.
