Anuncio de responsabilidad: Todos los personajes pertenecen a Andrew W. Marlowe, a pesar de que han encontrado su propio camino a mi corazón.


"No me dejes, por favor. Quédate conmigo, ¿vale?

Kate, te quiero… Te quiero, Kate."

-Richard Castle, KO-


4. DÉJÀ VU


Uno de los sospechosos sale por patas por el hueco de las escaleras. Beckett no vacila ni un segundo; va tras él. El fuerte sonido de sus tacones pisando los peldaños de hierro hace eco en el espacio estrecho y oscuro mientras le persigue. El tipo ya está huyendo por la puerta de la salida de emergencia. Beckett se apresura a bajar los dos últimos tramos de escaleras, oyendo los pesados pasos de Castle descendiendo los escalones deprisa, dos pisos por encima de su cabeza. Al llegar al nivel de la calle, Beckett tira de la barra hacia abajo, empuja la puerta en un movimiento seco y sigue al sospechoso fuera del edificio. Echando un rápido vistazo a ambos lados, capta un movimiento a su derecha al final del callejón. Vaya, ¡si que es rápido!

La detective prosigue su persecución a toda velocidad, sus zapatos salpicando agua al pisar dentro de los charcos de lluvia. Cincuenta metros más al este, dobla a la derecha y entra en otra calle estrecha. Está vacía. Cuando Beckett alcanza la siguiente esquina, se abraza al muro de ladrillo, el arma lista entre sus manos, y se asoma alrededor del edificio. Es un callejón sin salida y sólo hay un gato negro sobre un contenedor de basura. ¡Mierda!

¡Bang! ¡Bang! Dos disparos estallan a su espalda y ella se da la vuelta inmediatamente.

—Castle, quéda... —empieza a susurrar, pero se detiene cuando ve que está sola. Se suponía que Castle estaba justo detrás de mí, pisándome los talones… piensa ella. Pero él no está aquí, está sola. ¡Dios, no!

Sale disparada, corriendo a toda velocidad, volviendo sobre sus pasos callejón arriba. Su cabeza se adelanta a ella, mostrándole cosas que no quiere ver, cosas que no quiere que sean verdad. Está corriendo por su vida, porque si lo que está viendo en su mente, si lo que está sintiendo en sus entrañas es lo que realmente acaba de ocurrir, entonces está literal y figuradamente corriendo por su vida.

Casi se cae al suelo al tomar la curva cerrada hacia la izquierda, sus tacones resbalando sobre el asfalto mojado. Detiene la caída con un brazo, sus ojos fijos al frente. ¡No! Hay un cuerpo en el suelo, tendido boca arriba, inmóvil, al otro extremo del callejón. Oh dios, no. Recuperando el equilibrio, se endereza y fuerza sus piernas a moverse todavía más rápido, como nunca antes lo han hecho.

—¡Castle!

Veinte metros, diez metros… Beckett reconoce la ropa de Castle. Siente cómo todo el color se desvanece de su rostro.

—¡CASTLE!

Cinco metros, dos metros… Cae de rodillas junto a él.

—Castle —jadea Beckett completamente sin aliento, sintiendo la garganta seca y ardiendo.

El escritor no se mueve; sus ojos están cerrados. Beckett lleva una mano a su cuello y le busca el pulso. Le tiemblan tanto los dedos que es incapaz de sentir nada. No, no, no… Aunque sus manos, junto con el resto de todo su cuerpo, están temblando incontrolablemente, la detective logra desabrocharle su Kevlar de 'Escritor'. Tiene un gran agujero de bala en el centro, justo donde se supone que debe estar su corazón. Beckett levanta la parte delantera del chaleco y se lo pasa por encima de la cabeza. Un rojo intenso le está tiñendo la camisa azul, la mancha creciendo con rapidez a medida que más sangre fluye de la herida de bala. Lágrimas le escuecen detrás de los ojos, le emborronan la vista; parpadea varias veces para secarlas. Le abre la camisa de un tirón, los botones saltando por el aire en todas direcciones. Coloca las manos sobre el corazón de Castle y empieza la RCP. Le comprime el pecho una y otra vez. Cuenta hasta diez una y otra vez. Le llama por su nombre una y otra vez. Un minuto pasa, y luego otro, y luego otro más. Pero… Castle no abre los ojos, no habla y no respira. Su corazón no late bajo sus manos.

—No, Castle… Vamos, maldita sea. ¡Vamos, burro estúpido! —Beckett levanta la vista a su cara pálida y sin vida, y la coge entre sus manos. Sus dedos ensangrentados dejan manchas escarlatas en su piel—. ¡Vamos, vive! —grita ella, sacudiéndole la cabeza. Le agarra la tela de la camisa con fuerza entre las manos, y se inclina sobre Rick para presionar su frente a la de él. Las lágrimas fluyen de sus ojos cerrados, se deslizan por sus pestañas, caen y corren por las mejillas de él—. No te vayas. Por favor, quédate… Castle, te necesito —susurra ella entre sollozos—. Rick… Te quie —su voz se quiebra. Pero tiene que decírselo. Castle tiene que saberlo.

—¡Beckett!

La voz viene de lejos; quizá Ryan, quizá Esposito. No lo sabe, no le importa.

—Kate.

La voz está mucho más cerca. De repente alguien intenta levantarla.

—¡No! —Beckett se resiste, agarrándose a Castle con más fuerza, aferrándose a su cuerpo inerte. Fuertes manos intentan aflojarle los dedos—. ¡No! ¡Soltadme!


Él pone una mano sobre la espalda de la detective.

—Kate.

Los dedos de Beckett están cerrados en sólidos puños alrededor de la almohada, agarrándola con tanta fuerza que sus nudillos se han vuelto blancos. Está llorando, con los ojos firmemente apretados y lágrimas rodando por sus mejillas, y está gritando 'No' una y otra vez.

—Kate —él consigue soltarle los dedos y, levantándola, la sacude de nuevo—. ¡Kate, despierta!

Ella abre los ojos de par en par. Los tiene muy rojos e hinchados. Está jadeando con fuerza, su pecho subiendo y bajando pesadamente, inspirando y espirando de forma errática por la boca. Beckett le agarra por los hombros, clavándole las uñas en la piel.

—Kate, ha sido sólo un sueño. Estás bien, estás bien.

Castle le aparta el largo cabello —pegado a su frente y cuello sudorosos— hacia atrás, y le pasa una mano por el lateral de la cara, dejándola reposar contra su cuello, sintiendo su corazón latiendo frenéticamente bajo su palma. Los ojos de Kate recorren nerviosamente la habitación en penumbra, observando y absorbiendo el entorno que la rodea. La cama, los grandes posters en la pared, el techo alto, la librería…

Castle puede ver como la realidad se va asentando poco a poco en ella. Su respiración está volviendo lentamente a la normalidad. Kate baja sus manos temblorosas al abdomen del escritor, le quita la camiseta interior que lleva puesta y fija la vista sobre su pecho durante un largo momento. Cuando sus miradas se vuelven a encontrar, nuevas lágrimas se acumulan en los ojos de ella y empieza a llorar de nuevo, aunque no con tanta intensidad como antes. Beckett cae hacia delante y él la coge, sosteniéndola entre sus brazos, abrazándola hacia él. Ella esconde la cara en el hueco de su hombro, manteniendo sus manos apoyadas sobre su pecho desnudo, atrapadas entre sus cuerpos oprimidos.

—Shhh… Está bien. Ya ha pasado —murmura Rick, acariciándole la espalda y sintiéndose totalmente impotente mientras las cálidas lágrimas de Kate le humedecen la piel.

—Er-era tan real —gimotea ella entrecortadamente por el hipo, inspirando profundamente y soltando un suspiro tembloroso para intentar calmarse.

—Ya pasó todo…

Ella libera sus manos y le rodea con los brazos.

—Ric-, t-te quie-o… -an-to —Kate balbucea indistintamente contra su cuello, con la voz apagada y débil, arrastrando las palabras con sus lloros—. Qu-quédate conmigo.

Castle siente su corazón expandirse tanto en su interior que le comprime el pecho casi dolorosamente. Dios, cómo quiere a esta mujer. Sus brazos la estrechan en un abrazo aún más fuerte.

—Siempre Kate —le da un beso en el hombro—. Lo prometo.


Gracias ;)