QUIERO ACLARAR QUE LA HISTORIA DE CANDY –CANDY ASI COMO SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN. ESTOS PERTENECEN A KIOKO MISUKI- YUMIKO IGARACHI.
"MI PEOR PESADILLA"
ESCRITA POR: QUEEN Y JIPUK.
PARA LA: GF2011.
Candy estaba sentada frente a un espejo de su cómoda vestida ya para su boda. Se veía radiante. Estaba tan feliz de poder unir sus lazos con el hombre que tanto amaba durante los últimos dos años. Él le habia confesado sus sentimientos y ella le correspondía de igual forma.
Estaba esperando a que vinieran por ella. Para llegar a la iglesia. Desde hacía meses que esperaba este momento. Sonreía delante del espejo, se vía tan preciosa igual o más que a una princesa.
Candy no se dio cuenta de cuando llegaron a la iglesia, el hombre que amaba tanto ya la esperaba en el altar. La ceremonia se desarrolló sin ningún percance. Era la boda del año, y Tía Elroy se había esmerado tanto que no obvio ningún detalle.
Todo estaba de ensueño. Los invitados estaban felices, no tenían ninguna queja y hablaban maravillas de la boda y la recepción que se llevó a cabo más tarde cuando salieron de la iglesia hacia la mansión de Chicago.
La pareja estaba rebosando de felicidad. Y pronto se irían a la luna de miel. Por tres largos meses. Candy no podía ser más feliz ahora que su sueño se hizo realidad, era la esposa del hombre que más amaba en la vida.
La feliz pareja paso su primera noche en la mansión de Lakewood. Al día siguiente tomaron el tren para llegar a Nueva York y así abordar un crucero que los llevaría a recorrer las islas del Caribe.
Pasando el reciente inaugurado Canal de Panamá, para pasar a las aguas del pacifico, hasta llegar a California y permanecer un tiempo allí, ya que tenían propiedades y negocios que atender y aprovechando su paso pasarían unos días en las grandes ciudades californianas, para luego regresar en tren a Chicago.
No podían ir a Europa o a África por la primera guerra mundial, que cada día cobraba más vida.
Candy se dejaba mimar y ser consentida en todo por su esposo. Él se desvivía por completo para satisfacer a su ahora esposa. En la mañana la pasaban entre risas, bromas, caricias y uno que otros besos robados, para luego terminar envueltos en la cama.
En las tardes salían a pasear, y en la noche la llevaba a los mejores restaurantes de la ciudad. Siempre los veían felices y abrazados. No era propio de la época en la que Vivian. Pero a ella no le interesaba en lo más mínimo lo que dijeran los demás de la sociedad.
Una vez que llegaron de su luna de miel. Su esposo empezó a ir a las oficinas a atender sus negocios, a veces llegaba temprano y a veces tarde. Poco a poco las atenciones que antes tenía para con Candy, se fueron disminuyendo gradualmente hasta quedar nulas. Y las palabras de amor y cariño que constantemente le decía prácticamente desaparecieron.
Su esposo se iba a fiestas y reuniones en la noche pero ya nunca más la llevaba a ninguna parte. La excusa perfecta era que a las fiestas que el asistía era de puro negocios y no iban mujeres, solo hombres de negocio.
Candy se tenía que resignarse por quedarse en casa, sola prestamente la mayor parte del tiempo. Su esposo no quería verla trabajar ni hacer nada por el estilo. La rubia pecosa pensaba que su esposo era muy celoso.
A lo que se dedicó por entero a cuidar del jardín, por hacer algo en su tiempo libre. Candy sentía que en cualquier momento podía explotar, no soportaba la situación. Quedarse en la casa ya le parecía como si fuera una esclava en una cárcel y eso no lo podía tolerar por mucho tiempo. Se asfixiaba de estar siempre en el mismo lugar.
Ya casi no le veía la cara a su esposo. Este casi no paraba en la casa, a excepción de dormir y solo unas cuantas horas. Por eso un día se armó de valor y lo espero a enfrentarlo y a exigirle de porqué de su actitud así para con ella, que porque ya la había dejado en el olvido.
Porque ni siquiera tenía tiempo para ella aunque sea para saludar o preguntar cómo estaba. Además que tampoco existía entre ellos la intimidad.
Candy: estas son horas de llegar a la casa? –por la oscuridad no veia la cara de su esposo con claridad.
- Esta es mi casa y llego a la hora que me de la gana.
Candy: y tambien la mia, recuerda que soy tu esposa.
- Tu no tienes derecho a reclamarme nada. Yo soy el hombre de la casa, me debes respeto y hacer lo que yo diga.
Candy: y que se supone que debo hacer todo el día, encerrada en esta inmensa casa.
- Si tanto quieres trabajar puedes empezar a hacer todos los que hacer es del hogar y despedimos a todos los sirvientes.
Candy quedo horrorizada por el comentario de su esposo. Jamás se imaginó que le respondiera así con sarcasmo y medio. Pero lo que más espanto fue ver la cara enfurecida y los ojos llenos de odio de su esposo. Pensó que estaba en una pesadilla.
Candy veía la cara de Neil Leagan como la de su esposo.
Candy: tú no eres mi esposo. Fuera de aquí. –alcanzo a gritar. Estaba tan confundida, pensaba que se estaba quedando sin oxígeno y que no podía respirar.
Neal: Como que no soy tu esposo? Por su puesto que lo soy! O que piensas, con quien se supone que te fuiste de viaje de bodas por todo el Caribe en un crucero y luego llegamos a las costas californianas y permanecimos casi dos meses allí. Ya he perdido mucho tiempo contigo y tus tonterías, además de mucho dinero.
La aventó hacia fuera de la habitación, allí tirada lloro amargamente sintiéndose perdida y diciendo que pasa, que pasa, que pasa!…
Neal: AUN NO ME HE MUERTO! Así es que no quiero escuchar ningún quejido tuyo. Lárgate a otro lado con tu lloriqueo y déjame en paz!
Candy no podía dar crédito a lo que escucho, no podía ser que se hallara casada con Neal.
Lloro toda la noche en una de las habitaciones lejos de la que se encontraba de Neal.
No sabía que es lo que pasaba en realidad, porque la angustia era más fuerte que cualquier cosa, que pudiera sentir en ese momento. Y así se fue sumergiéndose en un abismo del cual todo le daba vueltas y pensaba que se estaba cayendo a lo más profundo sin que nadie la ayudara ni nada por el estilo. Hasta que ya no vio más nada sino total oscuridad por completo. Solo la acompañaba la angustia, que no se podía deshacerse de ella.
Continuara...
