Resurrección

Nota: Para mi gran desgracia, los personajes no me pertenecen, pero yo les pertenezco a ellos.

Katie

El Elíseo era tal y como lo recordaba. La hierba verde era empujada por una brisa inexistente. Las casas eran plateadas y brillaban por si solas. En los portales el verdoso fuego griego iluminaba y daba calor.

Cassy nunca lo había visitado. La acompañé por todas partes, pero ninguna de las dos tenía demasiadas ganas de pasear. La muerte para las almas buenas era libertad, pero no olvido. Aunque no podíamos sentir, los recuerdos dolían y lastimaban. Eran heridas demasiado profundas como para subsanaran por si solas. A decir verdad, tampoco queríamos que sanaran. El recuerdo de ellos nos haría saber que habíamos estado vivas, pese a todo lo que habíamos pasado.

Esta vez, la muerte fue paz. Paz total y completa. Ningún tormento como había pasado la última vez. Solo libertad, igual a como la describía Cassandra.

Tánatos nos visitaba todos los días y nos hacía compañía un tiempo, trayéndonos noticias de arriba, pero la visita que más esperábamos no llegaba.

Tres semanas tuvieron que pasar para que la señora viniera a nosotras.

-Hécate, dime por favor que vienes a sacarnos de aquí. Tanta paz va a volverme loca- rogó mi amiga. Era tan típico de ella enloquecer en la calma.

-¡Qué desesperada eres! Si, vengo a sacarlas de aquí.- Cassy gritó de alegría. Incluso corrió un buen trecho. Estaba tan enceguecida de felicidad que se llevó una columna por delante. Eso sí que fue gracioso. Golpeada y todo, se puso en pie, aún riendo de gozo.- Vengan conmigo. Y tú, pedazo de loca, tendrás que ser más cuidadosa. Tendrás tu mismo cuerpo, edad y todo, pero no las protecciones. Una herida de muerte es literalmente eso, y no quiero verte por aquí hasta que no hayas vivido toda tu vida con ese rubio tan guapo. ¿Está claro?

Cassandra sonrió asintiendo. Estaba tan loca de felicidad que iba dando saltitos detrás de la diosa. Nunca la había visto tan histérica. Resultaba muy agradable, más de lo agradable que era ya de por sí su compañía.

Nos acercamos al ciprés de la diosa, dónde las almas que quisieran volver a la vida eran preparadas. Había alguien ahí, alguien que apestaba a ozono. Vestía una túnica sujetada por un gancho en forma de nube de tormenta y sostenía un rayo en su mano izquierda. Zeus.

Cassandra lo reverenció, demostrando respeto, y yo también tuve que hacerlo aunque habría preferido besar a Ares antes que rendirle pleitesía a semejante imbécil. El orgullo tuvo que ceder, no iba a ser fulminada antes de renacer.

-Cassandra, al fin te has redimido de tus errores, tú y tu… amiguita, pueden volver a la tierra. Espero sinceramente que te comportes como debes.

Antes de que Cassy pudiera golpearme e interrumpirme empecé a despotricar contra el Señor de los Cielos. Cuando le solté unas cuantas verdades en la cara recién pudo Cassy atravesar mis defensas y taparme la boca. La mordí y seguí gritándole al todopoderoso dios un rato más hasta que me placó y caímos las dos al suelo.

Las mejillas de Zeus estaban rojas de ira. Los ojos comenzaron a chispearle y alzó el Rayo Maestro, pero detuvo el brazo a mitad de camino. Se limitó a sonreír con incomodidad y a decir:

-Tu amiga es bastante perspicaz, mi querida nieta, pero no le vendría mal guardar su lengua tras sus dientes si sabe lo que le conviene. De ahora en adelante cuida lo que dices, Katelyn Adashane. No siempre seré tan paciente y bondadoso como ahora. Buen viaje a la vida, las veré en la tierra, pagaría por ver los desastres que armaran, pero Hefesto y su sistema de televisión me ahorrarán los dracmas. Suerte.

Con esta última frase adoptó su forma divina, con lo que tuvimos que apartar la mirada. Luego me di cuenta que éramos espíritus y ¿cómo calcinas un ser etéreo?

Hécate sonrió con resignación. "Son tan mortales" nos dijo. Chocolate por la noticia cariño, hemos muerto, se supone que los mortales mueren.

Nos susurró un par de indicaciones y cruzamos el ciprés. Al otro lado estaría nuestra vida.

NO, NO, NO. Dije VIDA, no OCÉANO. ¡SPLASH! Y nos arrastró el agua marina. "Resucitar para ahogarme, que divertido" fue el último pensamiento que cruzó mi mente. Luego me desvanecí rodeada de burbujas y espuma de mar.