Especialidad de la casa

Nota: Para mi gran desgracia, los personajes no me pertenecen, pero yo les pertenezco a ellos.

Percy

Esa chica estaba definitivamente loca. Acababa de estampar un durazno en una ventana, más precisamente en la ventana de una habitación ocupada por el grito que se escucho. La de la limpieza iba a estrangular a alguien. ¿A quién en la Tierra se le ocurre semejante maniobra de distracción? Si eso no era suficiente, salió corriendo hacia la parte trasera y empezó a trepar por la pared. Tenía dos opciones. Opción a: quedarme ahí para morir. Opción b: seguirla. Elegí la b, aunque no era muy razonable que pueda decirse.

Entró por la ventana más alta seguida de Katelyn, luego Luke y último yo. Ese lugar era inmenso, pero eso no era lo peor. Era una biblioteca. La sala debía ocupar medio palacio. Atenea lloraría de alegría viendo ese lugar. Las estanterías medirían siete metros cada una, repletas hasta el tope de papiros, libros, cuadernillos. Incluso había libros actuales. ¿Cómo demonios había conseguido esa inmensa cantidad de literatura?

En las paredes había estatuas de todos los dioses, la de Hades era la más pulidita (lambiscones) pero la de Zeus también. Después de todo lo que le había hecho, Cassandra incluso se dignaba no solo a respetarlo, sino a adorarlo. En el techo estaba grabada una imagen de todos los dioses del Olimpo, Hades incluido, en medio de una fiesta. Por increíble que pareciera, se veían… bien. Reales. Esa imagen era definitivamente tomada de la realidad. Esa escena ya había pasado.

Entre las estanterías paseaba un ancianito con un libro en una mano y un bastón en la otra. Se inclinaba demasiado hacia adelante y parecía viejísimo, anterior incluso a Zeus. Recién cuando intentó devolver un libro a su estantería noté que se acomodaba solo en su lugar. Entonces posó sus ojos sobre nosotros.

-Cassandra, sabía que volverías. El desastre que armaste se escuchó hasta aquí. Bien hecho niña.- Sonrió, feliz de volver a verla. Cassy se inclinó, reverenciándolo.

-Maestro Algeo, necesito tu ayuda. Los libros negros, los antiguos. Necesito leerlos.

-Niña, ¿para qué necesitas los libros esos?

-Maestro, ¿recuerdas la profecía de las Moiras?- el anciano se estremeció y se enderezó, como si lo hubiera recorrido una descarga eléctrica. Asintió con pesar y se dirigió hacia la estatua de Apolo. Hundió un ladrillito en el pedestal y la estatua se bajó, exponiendo tres libritos encuadernados en negro y cerrados con huesos. Esos libros daban miedo, literalmente. Generaban un aura de terror a su alrededor. Quería salir corriendo y arrojarme por la ventana con tal de escapar de esa influencia. Cassandra parecía acostumbrada, pero aún así inquieta, y lentamente se acercó a tomarlos de las manos del anciano. Katie y Luke estaban igual que yo.

El anciano le entregó los libros y la tomó por la mano que tenía libre. Sonrió con pesar y se alejó, volviendo a sus obligaciones.

-Cassandra, ¿qué son exactamente esos libros?

-Ah, los libros. Verás, nos estamos enfrentando a Urano, el Titán de los Cielos. Durante el apogeo del poder de Urano, su ira se aplacaba con sacrificios humanos. En este preciso momento, necesitamos eso, un… suicidio colectivo para llamarlo de alguna manera.-Mientras hablaba, los libros se abrieron ante el rose de su mano sobre los huesos y comenzaron a girar a su alrededor. No pregunten cómo, pero sabía que la estaban nutriendo de información.-Estos libros nos dirán como, pero no entiendo las fórmulas. Necesito a Hécate, ella sabrá que hacer, y Tánatos tendrá que estar presente sí o sí.

-Resumiendo, ¿planeas matarnos a todos?- pregunté. El plan "morir por el mundo" no sonaba precisamente lindo.

-No, a todos no. Planeo matarme a mí misma. Solo espero que las vidas que me restan sean suficientes para un sacrificio.

-¿Es que acaso eres una especie de gato mutante o qué?

-Me matas de la risa-no parecía estar riendo, incluso su mirada traslucía más frialdad de lo normal.- Los baños en el Estigio, el dolor que pasas para tener la invulnerabilidad, representa algo más importante que simplemente ser intocable. Cuando pasas por esa prueba, dejas una parte de tu humanidad atrás para adquirir el poder de no poder ser herido. Cuando pasas más de una vez esa prueba, sigues dejando partes de ti atrás, pero adquieres algo más. Adquieres capas de protección, y cada capa representa una vida. Cada vez que te hieren, pierdes "una vida" y tienes el resto de ti para seguir adelante. No pasé por tanto dolor para que fuera tomado a la ligera, o como una prueba de orgullo personal. Ya sabía que esto iba a pasar. Tres veces malditas sean las Moiras y sus profecías.

-Pues entonces, ¿para qué necesitas los libros?- preguntó Luke. Tenía miedo, y se notaba, pero temía por ella. En nombre de los dioses, ¿Qué le había visto a la desquiciada esa?

-Los sacrificios son básicamente transiciones de energía por medio de magia negra, o nigromancia. Bienvenidos a la oscuridad, la especialidad de la casa.