Recomendación: Si no conocéis las canciones que se mencionan en este capítulo, recomiendo que las escuchéis para introduciros más en el ambiente, pero es decisión vuestra. ¡Disfrutad!

Anuncio de responsabilidad: Todos los personajes pertenecen a Andrew W. Marlowe, a pesar de que han encontrado su propio camino a mi corazón.


"Beckett, acabo de caer en una cosa.

No puedo darte nada más que amor…"

-Richard Castle, La Mariposa Azul-


3. CANCIONES DE AMOR


Es muy tarde; Castle, Beckett, Lanie y Esposito son las únicas cuatro personas que quedan en The Old Haunt. Ryan se marchó hace ya un buen rato, a casa con su amada mujer, había dicho.

Lanie, sentada al lado de Kate, deja su vaso vacío sobre la mesa y mira su reloj.

—¡Oh, dios mío! ¡Son casi las tres! —Se desliza fuera del banco y coge su abrigo y su bolso.

Esposito se levanta también y, mientras se pone la chaqueta, le ofrece a la forense compartir un taxi. Ella no rechaza la invitación y antes de subir las escaleras le dirige una mirada pícara a Beckett por encima del hombro. Kate le devuelve la sonrisa y le guiña un ojo a su amiga. Seguro que ese taxi sólo hace una parada; el apartamento de Lanie. Castle les acompaña a la salida para abrirles la puerta. Mientras, Beckett coge los vasos y las botellas de cerveza vacías y las deja sobre la barra de camino al baño, antes de que ellos dos también se marchen a casa.

Cuando un minuto más tarde, sale del lavabo, se encuentra rodeada por una tenue oscuridad. Castle ha apagado la mayoría de las luces, dejando el viejo espacio subterráneo iluminado solamente por un par de lámparas detrás del bar. Una música suave suena de fondo, procedente de la antigua Juke Box en la esquina, y Beckett reconoce el número de finales de los años sesenta de inmediato, 'I'm your puppet' de los Box Tops.

De la nada, aparece el escritor delante de ella y le tiende una mano.

—¿Me permites?

Kate sonríe y coloca su mano en la de él. Castle se da la vuelta y les dirige a un espacio abierto, entre la barra y un par de mesas redondas que ha empujado a un lado para hacer sitio. Con un movimiento del brazo, la hace girar en una rápida vuelta y terminan pecho contra pecho, sus cuerpos chocando suavemente. La mano derecha de Castle se desliza alrededor de su cintura y se detiene sobre la parte baja de su espalda, presionándola contra él. Y entonces empiezan a moverse al ritmo de la música, representando un baile divertido y ligero, pegados el uno al otro. Dan vueltas sin parar y Castle le murmura en voz baja la letra de la canción al oído. Pero pronto el número llega a su fin y el escritor termina el baile con una pose profesional, sus fuertes brazos manteniendo a Beckett casi paralela al suelo, soportando todo su peso sobre su rodilla, mientras la larga melena de Kate roza el suelo. Ésta todavía se está riendo cuando él la vuelve a levantar, y empieza a alejarse pero una nueva canción comienza a sonar, una melodía lenta. Castle la vuelve a agarrar de la mano y sus miradas se encuentran bajo la luz tenue. Algo intangible cambia en la atmósfera. El rostro de Rick se vuelve serio de repente, su mirada profunda y cautivadora, y sus dedos se entrelazan con los de Kate. Una ola de serenidad, junto con una familiar corriente eléctrica, se apoderan de ella y recorren todo su cuerpo. Él tira ligeramente de su mano y ella se acerca encantada, dando esos dos pasos para cerrar la corta distancia que los mantiene separados. Beckett coloca sus brazos libremente alrededor del cuello del escritor y los de él la rodean por la cintura, sus manos posándose de nuevo sobre la zona lumbar de su espalda. Inclinando la cabeza hacia delante, Castle hunde la cara en el cabello de la detective, y entonces apenas se están moviendo; la balada es tan lenta y tranquila que el ligero cambio de peso de un lado a otro es suficiente para hacerles empezar a girar en círculos interminables.

Han bailado en otras ocasiones, años atrás cuando estaban de incógnito en uno de los primeros casos que trabajaron juntos, y más recientemente en la boda de Ryan. Pero esta vez es diferente, este baile es diferente. Es lento, íntimo y romántico, solamente ellos dos, y la profunda voz de soul de Otis Redding cantando 'I've been loving you too long'.

Kate apoya la barbilla en el hombro de Castle y sus mejillas se tocan. Él baja la cabeza aún más y sus labios hacen contacto con el hombro de ella. Empieza a darle pequeños besos a través de la fina tela de su camisa. Una de sus manos le aparta el largo pelo hacia atrás y entonces su boca le roza la curva que forman su hombro y su cuello. El tacto es tan suave como el roce del terciopelo. Cada sedosa caricia sobre su piel es como una docena de promesas tácitas que le hablan directamente al alma. Castle avanza sin pausa, ascendiendo por su cuello, recorriendo el largo de su mandíbula, y se detiene cerca de su oído, su boca permaneciendo allí inmóvil durante unos segundos, su cálido aliento haciéndole cosquillas en la mejilla a ella. Pasan un par de segundos y entonces Kate nota algo. Es apenas un movimiento perceptible, no más que un minúsculo tic de los labios del escritor sobre su sien, pero la detective sabe exactamente lo que significa, lo que él le está diciendo silenciosamente, cuando articula un mudo 'Te quiero' sobre su piel.

Kate desliza una mano por la nuca de Castle, enreda los dedos en su pelo corto y ladea la cabeza hacia la de él.

—Yo también te quiero —le susurra cálidamente al oído y luego presiona un tierno beso en el lateral de su cuello.

Castle deja de moverse al instante. Su cuerpo se queda rígido contra el de ella y sus pies se clavan al viejo suelo de madera. Kate se echa hacia atrás en su abrazo para mirarle a la cara. Incluso en la débil luz puede ver cómo le brillan los ojos por la emoción. La detective le acuna la mejilla en una mano, le seca la pequeña acumulación de humedad en la esquina de su ojo con el pulgar, y atrae su rostro al de ella para besarle. Es muy lento, tan sólo un suave roce de sus labios. Los de él saben a whisky. El dulzor de lo último que le quedaba de su preciado whisky escocés (el St. Miriam Rock of Scotland de 1875, que ha compartido con ella y sus amigos apenas hace una hora) todavía perdura en su boca. En el mismo momento, algo mojado se desliza entre sus labios unidos, algo salado y cálido. Kate lo identifica como otra lágrima, y enseguida cae en la cuenta. ¡Castle está llorando! Ella está a punto de apartarse de él pero antes de poder moverse, la mano del escritor está en su nuca, sosteniéndola allí, impidiéndole retroceder.

—Castle… —El susurro muere en los labios de la detective cuando él captura de nuevo su boca con la suya propia.

Su beso es reverente y ardiente, derramando tanta devoción y adoración que es casi insoportable. Con los ojos cerrados, Kate traza el rostro del escritor con las manos, secando con las yemas de los dedos los rastros húmedos que las lágrimas han dejado en sus mejillas. Castle le recorre delicadamente el contorno de los labios con la punta de su lengua y ella se abre a él. Mientras Rick explora perezosamente las paredes internas de su boca, Kate nota un calor abrasador encendiéndose lentamente en su interior, un vertiginoso cosquilleo despertando en la boca de su estómago. Arquea la espalda hacia Castle y despega brevemente los labios de los de él.

—¿Está cerrada la puerta con llave? —le susurra al oído.

—Sí —responde él con un suspiro tembloroso.

Uniendo sus bocas una vez más, Kate empieza a retroceder con pasos pequeños, conduciéndolos a ciegas al reservado más cercano a su espalda. La parte posterior de sus rodillas chocan contra el lateral del banco y ella desciende sobre la desgastada piel marrón hasta estar tumbada bocarriba, atrayendo al escritor encima suyo, su peso hundiéndola deliciosamente en el cojín del asiento.


Es casi como si estuviera destinado a ser cuando se funden el uno con el otro, como marcado por la letra de la canción 'Arms of a woman' sonando de fondo. Envuelto en los brazos de esta extraordinaria mujer que lo ama, él está en casa.


Gracias ;)