Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es propiedad de la autora J. K. Rowling.

Esta historia participa en el reto "Viñetas de emociones" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".


Capítulo 3

Esperanza

No podía dejar de leer la carta que su adorado hijo había mandado hacia una hora antes de la cena de navidad.

"Papá y Mamá:

Sobre la cena de navidad ¿creen que podrían agregar 2 lugares más? Los veo en la cena.

Los quiere,

Scorpius."

¿Dos lugares? ¿Para quiénes? Eso solo lo ponía de mal humor, pero Astoria y su madre estaban radiantes, como si supieran a quién iba a pertenecer el otro lugar, porque uno definitivamente lo ocuparía el compañero de casa y el mejor amigo de su hijo, el hijo de quien fuera su peor enemigo en la época escolar, Albus Potter. Bufó frustrado, se había llevado una tremenda sorpresa cuando Scorpius se lo presentó en las vacaciones del primer curso. Se había sorprendido, y mucho, pero había entendido que era uno de los pocos que le hablaron durante el viaje y después de la selección de casas. Supo por las cartas que su hijo le enviaba a su madre que al castillo también le sorprendía que el niño Potter y Malfoy se vieran juntos en los pasillos, pero habían aprendido a protegerse la espalda del otro. Potter por ser el primero de la familia en caer en la casa de las serpientes y Scorpius por ser hijo de un ex mortífago. Sonrió mientras guardaba esa carta en su escritorio y salía con rumbo a su habitación para arreglarse, la verdad que la casa se había llenado de un aroma delicioso. Con sonrisa boba salió de su despacho y se encontró con los elfos domésticos viendo los últimos detalles de la decoración de la casa.

Con algo de nostalgia recuerda que cuando él era un niño Malfoy Mannor no se arreglaba con tanta efusividad como se empezó a arreglar cuando Scorpius tenía cerca de 3 años, y eso porque el pequeño había visto un árbol de navidad en un escaparate de una tienda con regalos bajo él y había exigido, prácticamente, que se adornara la mansión con alusión a la navidad. Aún recuerda sus gritos y sus lloriqueos por tener un árbol que adornar en la cena de navidad y por si no fuera poco había ensuciado el vestido favorito de su madre con todo lo que encontró a su paso y Draco Malfoy tuvo que tragarse su orgullo, comprarle el árbol de navidad a su hijo y soportar la furia de Astoria, su madre solo había comentado que era digno del apellido Malfoy.

Subió las escaleras poco a poco recorriendo delicadamente con sus dedos el pasamanos y no pudiendo evitar que su mente se llenara de recuerdos. Atrás había quedado la mansión que se había convertido en cuartel del señor Tenebroso, atrás habían quedado aquellos muebles que habían tenido algo que ver con tortura o muerte de personas inocentes, como aquella maestra que había muerto encima de su propio comedor. Aún podía escuchar sus súplicas hacia su padrino, los sollozos de la gente que había tenido la mala suerte de acabar en esa mansión, pero ahora era diferente. Su hijo había borrado todos esos momentos, y es cierto que cuando se enteró que vivía en una casa donde murieron y fueron torturadas personas puso el grito en el cielo, pero había sabido comprender. Esa era su casa y dependía de ellos volverla más hogareña, y lo consiguieron, habían comprado pavo reales y cisnes para que Scorpius pudiera corretearlos por todos los jardines, la habían pintado de un color más amigable, los muebles habían sido cambiados y ahora Malfoy Mannor, era un hogar totalmente habitable. Allí ya no quedaba nada de la casa que había sido antes más que los recuerdos y la estructura.

Abrió la puerta de su cuarto encontrándose a una Astoria con un vestido pegado color azul rey luciendo un escote en la espalda. Se estaba terminando de maquillar, Draco sonrió, Astoria siempre se vería como una pequeña muñeca de porcelana. Y él, él seguiría perdidamente enamorado de ella, aunque no lo aceptara tan seguido.

Se vistió lo más rápido que pudo y bajó las escaleras, había oído la voz de su hijo en la planta de abajo.

-Querida, es un honor que por fin vengas a la casa, Scorpius habla tanto de ti en sus cartas- oyó que hablaba su esposa.

-Tu cabello es precioso querida, y tus ojos. Definitivamente eres un vivo recuerdo de tu madre, aunque te pareces un poco más a tu abuela materna- había escuchado decir a su madre. ¿Así que era una niña a la que había invitado su hijo?

-Buenas noches- había comentado una vez hubo llegado a la sala donde se encontraban todos. Albus había brincado un poco, más por la sorpresa de verlo enfrente y que no se hubiera dado cuenta de su presencia que por otra cosa.

-Buenas noches señor Malfoy-

-Buenas noches papá-

-Buenas noches Scorpius, Albus-

-Querido, mira a quién ha traído tu hijo para la cena- había hablado una Astoria mientras ponía su brazo en el hombro de una jovencita de 12 o 13 años, cabello pelirrojo hasta los hombros y unos ojos avellanas.

-Lily Potter, señor Malfoy, mucho gusto- había respondido la niña con las mejillas rojas y una sonrisa en los labios.

-Mi novia- había declarado su hijo. Su novia. ¿Novia? ¿Desde cuándo su hijo salía con la hija de los Potter? Las caras de su madre y su esposa lo trajeron de vuelta. No le gustaba para nada, pero si era decisión de su hijo no podía hacer más, no quería cometer los mismo errores que su padre, y si su hijo quería a una mestiza, que más podía hacer, que Lucius y todos sus ancestros se revolcaran en su tumba que él solo quería que su hijo fuera feliz.

-Bienvenida Lily- respondió amablemente mientras su madre se llevaba a los niños al comedor.

-Scorpius es feliz Draco, por fin lo aceptan por lo que es y no por su apellido- declaró su esposa. Y él tan solo pudo sonreír. Venían tiempos mejores para la familia.


Aquí está el final de las viñetas, según word son 1000 palabras. Aunque no me termina de convencer creo que salió decente. Muchas gracias por haberse tomado el tiempo de leer la historia, por sus alertas, favoritos y por el review.