Última esperanza
Nota: Para mi gran desgracia, los personajes no me pertenecen, pero yo les pertenezco a ellos.
Cassandra
-Luke, quiero que te vayas de aquí en este preciso segundo.- No respondió. No iba a dejarle ver el espectáculo que se iba a poner en marcha dentro de segundos. Theo y yo caminábamos en círculo, analizándonos el uno al otro, esperando el primer tropiezo.- Katie llévatelo. Llévatelos a ambos.
Pero ninguno se movió. Theo cargó contra mí, lanza en ristre, pero lo repelí con el escudo. Tenía que cortar esas cuerdas. Era mi última esperanza. Cargó de nuevo y logré trabarlo, lanza contra lanza. Apretaba los dientes, estaba fuera de práctica, pero era fuerte, siempre había sido más fuerte que yo. Lo empujé y tropezó. Cayó al suelo y clavé sus ropajes al suelo con la lanza. Una descarga lo recorrió, pero no lo hirió, siquiera le dolió.
Unas cosas húmedas regaban mi rostro. Maldición, estaba llorando. Tomé uno de los cuchillos de caza y corté la cuerda de la muñeca izquierda de mi antiguo amor justo cuando se liberaba.
-Te estás volviendo débil Cassandra. Demasiado emocional. Antes me habrías matado sin chistar. Aunque, por cierto, antes valías la pena.- Ese no era mi Theo. La voz sonaba demasiado grave y antigua como para ser suya. Habría reconocido la voz de mi amado en cualquier lugar, y el sonido que salía por su boca no era su melodioso tono de jovialidad.
Una cuerda menos, algo era algo. Mientras girábamos como chacales buscando el cuello de nuestro oponente, alcancé a ver la mirada de terror de Kate, la mirada de impresión de Percy y la mirada de pena de Luke. ¿PENA? NADIE me mira con pena.
-¡KATELYN, LÁRGATE YA! ¡ESTA LUCHA ES MÍA!- había usado el tono de voz correcto por lo que parecía. Katie tomó a mis nuevos amigos por los brazos y corrió hacia el palacio. Alertaría a Megera, o lo que es peor, a Padre. Esperaba que no se atreviera a dirigirse a mi progenitor o estaríamos fregados.
-¡THEO LO SIENTO!- grité y me lancé contra él. Seguramente lo había tomado por sorpresa porque caímos los dos a plomo al suelo. Con el escudo lo inmovilicé y corté dos de las tres cuerdas restantes. Luego me golpeó en el costado y caí jadeando. Me faltaba el aire. Solo quedaba una cuerda y una vida con las que acabar.
Aquí había gato encerrado. Matarlo, a menos que se hubiera bañado en el Estigia, sería incluso más fácil que sacarle un dulce a un niño. Theo era un humano inmortal nada poderoso, y yo tenía diecisiete baños en el río del odio y mi propia vida, dieciocho potenciales vidas en total. ¿Por qué nos estábamos enfrentando?
Volvió al ataque, sujeto solo con la cuerda del tobillo derecho. Lo esquivé dos veces y me apuñaló con la lanza. Fue un golpe limpio. Apenas había pasado un poco la piel que ya había chocado contra la nueva capa de protección del Estigia. Diecisiete vidas. No tendría que haber elegido el hombro derecho como punto de conexión a la humanidad. Quedaría para la próxima duchita de dolor.
La herida enseguida dejó de sangrar y cicatrizó sola, pero sonrió. Me había dado y tuve la certeza de que lo que más quería no era mi vida en sí, sino que perdiera capa tras capa de protección. Planeaba dejarme viva, desprotegida, pero viva y coleando. No iba a permitirlo.
Arremetí una vez más, esquive un golpe y corté por fin la última cuerda. Solo tenía que matarlo. Era más fácil decirlo que ponerlo en práctica. ¿Cómo matas a quién amaste toda tu vida y lo sigues queriendo? "Con una puñalada" dijo el sentido común en alguna zona de mi cerebro a la que no prestaba demasiada atención. "Cállate genio, eso ya lo sé" me contesté. No iba a contar esta parte de la batalla nunca. Se supone que no estoy loca.
-¿Cassy?- preguntó mi enemigo. Ese sí era Theo. Reconocí su voz. No sé cómo había tomado el control de sí mismo. Tenías que ponérmelo más difícil todavía para matarte. Felicidades, lo hiciste amorcito. Soltó la lanza y el escudo y se dejó caer en la hierba, el Flegetonte rugiendo a nuestro lado.- Cassy, lo siento. Hazlo ahora, mátame.
Volví a soltar lágrimas. ¿Por qué no podía simplemente matarlo sin llanto? Solté el escudo y fui a arrodillarme junto a él.
-Theo, soy yo quién más lo siente- y sin soltar otra palabra, hundí el cuchillo en su costado. La sangre comenzó a brotar por su pecho como las lágrimas por mis ojos. Me mordí el labio mientras caía su cuerpo contra el mío, sonriendo, al fin libre de su prisión. Agonizaba.
Me senté en la hierba y acomodé su cuerpo en mis brazos, acunándolo contra mí pecho, sobre mis piernas cruzadas. Le acaricié el pelo como hacía hace ya tantos años. Llorábamos los dos. Susurró un último "Cassandra, te amo" y murió. Su alma apareció a mi lado y se sentó frente a mí, mientras yo todavía acariciaba el cabello de mi ya muerto prometido. Besó mi frente por última vez, dio unos pasos hacia las murallas del Érebo y se deshizo en jirones de niebla. Aparecería frente a los jueces dentro de poco. Me quedé sentada un rato más, escuchando tres pares de alas batiendo el aire y a mis amigos correr hacia mí, gritando mi nombre, pero no me importaban. Nada me importaba ya.
