Anuncio de responsabilidad: Todos los personajes pertenecen a Andrew W. Marlowe, a pesar de que han encontrado su propio camino a mi corazón.
"Prueba una cosa que no hayas hecho tres veces.
Una vez, para superar el miedo a hacerlo.
Una segunda vez, para aprender a hacerlo.
Y una tercera vez, para averiguar si te gusta o no."
-Virgil Garnett Thomson-
2. SIMPLE
Los ojos de Castle están fijos en su rostro, y Kate lo sabe. Pero ella está mirando deliberadamente hacia arriba, evitando su mirada, concentrándose en la tarea que tiene entre manos, centrándose en enjabonarle el pelo al escritor diestramente con los dedos, y no pensando en las manos del mismo acariciándole suavemente la piel resbaladiza de la cintura, sus dedos dejando rastros ardientes que no tienen nada que ver con el agua caliente corriendo por sus cuerpos desnudos.
—¡Ay! Ay, ay, ay… —se queja Castle de repente, frotándose la cara con las manos—. ¡Me has metido jabón en los ojos otra vez!
—¡Claro que no!
Mentiroso, piensa ella, viendo que no hay un solo rastro de champú en su cara. Él baja las manos y sonríe de forma burlona.
—Es broma.
Ella le responde poniendo los ojos en blanco. Luego le empuja debajo del chorro de agua y le aclara la espuma blanca del cabello con gentileza.
—Listo —murmura Kate, apartándole un mechón rebelde de la frente.
—De acuerdo, date la vuelta —ordena Castle, dibujando un círculo en el aire con un dedo.
Ella le complace, girándose y dándole la espalda. Al momento, le oye estrujar la botella del champú. Un segundo más tarde, sus manos están en su cabeza, suaves y tiernas y dulces, sus dedos masajeando deliciosamente su cuero cabelludo, enredándose en su largo cabello. Como por voluntad propia, los párpados de la detective se cierran lentamente. Es perfecto; el agua caliente y relajante, limpiándole las preocupaciones del día; las manos gentiles de Castle sobre ella, aflojando los nudos de sus músculos… Podría quedarse aquí, bajo la ducha con él, para siempre. Pero antes de darse cuenta, Rick ya ha terminado. Sus manos abandonan su pelo y se posan sobre sus hombros, girándola de nuevo hacia él. Al oír el sonido de su voz, Kate echa un vistazo por debajo de las pestañas mojadas.
—Bien, inclina la cabeza hacia atrás —le murmura Rick en un susurro.
Con los ojos cerrados, la detective se mueve con él cuando le atrae la cabeza bajo el agua cálida para aclararle la espuma del cabello. Con una mano, Castle le desenreda los gruesos mechones; con la otra, evita que el agua y el champú caigan sobre su rostro. De pronto, Kate siente los labios de él, suaves y húmedos, sobre su boca, y con la misma rapidez vuelven a desaparecer. Ella parpadea, sus brazos moviéndose de forma automática hacia él y enrollándose alrededor de su cintura. El escritor se ríe entre dientes y le acuna la cara entre las manos.
—Estás muy callada —menciona, pasando sus pulgares sobre los círculos oscuros bajo los ojos verdes de la detective, el tacto tan suave como la caricia de una pluma.
—Sólo estoy cansada —responde ella, sintiendo sus párpados cada vez más pesados. Los dulces mimos del escritor y el agua caliente corriendo por su espalda no la están ayudando a mantenerse despierta.
Inclinándose hacia delante, Castle alcanza detrás de ella y cierra el grifo. A continuación, corre la cortina de la ducha a un lado y sale de la bañera, poniéndose una toalla alrededor de la cintura. El ambiente en el pequeño cuarto de baño de Beckett está agradablemente caldeado, y el vaho que se ha acumulado es tan denso que pequeñas nubes de vapor blanco flotan por todas partes. El aroma a lavanda y el olor del champú persisten en el aire.
Kate se retuerce el pelo para exprimir el exceso de agua y pasa una pierna por encima del borde de la bañera, apoyándose en el hombro de Castle para no resbalar. Pisa la alfombra de baño con un pie firme y se coloca junto a él. Inmediatamente, éste ya la está envolviendo en una gran toalla, frotando dulcemente su piel mojada con el suave y grueso tejido de algodón blanco. Ella coge una toalla de mano de encima del mueble del baño y empieza a frotarle el pecho, el cuello y la cara, secándole los hilillos de agua deslizándose por su cuerpo desde su pelo. Kate nunca pensó que haría esto de ducharse juntos, lavarse el pelo el uno al otro, frotarse la espalda el uno al otro, secarse el pelo el uno al otro, pero se ha convertido en uno de sus rituales favoritos después de un largo día de trabajo, después de un caso duro —física y emocionalmente. Pero quizás, lo que más le gusta, es tenerlo a él cuidando de ella, siempre tan increíblemente gentil y cariñoso.
Beckett se pierde en sus pensamientos y apenas se da cuenta de que Castle le quita la toalla de mano de entre los dedos y la usa para secarle suavemente las mejillas sonrojadas y frotarle el pelo con delicadeza. Ella está ensimismada, observando dos gotas de agua aferradas a las pestañas del escritor, brillando como diamantes diminutos a la luz de la lámpara que cuelga sobre sus cabezas.
Rick mantiene sus ojos sobre sus propias manos y sobre el cabello de la detective, pero cuando roba una breve mirada en su dirección, observa que Kate le está mirando fijamente, aunque parece distraída. Los finos dedos de ella comienzan a hacerle cosquillas en la mandíbula, le acarician el rostro, trazan el perfil de su labio inferior, y terminan acunando su cabeza. Y entonces Castle capta el leve movimiento de la boca de la detective, y las dos palabras que salen de sus labios, dos palabras apenas audibles. ¿Lo ha oído bien?
—Kate —suelta él, atragantándose. Pero ella no parece oírle, por lo que vuelve a decir su nombre.
—Kate.
Su mente ha vuelto a divagar pero la voz de Castle la trae de vuelta a la tierra. Beckett baja la mirada un centímetro y se encuentra con sus ojos azules. ¿Sus atónitos ojos azules?
—¿Qué pasa? —susurra, su mano cerrándose alrededor de la oreja de Castle, su pulgar acariciándole la sien con ternura.
—Acabas de decir… ¿Acabas de decirme…?
Oh, sí… Beckett se da cuenta de que acaba de decirlo, ¿no es así? Y las palabras salen de su boca de nuevo:
—Te quiero.
—Vale… O bien estás muy cansada o yo estoy...
Kate le cubre la boca con una mano.
—Te quiero —le dice una tercera vez, y se levanta sobre los dedos de sus pies, sus manos firmemente presionadas contra el pecho de Castle. Siente los fuertes y acelerados latidos del escritor bajo su palma. Sus labios rozan los de él, y luego le susurra—: ¿Quieres que te pellizque? ¿Para ver si estás soñando? —Y lo único que quiere hacer Kate es comerse esa tonta, dulce y amorosa mirada que Castle tiene plasmada en la cara.
Gracias :)
